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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Río Reconquista]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Río Reconquista]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las migrantas que mueven el mundo en el río Reconquista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/migrantas-mueven-mundo-rio-reconquista_1_11964248.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f77d07fe-b164-4002-83ff-ec6ceb129a7d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las migrantas que mueven el mundo en el río Reconquista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las comunidades de mujeres organizadas del asentamiento de Costa Esperanza, a la vera del río Reconquista, en Argentina, están en riesgo de perder sus modos de vida. La retirada de los apoyos del Estado y la profundización de la crisis económica obliga hoy a estas mujeres a plantear nuevas estrategias conjuntas para salir adelante en el contexto adverso.
</p></div><p class="article-text">
        Las manos de Rosa Valencia se sumergen con amabilidad en la tierra. Pese a que sus u&ntilde;as est&aacute;n prolijas, y sus dedos adornados con varios anillos, tienen las marcas propias de una vida entera dedicada al trabajo manual. Deposita la tierra en unos vasitos descartables blancos de pl&aacute;stico y quir&uacute;rgicamente inserta en el centro. En algunos, papines cortados al medio; y en otros, arvejas. Un grupo de mujeres observa y luego repite el procedimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Son plantines de nuestras colectividades para que se los lleven los vecinos&rdquo;, explica Rosa, quien naci&oacute; en Bolivia pero vive desde hace 26 a&ntilde;os en Costa Esperanza, uno de los trece barrios y asentamientos ubicados en la cuenca del r&iacute;o Reconquista, en el municipio de General San Mart&iacute;n, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. &ldquo;La papa es un alimento que cultivaban nuestros antepasados en Per&uacute; y en el altiplano boliviano, y que se sigue cultivando hoy&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Costa Esperanza, uno de los trece barrios y asentamientos ubicados en la cuenca del río Reconquista, en el municipio de General San Martín."
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                Costa Esperanza, uno de los trece barrios y asentamientos ubicados en la cuenca del río Reconquista, en el municipio de General San Martín.                            </span>
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        Mujeres bolivianas, paraguayas, peruanas y argentinas se encuentran reunidas un domingo de octubre de 2024 para compartir una &ldquo;jornada por la diversidad cultural&rdquo;, en el mes en que &eacute;sta es celebrada en Argentina, por la llegada de los espa&ntilde;oles a estas tierras. Arman plantines debajo de una carpa montada en la calle Camelias, hist&oacute;rica en el barrio por ser la primera que fue asfaltada, en 2011. Al lado, instalaron una radio abierta y a pocos metros hay un castillo inflable en donde varios ni&ntilde;os se divierten saltando.
    </p><p class="article-text">
        Enfrente, en la pared lateral de una peluquer&iacute;a, que fue cedida por Lourdes Roldan, una vecina de nacionalidad peruana, comienzan a bocetar un mural cuyas protagonistas son ellas mismas: las mujeres de las distintas colectividades que viven en Costa Esperanza. Una figura representa a las paraguayas, otra a las argentinas, una tercera a las bolivianas y por &uacute;ltimo, una a las colombianas.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Varias vecinas, y algunos ni&ntilde;os, entusiasmadas pintan polleras y blusas de colores, trenzas, el t&iacute;pico sombrero bomb&iacute;n que usan las cholas bolivianas, pa&ntilde;uelos, jarrones aut&oacute;ctonos. Por debajo un r&iacute;o azul que las une, el Reconquista, y un cartel que dice: &ldquo;Nosotras movemos el mundo&rdquo;. El mural es una construcci&oacute;n colectiva, una propuesta de las mujeres del barrio, dise&ntilde;ado por la artista, educadora comunitaria de la Universidad Nacional de San Mart&iacute;n (UNSAM)&nbsp; e integrante del proyecto de <a href="https://www.instagram.com/migrantasreconquista/?hl=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Migrantas en Reconquista&rdquo;</a>, Teresa P&eacute;rez.
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                Trabajadoras de la &quot;Cooperativa 9 de Julio&quot;.                            </span>
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        Costa Esperanza es un barrio de mujeres. Si bien viven hombres, all&iacute; lideran las mujeres. En especial las migrantes, como Rosa Valencia. &Eacute;stas fueron fundamentales al momento de su construcci&oacute;n, a finales de los a&ntilde;os 90, y en el posterior desarrollo y crecimiento del barrio. <strong>La mayor&iacute;a lleg&oacute; desde zonas rurales de otros pa&iacute;ses del cono sur, exiliadas por causas clim&aacute;ticas, el agotamiento de los recursos del campo y de desigualdad econ&oacute;mica. Aqu&iacute; se encontraron con discriminaci&oacute;n y violencia. La construcci&oacute;n de comunidad les permiti&oacute; la supervivencia.