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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Wittner]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/laura-wittner/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Wittner]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Saber mirar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mirar_129_12676797.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53418c4f-a77a-4d5e-9cae-a1373dbe46bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Saber mirar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
La vejez puede tener un encanto sutil si se la registra en sus (pocas) ventajas en lugar de aceptar las narrativas chatas impuestas por la visión de terceros.</p></div><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de las cosas que me dijeron que me iban a pasar con el embarazo no me pasaron; me queda poco menos de dos meses, as&iacute; que alguna me tocar&aacute;, pero dudo que llegue a ponerme al d&iacute;a. No soy especial, solamente contrera. Tambi&eacute;n, a pesar de que no me considero (ni cerca) desprovista de narcisismo, me seducen mucho m&aacute;s las experiencias que me resultan ajenas que las que se parecen a las m&iacute;as. Debe ser por eso que desde que estoy embarazada me interesa mucho m&aacute;s la vida de la gente sin hijos, o la menopausia, que cualquier cosa que alguien pueda o quiera contarme sobre el embarazo. 
    </p><p class="article-text">
        La gente pregunta c&oacute;mo me siento, que qu&eacute; onda la panza, que los antojos, que no s&eacute; qu&eacute; otra cosa; contesto con cortes&iacute;a y desinter&eacute;s. Trato de poner un poco m&aacute;s de onda cuando alguien quiere hablarme de su embarazo pasado o presente porque ya me di cuenta de que los consejos de maternidad de la gente no son un servicio: el verdadero servicio es escucharle a la otra su experiencia, prestarle la oreja a la que se muere de ganas de contarte algo, el formato consejo es lo menos importante. Pero en cambio, por la raz&oacute;n que sea: quiero saber todo y pensar todo sobre la menopausia, o sobre la decisi&oacute;n de no tener hijos, la vida que, m&aacute;s por azar y capricho que por alguna convicci&oacute;n firme, eleg&iacute; perderme. Tengo ganas de escribir bastante sobre lo segundo cuando nazca la criatura; mientras tanto, empiezo por lo primero.
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        Tuve una mudanza y un gato enfermo y finalmente logr&eacute; empezar el <em>Diario de menopausia</em> de <strong>Laura Wittner</strong>. Es hermoso: no tiene grandes pretensiones literarias, y sin embargo es pura literatura, porque no est&aacute; escrito como la autoficci&oacute;n canchera de nuestra &eacute;poca, mezcla de Twitter y slam de poes&iacute;a, hecha para el remate que hace re&iacute;r. <em>Diario de menopausia</em> est&aacute; escrito con la confianza en el lector de la verdadera poes&iacute;a, la que se anima al malentendido, a lo que se construye con tiempo y de a poco, a lo que tendr&aacute; sentido m&aacute;s adelante o tal vez nunca. Ataca el tema de frente, pero tambi&eacute;n de costado. Habla de los estr&oacute;genos y las canas, del reemplazo hormonal y de las lagunas mentales (me la cruc&eacute; a Laura y creo que me dijo esto, si no lo so&ntilde;&eacute; o me lo invent&eacute;: que le hab&iacute;an dicho que esto pasaba con el embarazo, pero en realidad a ella le pas&oacute; con la menopausia). Pero tambi&eacute;n habla de la relaci&oacute;n con la comida, con el tiempo, con su madre o sobre todo con la idea de su madre. 
    </p><p class="article-text">
        Busca la estructura de los d&iacute;as, basada en una idea robada a<strong> Patti Smith</strong>: en la mayor&iacute;a de los cap&iacute;tulos aparece una suerte de estrofa que resume, en pocos versos, la estructura de un d&iacute;a cualquiera. En esas estrofas aparece de todo: dolores, kil&oacute;metros recorridos, calles, encuentros y desencuentros, lecturas, cambios de ropa. Tambi&eacute;n hay cosas que no aparecen: ni trabajar sin parar, ni correr sin parar, ni detr&aacute;s de una fecha ni detr&aacute;s de un tipo, ni detr&aacute;s de un beb&eacute;, ni detr&aacute;s de nada. La menopausia como el principio de algo que se detiene de a poco, no como una fractura sino como un auto sin nafta. 
