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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Nadar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/nadar/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Nadar]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La pileta como paraíso o infierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pileta-paraiso-infierno_129_12932901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4816be46-f1db-41a8-bced-786e92ea9e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134947.jpg" width="284" height="160" alt="La pileta como paraíso o infierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritura se sumerge y se desplaza como la natación, en estilos variados: crol, mariposa, pecho o espalda. Textos que tienen el ritmo de las brazadas, pasan del realismo de la superficie a un mundo oscuro y fantástico, para anclar en el agua.</p></div><p class="article-text">
        Pas&oacute; gran parte de enero y aunque no todos los d&iacute;as fueron muy calurosos, como otros veranos, persiste la idea de inscribirme en una pileta para nadar y refrescarme. Si no me atrapa la procastinaci&oacute;n, febrero ser&aacute; el mes del retorno a las aguas, as&iacute; que tendr&eacute; que ir renovando las antiparras.
    </p><p class="article-text">
        Me atrae poderosamente la escena de hundirme en el medio l&iacute;quido para mover cada parte de mi cuerpo. Y avanzar. Recuerdo algunas pel&iacute;culas sobre la relaci&oacute;n con el agua<em>: La ca&iacute;da</em>, de la argentina <strong>Luc&iacute;a Puenzo</strong>, <em>Las Nadadoras,</em> de la galesa <strong>Sally El Hosaini</strong>, y <em>Azul profundo</em>, del franc&eacute;s <strong>Luc Besson</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Nadar con estilo y soltura implica sintonizar bien el aparato que aspira y exhala. Algo as&iacute; ocurre con la m&uacute;sica y la escritura: requieren de un cierto tipo de respiraci&oacute;n para sonar mejor.
    </p><p class="article-text">
        La evocaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica me lleva inevitablemente a algunas obras literarias sobre el nado, que no es lo mismo que la nada. En una &iquest;(in)acci&oacute;n?, los incidentes suelen ser eventuales y en la otra, lo que hay es el mism&iacute;simo vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo y durante tres d&iacute;as, <strong>Cristina Rivera Garza</strong> subi&oacute; a la web varios tuits con reflexiones personales sobre la nataci&oacute;n, pensamientos que acompa&ntilde;&oacute; de fotos suyas desplaz&aacute;ndose en una pileta descubierta. &ldquo;Entre flotar y caer, nadar. Uno va a la alberca (as&iacute; se dice pileta, en M&eacute;xico) para estar solo&rdquo;. La autora de <em>El invencible verano de Liliana</em> y ganadora del Pulitzer record&oacute; a su hermana, v&iacute;ctima de femicidio: &ldquo;Su patada era mejor que la m&iacute;a; pero mi brazada era m&aacute;s precisa que la suya. Nunca hablamos de la nataci&oacute;n como algo especial. Solo era algo que hac&iacute;amos. Juntas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El poeta argentino <strong>H&eacute;ctor Viel T&eacute;mperley</strong> escribi&oacute; en versos &nbsp;su experiencia m&iacute;stica y acu&aacute;tica: &ldquo;Soy el nadador, Se&ntilde;or, soy el hombre que nada./ Soy el hombre que quiere ser aguada/ para beber tus lluvias con la piel de su pecho./ Soy el nadador, Se&ntilde;or, bota sin pierna bajo el cielo/ para tus lluvias mansas,/ para tus fuertes lluvias,/ para todas tus aguas./ Las aguas como lonjas de una piel infinita,/ las aguas libres y la de los lagos, / que no son m&aacute;s que cielos arrastrados/ por tus ca&iacute;dos &aacute;ngeles. Soy el nadador, Se&ntilde;or, soy el hombre que nada./ Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las m&aacute;s bajas/ aguas de los arroyos se sostiene vibrante, /como en medio del aire&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me atravesaba un r&iacute;o/ me atravesaba un r&iacute;o&rdquo;, reitera Juan L. Ortiz en su duplicidad sintagm&aacute;tica. Ese espacio de comuni&oacute;n con la naturaleza es una fuente de profunda reflexi&oacute;n sobre la vida, el destino y el tiempo, la conexi&oacute;n que fluye de adentro y afuera y viceversa.
