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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Alepo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/alepo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Alepo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Dentro de Alepo, la ciudad que pagó el precio de la devastación de la guerra en Siria: “Es una herida abierta”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/the-guardian/alepo-ciudad-pago-precio-devastacion-guerra-siria-herida-abierta_1_11926331.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97118a9d-54b8-4b43-850e-d655f0406eaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dentro de Alepo, la ciudad que pagó el precio de la devastación de la guerra en Siria: “Es una herida abierta”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre los destrozos, la ciudad muestra signos de esperanza e incertidumbre tras la caída de Al Asad
</p><p class="subtitle">“Siria son muchas guerras más pequeñas”: mapa de los combates entre los diferentes grupos armados y claves para la transición</p></div><p class="article-text">
        Entre el barrio de Sheikh Maqsoud, en el norte de Alepo, y el resto de la ciudad hay un puesto de control abandonado. La imagen del rostro de <strong>Bashar Al Asad</strong> ha sido arrancada de los carteles y ning&uacute;n coche se atreve a pasar por el amplio boulevard, porque la carretera sigue vigilada por francotiradores kurdos aliados del r&eacute;gimen. Sus unidades se replegaron al laberinto de edificios quemados y bombardeados cuando los grupos insurgentes islamistas<a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/pasando-alepo-repercutir-conflicto-siria_1_11873833.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> lanzaron su ataque sin precedentes contra Alepo </a>a finales de noviembre, desencadenando una <a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/asad-queda-aislado-damasco-potencias-negocian-futuro-siria-qatar_1_11884792.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reacci&oacute;n en cadena que llev&oacute; r&aacute;pidamente al colapso de la dinast&iacute;a Asad. </a>
    </p><p class="article-text">
        Los civiles pasan r&aacute;pido por aqu&iacute;. Algunos llevan ni&ntilde;os peque&ntilde;os en cochecitos. Otros, bombonas de gas para cocinar. Todos tratan de no llamar la atenci&oacute;n. Un hombre muri&oacute; a tiros la noche anterior en un bloque de pisos sin ventanas. Aunque Alepo cay&oacute; hace tres semanas bajo el control de un grupo integrado por facciones &aacute;rabes sun&iacute;es y liderado por el Organismo de Liberaci&oacute;n del Levante (HTS, por sus siglas en &aacute;rabe), las unidades kurdas estacionadas en Sheikh Maqsoud no han querido rendirse por miedo a lo que puede ocurrir si lo hacen. Ahora, parecen estar esperando a que<a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/futuro-siria-caida-regimen-remodelacion-oriente-medio_129_11891962.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> cambie algo en el nuevo y fr&aacute;gil statu quo de Siria.</a>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nosotros no tenemos problema para entrar, pero nadie m&aacute;s, ser&iacute;a peligroso&rdquo;, dice a su regreso de la ciudad vieja Abu Hassan, de 46 a&ntilde;os y vecino de este barrio donde una mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n es kurda. &ldquo;Volvemos a vivir tiempos de incertidumbre&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Asediada y destruida</h2><p class="article-text">
        Alepo, una ciudad cosmopolita y un milenario punto comercial en la ruta de la seda, situada entre el puerto mediterr&aacute;neo de Antioqu&iacute;a (en la actual Turqu&iacute;a), y el gran &Eacute;ufrates, que desemboca en el Golfo P&eacute;rsico, ha sobrevivido a calamidades y cat&aacute;strofes en sus 8.000 a&ntilde;os de historia: terremotos, plagas y milenios de guerras entre reinos &aacute;rabes, turcos, persas y cristianos.
    </p><p class="article-text">
        Pero una d&eacute;cada despu&eacute;s de la &uacute;ltima visita de <em>The Guardian</em>, y tras una guerra civil cruenta que ha destrozado Siria, <strong>est&aacute; claro que los cuatro a&ntilde;os de batalla entre el r&eacute;gimen y las fuerzas insurgentes por el control de Alepo han destrozado el tejido social y generado una destrucci&oacute;n f&iacute;sica dif&iacute;cil de reparar. </strong>Aqu&iacute; murieron al menos 30.000 personas, cientos de miles de vidas han sido arruinadas, y siglos de patrimonio de un valor incalculable han sido destruidos para siempre.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No puedo creer que est&eacute; de vuelta&rdquo;, dice Khaled Khatib, de 29 a&ntilde;os y miembro del grupo conocido como los Cascos Blancos, que se pas&oacute; la guerra rescatando a personas atrapadas por los bombardeos sirios y rusos en zonas controladas por la oposici&oacute;n. Se fue de Alepo en 2016, seguro de que nunca podr&iacute;a volver a su hogar.
