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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustavo Ferreyra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/gustavo-ferreyra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gustavo Ferreyra]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Gustavo Ferreyra: “La vida civilizada es sórdida y en cierta forma no puede dejar de serlo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/gustavo-ferreyra-vida-civilizada-sordida-forma-no-serlo_1_11882833.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/057bb903-5bbd-4fe7-9160-efb07d976a56_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gustavo Ferreyra: “La vida civilizada es sórdida y en cierta forma no puede dejar de serlo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A 30 años de la salida de su primera novela, la potente obra de este escritor corrido de los circuitos tradicionales vuelve a girar con reediciones y la publicación de textos inéditos. La clase media, la oscuridad de lo real y el nervio de lo desaforado en la mirada de un autor que prefiere brillar desde los márgenes del campo literario.</p></div><p class="article-text">
        Como Adolfo, el protagonista de <em>El amparo</em>, que es sirviente en una mansi&oacute;n misteriosa donde tiene que cumplir una tarea humillante, a la que, sin embargo, se aferra con tes&oacute;n, casi desesperado: permanecer agachado al costado de la mesa y ser receptor, con su boca, de los carozos de aceitunas que escupe el due&ntilde;o del lugar cuando almuerza, cena o recibe invitados. <strong>Como Piquito, el soci&oacute;logo de su c&eacute;lebre saga, ese que fue definido como uno de los personajes m&aacute;s extremos de la literatura argentina por su mesianismo incandescente, por sus diatribas alucinadas y su andar fren&eacute;tico en un arco que va del Polo Obrero, a las instituciones educativas, a la c&aacute;rcel y a un pueblo remoto en la Patagonia</strong>. Como Ricardo, el centro de su &uacute;ltima novela, <em>El mam&iacute;fero que r&iacute;e</em>, un psicoanalista que se obsesiona con los lobos marinos y se define como &ldquo;anarco-macrista&rdquo; mientras sus fantas&iacute;as m&aacute;s desenfrenadas no lo dejan en paz.
    </p><p class="article-text">
        Los libros de <strong>Gustavo Ferreyra</strong> est&aacute;n repletos de estos seres desaforados que se mueven en el terreno resbaladizo de sus elucubraciones, ese volc&aacute;n que es una amenaza permanente y al mismo tiempo una v&aacute;lvula de escape. Todo lo que se puede y no se puede decir est&aacute; ah&iacute;: en la punta de una lengua deforme, abigarrada y c&oacute;mica; en una prosa que se desliza sin frenos por lo s&oacute;rdido y lo aparentemente civilizado.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de los desbordes de sus personajes, sin embargo, el escritor es un hombre retra&iacute;do que habla pausado y con una calma discreta. Con m&aacute;s de una decena de libros publicados y lectores fervorosos (entre los que se encuentran colegas de &eacute;l como <strong>Mart&iacute;n Kohan</strong> o <strong>Mariana Enriquez</strong>), <strong>Ferreyra permanece al margen, en el sigilo, en un territorio corrido del estruendo de los circuitos tradicionales del campo literario, con sus ferias, sus lecturas, sus festivales</strong>. En palabras de <strong>Elvio Gandolfo</strong>, Ferreyra es un novelista clave, &ldquo;con una zona propia, apartada de las rutas o los grupos principales de la literatura argentina; con una potencia creativa, incluso hipn&oacute;tica, fuerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dedicado durante buena parte de su vida a la docencia, a treinta a&ntilde;os del lanzamiento de su primera novela, la potente obra de este escritor vuelve a circular con reediciones de sus cl&aacute;sicos y la publicaci&oacute;n de textos in&eacute;ditos a partir de un rescate tramado por el sello Ediciones Godot. <strong>Un plan que seguir&aacute; el a&ntilde;o pr&oacute;ximo con nuevas ediciones de dos t&iacute;tulos insoslayables del universo Ferreyra: </strong><em><strong>El director</strong></em><strong> y </strong><em><strong>La familia</strong></em>.
