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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Fernanda Trías]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Fernanda Trías]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fernanda Trías escribe de una violencia sobre el cuerpo de la mujer “inseparable” de la violencia sobre territorio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/fernanda-trias-escribe-violencia-cuerpo-mujer-inseparable-violencia-territorio_1_12030330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb92443e-0c5e-4452-bf94-a3f9370e32d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fernanda Trías escribe de una violencia sobre el cuerpo de la mujer “inseparable” de la violencia sobre territorio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora uruguaya, autora de 'La mugre rosa', continúa el impulso de su anterior novela para zambullirse en un texto ecologista que profundiza en la relación de la mujer con la naturaleza.</p></div><p class="article-text">
        A la autora uruguaya <strong>Fernanda Tr&iacute;as</strong> le pas&oacute; algo sorprendente para ella misma al terminar de escribir su novela <em>Mugre rosa</em> (Random House, 2021). En lugar de tomarse el habitual descanso entre libro y libro, sinti&oacute; la necesidad de continuar con la escritura, como si tuviera un torrente de palabras en su interior que deb&iacute;a dejar salir. De esa inercia naci&oacute; <em>El monte de las furias</em>, el trabajo que acaba de publicar con la misma editorial. Si el t&iacute;tulo anterior &ndash;que gan&oacute; el premio Sor Juana In&eacute;s de la Cruz y la nominaci&oacute;n a los National Book Awards estadounidenses&ndash; presentaba un mundo dist&oacute;pico al borde del colapso, ahora ofrece una historia de esperanza camuflada.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sent&iacute;a que no hab&iacute;a profundizado lo suficiente en el tema de la relaci&oacute;n de la mujer con la naturaleza&rdquo;, explica a elDiario.es en Barcelona. Despu&eacute;s de una novela en la que el escenario era una ciudad asolada por una cat&aacute;strofe medioambiental, coloc&oacute; a su nueva protagonista en una peque&ntilde;a casa de la monta&ntilde;a en donde trabaja como cuidadora de un cerco el&eacute;ctrico. El &uacute;nico vecino cercano y con el que tiene contacto es el Celador, otro empleado que habita en una min&uacute;scula caseta medio kil&oacute;metro m&aacute;s abajo. De vez en cuando, &eacute;l baja al pueblo a comprar pero ella no abandona el monte. Vive acompa&ntilde;ada por los pensamientos que plasma en sus cuadernos y, cada cierto tiempo, recibe la visita de dos testigas de Jehov&aacute; que intentan convencerla de que conozca su Para&iacute;so. Pero ella no necesita buscar m&aacute;s porque ya encontr&oacute; el suyo.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Tr&iacute;as, hasta ahora la narrativa sobre la naturaleza siempre estuvo en manos de los hombres. Adem&aacute;s, los entornos de monte o selva est&aacute;n ligados a lo masculino pero en la realidad no es as&iacute; o, al menos, no del todo. &ldquo;En Am&eacute;rica Latina hay muchas mujeres que tienen que estar en contacto con un paisaje que es realmente inh&oacute;spito, porque el viento es brutal y te mata, pero cuando sale el sol tambi&eacute;n te mata&rdquo;, desarrolla. &ldquo;Y hay mujeres muy rudas que son muy resistentes f&iacute;sica y psicol&oacute;gicamente a todas estas condiciones. Por eso quer&iacute;a poner a la protagonista en ese lugar&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La monta&ntilde;a es mujer</h2><p class="article-text">
        De hecho, esa protagonista (no tiene nombre) no es el &uacute;nico personaje femenino de la novela porque la monta&ntilde;a tambi&eacute;n tiene su propia voz y es de mujer. Esa entidad lleva ah&iacute; desde tiempos inmemoriales y vio todos los cambios producidos por los humanos como la construcci&oacute;n de las ciudades o el extractivismo que la ataca directamente a ella. Pero tambi&eacute;n fue testigo de todos los desastres como las masacres o los terremotos que cambiaron las vidas de las personas que viven en conflicto con el medio que les rodea: lo destruyen para poder vivir a la vez que necesitan cuidarlo para no morir. La il&oacute;gica del neoliberalismo que rige el funcionamiento del mundo y que se evidencia en el libro, que tiene un car&aacute;cter marcadamente ecologista.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/e6a89db2-cb1e-43b2-8d3a-dc7e83cb1931_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La autora sostiene que debe haber un cambio en el cuidado de la Tierra pero no sabe c&oacute;mo se podr&iacute;a implementar. &ldquo;Si queremos recuperar el planeta se necesita otro paradigma que no puede ser el patriarcal y capitalista de ahora, porque es destrucci&oacute;n pura&rdquo;, defiende. &ldquo;Por eso no podemos pensar temas como los feminicidios separados de la destrucci&oacute;n del medio ambiente. Toda la violencia que se ejerce sobre el cuerpo de la mujer es la misma que se ejerce sobre el cuerpo del territorio&rdquo;. En su novela, la protagonista consigui&oacute; posicionarse en el mundo, cambiar su paradigma, al aislarse de todo en la monta&ntilde;a. Encontr&oacute; su utop&iacute;a, pero tuvo que salirse del sistema.
