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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Dufour]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/mariana-dufour/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Dufour]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La cicatriz del exilio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatriz-exilio_129_12459724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c22b3065-4715-4bcd-b25e-da6a0a0fd33e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cicatriz del exilio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mariana Dufour recuperó en Europa las palabras ausentes de los argentinos forzados a irse del país en los ’70. Hay voces del presente que dan cuenta de la íntima relación entre un plan económico de hambre y el desmantelamiento de los sitios de memoria. </p></div><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a <strong>Mariana Dufour</strong> hace ya varios a&ntilde;os en una reuni&oacute;n de amigos, en el barrio de Floresta, entre vinos, empanadas y el sonar de una guitarra. Alta, rubia, de una belleza singular, esta comunicadora, gestora y educadora intercultural es descendiente de suizos y gallegos y tiene una sensibilidad infrecuente. Naci&oacute; en 1967, tiene tres hijos, vive en Valeria del Mar y es la periodista que investig&oacute; y public&oacute; la documentaci&oacute;n por la que fue destituido de su cargo quien fuera intendente de Pinamar, <strong>Blas Altieri</strong>. El exfuncionario era amigo del empresario <strong>Alfredo Yabr&aacute;n</strong>, responsable de la muerte del reportero gr&aacute;fico <strong>Jos&eacute; Luis Cabezas</strong> y tuvo varias gestiones plagadas de irregularidades y negociados. Mariana desnud&oacute; al poder local. 
    </p><p class="article-text">
        Desde que Dufour public&oacute; aquellas notas no pudo volver a trabajar ni en Valeria ni en ninguna otra localidad del municipio m&aacute;s <em>fashionista</em> de la costa argentina. Por pudor, por humildad, ella no anda por la vida mostrando sus galones. Por ejemplo, durante diez a&ntilde;os implement&oacute; en las escuelas p&uacute;blicas el Programa Pedag&oacute;gico Comunitario Intercultural Ara&iacute; Ruguay/Rabo de Nube, que ella misma cre&oacute;, para devolverles valor y dignidad a los estudiantes provenientes de pueblos originarios. Fue a partir de descubrir el disco <em>Taki Ongoy</em>, (<strong>V&iacute;ctor Heredia</strong>) que evoca el movimiento ind&iacute;gena de rechazo a la conquista europea y la expansi&oacute;n del cristianismo en el siglo XVI. Habr&aacute; en sus ojos tal regocijo/ tanta felicidad/ que en nuestras almas/ de las estrellas/ al mundo bajar&aacute;n/ y en Machu Pichu, ciudad sagrada,/ se corporizar&aacute;n:/ aztecas, mayas, incas, chim&uacute;es,/ convocar&aacute;n al sol. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Ese programa logr&oacute; que cientos de chicos de tez color tierra sentados atr&aacute;s en las aulas, se irguieran y enorgullecieran mientras escuchaban las historias y la lengua de sus ancestros. Y que sus compa&ntilde;eros de piel rosada dejaran de mirarlos desde una posici&oacute;n de superioridad. 
    </p><p class="article-text">
        El jard&iacute;n de la casa de Mariana est&aacute; repleto de flores, a&uacute;n en invierno. Esa residencia fue construida con fratacho y pala, ladrillos y cemento por sus manos y las del padre de sus hijos. Es su lugar en el mundo, aunque en verano tiene que emprender cierto nomadismo para que ingresen los pesos, que le permitan vivir durante el resto del a&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        El jueves present&oacute; su libro, <em>El exilio no olvida. Una intensa historia de amor</em> (Gogol Ediciones) en la casa de las Madres de Plaza de Mayo, como parte de la programaci&oacute;n de actividades de la (intervenida por el gobierno) Universidad de las Madres. El libro re&uacute;ne testimonios de compatriotas argentinas y argentinos que no pudieron regresar del exilio despu&eacute;s de la &uacute;ltima dictadura, y que, desde lejos, siguen militando la Patria como si siguieran habit&aacute;ndola. Por esas derivas inesperadas de las relaciones afectivas, esa noche me toc&oacute; ser la vendedora de los ejemplares. Llegamos con las cajas llenas, nos fuimos con las cajas vac&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a, reci&eacute;n mudada, sal&iacute; a caminar por el barrio y me top&eacute; con El Olimpo, uno de los sitios de memoria que las autoridades actuales est&aacute;n desmantelando, y que funciona a media m&aacute;quina. Las intervenciones, el abandono, el desarmado de los espacios en los que estuvieron detenidos y torturados miles de argentinos, con sus ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y beb&eacute;s (algunos de ellos testimonian en el libro de Mariana), dan cuenta de que se requiere de un gobierno delincuente que siembre la maldad, la ignorancia y el olvido, para poder aplicar un plan econ&oacute;mico como el actual. 