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                    alt="&quot;El amparo&quot;, de Gustavo Ferreyra, acaba de ser reeditada por el sello Godot."
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                &quot;El amparo&quot;, de Gustavo Ferreyra, acaba de ser reeditada por el sello Godot.                            </span>
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        <strong>&ndash;Se acaba de relanzar </strong><em><strong>El amparo</strong></em><strong>, tu primera novela, a 30 a&ntilde;os de su salida. Ah&iacute; ya se nota que hay en vos un estilo, una prosa particular que no le escapa a los giros anacr&oacute;nicos, a lo enrulado del lenguaje. Algo muy alejado de lo que se puede ver hoy en cierta narrativa y tambi&eacute;n en lo lineal que presentan las redes. &iquest;Lo pensaste as&iacute;? &iquest;Sali&oacute; de entrada o se fue acentuando con el tiempo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ndash;El estilo va apareciendo. Creo que hay un momento que marca un poco ese buscar una prosa no tan actual quiz&aacute;s, una prosa que para m&iacute; le hiciera homenaje a la novela desde que nace como g&eacute;nero. Me refiero quiz&aacute;s m&aacute;s al siglo XIX y un poco al XX. Esto tuvo que ver con mi lectura de (Marcel) Proust. Yo le&iacute; a Proust todo seguido, las siete novelas, y luego me puse con <em>El amparo</em>. En cierta forma, entend&iacute; que Proust se sustra&iacute;a tambi&eacute;n de la &eacute;poca, hasta del lector o del lector de su &eacute;poca, para remitirse a algo que es absolutamente propio. Creo entonces que as&iacute; naci&oacute; en m&iacute; esa ambici&oacute;n tambi&eacute;n de llevar esto a la escritura, la idea de salir de una prosa que tenga que ver con las d&eacute;cadas para pensar m&aacute;s sino m&aacute;s en la novela como g&eacute;nero. <strong>Entiendo que la actualidad literaria a veces supone un tipo de lenguaje. Pero no deber&iacute;a implicar una renuncia a palabras que est&aacute;n en otros discursos</strong>. No s&eacute;, por ejemplo, <strong>V&iacute;ctor Hugo Morales</strong> relata un partido y usa palabras muy extra&ntilde;as, arcaicas. Es capaz de usar palabras que cualquier escritor no usar&iacute;a jam&aacute;s. Qu&eacute; s&eacute; yo, &eacute;l a veces dice que determinada actitud es &ldquo;una majader&iacute;a&rdquo;. Cosas as&iacute;. Parece casi imposible poner &ldquo;una majader&iacute;a&rdquo; en un texto. Pero bueno, tambi&eacute;n habr&iacute;a que ver por qu&eacute; renunciamos a palabras que tienen su lugar en alguna frase ah&iacute; y que de alguna manera uno juzga cuando escribe que no son reemplazables. En mi caso fue surgiendo esta escritura donde puede no estar &ldquo;majader&iacute;a&rdquo; pero s&iacute; &ldquo;barruntar&rdquo;. Pueden estar palabras que no est&aacute;n tan en uso, pero que en este ir y venir del lenguaje creo que pueden marcar un retorno, sobre todo pueden volver en uno. Y me refiero tambi&eacute;n a palabras que no ser&iacute;an tan del bagaje literario. Entonces, qu&eacute; s&eacute; yo, &ldquo;pija&rdquo; tambi&eacute;n est&aacute;. Y bueno, vamos a poner las palabras de acuerdo a como est&eacute;n llamadas a estar en una frase o en un texto, independientemente de que se usen hoy o no. <strong>Un intento por no renunciar a todo ese bagaje del lenguaje que ha supuesto la literatura que nace en el siglo XIX y llega muchas veces hasta hoy. </strong>Porque yo disfruto de un Balzac, de un Flaubert, como de un Coetzee o un Kenzabur&#333; &#332;e, que est&aacute;n escribiendo hoy, o un Saer en castellano. <strong>Entonces, no veo mal que tomemos todo eso de alguna manera como tradici&oacute;n, como algo propio. </strong>Entiendo que eso pod&iacute;a a veces molestar a alg&uacute;n o&iacute;do, pero pienso tambi&eacute;n que las d&eacute;cadas pasan y los lectores pueden llegar a perder un poquito esa necesidad de &eacute;poca. Yo m&aacute;s bien me acept&eacute; como soy, m&aacute;s abigarrado, m&aacute;s por agregaci&oacute;n. Aunque sepa que hoy el <em>carverismo</em> hace roncha (risas).