    </p><p class="article-text">
        Tr&iacute;as escribi&oacute; <em>El monte de las furias</em> antes de la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y su desvinculaci&oacute;n del pacto clim&aacute;tico global. Las perspectivas previas a su mandato no eran buenas, pero ahora son mucho peores. Sin embargo, la escritora hace gala de un optimismo inusual en estos d&iacute;as pero que tampoco cae en lo naif. &ldquo;Siento que el fin del Imperio americano hace tiempo que empez&oacute; y que ahora estamos viendo la decadencia final. Es un momento muy oscuro porque no se ve la luz al final del t&uacute;nel, pero quiero pensar que algo va a cambiar porque no se puede sostener m&aacute;s&rdquo;, dice. Considera que se trata de un ejercicio de perspectiva hist&oacute;rica, porque toda &eacute;poca tuvo periodos de destrucci&oacute;n que parec&iacute;an no tener fin y que finalmente se superaron. &ldquo;Creo que cada generaci&oacute;n vivi&oacute; una especie de fin del mundo que no sucedi&oacute; o me quiero aferrar a eso&rdquo;, afirma.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La extensi&oacute;n de los cuidados</strong></h2><p class="article-text">
        Otra capa importante de la novela, que est&aacute; compuesta de muchas, es la de la maternidad desde diferentes perspectivas. Por un lado, trata el conflicto materno-filial, muy marcado entre la protagonista y su progenitora pero tambi&eacute;n entre esta y su propia madre.
    </p><p class="article-text">
        Y por otro, ofrece la visi&oacute;n de la mujer que no tiene la posibilidad de concebir. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; sentido ten&iacute;a aquello? &iquest;Qu&eacute; tipo de burla obligaba a las mujeres inf&eacute;rtiles a seguir sangrando?&rdquo;, se pregunta en determinado momento el personaje. &ldquo;Me parece que se han escrito cosas extremadamente interesantes y necesarias sobre la maternidad, porque hay que reescribirla. Pero siento que no tanto sobre la imposibilidad de ser madre, con todos los conflictos que conlleva&rdquo;, aclara.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La escritora Fernanda Trías                            </span>
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        En la novela se muestra tambi&eacute;n que hay otras maneras de maternar que no pasan por la concepci&oacute;n y el parto sino que tienen que ver con los cuidados. &ldquo;Una cosa que propone el ecofeminismo y que me parece muy interesante es que el cuidado es algo que se debe derramar hacia todo, incluido lo no humano: hacia el medio ambiente, hacia los animales no humanos, hacia el mundo vegetal&rdquo;, se&ntilde;ala. De hecho, en el libro la monta&ntilde;a tambi&eacute;n es una figura maternal: &ldquo;Nutre, le da de comer a todas estas criaturas, que mueren, son absorbidas y se reintegran al propio ciclo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Escribir es un acto de transgresi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s del cuidado al exterior, tambi&eacute;n hay una referencia a lo que podr&iacute;a considerarse &ldquo;autocuidado&rdquo;. Cuando era chica y viv&iacute;a en la ciudad con su madre, la protagonista adoraba ir a la escuela, aprender. Pero en determinado momento, su progenitora decide que no va a volver y su educaci&oacute;n reglada se termina. Sin embargo, ella mantiene su afici&oacute;n por la escritura y llena cuadernos con los pensamientos que traza. No tiene un objetivo m&aacute;s all&aacute; que el de la propia acci&oacute;n, no piensa en publicar sus memorias ni nada por el estilo. Pero plasmar en el papel las cosas que le ocurren es una forma de mantener su salud mental en un entorno que a veces es hostil, sobre todo cuando los hombres hacen acto de presencia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hist&oacute;ricamente, para las mujeres escribir ha sido un acto de trasgresi&oacute;n, porque en lugar de estar escribiendo deber&iacute;amos estar haciendo otras cosas&rdquo;, discurre Tr&iacute;as, &ldquo;y creo que a d&iacute;a de hoy, de alguna manera sigue siendo as&iacute; cuando nosotras decimos que vamos a escribir, vamos a publicar y nos vamos a apropiar del mundo literario sin verg&uuml;enza&rdquo;. El impulso de la protagonista tambi&eacute;n es transgresor: para ella, considerarse una ignorante por no haber estudiado m&aacute;s es una herida en su autoestima y, aun as&iacute;, decide tomar el l&aacute;piz. Al principio, muestra una gran inseguridad e incluso se critica a s&iacute; misma, pero despu&eacute;s toma carrera y se apropia de la escritura como una herramienta que le pertenece. &ldquo;Yo no quer&iacute;a que fuese una novela en la que solo yo narraba, sino que quer&iacute;a que hubiese una mujer que estuviese escribiendo activamente y empoder&aacute;ndose&rdquo;, remarca.
    </p><p class="article-text">
        En las notas finales del volumen, Tr&iacute;as comenta que en el &uacute;ltimo fragmento de la p&aacute;gina 23 est&aacute; tomado y adaptado libremente del <em>Popol Vuh</em>, tambi&eacute;n conocido como <em>Libro sagrado de los mayas</em>. Para la escritora, en este documento se puede comprobar que para encontrar una nueva forma de relacionarse con el medio ambiente no hace falta imaginar escenarios futuristas porque se puede aprender de c&oacute;mo lo hicieron los antepasados. &ldquo;Para ellos la misi&oacute;n del ser humano era llegar al mundo para cuidarlo, no para destruir. Ser sus guardianes y asegurarse de que las cosas sigan existiendo para que las nuevas generaciones las sigan teniendo. Ah&iacute; es donde nace la esperanza&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Feb 2025 09:47:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Fernanda Trías]]></media:keywords>
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