    </p><p class="article-text">
        Wittner habla de las (pocas) ventajas de envejecer, pero no hay reivindicaciones en su relato: eso me gusta tambi&eacute;n. No hay esa necesidad contempor&aacute;nea de la valoraci&oacute;n o del rescate, de llamar bueno a lo que hist&oacute;ricamente se llam&oacute; malo. Justamente hay m&aacute;s bien un aprovechar la literatura para escaparse de los valores: no es bueno ni malo, es lo que es, y lo que es en general encuentra una manera de ser m&aacute;s o menos atractivo, esa es la magia de saber mirar las cosas m&aacute;s all&aacute; de las calificaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que hay, entonces, es una defensa, hecha con tiempo y gracia, de que la vejez no ser&aacute; necesariamente buena pero s&iacute; puede ser interesante, puede tener encanto, puede ser algo sutil para registrar en una misma en lugar de aceptar las narrativas chatas impuestas por la visi&oacute;n de los terceros. Pienso en <em>Las correcciones</em> de <strong>Jonathan Franzen</strong>, novela que le&iacute; hace ya unos meses y que coment&eacute; en esta columna, porque me gust&oacute; la descripci&oacute;n que hac&iacute;a de la vejez de los padres del protagonista: el modo en que la casa se les iba volviendo una sucesi&oacute;n de trampas mortales, cada d&iacute;a una carrera de obst&aacute;culos. Es buena la imagen, pero hay algo que, leyendo este libro de Wittner, se me aparece en contraste como una versi&oacute;n en tercera persona de la experiencia de envejecer, algo muy evidentemente contado desde afuera. 
    </p><p class="article-text">
        Wittner se atreve a contar su menopausia como algo que pasa mientras otras cosas siguen pasando, al tiempo que reconoce que ya no pasan tantas cosas al mismo tiempo como en otras &eacute;pocas de la vida. Encuentra verdades como las encuentra siempre la literatura: la encuentra de casualidad entre la belleza, no porque venga ya con esas verdades sabidas, a compartirlas con una audiencia desprovista.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mirar_129_12676797.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Oct 2025 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Saber mirar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vejez,Menopausia,Embarazo,Laura Wittner,Jonathan Franzen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Laura Wittner: “El mandato tradicional de que las mujeres nos aguantemos las cosas también se aplicó a la menopausia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/laura-wittner-mandato-tradicional-mujeres-aguantemos-cosas-aplico-menopausia_1_12582414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a43ad842-8af7-479d-ac9b-3070f3bc32bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Laura Wittner: “El mandato tradicional de que las mujeres nos aguantemos las cosas también se aplicó a la menopausia”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora acaba de publicar “Diario de menopausia”, un libro donde cuenta un año de su vida en el que registra con detalle algunos síntomas en su cuerpo. Su mirada sobre el silencio y la forma luminosa que encontró para “traducir” lo que le pasaba.</p><p class="subtitle">Mil lianas - La fantasía de Silvia Prieto, series de septiembre</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Es este un diario sobre el fin de la era f&eacute;rtil en un cuerpo femenino. Sobre la revoluci&oacute;n arrasadora de las hormonas. Pero es, al final de cuentas, un diario sobre el tiempo. Sobre la mutabilidad del cuerpo, sobre lo inexorable que &ndash;con o sin aparato reproductor femenino&ndash; nos aguarda. Es un diario sobre el dolor y la risa. <strong>Sobre el deseo transformado, herido, irreconocible, que sobrevive, que trepa una monta&ntilde;a y llega, exhausto, a la cima, para decir: &lsquo;&iquest;Ves? Estoy vivo</strong>&rsquo;&rdquo;, apunta <strong>Luciana De Luca</strong> en la contratapa de <em>Diario de menopausia </em>(Bosque Energ&eacute;tico, 2025), el nuevo libro de la escritora <strong>Laura Wittner</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Armado a partir de observaciones por momentos dolorosas y por momentos graciosas de su autora, en el diario aparecen fragmentos que reconstruyen un a&ntilde;o de la vida de <strong>una mujer que atraviesa sus d&iacute;as, la ciudad, las comidas, la escritura, los dolores o las charlas con sus amigas a partir de los bordes difusos de la menopausia</strong>. Con honestidad y una mirada inquieta, Wittner, que es una de las poetas m&aacute;s interesantes de la escena local y tambi&eacute;n una de las traductoras literarias m&aacute;s destacadas, se detiene a releer el tiempo &ndash;ese tiempo sin par&aacute;metros&ndash;, desde lo indescifrable del cuerpo, desde su opacidad y su insistencia, a pesar de todo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Diario de menopausia, de Laura Wittner, salió por Bosque energético.