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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Leandro Airaldo]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Leandro Airaldo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Desenredando el paraíso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desenredando-paraiso_129_11974148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/952fadfa-3e8c-49fa-a576-6dec19d7740a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desenredando el paraíso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin manual de instrucciones, el teatro y la poesía le hacen un tajo a la realidad para dibujar novedosos itinerarios. La transparencia y la complejidad del querer en “Enamorarse es hablar corto y enredado”, una obra escrita y dirigida por Leandro Airaldo, y en “El paraíso”, el nuevo libro de Anahí Mallol.</p></div><p class="article-text">
        En tiempos en que el afecto se enmascara detr&aacute;s de las redes virtuales, la b&uacute;squeda del amor -energ&iacute;a b&aacute;sica de la vida, como la materialidad del alimento- aparece como una dificultad, en tanto abrirse francamente a un otro presupone una tarea y un enredo. Pero tambi&eacute;n como una b&uacute;squeda posible de satisfacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>Enamorarse es hablar corto y enredado </em>es una obra sobre el encuentro amoroso, esa relaci&oacute;n estrecha que carece de manual de instrucciones, a la que se ingresa sin pedir permiso y m&aacute;s all&aacute; de la voluntad. Dos que descubren a un otro, se descubren a s&iacute; mismos y construyen un tesoro com&uacute;n e inesperado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Una mujer de la ciudad y un hombre de la llanura se encuentran por primera vez en el banco de una plaza. No les hace falta otra cosa que el deseo, las ganas. El mate que &eacute;l ceba es una excusa para el di&aacute;logo tierno y sensible. Sus nombres son Ana y Pedro y una mariposa vuela a su alrededor, finita como un papel, acaso presagiando la variedad de colores que tomar&aacute; el encuentro. 
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l la nombra et&eacute;rea, impalpable. Habla de la mariposa y tambi&eacute;n de ella, Ana, que al comienzo duda entre quedarse e irse, para luego permanecer junto al desconocido que le va revelando entre amargo y amargo los detalles de su vida dom&eacute;stica. El cruce entonces se hace c&iacute;rculo y se produce el encantamiento. La charla va en un <em>in crescendo</em> matizando el realismo esc&eacute;nico con una po&eacute;tica de lo cotidiano. La conversaci&oacute;n sincera va ganando din&aacute;mica en contraste con la quietud de los cuerpos anclados en el banco de la plaza. El p&uacute;blico se convierte en testigo de ese amor naciente, se r&iacute;e, aprueba y aplaude.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta es simple y expl&iacute;cita: con el recurso del piso giratorio, la pareja le da vueltas f&iacute;sica y discursivamente a los lugares comunes del amor y a la demolici&oacute;n colosal de esos mismos lugares comunes, con sutileza y humor.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, salen a la luz expresiones nimias, insignificantes, que van acompa&ntilde;ando el movimiento de aproximaci&oacute;n y distancia de los cuerpos y el ritmo de las vicisitudes subjetivas escondidas bajo la timidez de un cortejo apenas insinuado.
