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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Hamnet]]></title>
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      <title><![CDATA[Si querés llorar, “Hamnet” te dará motivos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/si-queres-llorar-hamnet-dara-motivos_1_13028377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b499c124-32bf-4467-9c8e-39c3abd59da2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si querés llorar, “Hamnet” te dará motivos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La versión fílmica de la valiosa novela de Maggie O’Farrell –coautora del guion junto a la directora Chloé Zhao– centrada en enaltecer la figura de la denigrada Agnes, esposa de Shakespeare, brinda un convincente retrato de época. El tremendo duelo por la muerte de uno de los hijos da lugar a una conmocionante fusión de cine y teatro.
</p></div><p class="article-text">
        Dif&iacute;cil encontrar a alguien entre el p&uacute;blico teatrero y/o cin&eacute;filo que a esta altura no sepa nada acerca de <strong>Hamnet</strong>, la muy recomendable novela de <strong>Maggie O`Farrell</strong>, <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/claves-hamnet-historia-siglo-xvi-habla-dolor-siglo-xxi_1_12970733.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicada en 2020 y reeditada por estos d&iacute;as,</a> debido al suceso de la trasposici&oacute;n cinematogr&aacute;fica, que localmente permanece en salas. Y m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n resultar&iacute;a dar con personas de ese numeroso p&uacute;blico que no hubieran visto varios de los espect&aacute;culos esc&eacute;nicos y/o f&iacute;lmicos inspirados, directa o indirectamente, en ese supercl&aacute;sico de Shakespeare que tambi&eacute;n ha incentivado a m&uacute;sicos de diversos g&eacute;neros, a escritores y a m&uacute;ltiples ensayistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero la citada escritora, nacida en Irlanda (1972) y criada en Gales y Escocia, no centra su novela ni en la pieza teatral ni tampoco intenta proponer una nueva biograf&iacute;a del genial autor que, en su texto, es un personaje secundario que apenas es nombrado como el maestro de lat&iacute;n, el padre, el marido que se va a Londres a desplegar su vocaci&oacute;n alentado por su mujer. En el libro, O&rsquo;Farrell avisa desde el vamos que lo suyo fue tratar de despegarse del retrato desfavorable impuesto por cantidad de bi&oacute;grafos hasta el siglo pasado, que presentaron a la esposa de William Shakespeare como a&ntilde;osa, interesada e ignorante, sin que hubiese suficiente documentaci&oacute;n, o abiertamente manipulando los escasos datos existentes. Entonces, Maggie decidi&oacute; hacer justicia a su manera creando un relato alternativo, poniendo de manifiesto, por ejemplo, que Agnes (como la nombra el padre en su testamento) era, en todo caso, un buen partido para la familia Shakespeare, endeudada con los Hathaway.
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            </figure><p class="article-text">
        Por otra parte, la novelista vio una asociaci&oacute;n notoria entre el t&iacute;tulo de la archifamosa tragedia y el nombre de ese hijo de la pareja Hathaway-Shakespeare, Hamnet, que muri&oacute; a los 11 a&ntilde;os de la peste: &ldquo;Trat&eacute; de entender por qu&eacute; este ni&ntilde;o nunca era tenido en cuenta por los especialistas. A m&iacute; siempre me fascin&oacute; la semejanza entre su nombre y el de la pieza, &iquest;c&oacute;mo explicar que se lo tomaran solamente como una simple coincidencia?&rdquo;, coment&oacute; en una reciente entrevista para la radio France Culture. As&iacute; fue que tom&oacute; la decisi&oacute;n de que Hamnet dejara de ser una nota al pie de p&aacute;gina, para lo cual se puso de parte de Agnes, reconoci&eacute;ndole ese perfil de poco letrada pero muy inteligente, rebelde a las convenciones, bastante visionaria, en comuni&oacute;n con la naturaleza, conocedora de las hierbas sanadoras. Un toque druida plebeya por sus habilidades y su misticismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aparte de reivindicar el papel que habr&iacute;a jugado Agnes como persona, esposa, madre, curandera, la tesis de O&rsquo;Farrell es que, al cabo de cuatro a&ntilde;os de su muerte, Hamnet result&oacute; la inspiraci&oacute;n de<strong> Hamlet</strong>. Algo que, desde la verdad literaria, po&eacute;tica queda patentemente demostrado.