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&nbsp;Mientras le&iacute;a este libro ten&iacute;a todo el tiempo presente el t&iacute;tulo de uno tuyo anterior, </strong><em><strong>Se vive y se traduce</strong></em><strong>, porque de alguna manera percib&iacute; ese gesto de traducir algo que pasaba en tu cuerpo alrededor de la menopausia para plasmarlo en formato de diario. &iquest;Fuiste escribiendo a medida que ibas viviendo determinadas cosas o c&oacute;mo lo pensaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; La verdad es que yo siempre de alguna manera estoy traduciendo lo que vivo porque llevo diarios desde los 19 a&ntilde;os. Los guardo y los tengo todos, pero hasta ahora jam&aacute;s tuve la intenci&oacute;n de que sean le&iacute;dos por nadie que no sea yo. De ninguna manera me imagino que eso llegue a publicarse nunca. Son diarios pero son tambi&eacute;n cuadernos, a veces anoto ideas, una palabra, fragmentos de cosas que por momentos s&iacute; funcionan a la manera de un diario por la man&iacute;a que tengo de registrar. Desde que empec&eacute; a hacerlo necesito tener ese lugar al que volver por curiosidad, para leerme a m&iacute; misma y ver c&oacute;mo era en determinado momento.<strong> En el caso de </strong><em><strong>Diario de menopausia</strong></em><strong> fue algo que surgi&oacute; con Eugenia Perez Tomas y Andr&eacute;s Gallina, los editores de Bosque Energ&eacute;tico. Ellos me dec&iacute;an que de todos esos diarios que escrib&iacute; tal vez se pod&iacute;a sacar algo. Pero lo m&iacute;o no estaba pensado para ser publicado. </strong>Entonces, no sab&iacute;a si me iba a salir. Hasta que se me ocurri&oacute; que lo que pod&iacute;a intentar era trasladar en tiempo real y durante un a&ntilde;o el diario que yo probablemente escribir&iacute;a en mi cuaderno pensando en algo que s&iacute; pod&iacute;a ser publicado. Como la editorial publica diarios tem&aacute;ticos, pens&eacute; qu&eacute; era lo que m&aacute;s me atravesaba en ese momento y r&aacute;pidamente sali&oacute; menopausia. No es que fuera mi primer a&ntilde;o de menopausia, para nada, era el cuarto o por ah&iacute;, a veces no es f&aacute;cil saber c&oacute;mo calcular. Pero ah&iacute; encontr&eacute; el hilo conductor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Cambi&oacute; entonces tu idea o tu forma de escribir a partir de que sab&iacute;as que ese diario iba a ser le&iacute;do por otros? &iquest;Ten&iacute;as en mente que ibas a exponerte m&aacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&nbsp;Para m&iacute; la forma siempre es un tema. Quiero decir, pensar de qu&eacute; manera escribo en un registro o en el otro. Despu&eacute;s hay algo con los diarios en s&iacute; que est&aacute; m&aacute;s asociado como a una regularidad o a pensar qu&eacute; entra en un d&iacute;a y qu&eacute; entra en otro. Con mis diarios personales me pasa que tal vez no escribo nada en un mes. O que a un d&iacute;a lo escribo fragmentado en un mes. A veces escribo una taradez, un chiste, dos palabras. A veces escribo sin parar. De todas maneras, no es que en <em>Diario de menopausia</em> no es que desnud&eacute; mi vida. <strong>En todo caso fui buscando formas, viendo qu&eacute; implica una vida y c&oacute;mo se cuenta. Porque es algo que me interesa desde hace mucho. A m&iacute; me encanta leer este tipo de diarios &iacute;ntimos, digamos, y muchas veces me quedo pensando en c&oacute;mo se armaron. </strong>Casi ning&uacute;n diario se public&oacute; tal y como estaba. Algunos son diarios reales que despu&eacute;s son editados por otros, est&aacute; toda la pol&eacute;mica alrededor de los diarios de <strong>Katherine Mansfield </strong>qu&eacute; sac&oacute; al marido, por ejemplo.