    </p><p class="article-text">
        Escribi&oacute; <strong>Marcelo Cohen</strong> sobre el volumen <em>Aguas</em><strong>,</strong> donde la flamante ganadora del Segundo Premio Nacional de Poes&iacute;a, <strong>Alicia Genovese</strong>, se arriesga a las zonas de contacto entre su oficio, la gram&aacute;tica y el deporte solitario. &ldquo;El agua es c&iacute;clica, pagana, y nadar es mantenerse entre la forma y el deseo, entre la afirmaci&oacute;n y el abandono: &rdquo;Abrir el pecho / empujando en c&iacute;rculos / los brazos. Las piernas / en &aacute;ngulo de rana / y echar hacia atr&aacute;s / lo que no acompa&ntilde;a; / acostumbrarse a perder&hellip;. Y as&iacute; como los versos van dejando los rigores de la sintaxis por el tempo de la brazada, los nombres particulares &ndash;traje de neoprene, gorra de goma, caparazones rotos, v&eacute;rtebra de ballena, filamentos de agua viva&ndash; dejan paso a los gen&eacute;ricos y los neutros, como en los dos d&iacute;sticos finales: y, otra vez, el grito / de mojadura bajo los chaparrones / el avance del drenaje del coraz&oacute;n / y la lluvia sobre lo seco.&ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>F&eacute;lix Bruzzone</strong>, el autor de <em>Barrefondo</em>, es un higienista de piscinas, un limpiador de piletas, para decirlo en criollo. Luego de 13 a&ntilde;os de ganarse la vida trabajando como piletero en barrios cerrados de Don Torcuato, en el conurbano, sale a flote con la escritura de <em>Piletas</em>, desde las profundidades de su experiencia. Hay algo siniestro y calmo en ese mundo callado y transparente en el que los ricos se refrescan.&nbsp;&nbsp;Bruzzone se percibe como una de tantas &ldquo;mucamas del agua sin cargas sociales&rdquo;, con frases sorprendentes como si fueran suaves olas, que convierten la dimensi&oacute;n realista en otra fant&aacute;stica. Frente a las consecuencias dram&aacute;ticas del cloro y el sol y los desplantes de clienta sirena rubia, aparecen otros otros personajes pintorescos o pat&eacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Piletas </em>es una especie de bit&aacute;cora que registra un abanico de an&eacute;cdotas y estampas en torno a un piletero, hom&oacute;nimo del autor, o rebautizado por la exleona <strong>Magui Aicega</strong>, &ldquo;la primera vez que le dije mi nombre entendi&oacute; &lsquo;Erik&rsquo; en lugar de &lsquo;F&eacute;lix&rsquo;. Desde entonces, para ella, y para las amigas a las que me recomienda, soy Erik, el piletero&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;portentoso cuento&nbsp;<em>El nadador</em>, del estadounidense <strong>John Cheever</strong>, narra un episodio en la vida de&nbsp;Neddy Merrill, un habitante adinerado de los suburbios, que decide regresar a su casa nadando, a trav&eacute;s de las piscinas de los vecinos de su barrio. A medida que avanza, comienza a darse cuenta de que algo no anda bien. El personaje (inmortalizado por <strong>Burt Lancaster</strong> en el cine) atraviesa lujosos pozos de agua en las afueras de la ciudad. Va con su traje de ba&ntilde;o nadando hacia su casa, cada vez m&aacute;s asombrado con las distintas atm&oacute;sferas, eras geol&oacute;gicas, temperaturas y memorias que se presentan.&nbsp;En ese viaje se encuentra con cosas inesperadas, pero evita reflexionar, deprimi&eacute;ndose cada vez m&aacute;s, recordando el pasado y sus problemas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Leanne Shapton</strong> recurre a su experiencia como nadadora profesional, en&nbsp;<em>Bocetos de nataci&oacute;n.</em><strong> </strong>No escribe la cr&oacute;nica de cuando entrenaba seis horas por d&iacute;a seis d&iacute;as a la semana. Su libro se estructura a partir del nado como una ruta o un idioma &uacute;til para entrar en todas partes, referirse a lo m&aacute;s hostil y lo m&aacute;s cercano. La nataci&oacute;n es un m&eacute;todo que emplea tanto en contarnos un momento cotidiano como en la elaboraci&oacute;n de una relaci&oacute;n amorosa o la indagaci&oacute;n de los cuerpos. 
    </p><p class="article-text">
        Evoca <strong>Leo Baldo</strong> una idea de <strong>Gast&oacute;n Bachelard</strong>: &ldquo;La fatiga es el destino del nadador&rdquo;. Y agrega que &ldquo;El salto en el mar reaviva, m&aacute;s que cualquier otro acontecimiento f&iacute;sico, los ecos de una iniciaci&oacute;n peligrosa (&hellip;). Es la &uacute;nica imagen exacta del salto en lo desconocido&rdquo;. Quien nad&oacute; en el mar, lejos de la orilla, como lo hicimos alguna vez junto a Mauro Aguilar, guardavidas de rescate extremo, seguramente sinti&oacute; la electricidad del peligro, pero la base radica en la respiraci&oacute;n bien controlada, con pulmones, alv&eacute;olos y bronquios trabajando sincronizadamente para mantener un nado &oacute;ptimo, r&iacute;tmico, bien acoplado al elemento en el cual se est&aacute;. Tal vez suceda lo mismo, no hay certezas, con la escritura. Una narraci&oacute;n que no respira bien, se ahoga como un nadador, pero siempre pod&eacute;s flotar y dejar que el resto venga y te impulse&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        La francesa <strong>Irma Pelatan</strong> hace de la nataci&oacute;n una po&eacute;tica en <em>El olor a cloro</em>. Nadadora habitual, practic&oacute; la disciplina acu&aacute;tica varios d&iacute;as a la semana en una pileta dise&ntilde;ada por Le Corbusier y mientras el cuerpo se fund&iacute;a con el agua en un ritmo singular, descubri&oacute; su voz: &ldquo;A la noche, insistente, me molestaba para dormir. En el agua, por lo general, se alejaba de la inquietud y llegaba al territorio de lo sin objeto, la flotaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La materialidad de la pileta se vuelve deseo, angustia, verg&uuml;enza, libertad, exploraci&oacute;n. &ldquo;Por debajo de la superficie enseguida me despliego, largo aire en burbujas brillantes y de repente una patada potente, luego ondulo, nado debajo de la superficie, llego a este espacio que adoro; luego de golpe; la libertad por delante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pileta-paraiso-infierno_129_12932901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 13:29:22 +0000]]></pubDate>
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