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        <strong>&ndash;Est&aacute;s un poco complicado en ese partido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Claro, en ese territorio lo m&iacute;o suena mal, supongo, para algunos o para muchos. <strong>Pero es lo que me toc&oacute;.</strong> Es lo que me sale. Qu&eacute; s&eacute; yo, a veces envidio a los <em>carveristas</em> de alg&uacute;n modo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;S&iacute;? &iquest;Por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Porque <strong>me parece que por ah&iacute; siendo m&aacute;s simples llegan m&aacute;s lejos</strong>. Quiz&aacute;s, no s&eacute;. Es dif&iacute;cil autopercibirse y auto apreciarse (risas).
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                    alt="Gustavo Ferreyra nació en Buenos Aires, en 1963."
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                Gustavo Ferreyra nació en Buenos Aires, en 1963.                            </span>
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        <strong>&ndash;&ldquo;Quisiera figurarme que con esta novela me </strong><em><strong>ferreyric&eacute;</strong></em><strong>, es decir, me hice en ella&rdquo;, escribiste en 2015 sobre </strong><em><strong>El amparo</strong></em><strong> en un postfacio. &iquest;Las novelas te van llevando? &iquest;O pod&eacute;s detectar de d&oacute;nde nacen, si es una imagen, una escena, un personaje que se te ocurre?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Debo decir que es dif&iacute;cil pensar en el origen de las novelas. A veces es una imagen, una idea. Y enseguida son personajes. Son personajes que se van reflejando en otros y suponen otros. Ah&iacute; la novela se va conformando. Tambi&eacute;n por las situaciones, o las ideas. <strong>Mis primeras novelas, </strong><em><strong>El amparo</strong></em><strong> y </strong><em><strong>El desamparo</strong></em><strong>, podr&iacute;amos decir que son poco planeadas.</strong> La idea con la que empiezo a escribir <em>El amparo</em> es el oficio del protagonista. Tambi&eacute;n la casa, el encierro, un tipo de clima, esa cerraz&oacute;n. Ese poco saber o no saber nada sobre el afuera. Esas eran decisiones que en cierta forma estaban cuando empezaba, pero todo lo dem&aacute;s surgi&oacute; ah&iacute;, lo fui construyendo. Con el tiempo fui adquiriendo la costumbre de armar un plan previo mayor en las novelas. De dise&ntilde;arlas m&aacute;s. Siempre me digo &ldquo;bueno, en esta tengo que acertar, esta tiene que salir bien. As&iacute; que no vamos a precipitarnos. Vamos a planearla varios meses. No me voy a tirar a lo loco&rdquo; (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Escrib&iacute;s mucho para planificar tanto, &iquest;c&oacute;mo hac&eacute;s?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, es permanente. Pero me armo un tiempo de tres o cuatro meses para ir escribiendo ideas. Ah&iacute; no estoy en la disciplina cotidiana de escribir y voy poni&eacute;ndome de a ratos para planificar hasta que voy adquiriendo una disciplina cada vez mayor. El mismo plan me va llevando a una hora o dos horas. <strong>Y al final, en alg&uacute;n momento, hay como una necesidad de empezar y ah&iacute; voy.</strong> Ah&iacute; s&iacute; adquiero la disciplina cotidiana de una hoja escrita de cuaderno por d&iacute;a, por lo menos. En general excede un poco eso. Ah&iacute; ya puedo hablar de la escritura en s&iacute; de la novela. Porque el plan en general llega hasta un tercio de novela, un poco m&aacute;s, y despu&eacute;s ya navega sola.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;</strong><em><strong>El amparo</strong></em><strong> muestra las disputas y a veces el desprecio entre los sirvientes de la casa misteriosa donde transcurre la historia. &iquest;Qu&eacute; te interesaba de ese &aacute;mbito que tiene que ver con lo laboral y con el poder?