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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Carminho]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Carminho]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La voz a ti debida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voz-debida_129_12861259.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/58fb9a14-a1db-4ea7-a8e4-502468d5d1bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La voz a ti debida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Lux", el último disco de Rosalía, figura en todas las listas de “mejores discos” de 2025 publicadas al momento. Las más de 42 millones de escuchas en Spotify en un solo día, hablan de una homogeneidad que, sin embargo, no es tal. El mundo del pop menciona el riesgo y el experimentalismo. Y, desde afuera, otros se indignan ante lo que juzgan como el alborozo de ignorantes ante la nueva invención de la rueda. Aquí, algunas de las razones por las que el cuarto álbum de esta artista salida del flamenco, es, en efecto, una obra maestra. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;A la noche se empiezan a encender las preguntas. Las hay distantes, quietas, inmensas, como astros: preguntan desde all&iacute; siempre lo mismo: c&oacute;mo eres&rdquo;. As&iacute; comienza el espa&ntilde;ol <strong>Pedro Salinas</strong> uno de los &uacute;ltimos poemas del libro <em>La voz a ti debida</em>, publicado en 1933. Su t&iacute;tulo remite a un verso de <strong>Garcilaso de la Vega</strong>, citado a su vez en el <em>Quijote</em> de <strong>Cervantes</strong>. Salinas, traductor de <strong>Marcel Proust</strong> y uno de las grandes poetas de la <em>Generaci&oacute;n del 27</em> (<strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>, <strong>Miguel Hern&aacute;ndez</strong> y <strong>Rafael Alberti</strong>, entre ellos) ancla su visi&oacute;n de lo moderno en el clasicismo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rosal&iacute;a</strong>, otra voz po&eacute;tica de Espa&ntilde;a, funda su cuarto &aacute;lbum &ndash;un disco con voces, algunas expl&iacute;citas y muchas otras subterr&aacute;neas&ndash; en el mismo principio. Tanto los elogios recibidos por <em>Lux</em> como las diatribas &ndash;mucho m&aacute;s secretas si se piensa en la unanimidad de la cr&iacute;tica del pop al respecto o en los m&aacute;s de 42 millones de escuchas que acumul&oacute; en el d&iacute;a de su lanzamiento&ndash; se refieren a lo mismo: la utilizaci&oacute;n de una orquesta y la referencia a la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Ni unos ni las otras reparan en que all&iacute; lo m&aacute;s importante es, precisamente, el uso, y no sus materiales. Hay all&iacute;, en todo caso, una respuesta &ndash;contradictoria, como todas las respuestas verdaderas&ndash; a la pregunta que Salinas podr&iacute;a fromularle: &ldquo;&iquest;c&oacute;mo eres?&rdquo;
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    </figure><p class="article-text">
        <em>The New Yorker</em>, <em>Pitchfork</em> y <em>Rolling Stone</em>, entre muchas otras publicaciones de todo el mundo, han coincidido en considerar a <em>Lux</em> entre lo mejor del a&ntilde;o que termina. Abundan all&iacute; las menciones a la expansi&oacute;n del mundo del pop, a la inclusi&oacute;n de una orquesta sinf&oacute;nica &ndash;como si eso garantizara el refinamiento y la calidad&ndash;, y al riesgo y el experimentalismo &ndash;que los arriesgados y experimentales de otros g&eacute;neros, como la m&uacute;sica de tradici&oacute;n acad&eacute;mica o el jazz, naturalmente m&aacute;s arriesgados y experimentales que el pop, se apresuran a desestimar&ndash;. En los mundos casi secretos que, como la peque&ntilde;a aldea gala de Asterix intentan resistir el avance del imperio &ndash;en este caso de la homogeneidad de la prensa &ldquo;especializada&rdquo; y de las redes virtuales&ndash; , las cr&iacute;ticas m&aacute;s frecuentadas aseguran que Rosal&iacute;a no expande el pop sino que contrae las m&uacute;ltiples referencias que forman parte de <em>Lux</em>, achat&aacute;ndolas y haci&eacute;ndolas grammyficables, y que el alborozo a su alrededor no es otro que el de ignorantes festejando la (nueva) invenci&oacute;n de la rueda. El reparo podr&aacute; ser cierto en relaci&oacute;n con el periodismo del pop que, en efecto, en su gran mayor&iacute;a desconoce cualquier cosa que no sea el pop y suele deslumbrarse ante &ldquo;novedades&rdquo; como un acorde aumentado, unas cuerdas <em>&agrave; la</em> Vivaldi o la terminaci&oacute;n de una cadencia en modo menor con un acorde mayor, que cuentan con varios siglos de existencia. Pero de ninguna manera alcanzan a un disco brillante (y s&iacute;, se trata de un disco, ya se ver&aacute; por qu&eacute;) en el que si algo no sucede es la utilizaci&oacute;n de materiales hist&oacute;ricos como gui&ntilde;o o mera marca de prestigio. 