</strong> Durante estos a&ntilde;os armaron redes e incluso se volvieron promotoras fundamentales del cuidado del medio ambiente. Con la llegada al poder del presidente ultraderechista Javier Milei gran parte de las estrategias comunes que han construido, por m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, est&aacute;n siendo amenazadas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Durante estos años armaron redes e incluso se volvieron promotoras fundamentales del cuidado del medio ambiente. Con la llegada al poder del presidente ultraderechista Javier Milei gran parte de las estrategias comunes que han construido, por más de dos décadas, están siendo amenazadas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;La idea del mural surgi&oacute; porque esta esquina estaba llena de basura y buscamos una manera de embellecer el barrio y generar conciencia para que los vecinos la cuiden. En la pared hab&iacute;a una vieja pintada pol&iacute;tica&rdquo;, cuenta Gisela Dipacce, una joven argentina, referente pol&iacute;tica de Costa Esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Y Rosa agrega: &ldquo;Representa la unidad que sentimos las mujeres desde que nos instalamos ac&aacute;. Lo que nos permite hoy estar en pie en un momento muy dif&iacute;cil, en el que muchas se quedaron sin trabajo o est&aacute;n pasando hambre. Ninguna se salva sola&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Rosa Valencia. Es referente de la comunidad boliviana del barrio. Fundó Colectividades Unidas Sin Fronteras.                            </span>
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        La migrantes <a href="https://www.encuestamigrante.ar/wp-content/uploads/documentos/anuario_enma_2023_vf.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">padecen</a> a diario discriminaci&oacute;n, violencia institucional y hasta f&iacute;sica. Gabriela Liguori directora ejecutiva de la Comisi&oacute;n Argentina para Personas Refugiadas y Migrantes (<a href="https://caref.org.ar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">CAREF</a>), una asociaci&oacute;n civil sin fines de lucro fundada en 1973 para recibir a personas y familias migrantes y refugiadas, explica: &ldquo;Hay una cuesti&oacute;n que tiene que ver con la interseccionalidad. Ser migrante y mujer implica el enfrentarse no solamente a las dificultades propias de cualquier migrante, como el acceso a la documentaci&oacute;n, ingresar irregularmente al territorio o acceder a derechos como la salud y la educaci&oacute;n, sino hacerlo en un marco en el que las mujeres muchas veces se enfrentan a situaciones de violencia, abusos, maltrato, explotaci&oacute;n laboral o de menor paga&nbsp; y dif&iacute;cil acceso a la justicia.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A trav&eacute;s de redes comunitarias han logrado sostener la subsistencia de todos los habitantes del lugar y se han vuelto agentes importantes de la preservaci&oacute;n del medio ambiente, en un asentamiento altamente contaminado</strong> por su proximidad a uno de los <a href="https://www.google.com/maps/d/u/0/viewer?mid=1omFgjDeB8CaVis8Q9bm0iaaUE4JMfAHC&amp;femb=1&amp;ll=-34.52862472631062%2C-58.58419516964417&amp;z=14" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">basurales</a> a cielo abierto m&aacute;s grande del pa&iacute;s, conocido como &ldquo;La Quema&rdquo;, ubicado en el Complejo Ambiental Norte III, perteneciente a la <a href="https://www.ceamse.gov.ar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Coordinaci&oacute;n Ecol&oacute;gica &Aacute;rea Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE).</a>&nbsp; La mayor&iacute;a de las mujeres son parte de organizaciones sociales o pol&iacute;ticas, encabezan asociaciones civiles, comedores comunitarios, cooperativas de reciclaje, de saneamiento del r&iacute;o o textiles.&nbsp;
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                El barrio Costa Esperanza, y los aledaños, fueron construidos sobre la basura.                            </span>
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        Natalia Gavazzo, docente e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas (CONICET) y directora del proyecto <a href="https://www.unsam.edu.ar/territorioeducativo/migrantas.php" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Migrantas en Reconquista&rdquo;</a>, que investiga y realiza acciones en el territorio para potenciar las estrategias socioambientales que utilizan las mujeres de los barrios de la cuenca del Reconquista, explic&oacute;: &ldquo;Las mujeres est&aacute;n inscriptas en redes, redes que tienen que armarse para sobrevivir. A trav&eacute;s de &eacute;stas, las migrantes contribuyen con la urbanizaci&oacute;n del barrio y se convirtieron en actores centrales en el desarrollo territorial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El retiro del Estado de los barrios populares, a partir de diciembre de 2023, con la suspensi&oacute;n de los planes sociales, de las subvenciones y apoyo alimenticio, la desinversi&oacute;n en infraestructura a nivel nacional y la recesi&oacute;n econ&oacute;mica afectan especialmente a este grupo de mujeres y las obliga a reforzar los v&iacute;nculos comunitarios y desarrollar nuevas y m&aacute;s creativas respuestas para un contexto muy adverso.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Agentes del cuidado del ambiente</strong></h2><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Frente a Costa Esperanza funcionó durante más de 10 años un basural clandestino. Los vecinos cuentan que se hacía mucha quema de basura y que el olor por las noches era nauseabundo."
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            <span class="title">
                Frente a Costa Esperanza funcionó durante más de 10 años un basural clandestino. Los vecinos cuentan que se hacía mucha quema de basura y que el olor por las noches era nauseabundo.                            </span>
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        La camioneta para en medio de la avenida San Mart&iacute;n. Mar&iacute;a y Zulma Monges, madre e hija, se bajan y buscan el camino para acceder a El Arroyo, uno de los canales que desembocan en el r&iacute;o Reconquista, a los que los vecinos llaman zanjones.
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;&ndash;Vamos Do&ntilde;a, muestrenos el camino usted, que est&aacute; vestida para la ocasi&oacute;n&ndash;</em> bromea Zulma.
