<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Olas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/olas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Olas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1054849" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[¿El fin de los surfers? Los mares se están quedando sin olas y los científicos culpan al ser humano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/medio-ambiente/surfers-mares-quedando-olas-cientificos-culpan-humano_1_12732362.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/864cd1cd-eee4-4c3d-8b2b-16227b165a45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿El fin de los surfers? Los mares se están quedando sin olas y los científicos culpan al ser humano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada intervención portuaria o dragado modifica el recorrido de los sedimentos y reduce la fuerza del oleaje, generando transformaciones que afectan tanto a los ecosistemas como a la economía de comunidades que viven del mar.</p></div><p class="article-text">
        El <strong>agua del planeta ha empezado a mostrar se&ntilde;ales de agotamiento</strong>. La disminuci&oacute;n de su energ&iacute;a se refleja en mares m&aacute;s planos, en rompientes que se desvanecen y en costas que parecen adormecidas. El mar, que durante siglos <strong>respondi&oacute; al movimiento del viento</strong>, ahora se apaga y pierde fuerza.
    </p><p class="article-text">
        La disminuci&oacute;n del movimiento superficial revela un deterioro impotante: los <strong>oc&eacute;anos y mares est&aacute;n perdiendo sus olas</strong> y, con ellas, parte de la energ&iacute;a que regula su funcionamiento. En ese escenario nace una investigaci&oacute;n que transforma esa realidad f&iacute;sica en datos, im&aacute;genes y sonidos.
    </p><h2 class="article-text">Las obras costeras alteran el fondo marino y cambian la din&aacute;mica del litoral</h2><p class="article-text">
        El proyecto <em><strong>Las olas perdidas</strong></em>, presentado en el Centro Bot&iacute;n de Santander, re&uacute;ne al d&uacute;o de artistas e investigadores <strong>Daniel Fern&aacute;ndez </strong>y <strong>Alon Schwabe</strong>, conocidos como <em><strong>Cooking Sections</strong></em>, con el grupo de geom&aacute;tica y oceanograf&iacute;a de la Universidad de Cantabria. Su estudio demuestra que la <strong>actividad humana ha alterado el fondo marino</strong> hasta modificar la energ&iacute;a del oc&eacute;ano. &ldquo;Se&ntilde;alamos un d&iacute;a, mes y a&ntilde;o y eran capaces de mostrar la altura, velocidad o direcci&oacute;n de las olas a la perfecci&oacute;n&rdquo;, explic&oacute; Fern&aacute;ndez a <em>ABC</em>. Esta investigaci&oacute;n conecta arte y ciencia para<strong> documentar la desaparici&oacute;n de once rompientes emblem&aacute;ticas</strong> en distintos puntos del planeta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8c3c7da-0656-4096-aa34-9f03535c7a82_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8c3c7da-0656-4096-aa34-9f03535c7a82_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8c3c7da-0656-4096-aa34-9f03535c7a82_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8c3c7da-0656-4096-aa34-9f03535c7a82_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8c3c7da-0656-4096-aa34-9f03535c7a82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8c3c7da-0656-4096-aa34-9f03535c7a82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c8c3c7da-0656-4096-aa34-9f03535c7a82_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El proyecto presentado en Santander une arte y ciencia para seguir el rastro de once rompientes perdidas en distintos puntos del planeta"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El proyecto presentado en Santander une arte y ciencia para seguir el rastro de once rompientes perdidas en distintos puntos del planeta                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Los datos obtenidos confirman un patr&oacute;n constante. Cada vez que una obra portuaria corta la deriva de los sedimentos o un dragado altera la arena del fondo, la ola pierde energ&iacute;a. La consecuencia inmediata es la <strong>desaparici&oacute;n de la rompiente</strong> y, a largo plazo, un <strong>cambio en la din&aacute;mica costera</strong>. Desde Cabo Blanco en Per&uacute; hasta Jardim do Mar en Madeira, los investigadores identificaron que las<strong> infraestructuras humanas provocan una p&eacute;rdida de fuerza en los mares</strong> que altera tanto los ecosistemas como la econom&iacute;a local.
    </p><p class="article-text">
        La <strong>ola de Mundaca,</strong> en la costa vasca, se convirti&oacute; en el ejemplo m&aacute;s conocido de este fen&oacute;meno. En octubre de 2003, un dragado de 243.000 metros c&uacute;bicos de arena del <strong>r&iacute;o Ok</strong>a, realizado para permitir el paso de barcazas a un astillero, deshizo el banco submarino que moldeaba su rompiente. La ola, considerada una de las mejores izquierdas del mundo, desapareci&oacute;. Con ella, tambi&eacute;n se <strong>hundi&oacute; el turismo del surf</strong> que sosten&iacute;a buena parte de la econom&iacute;a de la zona.
