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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sarah Babiker]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sarah Babiker]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sarah Babiker, escritora: “Pelear por cambiar el presente es construir el futuro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/sarah-babiker-escritora-pelear-cambiar-presente-construir-futuro_1_11945893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f959f5b1-f835-414b-8a29-410f70a08f82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1501y1055.jpg" width="1200" height="675" alt="Sarah Babiker, escritora: “Pelear por cambiar el presente es construir el futuro”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No todo el mundo puede decir que publicó dos libros a la vez. Sin embargo, esta narradora, periodista y antropóloga tiene el secreto de la gente interesante: hablar más del mundo que de sí misma. En su escritura y discurso encontramos la defensa, tierna y feroz, de una vida mejor.</p></div><p class="article-text">
        Sarah Babiker (Madrid, 1979) afirma que es de naturaleza dispersa. Sin embargo, consigui&oacute; algo al alcance de poca gente. Algo que exige tener cosas que decir y la disciplina de organizarlas. La periodista public&oacute; dos libros a la vez. Quien haya paseado &uacute;ltimamente entre las mesas de novedades literarias donde cada d&iacute;a de presencia es una victoria habr&aacute; podido ver el nombre de Babiker en una novela, <em>Caf&eacute; Abismo</em> (La Oveja Roja), y el ensayo narrativo <em>La nada f&eacute;rtil </em>(Continta Me Tienes). La primera recorre la historia de una familia, las Salvatierra, en momentos concretos del a&ntilde;o 2000, el 2020 y el 2040. La segunda se sirve de las etapas vitales, de la infancia hasta la vejez, para hablarnos de un mundo antipersona y explorar qu&eacute; palancas usar para abrir ventanas emancipadoras.
    </p><p class="article-text">
        El trabajo de ambas obras apenas se solap&oacute;, pues el ensayo arranc&oacute; cuando la novela, iniciada antes de la pandemia, ya estaba muy avanzada. La autora evita caer en el lugar com&uacute;n de describir el proceso de escritura como un tormento. &ldquo;Ha sido bonito, como cuidar de dos hijas, dos hogares o dos plantas, reconocer que vienen de un mismo mundo, pero que cada cual tiene su identidad, sus necesidades y su camino&rdquo;, se&ntilde;ala Babiker. 
    </p><p class="article-text">
        La periodista reconoce que para <em>La nada f&eacute;rtil</em> trabaj&oacute; con plazos amplios para lo acostumbrado en la profesi&oacute;n. La menci&oacute;n al oficio de Babiker es pertinente, ya que el germen del libro lo encontramos en una de sus columnas para El Salto cuyo t&iacute;tulo, <em>Se&ntilde;oras que fantasean con quemar contenedores (metaf&oacute;ricos),</em> nos introduce de lleno en el esp&iacute;ritu de un ensayo lleno de potentes reflexiones. Una de esas primeras ideas se articula gracias a los espacios recurrentes del texto: casas, oficinas o parques. Con frecuencia se exige vivienda, trabajo o un barrio &ldquo;digno&rdquo;, pero quiz&aacute; olvidamos que ya lo son, que es la gente quien los hace dignos. Quien en el bajo comercial donde vive dobla su ropa con cari&ntilde;o antes de apretujarla en un caj&oacute;n. Quien en h&aacute;bitats laborales hoscos recuerda llevar croissants si alguien cumple a&ntilde;os. Quien hace la compra a una vecina en un distrito que el Ayuntamiento no considera prioritario limpiar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/70effe3c-e6c1-423d-b954-be6fb1912545_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;A veces he pensado esto redactando o editando art&iacute;culos, cuando nos salen estas expresiones de que algo nos roba o nos quita la dignidad. Me incomoda esa idea, porque la dignidad las personas la tenemos, la llevas adentro incluso cuando piensas que ya no te queda nada, cuando te cachea la polic&iacute;a por tu aspecto, cuando luchas por construir un remedo de hogar en un cajero, cuando el ej&eacute;rcito sionista arrasa con tu ciudad y con tu gente, t&uacute; sigues siendo digna. Los cuerpos al fondo del Mediterr&aacute;neo, tambi&eacute;n ellos son dignos. A quien le falta dignidad es al sistema y a su mano opresora, sea un fondo buitre cosechando beneficios millonarios de este r&eacute;gimen feudal inmobiliario al que hemos sido abocadas, o sean vampiros de lo p&uacute;blico lucr&aacute;ndose sin freno de las necesidades de salud, de educaci&oacute;n o de cuidados que tenemos como sociedad. Ellos son los indignos&rdquo;, sostiene la autora.
