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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Cesare Pavese]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/cesare-pavese/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cesare Pavese, el escritor melancólico que nos lleva al paraíso perdido de la infancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cesare-pavese-escritor-melancolico-lleva-paraiso-perdido-infancia_1_12561224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cdfdb4e1-92c0-4b8a-9a22-746c2655306f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1798y1282.jpg" width="1200" height="675" alt="Cesare Pavese, el escritor melancólico que nos lleva al paraíso perdido de la infancia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con motivo del 75 aniversario de su muerte este 27 de agosto, los libros del autor turinés vuelven a las librerías</p><p class="subtitle">Tali Goldman: “La crónica se volvió un lugar de resistencia para un periodismo que pide tiempo”</p></div><p class="article-text">
        Tur&iacute;n, 27 de agosto de 1950. En la habitaci&oacute;n de un hotel, un hombre decide poner fin a su vida. Ingiere m&aacute;s de diez pastillas de barbit&uacute;ricos, de las que toma para dormir. Unos d&iacute;as atr&aacute;s, el 18 de ese mes, escribi&oacute; en su diario: &ldquo;Siempre sucede lo m&aacute;s secretamente temido. [&hellip;] Todo esto da asco. No palabras. Un gesto. No escribir&eacute; m&aacute;s&rdquo;. Cumpli&oacute;: no hubo m&aacute;s entradas. Pero termin&oacute; un libro de poes&iacute;a. <em>Vendr&aacute; la muerte y tendr&aacute; tus ojos</em> (1950), dedicado a la mujer que le rompi&oacute; el coraz&oacute;n por &uacute;ltima vez, la actriz Constance Dowling. Y escribi&oacute; unas l&iacute;neas de despedida, en la primera p&aacute;gina del libro que dej&oacute; en la mesilla, <em>Di&aacute;logos con Leuc&oacute;</em> (1947), su obra m&aacute;s querida: &ldquo;Perdono a todos y a todos pido perd&oacute;n. &iquest;De acuerdo? No chismorreen demasiado&rdquo;. Ten&iacute;a 41 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ese hombre, que desde aquel d&iacute;a pas&oacute; a engrosar la lista del club de los poetas suicidas, se llamaba Cesare Pavese. </strong>Hab&iacute;a nacido el 9 de septiembre de 1908 en el municipio Santo Stefano Belbo, una peque&ntilde;a localidad del Piamonte rural, unos kil&oacute;metros al sureste de Tur&iacute;n. Los paisajes de esta tierra, lugar de veraneo de la familia, le inspiraron numerosas novelas, con sus colinas, sus campos, su cercan&iacute;a al mar. El pueblo era el destino de los que volv&iacute;an a sus ra&iacute;ces, para recrearse en el universo de esa infancia que no volver&aacute;. Y para desenga&ntilde;arse, claro. Las hogueras lo arrasaban todo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por aquel entonces siempre era fiesta&rdquo;, reza el principio de <em>El bello verano</em> (1949), una de sus novelas m&aacute;s apreciadas, que le vali&oacute; el Premio Strega 1950, el m&aacute;s prestigioso de Italia. En sus historias hab&iacute;a dicha &ndash;muchachas risue&ntilde;as, j&oacute;venes apasionados, amistad, ruido, verano&ndash;, pero siempre se terminaba; el pueblo tambi&eacute;n era el lugar donde uno se daba cuenta de que la felicidad de anta&ntilde;o no volver&iacute;a. El incendio, la violencia, el dolor. La p&eacute;rdida de esperanza, sobre todo. Primero se perd&iacute;a la inocencia, y luego, quiz&aacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde, la ilusi&oacute;n, los sue&ntilde;os. Los de ellos y los de ellas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/e58a5d05-5522-45c0-8b0c-46d0add0730e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Porque perfil&oacute; muy bien la psicolog&iacute;a de ambos g&eacute;neros: las j&oacute;venes protagonistas de <em>El bello verano</em> (1949) o las ya m&aacute;s adultas de <em>Entre mujeres solas</em> (1949), estas asentadas en la ciudad de Tur&iacute;n; los chicos de <em>El diablo en las colinas</em> (1948) o de su &uacute;ltimo libro, <em>La luna y las fogatas </em>(1950). <strong>Ten&iacute;a fama de melanc&oacute;lico, y melancol&iacute;a se respiraba en cuanto escrib&iacute;a</strong>: la nostalgia por la infancia irrecuperable, la imagen m&iacute;tica del entorno y el curso de las estaciones, los amores a medias, los tiempos en los que la muerte todav&iacute;a no los acechaba, el misterio inalcanzable que cada ser humano lleva dentro de s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Con esa ciencia macabra del capitalismo, que se sirve de cualquier pretexto para hacer caja, este 75 aniversario de su muerte ha impulsado la recuperaci&oacute;n de algunos de sus libros, aunque es justo reconocer que los m&aacute;s importantes, como sus <em>Poes&iacute;as completas</em> (Visor, 2015, trad. Carles Jos&eacute; i Solsona) o los diarios de <em>El oficio de vivir</em> (Seix Barral, 2022, trad. &Aacute;ngel Crespo), casi siempre han estado disponibles en una u otra edici&oacute;n. Entre los &uacute;ltimos en llegar a las librer&iacute;as est&aacute;n <em>La c&aacute;rcel</em> (1938-39; Reino de Cordelia, 2024, trad. Asunci&oacute;n Garc&iacute;a Iglesias), <em>El diablo en las colinas</em> (1948; Altamarea, 2024, trad. Carlos Claver&iacute;a) y <em>Cartas de desamor</em> (Altamarea, 2024; trad. Carlos Claver&iacute;a).