&nbsp;Y despu&eacute;s est&aacute;n todos esos otros que fueron escritos para ser publicados o editados posteriormente. Pens&eacute; mucho en estas cosas, por ejemplo, cuando le&iacute;a el de <strong>Mariano Blatt</strong>, <em>Alguna vez pens&eacute; esto</em>, que public&oacute; Caballo negro. Me encanta el diario de Mariano, pero hay veces que parece que le hablara a alguien, quiero decir: el texto fue elaborado con la mirada de editarlo y que viera la luz. Con el de la menopausia toda esa cuesti&oacute;n como que me rondaba. Y tambi&eacute;n se me dio, un poco naturalmente, y sabiendo que se iba a publicar, que escrib&iacute; de otra manera, que corrijo m&aacute;s. Entonces en el camino aparecen un mont&oacute;n de cosas que s&eacute; que despu&eacute;s no voy a querer poner. <strong>&iquest;Viste que hay gente que escribe y dice &lsquo;para m&iacute; el arte o la literatura est&aacute; antes que la vida&rsquo; y entonces cuentan todas sus cosas? </strong>No es mi caso para nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; El diario, m&aacute;s all&aacute; de dar cuenta de los d&iacute;as de una mujer y su menopausia, trae informaci&oacute;n y cuestiones muy puntuales de asuntos m&eacute;dicos. &iquest;Lo pensaste en t&eacute;rminos de divulgaci&oacute;n tambi&eacute;n, te imaginabas qui&eacute;nes iban a interesarse por esos textos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; No s&eacute; si lo ten&iacute;a muy claro. En primera instancia, como son las mujeres a mi alrededor con quienes comparto estos temas, me imaginaba escribirlo para ellas. Incluso ellas con sus caras y sus nombres, algo as&iacute; como <em>&ldquo;miren, todo lo que hablamos&rdquo;</em> (risas). Pero, al mismo tiempo, nunca tengo del todo presente a qui&eacute;n le escribo cuando escribo. Quiz&aacute;s con este libro aparezcan mujeres a las que por el t&iacute;tulo y porque est&aacute;n atravesando la menopausia les interese, pero que despu&eacute;s digan &ldquo;los poemas de esta escritora me re aburren&rdquo; (risas). Lo que s&iacute; me gust&oacute; hacer fue juntarme cada dos meses con la editora y leerle lo que iba teniendo. Siempre iba un poco con esta pregunta de &ldquo;a qui&eacute;n le importa&rdquo;. <strong>Con esto que estaba escribiendo, pensaba, aparec&iacute;a mi gran temor, que lo sigue siendo: &iquest;por qu&eacute; alguien querr&iacute;a leer esto interesadamente? El famoso a qui&eacute;n le importa. </strong>Que en general se lo aplico a casi todo lo que escribo, no exclusivamente a este diario.&nbsp;
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                    alt="Laura Wittner nació en Buenos Aires, en 1967. Es licenciada en Letras, coordina talleres de poesía y de traducción y trabaja como traductora para diversas editoriales."
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                Laura Wittner nació en Buenos Aires, en 1967. Es licenciada en Letras, coordina talleres de poesía y de traducción y trabaja como traductora para diversas editoriales.                            </span>
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        <strong>&ndash; En el libro mencion&aacute;s que deber&iacute;as releer la novela </strong><em><strong>Clav&iacute;cula</strong></em><strong>, de Marta Sanz, desde la perspectiva de la menopausia. Me preguntaba si no es un poco el gesto de todo tu diario, esto de releer un poco tu vida reciente en esa nueva clave. &iquest;C&oacute;mo lo pens&aacute;s vos? &iquest;Te lo propusiste de alguna manera?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; M&aacute;s que propon&eacute;rmelo, es algo que me est&aacute; pasando. Creo que, ante todo, lo que me pasa cuando escribo de lo que sea, y lo que en realidad me divierte, es el lenguaje, diga lo que diga, cuente lo que cuente. Creo que nunca hab&iacute;a escrito para publicar algo tan as&iacute; como en este caso, como <em>&ldquo;me tom&eacute; el colectivo&rdquo;</em>, <em>&ldquo;fui a tal lado&rdquo;</em>. Pero aun as&iacute; el motivo que me daba impulso para hacerlo era pensar c&oacute;mo lo escribo. Nada, la escritura en s&iacute; misma. Despu&eacute;s, lo que esa escritura cuente, qu&eacute; s&eacute; yo. Creo que las cosas que a m&iacute; me gusta leer tienen que ver tambi&eacute;n con eso. Me encanta leer diarios pero no cualquier diario, depende de c&oacute;mo est&eacute;n escritos. Ni siquiera tiene que ver con que me interese esa persona en particular. Ahora hablando con vos pienso otra vez en los lectores o lectoras que imaginaba para este libro y por ah&iacute; sean personas a quienes les interesan las cosas que yo estaba intentando hacer con el lenguaje ah&iacute;. Pero, al mismo tiempo, pienso en mujeres no necesariamente menop&aacute;usicas sino y, sobre todo, perimenop&aacute;usicas que son las que no saben lo que les est&aacute; pasando y piensan que est&aacute;n enloqueciendo. Entonces van a diez mil m&eacute;dicos y dicen &ldquo;&iexcl;pero si yo todav&iacute;a menstruo!