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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Otto Nordenskjöld]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Otto Nordenskjöld]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De Traslasierra a la Antártida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/traslasierra-antartida_129_11970918.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cff4481-96ef-4040-8d75-0e94d8fc0b4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Traslasierra a la Antártida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
En 1903, la expedición científica del Antarctic quedó atrapada en los hielos de la Antártida. Tras varios intentos fallidos de rescate, la fragata argentina ARA Uruguay, comandada por Julián Irizar y con Ricardo Ireneo Hermelo como segundo comandante, logró salvar a los 20 tripulantes y científicos, quienes sobrevivieron durante casi dos años a base de carne de pingüino.</p></div><p class="article-text">
        Cerca de fin de a&ntilde;o, una performance en San Javier, C&oacute;rdoba, me hizo pensar en la Ant&aacute;rtida de principios del siglo XX. Dentro de una librer&iacute;a pr&oacute;xima a la plaza del pueblo, la directora y curadora <strong>Vivi Tellas</strong>, asistida por <strong>Rita Pauls</strong>, convoc&oacute; a una docena de personas para que escribieran y leyeran textos en base a fotos de familia proyectadas en una pantalla. Fue una performance colectiva, llamada <em>Pochi-Pochi</em> y definida como &ldquo;ejercicio melodram&aacute;tico&rdquo;, donde se evocaron recuerdos de ni&ntilde;ez, de ancestros, de relaciones familiares. 
    </p><p class="article-text">
        Entre los participantes estaba el actor y soci&oacute;logo <strong>Manuel Hermelo</strong>, uno de los fundadores y directores de la m&iacute;tica Organizaci&oacute;n Negra, que aport&oacute; la fotograf&iacute;a en blanco y negro de un antiguo barco con tres m&aacute;stiles inclinado sobre un lado, como si se estuviera hundiendo, rodeado de un blanco mar de hielo. En la foto proyectada en pantalla no se ve&iacute;a ning&uacute;n ser humano, pero Manuel cont&oacute; que esa imagen ten&iacute;a relaci&oacute;n con su abuelo, <strong>Ricardo Ireneo Hermelo</strong>, quien particip&oacute; en el rescate de los viajeros y tripulantes del Antarctic, ese velero con motor a vapor atrapado por los hielos australes en 1903. 
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                </figure><p class="article-text">
        Result&oacute; que los viajeros, varios de ellos bi&oacute;logos, cart&oacute;grafos, bot&aacute;nicos, meteor&oacute;logos, eran parte de la expedici&oacute;n que dirigi&oacute; el cient&iacute;fico sueco <strong>Otto Nordenskj&ouml;ld </strong>para realizar mediciones y observaciones en el Oc&eacute;ano Ant&aacute;rtico. Hab&iacute;an partido en 1901 desde Gotemburgo en ese barco comandado por el capit&aacute;n <strong>Daniel Larsen</strong>, y despu&eacute;s de una breve parada en el puerto de Buenos Aires se dirigieron a la Ant&aacute;rtida, donde construyeron una caba&ntilde;a en la isla llamada Snow Hill, Cerro Nevado, para hacer sus observaciones y ser reembarcados unos meses m&aacute;s tarde. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el Antarctic, herido de muerte por los hielos, nunca los pudo llevar de vuelta. Fue por intervenci&oacute;n de la fragata argentina ARA Uruguay, comandada por el teniente <strong>Juli&aacute;n Irizar </strong>y su segundo comandante, el teniente de fragata Ricardo Ireneo Hermelo, que se los pudo rescatar casi dos a&ntilde;os despu&eacute;s de haber partido y de tener que sobrevivir a los crudos inviernos ant&aacute;rticos a base de carne de ping&uuml;ino. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos de estos detalles no fueron aportados por Manuel Hermelo en su relato, sino que, despertada mi curiosidad por esas peripecias, los descubr&iacute; en b&uacute;squedas por internet m&aacute;s tarde. En diciembre de 1902 el Antarctic queda prisionero por primera vez entre los hielos y tres de sus tripulantes desembarcan cerca de Bah&iacute;a Esperanza con la esperanza, justamente, de llegar hasta el campamento de los cient&iacute;ficos en Snow Hill con un trineo pero el clima empeora, no logran avanzar y deber&aacute;n regresar hasta esa bah&iacute;a donde quedar&aacute;n aislados. El barco ya se ha liberado de su prisi&oacute;n de hielo e intentar&aacute; acercarse a la isla Paulet pero por segunda vez queda bloqueado por una capa de hielo, ahora en el Golfo Erebus y Terror.