    </p><h2 class="article-text">Una y otra vez la misma historia</h2><p class="article-text">
        Hay autores que parecen escribir una y otra vez el mismo libro, y Cesare Pavese podr&iacute;a ser uno de ellos. <a href="https://www.zendalibros.com/la-playa-de-pavese/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dice Luisg&eacute; Mart&iacute;n</a> en el pr&oacute;logo de <em>La playa</em> que &ldquo;su gran obra no lleg&oacute; a escribirla nunca, y es quiz&aacute; por eso por lo que resulta tan dif&iacute;cil escoger de entre sus libros solo uno&rdquo;, y tal vez est&eacute; en lo cierto, lo que no significa que sus novelas no merecieran esa calificaci&oacute;n, sino que se mantuvo tan constante, tan inmerso en su mundo, que nunca dio ning&uacute;n paso en falso, nunca se desbord&oacute; en la p&aacute;gina como se desbordan los insensatos que escriben lo que alg&uacute;n d&iacute;a ser&aacute; elevado a la categor&iacute;a maestra; las grandes obras siempre tienen un punto de locura, de riesgo, de falla.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/1f4c9229-2228-4024-801e-0eae2b3f8700_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Las novelas de Cesare Pavese hacen que escribir parezca f&aacute;cil</strong>. Repit&aacute;moslo: parezca. Breves, escritas en un estilo fluido, pr&oacute;ximo al habla coloquial, con abundante di&aacute;logo, de tipo realista, con gente sencilla como protagonistas, sin m&aacute;s arco argumental que el devenir de los d&iacute;as, las primaveras, los veranos. Pese a llevar lo que se dice una vida de intelectual &ndash;con su trabajo en la editorial Einaudi, su contacto con el c&iacute;rculo bohemio y su rutina establecida en la ciudad&ndash;, siempre volv&iacute;a, en la literatura, al campo, al origen, con una remembranza entre la enso&ntilde;aci&oacute;n apacible y la fractura del despertar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4824ab1a-ca90-48b9-98c3-58de1b930a03_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Sus obras tienen, como la obra de cualquier escritor, mucho de s&iacute; mismo, aunque las encubra bajo la capa de la ficci&oacute;n. <em>La c&aacute;rcel</em>, por ejemplo, bebe de su experiencia en prisi&oacute;n en 1935, cuando lo detuvieron por antifascismo: el protagonista es un hombre que trata de volver a la sociedad mientras sufre un profundo, e irrecuperable, desarraigo interno. En <em>El diablo en las colinas</em>, la acci&oacute;n gira en torno a un grupo de estudiantes que disfruta del veraneo con su despreocupaci&oacute;n juvenil, aunque el momento en el que la apariencia de tranquilidad se rompe no tarda en llegar.
    </p><p class="article-text">
        Porque siempre llega, al menos en los libros de Pavese, que comienzan como escenas rutinarias que, sin que uno sepa explicar c&oacute;mo, as&iacute; de sutil es el narrador, as&iacute; de limpia la prosa, algo los va removiendo por dentro hasta arrasar con todo. En ocasiones, ese algo viene del pasado, del trauma de la guerra, de la dureza de los primeros a&ntilde;os de la posguerra. A menudo se asocia el suicidio del autor con su mala suerte en el amor, pero lo cierto es que ya hac&iacute;a tiempo que arrastraba un c&uacute;mulo de experiencias dif&iacute;ciles de gestionar para cualquiera, como sus vivencias durante la contienda, con el mencionado paso por la c&aacute;rcel o la muerte de amigos como el intelectual Leone Ginzburg.
