<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Victoria Northoorn]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/victoria-northoorn/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Victoria Northoorn]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1053689/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Era en abril el ritmo tibio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/abril-ritmo-tibio_129_12249436.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/68b41d39-d7c4-419b-ad17-ab940c73ea70_16-9-discover-aspect-ratio_default_1116487.jpg" width="319" height="180" alt="Era en abril el ritmo tibio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libros como hijos y la evocación del aguante durante la noche anterior a la votación por la ley a favor del aborto. Un unipersonal que se disfruta porque nos lleva de la mano por varios puentes. La reapertura del bar Tokio, patrimonio cultural y gastronómico porteño. Abril no es el mes más cruel. </p></div><p class="article-text">
        A <strong>Judit Buchalter</strong> la conocimos por sus actuaciones en las pel&iacute;culas <em>El secreto de sus ojos,</em> (2009), <em>Un novio para mi mujer </em>(2008) y <em>Sinfon&iacute;a para Ana </em>(2017). Tiempo antes, en el Teatro Fray Mocho, form&oacute; parte del elenco de <em>Milagro en el mercado viejo</em>, de <strong>Osvaldo Drag&uacute;n</strong>, dirigida por <strong>Ernesto Pocho Michel</strong>. Hoy a las 19 en <a href="https://www.instagram.com/elteatroazul/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">@elteatroazul</a>, esta gran actriz del circuito independiente har&aacute; la segunda funci&oacute;n del unipersonal <em>Intimidad de los puentes.</em>
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo de la obra me recuerda a un cuento de <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong>. En rigor, a todos los cuentos, el cuento. <strong>Luisa Valenzuela</strong> dec&iacute;a, a prop&oacute;sito del escritor del jazz y los gatos, que &ldquo;puente es una palabra que en mi imaginario se traduce por su nombre, excelso espi&oacute;n del Secreto, favorito de los dioses de los Upanishads, quienes aman el enigma y sienten repugnancia por lo manifiesto&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/084cbfa6-be78-4694-8a99-ba6509c175d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Acaso, la pieza en la que Buchalter interpreta a una madre idishe y a su hija, que ella misma adapt&oacute; y codirigi&oacute; con <strong>Aldo G&oacute;mez Di Giuseppe</strong>, sea el buceo por los oscuros laberintos de ese v&iacute;nculo familiar esencial y el eco que resuena en varias generaciones de lectores cortazarianos. <strong>Enrique Novick</strong> es el autor del texto original
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que Judith logra en escena un desdoblamiento incre&iacute;ble: con un gorro de lana, un vestido verde con botones y un cambio en la voz, su cuerpo es a un tiempo una joven que desea cambiar su apellido y, alternativamente, una vieja que intenta convencerla de lo imprescindible que le resulta la permanencia en el nombre del padre. Es decir, de su amor desamorado.
    </p><p class="article-text">
        Actuar sola, sin tener de donde agarrarse m&aacute;s all&aacute; de los di&aacute;logos, con apenas un perchero y una silla, no debe ser tarea sencilla, Sin embargo, la actriz lo hace y transfiere a los personajes, visibles e invisibles, la realidad de sus emociones. Cantos y alegr&iacute;a, bajo el influjo de la iluminaci&oacute;n y asesoramiento de <strong>Maia Verona</strong> y la puesta de luces y el sonido de&nbsp;<strong>Rodrigo Medrano</strong>. <strong>Lu Clerici </strong>se ocupa de dar sala y de acompa&ntilde;ar la obra con su magia para las fotos y los videos, en los que se anuncia que las funciones son a la gorra, un recurso muy inteligente para estos tiempos con pocos mangos.