&rdquo;. Y en general todas las mujeres. <strong>Cuando escrib&iacute;a me dej&oacute; bastante pasmada el hecho de que yo siendo alguien que siempre se interes&oacute;, para bien o para mal, por todas las cosas que existen en el mundo que me pueden llegar a pasar en el cuerpo nunca me haya interesado por la menopausia. </strong>Ni me haya interesado en pensarlo, en comprender que yo tambi&eacute;n iba hacia ah&iacute;. Una especie de fe, &ldquo;no, capaz que eso a m&iacute; no me pasa, si nunca tuve ni s&iacute;ndrome premenstrual&rdquo;. Me llama la atenci&oacute;n porque soy profundamente hipocondr&iacute;aca y toda mi vida fui as&iacute;: le presto atenci&oacute;n a la m&aacute;s m&iacute;nima manifestaci&oacute;n del cuerpo. Es extra&ntilde;o que desde el punto de vista hormonal yo no haya tenido mucho inter&eacute;s en indagar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; En el libro cont&aacute;s que tampoco fue algo de lo que hablaran las mujeres que ten&iacute;as alrededor.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Claro, tambi&eacute;n es extra&ntilde;o porque tuve abuelas, porque tuve madre, porque tuve t&iacute;as, porque tuve amigas m&aacute;s grandes, maestras, profesoras, todo. Un mont&oacute;n de profesoras de secundaria. Y nunca ninguna mencion&oacute; ni por un instante que quiz&aacute;s estaba atravesando un momento en el que necesitaba parar de dar clases para ir al ba&ntilde;o porque se sent&iacute;a mal. <strong>Mi hija tiene profesoras que s&iacute; lo mencionan ahora y lo cuentan, dicen </strong><em><strong>&ldquo;me vienen los calores&rdquo;</strong></em><strong> y se sacan la ropa.</strong> Pero eso es muy nuevo. Entonces una vez que me puse a hacerlo me pareci&oacute; que algo se abr&iacute;a. Ahora igual ya hay muchos libros y se habla mucho m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; De hecho vos mencionas a In&eacute;s Garland, con quien tambi&eacute;n te une la traducci&oacute;n literaria, que </strong><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/ines-garland-novela-cuerpo-mandato-jaula-mujeres-varones_1_11643135.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>public&oacute; hace poco Diario de una mudanza</strong></a><strong>. O la actriz Naomi Watts, por citar un ejemplo de afuera. Aparecen cada vez m&aacute;s espacios y publicaciones alrededor de la menopausia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, &iexcl;yo ahora abro mi Instagram y es todo menopausia! Tambi&eacute;n est&aacute; el podcast <em>Encendidas</em>, que hacen <strong>Ingrid Beck</strong> y <strong>Mariana</strong> <strong>Carbajal</strong>. Tambi&eacute;n hay varias m&eacute;dicas que suben publicaciones a Instagram. En cualquier caso, ojal&aacute; el libro sea un servicio en alg&uacute;n punto. Es necesario seguir abriendo este tema y que se pueda conversar. <strong>No solo para las mujeres que no saben bien por qu&eacute; tienen determinados s&iacute;ntomas, sino tambi&eacute;n para que  se sepa que cambi&oacute; el paradigma de tratamiento. O que hay un mont&oacute;n de cosas nuevas o viejas pero que no son difundidas.</strong> Con la menopausia pasa esta cosa repetida de <em>&ldquo;bueno, ya va a pasar&rdquo;</em> o &ldquo;<em>es una cosa natural&rdquo;</em>. &iexcl;Es una cosa natural pero tambi&eacute;n es horrible! (risas). Para muchas es inhabilitante y para la mayor&iacute;a emocionalmente desconcertante. A m&iacute; por lo menos me pas&oacute; como una especie de metamorfosis que no sab&eacute;s hacia d&oacute;nde va, qui&eacute;n va a estar del otro lado cuando termine ese camino doloroso. Qu&eacute; hay del otro lado. Qui&eacute;n soy y qu&eacute; hay del otro lado.&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Con la menopausia pasa esta cosa repetida de “bueno, ya va a pasar” o “es una cosa natural”. ¡Es una cosa natural pero también es horrible! Para muchas es inhabilitante y para la mayoría emocionalmente desconcertante.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash; Una experiencia como sin bordes, &iquest;no? Vos marc&aacute;s que no hay un tiempo concreto, que no va para todo el mundo de tal a tal edad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash; No, para nada. Aparte a cada persona le dura distinto y le pega distinto. Tambi&eacute;n hay mujeres que dicen <em>&ldquo;no, yo no sent&iacute; nada&rdquo;.</em> <strong>Yo igual me permito dudar. Cada mujer que me ha dicho</strong><em><strong> &ldquo;yo no sent&iacute; nada&rdquo;</strong></em><strong> al rato hablando de otra cosa me dijo </strong><em><strong>&ldquo;ay, a m&iacute; lo que me pasa &uacute;ltimamente&rdquo;</strong></em><strong>, y me comentan s&iacute;ntomas clar&iacute;simos de menopausia.