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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Chico Novarro]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Chico Novarro]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Contigo. Conmigo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/contigo-conmigo_129_12346324.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40f52d55-a732-4d9d-aed3-ab911760e4f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contigo. Conmigo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Compuso desde éxitos inmediatos a refinados tangos, baladas y boleros. En todos puso en juego un humor –o un cinismo– único y un talento extraordinario como versificador. Y, en ocasiones, como en “Carta de un león a otro”, una melancolía amarga difícil de igualar. Reivindicación (necesaria) de Chico Novarro, el que compuso casi todo. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        Contigo y conmigo. Dos palabras, una m&aacute;s usual que la otra, m&aacute;s boler&iacute;stica &ndash;o m&aacute;s latinoamericana- por su uso del tuteo. Dos canciones compuestas m&aacute;s o menos en la misma &eacute;poca, una de ellas incluida en un LP propio, de 1976, y la otra estrenada en 1979, por <strong>Daniel Riolobos</strong>, en un festival de la OTI que gan&oacute; por una diferencia de 40 votos. La primera, &ldquo;Algo contigo&rdquo;, inaugur&oacute; para la poes&iacute;a una pregunta: &iquest;c&oacute;mo se llaman los versos de 20 s&iacute;labas? La segunda, &ldquo;Cuenta conmigo&rdquo;, formulaba un pedido en forma de ofrecimiento y, por a&ntilde;adidura, lo hac&iacute;a con el estilo de una argumentaci&oacute;n te&oacute;rica. Y es que <strong>Chico Novarro</strong> era original casi sin quererlo. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo, al principio, dos Novarros. Uno alto y otro bajo. Y un d&uacute;o mexicano, de cierta celebridad a mediados de los sesenta, llamado <strong>Las hermanas Navarro</strong>. Y hubo un&nbsp;productor ecuatoriano, <strong>Ricardo Mej&iacute;a</strong>, que, en Buenos Aires, fund&oacute; <strong>El Club del Clan</strong>. Se trataba de un programa televisivo destinado a imponer, junto con el sello RCA Victor, un conjunto de nuevas figuras, &ldquo;la nueva ola&rdquo;, que abarcaban un mundo est&eacute;tico sumamente heterog&eacute;neo donde cab&iacute;an desde los remedos locales de <strong>Rita Pavone</strong>, de <strong>Elvis Presley</strong> o de los &iacute;dolos centroamericanos y colombianos de la canci&oacute;n mel&oacute;dica o la cumbia. De all&iacute; surgieron <strong>Palito Ortega</strong>, <strong>Violeta Rivas</strong>, <strong>Johnny Tedesco</strong>, <strong>Nicky Jones</strong>, <strong>Jolly Land</strong> y <strong>Lalo Fransen</strong>. Y tambi&eacute;n el d&uacute;o al que Mej&iacute;a bautiz&oacute;, evocando al nombre de las hermanas&nbsp;mexicanas, <strong>Los hermanos Novarro</strong>. Uno, el alto, fue <strong>El Largo Novarro</strong> y el otro, el que se llamaba <strong>Bernardo Mitnik</strong> y hab&iacute;a nacido en una colonia jud&iacute;a en Santa Fe &ndash;y el &uacute;nico de los dos que a&uacute;n importa&ndash; se convirti&oacute; en Chico Novarro. Tocaba tambi&eacute;n la bater&iacute;a en los clubes de jazz. Fue, en ese entonces, compa&ntilde;ero de ruta de grandes del g&eacute;nero como el <strong>Gato Barbieri</strong> &nbsp;y su hermano Rub&eacute;n. Contaba que el Gato le dijo una vez que cre&iacute;a haberlo visto en la televisi&oacute;n. Novarro, el chico, le dijo que se trataba de un hermano que se le parec&iacute;a mucho. &ldquo;No es que me diera verg&uuml;enza&rdquo;, explicaba. &ldquo;Es que el ambiente del jazz era muy cerrado&rdquo;.
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        Fue por ese entonces que cre&oacute;, desde la nada, dos de los grandes &eacute;xitos populares de la &eacute;poca, ambos dedicados a animales: &ldquo;El camale&oacute;n&rdquo; y &ldquo;El orangut&aacute;n&rdquo;. En ambos ya aparec&iacute;an su incre&iacute;ble talento como versificador y un sentido del humor que pod&iacute;a explotar tanto para el lado del disparate como para el del cinismo m&aacute;s profundo, que no lo abandonaron jam&aacute;s y que caracterizaron a sus mejores obras. 
    </p><p class="article-text">
        En muchos aspectos, Novarro era lo que, en la ciudad que adopt&oacute; como suya, se identificaba con un atorrante: alguien capaz de sobrevivir a cualquier circunstancia. Y, en el campo de la canci&oacute;n, de hacerlo con una imaginaci&oacute;n desbordante, se tratara de un tango mod&eacute;lico como &ldquo;El cord&oacute;n&rdquo;, de un bolero extraordinario como &ldquo;Dejarme ir&rdquo; &ndash;que los argentinos <strong>Horacio Molina</strong> y <strong>Georgina D&iacute;az</strong>, y la brasile&ntilde;a <strong>Nan&aacute; Caymmi</strong> grabaron en espa&ntilde;ol, en diferentes &eacute;pocas, <strong>Dvajan </strong>en portugu&eacute;s (con el t&iacute;tulo de &ldquo;Vida real&rdquo;), y la pianista y cantante <strong>Eliane Elias</strong> como &ldquo;Let me Go&rdquo;&ndash;, o de esa desconsolada &ldquo;Carta de un le&oacute;n a otro&rdquo; que, como excepci&oacute;n (no sol&iacute;a cantar aquello que no hubiera compuesto ella misma) estren&oacute; y grab&oacute; <strong>Mar&iacute;a Elena Walsh</strong> en 1973 y, una d&eacute;cada despu&eacute;s, <strong>Juan Carlos Baglietto</strong>, en la mejor versi&oacute;n imaginable, plena de teatralidad y desamparo, incluy&oacute; en su segundo disco, titulado tan s&oacute;lo con su apellido..
