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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Goce]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/goce/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Goce]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Renunciar al goce]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/renunciar-goce_129_12881592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a7c92f92-40dd-466d-befe-cc570c33e82a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133584.jpg" width="6073" height="3416" alt="Renunciar al goce"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El más allá del goce no está en su renuncia sino en la posibilidad de compartirlo, sacarlo del propio cuerpo y encontrarlo en otro. La pregunta freudiana es cómo un ser humano autoerótico puede pasar de la excitación personal al vínculo, algo que el psicoanálisis piensa más allá de la mera estimulación recíproca.</p></div><p class="article-text">
        Siempre valor&eacute; a las personas capaces de contar un chiste. En los albores de mi pre-pubertad, iba al grupo los s&aacute;bados de mi colegio. Jug&aacute;bamos al f&uacute;tbol y ten&iacute;amos charlas sobre temas relevantes para nuestro crecimiento. All&iacute; hab&iacute;a un coordinador (un muchacho que me parec&iacute;a de otra generaci&oacute;n, pero esa era la impresi&oacute;n que nos produc&iacute;an en ese tiempo los chicos de la secundaria) que nos contaba chistes. Su arte estaba en tomar cuentos que quiz&aacute; eran conocidos, pero pod&iacute;a desarrollarlos durante varios minutos y hasta crear una sensaci&oacute;n de novedad. 
    </p><p class="article-text">
        Hay una gran diferencia entre quien cuenta un chiste y quien hace re&iacute;r. Hoy esto es lo m&aacute;s frecuente. Quiz&aacute;s sea una costumbre que comenz&oacute; con los <em>bloopers</em> en los &rsquo;90. Tengo el recuerdo de haber escuchado mucho antes a <strong>Luis Landriscina</strong> en el auto de mi abuelo, en un viaje de varias horas. Hay un abismo entre el arte de ese viejo cuentista y el efectismo del <em>stand up</em> contempor&aacute;neo. Este &uacute;ltimo me gusta en algunos casos puntuales, pero en muchos otros me resulta un poco invasivo y f&aacute;cil.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Qu&eacute; es lo que me atra&iacute;a de ese muchacho capaz de hacer que una veintena de ni&ntilde;os se quedasen quietos y expectantes? Si lo tuviera que decir con palabras actuales, dir&iacute;a que ten&iacute;a el don de compartir el goce. Lo digo de otro modo: tenemos la idea de que el goce es algo a lo que es preciso renunciar; sin embargo, lo que trasciende el goce es compartirlo, sacarlo del cuerpo propio y encontrarlo en otro.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta b&aacute;sica del pensamiento freudiano es c&oacute;mo un animal autoer&oacute;tico como el ser humano es capaz de pasar de una fuente de excitaci&oacute;n personal a un v&iacute;nculo; es decir, de un auto a un hetero-erotismo. De lo contrario, la sexualidad no ser&iacute;a m&aacute;s que un simple ejercicio de estimulaci&oacute;n rec&iacute;proca. A decir verdad, este es el ideal de buena parte de la sexolog&iacute;a actual; se trata de aprender a franelearnos. El psicoan&aacute;lisis va por otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Compartir es algo que se les ense&ntilde;a a los ni&ntilde;os desde muy peque&ntilde;os, sobre todo en los jardines de infantes. &ldquo;Hay que compartir&rdquo;, dice mi hijo menor de tres a&ntilde;os. Que lo enuncie de un modo superyoico, como una obligaci&oacute;n, muestra cu&aacute;nto le cuesta a&uacute;n: afirma la m&aacute;xima universal cuando el (objeto de) goce es de otro, pero cuando es a &eacute;l a quien le toca ceder dice &ldquo;No quiero compartir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia de la renuncia es diferente a la de la p&eacute;rdida. En psicoan&aacute;lisis hablamos mucho de la &ldquo;castraci&oacute;n&rdquo;, operaci&oacute;n simb&oacute;lica que denota el pasaje por una instancia de m&aacute;s o menos negatividad; por ejemplo, el final de una relaci&oacute;n amorosa supone alguna manera de castraci&oacute;n, en la medida en que la separaci&oacute;n conducir&aacute; a un duelo. A trav&eacute;s de este, lo que se pierde se recupera.