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo estaba muy en el mundo kafkiano y no est&aacute; nada mal pensar en una novela kafkiana. Algo de eso pone (Elvio) Gandolfo en el pr&oacute;logo y es cierto. <strong>Yo quise que Adolfo, el protagonista, tuviera m&aacute;s subjetividad, mostrar un poco tambi&eacute;n una persona en ese &aacute;mbito, un sujeto humano con todas esas disquisiciones internas que hacen a su vida y a la humanidad de su vida, podr&iacute;amos decir</strong>, m&aacute;s all&aacute; de esa situaci&oacute;n objetiva que parece casi animal, casi de cosificaci&oacute;n, por el tipo de trabajo que le asignaron. As&iacute; que aun as&iacute;, en ese discurso interno de &eacute;l, se ve que hay un humano. Hasta que en ese discurrir de &eacute;l van apareciendo todas estas menudencias de las relaciones de poder. <strong>Con el tiempo yo me fui dando cuenta de cu&aacute;n sensible fui siempre con respecto a esas peque&ntilde;as situaciones de poder. En la cotidianeidad, por ejemplo, o cuando fui alumno en la primaria y en la secundaria. Todo esto que se hace entre iguales. </strong>Todo esto que pasa entre los peque&ntilde;os escalones de la vida laboral que est&aacute; delimitada por cargos y disputas. Las mentiras e hipocres&iacute;as que suponen las relaciones de poder son algo que siempre me interes&oacute;. Y en esta novela me enfrasc&oacute; y qued&oacute;, qued&oacute; siempre en mi literatura esta cuesti&oacute;n de las mezquindades, las asimetr&iacute;as, las instituciones con sus instancias, sus cargos, sus puestos, sus traiciones, todo ese juego de melindres.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Con el tiempo yo me fui dando cuenta de cuán sensible fui siempre con respecto a esas pequeñas situaciones de poder. En la cotidianeidad, por ejemplo, o cuando fui alumno en la primaria y en la secundaria. Todo esto que se hace entre iguales. Todo esto que pasa entre los pequeños escalones de la vida laboral que está delimitada por cargos y disputas.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En la mayor&iacute;a de tus novelas sobrevuela lo s&oacute;rdido o, como se dice en el mundo del tenis, jug&aacute;s con eso al fleje. &iquest;C&oacute;mo lo pens&aacute;s vos?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, te dir&iacute;a que es el &aacute;mbito de mi literatura, o que es el mundo que yo habito en t&eacute;rminos literarios. <strong>En realidad siempre lo vi como el doblez de la trama, porque en realidad la vida civilizada es s&oacute;rdida y en cierta forma no puede dejar de serlo.</strong> Entonces tom&eacute; a lo s&oacute;rdido m&aacute;s que nada como un realismo. Por supuesto que me doy cuenta de que quiz&aacute;s esto supone el dejar de lado otras cosas que tambi&eacute;n entrar&iacute;an. Pero bueno, es el &aacute;mbito en el cual me gusta a m&iacute; estar como escritor, como narrador. Me hice un poco en ese lugar como literato. Tambi&eacute;n un poco como lector. Algo <em>celinesco</em>, si se quiere. Tal vez esto tenga que ver con cierto entorno familiar. Mi viejo fue un tipo con una vida dur&iacute;sima. Fue como voluntario a la guerra, estuvo en &Aacute;frica, combati&oacute; tres a&ntilde;os. Una vida muy dif&iacute;cil. &Eacute;l era hijo de estancieros, pero despu&eacute;s los padres se separaron, termina escapando de un instituto educativo a los 15 a&ntilde;os y hace una vida muy trashumante. Hizo montones de cosas, fue bachero, anduvo con algunas cosas de contrabando tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Sordideces varias.