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                Jacobi Jupe (Hamnet) jugando con su padre (Paul Mescal)                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Hamlet al por mayor en el cine</h2><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>La tragedia de Hamlet, pr&iacute;ncipe de Dinamarca</strong> (t&iacute;tulo original) casualmente no figura en estos momentos en la cartelera teatral local, que tant&iacute;simas veces la ha solicitado. En consecuencia, acto seguido va un repaso de algunas de las versiones que ha ofrecido el cine desde aquella, cortita y silente, de 1899: <strong>El duelo de Hamlet</strong>, con Sarah Bernhardt, espada en mano diestramente manejada, s&iacute;, en el papel del ciclot&iacute;mico noble.
    </p><p class="article-text">
        Entre las adaptaciones m&aacute;s solemnemente acad&eacute;micas, inevitable la menci&oacute;n de la producci&oacute;n brit&aacute;nica de 1948, encabezada y dirigida por Laurence Olivier, que dura dos horas y media largas, muy premiada. Olivier, para su mayor gloria y r&eacute;dito, asimismo se hizo cargo del guion y de la producci&oacute;n. Este <strong>Hamlet</strong> se deja ver con paciencia y buena voluntad. Pero nada que se equipare con la majestuosa realizaci&oacute;n del ruso Grigori Kozintsev, de 1964, de una grandeza visual que corta el aliento en rutilante blanco y negro, maravillosamente musicalizada por Dmitri Shostakovich. El tan mentado mon&oacute;logo <strong>Ser o no ser</strong> est&aacute; recitado en off, como el pensamiento del pr&iacute;ncipe que se pasea cerca del mar embravecido, entre las &aacute;ridas rocas. Se puede ver en YouTube, restaurada, con subt&iacute;tulos en espa&ntilde;ol, en franc&eacute;s.
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                Gamlet (Hamlet),1964, de Grigori Kotzinsev                            </span>
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        Entre las lecturas f&iacute;lmicas m&aacute;s pr&oacute;ximas en el tiempo, si bien francamente prescindibles aunque ostentosas, se puede nombrar el<strong> Hamlet</strong> de Franco Zeffirelli, 1990, &iexcl;con Mel Gibson al frente!; y, un tanto mejor, la adaptaci&oacute;n dirigida por Kenneth Branagh. Salvo que tuvo la mala idea de protagonizarla, en 1996.
    </p><p class="article-text">
        En 2000, Michael Almereyda trajo a la actualidad el texto de Shakespeare, tom&aacute;ndose algunas l&oacute;gicas licencias -reduciendo, pero respetando el lenguaje y el sentido originales- en el mundo de los negocios, en Manhattan. Con Ethan Hawke liderando y un elenco curiosamente heterog&eacute;neo: Julia Stiles como Ofelia, Kyle MacLachlan en el rol de Claudio, el fantasma a cargo de Sam Shepard, Bill Murray haciendo a Polonio&hellip; Y hace unos d&iacute;as nom&aacute;s, el 6 de febrero pasado, se estren&oacute; en Londres otro <strong>Hamlet</strong> en el siglo XXI, ambientado en la comunidad sudasi&aacute;tica de la capital inglesa. Con Riz Ahmed &ndash;en una interpretaci&oacute;n &ldquo;electrizante&rdquo;, seg&uacute;n la cr&iacute;tica&ndash;, bajo la direcci&oacute;n de Aneil Karia: atormentado por el fantasma apremiante que ya sabemos, este pr&iacute;ncipe relativamente melanco pasa a la clandestinidad, y en su af&aacute;n vengativo empieza a cuestionarse su propia conducta dentro de la corrupci&oacute;n familiar.
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                Hamlet 2026                            </span>
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        En cuanto a <strong>Shakespeare apasionado</strong> (1998), se justifica mentarla porque tiene como figura principal al mism&iacute;simo Bardo de Avon, actuado por el irrelevante Joseph Fiennes, en un episodio amoroso imaginario de su vida, bloqueado en la escritura de <strong>Romeo y Julieta</strong>. En este film, que atrajo a mucho p&uacute;blico, se desacredita a la esposa de WS, de la que est&aacute; &ldquo;muy separado&rdquo;, hablando de su &ldquo;lecho fr&iacute;o&rdquo;. El ingenioso guion lo firma el dramaturgo Tom Stoppard, que se divierte con el intercambio de identidades de g&eacute;nero en una &eacute;poca en que las mujeres ten&iacute;an vedado el escenario: el personaje de Gwyneth Paltrow se hace pasar por var&oacute;n para interpretar el Romeo que ella misma ha inspirado, de acuerdo a esta ficci&oacute;n. En la obra siguiente, <strong>Noche de reyes</strong>, Shakespeare apelar&aacute; una vez m&aacute;s al travestismo: mujeres que se disfrazan de hombres por alguna conveniencia, que en el per&iacute;odo isabelino eran interpretadas por actores varones muy j&oacute;venes.
