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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Colette]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuando una gata es la tercera en discordia en un triángulo amoroso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/gata-tercera-discordia-triangulo-amoroso_1_12680628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7257900b-c262-436d-81a8-118d921e3c51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x704y238.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando una gata es la tercera en discordia en un triángulo amoroso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La editorial Acantilado recupera ‘La gata’ (1933) de Sidonie-Gabrielle Colette, una exploración mordaz de los celos en una pareja de recién casados.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Sidonie-Gabrielle Colette </strong>(Saint-Sauveur-en-Puisaye, 1873-Par&iacute;s, 1954), m&aacute;s conocida como Colette a secas, fue una escritora sin parang&oacute;n. Para empezar, no se dedic&oacute; solo a escribir, sino que tambi&eacute;n fue artista de teatro, cabaret y <em>music-hall</em>, y una celebridad de los salones bohemios parisinos del cambio de siglo. 
    </p><p class="article-text">
        Tanto su vida como su (prol&iacute;fica) obra narrativa no dejaron de despertar la fascinaci&oacute;n entre todo tipo de lectores; y es que, a la intensidad con la que vivi&oacute;, se suma el legado de una literatura espl&eacute;ndida, con su inconfundible tono picante, su fino humor y su pincelada sutil, casi impresionista. En sus escritos se funden sus grandes obsesiones, a saber, el amor y la liberaci&oacute;n femenina.
    </p><h2 class="article-text"><strong>De celos y venganza</strong></h2><p class="article-text">
        La editorial Acantilado lleva unos a&ntilde;os recuperando sus t&iacute;tulos principales. El &uacute;ltimo fue <em>La gata</em> (1933), una de sus obras de madurez, que publica con una nueva traducci&oacute;n de N&uacute;ria Petit. Los protagonistas, Alain y Camille, son un matrimonio de reci&eacute;n casados que parecen tenerlo todo a su favor para que la relaci&oacute;n funcione: son de la misma edad, se conocen desde la infancia, forman parte de la burgues&iacute;a acomodada y sus respectivas familias aprueban la uni&oacute;n. Sin embargo, convivir, compartir el d&iacute;a a d&iacute;a, poco tiene que ver con los ideales te&oacute;ricos. Con el amor. Ese es el problema: aunque ambos se casaron con buena predisposici&oacute;n, no contaron con los retos que supondr&iacute;a estar juntos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Camille demuestra no ser la esposa pasiva que hab&iacute;a idealizado y su carnalidad, su impulso, se vuelven una realidad, Alain reacciona con reserva, se retrotrae. En esas, en el todav&iacute;a efervescente matrimonio, entra en escena el tercer v&eacute;rtice del tri&aacute;ngulo, la que se anuncia en el t&iacute;tulo: una gata llamada Saha, a la que Alain colma de atenciones, para desesperaci&oacute;n de su esposa. Los celos atormentan a Camille, que ve c&oacute;mo la criatura se va adue&ntilde;ando de su marido m&aacute;s all&aacute; de lo razonable, hasta que la mujer toma una determinaci&oacute;n. Por encima del tri&aacute;ngulo amoroso, la gata simboliza esa frontera tenue entre la fantas&iacute;a y la realidad que canaliza el deseo en torno al amado.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/4031c13f-66d5-44b5-acbc-efdb0285911d_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em>La gata</em>, sin necesidad de adoptar un tono panfletario, revela mucho, en su apariencia de ficci&oacute;n ligera, del posicionamiento de Colette con respecto a uno de sus motores vitales. A diferencia de libros como su aclamado <em>Ch&eacute;ri</em> (1920), que contrapone a dos personajes que se hallan en etapas distintas de la vida, ella una cortesana madura y &eacute;l un joven que se abre al mundo, pero que aun as&iacute; se entienden (y se encienden) en la pasi&oacute;n amorosa; en <em>La gata</em> los protagonistas parecen tenerlo todo en com&uacute;n, y todo convencional, algo que dificulta la irrupci&oacute;n del amor. Colette siempre pareci&oacute; confiar m&aacute;s en los opuestos, con lo que su mirada resultaba desafiante, provocadora hasta sin pretenderlo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi boda satisface a todo el mundo y a Camille&rdquo;, se dice Alain, &ldquo;y hay momentos en que tambi&eacute;n me satisface a m&iacute;, pero&hellip;&rdquo;. En ese &ldquo;pero&rdquo; cabe todo. Se vuelca con Saha, algo sugiere un miedo a abandonar la seguridad de la ni&ntilde;ez, a resistirse al deseo de Camille: &ldquo;A la edad en que se desea un autom&oacute;vil, un viaje, una encuadernaci&oacute;n rara, unos esqu&iacute;s, Alain no dej&oacute; de ser el muchacho-que-ha-comprado-un-gatito&rdquo;. No se trata de amor por los animales, sino de v&aacute;lvula de escape de cierto malestar, una resistencia (es &eacute;l quien la trae a casa, quien se empe&ntilde;a en llevarla con ellos) al nuevo estilo de vida.
