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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Erik Satie]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Erik Satie]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El hombre demasiado joven]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-joven_129_12421943.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b129c0c-e966-45f6-b1c1-54a9939a8d7f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hombre demasiado joven"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nadie lo tomó demasiado en serio. Pero Erik Satie fue un compositor de seriedad notable. Sin él, sin su visión acerca de la temporalidad en la música y sin la tensión entre lo “Alto” y lo “Bajo” que sus obras plasmaron, nada hubiera sido igual para el siglo XX y el que lo sigue. El próximo 1 de julio se cumplen 100 años de su muerte y su obra, más allá de algunos hits, permanece desconocida. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<strong>Erik Satie</strong>, m&uacute;sico dulce y medieval perdido en este siglo para alegr&iacute;a de su buen amigo <strong>Claude Debussy</strong>&rdquo;, escribi&oacute; este &uacute;ltimo en su dedicatoria de los <em>Cinco poemas de Baudelaire</em>, compuestos en 1892. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, orquest&oacute; la primera y tercera <em>Gymnop&eacute;dies</em>, para que fueran presentadas en la Soci&eacute;t&eacute; G&eacute;nerale, en febrero 1897. Pero la frase que tal vez mejor defina la amistad entre ambos m&uacute;sicos &ndash;y sus posiciones est&eacute;ticas&ndash;, la escribi&oacute; Satie en una carta. &ldquo;Hagamos nuestra m&uacute;sica, y sin choucroute, si es posible&rdquo;. 
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    </figure><p class="article-text">
        El m&uacute;sico medieval y dulce viv&iacute;a casi siempre borracho, seg&uacute;n dicen. Gastaba todo lo que ten&iacute;a, que era poco, en trajes de terciopelo y en cuellos nuevos que usaba sobre sus camisas viejas. Escribi&oacute; unas &ldquo;Memorias de un amn&eacute;sico&rdquo;, compuso &ldquo;Piezas en forma de pera&rdquo; cuando en el Conservatorio dijeron que su m&uacute;sica carec&iacute;a de forma, toc&oacute; el piano en un cabaret &ndash;el mismo <em>Chat Noir</em> que pint&oacute; <strong>Toulouse Lautrec</strong>&ndash;y, sin saberlo, invent&oacute; varios de los estilos &ndash;y de los clis&eacute;s&ndash; del siglo XX. Era cuatro a&ntilde;os menor que Debussy pero Ravel dijo alguna vez que era su precursor, lo que enoj&oacute; a ambos. Cuando se estren&oacute; la versi&oacute;n orquestal de las <em>Gymnop&eacute;dies</em>, esta fue la parte m&aacute;s aplaudida del concierto. &ldquo;Uno que no est&aacute; contento es el bueno de Claude. Si hubiera hecho lo mismo que <strong>Ravel</strong> &ndash;que no esconde la influencia que he tenido en &eacute;l&ndash;, su posici&oacute;n no ser&iacute;a la misma. El &eacute;xito de las <em>Gymnop&eacute;dies</em> en el concierto que &eacute;l mismo dirigi&oacute; le ha sorprendido desagradablemente. &iquest;Por qu&eacute; no quiere cederme un sitio peque&ntilde;ito a su sombra?&rdquo;. El 8 de marzo de 1917, escribi&oacute; a su esposa: &ldquo;Querida se&ntilde;ora. Decididamente, resulta preferible que el &lsquo;Precursor&rsquo; (penosa tonter&iacute;a que ya se repite demasiadas veces), se mantenga a partir de ahora en su propia casa, a lo lejos (&hellip;) Escribir&eacute; a menudo. Os quiero a todos. Mucho.