    </p><p class="article-text">
        Su madre se r&iacute;e y comenta que cuando est&aacute;n trabajando Zulma le dice &ldquo;la Do&ntilde;a&rdquo; delante de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a tiene 59 a&ntilde;os, es paraguaya y una de las primeras pobladoras de Costa Esperanza. Lleg&oacute; en 1998 cuando el lugar era un humedal. Es madre soltera. Tiene 7 hijos, Zulma es su primog&eacute;nita. Su cabellera rubia se esconde debajo de un casco amarillo que por encima tiene unos anteojos protectores trasparentes. Sus ojos oscuros se achinan por el sol de la ma&ntilde;ana y dan paso a algunas arrugas que marcan su piel cobriza. Lleva un uniforme de trabajo con una estampa que dice &ldquo;Cooperativa 9 de Julio&rdquo; y calza botas con una suela todo terreno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El camino es estrecho y empinado. Al bajar se encuentran con un grupo de trabajadores, en su mayor&iacute;a mujeres, sentados en la ribera del r&iacute;o. Est&aacute;n en su horario de descanso. El clima entre ellas es distendido, toman mate y hacen chistes. Pronto se ponen a trabajar. Algunas mujeres recogen la basura que encuentran en las orillas&nbsp; del arroyo, mientras que otra maneja la cortadora de pasto y el resto desmaleza la zona. Mar&iacute;a es la capataz y dirige cada paso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Trabajamos de lunes a viernes levantando la basura. La colocamos en un costado del arroyo y luego la recoge el municipio. Aunque muchas veces nos encontramos con que no pasan los camiones y tenemos que insistir para que lo hagan</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Monge</span>
                                        <span>—</span> Pobladoras de Costa Esperanza
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La primera vez que Mar&iacute;a pens&oacute; en la necesidad de limpiar el r&iacute;o Reconquista fue en 2003, cuando se produjo una gran inundaci&oacute;n en la zona. Para entonces los vecinos ya se organizaban y limpiaban los zanjones, pero no ten&iacute;an&nbsp; herramientas para hacerlo.&nbsp; Tocando puertas lleg&oacute; a conseguir que la Provincia de Buenos Aires les entregara&nbsp; los equipos que necesitaban. A cambio le pidieron que conformara una cooperativa. En 2005 naci&oacute; la primera a su cargo, destinada al saneamiento de los arroyos. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, Mar&iacute;a rompi&oacute; con la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica en la que estaba y se desarm&oacute; la cooperativa. En 2014 se uni&oacute; a otra organizaci&oacute;n, El Movimiento Evita. Entonces, su primera acci&oacute;n fue incorporarse a la Cooperativa 9 de Julio, que ya exist&iacute;a, y organizar nuevamente la limpieza de los zanjones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Trabajamos de lunes a viernes levantando la basura. La colocamos en un costado del arroyo y luego la recoge el municipio. Aunque muchas veces nos encontramos con que no pasan los camiones y tenemos que insistir para que lo hagan&rdquo;, explica Mar&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cooperativa hace un mantenimiento de los arroyos ubicados sobre las calles Italia, Esmeralda y San Mart&iacute;n. &ldquo;Una vez a la semana llenamos un volquete grande, no sabemos en total cu&aacute;ntas toneladas de basura quitamos hasta ahora, pero son muchas&rdquo;, explica la capataz. Los desechos van a los rellenos sanitarios del CEAMSE.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Zulma Monges, fundadora de la &quot;Casa de la Mujer Paraguaya Kuña Guapa&quot;                            </span>
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        La mayor contaminaci&oacute;n del R&iacute;o Reconquista proviene de desechos org&aacute;nicos, con muchos nutrientes como amonio y f&oacute;sforo, y de origen industrial&nbsp; -&ndash;al partido de San Mart&iacute;n se lo conoce como &ldquo;la Capital Industrial&rdquo; por la cantidad de f&aacute;bricas que hay instaladas all&iacute;&ndash; que deterioran la calidad del agua.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo explica Jorge L&oacute;pez, fundador de la Asociaci&oacute;n para la Conservaci&oacute;n y el Estudio de la Naturaleza (<a href="https://acen.org.ar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ACEN</a>). Seg&uacute;n &eacute;l,&nbsp;la contaminaci&oacute;n del r&iacute;o comenz&oacute; en la d&eacute;cada del sesenta y su deterioro fue increment&aacute;ndose. <strong>&ldquo;El lugar m&aacute;s contaminado es la cuenca media, en donde el r&iacute;o pr&aacute;cticamente no tiene ox&iacute;geno. Es una alcantarilla&rdquo;. La cuenca media atraviesa el partido de General San Mart&iacute;n, donde est&aacute; situado Costa Esperanza.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La presencia del CEAMSE moldea la personalidad&nbsp; del barrio. La empresa administrada por la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia se form&oacute; en plena dictadura c&iacute;vico militar, en 1978, para realizar la gesti&oacute;n integral de los Residuos S&oacute;lidos Urbanos del &Aacute;rea Metropolitana Buenos Aires. En aquel entonces, el intendente de la ciudad de Buenos Aires, <strong>Osvaldo Cacciatore</strong>, orden&oacute; la creaci&oacute;n de un &ldquo;cintur&oacute;n ecol&oacute;gico&rdquo; (lugar de disposici&oacute;n de desechos s&oacute;lidos) en Jos&eacute; Le&oacute;n Su&aacute;rez, donde ya exist&iacute;a el basural a cielo abierto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Complejo Norte III recibe un promedio de <a href="https://www.ceamse.gov.ar/area-de-cobertura/norte-iii/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">436.325 toneladas de desechos al mes</a>, provenientes de 34 municipios de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad de Buenos Aires. Tiene unas 500 hect&aacute;reas, 300 son utilizadas como rellenos sanitarios, y <a href="https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.abn9683" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encabeza el ranking de emisiones de metano </a>provenientes de rellenos sanitarios en el mundo. Emite 28 toneladas de carbono por hora, el equivalente al impacto clim&aacute;tico de un mill&oacute;n y medio de autos.
    </p><p class="article-text">
        Frente a Costa Esperanza funcion&oacute; durante m&aacute;s de 10 a&ntilde;os un basural clandestino. Los vecinos cuentan que se hac&iacute;a mucha quema de basura y que el olor por las noches era nauseabundo. Tambi&eacute;n conviv&iacute;an con cientos de moscas y mosquitos. Algunos hasta padecieron enfermedades respiratorias, alergias o urticarias.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;All&iacute; &iacute;bamos a buscar le&ntilde;a, chapas para hacer las casas. Cada persona que iniciaba su casa iba ah&iacute;. Tambi&eacute;n recolectamos ropa, comida. Todo lo que tiraban era ganancia para nosotras&rdquo;, asegura&nbsp; Zulma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El Complejo Norte III recibe un promedio de 436.325 toneladas de desechos al mes, provenientes de 34 municipios de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad de Buenos Aires. Tiene unas 500 hectáreas, 300 son utilizadas como rellenos sanitarios, y encabeza el ranking de emisiones de metano provenientes de rellenos sanitarios en el mundo. Emite 28 toneladas de carbono por hora, el equivalente al impacto climático de un millón y medio de autos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El cuidado del ambiente, el reciclado y combatir la contaminaci&oacute;n son los retos de la mayor&iacute;a de los vecinos de Costa Esperanza, y del resto de barrios de la zona. &ldquo;El reciclado es una pr&aacute;ctica que se hace en el barrio, en toda la zona, no solo en el CEAMSE. Muchas veces los camiones descargan basura, de forma irregular, y se arman basurales clandestinos a cielo abierto, antes de llegar al parque de reciclaje. Son los propios vecinos los que pelean a diario para erradicarlos&rdquo;, cuenta Gavazzo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="María Monges. Capataz de la &quot;Cooperativa 9 de Julio&quot; y fundadora del Centro Comunitario “Ñande Roga Guasu”."