    </p><h2 class="article-text">Agnes, por una actriz digna de ese rol: Jessie Buckley</h2><p class="article-text">
        Cantante y compositora, adem&aacute;s de actriz, la muy talentosa <strong>Jessie Buckey</strong> se identific&oacute; de modo casi simbi&oacute;tico con el personaje de Agnes. No importa que la int&eacute;rprete tenga unos 10 a&ntilde;os m&aacute;s que la Agnes hist&oacute;rica al casarse -a los 26- con Willy -de 18-. O sea que el actor<strong> Paul Mescal</strong> como el marido escritor tampoco cumple con la edad de su rol, si nos atenemos a los datos de la realidad. Pero en el film, basado fielmente en la novela salvo algunos ajustes, no se alude a esos detalles.
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                Agnes en el estreno de Hamlet, tributo a su hijo Hamnet                            </span>
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        En el arranque, se muestra a una pareja joven que se encuentra, ella le ha dado de comer a un halc&oacute;n amigo, &eacute;l estaba ense&ntilde;ando lat&iacute;n a unos ni&ntilde;os, hermanos de ella que los vigila. El flechazo: a primera vista, al primer di&aacute;logo, al primer roce f&iacute;sico. Agnes denota su condici&oacute;n de vidente cuando le toca la piel entre el pulgar y el &iacute;ndice, y ve &ldquo;un paisaje, espacios, cuevas, acantilados, t&uacute;neles, oc&eacute;anos, pa&iacute;ses por descubrir&rdquo;. &Eacute;l pone de manifiesto sus aficiones personales al contarle el mito de Orfeo y Eur&iacute;dice, esa tragedia de amor y muerte de la mitolog&iacute;a griega.
    </p><p class="article-text">
        El resto no es silencio, exactamente. Agnes, embarazada, encuentra excusa para casarse con Willy (que trabaja a disgusto en el taller de guantes de su padre, villano de una pieza que lo humilla y golpea, hasta que el joven lo enfrenta y corta toda relaci&oacute;n). Agnes tiene a su primera hija, Susannah, a solas, bajo su &aacute;rbol en una escena breve, pero de tremenda fisicalidad. Al marido se lo ve luchando por escribir entre sus papeles, se dir&iacute;a un mantenido de su mujer que queda de nuevo encinta y da a luz gemelos, Judith y Hamnet (esta secuencia puede resultar algo excesiva, sobre todo para un segundo parto).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pasan los a&ntilde;os, los chicos crecen, arman juegos teatrales, recitan sonetos, el gemelo y la gemela intercambian ropas. Hamnet practica esgrima con su progenitor antes de que &eacute;l parta a Londres, animado por Agnes que comprende que su marido est&aacute; atrapado sin salida para realizar su deseo en Stratford. Ella entretanto trasmite sus saberes sanadores a sus hijas.
    </p><p class="article-text">
        A los 11, Judith se contagia de la peste, se agrava, ning&uacute;n remedio casero surte efecto. En la noche, el ni&ntilde;o, que ha prometido a su padre ser valiente y cuidar de la familia, acerca su rostro al de la ni&ntilde;a yacente con el fin de enga&ntilde;ar a la muerte que la ronda. Ofrece su vida a cambio. Y muere, para desesperaci&oacute;n absoluta de su madre. El padre que est&aacute; en camino, a caballo, no llega. Muy dolida, resentida, Agnes no perdona esa ausencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La pena colma la habitación del hijo ausente                            </span>
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        Se produce un salto temporal de unos a&ntilde;os (cuatro, durante los cuales WS, en la vida real,&nbsp;escribe comedias divertidas). Agnes viaja a Londres con su hermano llevando un volante en la mano que anuncia la presentaci&oacute;n de la tragedia de Hamlet. En la primera parte de la representaci&oacute;n, ella no entiende nada al ver a su marido hacer el papel del espectro. Indignada, logra llegar hasta el borde del escenario (para el film, se reprodujo, algo achicado y con menos ornamentaci&oacute;n, el reconstruido teatro El Globo). Hasta que el discurso del padre de Hamlet le transfunde a Agnes su enorme dolor. Y en la &uacute;ltima escena, cuando el joven actor que hace de Hamlet (no casualmente hermano de Jacobi Jupe, el extraordinario chico que interpreta a Hamnet) cae desfalleciente sobre las tablas, Agnes se estira y le toma la mano, lo conforta. Un momento m&aacute;s que emocionante donde se fusionan cine y teatro, se traspasa la cuarta pared y asimismo el coraz&oacute;n de los/as espectadores/as con el poder purificador, cat&aacute;rtico que puede brindar el arte.