    </p><p class="article-text">
        En verano de 2012, despu&eacute;s de que Al Asad reprimiera duramente las protestas pac&iacute;ficas de la Primavera &Aacute;rabe y la oposici&oacute;n respondiera con una insurrecci&oacute;n armada, las facciones del Ej&eacute;rcito Sirio Libre se hicieron con el control de la mitad oriental de Alepo, la ciudad m&aacute;s poblada y el coraz&oacute;n econ&oacute;mico del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Alepo se convirti&oacute; a toda velocidad en uno de los lugares m&aacute;s peligrosos del planeta.</strong> Los grupos yihadistas se infiltraron en lo que hab&iacute;a comenzado como un levantamiento nacionalista, convirti&eacute;ndolo en una batalla ideol&oacute;gica de repercusiones gigantescas dentro y fuera de las fronteras sirias. La intervenci&oacute;n de Vlad&iacute;mir Putin para apoyar a Al Asad en 2015 cambi&oacute; las tornas, a&ntilde;adiendo el poder&iacute;o a&eacute;reo ruso a las bombas de barril que el r&eacute;gimen lanzaba contra los hospitales de la mitad oriental y contra los trabajadores de los Cascos Blancos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando las fuerzas gubernamentales cortaron la &uacute;ltima l&iacute;nea de suministro del este de Alepo en el verano de 2016, el asedio se estrech&oacute; y el r&eacute;gimen recuper&oacute; la ciudad manzana a manzana, obligando a los &uacute;ltimos civiles y combatientes que quedaban a huir a las zonas rurales en manos de la oposici&oacute;n a finales de a&ntilde;o. La reconquista de la ciudad por parte de Al Asad, el &uacute;ltimo gran centro urbano fuera de su control, se consider&oacute; la sentencia de muerte de los sue&ntilde;os de la primavera &aacute;rabe.
    </p><p class="article-text">
        Barrios enteros del este y del sur de la ciudad siguen reducidos a escombros hoy y sus vecinos hace tiempo que desaparecieron. La destrucci&oacute;n ha sido un recordatorio silencioso del precio a pagar por oponerse al r&eacute;gimen. Bajo montones de estructuras de acero y hormig&oacute;n hay cuerpos que nunca fueron recuperados. Solo un pu&ntilde;ado de apartamentos permanecen sin da&ntilde;os, y la ropa tendida junto con las plantas de los balcones son los &uacute;nicos destellos de color que hay en medio del gris.
    </p><p class="article-text">
        Las calles que rodean la ciudadela del siglo XIII de Alepo y el otrora pr&oacute;spero centro comercial de la zona oeste no est&aacute;n tan da&ntilde;adas, pero permanecen en silencio. Es evidente que muchas tiendas llevan a&ntilde;os cerradas, y la contaminaci&oacute;n del gas&oacute;leo refinado local que abastece a muchos hogares y autom&oacute;viles ha llenado de grasa y ennegrecido las calles. Despu&eacute;s de sufrir la opresi&oacute;n del r&eacute;gimen y los dictados islamistas de algunos grupos insurgentes, casi ninguna de las mujeres a las que entrevist&oacute; <em>The Guardian </em>quiso hablar ni dar su nombre.
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                    alt="Un hombre prepara comida callejera en una esquina de Alepo."
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                Un hombre prepara comida callejera en una esquina de Alepo.                            </span>
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        <strong>Pero ahora, con la marcha de Al Asad, renace la esperanza de construir una Siria nueva sobre las ruinas del campo de batalla. Las tres estrellas rojas y la franja verde de la bandera de la oposici&oacute;n est&aacute;n por todas partes: en las fachadas de las escuelas, por todos los escaparates y en los cap&oacute;s de los coches</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Los precios de los alimentos y del combustible se dispararon en Alepo inmediatamente despu&eacute;s de la ofensiva insurgente de finales de noviembre. Pero se han ido estabilizando con la llegada de mercanc&iacute;as y productos desde Turqu&iacute;a y desde el basti&oacute;n del HTS en Idlib. Ahora, el aroma dulz&oacute;n de las clementinas en venta flota sobre el olor a desechos. 