    </p><p class="article-text">
        Estuvimos con <strong>Dalila Puzzovio</strong> en el Moderno. La multiartista es una insoslayable del pop argentino y mucho m&aacute;s. Fot&oacute;grafa, pl&aacute;stica, modelo de sus propios retratos y de otros ajenos, Dalila es la mujer de <strong>Charlie Squirru</strong>, t&iacute;a de Ludovica y una belleza de persona. En el flyer de difusi&oacute;n, (gracias, <strong>Verita Padilla</strong>) con una imagen suya de 1971, aparece con un tricot que la envuelve en celeste, disparado por <strong>Juan Carlos Franceschini</strong>. Y en la exhibici&oacute;n que le rinde homenaje , se pueden ver sus plataformas emblem&aacute;ticas, sus autorretratos, las vinchas y tocados que coronan su cabeza, flores y patos, todo un archivo documental con material in&eacute;dito que abri&oacute; gentilmente a <strong>Patricio Orellana</strong> y <strong>Pino Monkes</strong>, los curadores. Muy cerca, en el Caf&eacute; del Moderno, nos topamos con otro tributo, esta vez a <strong>B&aacute;rbara Bianca LaVogue</strong>. <em>Tu presencia en m&iacute; </em>se llama la expo de una figura que fue central en el under de fines de los 80 hasta el 2000. Tambi&eacute;n modelo y estrella irrefutable de la noche porte&ntilde;a, B&aacute;rbara leg&oacute; su imaginario creativo por medio de peque&ntilde;as y magn&eacute;ticas ilustraciones. La curadur&iacute;a fue conversada por <strong>Rodrigo Barcos</strong> con <strong>&Aacute;lvaro Rufiner</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Es indudable que el Moderno se ha convertido en un espacio que aloja la obra de la contemporaneidad y lo admiran no s&oacute;lo los argentinos sino los viajeros del exterior y los amantes del arte de otros sitios del mundo. La gesti&oacute;n cuidadosa, de un compromiso enorme, plena de conocimientos y proactiva es el resultado de la incansable labor de su directora, <strong>Victoria Northoorn</strong> y todo su equipo de colaboradores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La mujer que lleva este diario no duerme, se pasa toda la noche en vela&rdquo;, dice <strong>Magal&iacute; Etchebarne</strong> sobre la bit&aacute;cora de la imposibilidad del sue&ntilde;o de <strong>Flor Monfort</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Ese despertar permanente de la periodista, editora del suplemente Las 12, docente, nadadora y escritora, no es una elecci&oacute;n. Es el debate entre su potencia de ser y amar y las dificultades para el r&eacute;lax.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La noche de la votaci&oacute;n, los slogans que me gustan: &lsquo;Ac&aacute; no duerme nadie&rsquo;. Acampe, velas, comida que sale de las tiendas como en <em>Las mil y una noches. </em>Panes especiados, mates humeantes, pa&ntilde;uelos que se anudan para armar barricadas, escribe&nbsp;@calistapunch, mam&aacute; de Gian e hija de <strong>Anna Mar&iacute;a Muchnick</strong> en su <em>Diario del insomnio. Ese cuerpo de muchas, uno solo formado por miles la acomnpa&ntilde;a. Monfort forma parte.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Valer la pena, </em>dijo <strong>Juan Gelman</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escribir te rompe el cuerpo. No dormir tambi&eacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hace Flor en su soledad noct&aacute;mbula?. Lo que otres y lo que ella misma inventa para que ese tiempo tambi&eacute;n le traiga el idioma de las ancestras, la pulsi&oacute;n de vida. Flor se abre como una flor y los capullos emergen. Entre los paisajes on&iacute;ricos, a lo Roger Dean, y la duermevela, se cuenta historias diminutas, c&aacute;psulas que funcionan como p&oacute;cimas brujerildas o pastillas como flechas aladas.
    </p><p class="article-text">
        Las ni&ntilde;eces la rodean y nutren. A veces, la monta&ntilde;a cerca le trae fantas&iacute;as de Charlie, la f&aacute;brica de chocolate, Matildas y criaturas de Roal Dahl que ella misma produce. En sus noches Flor prepara&nbsp;alimentos, como hac&iacute;a la se&ntilde;ora Lovett de <strong>Helena Bonham Carter </strong>en <em>Sweeney Todd: El barbero demon&iacute;aco de la calle Fleet</em>. A veces, las historias se contin&uacute;an en el d&iacute;a, ofreciendo sorpresas monfortianas en el <em>Diario del insomnio</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Al libro lo disfrut&eacute; con una l&aacute;grima en el Bar Tokio, reci&eacute;n abierto y recuperado en la calle Alvarez Jonte, cerca de mi casa. Me atendi&oacute; el se&ntilde;or Julio, muy amable. <strong>Miguel &Aacute;ngel Feas</strong>, hijo del fundador de este gran sal&oacute;n de flamantes noventa a&ntilde;os, me cont&oacute; que esta noche habr&aacute; fiesta, entre las 19 y las 22. El barrio, con sus aromas y sus aromos vuelve a florecer, a&uacute;n en oto&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Ah, me mudo en 30/40 d&iacute;as a la calle <strong>Ram&oacute;n Falc&oacute;n</strong>. Yo le digo <strong>Osvaldo Bayer</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/abril-ritmo-tibio_129_12249436.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Apr 2025 03:00:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/68b41d39-d7c4-419b-ad17-ab940c73ea70_16-9-discover-aspect-ratio_default_1116487.jpg" length="39586" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/68b41d39-d7c4-419b-ad17-ab940c73ea70_16-9-discover-aspect-ratio_default_1116487.jpg" type="image/jpeg" fileSize="39586" width="319" height="180"/>
      <media:title><![CDATA[Era en abril el ritmo tibio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/68b41d39-d7c4-419b-ad17-ab940c73ea70_16-9-discover-aspect-ratio_default_1116487.jpg" width="319" height="180"/>
      <media:keywords><![CDATA[Julio Cortázar,Dalila Puzzovio,Victoria Northoorn]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