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo ese cari&ntilde;o que t&uacute; me juraste/ poquitito a poco lo metamorfoseaste&rdquo;, pod&iacute;a cantar con desparpajo, anticipando en muchos a&ntilde;os aquel maravilloso &ldquo;la epistemologaba&rdquo; de <strong>Les Luthiers</strong>. O ese brillante giro en que, en la segunda estrofa de &ldquo;El orangut&aacute;n&rdquo;, dec&iacute;a: &ldquo;de pronto el orangut&aacute;n le dijo a la orangutana/ termina ya tu banana,/ te invito a pasear en liana&rdquo;. Por supuesto, es muy distinto, y notablemente m&aacute;s serio, lo que sucede en ese di&aacute;logo, en s&iacute; mismo disparatado, entre un hombre y el cord&oacute;n de una vereda: &ldquo;Si te habr&aacute;s mamado de alquitr&aacute;n/ de pucho y celof&aacute;n de correntada/ pante&oacute;n de rata enamorada/ que cruza sin mirar el callej&oacute;n&rdquo;, cantaba en &ldquo;El cord&oacute;n&rdquo;, creado en 1971 y estrenado el a&ntilde;o siguiente en un espect&aacute;culo de caf&eacute; concert llamado &ldquo;No le vengo a vender&rdquo;. El tango hablaba de la ciudad, del paso del tiempo y de su propia mitolog&iacute;a &ndash;como todos los tangos, podr&iacute;a decirse&ndash;, pero lo hac&iacute;a interrogando al m&aacute;s antiguo de los testigos de la urbanizaci&oacute;n. &ldquo;Contame un poco m&aacute;s del tiempo aquel/ en que el tranv&iacute;a te afeitaba,/ cuando la noche era un fest&iacute;n/ de taco y de carm&iacute;n en la enramada./ Hablame del zagu&aacute;n y el verso aquel/ que se llev&oacute; la alcantarilla/ si en este mundo sin orillas/ el &uacute;nico peat&oacute;n, cord&oacute;n, sos vos&rdquo;, cantaba Novarro en el final. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Algo contigo&rdquo; y &ldquo;Cuenta conmigo&rdquo;, junto con el posterior &ldquo;Arr&aacute;ncame la vida&rdquo;, que form&oacute; parte de un espect&aacute;culo de la directora teatral <strong>Betty Gambartes</strong>, que &eacute;l protagoniz&oacute; con <strong>Andrea Tenuta</strong> en 1991, fueron posiblemente los &uacute;ltimos cl&aacute;sicos de un g&eacute;nero que, para ese entonces, ya hab&iacute;a dado mucho de lo mejor de s&iacute;. Fueron llevados al mundo de la salsa, cantadas como para s&iacute;, sobreactuadas, e incluso banalizadas o desafinadas por int&eacute;rpretes tan variados como el propio Novarro, <strong>Ana Bel&eacute;n</strong> con <strong>Rub&eacute;n Blades</strong>, <strong>Vicentico</strong> y <strong>Andr&eacute;s Calamaro</strong> entre muchos otros. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo, desde ya, otros grandes autores de boleros tard&iacute;os, entre ellos <strong>Armando Manzanero</strong> que despert&oacute; al g&eacute;nero &ndash;y a <strong>Luis Miguel</strong>&ndash; con &ldquo;No s&eacute; t&uacute;&rdquo;. Pero, &iquest;qui&eacute;n otro que Novarro podr&iacute;a haber comenzado con una sentencia infinita &ndash;y sus exactos acentos en cada uno de los pulsos musicales&ndash; como &ldquo;&iquest;Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?&rdquo;, seguida por &ldquo;&iquest;Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo?&rdquo;. Es cierto que hay una peque&ntilde;a pausa en esos versos y podr&iacute;an tomarse, cada uno de ellos, como un octos&iacute;labo seguido de un dodecas&iacute;labo &ndash;en cualquier caso, una medida de &ldquo;arte mayor&rdquo;&ndash; pero lo cierto es que el sentido los une. &iquest;Es que acaso alguien que no hubiera sido &eacute;l habr&iacute;a podido imaginarse un ruego de amor que incluyera, como si de una conferencia se tratara, ese &ldquo;por ejemplo&rdquo; que se intercala entre &ldquo;si se te ocurre&rdquo; &nbsp;y &ldquo;enamorarte&rdquo;? &iquest;O es que acaso alg&uacute;n otro podr&iacute;a haber declarado su amor diciendo &ldquo;y si resulta que no resulta mi sistema de quererte, cuenta conmigo nada m&aacute;s que para siempre&rdquo;?
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 May 2025 13:26:10 +0000]]></pubDate>
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