    </p><p class="article-text">
        Bashar Hakami tiene 28 a&ntilde;os y vende manzanas, c&iacute;tricos de invierno y las &uacute;ltimas granadas del a&ntilde;o. &ldquo;Los precios son mucho mejores y ya no hay racionamiento de pan ni de combustible&rdquo;, dice. &ldquo;Puedes hacer lo que quieras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Alepo era el primer objetivo en la ofensiva sorpresa liderada por el HTS, que a finales de 2018 arrebat&oacute; a otras facciones el control de la cercana provincia de Idlib y de la campi&ntilde;a circundante. Con el resto del mundo aceptando t&aacute;citamente la victoria de Al Asad en la guerra, el HTS estuvo a&ntilde;os planeando la contraofensiva, tratando de que las fuerzas debilitadas del r&eacute;gimen y sus reclutas desmoralizados subestimaran sus intenciones. Entendieron que hab&iacute;a llegado su momento cuando vieron a los socios de Al Asad (Rusia, Ir&aacute;n y la milicia libanesa de Hizbul&aacute;) empantanarse en sus guerras con Ucrania e Israel. Menos de dos semanas despu&eacute;s, Al Asad huy&oacute; del pa&iacute;s y la bandera de la oposici&oacute;n se izaba sobre Damasco, la capital. Sorprendidas, las tropas del Gobierno sirio se vieron r&aacute;pidamente desbordadas; algunas unidades huyeron y los refuerzos que se juntaron a toda prisa fueron incapaces de coordinar la defensa.
    </p><p class="article-text">
        En la rotonda de Basilea, en la periferia occidental de Alepo, un bombardeo termin&oacute; con la vida de al menos 15 civiles. Todav&iacute;a es posible ver los escalones manchados de sangre y gas&oacute;leo bajo lo que antes era una estatua del hermano de Al Asad.
    </p><p class="article-text">
        Algunos civiles huyeron y otros salieron a las calles para celebrarlo, derribando estatuas de Al Asad y de sus familiares, arrancando las banderas omnipresentes del r&eacute;gimen, y pintando grafitis sobre las innumerables im&aacute;genes de Bashar y de Hafez, su padre, que lleg&oacute; a la presidencia en 1970 y muri&oacute; en el a&ntilde;o 2000. Pr&aacute;cticamente, de la noche a la ma&ntilde;ana, hab&iacute;an llegado a su fin los m&aacute;s de 50 a&ntilde;os del Estado policial instaurado por la familia Al Asad y los m&aacute;s de 13 a&ntilde;os de guerra civil. 
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                La gente ondea banderas de la llamada &quot;Siria libre&quot; en la plaza Saadallah al-Jabiri de Alepo para celebrar la marcha del presidente Al Asad.                            </span>
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        &ldquo;Tengo permiso de residencia en Estados Unidos y pod&iacute;a haberme marchado cuando hubiera querido&rdquo;, dice Joseph Fanoun, de 68 a&ntilde;os y propietario de una tienda de antig&uuml;edades en el barrio cristiano de Azaziyeh. &ldquo;No lo hice porque amo mi hogar y mi ciudad y sab&iacute;a que alg&uacute;n d&iacute;a ser&iacute;amos libres&rdquo;. Tanto Fanoun como las figuras de Pap&aacute; Noel frente a su puerta visten bufandas con los colores de la oposici&oacute;n siria.
    </p><p class="article-text">
        No todos est&aacute;n tan felices. Mahmous Farash, de 50 a&ntilde;os y propietario de un local especializado en desayunos, se fue de Alepo en 2013. Huy&oacute; con su familia a El Cairo por temor a que el levantamiento contra Al Asad se transformara en una pesadilla de sectarismo, financiada por potencias extranjeras con sus propios intereses. &ldquo;Volv&iacute; hace seis meses y ahora no estoy seguro de que haya sido la decisi&oacute;n correcta&rdquo;, explica mirando nervioso a tres combatientes islamistas que, en esta luminosa y helada ma&ntilde;ana, comen <em>fatteh y ful </em>(habas y pan frito con yogur y garbanzos) en el local. Uno de ellos le dice a una mujer, repetidamente, que se cubra el pelo.
    </p><p class="article-text">
        En la estaci&oacute;n de bomberos de Karm al-Yabal, miembros de los Cascos Blancos limpian y reparan veh&iacute;culos de rescate y camiones de bomberos que el r&eacute;gimen hab&iacute;a dejado oxid&aacute;ndose. Varios de ellos trabajaron como bomberos antes de la guerra y ahora vuelven a encontrarse en circunstancias dif&iacute;ciles de imaginar hace solo unas semanas. &ldquo;Queda mucho trabajo por hacer&rdquo;, dice Khatib, el m&aacute;s joven de ellos. &ldquo;Siento que Alepo es una herida abierta, pero no podemos desaprovechar esta oportunidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Traducci&oacute;n de Francisco de Z&aacute;rate. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bethan McKernan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/the-guardian/alepo-ciudad-pago-precio-devastacion-guerra-siria-herida-abierta_1_11926331.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Dec 2024 18:11:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dentro de Alepo, la ciudad que pagó el precio de la devastación de la guerra en Siria: “Es una herida abierta”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bashar Al Asad,Siria,Alepo]]></media:keywords>
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