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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Norah Lange]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Norah Lange]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Día de las infancias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dia-infancias_129_12538945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d7fa2e91-bbac-445a-b2a1-05819b102c57_16-9-discover-aspect-ratio_default_1123963.jpg" width="260" height="146" alt="Día de las infancias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Escapando a nuestra propia adultez y endiosando a unos niños imaginarios, los adultos terminamos por inventar para ellos un lugar de sacralidad pero también de exigencia a la que nosotros mismos no nos sometemos.</p></div><p class="article-text">
        <em>Cuadernos de infancia</em>, de <strong>Norah Lange</strong>, es un libro que releo bastante seguido; pero creo que esta es la primera vez que el ahora llamado &ldquo;d&iacute;a de las infancias&rdquo; coincide con una de esas relecturas. Lo que me llama la atenci&oacute;n de este texto, que es la obra maestra maestra de su autora, es que me parece dificil&iacute;simo hacer buenos relatos de la ni&ntilde;ez, sobre todo en registros autobiogr&aacute;ficos: hay algo de un artista cont&aacute;ndote su infancia que es un poco como cuando alguien te cuenta un sue&ntilde;o, la sensaci&oacute;n de un cuento que le interesa solo a quien lo cuenta. De <em>La amiga estupenda</em> de <strong>Elena Ferrante</strong> el primer tomo, el dedicado a la infancia de Lenu y Lila, fue el que menos me gust&oacute; retrospectivamente, pero nunca deja de parecerme una proeza que logre interesarnos lo suficiente como para llegar luego a los tomos m&aacute;s sustantivos de juventud y adultez; ni siquiera <em>Mujercitas</em>, un libro escrito para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, hubiera sobrevivido si al principio del libro Meg y Jo no fueran casi adolescentes. Por supuesto estoy dispuesta a aceptar que es un tema m&iacute;o: la infancia es para m&iacute; la monoton&iacute;a del encierro, la sensaci&oacute;n de que para todo hay que pedir permiso, de que te lleven de un lugar a otro sin que tengas mucho que decir al respecto. No deber&iacute;a ser un obst&aacute;culo para la aventura, si a m&iacute; me encantan los libros sobre gente que est&aacute; secuestrada o tiene trabajos rutinarios; pero por alguna raz&oacute;n, evidentemente, me cuesta m&aacute;s entender a esos a&ntilde;os como interesantes que a otros lectores. 
    </p><p class="article-text">
        Todo esto para decir que <em>Cuadernos de infancia </em>es todo lo contrario: es un libro que te hace desear que sus personajes no crezcan nunca. En parte hay una cuesti&oacute;n de &eacute;poca: la infancia era otra cosa a principios del siglo XX, cuando fue ni&ntilde;a Norah Lange. <em>Cuadernos de infancia </em>es un libro lleno de mugre, enfermedad y muerte, y no porque se trate de una vida cruzada por la tragedia; para nada. Lange naci&oacute;, claramente, en una familia de inmigrantes acomodados, de ni&ntilde;as educadas entre el campo y la ciudad por institutrices inglesas; pero incluso esos ni&ntilde;os, en esa &eacute;poca, estaban expuestos a unas verdades de la vida para las que hoy ni siquiera los adultos tenemos est&oacute;mago. Lange cuenta la historia, por ejemplo, de un matrimonio que viv&iacute;a en un rancho vecino, tan pobres que cuando la mujer muri&oacute; de tuberculosis el marido toc&oacute; la puerta en la casa de su familia para pedir un alfiler de gancho para su camisa y no enterrarla con el torso desnudo. Cuando el padre de Norah fue al d&iacute;a siguiente a verlo lo encontr&oacute; martillando el caj&oacute;n, que conten&iacute;a el cad&aacute;ver que &eacute;l mismo hab&iacute;a envuelto en una s&aacute;bana. Hace algo de trampa, si se quiere, Lange: no vio ella esa imagen, pero el solo hecho de que su padre se lo hubiera contado ya nos ubica en una apertura hacia el mundo y su violencia muy distinta de la que vivimos los ni&ntilde;os de los a&ntilde;os ochenta (m&aacute;s o menos) para este lado. No lo digo como algo bueno; no siempre lo que es bueno para la literatura es bueno para la vida.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los tiempos, Lange encuentra una rareza, que es la voz justa para contar la inocencia y la curiosidad de la infancia con la inteligencia de la madurez: el libro es extraordinario porque te da la sensaci&oacute;n de estar en presencia de una cantidad desmesurada de verdad, una verdad solo posible por la forma, por la belleza, por el artificio. Si Norah Lange logra dejar as&iacute; de desnuda la sustancia de la infancia es porque miente un poco con su voz, con sus ojos, con sus escenas: es porque tiene la serenidad para mirar agudeza, sin idealizar y sin glosar de m&aacute;s, sin explicar lo que para una ni&ntilde;a es inexplicable pero no dej&aacute;ndonos, tampoco, en la intemperie del vocabulario infantil.
