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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Anna Freud]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/anna-freud/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Anna Freud]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El goce de pegar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-pegar_129_12563709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/639de898-79ef-4ad9-9c65-919f738e7277_16-9-discover-aspect-ratio_default_1124754.jpg" width="666" height="374" alt="El goce de pegar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría de las personas rehúyen los actos agresivos, pero a través de las imágenes realizan lo que nunca harían en la realidad. Esta es la mediación de la fantasía. En el ser humano, el placer de ver es más potente que el de actuar.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No me peguen, soy Giordano&rdquo;, dijo una vez un c&eacute;lebre estilista y dicha frase pas&oacute; a la posteridad. Es dif&iacute;cil pensar que le hayan dejado de pegar por ese motivo. Al contrario, si la frase adquiri&oacute; popularidad es por la impotencia que denot&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco hubo un penoso episodio en una cancha de f&uacute;tbol &ndash;como tantos otros&ndash; y no falt&oacute; la multiplicaci&oacute;n de im&aacute;genes. De este desplazamiento (de los hechos a las im&aacute;genes) se desprende una conclusi&oacute;n freudiana: ver c&oacute;mo le pegan a otro puede ser m&aacute;s excitante que el mismo acto de pegar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se explica esto? La mayor&iacute;a de las personas reh&uacute;yen los actos agresivos, pero a trav&eacute;s de las im&aacute;genes realizan &ndash;mediadamente&ndash; lo que nunca har&iacute;an en la realidad. Esta es la mediaci&oacute;n de la fantas&iacute;a. Entonces, no es tan claro que hacer algo a trav&eacute;s de la fantas&iacute;a sea en verdad un equivalente de la acci&oacute;n real. En el medio est&aacute; el placer de ver.
    </p><p class="article-text">
        En el ser humano, el placer de ver es m&aacute;s potente que el de actuar. Verse haciendo algo que nunca se har&iacute;a es m&aacute;s excitante que verse haciendo lo que se har&iacute;a. Esto sirve para ubicar el modo en que la fantas&iacute;a le agrega un <em>plus</em> a la realidad y permite entender un dato b&aacute;sico de la neurosis: los neur&oacute;ticos fantasean con actos que, si los hicieran, les causar&iacute;a horror.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo una amiga me cont&oacute; que, leyendo una escena de terror en una novela, sinti&oacute; placer sexual y tuvo que realizar un acto de descarga. Eso despu&eacute;s le produjo culpa; por suerte no dej&oacute; de hacerse la pregunta: &iquest;por qu&eacute; me excit&eacute; de ese modo? Una inquietud de este tenor es la que llev&oacute; a <strong>Sigmund Freud</strong> a escribir un art&iacute;culo que se titul&oacute; &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo maravilloso de este texto es que nace de la experiencia de an&aacute;lisis de algunos pocos casos, entre ellos, el de su hija Anna. Como analista de su hija, Freud descubri&oacute; una fantas&iacute;a de flagelaci&oacute;n como principal excitante de su erotismo. Incluso, la misma Anna escribi&oacute; una ponencia en la que detallo esta fantas&iacute;a &ndash;claro, como si fuera un caso bajo su tratamiento y no su propio caso.
    </p><p class="article-text">
        La idea central de Freud es que la excitaci&oacute;n de la fantas&iacute;a, en que se ve que se le pega a otro, proviene de la desfiguraci&oacute;n de una posici&oacute;n masoquista (ser pegado). Excita ver que se le pega a otro &ndash;algo que nunca har&iacute;amos&ndash; como un modo de velar el deseo inconsciente de ser pegados. No son pocos los neur&oacute;ticos que, por cierto, se alivian con la idea de que a otro le pase algo terrible, con la superstici&oacute;n de que as&iacute; zafaron ellos.
    </p><p class="article-text">
        Un derivado de esta actitud neur&oacute;tica la vemos en el morbo de quienes no pueden dejar de mirar un accidente que ocurre al costado de la ruta. En efecto, no son pocos los accidentes que se producen porque un neur&oacute;tico se puso a mirar el accidente de otro. Habr&iacute;a que llegar a otra conclusi&oacute;n freudiana: el goce del placer de ver se resuelve con el golpe masoquista.
    </p><p class="article-text">
        Si hubiera que ilustrar esto &uacute;ltimo con la informaci&oacute;n que proviene de otra experiencia, para darle una confirmaci&oacute;n ampliada, habr&iacute;a que decir que algo semejante ocurre con los porn&oacute;grafos, que se satisfacen mucho m&aacute;s en el placer pasivo que le suponen a la mujer que con la identificaci&oacute;n con el hombre que penetra. En la cl&iacute;nica con neur&oacute;ticos obsesivos, no es extra&ntilde;o escuchar que la masturbaci&oacute;n pornogr&aacute;fica muchas veces tiene como acto final ir al ba&ntilde;o a defecar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jacques Lacan</strong> dijo alguna vez que el masoquismo femenino es una fantas&iacute;a masculina. Esta frase se entiende de la misma manera que la afirmaci&oacute;n freudiana: el placer que se juega en la fantas&iacute;a es encubridor. Nadie goza de que aquello que le da placer. El placer justamente es un modo de reprimir el goce. Entonces, volvamos con esta idea a nuestro punto de partida, para entender mejor el sentido de esta reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces nos preguntamos por qu&eacute; alguien se dedica a ver aquello que, desde un punto de vista consciente, no le representa placer. Lo verificamos en la situaci&oacute;n de quienes ven videos de accidentes, de palizas, los medios los anticipan: &ldquo;A continuaci&oacute;n im&aacute;genes que son sensibles&rdquo;. Luego se transforman en contenidos virales.
    </p><p class="article-text">
        El placer de ver no se sostiene de lo placentero, sino todo lo contrario. Y esto se debe a que encubre un goce oscuro y masoquista, del que el neur&oacute;tico no quiere saber nada. Lacan ten&iacute;a un modo muy gracioso de avanzar en esta idea, cuando dec&iacute;a que Sade no era s&aacute;dico sino m&aacute;s bien masoquista &ndash;en la medida en que vivi&oacute; encarcelado buena parte de su vida por la voluntad de nada menos que su suegra.
    </p><p class="article-text">
        Mientras concluyo estas l&iacute;neas, pienso en la situaci&oacute;n cotidiana en que diferentes ni&ntilde;os en una plaza se excitan al ver c&oacute;mo retan a otro. Ni hablar de la demanda cotidiana en que un ni&ntilde;o, con cierto aire de justicia, pide que otro sea castigado. El placer de reclamar castigos es tambi&eacute;n una fuente de excitaci&oacute;n sexual. A veces no se sabe ni de qu&eacute; se habla, pero nunca faltan los que hacen de una gota de sangre el secreto de su poluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anna Freud</strong> vivi&oacute; toda su vida pregunt&aacute;ndose por aquello que la excitaba en su fantas&iacute;a. Eso la hizo una gran psicoanalista y una analizante consecuente. Vivi&oacute; una vida en la que no quiso enga&ntilde;arse con un placer sin conocer el goce que lo causaba.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-pegar_129_12563709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 09:45:29 +0000]]></pubDate>
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