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            <span class="title">
                María Monges. Capataz de la &quot;Cooperativa 9 de Julio&quot; y fundadora del Centro Comunitario “Ñande Roga Guasu”.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Construir sobre los desechos&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        Costa Esperanza naci&oacute; en 1998. Los vecinos eligieron el nombre en alusi&oacute;n al lugar en donde viv&iacute;an los protagonistas de una popular serie que se emit&iacute;a entonces en Argentina, llamada <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Verano_del_98" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Verano del 98</a>. Sus primeros pobladores fueron de los barrios aleda&ntilde;os. Eran principalmente de nacionalidad paraguaya y argentina, que en medio de la crisis sociales y pol&iacute;ticas que viv&iacute;a el pa&iacute;s ocuparon las tierras, o las compraron a otros que llegaron antes. En aquel momento el lugar era un humedal, tierras bajas que fueron rellenando con basura. <strong>Hoy en el barrio viven aproximadamente 2.970 familias, seg&uacute;n el Registro Nacional de Barrios Populares en Proceso de Integraci&oacute;n Urbana (</strong><a href="https://lookerstudio.google.com/u/0/reporting/0a127285-4dd0-43b2-b7b2-98390bfd567f/page/klATC" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>RENABAP</strong></a><strong>).</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ac&aacute;, donde hoy estamos paradas era todo `ba&ntilde;ado&acute;, todo era agua. Solo hab&iacute;a una casilla de madera, que no ten&iacute;a ni ba&ntilde;o&rdquo;, cuenta Mar&iacute;a Monges, mientras se&ntilde;ala las baldosas que cubren el piso del Centro Comunitario &ldquo;Casa Evita&ndash;&Ntilde;ande Roga Guasu&rdquo; (&ldquo;Nuestra Casa Grande&rdquo;, en guaran&iacute;, uno de los idiomas oficiales de Paraguay), ubicado en la calle Petunias, otra de las iniciativas que desarroll&oacute; junto a las vecinas. &ldquo;Atr&aacute;s hab&iacute;a una construcci&oacute;n de cemento a medio hacer. El barrio estaba lleno de animales: chanchos, caballos. Hab&iacute;a unas pocas casillas en la otra punta y estaba el basural a unas cuadras&rdquo;, continu&oacute; explicando.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de las migrantes que viven en la zona del Reconquista son oriundas de &aacute;reas rurales y dicen haber migrado por no tener trabajo. &ldquo;Muchas de estas mujeres fueron expulsadas de su lugar de origen por la degradaci&oacute;n de los ecosistemas rurales y a su vez son las principales afectadas por los problemas socioambientales de la zona. Sin embargo, lograron establecer estrategias de adaptaci&oacute;n colectiva que garantizan la sustentabilidad de la vida mediante una red de cuidados comunitarios&rdquo;, reflexiona Gavazzo.
    </p><p class="article-text">
        O sea: son las desplazadas de sus tierras por el cambio clim&aacute;tico quienes hoy cumplen un rol fundamental en su nueva comunidad para cuidar el ambiente
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Hoy en Costa Esperanza viven aproximadamente 2.970 familias, según el Registro Nacional de Barrios Populares en Proceso de Integración Urbana (RENABAP).                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Monges naci&oacute; en una zona rural paraguaya llamada Colonia Independencia. Lleg&oacute; a la Argentina por primera vez cuando ten&iacute;a 16 a&ntilde;os. Era analfabeta, nunca fue a la escuela. Desde los 8 trabaj&oacute; a destajo, junto con sus 14 hermanos, cosechando algod&oacute;n y mandioca en el campo de su familia. A veces, adem&aacute;s, le tocaba levantarse en la madrugada a picar el carb&oacute;n que su pap&aacute; comercializaba en la ciudad m&aacute;s cercana, Villarrica. Seg&uacute;n recuerda, el campo dej&oacute; de darles plata &ldquo;porque hab&iacute;a mucha competencia&rdquo; y tambi&eacute;n padecieron sequ&iacute;as e inundaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Roberto Aruj, director del Instituto de Pol&iacute;ticas de Migraciones y Asilo (IPMA) de la&nbsp; Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) dice: &ldquo;Es muy dif&iacute;cil que un migrante reconozca la situaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico como motor para el desplazamiento de un pa&iacute;s a otro, como puede ser por padecer inundaciones recurrentes, grandes sequ&iacute;as o el avance de explotaci&oacute;n intensiva agr&iacute;cola ganadera. Por lo general reconocen un motivo econ&oacute;mico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Erika Pires Ramos, abogada y fundadora de la Red Sudamericana para las Migraciones Ambientales (RESAMA), en la investigaci&oacute;n colaborativa de periodistas ambientales, &ldquo;Migrantes por Cambio Clim&aacute;tico en Sudam&eacute;rica. Los desplazados invisibles&rdquo;,&nbsp; asegura: &ldquo;Hoy no existe un tratado o convenci&oacute;n internacional vinculante que diga que estas personas que est&aacute;n en esa condici&oacute;n se puedan considerar como migrantes o refugiados clim&aacute;ticos. Hay enormes desaf&iacute;os para uniformar esas categor&iacute;as, y es preciso generar datos espec&iacute;ficos por pa&iacute;s sobre esta cuesti&oacute;n en Sudam&eacute;rica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a primero se instal&oacute; en Villa Melo, en el partido de Vicente L&oacute;pez, a 17 kil&oacute;metros de Costa Esperanza.