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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Giuseppe Caputo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/giuseppe-caputo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Giuseppe Caputo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Giuseppe Caputo, escritor: “Hay que usar la voz para no naturalizar el fascismo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/giuseppe-caputo-escritor-hay-voz-no-naturalizar-fascismo_128_13049942.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8603556a-fd60-479f-aadf-0693035f573f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Giuseppe Caputo, escritor: “Hay que usar la voz para no naturalizar el fascismo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor colombiano publica 'La frontera encantada', una biografía familiar que permite acercarse a las jerarquías de clase y también a la visión de alguien que no esconde sus ideas políticas, desde las críticas a María Corina Machado a la condena por el genocidio en Gaza. 
  </p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de trazarlo, Giuseppe Caputo encontr&oacute; su autorretrato infantil. Aunque no a prop&oacute;sito, hab&iacute;a dibujado la observaci&oacute;n de su abuela, tan pesada como una losa: Su rostro estaba dividido en dos partes: una de ellas, la derecha, era la elegante y la otra, la vulgar. Adem&aacute;s, ese dibujo de ni&ntilde;o hab&iacute;a capturado el aspecto de los ojos de su padre en pleno brote de bipolaridad, una fecha clave en la biograf&iacute;a familiar que, desde entonces, empez&oacute; a calibrar si una sonrisa era un mal augurio o solo una expresi&oacute;n de euforia. Descubrir esa imagen de s&iacute; mismo en una caja de mudanza fue el &ldquo;primer flechazo de creaci&oacute;n&rdquo; de <a href="https://www.penguinlibros.com/es/tematicas/380488-ebook-la-frontera-encantada-9786287638945?srsltid=AfmBOoq2O6iJAkvpe5qLc55UH9qhwWuEJs5OmqH2VFT5QO6EZiEtKpk2" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>La frontera encantada</em></a>, el &uacute;ltimo libro del escritor colombiano que Random House acaba de publicar en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es una biograf&iacute;a que inevitablemente se va transformando no solo en ficci&oacute;n sino, como me gusta decirlo, en un cuento de hadas&rdquo;, dice a <a href="http://eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>elDiario.es</em></a> sentado en un elegante espacio de la librer&iacute;a Finestres en Barcelona. Al ver ese boceto infantil, record&oacute; de inmediato esa raya invisible que su abuela trazaba en su cara, aunque &eacute;l no recordaba dibujarse as&iacute;. Y en lugar de entenderlo como la evidencia de un complejo de inferioridad transmitido generacionalmente lo pens&oacute; como un &ldquo;hechizo social&rdquo; y su escrito como &ldquo;un contrahechizo&rdquo;. As&iacute;, el libro le permiti&oacute;, partiendo del impacto &oacute;ptico de escenas como el delirio de un padre, desarrollar una reflexi&oacute;n sobre &ldquo;lo aspiracional de la clase media, c&oacute;mo se puede transformar eso en una conciencia pol&iacute;tica, y c&oacute;mo pensar la migraci&oacute;n a partir de ese brote de man&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no guarda un orden cronol&oacute;gico, <em>La frontera encantada</em> comienza en la infancia de Caputo, cuando vive en Barranquilla con su hermano mayor, sus padres, su abuela y la empleada del hogar, Margarita. La presencia de esta &uacute;ltima inquilina no es una muestra de riqueza familiar, de hecho, el propio personaje lo dice en el libro: &ldquo;&iexcl;Una es tan pobre que termina trabajando para gente pobre, sirviendo a muertos de hambre!&rdquo;. Los padres del autor tienen una ferreter&iacute;a que solo da p&eacute;rdidas y la abuela vive empecinada en que sus nietos alcancen un estatus m&aacute;s alto que el suyo, Su mejor amiga del pueblo del que proceden se cas&oacute; con un millonario y tiene un nieto de la edad del escritor, as&iacute; que se esfuerza para que se relacionen y para pretender, ante su comadre Amirita, que ella tampoco vive mal.