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;(Risas) Claro. Entonces creo que ah&iacute; siempre hab&iacute;a una sordidez familiar. &Eacute;l era un tipo muy dif&iacute;cil, obviamente, y en mi adolescencia todo estalla. De hecho yo escrib&iacute;a a la noche en torno de esos problemas familiares. Y quiz&aacute;s eso me fue empujando a cierta sordidez que remit&iacute;a un poco a esas oscuridades que hab&iacute;a. En la novela <em>La familia</em> justamente es donde yo digo &ldquo;bueno, pongo todo en el asador&rdquo; (N. de la R.: <em>La familia</em> ser&aacute; reeditada por Ediciones Godot en 2025).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En alg&uacute;n sentido se trata de una sordidez muy activa, que hace mover a los personajes. Pero m&aacute;s de uno podr&iacute;a ver cierto pesimismo. &iquest;Sos pesimista?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo dir&iacute;a que hay una ambig&uuml;edad. S&iacute;, soy pesimista, digamos, o hay una entra&ntilde;a pesimista en m&iacute;. Pero tambi&eacute;n hasta cierto optimismo de la raz&oacute;n. No s&eacute;. Y a veces me pasa al rev&eacute;s tambi&eacute;n. Depende, pero creo que uno y otro fluyen, &iquest;no? Pesimismo y optimismo. Porque en realidad a veces el pesimismo nace de la fuerza. <strong>S&iacute; puedo decir que no me gusta ese optimismo ingenuo, m&aacute;s bien bobo. O no me cuadra a m&iacute;. En general las buenas obras literarias, o al menos las que me gustan a m&iacute;, suelen estar marcadas por el pesimismo.</strong> Lo que pasa es que las condiciones de la vida real no son tan felices. Por m&aacute;s que las novelas terminen en el casamiento (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Hay que atravesar toda una vida.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, hay que vivir la vida y al final morir. El sujeto <em>c&rsquo;est fini</em>. <strong>As&iacute; que me da para eso, para no meterse de lleno en el optimismo.</strong> Tambi&eacute;n pienso que a veces en el fondo disfruto un poco de toda esa <em>melange</em> s&oacute;rdida.&nbsp;
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                    alt="&quot;Piquito en los vientos&quot; es el cierre de la saga de un personaje desaforado e inolvidable que creó Gustavo Ferreyra."
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                &quot;Piquito en los vientos&quot; es el cierre de la saga de un personaje desaforado e inolvidable que creó Gustavo Ferreyra.                            </span>
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        <strong>&ndash;Uno de tus personajes m&aacute;s conocidos es Piquito, del que escribiste una saga de varios libros y al que calificaste como uno de tus proyectos m&aacute;s radicales. Pero en general los narradores o personajes de tus novelas son desaforados en sus devaneos mentales, en sus ideas, en eso que los inquieta. No me gusta mucho la palabra &ldquo;correcci&oacute;n&rdquo; porque implicar&iacute;a una especie de par&aacute;metro, pero alguno podr&iacute;a calificarlos de &ldquo;incorrectos&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo pens&aacute;s esto vos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, creo que no cuadrar&iacute;a la correcci&oacute;n en mi literatura. Justamente, <strong>me gusta el arte en tanto rompe los l&iacute;mites de lo que llamar&iacute;amos &ldquo;correcci&oacute;n&rdquo;. Aparte creo que la correcci&oacute;n o lo correcto siempre es temporal. Lo correcto es un marco hoy y por ah&iacute; ma&ntilde;ana es otra cosa. </strong>Por eso todo est&aacute; en el fluir de esos narradores. En el caso de Piquito, &eacute;l es un milenarista y un mesi&aacute;nico, entonces nunca se va a atener a lo que es correcto temporalmente o en un marco determinado. As&iacute; que prefiere romper. Rompe, incluso, con la idea de transgresi&oacute;n. De hecho no creo que se autoperciba un transgresor para nada, simplemente est&aacute; en lo que &eacute;l cree que podr&iacute;a ser el mundo y lo que es &eacute;l en el mundo. Hay un nietzscheano ah&iacute; que ya hab&iacute;a emergido en <em>Piquito de oro </em>(N. de la R: el primer libro de la saga, que sali&oacute; en 2009). <strong>Eso ya es renunciar a muchas coordenadas de &eacute;poca tambi&eacute;n porque Nietzsche es un tipo que justamente est&aacute; marcado por su &eacute;poca. Su misoginia, por ejemplo, remite a una &eacute;poca, y tambi&eacute;n su forma de mirar, como si &eacute;l viera la Tierra desde las alturas.