</strong> <em>&ldquo;Con la taquicardia no puedo dormir&rdquo;</em>. O &ldquo;<em>me constipo&rdquo;</em>. Much&iacute;simas que dicen <em>&ldquo;de eso no me pasa nada&rdquo;</em> y despu&eacute;s te cuentan ocho s&iacute;ntomas. Bueno, eso es la menopausia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash; &iquest;Y a qu&eacute; asoci&aacute;s ese silencio o ese tab&uacute; con&nbsp;la menopausia?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Me da la sensaci&oacute;n de que el mandato tradicional de que las mujeres nos aguantemos las cosas se aplic&oacute; tambi&eacute;n a la menopausia. Supongo. Lo pienso en relaci&oacute;n a la persona m&aacute;s directa a quien yo podr&iacute;a haber visto, mi madre. Yo vi su menopausia sin enterarme, y a&uacute;n ahora me dice &ldquo;no pasa nada&rdquo;. <strong>Reci&eacute;n ahora, recuerdo algunos episodios en la vida de mi mam&aacute; o nuestra vida familiar que a partir de atravesar mi propia menopausia claramente puedo relacionar. Tambi&eacute;n creo que para muchos es muy raro porque es como que de afuera no se nota tanto.</strong> Todas seguimos m&aacute;s o menos funcionales. Y ojo, yo pas&eacute; momentos en los que estaba muy mal, pero de &uacute;ltima hago literatura, no soy una cirujana que puede llegar a matar a una persona en una operaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando escribía me dejó bastante pasmada el hecho de que yo siendo alguien que siempre se interesó, para bien o para mal, por todas las cosas que existen en el mundo que me pueden llegar a pasar en el cuerpo nunca me haya interesado por la menopausia. Ni me haya interesado en pensarlo, en comprender que yo también iba hacia ahí.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&ndash;En el libro habl&aacute;s de d&iacute;as &ldquo;de hacer cosas&rdquo; y otros en los que no es posible.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; S&iacute;, yo de pronto me ausentaba, no funcionaba. Y pensaba, por ejemplo, qu&eacute; les pasa con eso a las mujeres que est&aacute;n en puestos de responsabilidad o de poder. Mujeres l&iacute;deres en empresas. Es una conversaci&oacute;n que se deber&iacute;a poder abrir tambi&eacute;n. <strong>As&iacute; como algunas empresas, en el mejor de los casos, empezaron a pensar en cuestiones de g&eacute;nero, la menopausia tambi&eacute;n deber&iacute;a incorporarse. Pero todav&iacute;a es algo que no est&aacute; incluido para nada. </strong>En mi caso todo esto tambi&eacute;n me hizo abrir los ojos a todo lo que implicaba la desigualdad de ser mujer. No me fue obvio desde el primer momento, ahora de golpe es como si se me hubiera retirado un velo. Y otra parte que descubr&iacute; leyendo, escuchando y conversando, es que la salud de la mujer despu&eacute;s de su era reproductiva casi no hab&iacute;a sido investigada o no ten&iacute;a inter&eacute;s. En el hombre s&iacute;, se invent&oacute; el Viagra hace un mont&oacute;n. Incluso hay muchos estudios m&eacute;dicos que se hacen sobre el cuerpo masculino que se terminan aplicando a los cuerpos de las mujeres. Entonces a nadie le interesa financiar ciertas investigaciones. <strong>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os s&iacute;, supongo que al calor de los nuevos movimientos feministas, hubo algunas instituciones que financiaron algunos estudios. </strong>Hubo especialmente m&eacute;dicas mujeres que se pusieron a investigar y tambi&eacute;n detectaron que lo poco que se sab&iacute;a ya qued&oacute; obsoleto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&nbsp;&iquest;C&oacute;mo se encuentra el balance entre esos s&iacute;ntomas puntuales, que para muchas son inhabilitantes, con esos discursos que invitan a las mujeres a &ldquo;ser fuertes&rdquo; a toda costa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash; No s&eacute;, a m&iacute; me vino bien hablar con mis amigas, decir <em>&ldquo;hay que hacer en comunidad&rdquo;</em>. Tengo una que es 10 a&ntilde;os menor, Luciana, que ley&oacute; el libro y escribi&oacute; la contratapa; otra, Mar&iacute;a, que tuvo la menopausia antes y me fue contando muchas cosas tambi&eacute;n. De alguna manera ahora me siento muy contenida y acompa&ntilde;ada por mujeres de distintas edades y me parece que puede ser un camino. <strong>Yo converso con mi t&iacute;a, que tiene casi 81 y me cuenta lo que le pas&oacute; a ella. Converso con mi hija, converso con mi hijo. </strong>Hablamos de menopausia con los dos, porque&nbsp;convivimos y me parece importante. Lo escuchaba en el podcast <em>Encendidas</em> justamente y me gust&oacute;: nuestros hijos ahora saben de esto.
