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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luis Fonsi]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luis Fonsi]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Despacito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/despacito_129_12074730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26ef59b9-fbee-4617-8c08-698c0a39e271_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Despacito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Demorarse, detenerse, disminuir gradualmente el movimiento, son formas de disentir con el uso dominante del tiempo y darle lugar al ocio creativo. En el reino actual de la eficacia y de la marcha constante, transformar nuestra relación con los relojes y despojarnos del palabrerío ensordecedor es apostar por una vida más vivible. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Hay que dejar que florezca el aburrimiento para hacer volar la imaginaci&oacute;n&rdquo;, dice el canadiense Carl Honor&eacute;. Periodista y autor del best seller <em>Elogio de la lentitud,</em> es el referente del slow movement, un movimiento que nos insta a bajar, no uno, sino todos los cambios posibles, para vivir una vida desacelerada, de mayor conexi&oacute;n con una/e/o y con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo darle espacio y tiempo al ocio creativo, a esa aparente nada que es dejar pasar el tiempo mirando el techo, el cielo, las copas de los &aacute;rboles, en un mundo que nos pide correr, hacer, ser eficientes y eficaces bajo la amenaza de perder el tren? &iquest;C&oacute;mo hacer para no hacer, deshacer y rehacer la experiencia subjetiva de un uso del tiempo m&aacute;s amable, cuando nos piden resultados urgentes y nos gobierna el fantasma de la exigencia con el valor de la rapidez y la demora como defecto?
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        No hay f&oacute;rmulas. S&iacute;, la posibilidad de la reflexi&oacute;n personal y social de la inutilidad del apuro, de sus efectos contraproducentes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Despacito,</em> dice la canci&oacute;n. <em>Yo no tengo prisa, yo me quiero dar el viaje/ Empezamo' lento, despu&eacute;s salvaje/ Pasito a pasito, suave suavecito/ Nos vamos pegando poquito a poquito/ Cuando t&uacute; me besas con esa destreza/ Veo que eres malicia con delicadeza/ Pasito a pasito, suave suavecito.</em>
    </p><p class="article-text">
        Modo avi&oacute;n, para decirlo en t&eacute;rminos virtuales.
    </p><p class="article-text">
        Pero no. Saltamos de la cama, nos impacientamos cuando estamos en la fila del supermercado o del banco, programan los sem&aacute;foros de modo que las personas viejas o con dificultades en su movilidad no puedan atravesar tranquilos las avenidas, se les imponen a las infancias cronogramas imposibles de cumplir. Movemos ansiosos cabeza, brazos y piernas cuando los dem&aacute;s hacen las cosas a su ritmo y eso nos ti&ntilde;e el estado de &aacute;nimo, nos cambia el humor.
    </p><p class="article-text">
        Durante las vacaciones, con suerte, nos lleva dos o tres d&iacute;as alcanzar el estado de relax. El cuerpo tal vez pueda hacerlo antes, pero la mente llega muy por detr&aacute;s suyo, explotada de informaci&oacute;n y preocupaciones. Existimos apurados. Creemos desear acci&oacute;n en las pel&iacute;culas, las que no tienen tanto movimiento nos aburren. &iquest;Y la siesta? Es pecado, culpa, culpa, culpa. Palabra como latigazos. 
    </p><p class="article-text">
        Atrapados y obsesionados con la velocidad, vamos perdiendo la memoria del tiempo agradable de la ni&ntilde;ez, aquel de &ldquo;jugar que es el mejor&rdquo;, como cantaba <strong>Mar&iacute;a Elena Walsh</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Pero como todo se modifica y la historia tiene su propio devenir, &ldquo;este mundo tal como lo vemos est&aacute; por pasar&rdquo;, tal las palabras de <strong>Pablo de Tarso</strong>. Y si se afirma esa condici&oacute;n cinem&aacute;tica, &iquest;a qu&eacute; velocidad sucede? Nunca, a la de nuestra expectativa ansiosa, sino a su propio arbitrio. 
