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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Alan Hollinghurst]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Alan Hollinghurst]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La propia época]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/propia-epoca_129_12423308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/67885ab8-fa2a-4cbc-9654-b4251bb7f896_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La propia época"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Es posible crecer sin rendirse a la comodidad o la autoridad de lo dado? Madurar sería, en ese caso, no aceptar la moral de los padres sino inventar una propia.

</p></div><p class="article-text">
        Me hab&iacute;a anotado hace unos meses &ldquo;leer <em>La l&iacute;nea de la belleza</em>&rdquo;, una novela publicada en el a&ntilde;o 2004 por el autor ingl&eacute;s <strong>Alan Hollinghurst</strong>, y que gan&oacute; el Man Booker ese mismo a&ntilde;o, pero no me acordaba por qu&eacute; me importaba leer ese libro. Hace unos d&iacute;as lo empec&eacute; y lo record&eacute;: La l&iacute;nea de la belleza sigue las aventuras de Nick Guest, un joven gay de veinte a&ntilde;os que por esas cosas tan inglesas de la vida est&aacute; &ldquo;de visita&rdquo; en la casa de un amigo millonario por algo as&iacute; como un mes, a cargo de estar atento a una hermana depresiva mientras los padres de su amigo est&aacute;n de viaje. Cuando Toby, el amigo millonario de Nick, decide a irse a vivir solo, los padres de Toby deciden proponerle a Nick que se quede viviendo con ellos por tiempo indefinido, dado que Catherine, la muchacha en cuesti&oacute;n, parece haberle tomado cari&ntilde;o. El detalle es que Gerald Fedden, el padre de Toby, acaba de ser elegido como miembro del Parlamento ingl&eacute;s por el partido Conservador.  
    </p><p class="article-text">
        Me gustan los libros que se toman en serio la relaci&oacute;n de una sociedad con la pol&iacute;tica pero se tratan de otra cosa, y as&iacute; es <em>La l&iacute;nea de la belleza</em>. El foco de la novela est&aacute; puesto en las relaciones tensas y ambiguas que se arman entre Nick, sus nuevos amores y la familia que lo aloja, relaciones afectadas, por supuesto, por la homosexualidad de Nick, pero mucho m&aacute;s por su condici&oacute;n de invitado de clase media en una casa de gente pr&aacute;cticamente noble. Todo me hizo acordar a la pel&iacute;cula <em>Cuatro bodas y un funeral</em>, filmada tambi&eacute;n en Inglaterra, diez a&ntilde;os antes de la publicaci&oacute;n de la novela, desde la ambig&uuml;edad de la relaci&oacute;n con la homosexualidad (se puede vivir una vida gay mientras no se haga demasiado alarde de eso) y tambi&eacute;n esa omnipresencia de la cuesti&oacute;n de la clase social y los apellidos, lo aceptado que ten&iacute;an en la sociedad inglesa, al menos en esa &eacute;poca, vivir una estratificaci&oacute;n casi medieval. Hollinghurst, vali&eacute;ndose de la perspectiva de su protagonista, hace un an&aacute;lisis muy sutil de esas jerarqu&iacute;as: en un pasaje que me encant&oacute; describe, por ejemplo, el tono que Nick adoptaba cuando hablaba con los padres de su amigo, un tono que invariablemente ten&iacute;a que ser celebratorio; incluso si hab&iacute;a una discusi&oacute;n, ten&iacute;a una conciencia sempiterna de que su rol era maximizar los acuerdos con los due&ntilde;os de casa, hacerlos sentir que siempre ten&iacute;an aunque m&aacute;s no fuera un poco de raz&oacute;n, sobre todo al padre. La novela se enfoca, entonces, en estas cuestiones &iacute;ntimas y personales, pero el trasfondo del thatcherismo como clima de &eacute;poca aparece todo el tiempo, y la novela claramente formula una pregunta (que nunca termina de responder) sobre el v&iacute;nculo entre esta hegemon&iacute;a pol&iacute;tica del conservadurismo y estas relaciones sociales tan jer&aacute;rquicas e incuestionadas. Record&eacute;, entonces, que por eso me anot&eacute; que quer&iacute;a leer esta novela: porque hace bastante que me pregunto por la relaci&oacute;n entre la hegemon&iacute;a conservadora actual y nuestras intimidades, y creo que esa relaci&oacute;n debe ser m&aacute;s compleja y m&aacute;s sutil que sencillamente hablar de <em>tradwives </em>o el meme que est&eacute; de moda en TikTok esa semana. 
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        Pienso que hay algo muy bien pensado y contado en la novela de Hollinghurst que puede ser muy brit&aacute;nico pero hoy lo vemos en todo el mundo, y es la extensi&oacute;n y normalizaci&oacute;n absoluta de la aspiracionalidad. El tono de la novela es cr&iacute;tico de la desigualdad y el privilegio, claramente consciente de la injusticia y el absurdo de la vida de los millonarios, pero el personaje principal empieza de alguna manera reconociendo y aceptando el rol que le toca. Es en esa aceptaci&oacute;n muda de la jerarqu&iacute;a social, creo yo, donde m&aacute;s se ve el clima conservador del thatcherismo. Esta misma celebraci&oacute;n acr&iacute;tica de la riqueza, los ricos y sus valores caracteriza el mainstream hoy, en Argentina pero tambi&eacute;n en el mundo. En Estados Unidos los millonarios son cada vez m&aacute;s influencers; ya no es cierto eso de que &ldquo;a los tipos m&aacute;s ricos del mundo no les conocemos las caras&rdquo;. Conocemos sus caras, sus casas, sus dietas y las de sus esposas. Los j&oacute;venes los tienen de modelos, incluso m&aacute;s que a las celebrities tradicionales del espect&aacute;culo. 
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante es que, en la trama de <em>La l&iacute;nea de la belleza</em>, la madurez del personaje de Nick est&aacute; dada por el abandono de esta aspiracionalidad. A medida que Nick se va enamorando y haciendo nuevos amigos, va construyendo un mundo propio: el mundo gay, una especie de universo paralelo a ese tan organizado por jerarqu&iacute;as en el que termin&oacute; por ser un chico de clase media con ganas de escalar. Las historias cl&aacute;sicas de iniciaci&oacute;n del siglo XX, tanto las de ficci&oacute;n como las biogr&aacute;ficas de sus autores, se trataban de eso: nacer en un espacio marcado por ideas conservadoras (ideas de dominio, si nac&iacute;as rico; ideas de sumisi&oacute;n, si nac&iacute;as pobre) y descubrir (mitad descubrir, mitad inventar) la posibilidad de una vida diferente, valores diferentes, deseos y aspiraciones diferentes. Cuando los libertarios y algunos neoperonistas se entusiasman con la vuelta a la tradici&oacute;n parecen desconocer que la gracia de la mayor&iacute;a de nuestros grandes autores fue hacer el camino inverso: nacer jud&iacute;os o cat&oacute;licos para volverse comunistas, no al rev&eacute;s. No digo que tenga nada de malo, pero m&aacute;s que volver a la tradici&oacute;n est&aacute;n probando algo nuevo. En cualquier caso, creo que si hay algo para recuperar en la joven tradici&oacute;n de los &uacute;ltimos cien o tal vez incluso doscientos a&ntilde;os es la idea de que madurar no es aceptar la moral de los padres sino inventar una propia; fundar la propia &eacute;poca en lugar de limitarse a reproducirla. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/propia-epoca_129_12423308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Jun 2025 03:47:56 +0000]]></pubDate>
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