<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Edificio Bencich]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/edificio-bencich/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Edificio Bencich]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1054814/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Alta en el cielo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alta-cielo_129_12714737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03db96c8-456b-43b3-b506-a50d5184873f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alta en el cielo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mirada desde una cumbre cambia lo que observamos, nos proporciona otros puntos de vista sobre el entorno y nosotros mismos. En una ciudad como Buenos Aires, con más de cuatrocientas cúpulas, se puede vivir esa experiencia majestuosa, lo que sangra, desde el coronamiento de algunos edificios. </p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es cierto que hay zonas porte&ntilde;as cuya superficie &aacute;rea m&aacute;s pr&oacute;xima a la Tierra est&aacute; atravesada por cables lisos o enredados, de los que cuelgan pares de zapatillas y en los que se posan los loros y las palomas. Pero si la mirada logra eludir el tendido pl&aacute;stico y las aves, los ojos penetran el firmamento, un horizonte infinito con el que es dable so&ntilde;ar utop&iacute;as, cambios.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desear es echar en falta una estrella, el sentimiento de dorada ausencia, la b&uacute;squeda en lo alto de algo que ilumine el coraz&oacute;n de la gente, que posibilite un acercamiento a otras dimensiones donde la vida resulte mejor para todos. Como se despliega en su versi&oacute;n m&aacute;s coloquial la teor&iacute;a de las dimensiones paralelas, conocida como multiverso y un derivado de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, la teor&iacute;a de cuerdas y la de la inflaci&oacute;n c&oacute;smica: hay m&uacute;ltiples universos que coexisten con el nuestro, aunque no podamos verlos ni interactuar. Esas cosmogon&iacute;as pueden ser inspiradoras de nuestro imaginario transformador y un impulso creativo de nuestra praxis. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Tambi&eacute;n hay cielos que pueden tener &aacute;ngeles, como ocurre con la ficci&oacute;n filmada </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El cielo sobre Berl&iacute;n</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> del realizador </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Wim Wenders</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que se estren&oacute; en la Argentina como </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las alas del deseo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Se trat&oacute; de una declaraci&oacute;n de amor por la humanidad, en la que los personajes de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Bruno Ganz</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Otto Sander</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> observaban la vida mundana, en especial&nbsp;la que transcurr&iacute;a en la capital alemana. No pod&iacute;an cambiar la vida de la gente ni darse a conocer, aunque s&iacute; reponerle las ganas de vivir e intentar reconfortarla cuando sent&iacute;a dolor. Era tal el deseo de esos seres alados por formar parte de la mortalidad, que uno de ellos sacrificaba su eternidad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Todo esto pens&eacute; cuando sub&iacute; al edificio Bencich, en Roque S&aacute;enz Pe&ntilde;a 615, durante una visita cuyas anfitrionas fueron </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ana</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ver&oacute;nica Groch</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, fascinadas por la magia oculta de las construcciones antiguas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con las luces de la ciudad como testigos observ&eacute; desde el cielo la esquina de Florida y Diagonal, de la mano de actores que jugaban al ajedrez y nos condujeron por escaleras que evocaban al artista holand&eacute;s </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Maurits Cornelis Escher</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, maestro de las figuras imposibles y las ilusiones &oacute;pticas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El Bencich es una obra ecl&eacute;ctica que dise&ntilde;&oacute; el franc&eacute;s </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Eduardo Le Monnier</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y fue erigida en 1927. All&iacute; se emplaza una de las cuatrocientas c&uacute;pulas de Buenos Aires, esas b&oacute;vedas en forma de media esfera que interrumpen el paisaje del cielo y nos acercan al anhelo estelar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Intu&iacute; que ese viaje por las costuras del espacio y del tiempo me