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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - César González]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/cesar-gonzalez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - César González]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Palabras tras las rejas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/palabras-rejas_129_12754407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10d82747-25ef-4175-8dea-c142329f2d16_16-9-discover-aspect-ratio_default_1130024.jpg" width="852" height="479" alt="Palabras tras las rejas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay testimonios que atraviesan los muros de las cárceles, palabras que recogen la experiencia de la falta de libertad y se convierten en literatura. César González, Fiódor Dostoievski, Rosa Luxemburgo, Nelson Mandela y Jean Genet rompieron el silencio y la oscuridad de sus días en prisión, en guerra contra los poderes de la sociedad y con obras de arte que vale la pena conocer.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;La libertad se escuchaba demasiado cerca. Solo unos metros separaban la vida de la muerte en vida. El instituto se ubicaba apenas unos pocos kil&oacute;metros al sur del obelisco, en Parque Chacabuco. En los alrededores rug&iacute;a el paso de una autopista. Corr&iacute;a el 6 de agosto de 2005&rdquo;.La celda era chica y de un gris desgastado&ldquo;, escribe en su reciente novela, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Rengo yeta</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, el argentino </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>C&eacute;sar Gonz&aacute;lez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Estuvimos el jueves en Eterna Cadencia escuchando al escritor: &rdquo;Una de las paredes daba a la calle. Por una ventana rota, a tres metros de altura, atravesada con cuatro barrotes de hierro, se colaban sin piedad el fr&iacute;o del invierno, el viento, el ruido de afuera y una estela de luces urbanas que permit&iacute;an dilucidar algo entre la oscuridad. Los sonidos que hasta ayer pasaban desapercibidos ahora me aterraban. Los autos sonaban como una carcajada gigante que se burlaba de mi encierro&ldquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">C&eacute;sar Gonz&aacute;lez retoma as&iacute; el relato de una existencia desamparada y violenta. El m&aacute;s grande de ocho hermanos, vivi&oacute; con su familia de origen en la villa Carlos Gardel, cerquita del Hospital Posadas, donde se unen La Matanza, Mor&oacute;n y Tres de Febrero. Ahora vive en Constituci&oacute;n y aunque tiene un lugar supuestamente m&aacute;s c&oacute;modo para escribir, extra&ntilde;a los sonidos de la cumbia y de las balas. Se drog&oacute;, delinqui&oacute; y a los 16 a&ntilde;os ingres&oacute; al Instituto de Menores Luis Agote y, m&aacute;s tarde, a la c&aacute;rcel de Marcos Paz, donde cumpli&oacute; una condena como c&oacute;mplice de un secuestro extorsivo.&nbsp;Participar en talleres de lectura y escritura en la c&aacute;rcel le permiti&oacute; encontrar una voz propia, cruda y singular, primero como poeta, luego como narrador, le cuenta a Anne Sophie Vignolles, en una entrevista abierta. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&nbsp;&ldquo;Estaba completamente solo, no ten&iacute;a a otro pibe para hablar y as&iacute;, al menos, matar un poco el tiempo. Me sent&iacute;a sucio, llevaba dos d&iacute;as con la misma ropa: un pantal&oacute;n deportivo Nike negro y finito, m&aacute;s acorde al verano; una remera de algod&oacute;n azul y una reluciente campera de jean y corderoy, un bot&iacute;n de guerra marca Bensimon, que encontr&eacute; en una casa a la que hab&iacute;a entrado a robar&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Los huesos me temblaban por el fr&iacute;o, pero m&aacute;s a&uacute;n por la abstinencia de coca&iacute;na&rdquo;, cuenta el tambi&eacute;n protagonista de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El ni&ntilde;o resentido</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Escribe para domesticar la humillaci&oacute;n de los burgueses que tienen todo mientras los pobres, nada. &ldquo;Mi cuerpo no toleraba la ausencia de su vicio favorito. Me rasgu&ntilde;aba la piel, me com&iacute;a las u&ntilde;as, me rascaba la cabeza, hac&iacute;a sonar una y otra vez la mand&iacute;bula, me sentaba en el piso y me pegaba pi&ntilde;as en la frente y en el pecho. La abstinencia hac&iacute;a recrudecer la claustrofobia. Un aullido tenebroso silbaba entre los rincones de la celda. Los demonios desfilaban por mi mente&rdquo;. Su madre hab&iacute;a estado en prisi&oacute;n por coca&iacute;na, su padre, alcoholizado, aparec&iacute;a en la casa de vez en cuando cantando canciones de Racing. &ldquo;Ese&nbsp;croto que ol&iacute;a a vino tinto me avergonzaba y, a la vez, me causaba cierta misericordia&rdquo;, recuerda.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Hoy, 22 de diciembre, nos llevaron a la plaza Semi&oacute;novskaya. Ah&iacute; nos leyeron a todos la sentencia de muerte, nos permitieron besar la cruz, rompieron las espadas sobre nuestras cabezas y nos ataviaron con las camisas blancas para recibir la muerte. Despu&eacute;s amarraron a los primeros tres al poste para llevar a cabo la ejecuci&oacute;n. Yo era el sexto y nos llamaban de tres en tres; por lo tanto estaba en el segundo grupo y no me quedaba de vida m&aacute;s de un minuto (...). En eso se oy&oacute; el toque de retirada. Los que estaban amarrados al poste fueron devueltos a su lugar y nos comunicaron a todos que su Majestad Imperial nas conced&iacute;a la vida. Despu&eacute;s siguieron las verdaderas sentencias&rdquo;. