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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Chloë Sevigny]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Chloë Sevigny]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La cultura del cinismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cultura-cinismo_129_12552981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b3f0a86-9572-40d3-9b04-55ab4cf76efa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cultura del cinismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hablar mucho de política es casi una compulsión cultural, no siempre para entender más, sino para ocupar un lugar en la conversación o ubicarse en algún bando.</p></div><p class="article-text">
        Ya lo he dicho muchas veces, es dif&iacute;cil escribir todas las semanas en este pa&iacute;s una columna que no habla de coyuntura pol&iacute;tica. No es que pasen aqu&iacute; &ldquo;m&aacute;s cosas&rdquo; de las que pasan en otros pa&iacute;ses, por lo menos si hablamos de nuestra regi&oacute;n: nuestra vida pol&iacute;tica no es m&aacute;s inestable, movida o accidentada que las de Per&uacute;, Chile, Bolivia o Brasil. Pero supongo que s&iacute; hay una diferencia dif&iacute;cil de describir en el &aacute;mbito discursivo, un goce en desmenuzar el d&iacute;a a d&iacute;a de la cosa p&uacute;blica, un rasgo cultural que nos convoca a sentir una responsabilidad, incluso, de hablar mucho de pol&iacute;tica. Eso debe tener sus externalidades positivas, pero no hay que exagerarlas. Siempre recuerdo (y perd&oacute;n si lo cito demasiado seguido) lo que dice Foucault en el primer tomo de <em>Historia de la sexualidad</em>: no es verdad que siempre hablar m&aacute;s sobre sexo es &ldquo;liberador&rdquo; respecto del sexo. No funciona as&iacute; el discurso. Hay un punto en el que hablar sobre sexo o sobre pol&iacute;tica se trata m&aacute;s de instalar una forma correcta de hablar sobre algo que de efectivamente enterarse de algo; las palabras exhiben, pero tambi&eacute;n organizan. Al tiempo que exhiben, entonces, tambi&eacute;n ocultan. Separan la luz de la oscuridad y las aguas del cielo de las de la Tierra, como el Dios del<em> G&eacute;nesis</em> el d&iacute;a que invent&oacute; el mundo y el lenguaje. 
    </p><p class="article-text">
        Todo esto para decir que escribir sobre un libro, un chisme, una pel&iacute;cula o cualquier imagen azarosa que a una se le haya cruzado en el camino en lugar de dedicarse a reiterar el minuto a minuto de la corrupci&oacute;n y el desempleo a veces se lee como un escapismo, o como si una viviera en Marte; no creo que sea hacer patria, no creo que tenga nada necesariamente edificante pensar y escribir sobre nada, pero hay algo que tampoco se siente constructivo o comprometido de sumarse al runr&uacute;n constante sobre el devenir de nuestro chiquitaje pol&iacute;tico solo para demostrar que una tambi&eacute;n mira, que una tambi&eacute;n presta atenci&oacute;n, o que una est&aacute; del lado correcto, sobre todo si no se tiene, como es mi caso, nada que agregar. Hace poco una alumna en un taller me pregunt&oacute; si exist&iacute;a alguna diferencia entre un ensayo y una columna de opini&oacute;n, y yo le dije que no se me ocurr&iacute;a, pero ahora s&iacute; se me ocurre. En un ensayo una intenta, con mayor o menor &eacute;xito, darle lugar a un pensamiento, una imagen o una idea; opinar, en cambio, es suscribir a una posici&oacute;n u otra de otras que ya se suponen disponibles, fijadas. No sumarle al mundo, en otras palabras, ninguna novedad: solamente ubicarse. Supongo que es importante si uno es un funcionario en campa&ntilde;a o un ministro de relaciones exteriores; para el resto de nosotros, es vagancia y narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        Hace un par de semanas vi en Mubi <em>Magic Farm</em>, una pel&iacute;cula biling&uuml;e y extra&ntilde;a escrita y dirigida por la joven argentina (criada en Espa&ntilde;a) <strong>Amalia Ulman</strong>. