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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Adrián Iaes]]></title>
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      <title><![CDATA[La melodía a la noche, con vos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/melodia-noche-vos_129_12566935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6246273a-8cc8-4bd4-a8cd-56c4bf56f60c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La melodía a la noche, con vos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Volver. Veintisiete años no es nada. Y Adrián Iaies, como en su primer disco, recurre al tango para explicitar qué es el jazz. Solo al piano, y a solas en su casa, grabó Sur (como respuesta a todas las preguntas). Un disco en que anida la nostalgia pero, sobre todo, una clase de pianismo que, más allá de cualquier género, le pertenece sólo a él. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <em>La melod&iacute;a a la noche, con vos</em>, podr&iacute;a ser el t&iacute;tulo de un standard. De una de esas canciones que nacieron en otra parte, casi siempre en viejas comedias musicales, y de las que el jazz se apropi&oacute; como su material esencial. Pero no. Es, en cambio, el nombre de un disco extraordinario en el que <strong>Keith Jarrett</strong>, de vuelta de uno de sus brotes psic&oacute;ticos &ndash;&eacute;l los llam&oacute; &ldquo;fatiga cr&oacute;nica&rdquo;&ndash; dej&oacute; de ser quien hab&iacute;a sido para convertirse en una versi&oacute;n m&aacute;s profunda &ndash;e inasible&ndash; de si mismo. Lo grab&oacute; en su casa. Lo registr&oacute; a solas. Y fue, de alguna manera, una obra conceptual. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; (se) respond&iacute;a varias preguntas, una de ellas acerca de lo que el t&iacute;tulo enunciaba. La relaci&oacute;n con la melod&iacute;a. Y, la otra, sobre qu&eacute; era &ndash;o qu&eacute; pod&iacute;a ser&ndash; el jazz. Era, por otra parte, una obra que, como algunos cuadros de <strong>Yuyo No&eacute;</strong>, se escapaba de su marco. Era un disco cuya escucha resultaba totalmente diferente si se ignoraba qui&eacute;n era el que tocaba que si se sab&iacute;a que se trataba de Jarrett. El refugio en la melod&iacute;a &ndash;su aparente ausencia de improvisaci&oacute;n&ndash; de quien hab&iacute;a edificado un tratado sobre la variaci&oacute;n y sus l&iacute;mites. Un &aacute;lbum que, como ida, pod&iacute;a ser irrelevante pero, como vuelta, era deslumbrante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Adri&aacute;n Iaies</strong> acaba de publicar un nuevo disco, que ya puede escucharse en las plataformas y que pr&oacute;ximamente tendr&aacute; su edici&oacute;n en vinilo. Es, tambi&eacute;n, un conjunto de canciones a solas, en su casa y con su piano, que plantea, ya en su t&iacute;tulo (tambi&eacute;n un nombre largo y con un inciso final, en este caso entre par&eacute;ntesis y no despu&eacute;s de una coma), la idea de las preguntas y las respuestas que el jazz (se) hace. Y, desde ya, la relaci&oacute;n con la melod&iacute;a. <em>Sur (como respuesta a todas las preguntas)</em> es, tambi&eacute;n un regreso. Como en <em>Nostalgias y otros vicios</em>, su primer disco, que vio la luz hace ya 27 a&ntilde;os, editado por Acqua Records &ndash;en ese entonces un sello tambi&eacute;n muy joven&ndash;, su material es el tango y su lenguaje es el jazz. Como entonces, su aut&eacute;ntica sustancia es la memoria, algo esencial para la nostalgia, para el jazz y para otros vicios. Tambi&eacute;n, en este caso, no se trata de cualquier tango sino de algunos de los mel&oacute;dicamente m&aacute;s inspirados &ndash;&ldquo;Nieblas del Riachuelo&rdquo;, &ldquo;Nunca tuvo novio&rdquo;, &ldquo;Nada&rdquo;, &ldquo;Sur&rdquo; (claro)&ndash;. La mirada, o la escucha, si se prefiere, es, no obstante, otra. Es la construida a lo largo de tres d&eacute;cadas de trayectoria ejemplar durante la cual Iaies, ese pianista porte&ntilde;o, cincel&oacute; la reconcentraci&oacute;n como una de las bellas artes. Y construy&oacute; un lenguaje pian&iacute;stico con una clase propia de virtuosismo, cimentada en fuentes reconocibles &ndash;<strong>Bill Evans</strong> y <strong>John Lewis</strong>, un artista a cuyos encantos al principio se hab&iacute;a resistido, pero tambi&eacute;n <strong>Lucio Demare</strong>, en sus formidables versiones de tangos a solas, grabadas a fines de los 60s&ndash;, pero con un estilo que s&oacute;lo le pertenece a &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        La melancol&iacute;a entendida como estilo emparienta a Iaies con otro gran pianista, <strong>Gerardo Gandini</strong>, que tambi&eacute;n abord&oacute; &ndash;y borde&oacute;&ndash; al tango desde otras tradiciones. Ambos partieron de la noci&oacute;n de que el jazz, mucho m&aacute;s que un g&eacute;nero, pod&iacute;a ser un manual de operaciones. Y que, en ese sentido, tomar como materia prima a determinados tangos &ndash;en el caso de Iaies ese universo se ampli&oacute; naturalmente a Charly Garc&iacute;a o a Joan Manuel Serrat&ndash;, lejos de ser una operaci&oacute;n ajena al jazz, profundizaba su esencia. La de ser, parafraseando a Atahualpa Yupanqui, &ldquo;sombra en la sombra&rdquo;; la de referirse, permanentemente, a algo que est&aacute; siempre &ndash;el tema&ndash; pero nunca acaba de estar del todo. Algo que funciona en sus juegos con la memoria. Y que necesita, para completarse de manera virtuosa, de un fondo conocido contra el cual dibujar su figura. Para el jazz, originalmente, fueron los standards, cuya constituci&oacute;n en tales, a partir de mediados de los 40s, tuvo que ver, casi siempre, con lo que grababa y popularizaba Frank Sinatra. Para los oyentes estadounidenses, eso es lo que estaba en la memoria. Y contra esa imagen era como se perfilaban esas extraordinarias variaciones y, a partir del be bop, de variaciones de las variaciones, que edificaban, nota sobre nota y acorde sobre acorde, <strong>Coleman Hawkins</strong>, <strong>Charlie Parker</strong> o <strong>Bud Powell</strong>.  Para Iaies, lo que est&aacute; en el recuerdo &ndash;o en el ADN&ndash; es todo eso pero, tambi&eacute;n, el tango. Esas melod&iacute;as bell&iacute;simas, casi oper&iacute;sticas pero, tambi&eacute;n, su gesto. Su nostalgia y sus otros vicios. Esas preguntas a las que, tal vez, s&oacute;lo el Sur es capaz de responder. 
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        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Aug 2025 14:12:41 +0000]]></pubDate>
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