&nbsp; Comenz&oacute; a trabajar como costurera y consigui&oacute; construir una casa pero dice que debi&oacute; venderla porque tuvo un &ldquo;enfrentamiento con narcos&rdquo; que buscaban tomar unas tierras destinadas a una cancha de f&uacute;tbol para los chicos del barrio. En ese momento ya ten&iacute;a cinco hijas. &ldquo;Me hicieron de todo porque estaba sola, me robaron, intentaron secuestrarme y hasta amenazaron a mis hijas&rdquo;, recuerda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su hermana, que viv&iacute;a en Loma Hermosa (a 5 kil&oacute;metros de d&oacute;nde hoy es Costa Esperanza) le cont&oacute; de &ldquo;unas tierras que estaban tomando en el fondo&rdquo;. Mar&iacute;a no lo dud&oacute; y compr&oacute; un terreno por $1500 &ndash;convertibilidad mediante&ndash; equival&iacute;an a US$1,500. Luego compr&oacute; el terreno de al lado, donde hoy funciona el Centro Comunitario, por US$700.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de sus hijas estaban espantadas por su decisi&oacute;n. &ldquo;Mis hermanas no quer&iacute;an vivir ac&aacute; porque era todo agua. Recuerdo a una de ellas entrando al barrio con unos tacos, se le rompieron porque se hundieron en el barro. Estaba re enojada y no quer&iacute;a saber nada. Nadie quer&iacute;a venir a vivir ac&aacute; porque no hab&iacute;a ni servicios y era tierra de nadie&rdquo;, cuenta Zulma.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Rosa Valencia, de 53 a&ntilde;os, es de un paraje rural boliviano cercano a la ciudad de Monteagudo en Bolivia. Su familia se dedicaba a la agricultura. Emigr&oacute; cuando ten&iacute;a 13 a&ntilde;os a la Argentina, y desde hace 37 a&ntilde;os vive en la provincia de Buenos Aires. &ldquo;Mi pap&aacute; vendi&oacute; sus dos vacas y me dio 200 d&oacute;lares estadounidenses para que viajara con una vecina, con la idea de que tuviera una vida mejor&rdquo;, cuenta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Era una cosa terrible, no teníamos ningún servicio en ese momento, solamente la luz, de la que nos colgábamos. Había muchos basurales clandestinos y a veces el olor era imposible. Tardé unos años en traer a mis tres hijos que habían quedado con mi mamá en Paraguay, porque no podían vivir en esas condiciones</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gertrudis Gómez</span>
                                        <span>—</span> Pobladora de Costa Esperanza
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pas&oacute; por distintos barrios bonaerenses, siempre alquilando. Luego se instal&oacute; en Loma Hermosa. All&iacute; le ofrecieron un terreno justo enfrente de donde viv&iacute;a, era el l&iacute;mite de lo que hoy es Costa Esperanza, y lo compr&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Fueron a&ntilde;os dif&iacute;ciles. Yo entonces viajaba mucho a capital, porque ten&iacute;a all&iacute; a mi marido y trabajaba como empleada dom&eacute;stica. Me cuidaba el terreno la vecina de frente, que hoy es mi amiga. Tambi&eacute;n ten&iacute;a unos perros guardianes, porque eran tierras tomadas. Si vos no estabas, capaz que llegabas y al amanecer otro era el due&ntilde;o&rdquo;, dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego de quedarse viuda, y de que los hijos de su marido &ndash;que adopt&oacute; como propios&ndash; llegaron a la mayor&iacute;a de edad, decidi&oacute; instalarse por completo en el barrio, en donde encontr&oacute; un nuevo amor, su actual marido R&oacute;mulo, y tuvo otras dos hijas. En el terreno construy&oacute; su casa y atr&aacute;s una para sus hijos. Alquila un local fuera del barrio, cerca de la estaci&oacute;n de Estaci&oacute;n de Jos&eacute; Le&oacute;n Suarez, a 3.9 kil&oacute;metros, en donde instal&oacute; su verduler&iacute;a, que cuenta con productos bolivianos, venezolanos y peruanos. &ldquo;Antes ten&iacute;a el negocio en mi casa pero decid&iacute; salir del barrio para llegar a m&aacute;s personas y dar a conocer estos productos t&iacute;picos de nuestros pueblos&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        En tanto, Gertrudis G&oacute;mez es oriunda de Santa Rosa Misiones, zona rural de Paraguay ubicada a 245 kil&oacute;metros de Asunci&oacute;n. Cuenta que emigr&oacute; a sus 23 a&ntilde;os porque all&aacute; no hab&iacute;a trabajo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Gertrudis Gómez. Trabaja en el Comedor Las Violetas."
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                Gertrudis Gómez. Trabaja en el Comedor Las Violetas.                            </span>
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        Cuando lleg&oacute; a Costa Esperanza un vecino le vendi&oacute; una casilla prefabricada en la zona m&aacute;s apartada del r&iacute;o, donde hoy est&aacute; la calle Las Violetas. Recuerda que para ir a trabajar &ldquo;ten&iacute;a que salir todas las ma&ntilde;anas descalza y caminar varias cuadras por el agua, hasta la avenida&rdquo;, en donde se pon&iacute;a los zapatos y esperaba el colectivo que la llevaba al exclusivo barrio de San Isidro, a 16 kil&oacute;metros de all&iacute;. All&iacute; se desempe&ntilde;aba como empleada dom&eacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Era una cosa terrible, no ten&iacute;amos ning&uacute;n servicio en ese momento, solamente la luz, de la que nos colg&aacute;bamos. Hab&iacute;a muchos basurales clandestinos y a veces el olor era imposible. Tard&eacute; unos a&ntilde;os en traer a mis tres hijos que hab&iacute;an quedado con mi mam&aacute; en Paraguay, porque no pod&iacute;an vivir en esas condiciones&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Los vecinos debieron nivelar los terrenos con basura para poder construir sus viviendas. &ldquo;&Iacute;bamos hasta la calle Eva Per&oacute;n a buscar los camiones que llevaban volquetes. Con los chicos nos sent&aacute;bamos en la calle y durante horas pic&aacute;bamos los escombros, despu&eacute;s los tir&aacute;bamos en el pozo del terreno. Lo hicimos durante a&ntilde;os&rdquo;, recuerda Mar&iacute;a. Mientras que Rosa asegura: &ldquo;Como sab&iacute;an que est&aacute;bamos edificando, los camioneros, que inclusive a veces eran vecinos del barrio, nos ofrec&iacute;an volquetes con tierra, escombros y basura. A cambio les d&aacute;bamos una propina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El resultado fue una urbanizaci&oacute;n irregular hecha por los propios vecinos que lleg&oacute; a generar algunos problemas como el desplome de casas o hundimientos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El asfalto lleg&oacute; a Costa Esperanza en 2011, pero un 70% de las calles a&uacute;n son de tierra. Las cloacas fueron hechas en todo el barrio en 2016.