    </p><p class="article-text">
        No en vano la directora Chlo&eacute; Zhao trabaj&oacute; tan consustanciada con Maggie O&rsquo;Farrell el guion. Del mismo modo, se podr&iacute;a pensar que no existe otra actriz capaz de darle vida al indomable personaje de Agnes. Y vistos los resultados finales, tampoco es de imaginar otra cineasta m&aacute;s apropiada para crear las im&aacute;genes, los ritmos, la atm&oacute;sfera del film <strong>Hamnet</strong>; para dirigir a ese elenco intachable, en especial al citado ni&ntilde;o Jacobi Jupe.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Shakespeare frente al telón del Globo, con el bosque que remite a su esposa                            </span>
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        Adem&aacute;s de los logros de la fotograf&iacute;a, por igual en exteriores verdes o tomando fachadas de &eacute;poca, como en interiores con fuentes naturales de luz, la escenograf&iacute;a dise&ntilde;ada por Fiona Crombie trasporta al p&uacute;blico de manera palpable, veros&iacute;mil a fines del XVII, en un pueblo a ciento y pico de kil&oacute;metros de Londres.
    </p><p class="article-text">
        Como bien escribiera Austin Tichenor &ndash;codirector de Reduced Shakespeare Compan&yacute;, coautor de comedias, entrenador de escritura en The Shakespearence&ndash; este film dramatiza exitosamente la gran verdad de la novela: que el arte de WS tiene el mismo valor curativo que las hierbas y pociones de Agnes.
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;MS/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Moira Soto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/si-queres-llorar-hamnet-dara-motivos_1_13028377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 03:02:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Si querés llorar, “Hamnet” te dará motivos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,William Shakespeare,Hamnet]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las claves de 'Hamnet': por qué una historia del siglo XVI habla tan bien del dolor del siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/claves-hamnet-historia-siglo-xvi-habla-dolor-siglo-xxi_1_12970733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93e2aab5-07d4-4044-9153-f83160cea989_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las claves de &#039;Hamnet&#039;: por qué una historia del siglo XVI habla tan bien del dolor del siglo XXI"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un análisis sobre una novela que, junto a su reciente adaptación cinematográfica que ya está en cines, se ha convertido en un fenómeno de masas</p></div><p class="article-text">
        Cuando se habla de la biograf&iacute;a de Shakespeare y su vida &iacute;ntima, los investigadores y escritores se dan de cara contra un muro. Hay muy poca informaci&oacute;n fidedigna. No se sabe casi nada de qui&eacute;n fue aquel; quiz&aacute; el m&aacute;s famoso entre todos los poetas y dramaturgos del mundo. Tan poco sabemos sobre el genio ingl&eacute;s que elucubramos constantemente. Una de las hip&oacute;tesis m&aacute;s comunes, que cada tanto sale a la luz, sostiene que quiz&aacute; no fue &eacute;l quien escribiera sus obras. Unos afirman que nunca existi&oacute;, otros dicen que William, en realidad, fueron varias personas. Otros, que era cat&oacute;lico y no protestante en una Inglaterra en la que el catolicismo se practicaba en secreto y era perseguido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si de Shakespeare se duda, incluso, de si se tiene un retrato real (los que se le atribuyen son sujeto de debate porque no existen pruebas definitivas de que sea &eacute;l, aunque en algunos hay consenso de que s&iacute; podr&iacute;a ser), de su mujer y sus tres hijos se sabe a&uacute;n menos. Pero, &iquest;y si Shakespeare hubiera dejado alguna pista? &iquest;Y si hubiera puesto al lector frente al espejo del evento que cambi&oacute; su vida? William Shakespeare prest&oacute; a la m&aacute;s famosa de sus obras el nombre de un hijo muerto.