    </p><p class="article-text">
        La gata, diferente a la pareja por naturaleza, encarna esa cualidad de lo inalcanzable, lo imprevisible, lo atrevido que aviva cualquier llama, hasta la de un aletargado marido. A Camille tambi&eacute;n la despierta, si bien en otro sentido, para detener lo que entiende como intrusi&oacute;n. Ahora ambos conocen de verdad con qui&eacute;n se han casado. &ldquo;A nadie le gusta la tormenta&rdquo;, le dice Alain en una ocasi&oacute;n, a lo que Camille responde &ldquo;Yo no la detesto. [&hellip;] Y desde luego no la temo&rdquo;. &ldquo;El mundo entero teme a la tormenta&rdquo;, replica &eacute;l. &ldquo;Pues yo no soy el mundo entero, eso es todo&rdquo;, sentencia su esposa.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Una escritora indomable</strong></h2><p class="article-text">
        Colette se cas&oacute; muy joven con el escritor Henry Gauthier-Villars, en un matrimonio que la convenci&oacute; para siempre de que no estaba hecha para ser la esposa sumisa que aguarda en el hogar. &Eacute;l la introdujo en el c&iacute;rculo bohemio de la vanguardia francesa, un paso que result&oacute; trascendental para ella, una chica de provincias reci&eacute;n llegada a la capital que en su ni&ntilde;ez hab&iacute;a disfrutado del contacto con la naturaleza y los animales &ndash;muy presentes en su obra&ndash;, adem&aacute;s de recibir una educaci&oacute;n laica. Ese esp&iacute;ritu libre no se dej&oacute; domar por un marido que la traicionaba con otras mujeres, al tiempo que a ella la alentaba a tener relaciones l&eacute;sbicas (se enfurec&iacute;a si eran con hombres).
    </p><p class="article-text">
        Fue tambi&eacute;n &eacute;l quien la anim&oacute; a escribir, solo que para aprovecharse de ella: firm&oacute; sus primeros libros, la serie semiautobiogr&aacute;fica sobre la adolescente Claudine, que hace su entrada en sociedad en el Par&iacute;s de <em>fin de si&egrave;cle</em>, donde su sensualidad revoluciona todos los salones. Cuando se divorciaron, Colette, adem&aacute;s de firmar con su nombre, comenz&oacute; a trabajar en el teatro, como actriz y como autora de piezas que a menudo representaba ella misma. Vivi&oacute; su bisexualidad y sus relaciones con una libertad inusual para su tiempo, congeni&oacute; la creaci&oacute;n intelectual con el espect&aacute;culo ligero, nada se le resisti&oacute;. As&iacute; se convirti&oacute; en un &iacute;cono que todav&iacute;a hoy seduce a franceses y a for&aacute;neos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/5a31e2ed-e57c-4f1c-b007-bace9b37af71_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Ser un mito cultural conlleva sus riesgos. En el caso de Colette, a veces se hizo una lectura demasiado superficial de su vida, y por extensi&oacute;n de su obra. Una de las autoras que m&aacute;s la estudi&oacute;, Judith Thurman, cuenta en su biograf&iacute;a <em>Secretos de la carne. Vida de Colette</em> (Siruela, 2000, trad. Olivia de Miguel) que, a pesar de la intensidad con la que vivi&oacute;, de la b&uacute;squeda incansable del amor y el placer, del esc&aacute;ndalo que siempre estuvo al acecho, Colette nunca busc&oacute; el vicio por el vicio, no quer&iacute;a satisfacer el deseo sin m&aacute;s, sino que cre&iacute;a en una forma m&aacute;s profunda del amor, m&aacute;s ligada al sentimiento y a una determinada coherencia de vida que al puro placer f&iacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Esto se aprecia en novelas como <em>La gata</em>, que detr&aacute;s del barniz de sensualidad perfila un conflicto lleno de recovecos y ambig&uuml;edades. Retrata las sombras de cada miembro de la pareja, que se van revelando poco a poco y dan lugar a un cat&aacute;logo de problemas del matrimonio que no perdieron vigencia: la apat&iacute;a, el desinter&eacute;s, los celos, la rutina, la perversi&oacute;n, el desenga&ntilde;o, la traici&oacute;n, el dolor. Y, adem&aacute;s, lo hace con mordacidad, con un tono irreverente que huye del sentimentalismo y logra que su lectura, pese a lo cruel que pueda ser la situaci&oacute;n, resulte chispeante.
    </p><p class="article-text">
        Colette fue miembro de la Real Academia de B&eacute;lgica, recibi&oacute; la Legi&oacute;n de Honor de Francia y se convirti&oacute; en la primera mujer en presidir la prestigiosa Academia Goncourt. Cu&aacute;ntos contrastes puede tener una vida, que no obstante se mantuvo coherente en los principios desde el comienzo: los derechos de las mujeres, la liberalizaci&oacute;n de la carne, el desaf&iacute;o a las costumbres burguesas. Y la ficci&oacute;n, en sus m&uacute;ltiples manifestaciones &ndash;de la novela al espect&aacute;culo de variedades&ndash;, como herramienta para representar los desencantos y las dichas de las relaciones humanas, la voluptuosidad de la naturaleza y los sentidos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Entre los reci&eacute;n casados las cosas van o demasiado bien o demasiado mal. Y no s&eacute; qu&eacute; es mejor. Pero nunca funcionan normalmente&rdquo;, dice la madre del protagonista cuando &eacute;l le pide consejo. Despu&eacute;s a&ntilde;ade que sus preguntas &ldquo;solo tienen respuesta en el divorcio&rdquo;. Este tipo de observaci&oacute;n sutil y perspicaz es marca de la casa de esta escritora francesa. Hoy, entre tanta literatura expl&iacute;cita, oscura y violenta en su forma m&aacute;s obvia, se echa de menos esa frescura, se echa de menos una voz como la de Colette, que pone el dedo en la llaga sin ensuciarse las manos, mientras nos lanza una mirada traviesa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Oct 2025 17:31:00 +0000]]></pubDate>
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