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n en principio, supongo, por la misma raz&oacute;n que a otros espectadores argentinos: la posibilidad inveros&iacute;mil de ver actuar juntas a la reina del indie neoyorquino <strong>Chlo&euml; Sevigny</strong> y la reina del teatro independiente nacional <strong>Valeria Lois</strong>. Finalmente en la pel&iacute;cula creo que Sevigny y Lois no comparten ninguna escena, pero ambas se lucen a su manera como divas fuera de lugar: Sevigny como la conductora de un programa claramente berreta sobre &ldquo;tendencias alrededor del mundo&rdquo;, autopercibida mezcla de <strong>Susana Gim&eacute;nez</strong> con <strong>Oriana Fallacci</strong>, Lois como una de esas se&ntilde;oras medio jefas de pueblo que parecen estar la mitad del tiempo tratando de resolverle la vida a todo el mundo y la otra mitad deliciosamente desinteresadas en cualquier cosa que no se trate de ellas mismas. Es de hecho Popa, el personaje de Vale Lois, la encargada de revelarle a la crew del programa que no est&aacute;n encontrando al m&uacute;sico que vieron en TikTok porque se equivocaron de pa&iacute;s. A partir de ese descubrimiento, los productores deciden hacer lo que har&iacute;a cualquier profesional razonable en su lugar: inventar una tendencia y filmarla y listo, que est&aacute; ya est&aacute; todo pago y ac&aacute; nadie se iba a ganar un Pulitzer de todos modos.
    </p><p class="article-text">
        Para los cr&iacute;ticos ingleses o norteamericanos, por lo que vi en sus rese&ntilde;as, el gran tema de la pel&iacute;cula es el choque cultural entre los productores hipsters y los lugare&ntilde;os; yo no sent&iacute; eso para nada, m&aacute;s all&aacute; de alg&uacute;n que otro chiste. Es refrescante, de hecho, que no muestren al puelo enloquecido por recibir unos gringos, como si nunca hubieran visto uno: ni unos ni otros parecen tan sorprendidos por nada, salvo el personaje de Sevigny, que justamente se lee como un poco anticuado. Todos los dem&aacute;s est&aacute;n, simplemente, tratando de hacer su trabajo, y en el medio de pasarla bien: conocer gente, conectar con sus compa&ntilde;eros y tambi&eacute;n con los desconocidos, volver a casa con algo que contar. Pero quiz&aacute;s lo que m&aacute;s interesante me pareci&oacute; fue el hecho de que casi desde el principio, mientras los norteamericanos hacen lo que pueden para inventarse un programa, se hace evidente que hay alg&uacute;n tipo de crisis ambiental en el pueblo. Todos son igual de indiferentes a ella: los lugare&ntilde;os la dan por sentada, mencionando las curiosas enfermedades de la gente, incluso suponiendo sus causas, como una ocurrencia cualquier; los gringos oyen con cara de nada, como si les hablaran del clima. No son unos demonios, no vemos al pueblo pidiendo ayuda y a ellos neg&aacute;ndose a darla: simplemente est&aacute;n todos en sus cosas. No subraya para nada la pel&iacute;cula esa contradicci&oacute;n de la &eacute;poca del contenido, en la que una tendencia falsa es m&aacute;s interesante que una oportunidad de periodismo genuina. 
    </p><p class="article-text">
        Me encanta que no aparezca ning&uacute;n personaje a enunciar el dilema: que nadie venga a preguntar si ellos hacen periodismo o hacen ruido: nada, es un debate viejo, ya se olvidaron, no es culpa de nadie, pero es as&iacute;. Es esto lo que me gust&oacute;, finalmente: los personajes en general son sensibles y atentos. No hace falta que sean c&iacute;nicos para que sean habitantes y part&iacute;cipes de la cultura del cinismo.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cultura-cinismo_129_12552981.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Aug 2025 03:03:27 +0000]]></pubDate>
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