</strong> No tienen instalaci&oacute;n de gas, usan garrafas de propano. Para iluminarse tienen solo un transformador comunitario que no da abasto para todos los pobladores. &ldquo;La empresa no quiere entrar al barrio y hacer las instalaciones y suele haber cortes de luz. Muchos tuvieron problemas con sus electrodom&eacute;sticos que se queman por la baja tensi&oacute;n&rdquo;, explica Zulma.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Violencia y estrategias de subsistencia</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Las migrantas tienen una mayor vulnerabilidad por ser mujeres. Por ser extranjeras adem&aacute;s sufren el discurso xen&oacute;fobo y racista que recae sobre todos los migrantes en todo el pa&iacute;s. La discriminaci&oacute;n a los migrantes latinoamericanos no tiene clases sociales aqu&iacute;. Y si son migrantes de &aacute;reas rurales, como muchas de las mujeres que viven en el &Aacute;rea Reconquista, las tratan de campesinas ignorantes&rdquo;,&nbsp; explica Gavazzo.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a relata que por ser madre soltera y paraguaya era se&ntilde;alada en el barrio. &ldquo;Varias veces me discriminaron. Al principio nadie me quer&iacute;a ac&aacute;, era como un bicho raro. Una mujer sola que trabajaba, se constru&iacute;a su casa y adem&aacute;s siempre estaba arreglada. Siempre que hab&iacute;a un problema y yo me met&iacute;a me dec&iacute;an `no te metas paraguaya muerta de hambre&acute;. Eran los mismos vecinos que despu&eacute;s ven&iacute;an a comer lo que yo cocinaba&rdquo;, recuerda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, cuenta que cuando dos de sus hijas, nacidas en Paraguay, llegaron al pa&iacute;s no sab&iacute;an hablar espa&ntilde;ol y las burlaban en el colegio. &ldquo;Les prohib&iacute; que hablaran en guaran&iacute; entre ellas para que aprendieran el espa&ntilde;ol y dejaran de sufrir&rdquo;, revela.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El asfalto llegó a Costa Esperanza en 2011, pero un 70% de las calles aún son de tierra. Las cloacas fueron hechas en todo el barrio en 2016. No tienen instalación de gas, usan garrafas de propano. Para iluminarse tienen solo un transformador comunitario que no da abasto para todos los pobladores</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su parte,&nbsp; Rosa cuenta que le cost&oacute; mucho adaptarse al barrio porque algunos vecinos no quer&iacute;an tratarla por su nacionalidad. &ldquo;Yo estaba acostumbrada a vivir en Liniers con mis paisanos, pero vine ac&aacute; para tener algo propio y me encontr&eacute; con mucha discriminaci&oacute;n&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Para el a&ntilde;o 2000 Mar&iacute;a no ten&iacute;a un trabajo remunerado, se dedicaba al cuidado de sus hijos. Un d&iacute;a que no ten&iacute;an comida fue, junto a Zulma que entonces ten&iacute;a 14 a&ntilde;os, a una olla popular que se hac&iacute;a en el barrio contiguo, 8 de mayo, y se qued&oacute; a escuchar la asamblea. El evento hab&iacute;a sido organizado por mujeres. Entre ellas estaba Lorena Pastoriza, quien marc&oacute; la historia de los barrios del &Aacute;rea Reconquista: fue presidenta de la cooperativa de reciclado Bella Flor, un proyecto comunitario que contribuye al cuidado ambiental y a la econom&iacute;a circular. Falleci&oacute; el septiembre de 2024 y dej&oacute; un fuerte legado que recogieron el resto de las mujeres de la zona.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vimos la experiencia, c&oacute;mo se organizaban las compa&ntilde;eras y mi mam&aacute; dijo yo quiero cocer comida ac&aacute; tambi&eacute;n, quiero cocinar para la gente del barrio&rdquo;, recuerda Zulma. Mar&iacute;a convoc&oacute; a los vecinos de Costa Esperanza a una asamblea y juntos organizaron una olla para todos, con la comida que cada uno ten&iacute;a en su casa. Confeccionaron un techito en el que era su patio, donde hoy funciona el centro comunitario; pusieron una alfombra y armaron un fog&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se arm&oacute; la primera olla popular en 2000, casi 2001, fue para nosotros mismos, &eacute;ramos un poco m&aacute;s de 20 vecinos. La continuamos haciendo ac&aacute; e &iacute;bamos rotando de casas hasta que a&ntilde;os despu&eacute;s oficializamos el comedor&rdquo;, cuenta Zulma.
    </p><p class="article-text">
        En&nbsp; diciembre de 2001 estall&oacute; en Argentina una crisis que hab&iacute;a comenzado meses antes, pero se agudiz&oacute; a partir de la imposici&oacute;n de restricciones para acceder al dinero ahorrado en los bancos &ndash; el &ldquo;corralito&rdquo;&ndash;; y del estado de sitio decretado por el entonces presidente <strong>Fernando de la R&uacute;a</strong>. Las pol&iacute;ticas neoliberales de la d&eacute;cada del noventa&nbsp;hab&iacute;an generado altos niveles de pobreza y desocupaci&oacute;n en el pa&iacute;s. No fue la excepci&oacute;n para los vecinos de Costa Esperanza. La crisis econ&oacute;mica golpeaba las puertas de los m&aacute;s vulnerables y los migrantes pobres eran los primeros en la lista.
