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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cambalache]]></title>
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      <title><![CDATA[En el 2025 también]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/2025_129_11992015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4b254b5-8b34-413c-ad72-a1bc021557c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el 2025 también"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pocas canciones tienen tantas referencias al momento en que fueron creadas. Y casi ninguna resultó tan eterna. En un siglo XXI tan problemático y febril como el anterior y en una semana que lo puso en escena con todas las luces, “Cambalache”, estrenada hace 90 años, sigue hablando del presente.</p></div><p class="article-text">
        Muy pocos saben qui&eacute;n fue <strong>Alexandre Stavisky</strong> (y m&aacute;s de uno ha cantado Stravinsky), un franc&eacute;s nacido en Ucrania que hab&iacute;a estafado al Cr&eacute;dit Municipal de Bayona en 200 millones de francos y que, en 1934, acorralado por la polic&iacute;a, se hab&iacute;a suicidado en su chalet de Chamonix.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco se menciona demasiado en la actualidad la canonizaci&oacute;n, ese mismo a&ntilde;o, de Don Bosco, el sacerdote italiano que hab&iacute;a fundado la orden de los Salesianos. Pero cuando <strong>Enrique Santos Disc&eacute;polo</strong> recibi&oacute;, en 1934, el encargo de escribir algunas canciones para un film de <strong>Mario Soffici</strong>, <em>El alma del bandone&oacute;n</em>, esos, junto a las andanzas santafesinas del mafioso siciliano Don Chicho &ndash;<strong>Juan Galiffi</strong>&ndash; y el campeonato mundial de box ganado en 1933 por el italiano <strong>Primo Carnera</strong>, eran los temas que ocupaban las tapas de los diarios. Y aunque no hac&iacute;a referencia a nadie en particular, &ldquo;la Mignon&rdquo; era entonces una expresi&oacute;n bastante corriente para hablar despectivamente de una amante mantenida. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cambalache&rdquo;, ese tango que debi&oacute; haberse revelado al p&uacute;blico con el estreno de la pel&iacute;cula hace noventa a&ntilde;os, en febrero de 1935, pero por una avivada de <strong>Luis C&eacute;sar Amadori</strong> se dio a conocer a fin de 1934 en el Maipo y con la voz de <strong>Sof&iacute;a &ldquo;La Negra&rdquo; Boz&aacute;n</strong>, es la canci&oacute;n m&aacute;s mencionada cuando se habla del valor testimonial del g&eacute;nero. Y, posiblemente, la m&aacute;s imperecedera de todas, a pesar de estar cargada de alusiones a su propia &eacute;poca. 
    </p><p class="article-text">
        La famosa Biblia contra al calef&oacute;n, por ejemplo, hac&iacute;a referencia a las ediciones del famoso libro &ndash;y con su famoso, delgado y suave papel del mismo nombre&ndash; que frecuentemente se encontraba en los ba&ntilde;os. En las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, las Biblias protestantes se regalaban con af&aacute;n proselitista. El papel higi&eacute;nico era un lujo y las Biblias, como elementos destinados a la higiene, no ten&iacute;an costo alguno y eran muy preferibles al otro sustituto habitual: el diario. Un clavo sin cabeza (el sable sin remache del que habla la letra) las fijaba sobre la letrina y junto al calef&oacute;n, permitiendo arrancar las hojas sin romperlas, y la Biblia lloraba, literalmente, por el vapor de la ducha. Pero un libro sagrado junto a un calef&oacute;n es una imagen suficientemente intemporal de los cambalaches, esos negocios donde se vend&iacute;a de todo y todo amontonado. O de ese mundo moderno &ndash;y en crisis&ndash; de la d&eacute;cada infame cuya mescolanza, inc&oacute;lume, no ha perdido vigencia. Una estrofa como &ldquo;hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso o estafador. &iexcl;Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor! No hay aplazaos ni escalaf&oacute;n, los inmorales nos han igualao&rdquo; o la contundente conclusi&oacute;n, &ldquo;Es lo mismo el que labura noche y d&iacute;a como un buey que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura o est&aacute; fuera de la ley&rdquo;, se convirtieron en el extracto m&aacute;s preciso de lo que ser&iacute;a para siempre una &ldquo;canci&oacute;n de protesta&rdquo;. El texto, sin embargo, no fue bien valorado por la izquierda org&aacute;nica de la Argentina. Como se&ntilde;ala <strong>Sergio Pujol</strong> en su excelente biograf&iacute;a de Disc&eacute;polo (<em>Disc&eacute;polo: Una biograf&iacute;a argentina</em>, Emec&eacute; 2017), parec&iacute;a reflejar m&aacute;s las aversiones de la clase media (la mezcla; el igualamiento entre el bruto y el profesor) que las del proletariado. Y, claramente, le faltaba optimismo revolucionario. 