    </p><p class="article-text">
        La castraci&oacute;n no es una mera inscripci&oacute;n negativa; es la simbolizaci&oacute;n de la p&eacute;rdida y, por lo tanto, el surgimiento de un nuevo modo de desear. En el caso del duelo, la aparici&oacute;n de la nostalgia benigna, que permite reencontrarse en los recuerdos que les dan una matriz y un sost&eacute;n a nuevos deseos &ndash;una nostalgia que no a&ntilde;ora volver al pasado, tendencia que m&aacute;s bien se vincula con la pulsi&oacute;n de muerte.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la renuncia es una operaci&oacute;n distinta. Al renunciar no se pierde un goce, sino que se lo trasciende. A trav&eacute;s de la renuncia se le pone un freno a la descarga inmediata, para que haya un encuentro con el otro. Por eso <strong>Sigmund Freud</strong> planteaba que es con la renuncia a la pulsi&oacute;n que se funda una civilizaci&oacute;n. Esa renuncia no es la represi&oacute;n, sino una inhibici&oacute;n de la acci&oacute;n individual y directa, para crear el espacio de lo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre el chiste y el humor est&aacute; en que este &uacute;ltimo es una acci&oacute;n que se da entre dos o m&aacute;s, de manera com&uacute;n, mientras que el chiste es la simple satisfacci&oacute;n personal, aunque sea entre varias personas conjuntamente. El humor funda una comunidad, mientras que el chiste reclama el goce del idiota. Por eso en el chiste suele generarse el malentendido que a veces lleva a decir &ldquo;No fue gracioso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es un aspecto corriente en la neurosis obsesiva que haga chistes que, para los dem&aacute;s, sean formas de agresi&oacute;n encubiertas. En el chiste, el obsesivo justamente no renuncia a su agresi&oacute;n, solamente la disimula y &ndash;podr&iacute;amos decir&ndash; &ldquo;se caga en el otro&rdquo;, refugi&aacute;ndose en el semblante de un lazo social.
    </p><p class="article-text">
        La renuncia tiene mala prensa, quiz&aacute; por el &eacute;nfasis que en una sociedad individualista tiene la aspiraci&oacute;n de que las cosas empiecen y terminen en uno. Por eso la present&eacute; a trav&eacute;s de uno de sus modos comunitarios, el humor. &ldquo;Cambio todo por el don que hace a las mujeres re&iacute;r&rdquo;, dice una canci&oacute;n de <strong>Babas&oacute;nicos </strong>que ilustra bien lo que se gana en la renuncia.
    </p><p class="article-text">
        El don que hace re&iacute;r no es el mismo que produce efectos de seducci&oacute;n. Como suele pasar con <strong>Adri&aacute;n D&aacute;rgelos</strong>, sus letras son mucho m&aacute;s profundas de lo que suponemos. La canci&oacute;n no pide el poder m&aacute;gico que lo vuelve irresistible ante las mujeres, sino un modo de v&iacute;nculo que es refractario al mero intercambio &ndash;el don&ndash; y que se basa en la intimidad del humor con lo que este tiene de amoroso.
    </p><p class="article-text">
        Esta canci&oacute;n de Babas&oacute;nicos le responde al verso de <strong>Los Redondos</strong> que planteaba &ldquo;Las minitas aman los payasos&rdquo;. Entre una letra y otra, hay dos formas de entender el lazo er&oacute;tico y su fundamento en la constituci&oacute;n de un espacio com&uacute;n de renuncia. En el &ldquo;Cambio todo&rdquo; del verso de D&aacute;rgelos est&aacute; la referencia a la ofrenda que trasciende al individuo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; significa compartir? Aprender a renunciar, sin que esta operaci&oacute;n sea la una pura p&eacute;rdida. Todo lo contrario. En la renuncia, lo que hay se multiplica y alcanza para todos, tal como ense&ntilde;a el milagro b&iacute;blico de los peces y los panes. Al compartir, lo poco es un mont&oacute;n y hasta deja un resto.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/renunciar-goce_129_12881592.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 12:46:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Chiste,Luis Landriscina,Adrián Dárgelos,Goce]]></media:keywords>
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