    </p><p class="article-text">
        <em>AL/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Agustina Larrea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/laura-wittner-mandato-tradicional-mujeres-aguantemos-cosas-aplico-menopausia_1_12582414.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Sep 2025 03:04:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Laura Wittner: “El mandato tradicional de que las mujeres nos aguantemos las cosas también se aplicó a la menopausia”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Laura Wittner,Menopausia,Libros,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quedarse atrás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quedarse_129_12567289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74a73e23-ffda-4a2d-9a0c-1b8aa3c12eba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quedarse atrás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El optimismo cruel que promete salvación individual y obliga a mirar de frente a quienes ya fueron relegados por políticas y estéticas de la omnipotencia solo encuentra salida en la humildad de admitir la vulnerabilidad y en la voluntad política de repararla.</p></div><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que intento encontrar una palabra que signifique lo contrario de hipocondr&iacute;aca; es gracioso buscarla en Internet porque las webs que hablan de este tipo de cosas est&aacute;n monopolizadas por obsesivos que creen que lo contrario de su patolog&iacute;a es la negaci&oacute;n o la desidia. Yo no soy de negar s&iacute;ntomas reales: simplemente tiendo a creer que voy a estar bien, y que la gente que quiero va a estar bien tambi&eacute;n. Soy as&iacute; incluso ante situaciones que podr&iacute;an considerarse exigentes: ni siquiera mi propio embarazo, por poner un ejemplo que para algunas ser&iacute;a extremo, me ha movido de ah&iacute;. Como soy una persona joven sin enfermedades preexistentes con buena calidad de vida y acceso a servicios de salud, en general tengo raz&oacute;n yo; supongo que esa ecuaci&oacute;n ir&aacute; cambiando con los a&ntilde;os, y los hipocondr&iacute;acos pasar&aacute;n a estar del lado de la verdad la mayor parte de las veces. Pero incluso ahora, cada tanto, esa fe ciega en que nada es nada y todo se resuelve solo se encuentra con las vicisitudes de la realidad. En estos d&iacute;as, por caso, internaron a mi gatito m&aacute;s joven con algo que todo indica que es una trombosis. Yo estoy de viaje, y me mata de angustia que le haya pasado justo ahora pero quiz&aacute;s es una suerte para &eacute;l haberse quedado con mi amiga que est&aacute; m&aacute;s lejos de la desidia y la negaci&oacute;n que yo. 
    </p><p class="article-text">
        En general estoy a favor de esta suerte de optimismo; no suelo pensarlo en t&eacute;rminos de omnipotencia, ni siquiera en t&eacute;rminos de valor de verdad. M&aacute;s bien creo que son pocas las veces en que preocuparse de m&aacute;s te sirve para vivir mejor, y que, en cambio, ir por la vida pensando que todo va a salir bien es al menos una mejor forma de transitarla. En otras palabras: incluso si no tengo raz&oacute;n y las cosas finalmente salen mal, probablemente una no haya ganado nada con angustiarse. Veo todos los d&iacute;as como muchos amigos que est&aacute;n bien (de salud, pero tambi&eacute;n en general) se arruinan la vida imaginando para s&iacute; mismos futuros dist&oacute;picos y resultados tr&aacute;gicos; me reafirman en mi fe en el equilibrio natural de las cosas, en mi variante personal de eso que en las redes hoy se llama <em>gordo no pasa nada</em>. Pero no s&eacute; si ser&aacute; este asunto del gatito o los eventos recientes del pa&iacute;s o del mundo los que me llevaron a analizar esta disposici&oacute;n emocional como una que podr&iacute;a tener sus bemoles. 
    </p><p class="article-text">
        Dos cosas me vinieron a la mente: la primera, un detallecito, la cantidad de textos (muchos buen&iacute;simos) que est&aacute;n llegando a mis manos sobre menopausia. Es l&oacute;gico, me dec&iacute;a una amiga: a medida que nuestros autores favoritos ara&ntilde;an los cuarenta y largos empiezan a aparecer estos temas en su literatura. Todav&iacute;a no pude leer el de <strong>Laura Wittner</strong> (ya estar&aacute; en alguna de las pr&oacute;ximas columnas), una de mis escritoras argentinas de cabecera, pero s&iacute; el de <strong>Miranda July </strong>que coment&eacute; hace poco. En <em>A cuatro patas</em>, la hero&iacute;na (escritora y cineasta, casada, con une hije no binarie: alter ego absoluto de July) le inventa a su marido, para justificar una tristeza por algo que no quiere contar, que est&aacute; menop&aacute;usica: semanas despu&eacute;s, en su control ginecol&oacute;gico anual, descubre que efectivamente ha ingresado en eso que los m&eacute;dicos llaman la perimenopausia. El asunto es duro pero tambi&eacute;n muy gracioso, sobre todo porque la menopausia no es una tragedia: ella se cre&iacute;a tan inmune a la vejez, como solemos creernos algunos, que jam&aacute;s se le ocurri&oacute; que efectivamente pod&iacute;a estar diciendo la verdad cuando dijo esa mentira. 