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a pensarse que &ldquo;Cambalache&rdquo; es eterno y algo de esa intemporalidad se traslad&oacute; a su propia historia. En <em>El alma del bandone&oacute;n</em>, la primera pel&iacute;cula protagonizada por <strong>Libertad Lamarque</strong>, lo cant&oacute; <strong>Ernesto Fam&aacute;</strong> junto con la orquesta de <strong>Francisco Lomuto</strong>. Y ambos lo grabaron pero por separado: Lomuto en diciembre de 1934 pero con la voz de <strong>Fernando D&iacute;az</strong> &ndash;con una amplia secci&oacute;n instrumental en el comienzo y en el final, que incluye golpes r&iacute;tmicos en las cajas de los bandoneones, y omite las dos &uacute;ltimas estrofas&ndash; y Fam&aacute; con la orquesta de Canaro &ndash;m&aacute;s mel&oacute;dica y menos marcada, con inflexiones, silencios y un tono por momentos m&aacute;s hablado y teatral en el canto, y con su letra completa&ndash; en abril del a&ntilde;o siguiente. La censura radiof&oacute;nica, a partir de la cruzada anti lunfardo &ndash;y de paso contra cualquier tango m&aacute;s o menos contestatario&ndash; impuesta a partir de 1943, hizo que la suerte discogr&aacute;fica de &ldquo;Cambalache&rdquo;, en la d&eacute;cada de 1940, no reflejara cabalmente la popularidad de la pieza. La orquesta de Di Sarli, con el cantante Roberto Rufino, la ten&iacute;a en su repertorio habitual, por ejemplo, pero jam&aacute;s la registr&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que un disco que no se difundiera en la radio no ten&iacute;a mayores posibilidades comerciales, <strong>Juan D&rsquo;Arienzo</strong> y el cantor <strong>Alberto Echag&uuml;e</strong> lograron un gran &eacute;xito en 1947. &ldquo;Cambalache&rdquo;, no obstante, encontr&oacute; su int&eacute;rprete definitivo, el m&aacute;s popular &ndash;y el que model&oacute; cualquier versi&oacute;n posterior&ndash; en Julio Sosa, que, adem&aacute;s, lo grab&oacute; dos veces, en 1958 &ndash;quince a&ntilde;os despu&eacute;s de su creaci&oacute;n&ndash; y antes de morir, en 1964, para <em>Firulete</em>, su disco p&oacute;stumo, que se convirti&oacute; en una de los grandes fen&oacute;menos de la industria argentina del disco. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las dos excelentes orquestas que participan en cada uno de estos registros, la de <strong>Armando Pontier</strong> en la primera y la de <strong>Leopoldo Federico</strong> en la segunda, y de la voz y la personalidad interpretativa de Sosa, que en rigor no cambi&oacute; sustancialmente en los seis a&ntilde;os transcurridos&nbsp;entre una y otra, en ambas hubo aportes llamativos.&nbsp;En la de 1958, quiz&aacute; a partir de la posible confusi&oacute;n entre Stavisky y Stravinsky y buscando un sustituto af&iacute;n pero m&aacute;s conocido, su nombre es reemplazado por el de Toscanini, cambiando adem&aacute;s, por razones r&iacute;tmicas, el plural original de la primera enumeraci&oacute;n de nombres. Ese es solo el primer cambio. La estrofa completa, en esa versi&oacute;n, es &ldquo;Mezclao con Toscanini va Scarface y Napole&oacute;n, Yatasto y Marim&oacute;n, Gatica y San Mart&iacute;n&rdquo; en lugar de &ldquo;Mezclaos con Stavisky van don Bosco y la Mignon, don Chicho y Napole&oacute;n, Carnera y San Mart&iacute;n&rdquo;. Las celebridades incorporadas por Sosa son un caballo pura sangre (Yatasto) ganador de varios grandes premios y ostentador de innumerables r&eacute;cords entre 1951 y 1953, un corredor de autos (<strong>Onofre Marim&oacute;n</strong>) y el boxeador <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Gatica</strong>. Hubo otras modificaciones menores &ndash;pero fijadas en muchas versiones posteriores&ndash; como poner la Biblia junto al calef&oacute;n y no contra &eacute;l, adem&aacute;s de asegurar que en el horno &ldquo;se vamo &lsquo;a encontrar&rdquo; en lugar del &ldquo;nos vamo &lsquo;a encontrar&rdquo; original. Tambi&eacute;n, el a&ntilde;o 506 se adelant&oacute; al 510. Pero m&aacute;s trascendente resulta el cambio de &ldquo;el que vive de los otros&rdquo;, una declaraci&oacute;n anarquista de Disc&eacute;polo, por &ldquo;el que vive de las minas&rdquo;, de cosecha propia. La palabra &ldquo;ya&rdquo;, en la frase &ldquo;ya no hay qui&eacute;n lo niegue&rdquo;, se contin&uacute;a en una breve risa sard&oacute;nica. Y &ldquo;generoso&rdquo; troca en &ldquo;pretencioso&rdquo; uni&eacute;ndose en el sentido a la palabra siguiente, &ldquo;estafador&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La grabaci&oacute;n postrera tiene un comienzo espectacular, ayudada por una tecnolog&iacute;a de grabaci&oacute;n muy superior: Un movimiento repentino y ascendente de las cuerdas que desemboca en una peque&ntilde;a detenci&oacute;n suspensiva seguida por un veloz glissando descendente en el piano que desemboca en la melod&iacute;a de la canci&oacute;n llevada por bandoneones, con el piano ornament&aacute;ndola y, luego, acompa&ntilde;ada por el derroche mel&oacute;dico de un notable contracanto de los violines. Despu&eacute;s, todo es de Sosa hasta el maravilloso solo de bandone&oacute;n de Federico, entre sus dos secciones.
