<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Crueldad]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/crueldad/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Crueldad]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1054916/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El origen de la crueldad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/origen-crueldad_129_12769943.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cedfe376-2e5e-4c51-bd6e-1e399752f2f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El origen de la crueldad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Realizan ritos de virilidad para darles sentido a sus vidas sin sentido. Quienes están cerca son indiferentes frente a su violencia. Son los varones de las nuevas y extremas derechas.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Son muchos, pero no son todos. Miles, cientos de miles. &iquest;Millones? Las cifras no se encuentran en los censos ni en las encuestas. En la mayor&iacute;a de las sociedades contempor&aacute;neas, la construcci&oacute;n social de lo varonil busca encontrar una modalidad resistente a los cambios inaugurados por la expansi&oacute;n del feminismo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ocurri&oacute; brutal y vertiginosamente, casi sin que nos di&eacute;ramos cuenta, mientras los modelos de g&eacute;nero tradicionales se iban borrando. Los machos han armado la guerra. Algunos son &ldquo;incels&rdquo;, c&eacute;libes involuntarios unidos en su violenta misoginia, perdedores de agresi&oacute;n acumulada que los ha llevado a una violencia extrema. El odio ha echado ra&iacute;ces en ellos y suelen tener un l&iacute;der al que siguen sin pensar en la consecuencia de sus acciones, las de aquel y las propias. Y tienen una clara incidencia en la realpolitik. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es dif&iacute;cil establecer cu&aacute;ndo comenz&oacute; el conflicto entre el actual presidente de la Argentina, sus seguidores y las mujeres. Tambi&eacute;n lo es precisar sus causas totales. Pero su expresi&oacute;n est&aacute; a la orden del d&iacute;a. Cierta tensi&oacute;n entre una parte del movimiento feminista -que excluy&oacute; a los varones de su lucha- tambi&eacute;n est&aacute; en la etiolog&iacute;a del problema. Aunque no explica el resentimiento ni las emociones extremas que surgen de Milei y sus seguidores, afines al rechazo y al maltrato hacia lo que consideran d&eacute;bil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Ritos de virilidad en la adolescencia</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, dice el antrop&oacute;logo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>David Le Breton</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (Francia, 1953): ser rudo, escandaloso, beligerante; maltratar y fetichizar al g&eacute;nero femenino; buscar solo la amistad de los hombres, pero tambi&eacute;n detestar al colectivo LGBT+; hablar de manera grosera; denigrar las ocupaciones de ellas. Sus valores se expresan de manera caricaturesca: insultar en vez de hablar; ponerse la gorra, escupir, mirar siempre hacia abajo, hablar al vesre, usar procedimientos desleales.</span>
    </p><p class="article-text">
        Tener que rendir cuentas est&aacute; ausente de sus h&aacute;bitos, porque el otro como sujeto no cuenta. Ven a la sociedad como una selva donde es normal que las fragilidades sean a&uacute;n m&aacute;s explotadas o ridiculizadas.
    </p><p class="article-text">
        Sobresignifican su fuerza f&iacute;sica, se afirman en un contexto econ&oacute;mico y social con poco margen para construir la autoestima. Adem&aacute;s, consolidan el orden r&iacute;gido del g&eacute;nero que plantea la dominaci&oacute;n masculina no solo como una relaci&oacute;n de fuerzas permanente, sino como un hecho natural que no tolera ninguna condena. Cualquier motivo es bueno para afirmar sus prerrogativas: un empuj&oacute;n, una mirada, un insulto real contra la madre o la hermana, una pelea con la novia o la mujer
    </p><p class="article-text">
        Convertirse en un hombre es una tarea dif&iacute;cil para muchos j&oacute;venes que carecen de mayores confiables, con quienes hablar y compartir. El proceso muchas veces adopta formas peligrosas, con ritos de virilidad entre pares y alabanzas a la violencia. El maltrato de otros y otras es el carn&eacute; de identificaci&oacute;n y la puerta de ingreso para ser admitidos.
