<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Miranda July]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/miranda-july/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Miranda July]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1054442/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Quedarse atrás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quedarse_129_12567289.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74a73e23-ffda-4a2d-9a0c-1b8aa3c12eba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quedarse atrás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El optimismo cruel que promete salvación individual y obliga a mirar de frente a quienes ya fueron relegados por políticas y estéticas de la omnipotencia solo encuentra salida en la humildad de admitir la vulnerabilidad y en la voluntad política de repararla.</p></div><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que intento encontrar una palabra que signifique lo contrario de hipocondr&iacute;aca; es gracioso buscarla en Internet porque las webs que hablan de este tipo de cosas est&aacute;n monopolizadas por obsesivos que creen que lo contrario de su patolog&iacute;a es la negaci&oacute;n o la desidia. Yo no soy de negar s&iacute;ntomas reales: simplemente tiendo a creer que voy a estar bien, y que la gente que quiero va a estar bien tambi&eacute;n. Soy as&iacute; incluso ante situaciones que podr&iacute;an considerarse exigentes: ni siquiera mi propio embarazo, por poner un ejemplo que para algunas ser&iacute;a extremo, me ha movido de ah&iacute;. Como soy una persona joven sin enfermedades preexistentes con buena calidad de vida y acceso a servicios de salud, en general tengo raz&oacute;n yo; supongo que esa ecuaci&oacute;n ir&aacute; cambiando con los a&ntilde;os, y los hipocondr&iacute;acos pasar&aacute;n a estar del lado de la verdad la mayor parte de las veces. Pero incluso ahora, cada tanto, esa fe ciega en que nada es nada y todo se resuelve solo se encuentra con las vicisitudes de la realidad. En estos d&iacute;as, por caso, internaron a mi gatito m&aacute;s joven con algo que todo indica que es una trombosis. Yo estoy de viaje, y me mata de angustia que le haya pasado justo ahora pero quiz&aacute;s es una suerte para &eacute;l haberse quedado con mi amiga que est&aacute; m&aacute;s lejos de la desidia y la negaci&oacute;n que yo. 
    </p><p class="article-text">
        En general estoy a favor de esta suerte de optimismo; no suelo pensarlo en t&eacute;rminos de omnipotencia, ni siquiera en t&eacute;rminos de valor de verdad. M&aacute;s bien creo que son pocas las veces en que preocuparse de m&aacute;s te sirve para vivir mejor, y que, en cambio, ir por la vida pensando que todo va a salir bien es al menos una mejor forma de transitarla. En otras palabras: incluso si no tengo raz&oacute;n y las cosas finalmente salen mal, probablemente una no haya ganado nada con angustiarse. Veo todos los d&iacute;as como muchos amigos que est&aacute;n bien (de salud, pero tambi&eacute;n en general) se arruinan la vida imaginando para s&iacute; mismos futuros dist&oacute;picos y resultados tr&aacute;gicos; me reafirman en mi fe en el equilibrio natural de las cosas, en mi variante personal de eso que en las redes hoy se llama <em>gordo no pasa nada</em>. Pero no s&eacute; si ser&aacute; este asunto del gatito o los eventos recientes del pa&iacute;s o del mundo los que me llevaron a analizar esta disposici&oacute;n emocional como una que podr&iacute;a tener sus bemoles. 
    </p><p class="article-text">
        Dos cosas me vinieron a la mente: la primera, un detallecito, la cantidad de textos (muchos buen&iacute;simos) que est&aacute;n llegando a mis manos sobre menopausia. Es l&oacute;gico, me dec&iacute;a una amiga: a medida que nuestros autores favoritos ara&ntilde;an los cuarenta y largos empiezan a aparecer estos temas en su literatura. Todav&iacute;a no pude leer el de <strong>Laura Wittner</strong> (ya estar&aacute; en alguna de las pr&oacute;ximas columnas), una de mis escritoras argentinas de cabecera, pero s&iacute; el de <strong>Miranda July </strong>que coment&eacute; hace poco. En <em>A cuatro patas</em>, la hero&iacute;na (escritora y cineasta, casada, con une hije no binarie: alter ego absoluto de July) le inventa a su marido, para justificar una tristeza por algo que no quiere contar, que est&aacute; menop&aacute;usica: semanas despu&eacute;s, en su control ginecol&oacute;gico anual, descubre que efectivamente ha ingresado en eso que los m&eacute;dicos llaman la perimenopausia. El asunto es duro pero tambi&eacute;n muy gracioso, sobre todo porque la menopausia no es una tragedia: ella se cre&iacute;a tan inmune a la vejez, como solemos creernos algunos, que jam&aacute;s se le ocurri&oacute; que efectivamente pod&iacute;a estar diciendo la verdad cuando dijo esa mentira. 