    </p><p class="article-text">
        No se trata del manejo ingenuo de procedimientos acad&eacute;micos sino de una gram&aacute;tica externa &ndash;la del pop pero llevada a un l&iacute;mite imaginativo inusual&ndash; para la que lo acad&eacute;mico funciona como una masilla maleable. En <em>Lux</em> las pocas citas textuales &ndash;la orquesta cl&aacute;sica entre ellas&ndash; son reutilizadas, transformadas y llevadas a un territorio en que resultan novedosas. Es cierto que una orquesta que remite inevitablemente a Vivaldi no es revolucionaria, ni riesgosa ni experimental en s&iacute;. Pero &ldquo;Berghain&rdquo;, en cambio, s&iacute; es algo nuevo. La orquesta vivaldiana no es la raz&oacute;n de su valor; el secreto es aquello en que esa orquesta, a pesar de su apariencia, no es vivaldiana en absoluto. Y, sobre todo, la manera en que ese vivaldismo, lejos de ser una totalidad, se convierte en pieza de un rompecabezas exquisito. El otro reparo que merece ser descartado de plano es el del achatamiento. <em>Lux</em> no es un disco plano. No incurre en el famoso <em>sonido de pizzer&iacute;a</em>, sin sobresaltos, donde todo transcurre en una franja muy estrecha de intensidades, sin nada inaudible ni nada que ensordezca. Aqu&iacute; hay fortes &ndash;y hasta fortissimos&ndash; y pianos y pianissimos &ndash;algunos, admirables, de la voz de Rosal&iacute;a sola, o casi sola, en sobreagudos&ndash;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Si bien lo moral no tendr&iacute;a por qu&eacute; entrar en un juicio est&eacute;tico, se trata, adem&aacute;s, de un disco honesto. Y no porque las preocupaciones m&iacute;sticas, su uso de varias &ndash;muchas&ndash; lenguas y la apelaci&oacute;n a mujeres de la iglesia &ndash;err&oacute;neamente la cr&iacute;tica habla de santas y la abadesa <strong>Hildegard de Bingen</strong>, una de las primeras compositoras de las que se tiene conocimiento, no lo es&ndash; sean leg&iacute;timas en s&iacute; sino porque las legitima la m&uacute;sica &ndash;y las letras, desde ya&ndash;.
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    </figure><p class="article-text">
        Todo suena natural, sin impostaci&oacute;n. El magma unificador es el flamenco, que aparece aqu&iacute; y all&aacute; no como cita ni como reclamo de autenticidad sino, sencillamente, como gesto inevitable. Los timbales de la orquesta no aparecen, tampoco, como gesto ampuloso o sobreactuado &ndash;al fin y al cabo la historia de estos instrumentos en el pop empieza con &ldquo;Every Little Thing&rdquo; de <strong>The Beatles</strong>&ndash;. Y la voz del grupo de Liverpool &ndash;y sobre todo de su quinto elemento, <strong>George Martin</strong>&ndash; es estructural. La escritura de las cuerdas, asimil&aacute;ndolas al estilo de las canciones, sirviendo de puntuaci&oacute;n, o de subrayado, y sin imponer su peso &ndash;o su clasicismo&ndash; es, sin duda, deudora de Martin.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las voces ocultas &ndash;y fundamentales&ndash; en <em>Lux </em>es la de la compositora y cantante estadounidense <strong>Caroline Shaw</strong>, alguien que transita con fluidez entre el campo de las tradiciones acad&eacute;micas y del pop y, s&iacute;, de la experimentaci&oacute;n y de lo&nbsp;que los auto percibidos como (&uacute;nicos) m&uacute;sicos contempor&aacute;neos consideran <em>m&uacute;sica contempor&aacute;nea</em>. Ganadora de un premio Pulitzer por su <em>Partita para 8 voces</em> &ndash;que se utiliz&oacute; en parte para musicalizar la serie <em>Dark</em>&ndash; e integrante del grupo vocal <strong>Roomful of Teeth</strong>, Shaw tambi&eacute;n compone y canta canciones y es una de las compositoras &ndash;y orquestadoras&ndash; de este disco. 
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    </figure><p class="article-text">
        Y, como se dijo antes, se trata efectivamente de un disco. La gr&aacute;fica de la edici&oacute;n f&iacute;sica no existe en su versi&oacute;n digital pero, adem&aacute;s, una y otra no contienen exactamente la misma m&uacute;sica. El CD real contiene secciones y pasajes que en su encarnaci&oacute;n virtual est&aacute;n ausentes. Por otra parte hay otras grandes voces presentes, las de los ni&ntilde;os de la Escolania de Montserrat y el Coro de C&aacute;mara del Palacio de la M&uacute;sica Catalana, la de <strong>Bj&ouml;rk </strong>y la de <strong>Carminho</strong>, una de las figuras m&aacute;s destacadas de la canci&oacute;n portuguesa actual, que interpreta junto con Rosal&iacute;a la bell&iacute;sima &ldquo;Memoria&rdquo;. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        No se trata, en todo caso, de que <em>Lux</em> tenga una orquesta &ndash;<strong>Ray Conniff</strong> y <strong>Caravelli </strong>tambi&eacute;n la ten&iacute;an&ndash; ni de que se acerque al mundo cl&aacute;sico &ndash;<strong>Waldo de los R&iacute;os</strong> lo hizo antes, y fue espantoso&ndash;. Tampoco de que este disco vaya a cumplir una improbable funci&oacute;n redentora y logre que el p&uacute;blico del pop acabe rindi&eacute;ndose a los pies del arte sutil y evanescente de Hildegard de Bingen o de los coros de iglesia. <em>Lux</em> es, apenas, un disco de poderosa originalidad, plural y complejo en el mejor sentido, que utiliza intensivamente recursos del pop &ndash;reverbs, procesos electr&oacute;nicos, distorsiones, enmascaramiento de timbres&ndash; para lograr lo que toda obra maestra: que los materiales, independientemente de su procedencia, se transformen y organicen en un todo capaz de contar algo tan incrustado en la historia &ndash;como la poes&iacute;a de la <em>Generaci&oacute;n del 27</em>&ndash; como definitivamente nuevo.
    </p><p class="article-text">
        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/voz-debida_129_12861259.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Dec 2025 13:14:45 +0000]]></pubDate>
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