    </p><p class="article-text">
        En Babiker encontramos una fundamentada reivindicaci&oacute;n de cada etapa de nuestra vida. La infancia, por ejemplo, es esa fase de la existencia que precisa unos cuidados que siguen recayendo especialmente en las mujeres. Pero tambi&eacute;n algo menos verbalizado: &ldquo;Una dimensi&oacute;n central de la humanidad que viene con la reserva de ternura a tope, la que atesora una curiosidad contra la que la sociedad conspira&rdquo;, leemos en <em>La nada f&eacute;rtil</em>. La adolescencia, que el capitalismo reduce a target comercial, es un territorio de alegr&iacute;a, potencia y rebeld&iacute;a. &iquest;Le ir&iacute;a bien a esta sociedad ser un poco m&aacute;s <em>adolescente?</em>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La urgencia adolescente de construir nuevas familias con otros, amistades que arropen, la euforia un poco insensata que les bendice a ratos, que les permite olvidar los estreses del presente o la incertidumbre del futuro. ¿Por qué no reivindicar todo eso en lugar de mirar a la adolescencia con ese rictus de desaprobación?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sarah Babiker</span>
                                        <span>—</span> Escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute; &mdash;responde&mdash;, pero no de la manera en que nos quiere el mercado: &aacute;vidas de construir una identidad en base al consumo, sedientas de satisfacci&oacute;n inmediata a nuestros deseos o intolerantes a la frustraci&oacute;n. Yo quiero reivindicar justamente aquello <em>adolescente</em> que incomoda al sistema. El cuestionamiento a lo establecido, la rebeld&iacute;a. La pasi&oacute;n con la que se abrazan las causas cuando se consideran justas, y, por cierto, qu&eacute; drama que esta pulsi&oacute;n la est&eacute; secuestrando en algunos casos la extrema derecha. La urgencia adolescente de construir nuevas familias con otros, amistades que arropen, la euforia un poco insensata que les bendice a ratos, que les permite olvidar los estreses del presente o la incertidumbre del futuro. &iquest;Por qu&eacute; no reivindicar todo eso en lugar de mirar a la adolescencia con ese rictus de desaprobaci&oacute;n o, como mucho, la preocupaci&oacute;n con la que la mira muchas veces la sociedad adulta?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A menudo se nos olvida, pero inventamos tiempo. Lo sacamos de donde no hay para ver a la gente que queremos y nos quiere. Solemos llamarlo amistad. Un tipo de relaci&oacute;n que no puede medirse en t&eacute;rminos de rentabilidad, sino que nos habla de un amor casi nunca explicitado con esa palabra. Un sabotaje a la l&oacute;gica de lo utilitario. &ldquo;Soy <em>amistosista</em> &mdash;defiende Babiker&mdash;. Creo que, del mismo modo que el sistema ha sabido poner a su servicio tanto a la familia como al amor rom&aacute;ntico, los v&iacute;nculos amistosos se le escapan un poco m&aacute;s, pues son en principio m&aacute;s libres, m&aacute;s horizontales, m&aacute;s creativos. Habilitan alianzas para salir de los callejones del sistema como la familiarizaci&oacute;n de los cuidados o la pareja heterosexual como relaci&oacute;n humana en el colof&oacute;n de la jerarqu&iacute;a relacional. Estos &uacute;ltimos son a veces v&iacute;nculos que parecemos obligadas a mantener por encima de todo, aunque se vayan las ganas y llegue el resquemor y la violencia. Esta idea de la pareja como una meta a la que aspirar redunda a veces en una idea de desprecio cuando no se conquista, desprecio a veces hacia uno mismo, pero tambi&eacute;n hacia las mujeres que no te eligen, como les pasa a los <em>incel&rdquo;.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f35515c4-2c69-4bae-a414-bd43b238bc17_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que la amistad es antifascista &mdash;prosigue&mdash;, que gran parte del cabreo, de la pulsi&oacute;n contra el otro que nutre los discursos del odio, tiene que ver con la falta de v&iacute;nculos amistosos de muchas personas que se han quedado solas en este neoliberalismo can&iacute;bal. Gente que brega en la intemperie emocional, que solo sabe generar pertenencia y comunidad, a trav&eacute;s del odio al otro. Hombres que generan fratr&iacute;as en torno a su gran enfado contra las mujeres, las personas migrantes, los ecologistas o quien toque. Gente que construye sus relaciones en base a la pulsi&oacute;n de medrar pol&iacute;tica y econ&oacute;micamente. Gente elegante que se llama amiga y lo que son es c&oacute;mplices del expolio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se enarbola, tanto en las letras de <em>Caf&eacute; Abismo</em> como en las de <em>La nada f&eacute;rtil</em>, un &ldquo;derecho a no vivir en modo supervivencia&rdquo;. &ldquo;Pero