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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - centennials]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - centennials]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La bestia invisible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestia-invisible_129_11942854.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee7ec722-e25a-4616-8057-9779d71fb531_16-9-discover-aspect-ratio_default_1109035.jpg" width="592" height="333" alt="La bestia invisible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un mundo que busca prescindir de la inteligencia que no sirve para vender algo, el arte y el pensamiento enfocados sólo en denunciar la tragedia, y no en proponer nuevos relatos, nos aplanan y limitan. </p></div><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil escribir sobre ciencia ficci&oacute;n (sobre todo, sobre pel&iacute;culas de ciencia ficci&oacute;n) sin hacer parecer los textos m&aacute;s aburridos de lo que son. Cualquier descripci&oacute;n de una obra de arte (y cuando una es columnista tiene que ir perfeccion&aacute;ndola en el arte de hacerlas, resumir una trama de manera tal que el lector que no ley&oacute; el libro pueda disfrutar de la columna) corre el riesgo de referirse solo a los temas, de hacer ver a la obra mucho m&aacute;s bajal&iacute;nea de lo que es: pero es peor con la ciencia ficci&oacute;n, porque encima, en el centro de las pel&iacute;culas sci-fi suelen estar las ansiedades m&aacute;s extendidas del presente. 
    </p><p class="article-text">
        Es por eso, tambi&eacute;n, que la poca ciencia ficci&oacute;n que miro tiende a ser de otras &eacute;pocas. Las obsesiones de <em>Solaris</em> me abren un poco el horizonte; las de <em>Black Mirror</em>, en cambio, siempre hablan de lo mismo de lo que est&aacute;n hablando todos en Twitter. Todo esto para decir que<em> La bestia </em>(2023), una producci&oacute;n francocanadiense de <strong>Bertrand Bonello</strong> con protag&oacute;nico de <strong>L&eacute;a Seydoux</strong> que acaba de llegar a MUBI, es una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n que habla de lo mismo de lo que est&aacute; hablando todo el mundo en Twitter, pero lo hace con tantos recursos y sutilezas que da la sensaci&oacute;n de aportar algo que no pueden dar las noticias.
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        El &ldquo;tema&rdquo;, para salir de eso r&aacute;pido, es la inteligencia artificial y lo que su expansi&oacute;n puede implicar para las interacciones humanas. Hay tres tiempos en la pel&iacute;cula: el presente est&aacute; situado en 2044, y Gabrielle (L&eacute;a Seydoux) tiene problemas para buscar trabajo. En este futuro cercano que ella habita, la seguridad del mundo est&aacute; garantizada por haber eliminado las chances de que personas pose&iacute;das por el miedo o la ira tomen decisiones importantes. Por eso, para tener un puesto relevante en cualquier organizaci&oacute;n, hay que atravesar un proceso de &ldquo;purificaci&oacute;n&rdquo; que no te borra la memoria, pero s&iacute; la memoria emotiva. 
    </p><p class="article-text">
        El procedimiento hace al sujeto pasar revista de sus vidas pasadas hasta que ya no tenga relaci&oacute;n con ellas. No s&eacute; si es intencional la parodia, pero me divirti&oacute; el hecho de que escuchado a muchos terapeutas modernos post psicoanal&iacute;ticos hablar en t&eacute;rminos muy similares: la idea de la &ldquo;purificaci&oacute;n&rdquo; parece ser que una pueda luego pasar por los momentos m&aacute;s dolorosos de su vida sin sentir nada. Esa ser&iacute;a la prueba definitiva de que tus emociones ya no te dominan, como si te hubieras convertido una cruza de cyborg con maestro zen.