</strong> Y Piquito est&aacute; un poco en ese mundo nietzscheano. Por eso al principio Piquito, pese a que es del Polo Obrero y es soci&oacute;logo, est&aacute; siempre como un outsider. Como que &eacute;l vive en los instantes y en los milenios podr&iacute;amos decir, que es donde no se puede determinar una correcci&oacute;n pol&iacute;tica. La correcci&oacute;n pol&iacute;tica tiene que ver con el lustro, con la d&eacute;cada, con un plazo determinado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En estos d&iacute;as se anunci&oacute; la reedici&oacute;n de toda tu obra, tu paso a un sello nuevo y la publicaci&oacute;n de nuevos libros para el a&ntilde;o que viene. Por lo general, aunque tus textos sal&iacute;an en una editorial como Alfaguara, manten&iacute;as un perfil bajo, no est&aacute;s en las redes, ni en los circuitos cl&aacute;sicos que s&iacute; transitan otros escritores. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s viviendo esto? &iquest;Todo este movimiento implica un cambio para vos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mi cotidianeidad siempre fue muy apartada, muy aislada. Muy de leer, escribir, trabajar. El mundillo de la literatura siempre fue un mundo remoto para m&iacute;. <strong>De hecho yo pasaba meses y meses en los que no me llamaba nadie, que no ten&iacute;a contacto con nadie. Es decir, la existencia de la literatura era nada m&aacute;s leer y escribir. </strong>Por ah&iacute; yo ya hab&iacute;a publicado siete u ocho libros y por much&iacute;simo tiempo no ten&iacute;a ning&uacute;n contacto del tipo literario. Tal vez alguna reuni&oacute;n con alguna editorial y nada m&aacute;s. Dir&iacute;a que mi paso por las editoriales grandes fue m&aacute;s bien silencioso, nunca tuvo grandes ecos. Cuando sal&iacute;a alg&uacute;n libro hab&iacute;a algunas entrevistas, dos o tres, y luego todo se sum&iacute;a en el silencio esencial o eterno, podr&iacute;amos decir. Ahora con Godot empezamos este proyecto de reedici&oacute;n y tengo notas, algunas reuniones, incluso alg&uacute;n video que subieron a Instagram.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Te prestaste a esa experiencia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, me presto a la experiencia, porque tambi&eacute;n pasa que <strong>el silencio te agobia un poco</strong>. Yo creo que a un artista o alguien que se dispone a llevar adelante una obra en cierta forma lo ancla una especie de narcisismo. Cuando empec&eacute; a escribir o cuando era chico exist&iacute;a la posibilidad de la salvaci&oacute;n por el arte. Que no es lo mismo que ser famoso. Porque hoy qued&oacute; el tema de la fama instalado. Pero antes exist&iacute;a como algo en el ambiente que era la salvaci&oacute;n por la literatura, por el arte. Y yo siendo chico, adolescente en los &lsquo;70 y en los comienzos de los &lsquo;80, viv&iacute;a eso. <strong>La literatura es eso tambi&eacute;n para m&iacute; todav&iacute;a: la salvaci&oacute;n. Tampoco s&eacute; muy bien qu&eacute; es la salvaci&oacute;n porque no dir&iacute;a que es la trascendencia, es otra cosa. Tal vez la salvaci&oacute;n es que tu vida, a partir de lo que le&eacute;s o escrib&iacute;s, tiene un sentido. Que hay algo de existencia propia, podr&iacute;amos decir, en medio de toda esta sociedad de masas y del anonimato.</strong> Creo que incluso en las generaciones anteriores hab&iacute;a todav&iacute;a una ambici&oacute;n mayor, ya no salvarse por el arte sino de alguna manera salvar el mundo por el arte. Creo que antes hab&iacute;a en el arte ese tipo de ambiciones desaforadas.