&rdquo; A comienzos del a&ntilde;o siguiente, el c&aacute;ncer de Debussy se agrav&oacute; y el compositor ya no pod&iacute;a levantarse de su cama. Satie le envi&oacute; una carta de reconciliaci&oacute;n. El cr&iacute;tico <strong>Louis Laloy</strong>, que en ese entonces visitaba al enfermo con asiduidad cont&oacute;: &ldquo;Claude la ley&oacute; tirado en la cama, de donde no se hab&iacute;a movido durante semanas, y en donde al poco tiempo morir&iacute;a. Sus manos temblorosas arrugaron el papel y susurr&oacute;: &lsquo;Perd&oacute;name&rsquo;, con l&aacute;grimas en los ojos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ese que se presentaba en el <em>Chat Noire</em> como <em>gymnopedista </em>lo sobrevivi&oacute; siete a&ntilde;os. Este 1 de julio se cumplen cien a&ntilde;os de su muerte, por cirrosis complicada con problemas pulmonares. Sus admiradores, entre ellos el compositor <em>Darius Milhaud</em>, unos d&iacute;as despu&eacute;s visitaron su casa, en el 22 de la calle Cauchy, en Arcueil, una comuna perif&eacute;rica de Par&iacute;s. Ninguno de ellos hab&iacute;a estado antes all&iacute;. &ldquo;Una cama miserable, una mesa cubierta de objetos disparatados, una silla, un armario casi vac&iacute;o,  donde se apilaba una docena de trajes de terciopelo, nuevos y antiguos, todos iguales; en todos los rincones los bastones,  los sombreros viejos, los diarios&rdquo;, describi&oacute; Milhaud. El &uacute;nico pariente vivo de Satie que quedaba en Francia era su sobrino. La madre &ndash;la hermana del m&uacute;sico&ndash;, <strong>Olga Satie-Lafosse</strong>, despu&eacute;s de enviudar lo hab&iacute;a abandonado y hab&iacute;a huido del pa&iacute;s. Viv&iacute;a en Buenos Aires, donde fund&oacute; el Conservatorio Satie y daba clases de piano.
    </p><p class="article-text">
        En la antigua Esparta, las gimnopedias &ndash;&ldquo;fiestas de los ni&ntilde;os desnudos&rdquo;&ndash; eran bailes y pruebas de resistencia que afrontaban los j&oacute;venes en el marco de rituales religiosos. Satie hizo muchos chistes pero es posible que el mejor de ellos, aunque involuntario, haya sido ponerle ese t&iacute;tulo a esas tres piezas casi est&aacute;ticas e inmensamente melanc&oacute;licas, que el cine (<strong>Louis Malle</strong> y <strong>Woody Allen</strong> entre otros) y las clases de expresi&oacute;n corporal se cansaron de usar y a las que el autor se refiri&oacute; alguna vez como &ldquo;m&uacute;sica escult&oacute;rica&rdquo;. Y es que, en efecto, el conjunto de las tres bien podr&iacute;a ser considerado como una misma composici&oacute;n observada desde diferentes lugares. La fuente del nombre, seg&uacute;n <strong>Alexis-Roland Manuel</strong>, un amigo del compositor, hab&iacute;a sido la lectura de <em>Salammb&ocirc;</em>, de <strong>Gustave Flaubert</strong>. Es m&aacute;s posible que se haya tratado del poema <em>Los antiguos</em>, de <strong>Patrice Contamine de Latour</strong>, que, de hecho, acompa&ntilde;&oacute;, en 1888, la primera edici&oacute;n de la partitura en la revista <em>La m&uacute;sica de las familias</em>. All&iacute; se le&iacute;a: &ldquo;Un torrente deslumbrante, que se inclinaba sobre las sombras,/flu&iacute;a en corrientes doradas sobre la losa pulida/ donde los &aacute;tomos de &aacute;mbar, reflej&aacute;ndose en el fuego,/ mezclaban su sarabande con la gimnopedia.&rdquo; 
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                Satie por Picasso                            </span>