claro &mdash;a&ntilde;ade&mdash;, cuando lo que se pone en cuesti&oacute;n cada d&iacute;a es el propio derecho a la vida de tanta gente, del pueblo palestino, de quienes migran, de quienes habitan las cada vez m&aacute;s extensas zonas de sacrificio que el capital ha designado para poder continuar con su org&iacute;a de acumulaci&oacute;n infinita, mientras empieza a parecer entre de extrema izquierda o de una candidez absoluta defender el derecho a la vida en s&iacute;, pues ya defender el derecho a la calma, a brillar, a extraer alegr&iacute;a y sentido de la existencia, parece una cosa como de flipados que no han entendido de qu&eacute; va el mundo. Redistribuir la riqueza con la renta b&aacute;sica universal, o el tiempo con una reducci&oacute;n masiva de jornada, o garantizar el derecho a un techo para no tener que dejarse la vida en el pago de alquileres e hipotecas parece pretencioso, iluso, postergable indefinidamente o directamente imposible. Gozarse la vida, tener el gobierno del tiempo propio suficiente para permitirse el brillo: eso tambi&eacute;n podr&iacute;a ser un ant&iacute;doto para el fascismo. Pero la avaricia inagotable de unos pocos necesita que naufraguemos en la urgencia y vivamos en el miedo a perder lo que tenemos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en La Ventilla, barriada madrile&ntilde;a de pasado arrabalero y traperos de quienes supo extraer literatura Baroja, con un movimiento vecinal pionero en la ocupaci&oacute;n de casas vac&iacute;as, Babiker asegura que haciendo estos libros ha aprendido &ldquo;que las cosas llevan tiempo y que eso est&aacute; bien&rdquo;. La escritura es para ella un espacio que define como seguro, alegre y vibrante, con sentido m&aacute;s all&aacute; de la publicaci&oacute;n. Su abuelo Pablo le leg&oacute; una Olivetti y el gusanillo de juntar palabras dura hasta hoy. La mirada de la autora se orienta hacia delante, as&iacute; que preguntamos si aceptar que no hay futuro es caer en una trampa tendida por quienes gozan de buen presente y desean hacernos tirar la toalla en la lucha por el porvenir para adue&ntilde;arse tambi&eacute;n de &eacute;l. Si el pesimismo es un lujo que no podemos permitirnos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;S&iacute;. Porque, si no hay futuro, &iquest;por qu&eacute; acumulan miles de millones que no podr&aacute;n gastar en mil vidas? Ese &lsquo;no hay futuro&rsquo; no es un revulsivo para la insurgencia, sino una especie de sedante para que nos consumamos en el <em>ultrapresente</em>. No nos sirve. Vivir sin poder imaginar un futuro mejor, un horizonte, es existir a medio gas, &iquest;no? No tenemos el tiempo para brillar, pero nos dejan adquirir muchas mierdas que brillan, asequibles con nuestros insuficientes salarios, construidas sobre la esclavitud de otras a las que nunca veremos y ante las que nunca tendremos que rendir cuentas. Emanciparnos de ese <em>ultrapresente</em> que nos obliga a ser c&oacute;mplices de quienes acumulan sin fin para monopolizar el futuro es un gesto de rebeld&iacute;a necesario y profundamente humano. Y siempre hay quienes est&aacute;n en ello, desde los barrios a los pueblos ind&iacute;genas, desde las feministas a las luchas por una vivienda digna, pelear por cambiar el presente no es otra cosa que construir futuros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y por d&oacute;nde pasa un ma&ntilde;ana deseable? &ldquo;No tengo la receta &mdash;contesta&mdash;. Pero s&iacute; me vienen a la cabeza los elementos que envenenan cualquier posibilidad de un futuro habitable. Creo que un futuro para todas es un futuro abolicionista de las fronteras, del trabajo asalariado como lo entendemos hoy, del capitalismo en particular y de la avaricia y la acumulaci&oacute;n como principio que rige a la humanidad bajo este r&eacute;gimen que nos est&aacute; destruyendo. El neoliberalismo ha moldeado las subjetividades al grito de <em>&iexcl;no hay alternativa!</em> de un modo dif&iacute;cil de revertir. Pero no ha conseguido, ni conseguir&aacute;, conquistarlo todo. En nuestros afectos y v&iacute;nculos, en la ternura y la solidaridad, en la rabia ante lo injusto hay reservas de resistencia que nunca ser&aacute;n apropiadas por el mercado o el odio. Lo que necesitamos es tiempo, calma y agallas para convencer de que no solo hay alternativas, sino que son las &uacute;nicas que ofrecen un futuro que merezca la pena ser vivido&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Pato Lorente]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/sarah-babiker-escritora-pelear-cambiar-presente-construir-futuro_1_11945893.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jan 2025 12:40:12 +0000]]></pubDate>
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