    </p><p class="article-text">
        La otro que me vino a la cabeza es menos detallecito, y m&aacute;s tr&aacute;gico. Hace bastante que la discapacidad est&aacute; en el centro de la escena discursiva en Argentina, primero por los recortes, despu&eacute;s por las coimas y finalmente por la conjunci&oacute;n terrible entre los recortes y los coimas. Creo que hay una parte de ese concepto que <strong>Lauren Berlant</strong> llam&oacute; el <em>optimismo cruel </em>en la que al menos yo no hab&iacute;a pensado demasiado: parte de esa forma enga&ntilde;osamente amable de cierto salvajismo nietzscheano (mal entendido o bien entendido, se lo dejo a los fil&oacute;logos) de insistir en autopercibirnos superhombres tiene que ver con imaginarnos a las personas sin discapacidad y a las que viven con discapacidad como clases separadas. No hace falta, o no deber&iacute;a hacer falta, pensar &ldquo;a m&iacute; tambi&eacute;n me puede tocar&rdquo; para empatizar con una persona en una situaci&oacute;n desventajosa; pero por c&oacute;mo funcionamos las personas, parece m&aacute;s o menos claro que hay una relaci&oacute;n entre esa convicci&oacute;n de &ldquo;si hac&eacute;s las cosas bien, est&aacute;s a salvo de lo precario&rdquo; del optimismo cruel y ausencia total de empat&iacute;a o sensibilidad hacia los devenires de los m&aacute;s d&eacute;biles. 
    </p><p class="article-text">
        Pienso que lo contrario de la hipocondria o el pesimismo en sentido m&aacute;s amplio, entonces, no es la desidia o la negaci&oacute;n: es m&aacute;s bien la aceptaci&oacute;n de la contingencia y de la vulnerabilidad, que no es lo mismo que el melodrama o el regodeo narcisista en el propio potencial para la tragedia. Sin ser un goce yoico, entonces, que nos ponga a cada uno como una v&iacute;ctima en el centro de la escena, ese abrazo de la propia fragilidad es completamente opuesto a ese delirio de omnipotencia (reflejado con claridad en algunos sectores de la est&eacute;tica libertaria: la metralleta, o los dibujos de <strong>Javier Milei</strong> que lo muestran musculoso y alt&iacute;simo) que deja al sujeto a salvo de la posibilidad terrible de quedarse atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Me viene a la cabeza, entonces, una &uacute;ltima obsesi&oacute;n: el final de <em>Un cuarto propio</em>, de <strong>Virginia Woolf</strong>, sobre el que ya escrito demasiadas veces pero que nunca termina de darme algo. Si siempre digo que ese final me emociona es porque incluye, en las mismas p&aacute;ginas, un reconocimiento de la propia limitaci&oacute;n y una sonrisa hacia la indeterminaci&oacute;n del futuro. Virginia dice que ella quiere que las j&oacute;venes escriban cada vez m&aacute;s porque, como a toda mujer poco instruida, le encanta leer. Hay una aceptaci&oacute;n ah&iacute; de los l&iacute;mites de lo posible: Virginia ya tiene casi cincuenta a&ntilde;os, y sabe que hay cosas que no llegar&aacute; a ver. Piensa seguir trabajando, sin embargo: no hay lugar en su ret&oacute;rica para la derrota, ni para ella ni para esas jovencitas a las que les habla, que s&iacute; tendr&aacute;n mejores oportunidades de las que se le dieron a ella. 
    </p><p class="article-text">
        En ese final de<em> Un cuarto propio</em> hay un reconocimiento de la negatividad, pero que no se convierte en una negatividad hacia el futuro, ni en ninguna forma de nostalgia por esa juventud perdida que ya no ver&aacute; ciertas cosas. Solemos identificar a la nostalgia con el pesimismo, pero quiz&aacute;s se trata de algo casi contrapuesto a eso, sobre todo en su forma actual: la nostalgia parece siempre pesimista pero en su encarnaci&oacute;n contempor&aacute;nea participa del optimismo cruel. Es la manera de imaginar que una se salv&oacute;: de pensar, a diferencia de lo que pensaba Virginia, que una est&aacute; a salvo, que una se salv&oacute; porque vio un mundo mejor que los (las) j&oacute;venes ya no ver&aacute;n. La debilidad, en ese caso, est&aacute; puesta en el futuro: no ya en los viejos, sino en la juventud. Hablo de nosotros, ahora, de los que miramos a la juventud, la libertaria y la otra, con cierta pena pero tambi&eacute;n cierto desd&eacute;n. La nostalgia no ser&iacute;a entonces lo contrario del optimismo cruel sino su otra cara, su lado oscuro de la luna: es el optimismo cruel de los adultos.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quedarse_129_12567289.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Aug 2025 03:03:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quedarse atrás]]></media:title>
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