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        Quiz&aacute; Satie nada supiera de las pruebas gimn&aacute;sticas de resistencia en las que compet&iacute;an los j&oacute;venes espartanos desnudos. De hecho el <em>Diccionario de la m&uacute;sica</em> de  <strong>Peter Lichtensthal</strong>, publicado en 1839, hablaba de &ldquo;danzas de j&oacute;venes doncellas desnudas de Esparta&rdquo;, algo similar a lo que hab&iacute;a escrito <strong>Jean-Jacques Rousseau</strong> en su antiguo <em>Diccionario de la m&uacute;sica</em> de 1767. De lo que se trataba, m&aacute;s bien, era de la idealizaci&oacute;n de una antig&uuml;edad un poco inventada &ndash;la misma de la <em>Pavane para una infanta difunta</em> que Ravel compuso en 1899&ndash; que parec&iacute;a ser la mejor alternativa al <em>choucroute</em>, es decir a la sombra omnipresente de <strong>Richard Wagner</strong>. Ese esp&iacute;ritu arcaizante, que aparece en muchos de los t&iacute;tulos de los preludios de Debussy, era tambi&eacute;n el de los pintores que circulaban por el mismo ambiente bohemio donde se mov&iacute;a Satie, entre ellos el joven <strong>Pablo Picasso</strong>, y la <em>Danza</em>, que <strong>Henri Matisse</strong> pint&oacute; en 1906, bien podr&iacute;a ser la traducci&oacute;n de las gimnopedias tal como el compositor las imaginaba.
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                Cuadro de Matisse                            </span>
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        La evocaci&oacute;n de la antig&uuml;edad griega aparece tambi&eacute;n en la otra serie de piezas c&eacute;lebres para piano, las <em>Gnosiennes</em>, creadas entre 1889 y 1897. Tanto si esa palabra creada por Satie se refer&iacute;a a la gnosis (el conocimiento intuitivo y absoluto) como a Knossos (Gnossus para Roma), el palacio cretense ligado a la historia de Teseo y el Minotauro, se trataba de una declaraci&oacute;n de principios.  Si Wagner hab&iacute;a llevado las viejas reglas de la tensi&oacute;n arm&oacute;nica y la variaci&oacute;n progresiva hacia su propio l&iacute;mite, Satie &ndash;y con &eacute;l Debussy y Ravel y, m&aacute;s adelante, Milhaud&ndash; iba m&aacute;s atr&aacute;s, hacia escalas y acordes que evitaban las resoluciones obligatorias. Un m&uacute;sica sin chan-chan, podr&iacute;a decirse. 
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                Satie por Cocteau                            </span>
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        Satie suele ser visto, y o&iacute;do como (solo) un humorista. Y, desde ya, t&iacute;tulos como &ldquo;Preludios fl&aacute;ccidos&rdquo;, &ldquo;Embriones disecados&rdquo; o &ldquo;Cosas vistas a derecha e izquierda (sin anteojos)&rdquo; no dejan demasiado lugar a dudas. Sin embargo es mucho m&aacute;s que eso. Tanto su discusi&oacute;n acerca del tiempo en la m&uacute;sica &ndash;esa aparente quietud de las <em>Gymnop&eacute;dies</em> y las <em>Gnosiennes</em> pero tambi&eacute;n las 840 repeticiones de una breve pieza exigidas en <em>Vexations</em>&ndash; fueron inmensamente influyentes para compositores como <strong>John Cage</strong> y <strong>Morton Feldman</strong>. Pero no fue eso lo &uacute;nico que la obra de Satie puso en entredicho. Sus canciones y piezas como <em>La bella exc&eacute;ntrica</em> problematizan otra de las grandes remezones del arte del siglo XX: el resquebrajamiento de las distancias entre &ldquo;Lo Alto&rdquo; y &ldquo;Lo Bajo&rdquo;. Una de sus frases m&aacute;s citadas es &ldquo;llegu&eacute; al mundo demasiado joven en una &eacute;poca que era demasiado vieja&rdquo;. 100 a&ntilde;os despu&eacute;s, la &eacute;poca sigue siendo vieja y su juventud sigue intacta.
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-joven_129_12421943.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Jun 2025 03:01:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El hombre demasiado joven]]></media:title>
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