llevar&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de una experiencia est&eacute;tica; las c&uacute;pulas me transportaron a las creencias religiosas, ya que ante la mirada volvieron a unir lo que parec&iacute;a separado. Construidas con frecuencia para representar el cielo, se decoraban y estilizaban en consecuencia. Su forma circular representaba la eternidad, mientras que el v&eacute;rtice, que a menudo es el punto m&aacute;s alto del edificio, apunta al techo del mundo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El esplendor de las c&uacute;pulas en Buenos Aires tuvo lugar entre fines del siglo Diecinueve y principios del Veinte. Eran entonces el elemento que se utilizaba para marcar las esquinas y el signo del progreso de la burgues&iacute;a, ya que se utilizaban como ornamento de valor para las construcciones. Los propietarios de edificios ubicados en mitad de cuadra y los due&ntilde;os de hoteles no quer&iacute;an ser menos que sus vecinos de modo que proliferaron por toda la ciudad.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las b&oacute;vedas no responden a un estilo determinado: el &aacute;rabe, el espa&ntilde;ol y el ruso, se mezclan con el art noveau, de moda en Europa a principios del siglo pasado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Mientras caminaba asombrada, subiendo escaleras y abordando superficies con paredes curvas, record&eacute; la poes&iacute;a vertical de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Roberto Ju&aacute;rroz</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. El poeta de Coronel Dorrego escrib&iacute;a para conectar lo secular con la magnitud celestial, continente de una pluralidad fant&aacute;stica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Dec&iacute;a: As&iacute; como no podemos sostener mucho tiempo una mirada, tampoco podemos sostener mucho tiempo la alegr&iacute;a, la espiral del amor, la gratuidad del pensamiento, la tierra en suspensi&oacute;n del c&aacute;ntico. No podemos ni siquiera sostener mucho tiempo las proporciones del silencio cuando algo lo visita. Y menos todav&iacute;a cuando nada lo visita. El hombre no puede sostener mucho tiempo al hombre, ni tampoco a lo que no es el hombre. Y sin embargo puede soportar el peso inexorable de lo que no existe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Como ocurre con los libros y las pel&iacute;culas, el avistaje en las alturas nos transporta a sensaciones ausentes en la vida cotidiana, una panor&aacute;mica celeste que no tiene otro l&iacute;mite que el horizonte. A ras del suelo no son m&aacute;s de cinco kil&oacute;metros, pero a la altura de esa corola arquitect&oacute;nica los confines se desplazan.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Claro que cuando nos alejamos de la Tierra, pueden aparecer el v&eacute;rtigo y la falta de ox&iacute;geno, as&iacute; como el uso de celulares nos concentra en la pantalla y se pierde la visi&oacute;n hacia adelante.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La utop&iacute;a est&aacute; en el horizonte, dec&iacute;a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Eduardo Galeano</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> que dec&iacute;a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Fernando Birri</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Me acerco dos pasos, ella se aleja. Camino dos pasos y el horizonte se aleja dos pasos m&aacute;s. &iquest;Para que sirve la utop&iacute;a? Sirve para caminar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La c&uacute;pula tambi&eacute;n es el domo, es decir el dominio propio, la casa que habitamos que, a su vez, puede ser el cuerpo. Desde all&iacute; construimos nuestros placeres y miedos, nuestros quereres y disgustos. Cupular no tiene la misma ra&iacute;z que copular, aunque sin duda son dos infinitivos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La &uacute;ltima ascensi&oacute;n cupular fue en el Palacio Raggio, de Vicente L&oacute;pez, en la zona norte de Buenos Aires y la pr&oacute;xima visita es al ic&oacute;nico edificio La London, hoy, al caer el sol.&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Yo conozco ese lugar donde revientan las estrellas&hellip;</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alta-cielo_129_12714737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Oct 2025 14:43:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/03db96c8-456b-43b3-b506-a50d5184873f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="150883" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/03db96c8-456b-43b3-b506-a50d5184873f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="150883" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Alta en el cielo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/03db96c8-456b-43b3-b506-a50d5184873f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Edificio Bencich]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