    </p><p class="article-text">
        Escribe la autora <em>bestseller </em>Maggie O&rsquo;Farrell (Coleraine, Irlanda del Norte, 1972) que, en la d&eacute;cada de 1580, una pareja que viv&iacute;a en Henley Street (Stratford) tuvo tres hijos: Susanna y Hamnet y Judith, que eran gemelos. Hamnet, el ni&ntilde;o, muri&oacute; en el verano de 1596 a los once a&ntilde;os. Cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, su padre escribi&oacute; una obra de teatro titulada <em>Hamlet</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/59ed4d3f-ddbe-48e2-9893-36b8014c235b_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Hamnet, Hamlet, dos nombres que son el mismo. Apenas var&iacute;a una letra y hoy se sabe que la ortograf&iacute;a era un tanto inestable en el siglo XVI. Lo saben los estudiosos &mdash;son dos formas perfectamente intercambiables de un mismo nombre, seg&uacute;n consta en los anales de Stratford de finales del siglo XVI y principios del XVII&mdash; y lo sabe O&rsquo;Farrell, autora de <em>Hamnet </em>(2020; Libros del Asteroide, 2021), que juega con eso en una novela en la que fabula sobre la vida y la muerte del infante que, muy posiblemente, fuera el origen de la teatral <em>Hamlet</em>. Una novela en la que la irlandesa se olvida del genio, al que despoja hasta del nombre, y se centra en los personajes que quedaron al margen. Dos ni&ntilde;os gemelos, una ni&ntilde;a mayor y una mujer sobre la que, hasta hoy, no se hab&iacute;a contado gran cosa. La mujer de Shakespeare, Anne Hathaway, a la que O&rsquo;Farrell decide llamar Agnes porque as&iacute; es como su padre, Richard Hathaway, la llam&oacute; en su testamento.
    </p><p class="article-text">
        O&rsquo;Farrell se alz&oacute; ganadora del Women&rsquo;s Prize for Fiction en 2020 (uno de los galardones literarios m&aacute;s prestigiosos para obras escritas por mujeres) con la novela con la que indaga sobre los retazos biogr&aacute;ficos que, quiz&aacute;, William Shakespeare ocult&oacute; a la vista del gran p&uacute;blico. Un libro en el que la irlandesa rebusca y fabula sobre la verdadera identidad de Agnes y el rol que tuvo en la vida del autor, cu&aacute;l era la posici&oacute;n de las mujeres en la sociedad de la &eacute;poca, la devastaci&oacute;n que dejan tras de s&iacute; las epidemias y, sobre todo, el vac&iacute;o que le sigue a la p&eacute;rdida de un hijo.
    </p><p class="article-text">
        Publicado, precisamente, en plena pandemia, <em>Hamnet </em>no dej&oacute; de cosechar &eacute;xitos y lectores en Occidente. Nombrado como libro del a&ntilde;o, tambi&eacute;n en 2020, por Waterstones (el equivalente brit&aacute;nico a la Casa del Libro) ahora, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/chloe-zhao-conmueve-inteligente-adaptacion-hamnet-medita-duelo-sanador-arte_129_12720171.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">llega a la gran pantalla de la mano de la cineasta Chlo&eacute; Zao</a>, que se llev&oacute; el Oscar a la mejor direcci&oacute;n y pel&iacute;cula en 2020 por <em>Nomadland</em>. Adem&aacute;s, ocupa un lugar preponderante en las apuestas de 2026 tras cosechar varios galardones en la 70&ordf; Seminci (Semana Internacional de Cine de Valladolid), el TIFF 2025 y los Globos de Oro 2026.