    </p><p class="article-text">
        Gabrielle no quiere purificarse y quedarse sin sus emociones, y por eso est&aacute; condenada a hacer los trabajos m&aacute;s tediosos que existen; pero est&aacute; cansada, y finalmente decide probar. En el proceso se cruza con otro joven, Louis (<strong>George MacKay</strong>), que tambi&eacute;n tiene dudas. Iremos entendiendo que Gabrielle y Louis se encontraron al menos en otras dos vidas: en el siglo XIX, cuando ella era una pianista casada con un fabricante de mu&ntilde;ecas y &eacute;l un muchacho misterioso que la cortejaba, y en el a&ntilde;o 2014, cuando ella era una actriz desempleada cuidando una casa enorme en Los &Aacute;ngeles y &eacute;l un youtuber <em>incel</em> con hambre de venganza contra las rubias losangelinas. 
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, o no, creo que le da a <em>La bestia</em> una frescura a la que ninguna franquicia podr&iacute;a aspirar es su relaci&oacute;n con &ldquo;La bestia en la jungla&rdquo; de <strong>Henry James</strong>. El cuento est&aacute; protagonizado por una pareja, tambi&eacute;n, pero aqu&iacute; el protagonista es el hombre: John Marcher es una suerte de c&eacute;libe paranoico, que piensa que no debe casarse porque est&aacute; convencido de que un mal desconocido lo acecha como una bestia en la jungla; no puede enamorarse, entonces, porque condenar&iacute;a a su esposa a sufrir esa tragedia que &eacute;l no sabe cu&aacute;l es, pero eventualmente llegar&aacute;. Acerc&aacute;ndose al final de su vida (supongo que se puede spoilear un relato de m&aacute;s de cien a&ntilde;os) entiende que ese mal que tanto tem&iacute;a termin&oacute; siendo autoinflingido: lo m&aacute;s grave que le pas&oacute; fue haberse quedado, por miedo, paralizado y sin amor. 
    </p><p class="article-text">
        Es una excelente par&aacute;bola para nuestra &eacute;poca, en la que tantos problemas sociales (fundamentalmente uno muy comentado: la dificultad de millennials y centennials para hacerse adultos) se relacionan no solo con factores econ&oacute;micos, sino tambi&eacute;n con un miedo cr&oacute;nico a lo terrible que podr&iacute;a ser tomar una decisi&oacute;n sobre algo y luego tener que hacerse cargo de eso; miedo basado, en una glorificaci&oacute;n de la seguridad que nos ense&ntilde;aron desde chicos y que nos volvi&oacute; pr&aacute;cticamente incapaces de tomar riesgos, combinado con el FOMO como modo de vida. Entre el miedo a tener que hacerse cargo de una decisi&oacute;n y el terror a perderse de todas las otras cosas que uno no ha elegido, todos estamos un poco como John Marcher, cuid&aacute;ndonos de una bestia invisible sin darnos cuenta de que efectivamente existe, y es el tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Es una buena par&aacute;bola, tambi&eacute;n, para el g&eacute;nero que elige la pel&iacute;cula, la ciencia ficci&oacute;n, que &uacute;ltimamente est&aacute; m&aacute;s que nunca basado en la fijaci&oacute;n de que la humanidad est&aacute; autodestruy&eacute;ndose. Me interes&oacute; mucho m&aacute;s esta veta antiparanoica de la pel&iacute;cula que su relato paranoico sobre un mundo que se extirpa las emociones, aunque en el fondo creo que hay algo bello, interesante e inteligente en la insistencia de esta pel&iacute;cula tan fragmentada de entretejer ambas narrativas. Porque las dos cosas parecen ser ciertas, y en su convivencia se cifra nuestra desgracia: es verdad que una parte del desarrollo del mundo se est&aacute; orientando a prescindir de las formas de la inteligencia humana que no sirven para vender nada, y es igualmente claro que dedicar todos los esfuerzos del arte y el pensamiento a reflexionar sobre esa tragedia en lugar de intentar construir otros relatos nos est&aacute; aplanando y atrofiando, como una bestia invisible que da pisadas gigantes.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestia-invisible_129_11942854.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Jan 2025 03:07:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciencia Ficción,millennials,centennials]]></media:keywords>
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