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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Andy Byron]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/andy-byron/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Andy Byron]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Nacen dos estrellas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nacen-estrellas_129_12478053.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2a84bca-5372-4abf-a770-37eb5a21c194_16-9-discover-aspect-ratio_default_1122216.jpg" width="1343" height="755" alt="¿Nacen dos estrellas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante un concierto de Coldplay en el Gillette Stadium de Boston, una kiss cam expuso al CEO de Astronomer, Andy Byron, y a su subordinada del área de Recursos Humanos, Kristin Cabot, en una escena íntima. El registro, captado por una fan y difundido online, desató una tormenta mediática que puso fin abruptamente a la relación y encendió debates la espectacularización del amor en tiempos de vigilancia constante.</p></div><p class="article-text">
        La <em>kiss cam</em>, como la <em>fan cam</em>, como la <em>dance cam</em>, son variantes de la &ldquo;pelotudez cam&rdquo;, un recurso del mundo de los espect&aacute;culos en vivo que naci&oacute; en los estadios de b&eacute;isbol, f&uacute;tbol americano y b&aacute;squet de los Estados Unidos para matar la ansiedad de los espectadores en los tiempos muertos. Son la variante tecnol&oacute;gica de otros ansiol&iacute;ticos p&uacute;blicos destinados a darle &ldquo;algo m&aacute;s&rdquo; a quienes no se conforman con ver el espect&aacute;culo en s&iacute;, y entonces les ofrecen mascotas de peluche con humanos adentro (el que anima la de los Atlanta Hawks en la NBA cobra medio mill&oacute;n de d&oacute;lares por a&ntilde;o), o el <em>halftime</em> del Super Bowl donde las finales pueden ser ensombrecidas por la luz mitol&oacute;gica de <strong>Michael Jackson</strong> o el perreo a cuatro cantos de <strong>Shakira</strong> y <strong>Jennifer L&oacute;pez</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no puede haber (antes s&oacute;lo en esos eventos, ahora en cualquier lado) es una experiencia de pausa o de suspenso que recuerden el vac&iacute;o de la vida o -simplemente- que se puede vivir sin consumir, especialmente im&aacute;genes. El resultado que se persigue, invirtiendo los patrones de contemplaci&oacute;n (ahora miro, ahora me miran) es el del empacho sensorial: que no haya un intersticio por el que pueda filtrarse la inquietud de la intrascendencia. Que siempre est&eacute; pasando algo, aunque ese algo que pase sea Nada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Bajo la estrella de esta mec&aacute;nica rid&iacute;cula, que vuelve tan tristes a los consumidores de espect&aacute;culos que se buscan en las pantalla de los estadios para verse, es decir para &ldquo;auto consumirse&rdquo; mientras se ofrecen a la contemplaci&oacute;n masiva, llegamos el &uacute;ltimo 16 de julio al Gillette Stadium de Boston, en el que <strong>Coldplay</strong> est&aacute; embolsando U$S 6 millones por su show, que transcurre -acorde a la cordialidad del pop- a trav&eacute;s de la en&eacute;sima ejecuci&oacute;n de &ldquo;Yellow&rdquo;: &ldquo;<span class="highlight" style="--color:white;">You know I love you so?&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        Tenemos en el estadio 50 mil personas, mejor dicho 50 mil almas, estremecidas por evocaciones amorosas, ilusiones, manijazos mentales; y 50 mil cuerpos que acompa&ntilde;an a esas almas (son los disfraces circunstanciales de esas almas), balance&aacute;ndose como veleros que se mecen amarrados sobre las aguas impenetrables del amor (perd&oacute;n: es que estoy escuchando &ldquo;Yellow&rdquo;). 
    </p><p class="article-text">
        De pronto, la cat&aacute;strofe: la <em>kiss cam</em> apunta al abrazo, &iexcl;&iquest;qu&eacute; abrazo?!, a la aleaci&oacute;n, a la termofusi&oacute;n de <strong>Andy Byron</strong> (CEO de Astronomer) y <strong>Kristin Cabot</strong> (su subordinada del &aacute;rea de Recursos Humanos). En cinco segundos sucede la tragedia del desprendimiento. Los rostros de los enamorados emanan terror, se desentienden uno del otro, &eacute;l se agacha, ella se pone de espaldas y de pronto el amor que encarnaban desaparece. 
    </p><p class="article-text">
        Si la <em>kiss cam</em>, con prestaciones de fusilamiento en esa noche de Boston, hubiera apenas <em>pasado</em> por las humanidades unificadas de estos t&oacute;rtolos, del incidente s&oacute;lo habr&iacute;a quedado una estela de ambig&uuml;edad, sospechas, preguntas: &iquest;Ese no era Andy Byron? &iquest;Esa no era Kristin Cabot? &iquest;Esos eran Kristin Cabot y Andy Byron? Hasta ellos mismos podr&iacute;a haber incurrido en la duda a d&uacute;o: &ldquo;Amor: &iquest;esos de la pantalla no somos nosotros?&rdquo;. Pero la imagen pasajera de la <em>kiss cam</em> fue filmada por <strong>Grace Springer</strong>, una fan de 28 a&ntilde;os, y colgada en sus cuentas de redes. Alguien reconoci&oacute; a los &ldquo;infractores&rdquo; y el incidente prolifer&oacute; y ahora la noticia corre hasta en los cementerios. 