    </p><p class="article-text">
        La casa de las Monges empez&oacute; a ser un punto de encuentro de las mujeres del barrio. Hac&iacute;an pan casero, se juntaban a charlar, pensaban en alternativas para enfrentar la falta de recursos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Las que motorizaban todo fueron las mujeres porque muchos de los vecinos varones se deprimieron porque no consegu&iacute;an trabajo. Muchos eran de la colectividad paraguaya y ten&iacute;an la idea machista de que ellos deb&iacute;an poner la comida en la mesa. Nos cost&oacute; convencerlos para que se sumen a buscar una salida conjunta. Reci&eacute;n lo hicieron cuando empezamos a hacer la instalaci&oacute;n de luz, de agua, la construcci&oacute;n de vereda. La cuesti&oacute;n del alimento siempre fue de las mujeres&rdquo;, se&ntilde;ala Zulma.
    </p><p class="article-text">
        En tanto Mar&iacute;a recuerda: &ldquo;Entre las mujeres nos apoyabamos mucho. Cuando hab&iacute;a un cumplea&ntilde;os todas colabor&aacute;bamos. Cuando una ven&iacute;a con un problema, entre todas ve&iacute;amos c&oacute;mo resolverlo. Al principio nos junt&aacute;bamos e &iacute;bamos a La Quema para traer la le&ntilde;a para cocinar, porque no hab&iacute;a gas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gavazzo remarca que las migrantes tienen mejores posibilidades de sobrevivir a contextos adversos si est&aacute;n organizadas. &ldquo;En Buenos Aires tenemos una mentalidad muy individualista. Los migrantes tienen un esp&iacute;ritu m&aacute;s colaborativo, de reciprocidad. Tienen pr&aacute;cticas, algunas incluso ancestrales, comunitarias. Por ejemplo, los bolivianos tienen formas de ahorro colectivas. Los paraguayos tienen la `minga&acute;: se re&uacute;nen todos y trabajan en mejorar la casa de un vecino, y un d&iacute;a toca tu casa. Todos salen beneficiados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 2003 las Monges fundaron el Centro Comunitario &ldquo;Casa Evita-&Ntilde;ande Roga Guasu&rdquo;, y dentro de &eacute;l un comedor. Durante 21 a&ntilde;os, trabajaron de forma ininterrumpida&nbsp; de lunes a viernes,&nbsp; excepto durante un&nbsp;momento de la pandemia. <strong>Pero a partir de enero 2024 el Estado dej&oacute; de entregar alimentos a los comedores de todo el pa&iacute;s. El comedor desde entonces funciona&nbsp;solo 3 veces por semana. Entregan 55 viandas, porciones hechas con la mercader&iacute;a que les env&iacute;a la&nbsp; provincia de Buenos Aires y el municipio de San Mart&iacute;n.&nbsp;</strong>
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            <span class="title">
                Costa Esperanza, en el río Reconquista.                            </span>
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        Adem&aacute;s, gran parte de sus trabajadoras dejaron de percibir el beneficio econ&oacute;mico otorgado por el programa estatal &ldquo;Potenciar Trabajo&rdquo;. El plan era una prestaci&oacute;n econ&oacute;mica que daba el Estado, destinada a mejorar los ingresos de las personas que tienen un trabajo informal o trabajan en la econom&iacute;a popular. Entregaba el equivalente al 50 por ciento del Salario M&iacute;nimo, Vital y M&oacute;vil (SMVYM) y, como contraprestaci&oacute;n, exig&iacute;a a sus beneficiarios a participar de procesos socioproductivos y comunitarios coordinados por cooperativas. El gobierno de Milei di&oacute; de baja una gran cantidad de planes y congel&oacute; el monto a 80 d&oacute;lares estadounidenses por mes, muy por debajo de la mitad de SMVYM, que hoy se sit&uacute;a alrededor los 138 d&oacute;lares estadounidenses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas compa&ntilde;eras dejaron de trabajar porque no les alcanzaba para vivir y buscaron otros trabajos, o debieron sumar actividades para poder continuar con nosotras&rdquo;, explic&oacute; Zulma.
    </p><p class="article-text">
        Una situaci&oacute;n similar ocurri&oacute; con la Cooperativa 9 de julio que dirige Mar&iacute;a. Por la reducci&oacute;n de los planes pasaron de ser 24 cooperativistas a 17 en los &uacute;ltimos meses.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo los pasos de Mar&iacute;a, Zulma se convirti&oacute; en una lideresa del barrio y hoy es responsable de organizaci&oacute;n de la Uni&oacute;n de Trabajadores y Trabajadoras de la Econom&iacute;a Popular&nbsp; (UTTEP) en todo San Mart&iacute;n. Si bien naci&oacute; en Argentina, regres&oacute; junto a sus padres a Paraguay cuando ten&iacute;a solo 15 d&iacute;as. Al poco tiempo ellos se separaron, su padre se march&oacute; sin volver a comunicarse con ellas y su mam&aacute; decidi&oacute; regresar a la Argentina porque en su tierra no consegu&iacute;a trabajo. Zulma y sus dos hermanas (hasta el momento eran solo 3 hijas) quedaron al cuidado de su abuela. Reci&eacute;n volvi&oacute; a vivir a la Argentina a sus 9 a&ntilde;os y hoy dice que se siente &ldquo;un poco paraguaya y un poco argentina&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2019 fund&oacute; con otras mujeres del barrio la Casa de la mujer Paraguaya &ldquo;Ku&ntilde;a Guapa&rdquo;, cuyo nombre significa &ldquo;mujer trabajadora&rdquo; en guaran&iacute;. Se trata de un espacio de atenci&oacute;n y acompa&ntilde;amiento de los consumos problem&aacute;ticos de sustancias para mujeres c&iacute;s, lesbianas, travestis y trans, en el que adem&aacute;s funcionaba una consejer&iacute;a para el migrante, para ayudar a las mujeres a hacer tr&aacute;mites como el del documento de identidad, o el cobro de pensiones o planes sociales; un Centro de Acceso a la Justicia (CAJ), que brindaba asesoramiento legal, administrativo y psicosocial; y acompa&ntilde;aban a las mujeres v&iacute;ctimas de violencia de g&eacute;nero del barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ku&ntilde;a Guapa nace porque empezamos a ver muchas pibas del barrio en situaci&oacute;n de consumo. Muchas compa&ntilde;eras nos junt&aacute;bamos y hac&iacute;amos talleres para mujeres sobre crianza, sobre violencia, que es un tema muy complejo para trabajar en las colectividades, no es lo mismo con la paraguaya, con la boliviana, que con la argentina. Despu&eacute;s desapareci&oacute; y fue encontrada asesinada Araceli Fulles, una chica que era de la zona y a quien hab&iacute;amos acompa&ntilde;ado por sus consumos. Decidimos presentar un proyecto a la Sedronar (Secretar&iacute;a de Pol&iacute;ticas Integrales sobre Drogas)&nbsp; para abrir el espacio&rdquo;, cont&oacute; Zulma.