    </p><p class="article-text">
        La otro que me vino a la cabeza es menos detallecito, y m&aacute;s tr&aacute;gico. Hace bastante que la discapacidad est&aacute; en el centro de la escena discursiva en Argentina, primero por los recortes, despu&eacute;s por las coimas y finalmente por la conjunci&oacute;n terrible entre los recortes y los coimas. Creo que hay una parte de ese concepto que <strong>Lauren Berlant</strong> llam&oacute; el <em>optimismo cruel </em>en la que al menos yo no hab&iacute;a pensado demasiado: parte de esa forma enga&ntilde;osamente amable de cierto salvajismo nietzscheano (mal entendido o bien entendido, se lo dejo a los fil&oacute;logos) de insistir en autopercibirnos superhombres tiene que ver con imaginarnos a las personas sin discapacidad y a las que viven con discapacidad como clases separadas. No hace falta, o no deber&iacute;a hacer falta, pensar &ldquo;a m&iacute; tambi&eacute;n me puede tocar&rdquo; para empatizar con una persona en una situaci&oacute;n desventajosa; pero por c&oacute;mo funcionamos las personas, parece m&aacute;s o menos claro que hay una relaci&oacute;n entre esa convicci&oacute;n de &ldquo;si hac&eacute;s las cosas bien, est&aacute;s a salvo de lo precario&rdquo; del optimismo cruel y ausencia total de empat&iacute;a o sensibilidad hacia los devenires de los m&aacute;s d&eacute;biles. 
    </p><p class="article-text">
        Pienso que lo contrario de la hipocondria o el pesimismo en sentido m&aacute;s amplio, entonces, no es la desidia o la negaci&oacute;n: es m&aacute;s bien la aceptaci&oacute;n de la contingencia y de la vulnerabilidad, que no es lo mismo que el melodrama o el regodeo narcisista en el propio potencial para la tragedia. Sin ser un goce yoico, entonces, que nos ponga a cada uno como una v&iacute;ctima en el centro de la escena, ese abrazo de la propia fragilidad es completamente opuesto a ese delirio de omnipotencia (reflejado con claridad en algunos sectores de la est&eacute;tica libertaria: la metralleta, o los dibujos de <strong>Javier Milei</strong> que lo muestran musculoso y alt&iacute;simo) que deja al sujeto a salvo de la posibilidad terrible de quedarse atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Me viene a la cabeza, entonces, una &uacute;ltima obsesi&oacute;n: el final de <em>Un cuarto propio</em>, de <strong>Virginia Woolf</strong>, sobre el que ya escrito demasiadas veces pero que nunca termina de darme algo. Si siempre digo que ese final me emociona es porque incluye, en las mismas p&aacute;ginas, un reconocimiento de la propia limitaci&oacute;n y una sonrisa hacia la indeterminaci&oacute;n del futuro. Virginia dice que ella quiere que las j&oacute;venes escriban cada vez m&aacute;s porque, como a toda mujer poco instruida, le encanta leer. Hay una aceptaci&oacute;n ah&iacute; de los l&iacute;mites de lo posible: Virginia ya tiene casi cincuenta a&ntilde;os, y sabe que hay cosas que no llegar&aacute; a ver. Piensa seguir trabajando, sin embargo: no hay lugar en su ret&oacute;rica para la derrota, ni para ella ni para esas jovencitas a las que les habla, que s&iacute; tendr&aacute;n mejores oportunidades de las que se le dieron a ella. 
    </p><p class="article-text">
        En ese final de<em> Un cuarto propio</em> hay un reconocimiento de la negatividad, pero que no se convierte en una negatividad hacia el futuro, ni en ninguna forma de nostalgia por esa juventud perdida que ya no ver&aacute; ciertas cosas. Solemos identificar a la nostalgia con el pesimismo, pero quiz&aacute;s se trata de algo casi contrapuesto a eso, sobre todo en su forma actual: la nostalgia parece siempre pesimista pero en su encarnaci&oacute;n contempor&aacute;nea participa del optimismo cruel. Es la manera de imaginar que una se salv&oacute;: de pensar, a diferencia de lo que pensaba Virginia, que una est&aacute; a salvo, que una se salv&oacute; porque vio un mundo mejor que los (las) j&oacute;venes ya no ver&aacute;n. La debilidad, en ese caso, est&aacute; puesta en el futuro: no ya en los viejos, sino en la juventud. Hablo de nosotros, ahora, de los que miramos a la juventud, la libertaria y la otra, con cierta pena pero tambi&eacute;n cierto desd&eacute;n. La nostalgia no ser&iacute;a entonces lo contrario del optimismo cruel sino su otra cara, su lado oscuro de la luna: es el optimismo cruel de los adultos.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quedarse_129_12567289.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Aug 2025 03:03:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/74a73e23-ffda-4a2d-9a0c-1b8aa3c12eba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="162040" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/74a73e23-ffda-4a2d-9a0c-1b8aa3c12eba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="162040" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Quedarse atrás]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/74a73e23-ffda-4a2d-9a0c-1b8aa3c12eba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Laura Wittner,Miranda July,Virginia Woolf]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