    </p><h2 class="article-text">La modelizaci&oacute;n digital revela c&oacute;mo la alteraci&oacute;n del lecho marino debilita la superficie</h2><p class="article-text">
        Para comprender las causas, el grupo<strong> </strong><em><strong>GeoOcean</strong></em> de la Universidad de Cantabria aplic&oacute; su tecnolog&iacute;a de modelizaci&oacute;n a im&aacute;genes satelitales y bases de datos hist&oacute;ricas. Gracias a estos modelos, pudieron <strong>reconstruir el comportamiento de las olas antes y despu&eacute;s de las intervenciones humanas</strong>. &ldquo;Lo m&aacute;s interesante de haber trabajado con ellos ha sido descubrir su capacidad de viajar en el tiempo&rdquo;, coment&oacute; Schwabe. La reconstrucci&oacute;n digital revel&oacute; con exactitud c&oacute;mo la <strong>alteraci&oacute;n del fondo afectaba a la energ&iacute;a superficial </strong>y confirmaba la conexi&oacute;n entre ambos planos del mar.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DQB3-9GjBeR/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Las conclusiones fueron bastante claras: <strong>cualquier modificaci&oacute;n en el lecho marino repercute en la superficie</strong>. Las olas son consecuencia de la energ&iacute;a que nace bajo ellas. Cuando un espig&oacute;n, una presa o la pesca de arrastre modifica la base del oc&eacute;ano, esa<strong> energ&iacute;a se dispersa y la ola muere</strong>. Los investigadores describen esta relaci&oacute;n como una<strong> cadena f&iacute;sica que enlaza profundidad y superficie</strong>, una l&iacute;nea invisible que mantiene el equilibrio del planeta.
    </p><p class="article-text">
        Con la colaboraci&oacute;n del compositor<strong> Duval Timothy</strong>, el proyecto convirti&oacute; esos datos cient&iacute;ficos en <strong>once piezas sonoras</strong>. Cada una reproduce las vibraciones y ritmos de una ola desaparecida. En la sala, estructuras suspendidas ondulan y responden a las frecuencias registradas, reproduciendo lo que los artistas llaman la <strong>respiraci&oacute;n perdida del mar.</strong> Las obras transforman la informaci&oacute;n t&eacute;cnica en experiencia sensorial, permitiendo que el p&uacute;blico perciba el silencio que queda tras la desaparici&oacute;n de las rompientes.
    </p><h2 class="article-text">Las comunidades costeras reclaman proteger las rompientes que a&uacute;n sobreviven</h2><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de olas no afecta solo al paisaje o al surf, sino tambi&eacute;n a las comunidades que viven del mar. En Per&uacute;, las protestas de surfistas y pescadores en Cabo Blanco dieron lugar a la <em><strong>Ley de Rompientes</strong></em>, una norma que<strong> protege las olas frente a infraestructuras </strong>que puedan alterarlas. En Cantabria, asociaciones como <em><strong>Surf &amp; Nature Alliance</strong></em> proponen declararlas <strong>patrimonio natural </strong>para evitar que la presi&oacute;n humana las destruya.
    </p><p class="article-text">
        Fern&aacute;ndez y Schwabe se&ntilde;alan que el turismo de surf, convertido en estos momentos en una industria global, ha impulsado desarrollos urbanos que acaban da&ntilde;ando las mismas rompientes que lo originaron. Esa paradoja resume la situaci&oacute;n actual: la b&uacute;squeda de beneficio inmediato provoca p&eacute;rdidas irreversibles. Las olas desaparecen, el mar se calma y con &eacute;l se apagan procesos vitales que sostienen el clima y los ecosistemas. En esa quietud creciente se refleja el agotamiento de un planeta que intenta seguir respirando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Héctor Farrés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/medio-ambiente/surfers-mares-quedando-olas-cientificos-culpan-humano_1_12732362.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Oct 2025 15:33:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/864cd1cd-eee4-4c3d-8b2b-16227b165a45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4780565" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/864cd1cd-eee4-4c3d-8b2b-16227b165a45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4780565" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿El fin de los surfers? Los mares se están quedando sin olas y los científicos culpan al ser humano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/864cd1cd-eee4-4c3d-8b2b-16227b165a45_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mares,Océanos,Olas]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