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                    alt="En 2025 el sello Godot publicará dos libros centrales de la obra de Gustavo Ferreyra: El director y La familia. "
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                En 2025 el sello Godot publicará dos libros centrales de la obra de Gustavo Ferreyra: El director y La familia.                             </span>
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        <strong>&ndash;Dijiste m&aacute;s de una vez que estudiaste Sociolog&iacute;a, y sos docente todav&iacute;a de esa materia en el CBC, pero que tus lecturas tienen que ver m&aacute;s con la filosof&iacute;a y la literatura. &iquest;Por qu&eacute; no elegiste las carreras de Letras o Filosof&iacute;a en la universidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cuando yo tengo que elegir la carrera me gustaban mucho m&aacute;s la literatura y la filosof&iacute;a y la sociolog&iacute;a en realidad era una cosa m&aacute;s misteriosa, no sab&iacute;a demasiado exactamente qu&eacute; era. De hecho me gustaba la pol&iacute;tica en realidad, pero la carrera de ciencia pol&iacute;tica creo que ni siquiera exist&iacute;a. Letras y Filosof&iacute;a me parec&iacute;an como demasiado propias de un nene bien, de alguien que no va a trabajar o que no se preocupa por el dinero. Yo estudi&eacute; industrial para ser ingeniero, imaginate, era de una familia que no ten&iacute;a recursos. Despu&eacute;s eso tampoco se dio. Pero bueno, el destino m&iacute;o era el trabajo asalariado. Pero yo por otro lado ya hab&iacute;a empezado a escribir poes&iacute;a a los 14, 15 a&ntilde;os. <strong>El tema con Letras fue que siempre hubo un rechazo en m&iacute; a convertir algo que me resultaba placentero en&nbsp; una obligaci&oacute;n. </strong>Ten&iacute;a desconfianza de que algo que estuviera vinculado al placer se vinculara a un estudio formal. Pensaba &ldquo;capaz que despu&eacute;s se me manca la literatura porque se entra en el terreno de lo obligatorio&rdquo;. As&iacute; que al final opt&eacute; por Sociolog&iacute;a, que parec&iacute;a m&aacute;s pr&aacute;ctica. Aunque parezca un delirio pensar que la sociolog&iacute;a sea pr&aacute;ctica. Pero por lo menos parec&iacute;a que una carrera as&iacute; pod&iacute;a llevarme a la docencia o cierto trabajo en los ministerios o en el &aacute;mbito de lo p&uacute;blico como salida laboral. Por suerte me dediqu&eacute; a la docencia: si a algo le tuve p&aacute;nico siempre fue a la oficina, que para m&iacute;&nbsp; era como un destino medio fatal. <strong>&iquest;C&oacute;mo hac&iacute;a para hacer ocho horas de oficina y despu&eacute;s dedicarme a escribir? Con la docencia siempre pod&eacute;s acomodarte m&aacute;s, dar clases en horarios diferentes o a la noche. No son las ocho horas de oficina que eran como una especie de espada de Damocles que yo siempre tuve.</strong> Creo que hasta los 40 y pico de a&ntilde;os ten&iacute;a como un poco el temor de no tener dinero y de caer en la oficina, en las ocho horas fat&iacute;dicas de rutina y que eso me anulara para siempre.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Creo que a un artista o alguien que se dispone a llevar adelante una obra en cierta forma lo ancla una especie de narcisismo. Cuando empecé a escribir o cuando era chico existía la posibilidad de la salvación por el arte. Que no es lo mismo que ser famoso. Porque hoy quedó el tema de la fama instalado. Pero antes existía como algo en el ambiente que era la salvación por la literatura, por el arte.