    </p><p class="article-text">
        Deteng&aacute;monos un instante en Grace Springer, para amonestar con un ch&aacute;s-ch&aacute;s ideol&oacute;gico su entrometimiento &ldquo;blanco&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n la mand&oacute; a operar ese escrache? Su inocencia individual (si no era ella, alguien iba a hacerlo) no la absuelve de entregarse con mansedumbre a la cultura que naturaliza el espionaje telef&oacute;nico, por accidental que sea. Por lo que se le debe reprochar ese servilismo que aporta sangre humana a la salud de las redes, y declarar falsa su inocencia. Y, directamente, denunciar su moral de dos cabezas, una m&aacute;s hueca que la otra. 
    </p><p class="article-text">
        Una de esas dos cabezas &ndash;a la que llamaremos &ldquo;aleccionadora&rdquo;- dijo que una parte de ella se &ldquo;sent&iacute;a mal&rdquo; por poner &ldquo;patas arriba&rdquo; la vida de Cabot y Byron, &ldquo;pero&hellip; si jug&aacute;s juegos est&uacute;pidos, gan&aacute;s premios est&uacute;pidos&rdquo;. La otra &ndash;a la que llamaremos &ldquo;emp&aacute;tica&rdquo;, palabra casi tan fea como el sentido que pretende adjudicarse- dijo que espera que las parejas involucradas en este caso &ldquo;puedan sanar de esto y tener una segunda oportunidad de ser felices, como merecen, con el futuro a&uacute;n por delante&rdquo;. Situaci&oacute;n t&iacute;pica que sucede cuando con dos cabezas no hacemos una. Ni siquiera con tres, si le agregamos a los consejos de esta <em>counselor</em> zombi la cola de paja de Astronomer, la startup de colaboraci&oacute;n abierta a la que reportaban los malogrados Byron y Cabot, que public&oacute; estos p&aacute;rrafos avergonzados: &ldquo;Estamos comprometidos con los valores y la cultura que nos guiaron desde nuestra fundaci&oacute;n. Se espera de nuestros l&iacute;deres que marquen la pauta tanto en conducta como en responsabilidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Comprometidos&rdquo;, &ldquo;valores&rdquo;, &ldquo;cultura&rdquo;, &ldquo;guiaron&rdquo;, &ldquo;l&iacute;deres&rdquo;, &ldquo;pauta&rdquo;, &ldquo;conducta&rdquo;, &ldquo;responsabilidad&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; especie verbal tan artificial, equ&iacute;voca, mersa y m&iacute;stica a la vez puede ser capaz de pronunciarse con esas palabras que no significan nada? &iquest;Hasta cu&aacute;ndo las grandes compa&ntilde;&iacute;as van a seguir esperando de &ldquo;nuestros l&iacute;deres&rdquo; lo imposible? Es decir, que no flaqueen, que no se embarren, que no cedan -nunca, jam&aacute;s- a las debilidades humanas; o, para resumir: que no deseen otra cosa que el crecimiento de la corporaci&oacute;n con la que entran en transferencia a trav&eacute;s de un modelo premium de esclavitud. 
    </p><p class="article-text">
        No debe haber sistema m&aacute;s &ldquo;religioso&rdquo; que el de las corporaciones que embadurnan de lenguaje m&iacute;stico las suciedades de la competencia industrial y la acumulaci&oacute;n y les dan a sus gerentes el sayo de misioneros del bien com&uacute;n. De esa comunidad privilegiada, engre&iacute;da y rob&oacute;tica no se va a salvar en la parte que le toca Andy Byron, cuyos exempleados hacen cola para mantenerlo debajo del tren que acaba de arrollarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el asunto en cuesti&oacute;n no es ese (no ahora), porque el Andy Byron que fue el concierto de Coldplay en Boston no es el CEO de Astronomer sino -vamos con las may&uacute;sculas- Un Hombre Enamorado. Por lo tanto, no es un sujeto sino un marmota volatilizado por el milagro de su encuentro c&oacute;smico con la querida Kristin Cabot, destruido por Grace Springer, la boluda total cuyos ojos son su tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        En los cinco segundos que reproduce la <em>kiss cam</em> de la muerte puede verse lo elevado del encuentro amoroso entre Kristin Cabot y Andy Byron, y su precipitaci&oacute;n. Sus rostros, desfigurados por los escalofr&iacute;os de la flagrancia merecen la solidaridad internacional de aquellos que creen en el amor en cualquiera de sus variantes, incluyendo las suicidas. En ese punto del tiempo puede observarse todo el proceso del drama y, tambi&eacute;n, la sospecha de que no fueron al Gillette Stadium de Boston a hacerse ver sino a esconderse en la multitud como dos agujas en un pajar. Y hasta el momento en que fueron descubiertos, &iquest;qu&eacute; otra cosa sensaci&oacute;n pudieron haber experimentado que ser invencibles por ser invisibles?
    </p><p class="article-text">
        A partir de ahora puede pasar de todo, y todo ser&aacute; de orden secundario. La esposa legal de Andy Byron podr&iacute;a presentar el divorcio, el agraciado compa&ntilde;ero de Kristin Cabot podr&iacute;a hacer lo mismo, Kristin Cabot podr&iacute;a decirle a Andy Byron &ldquo;&iquest;por qu&eacute; te agachaste?&rdquo; y Andy Byron a Kristin Cabot &ldquo;&iquest;y vos por qu&eacute; te diste vuelta?&rdquo;, Andy Byron y Kristin Cabot podr&iacute;an casarse una vez divorciados y demandar a Coldplay y a Grace Springer y a Astronomer por dejarlos sin trabajo. Pase lo que pase, parece que el da&ntilde;o ya est&aacute; hecho. &iquest;O nacen dos estrellas?  
    </p><p class="article-text">
        <em>JJB/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nacen-estrellas_129_12478053.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Jul 2025 03:02:29 +0000]]></pubDate>
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