    </p><p class="article-text">
        El cantante mantiene sus cambios en la letra, salvo en la estrofa de los nombres propios, donde siguen estando Toscanini y Scarface,&nbsp;pero restituye a los originarios Don Bosco, Carnera, San Mart&iacute;n y La Mignon, aunque esta intercambia su lugar con Napole&oacute;n. Y hay algo m&aacute;s. Una acotaci&oacute;n; la expresi&oacute;n de un pensamiento &iacute;ntimo. Algo que en un libreto de &oacute;pera aparecer&iacute;a entre par&eacute;ntesis y que muchos int&eacute;rpretes posteriores se sintieron obligados a incorporar. En el estribillo, despu&eacute;s de cantar &ldquo;no hay aplazaos&rdquo;, Sosa agrega, casi para s&iacute;, &ldquo;&iexcl;qu&eacute; v &lsquo;haber!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La muerte tr&aacute;gica de Sosa, en un accidente automovil&iacute;stico, casi al mismo tiempo que el LP se publicaba, no fue un dato menor en la leyenda&nbsp;ni en el hecho de que este &ldquo;Cambalache&rdquo; se convirtiera en can&oacute;nico. Pero si hay una interpretaci&oacute;n que adem&aacute;s de respetar rigurosamente el texto de Disc&eacute;polo es un modelo de mesurada sabidur&iacute;a, iron&iacute;a apenas sugerida por alguna inflexi&oacute;n o por el color de los graves, utilizados por ejemplo al decir &ldquo;cualquiera es un se&ntilde;or&rdquo;, es la que&nbsp;<strong>Edmundo Rivero</strong>, con el acompa&ntilde;amiento orquestal de <strong>H&eacute;ctor Stamponi</strong>, tan rico e imaginativo como ajustado, incluy&oacute; en <em>Edmundo Rivero canta a Disc&eacute;polo</em>. El disco, adem&aacute;s, fue el primer LP publicado por el int&eacute;rprete, en 1959 y, con certeza, el primer disco conceptual del tango, no s&oacute;lo con un tema unificador sino grabado especialmente para esa publicaci&oacute;n (y no una selecci&oacute;n de &eacute;xitos ya editados anteriormente en placas de gomalaca de 78 revoluciones por minuto), con arreglos originales y por una misma orquesta. 
    </p><p class="article-text">
        Entre los cambios que unos y otros hicieron a la letra se destacan los de <strong>Caetano Veloso</strong>, que registr&oacute; el tango en 1969 e incluy&oacute; all&iacute; a <strong>Ringo Starr</strong> y <strong>John Lennon</strong> (convertido en Lenno por razones r&iacute;tmicas). <strong>Roberto Goyeneche</strong>, por su parte, siempre tuvo algo que decir con &ldquo;Cambalache&rdquo;. En 1970 y en la plenitud de sus facultades vocales de la segunda &eacute;poca &ndash;tan diferentes de las de la primera, con Salg&aacute;n y con Troilo en la d&eacute;cada de 1950&ndash;, el tema fue incluido en el LP <em>Mano a mano con Goyeneche</em>, junto con la Orquesta T&iacute;pica Porte&ntilde;a dirigida por <strong>Ra&uacute;l Garello</strong> &ndash;de manera inexplicable, la reedici&oacute;n en CD fue rebautizada como <em>Cambalache</em> y cambi&oacute; el orden de los temas&ndash;. El texto es el de Disc&eacute;polo salvo por el trueque entre Stavisky y Stravinsky (imposible saber si debido a un error o a una decisi&oacute;n). Doce a&ntilde;os despu&eacute;s, en vivo con el Quinteto de <strong>Astor Piazzolla</strong> &ndash;un arreglo sumamente original y variado en sus matices&ndash; y en el medio de la Guerra de Malvinas, Goyeneche cantar&aacute; &ldquo;Stavisky&rdquo; y har&aacute; un cambio significativo: despu&eacute;s de La Mignon y antes de Napole&oacute;n, aparecer&aacute;, aplaudida por el p&uacute;blico, la menci&oacute;n a &ldquo;La Thatcher&rdquo;. La Biblia segu&iacute;a &ndash;y a&uacute;n lo hace&ndash; &nbsp;llorando contra el calef&oacute;n y una canci&oacute;n retrataba un siglo &ndash;y al que le sigue&ndash; o, m&aacute;s bien, un mundo, desde siempre y hasta siempre, problem&aacute;tico y febril.
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        <em>Diego Fischerman es autor del blog &ldquo;El sonido de los sue&ntilde;os&rdquo;: </em><a href="https://xn--sonidodesueos-skb.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>https://xn--sonidodesueos-skb.com/</em></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Jan 2025 03:02:47 +0000]]></pubDate>
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