    </p><h2 class="article-text">Un &eacute;xito cocinado a fuego lento</h2><p class="article-text">
        La gran pregunta a la que atiende esta cr&oacute;nica es qu&eacute; hace que una historia familiar del siglo XVI haya recibido semejante acogida en los lectores del siglo XXI. &lsquo;El marketing&rsquo; es una de las primeras respuestas que da Luis Solano, editor de Libros del Asteroide. &ldquo;En Espa&ntilde;a fue clave el hecho de ser escogido &lsquo;el libro del a&ntilde;o&rsquo; en los principales suplementos literarios&rdquo;, explica Solano para se&ntilde;alar que, para cuando lleg&oacute;, ya se hab&iacute;a convertido en un &eacute;xito en Reino Unido y Estados Unidos. &ldquo;Vimos que era un fen&oacute;meno que se hab&iacute;a replicado en varios pa&iacute;ses. Nosotros hab&iacute;amos publicado ya tres libros de la autora, pero con esta novela dio un gran salto tanto para la cr&iacute;tica como para un p&uacute;blico m&aacute;s amplio&rdquo;, contin&uacute;a el editor.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Jessie Buckley en el teatro en el emocionante final de &#039;Hamnet&#039;                            </span>
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        Para Solano, adem&aacute;s, a pesar de que la trama est&eacute; ambientada en el siglo XVI, cuenta una historia desde una perspectiva actual, moderna. &ldquo;Trata temas universales como la enfermedad y la muerte desde lo &iacute;ntimo y pone en el centro a una figura femenina fuerte e independiente&rdquo;, argumenta. Es algo en lo que coincide Concha Carde&ntilde;oso, traductora de O&rsquo;Farrell: &ldquo;<em>Hamnet </em>es una historia muy interesante contada y dosificada con la perfecci&oacute;n de una escritora consumada, inteligente, experta y capaz de comunicar sin alardes, con sencillez, sentimientos y estados de &aacute;nimo dif&iacute;ciles de describir&rdquo;. Insiste, tambi&eacute;n, en que el gran hallazgo de la obra es que, emocionalmente, no hay grandes diferencias con la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Ese hombre ausente que carece de nombre, aunque el lector sepa perfectamente qui&eacute;n es, y el papel protag&oacute;nico de una mujer que, hist&oacute;ricamente, fue abandonada en una esquina, es lo que cosech&oacute; las loas de la cr&iacute;tica, como la de Rafael Narbona, escritor, cr&iacute;tico literario y profesor de filosof&iacute;a. &ldquo;Ha sido muy importante el hecho de que la novela est&eacute; escrita desde el punto de vista de ella. Una mujer que ten&iacute;a fama de hechicera y de la que apenas se ha registrado nada m&aacute;s all&aacute; de que era la mujer de Shakespeare, que era mayor que &eacute;l y que no se entend&iacute;a con &eacute;l. Una mujer relegada a un pie de p&aacute;gina y sobre la que se dijeron pocas cosas y, en su mayor&iacute;a, peyorativas&rdquo;, apunta Narbona, que se&ntilde;ala que esta perspectiva feminista tambi&eacute;n ha contribuido al &eacute;xito de la obra al acercarse de una manera &ldquo;tan original y novedosa&rdquo; a la vida de Shakespeare.
    </p><h2 class="article-text">A la sombra del mito</h2><p class="article-text">
        La propia O&rsquo;Farrell se&ntilde;al&oacute; en diversas entrevistas en medios que la elecci&oacute;n de ponerla a ella en el centro del relato vino de la curiosidad, s&iacute;, pero tambi&eacute;n de las descripciones y calificaciones que encontr&oacute; de Agnes en publicaciones acad&eacute;micas a lo largo del tiempo. &ldquo;Se la describ&iacute;a de una manera muy mis&oacute;gina y se dec&iacute;a que era una mujer fea cuando no nos han llegado retratos de ella y, por los pocos datos biogr&aacute;ficos que hay, parece que fue m&aacute;s bien todo lo contrario&rdquo;, comentaba la autora en el podcast <em>Not Just The Tudors</em>.