    </p><p class="article-text">
        El v&iacute;nculo con el otro casi no se construye, es instrumental, unilateral y se estructura en torno a un yo todopoderoso en el que el otro no est&aacute; integrado. Ese distinto es un obst&aacute;culo, un enemigo si reacciona, no tiene espesura. Las mujeres, sobre todo las chicas, sienten que tienen que franquear los peajes de ellos, materiales o simb&oacute;licos, cuando dominan las calles, las examinan y abren la boca. Ellas calculan como acelerar su paso o cambian sus trayectos para ser invisibles. La violaci&oacute;n colectiva es una forma de fortalecimiento del grupo. &ldquo;A que no te animas&rdquo; es una frase corriente. Pero cuando est&aacute;n solos, cuando dejan al grupo son totalmente d&eacute;biles.
    </p><p class="article-text">
        El deseo de estar por encima de los otros, de gozar de una s&oacute;lida reputaci&oacute;n, de ser un cabecilla los anima. Al no tener otros medios para demostrar que son alguien, est&aacute;n en una provocadora y constante puesta en escena de su presencia. La obsesi&oacute;n por el reconocimiento y el respeto demuestra lo endeble del sentimiento de s&iacute; mismos. La presi&oacute;n del grupo es despiadada. Perder su estima es el peor de los peligros.
    </p><p class="article-text">
        El chico sabe muy pronto que no debe &ldquo;dejarse pisotear&rdquo; sino hacer ruido, reprimir el dolor o, al menos disimularlo, tener un lenguaje escatol&oacute;gico en la vida privada y p&uacute;blica. Tambi&eacute;n, bancarse el alcohol aunque no le guste, rebelarse contra las normas, distanciarse de la ley.
    </p><p class="article-text">
        La memoria de estos hombres y por tanto su identidad se va cimentando luchando contra los l&iacute;mites, en actos como transgredir una prohibici&oacute;n, enga&ntilde;ar a un maestro, burlarse de una mujer. El desprecio, el riesgo y la velocidad son algunos de los medios radicales en que ponen en juego su integridad f&iacute;sica. Siempre que hacen prevalecer su punto de vista construyen su propio h&eacute;roe y su leyenda. Y esa perspectiva carece entre los suyos de una mirada cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En la adolescencia, los chicos se lanzan a la vida social con desaf&iacute;os y provocaciones que son perjudiciales para los dem&aacute;s. Y aunque los perturban los cambios corporales, sienten que les dar&aacute;n un incremento de poder frente al mundo. Necesitan &ldquo;ser alguien&rdquo; en su barrio o en cualquiera de los escenarios en los que se mueven.
    </p><p class="article-text">
        Es un desequilibrio entre lo material y lo intelectual a favor de lo primero. El impulso privilegia el mero presente por sobre el futuro y se miden con los de su propio sexo, mucho m&aacute;s que con las chicas.
    </p><p class="article-text">
        Pueden ser extremistas, adeptos a una secta o, como sucede en la actualidad, parte de las filas de la ultraderecha donde, a diferencia del resto del espectro pol&iacute;tico, las mujeres casi brillan por su ausencia.
    </p><p class="article-text">
        Su existencia adquiere sentido al tener un objetivo. Como caricaturas de los estereotipos de g&eacute;nero, definen su relaci&oacute;n con el mundo erradicando toda piedad, dejando de ver el rostro del otro en su singularidad y su proximidad, convirti&eacute;ndolo en un obst&aacute;culo&nbsp;o, directamente, en la encarnaci&oacute;n del mal. &ldquo;Se la buscaron&rdquo;, se justifican.
    </p><p class="article-text">
        Son la muestra m&aacute;s acabada y extrema del individualismo, separados de aquella emoci&oacute;n tan mentada hoy en d&iacute;a, la empat&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/origen-crueldad_129_12769943.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Nov 2025 03:02:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cedfe376-2e5e-4c51-bd6e-1e399752f2f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="220838" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cedfe376-2e5e-4c51-bd6e-1e399752f2f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="220838" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El origen de la crueldad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cedfe376-2e5e-4c51-bd6e-1e399752f2f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Crueldad,Odio,Discriminación]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