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;La oficina, sin embargo, es para muchos una especie de lugar com&uacute;n de la clase media y en algunos casos una aspiraci&oacute;n. Pienso en varios de tus libros, en Piquito y tambi&eacute;n en tu &uacute;ltima novela, </strong><em><strong>El mam&iacute;fero que r&iacute;e</strong></em><strong>, que tiene como n&uacute;cleo otro lugar muy frecuentado por la clase media, como es el psicoan&aacute;lisis. &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s mirando siempre hacia ah&iacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Porque es lo que conozco, todo esto de pinta tu aldea (risas). <strong>Conozco al peque&ntilde;o burgu&eacute;s porque soy peque&ntilde;o burgu&eacute;s tambi&eacute;n. As&iacute; que en cierta forma es lo que he mamado y toda esa mezquindad de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a la tengo en la carne, en el alma. </strong>Con todos los dolores que eso tambi&eacute;n supone. As&iacute; que para m&iacute; es como contar parte del mundo en el que vivo. Al menos mi idea de mundo. Por eso Piquito ataca la idea de mundo porque el concepto de mundo para &eacute;l es un concepto humano: proyectamos en los astros o lo que sea las escalas humanas. Pero en realidad el universo se va moviendo, el mundo no tiene nada que decir, es un concepto puramente humano. El universo, en t&eacute;rminos astron&oacute;micos, es sideral frente a nosotros. Es inasible.&nbsp;
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                El mamífero que ríe es la última novela de Gustavo Ferreyra.                            </span>
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        <strong>&ndash;Tus novelas oscilan entre ese mundo interior y abigarrado de los personajes y algunas peripecias donde aparecen personajes que podr&iacute;amos llamar de la actualidad argentina, como si escribieras con la tele de fondo. Pasa en la saga de Piquito, pasa en </strong><em><strong>El mam&iacute;fero que r&iacute;e</strong></em><strong>: en el d&iacute;a a d&iacute;a de los personajes aparecen Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, Mauricio Macri, incluso el juez Claudio Bonadio y muchos m&aacute;s. &iquest;Por qu&eacute; eleg&iacute;s incluirlos en tu literatura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;<strong>Creo que eso siempre te agarra</strong>. Creo que es imposible que Bonadio no te apriete las bolas de alguna manera (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Tal vez desde que muri&oacute; no apriete tanto.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;(Risas). No, claro. Pero bueno, creo que todo eso, por m&aacute;s que no quieras, siempre est&aacute;. No es por comparar, pero pensemos aun en lo m&aacute;s m&iacute;stico, en los hacedores de religiones, ll&aacute;mense Buda o Jes&uacute;s mismo. <strong>Si vos vas a los relatos de la vida de ellos, est&aacute; su vinculaci&oacute;n con lo sagrado y lo atemporal, por decirlo as&iacute;, y despu&eacute;s aparecen tambi&eacute;n todas las miserias hist&oacute;ricas peque&ntilde;as.</strong> Es imposible salir de eso. Entonces, aun la vida de los seres m&aacute;s extraordinarios, aparecen de chiripa estos otros. Con lo cual siempre est&aacute; esa mezcla inevitable de cuestiones trascendentes, intrascendentes y de personajes menores como pueden ser Bonadio o la Chiche Duhalde. Lo real no es otra cosa que esa melange.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;A vos te interesa que la literatura combine esas dos esferas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Y s&iacute;, porque est&aacute;n ah&iacute;. <strong>En el fondo siempre hay en m&iacute; una intenci&oacute;n de realismo por m&aacute;s que en una novela haya un receptor de carozos, por m&aacute;s que Piquito parezca que con sus vuelos mentales va a salir de la estratosfera</strong> o estar fuera de la atm&oacute;sfera terrestre. Pero siempre hay alg&uacute;n intento de mantener los lazos con lo real.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Dec 2024 03:01:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gustavo Ferreyra: “La vida civilizada es sórdida y en cierta forma no puede dejar de serlo”]]></media:title>
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