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                La escritora Maggie O&#039;Farrell                            </span>
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        &ldquo;Hay que tener en cuenta que Agnes ven&iacute;a de una familia acomodada para la &eacute;poca, mientras que la de &eacute;l estaba endeudada hasta las cejas y, sobre todo, es importante recalcar que, cuando se conocieron, &eacute;l a&uacute;n no era un poeta, no era nadie. El matrimonio resultaba ventajoso para &eacute;l, no para ella, pero estoy segura de que ella vio algo en &eacute;l, de que ella supo encender la chispa que despu&eacute;s ser&iacute;a el Shakespeare que conocemos&rdquo;, explicaba la irlandesa en conversaci&oacute;n con Suzannah Lipscomb, la directora del programa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El personaje de Agnes es fundamental, pues vivimos la p&eacute;rdida del hijo, de la madre y del marido a trav&eacute;s de ella con la fuerza y la viveza de la mujer excepcional que es&rdquo;, insiste, por su parte, Carde&ntilde;oso, quien se&ntilde;ala que el tema de la familia y los hijos es una constante en toda la obra de la irlandesa. &ldquo;Los toca con una fuerza y una profundidad que no puede dejar indiferente a nadie, sobre todo las mujeres&rdquo;, explica. Narbona, por su lado, apunta que &ldquo;es una novela que, adem&aacute;s de poner el foco en un tema que est&aacute; hoy a la orden del d&iacute;a, como es el de las mujeres olvidadas, est&aacute; tan bien escrita, concebida y estructurada que no es de extra&ntilde;ar que se haya convertido en un superventas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Literatura y duelo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Cualquier persona sabe estar con el dolor de otra persona&rdquo;. Son palabras de Mar Cortina, psic&oacute;loga especializada en duelo, en concreto en ni&ntilde;os y muerte, y autora junto a Agust&iacute;n de la Herr&aacute;n de tres ensayos: <em>La muerte y su did&aacute;ctica</em>, <em>Pedagog&iacute;a de la muerte a trav&eacute;s al cine</em> y <em>Educar y vivir teniendo en cuenta la muerte</em>. &ldquo;Sabemos acompa&ntilde;ar, estar ah&iacute;, de manera natural. Est&aacute; en nuestros genes. Es solo que durante muchos a&ntilde;os, culturalmente, hemos barnizado el tema con una p&aacute;tina de especializaci&oacute;n, de tener que seguir determinados rituales, como si hubiera una sola forma correcta de afrontar la p&eacute;rdida&rdquo;, explica Cortina en conversaci&oacute;n con este peri&oacute;dico para se&ntilde;alar que, muchas veces, los dolientes no se tienen que afrontar &uacute;nicamente a la p&eacute;rdida, sino a la expectativa socioecon&oacute;mica que se posa sobra ellos.&nbsp;
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                Jessie Buckley y Paul Mescal en &#039;Hamnet&#039;                            </span>
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        Cortina, que tambi&eacute;n es lectora de <em>Hamnet</em>, opina que tanta gente entr&oacute; en la historia por la forma &ldquo;bella y directa&rdquo; de mirar al dejar de existir de repente, cuando &ldquo;no tocaba&rdquo;. &ldquo;Esa idea del morirse antes de tiempo es un constructo. Puede ocurrir de repente, en cualquier momento, y hay que ser conscientes de ello&rdquo;, contin&uacute;a para recordar una an&eacute;cdota, la de su madre dici&eacute;ndole en las tardes de infancia que dejaran las camas hechas antes de salir de casa, por si pasaba cualquier cosa. &ldquo;Eso es tener conciencia de tu mortalidad, como tambi&eacute;n la ten&iacute;an las abuelas que se desped&iacute;an con un &lsquo;hasta ma&ntilde;ana, si Dios quiere'&rdquo;, ejemplifica Cortina. Y conciencia de mortalidad es tambi&eacute;n lo que despierta <em>Hamnet </em>en sus lectores.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al leer o acercarnos a las historias de duelo ajenas enseguida conectamos con los propios. Es una reacci&oacute;n muy humana y normal mirar hacia dentro y ver lo que te conecta o te aleja de la tragedia ajena&rdquo;, contin&uacute;a Cortina, quien leyendo <em>Hamnet </em>volvi&oacute; a la p&eacute;rdida de su sobrina de 5 a&ntilde;os, por leucemia, hace ya una d&eacute;cada. &ldquo;Ver otras perspectivas, otras experiencias, ya sea en forma de ficci&oacute;n o testimonio, nos ayuda much&iacute;simo porque conectamos con lo que les ocurre a los dem&aacute;s&rdquo;, contin&uacute;a la psic&oacute;loga, quien insiste en que duelos hay tantos como personas. &ldquo;Los ni&ntilde;os lo viven de frente, de manera natural. Somos los adultos los que con el tiempo le ponemos capas y capas y acabamos actuando, a veces, como su tuvi&eacute;ramos la vida comprada&rdquo;, zanja la psic&oacute;loga, que qued&oacute; deslumbrada por el relato de una O&rsquo;Farrell que mira a la vida como se mira a la muerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Nuño]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 03:01:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las claves de 'Hamnet': por qué una historia del siglo XVI habla tan bien del dolor del siglo XXI]]></media:title>
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