    </p><p class="article-text">
        Ya sea en el &aacute;rea de los v&iacute;nculos personales o colectivos, en la econom&iacute;a, en los transportes, en la recreaci&oacute;n, el cambio de estilo en el uso y percepci&oacute;n del tiempo ocurrir&aacute;. Qui&eacute;n sabe si no habr&aacute; un shock, un accidente que nos haga volar por los aires. La amenaza convive con nosotros y por eso obedecemos, todo parece dispuesto para ser deshecho. Lo escribe <strong>Paul Virilio</strong> en su libro, <em>La velocidad de la liberaci&oacute;n</em>: se trata de la transformaci&oacute;n de los hechos y de la propulsi&oacute;n de los acontecimientos para que nos emancipemos del tiempo sin pausa e ingresemos en una sincronizaci&oacute;n entre el tiempo biol&oacute;gico, nuestro cuerpo, y el cultural, nuestro contexto.
    </p><p class="article-text">
        Existimos en un caos de sensaciones, acontecimientos y transitoriedad, condicionados por la automatizaci&oacute;n y el v&eacute;rtigo, que nos convierte en seres incapaces de apropiarnos de la experiencia. El cuerpo rebosa de im&aacute;genes, atrapado en una fragmentariedad punzante.
    </p><p class="article-text">
        Es epocal, un oc&eacute;ano tumultuoso de personas marcha unidas como engranajes de una misma m&aacute;quina, aunque desafectivizadas entre s&iacute;. El tiempo social vertiginoso nos envuelve, nos arrastra de un lado a otro y nos tira.
    </p><p class="article-text">
        El ruido de las pantallas nos a&iacute;sla, deteriora nuestra capacidad expresiva, ensordece, deteriora la capacidad de comunicaci&oacute;n. Hay un run run permanente, un palabrer&iacute;o como v&oacute;mito, compulsivo, sin puente. Pero pasar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lentitud y silencio son la contracara, el opuesto, pero dan miedo, resultan inc&oacute;modos, porque los identificamos con la ineficacia y el vac&iacute;o, con la detenci&oacute;n del tiempo, como si darles espacio a esos otros gestos nos dejara agujereados, fr&aacute;giles, expuestos. Lentitud y silencio son parte imprescindible de la escucha, de la mirada y del di&aacute;logo, es decir del encuentro con los dem&aacute;s. Nos ponen en estado de pregunta acerca de qui&eacute;nes somos, de la materia de que est&aacute; constituida nuestra subjetividad, no como esencia, sino en construcci&oacute;n, en un ir siendo y haci&eacute;ndose, para que emerja la singularidad inapropiable de cada persona. 
    </p><p class="article-text">
        Dice <strong>Marcelo Percia</strong> en su libro <em>Una subjetividad que se inventa </em>que estar en lo que nos pasa &ldquo;no excluye formas de ausencia. Sin la sucesi&oacute;n y la discontinuidad, sin las omisiones y olvidos, tendr&iacute;amos la cabeza como una olla llena de grillos. La simultaneidad, la yuxtaposici&oacute;n, la continuidad infinita, la permanencia de todo ser&iacute;a insoportable. Y andar&iacute;amos aturdidos y sin existencia. A veces, resulta imprescindible librarnos de algo que se hace presente cuando moramos en nosotros mismos. Hablar es un modo de decir. Y es, tambi&eacute;n, un modo de acallar lo que no se quiere y no se puede escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Aprendimos durante la pandemia la diferencia entre presencial y a distancia y nuestra necesidad de vinculaci&oacute;n f&iacute;sica. Aquel confinamiento nos alej&oacute; de la posibilidad del calor humano, las risas, los abrazos, la vida buena, las relaciones entre cuerpos diferentes, la reciprocidad.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El cuerpo cuenta,</em> <strong>Daniel Calmels</strong> se&ntilde;ala que &ldquo;la escucha requiere de una temporalidad diferente a la que se capta con los ojos, la vista puede ilusionarnos con la falsa completud de un instante, en la cual todo est&aacute; f&aacute;cilmente disponible a su percepci&oacute;n, en cambio el que escucha conforma un sentido a partir de una demora... el narrador construye con sus actitudes y sus movimientos una textura tal, que cada palabra se enhebra en las fibras musculares que le dan cuerpo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/despacito_129_12074730.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Feb 2025 03:02:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Despacito]]></media:title>
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