    </p><p class="article-text">
        Es necesario comprender que esta etapa del pa&iacute;s es una nueva encarnaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas de opresi&oacute;n contra las mayor&iacute;as, aunque a&uacute;n buena parte de ellas no hayan tomado conciencia de que vot&oacute; en contra de s&iacute; misma.     
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Traje conmigo un solo miedo: el del encuentro con ese pedazo de m&iacute; que se qued&oacute; en un pa&iacute;s que ya no existe. Paso junto a las casas donde vivieron seres entra&ntilde;ables que la dictadura asesin&oacute;. Paso sin transici&oacute;n de la alegr&iacute;a profunda a la tristeza profunda. Veo llagas de pobreza, que no hab&iacute;a antes aqu&iacute;&rdquo;, cita Dufour a <strong>Juan Gelman</strong> sobre la partida forzada de tantos argentinos en tiempos de la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico militar y su eventual regreso. Gelman vivi&oacute; en el exilio entre 1975 y 1988.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El exilio es uno de los cap&iacute;tulos de la historia argentina menos pensado por la sociedad; menos asumido como constitutivo de su identidad&rdquo;, se&ntilde;ala la escritora. &ldquo;S&iacute;, es cierto que en mi exilio ya no ten&iacute;a miedo, pero la angustia me hac&iacute;a dormir con la luz prendida&rdquo; (<strong>Mercedes Sosa</strong>).
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo ser&iacute;a hoy la cotidianeidad del pa&iacute;s si esa parte de la generaci&oacute;n que tuvo que irse en los 70, la misma de los 30 mil desaparecidos, hubiera vivido en una democracia no formal, con tres poderes independientes y sin un Plan C&oacute;ndor que arras&oacute; a toda Am&eacute;rica Latina y fue &ldquo;una verdadera internacional del horror para el secuestro e intercambio de prisioneros pol&iacute;ticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los violentados al destierro conforman un agujero negro para muchos coterr&aacute;neos que ignoran la historia contempor&aacute;nea. Hombres, mujeres y sus familias que militaron por una vida con salud, educaci&oacute;n, alimento y cultura para todas y todos. Esos exiliados que viven en el afuera del pa&iacute;s son quienes ayudaron a rescatar la vida de los de adentro. &ldquo;Es necesario hacer memoria para que ella nos ilumine el presente y no permita que el olvido se nos pegue en la piel&rdquo;, dice el Premio Nobel de la Paz, <strong>Adolfo P&eacute;rez Esquivel</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sab&iacute;a que Mariana escribi&oacute;, junto a <strong>Javier Corcuera</strong>, <em>Revoluci&oacute;n es la palabra</em>, un volumen que recoge los testimonios de las visitas que recibi&oacute; el historiador y escritor <strong>Osvaldo Bayer</strong> durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, organizadas por la propia Dufour. Desfilaron por aquel hogar, llamado amorosamente El Tugurio, los m&uacute;sicos <strong>Miguel &Aacute;ngel Estrella</strong>, <strong>Jaime Torres</strong>, el <strong>Negro Fontova</strong> y una cantidad enorme de gente de la cultura que hablaba de los textos de <strong>Rodolfo Walsh</strong>, <strong>Haroldo Conti</strong> y <strong>Paco Urondo</strong>, amigos del autor de <em>Los vengadores de la Patagonia tr&aacute;gica</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Revoluci&oacute;n es la palabra, s&iacute;, y Libertarios,/ Significantes caros a los pueblos del mundo/ Apropiados por otros de odiointencionados/ Que despojan de vida nuestro suelo fecundo./ Y ac&aacute; est&aacute;s vos Osvaldo, con tu mirada clara/ Y la enorme presencia de tu eterna nobleza/ Abrazando las voces por vos iluminadas/ Tray&eacute;ndonos las huellas de elevadas proezas./ Cu&aacute;ntas estatuas quedan de bronce y sangre sucias/ Engalanando solo la avidez del dinero/ Ofendiendo la historia con &eacute;picas espurias/ Y silenciando honores de gloriosos guerreros</em>, dicen los versos de un extenso poema de Ana Mar&iacute;a Careaga, psicoanalista, docente universitaria, sobreviviente del centro clandestino de detenci&oacute;n &ldquo;Club Atl&eacute;tico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escribimos sobre seres virtuosos o siniestros que est&aacute;n entre nosotros&rdquo;, dice el querido colega <strong>Ricardo Ragendorfer</strong>, flamante ganador de un Mart&iacute;n Fierro. Por eso, Mariana Dufour escribe en sus libros sobre algunos de nuestros contempor&aacute;neos. Por eso yo lo hago sobre ella. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cicatriz-exilio_129_12459724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Jul 2025 13:41:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La cicatriz del exilio]]></media:title>
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