    </p><p class="article-text">
        La trivialidad y la radicalidad, la transparencia y la complejidad del querer se presentan en esta puesta exquisita que acaba de desembarcar en el teatro Metropolitan, es decir en la avenida Corrientes, con texto y direcci&oacute;n de <strong>Leandro Airaldo</strong> e interpretada con precisi&oacute;n por <strong>Sol Rodr&iacute;guez Seoane</strong> y <strong>Emiliano D&iacute;az</strong>, luego de estar durante casi una d&eacute;cada en salas alternativas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El rapto amoroso (puro momento hipn&oacute;tico) se produce antes del discurso y tras el proscenio de la conciencia: el &lsquo;acontecimiento&rsquo; amoroso es de orden hier&aacute;tico: es mi propia leyenda local, mi peque&ntilde;a historia sagrada lo que yo me declamo a m&iacute; mismo&rdquo;, escribe <strong>Roland Barthes</strong> en su <em>Fragmentos de un discurso amoroso</em>. &ldquo;Y esta declamaci&oacute;n de un hecho consumado (coagulado, embalsamado, retirado del hacer pleno) es el discurso amoroso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El amor quiere pregonarse, enunciarse, exclamarse por todas partes. A quien se ama y al mundo. Enamorarse es hablar corto y enredado ha sido distinguida con los Premios Teatro del Mundo, Trinidad Guevara, Argentores, del Espectador (Escuela de espectadores de Mar del Plata), Premio en dramaturgia en el Festival Temporada Alta. Ha participado en FIBA 2020, Fiesta de Teatro CABA 2018, V Festival Nov&iacute;sima Dramaturgia Argentina del Centro Cultural de la Cooperaci&oacute;n, FITU (Ciudad de M&eacute;xico), Festival Mar del Sud en Escena, Vicente L&oacute;pez en Escena Festival de Teatro en Espacios Inesperados, II Festival de Teatro Larroque, Festival Temporada Alta Teatro Timbre 4.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la edad de oro m&iacute;tica que anhelamos, la que habitamos o de la que hemos sido expulsados, escribe <strong>Anah&iacute; Mallol</strong> (nacida en La Plata en 1968) en su reciente libro, <em>El para&iacute;so</em> (ediciones Caleta Olivia), convirtiendo ese espacio/tiempo idealizado en el n&uacute;cleo de sus significaciones. No se trata del ed&eacute;n inmaterial y et&eacute;reo donde residen los &aacute;ngeles y las almas, sino de un yo l&iacute;rico carnal que ilumina la particular verdad de sus relaciones m&aacute;s cercanas. 
    </p><p class="article-text">
        Anota Mallol: <em>Me gustar&iacute;a decirte/ en esta tarde en que estamos juntos/ tan juntos que es lo m&aacute;s juntos que se puede estar/ esto es as&iacute; esto es lo que hay y va a ser/ as&iacute; siempre/ me gustar&iacute;a seguir en este abrazo toda la tarde.</em>
    </p><p class="article-text">
        Compone como respira, sin pausa, como la lectora que la constituye y construye poes&iacute;a con su percepci&oacute;n minuciosa del mundo interno, la voz propia, los silencios, y con los sentidos puestos en el exterior, los encuentros y desencuentros. <em>El para&iacute;so</em> es un cuerpo textual de un centenar de poemas delicados y dedicados, de verso libre con unidad formal y tem&aacute;tica, arrojados al infinito. <em>Hubo tiempos en que la vida era recostarse en el pasto/ regar las lavandas por la tarde/ celebrar el color el olor del limonero/ opulento y fragante azahar o fruto/ el mar sobre las piernas escama a escama/ los brazos tendidos como alas/ y la transmigraci&oacute;n de la emoci&oacute;n sin palabras</em> 
    </p><p class="article-text">
        Mallol convierte en im&aacute;genes poderosas la contingencia, el encuentro, el devenir y la afectividad, expresiones de un quantum de potencia y belleza. Combinaci&oacute;n precisa/ estos juegos de atracciones y repulsas/ como imanes u &oacute;rbitas lunares/ como objetos o animales contenidos en el &aacute;mbar de los sue&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Poeta, traductora y docente, la autora de <em>El para&iacute;so</em> combina lo sagrado y lo profano al pararse en el templo de la vida, contemplar su experiencia como mujer y madre, y ofrendarle al lector un flujo de sensaciones que lo apartan del estado habitual de las cosas. Retiene el instante y lo transforma en arte. Como dice <strong>Marina Mariasch</strong>: &ldquo;La poes&iacute;a reside en estados de suspensi&oacute;n, de incertidumbre. Pero algo tiene por seguro: habla desde el para&iacute;so. Un para&iacute;so que ahora es ed&eacute;n, ahora es un jard&iacute;n cualquiera, o el living de la vida misma. Es el lugar del amor, esa felicidad que se guarda &lsquo;en el bolsillo secreto del coraz&oacute;n&rsquo;. Un lugar que no puede ser mejor, pero del que podemos ser expulsados al primer mordisco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hab&iacute;a un para&iacute;so y ah&iacute; est&aacute;bamos/ en la fidelidad al milagro/ de querer y saberse querido y aventurar un para siempre/ en medio de los cambios.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desenredando-paraiso_129_11974148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jan 2025 03:00:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desenredando el paraíso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Poesía,Leandro Airaldo,Anahí Mallol]]></media:keywords>
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