    </p><p class="article-text">
        Aunque podr&aacute; liberarse nuevamente, la presi&oacute;n le ha producido grandes da&ntilde;os y le empieza a entrar agua. A cuarenta kil&oacute;metros de la isla, sus veinte tripulantes lo abandonan a bordo de un t&eacute;mpano, con pocas provisiones y dos botes. Pero de pronto advierten que el t&eacute;mpano los lleva mar afuera y deciden subirse a esos botes para llegar a la costa. Ya en la isla, construyen una caba&ntilde;a de piedra donde pasar&aacute;n varios meses hasta que los rescaten. Cient&iacute;ficos por un lado, marinos por otro, sin comunicaci&oacute;n entre s&iacute;, tendr&aacute;n que arregl&aacute;rselas recolectando huevos y cazando los abundantes ping&uuml;inos de la zona para alimentarse. Recordemos: no hab&iacute;a electricidad, calefacci&oacute;n, tel&eacute;fonos, internet. Ni siquiera ten&iacute;an l&iacute;nea de tel&eacute;grafo. S&oacute;lo pod&iacute;an rogar que alguien se acordara de ellos y los buscara. 
    </p><p class="article-text">
        Y esto al fin ocurrir&aacute; cuando el gobierno de <strong>Julio Argentino Roca</strong> advierta que el Anctartic no ha regresado y disponga que la fragata ARA Uruguay salga en su b&uacute;squeda. Los rescatan entre el 7 y el 11 de noviembre de 1903. Cuando ingresan al puerto de Buenos Aires, el 2 de diciembre, una multitud que Nordenskj&ouml;ld calcula en m&aacute;s de cien mil personas los recibe con v&iacute;tores y aplausos y una alfombra de flores arrojadas desde los balcones y ventanas a su paso. Entre los h&eacute;roes de ese legendario rescate est&aacute; el abuelo de Manuel Hermelo, el teniente Ricardo Ireneo. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Manuel evoc&oacute; en su <em>perfo</em> una an&eacute;cdota de su abuelo, de quien se dec&iacute;a que quer&iacute;a morir de pie, no acostado como todo el mundo; incluso realiz&oacute; una representaci&oacute;n de ese hipot&eacute;tico adem&aacute;n de morir dirigiendo el cuerpo hacia arriba, como si quisiera subir al mismo tiempo que ca&iacute;a. Un movimiento parad&oacute;jico, que me record&oacute; la novela de <strong>C&eacute;sar Aira</strong> <em>El testamento del mago tenor</em>, que justo estaba leyendo en esos d&iacute;as, donde hay un mago capaz de cantar un aria subiendo y bajando al mismo tiempo por la escala crom&aacute;tica. Este prodigio de la voz solo se pod&iacute;a realizar en p&uacute;blico, en un arrebato inspirado, y no en cualquier momento; era imposible grabarlo, por lo cual se sospechaba que pod&iacute;a ser un fen&oacute;meno de hipnosis colectiva. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el truco del mago, si pudiese ser aplicado a otras actividades de la vida diaria, podr&iacute;a extenderse a la posibilidad de bajar y subir una escalera al mismo tiempo, o lavar y secar la ropa simult&aacute;neamente, e incluso ir y volver de un lugar a la vez. Eso simplificar&iacute;a mucho la existencia, reflexionaba el narrador, aunque tambi&eacute;n se perder&iacute;a mucho en el proceso porque no habr&iacute;a etapas en el camino. Como si los expedicionarios del Antarctic pudiesen haber ido y vuelto al mismo tiempo, en un solo instante, de la Ant&aacute;rtida. Lo cual finalmente y de alguna manera siempre termina por ocurrir, en vista de la compresi&oacute;n que presenta el tiempo, cuando se trata de relatar hechos de hace d&eacute;cadas o siglos, reducidos a un par de p&aacute;rrafos en la historia. 
    </p><p class="article-text">
        Fue gracias a esa performance en Traslasierra, una noche de verano en d&iacute;as de m&aacute;s de 35 grados a la sombra, que mi pensamiento fue llevado hacia aquel tiempo y lugar, a una Ant&aacute;rtida entre hielos que a&uacute;n no hab&iacute;an sido derretidos por el calentamiento global y ping&uuml;inos de la especie Emperador que todav&iacute;a no ten&iacute;an su h&aacute;bitat en peligro. Todo un viaje.
    </p><p class="article-text">
        <em>OB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Osvaldo Baigorria]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/traslasierra-antartida_129_11970918.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jan 2025 09:59:30 +0000]]></pubDate>
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