    </p><p class="article-text">
        A Ku&ntilde;a Guapa llegaron a trabajar cincuenta promotoras comunitarias, principalmente de los barrios del &Aacute;rea Reconquista. Abarcaba muchas problem&aacute;ticas de la mujer migrante y acompa&ntilde;&oacute; a muchas mujeres de los barrios en su recuperaci&oacute;n de los consumos, a salir de la violencia, a conseguir el pago de una cuota alimentaria para sus hijos y a gestionar tr&aacute;mites. Hoy trabajan s&oacute;lo tres promotoras y tres profesionales: una psic&oacute;loga, una trabajadora social y&nbsp; una profesora de arteterapia. Tambi&eacute;n pasaron de abrir todos los d&iacute;as de la semana a tres d&iacute;as, por el recorte de los programas Potenciar Trabajo y por la eliminaci&oacute;n del Ministerio de las Mujeres, G&eacute;neros y Diversidad de la Naci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy vemos que hay menos gente acerc&aacute;ndose a la casa por el contexto del pa&iacute;s. Al no tener una respuesta oficial para darles a las vecinas, pol&iacute;ticas sociales que apunten a ayudarlas como era por ejemplo el programa &rdquo;Acompa&ntilde;ar&ldquo;, en el que les entregaban a las v&iacute;ctimas un apoyo econ&oacute;mico por una cierta cantidad de meses para que pudieran dejar la casa que compart&iacute;an con el agresor, dejaron de venir&rdquo;, explica Mar&iacute;a Roxana Rojas, paraguaya y promotora del Ku&ntilde;a Guapa.
    </p><p class="article-text">
        Recientemente, el gobierno nacional reemplaz&oacute; el plan Potenciar Trabajo por dos nuevos programas: Volver al Trabajo y Acompa&ntilde;amiento Social. Si bien desde el gobierno aseguran que los beneficiarios del Potenciar no dejar&aacute;n de recibir el pago, las entrevistadas miran el cambio con preocupaci&oacute;n.
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            <span class="title">
                Zulma Monges continúa con el legado de su madre María y se convirtió en una lidereza del barrio.                            </span>
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        En 2019, Rosa form&oacute; la organizaci&oacute;n &ldquo;Colectividades Unidas Sin Fronteras&rdquo;, destinada al encuentro de mujeres migrantes provenientes de Bolivia, Paraguay, Per&uacute; y Colombia para ayudarse mutuamente. Comenzaron a articular con distintas instituciones municipales como con la Subsecretar&iacute;a de Econom&iacute;a Social, Solidaria y del Trabajo, el Espacio Mujeres de San Mart&iacute;n o el &aacute;rea de desarrollo social de la municipalidad,&nbsp; para resolver problemas de las migrantes tales como la falta de trabajo, problemas con la documentaci&oacute;n o padecimientos de alg&uacute;n tipo de violencia .&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De all&iacute; surgi&oacute; la organizaci&oacute;n de distintas ferias gastron&oacute;micas, con comidas de las distintas colectividades del barrio, en colaboraci&oacute;n con el municipio. Hoy muchas de las mujeres que participaban se quedaron sin trabajo, como Gertrudis, que si bien colabora en un comedor comunitario del barrio sus mayores ingresos son por lo que vende en las ferias.&nbsp;
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                    alt="Costa Esperanza creció cerca de uno de los mayores basurales a cielo abierto del país, La Quema."
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            <span class="title">
                Costa Esperanza creció cerca de uno de los mayores basurales a cielo abierto del país, La Quema.                            </span>
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        Como alternativa, elaboraron un proyecto nuevo: hacer un patio gastron&oacute;mico en el Barrio, en el que cada una pueda ofrecer la comida de su pueblo. Pidieron al municipio que les ceda una tierra para montarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo creo que cocinar y compartir la comida es una forma de dar amor, qu&eacute; m&aacute;s lindo para nosotras que poder compartir nuestras tradiciones con todos los vecinos. Solo necesitamos que nos den un espacio donde hacerlo. Nosotras despu&eacute;s juntamos la plata y armamos todo para hacer el patio de comidas&rdquo;, afirma Rosa.
    </p><p class="article-text">
        En tanto, Zulma y Mar&iacute;a aseguran que ahora se encuentran tejiendo nuevas redes por fuera del Estado, como alianzas con asociaciones de la sociedad civil u ONGs,&nbsp; para revitalizar el Centro Comunitario, el comedor y el Ku&ntilde;a Guapa.
    </p><p class="article-text">
        La crisis econ&oacute;mica y social que vuelve a transitar hoy el pa&iacute;s recae especialmente sobre las mujeres migrantes pobres; pero las dificultades no es campo desconocido para Rosa, Mar&iacute;a, o&nbsp; Zulma. Como migrantas han estado y est&aacute;n en constante movimiento, buscando alternativas, tejiendo nuevas redes, nuevas ideas. As&iacute; seguir&aacute;n moviendo al mundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>LG/MG</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este trabajo period&iacute;stico se realiz&oacute; y public&oacute; originalmente en la tercera edici&oacute;n de #CambiaLaHistoria, proyecto colaborativo de DW Akademie y Alharaca, promovido por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania. Conoce el proyecto y m&aacute;s historias en https://cambialahistoria.com.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Guarinoni]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/migrantas-mueven-mundo-rio-reconquista_1_11964248.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jan 2025 19:05:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las migrantas que mueven el mundo en el río Reconquista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Migrantes,Río Reconquista,CEAMSE]]></media:keywords>
    </item>
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