    </p><p class="article-text">
        Pienso mientras leo sobre esta infancia cruda y perversa de Norah Lange el lugar social que les asignamos a las infancias en nuestra &eacute;poca. Recuerdo un libro que a m&iacute; me encant&oacute; sobre el que he le&iacute;do pestes, <em>No future</em> de <strong>Lee Edelman</strong>. Muchas interpretaciones, incluso de grandes autores, parec&iacute;an pensar que cuando Edelman habla del futurismo reproductivo y de lo queer como la negaci&oacute;n y la posibilidad de la subversi&oacute;n de esa ret&oacute;rica sobre lo bueno &ldquo;para los ni&ntilde;os&rdquo; est&aacute; hablando en contra del cuidado, en contra de los hijos, en contra de los ni&ntilde;os. Me sorprende, realmente: para m&iacute; es obvio que Edelman habla en contra del <em>uso</em> que hacemos los adultos de los ni&ntilde;os en nuestros discursos morales. Habla de c&oacute;mo la misma sociedad que reivindica la cosificaci&oacute;n de adolescentes casi ni&ntilde;as grita luego &ldquo;con mis hijos no&rdquo;; habla de c&oacute;mo inventamos para ellos un lugar de sacralidad pero tambi&eacute;n de exigencia a la que los adultos no nos sometemos. 
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; en eso hace unos d&iacute;as, en un aeropuerto provincial en el que vi una zona de lectura para ni&ntilde;os con libros gratis a disposici&oacute;n; por supuesto que para adultos no hay nada parecido, los mismos adultos que no leen libros se escandalizan con lo poco que leen sus hijos. Lo pienso cuando veo padres obsesionados hasta el exceso con la alimentaci&oacute;n saludable de sus hijos mientras ellos (con much&iacute;simo m&aacute;s riesgo card&iacute;aco e hipertensi&oacute;n que un chico) se meten cualquier cosa sin pensar. Edelman no hablaba contra los ni&ntilde;os: hablaba contra la utilizaci&oacute;n de la figura del ni&ntilde;o como s&iacute;mbolo de futuro y de pureza, como excusa para no ocuparse del presente o de nosotros mismos, como si esa utilizaci&oacute;n fuera un acto de amor y no algo mucho m&aacute;s retorcido. 
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; a pensar en esto una &uacute;ltima vez cuando escuch&eacute;, en el programa de <strong>Mar&iacute;a O&acute;Donnell</strong> en <em>Radio con Vos</em>, que la industria del juguete est&aacute; en problemas porque los ni&ntilde;os dejan de jugar con juguetes cada vez m&aacute;s temprano; el que lleva un juguete al colegio a los ocho o nueve, dec&iacute;an, queda como un bebote digno de humillaci&oacute;n. Trato de entender entonces el esquema de la &eacute;poca: los adultos escapando a nuestra propia adultez y endiosando a unos ni&ntilde;os imaginarios, los ni&ntilde;os reales ya hartos de ser ni&ntilde;os, el futurismo reproductivo en su m&aacute;xima expresi&oacute;n: en el discurso hay futuro y hay pasado, hay promesa y hay nostalgia, pero nada de presente, nada de lo que no es una preparaci&oacute;n para otra cosa sino que es, ahora mismo, esa cosa. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dia-infancias_129_12538945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Aug 2025 03:03:54 +0000]]></pubDate>
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