    </p><h2 class="article-text">El amigo introvertido e ir&oacute;nico</h2><p class="article-text">
        La amistad fue otra pieza fundamental de su vida, pese a su reputaci&oacute;n de introvertido. Su actividad profesional siempre estuvo ligada a Einaudi, la editorial fundada en 1933 por Giulio Einaudi, que habr&iacute;a de convertirse en referente de la edici&oacute;n italiana. All&iacute; no solo public&oacute; su obra, sino que form&oacute; parte de su n&uacute;cleo duro, trabaj&oacute; codo con codo con el equipo para sacar adelante el resto de proyectos. Su amiga Natalia Ginzburg, otra de las grandes voces del siglo XX italiano y la esposa de su colega Leone, escribi&oacute; sobre &eacute;l en <em>L&eacute;xico familiar</em> (1963) que es una l&aacute;stima que se haya perdido su iron&iacute;a, un rasgo del car&aacute;cter de Pavese que no revelaba por escrito y que su suicidio de alg&uacute;n modo empa&ntilde;&oacute;, pero que era muy grato para quienes trataron con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        De sus colaboraciones editoriales, destaca su labor como traductor: desde que estudiaba se interes&oacute; por la literatura norteamericana, de la que se convirti&oacute; en especialista y firm&oacute; una serie de art&iacute;culos, <em>La literatura norteamericana y otros ensayos</em> (Lumen, 2011; trad. Elcio Di Fiori). Lejos de constituir un trabajo menor o una curiosidad dentro de su obra, estos textos revelan a Pavese como lector, y por lo tanto son una suerte de autobiograf&iacute;a involuntaria en la que somos testigos de su crecimiento, sus intereses, sus hallazgos, que tienen su paralelismo con sus propias creaciones.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/6b30219d-8e4e-487b-906c-54ca99ed9bb4_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Escribi&oacute; un libro dif&iacute;cil de catalogar, que se sale de su realismo acostumbrado: <em>Di&aacute;logos con Leuc&oacute;</em> (1948; Altamarea, 2019, con traducci&oacute;n de Carlos Claver&iacute;a), una obra de marcado car&aacute;cter filos&oacute;fico, en la que pone a debatir a los dioses y los h&eacute;roes de la mitolog&iacute;a griega; una cultura b&aacute;sica en la formaci&oacute;n de los italianos. En estas piezas se sirve del m&eacute;todo socr&aacute;tico de la conversaci&oacute;n para preguntarse por las dudas existenciales universales, como la muerte, el miedo, la fatalidad o el final de la inocencia. De alg&uacute;n modo, los di&aacute;logos condensan, en el lenguaje simb&oacute;lico del mito, los grandes temas de la literatura pavesiana: &ldquo;Todos tenemos una monta&ntilde;a de la infancia. Y por lejos que se vagabundee, se caminan siempre sus senderos. All&iacute; fuimos hechos lo que somos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como suele suceder con los autores que se suicidan, existe cierta curiosidad en torno a sus &uacute;ltimos d&iacute;as. En un intento de comprender, o cuando menos de acercarse a &eacute;l, a ese Pavese abatido, algunos escritores han vuelto sobre sus pasos, como Juan Tall&oacute;n en <em>Fin de poema</em> (2013; Anagrama, 2025), donde recrea sus &uacute;ltimas horas y las de otros poetas suicidas (Gabriel Ferrater, Alejandra Pizarnik y Anne Sexton), o Fr&eacute;d&eacute;ric Pajak en <em>La inmensa soledad</em> (1999; Errata Naturae, 2015, trad. Javier de Prado Biezma), un ensayo gr&aacute;fico donde convergen en Tur&iacute;n Pavese, Nietzsche, que sufri&oacute; un colapso nervioso en la ciudad, y el propio autor, en una suerte de confluencias de personajes atormentados.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/2357e84e-ac79-42f2-a8a3-74bda4bdf5e6_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El m&aacute;s reciente en indagar en sus &uacute;ltimos d&iacute;as ha sido un escritor franc&eacute;s radicado en Roma, Pierre Adrian, que en <em>Hotel Roma</em> (2024; Tusquets, 2025, trad. Juan Manuel Salmer&oacute;n Arjona) novela ese verano de 1950, acompa&ntilde;ando a Pavese en sus paseos por la ciudad o el monte, con amigos y con mujeres, con sus obsesiones y sus escritos, en un hermoso homenaje al que considera mucho m&aacute;s que un escritor de cabecera: &ldquo;Cesare Pavese pas&oacute; a ser el escritor de mis treinta a&ntilde;os&rdquo;, escribe Pierre Adrian en el pr&oacute;logo, &ldquo;porque yo ya no buscaba un maestro, sino un amigo que me hiciera compa&ntilde;&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Leer a Pavese &ndash;y leer a quienes lo han sabido entender, quienes han dedicado su tiempo a estudiarlo, a revivirlo, a quererlo&ndash;, en efecto, brinda compa&ntilde;&iacute;a, la de la literatura que va directa al tu&eacute;tano, sin constructos artificiales. En sus obras brilla lo que convierte a alguien que escribe en un escritor: la mirada personal, &uacute;nica, sobre una forma de habitar el mundo. La suya sigue muy viva, muy l&uacute;cida, embarcando al lector en sus narraciones y transmiti&eacute;ndole su desgarro, revelando la fragilidad de la juventud y la fatiga de quien est&aacute; de vuelta de todo. Sigue expresando como nadie la soledad, c&oacute;mplice de creaciones y desesperaciones: &ldquo;Se vive rodeado de gente&rdquo;, escribi&oacute; en <em>La c&aacute;rcel</em>, &ldquo;pero es estando en soledad cuando podemos pensar en las cosas que de verdad nos conciernen&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/cesare-pavese-escritor-melancolico-lleva-paraiso-perdido-infancia_1_12561224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Aug 2025 09:16:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Cesare Pavese,Libros]]></media:keywords>
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