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Fi&oacute;dor Dostoievski </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">le manda esta carta a su hermano Mijail desde la fortaleza de San Pedro de Petersburgo el 22 de diciembre de 1849.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"> Muchos de estos libros nacieron durante la prisi&oacute;n, en las peores condiciones de vida de sus autores, no en cuartos con luz, caf&eacute;, libros, computadora y libertad, como suele ser m&aacute;s frecuente entre sus pares. A mano, en papeles deshechos, en el dorso de otras cartas, escribieron para soportar la existencia detr&aacute;s de las rejas y no dejarse morir. Las palabras fueron su manera de escapar de la falta de libertad, memorizar otros tiempos, rehacerse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El 5 de marzo de 1915, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Rosa Luxemburgo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> anota: &ldquo;Recib&iacute; de la se&ntilde;orita Jacob este calendario y magn&iacute;ficas flores (an&eacute;monas, nomeolvides, amentos y ramas de cerezo). Un mes antes fue encarcelada&nbsp;en Berl&iacute;n y el Fuerte de Wronke por encabezar protestas pac&iacute;ficas. A comienzos de 1918, la dirigente marxista fue trasladada al penal de Breslau. </span>En la bit&aacute;cora, Rosa registra el d&iacute;a a d&iacute;a&nbsp;y elabora un herbario<span class="highlight" style="--color:white;"> con flores frescas o secas que le env&iacute;an sus amigas, plantas que recoge en el patio de la c&aacute;rcel o en las hortaliza que cultiva. Es una obra de arte con&nbsp;</span>nombres de mujeres y de flores, nombres de lugares y fechas, definiciones cultas y algunos versos de Goethe.&hellip;&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;En mis actuales circunstancias, pensar en el pasado puede ser mucho m&aacute;s duro que contemplar el&nbsp;presente y prever el curso de los futuros conocimientos&rdquo;, escribe el detenido </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Nelson Mandela</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, el gran luchador en contra del apartheid, desde Robben Island, un penal de trabajos forzados situado frente a Ciudad del Cabo. &ldquo;Hasta que me encarcelaron no hab&iacute;a valorado nunca del todo la capacidad de la memoria, la interminable retah&iacute;la de informaci&oacute;n que puede guardar la mente. La celda es un lugar id&oacute;neo para conocerte a ti mismo, para indagar con realismo y asiduidad como funciona tu propia mente y tus sentimientos&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>Un largo camino hacia la libertad</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">es la autobiograf&iacute;a del ex presidente sud&aacute;fricano, que detalla su vida y los 27 a&ntilde;os que pas&oacute; en la c&aacute;rcel. </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Cartas desde la prisi&oacute;n</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, una colecci&oacute;n de correspondencia personal que propone una visi&oacute;n &iacute;ntima de su experiencia.&nbsp;Dedicados a sus</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">seis hijos: &ldquo;Madiba y Makaziwe que han muerto, y a Makgatho, Makaziwe, Zenani y Zindzi, cuyo apoyo y cari&ntilde;o atesoro; a mis veinti&uacute;n nietos y tres bisnietos que tanto quiero; y a todos mis camaradas, amigos y compa&ntilde;eros sudafricanos a quienes sirvo y cuyo coraje, determinaci&oacute;n y patriotismo contin&uacute;an siendo mi fuente de inspiraci&oacute;n&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Novela autobiografica del delincuente empedernido, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jean Genet</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> escribe en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Santa Mar&iacute;a de las Flores,</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> concebida en la c&aacute;rcel, en el hampa y en los bajos fondos. Escrita en la prisi&oacute;n de Fresnes, para paliar en parte el horror de su experiencia carcelaria, es una historia que hace literatura de la brutalidad de la c&aacute;rcel y celebra la delincuencia. Escritor transgresor al extremo, evit&oacute; la pena de muerte gracias a que intercedieron Picasso y Sastre, pudo evitar la pena de muerte a la que hab&iacute;a sido condenado. Ladr&oacute;n, linyera, estafador,&nbsp;la escritura lo salv&oacute;. &ldquo;Un recluso en una celda. En la pared el reglamento de la c&aacute;rcel. En el dorso del reglamento, pegados con migas de pan, unas veinte fotos de asesinos recortados de la prensa; para los m&aacute;s puramente criminales, un marco hecho con cuentas en forma de estrella: y en honor de los cr&iacute;menes de todos ellos escribo este libro&rdquo;, explic&oacute; el autor de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las criadas.</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/palabras-rejas_129_12754407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Nov 2025 18:47:01 +0000]]></pubDate>
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