    </p><p class="article-text">
        Para ello se pone &lsquo;la m&aacute;scara&rsquo;, un concepto que Caputo utiliza para explicar la expresi&oacute;n facial que cada persona utiliza para enfrentarse a una persona de una clase social diferente a la suya. En el caso de encontrarse en un estrato inferior, esa careta se activa cuando el complejo de inferioridad gana y sonr&iacute;e, lo que implica: &ldquo;Dejar la jerarqu&iacute;a pol&iacute;tica, social, intacta&rdquo;. La m&aacute;scara del poderoso tambi&eacute;n suele demostrar amabilidad y el mismo objetivo: mantener el orden establecido. &ldquo;Lo que busca el protagonista es desinstalar esas ideas que son, por supuesto, coloniales. Porque la migraci&oacute;n norte-sur es muy distinta a la sur-norte&rdquo;, explica el autor, &ldquo;en primera hay un ascenso social y casi que t&uacute; pisas Barranquilla siendo europeo y ya te beneficias involuntariamente de ese nudo colonial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El narrador es un gran creador de t&eacute;rminos conceptuales como la mencionada &lsquo;m&aacute;scara&rsquo; o el &lsquo;asma ps&iacute;quica&rsquo;. &Eacute;l sufri&oacute; la afecci&oacute;n respiratoria de peque&ntilde;o (a&uacute;n lleva el inhalador siempre consigo aunque sus crisis son muy puntuales) y conoce bien la sensaci&oacute;n de quedarse sin aire. Algo similar a la angustia provocada por una cuenta bancaria exigua o cualquier otro problema cotidiano: &ldquo;El lenguaje psicologista me ha ayudado mucho a entender cosas, pero luego literariamente no me mata&rdquo;. Para &eacute;l, ese &lsquo;asma ps&iacute;quica&rsquo; es: &ldquo;Irse asfixiando de una manera ps&iacute;quica. Tambi&eacute;n digo que me &lsquo;empesadillo&rsquo; [algo as&iacute; como tener una pesadilla pero despierto]&rdquo;. Por ejemplo, &eacute;l sufri&oacute; de ese ahogamiento mental cuanto tuvo que colocar los fragmentos en los que hab&iacute;a escrito el libro, algo que nunca le hab&iacute;a sucedido: &ldquo;Ordenar para que la energ&iacute;a del libro se emancipara de la herida y a la vez no ningunearla. Las heridas nunca son individuales, es un dolor colectivo&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Mochilas vitales</h2><p class="article-text">
        El padre del escritor migr&oacute; de un peque&ntilde;o pueblo italiano a Barranquilla y durante un tiempo le fue bien hasta que empez&oacute; la debacle mental. Cuando se hizo mayor, su hijo literato tambi&eacute;n cogi&oacute; sus cosas y se fue a varios lugares: Bogot&aacute;, Barcelona, Nueva York, Iowa. Pero mientras que su progenitor nunca volvi&oacute; a su tierra natal, &eacute;l s&iacute; lo hace y se define a s&iacute; mismo como &ldquo;regresante&rdquo;. &ldquo;Hay una escritora barranquillera que se llama Marvel Moreno, que se fue y no volvi&oacute; nunca. Su trabajo m&aacute;s famoso se llama <a href="https://www.penguinlibros.com/es/tematicas/294560-ebook-en-diciembre-llegaban-las-brisas-9786287525399?srsltid=AfmBOoo618a4VwrXPtYfvKbSREoeKVpNPXp9oax-soaYNUl9d0R5jSUc" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>En diciembre llegaban las brisas</em></a><a href="https://www.penguinlibros.com/es/tematicas/294560-ebook-en-diciembre-llegaban-las-brisas-9786287525399?srsltid=AfmBOoo618a4VwrXPtYfvKbSREoeKVpNPXp9oax-soaYNUl9d0R5jSUc" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> </a>y al final del libro, le preguntan de d&oacute;nde es y ella ya ni siquiera dice Barranquilla, sino una ciudad que est&aacute; muy cerca del r&iacute;o&rdquo;, desarrolla, &ldquo;y cuando estoy all&iacute; la entiendo perfectamente pero cuando estoy en el avi&oacute;n tambi&eacute;n entiendo porqu&eacute; mi pap&aacute; se qued&oacute; y no se quiso ir nunca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El principal conflicto de la ciudad es &ldquo;una mezcla que provoca mucha disonancia entre una alegr&iacute;a muy genuina y un conservadurismo muy radical&rdquo;. Esa disputa se detiene durante la celebraci&oacute;n, por todo lo alto, del Carnaval [es uno de los mayores del mundo]: durante cuatro d&iacute;as los l&iacute;mites se olvidan y los participantes se entregan al disfrute sin miradas juzgadoras. &ldquo;Toda esa energ&iacute;a er&oacute;tica tan colectiva, tan hermosa, de &lsquo;miren lo bella y bello que puedo ser&rsquo;, queda como encapsulada en esas jornadas&rdquo;, explica Caputo. En su opini&oacute;n, esa especie de par&eacute;ntesis deber&iacute;a romperse y que: &ldquo;Esa m&uacute;sica empiece a te&ntilde;ir absolutamente el resto del a&ntilde;o, que la energ&iacute;a revoltosa no quede ordenada por el propio sistema que tambi&eacute;n hay que cambiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cree que en alg&uacute;n momento, cada vez m&aacute;s cercano, volver&aacute; a su ciudad de origen aunque no sabe si sus ganas de regresar son producto de una romantizaci&oacute;n de Barranquilla. En el otro lado de la balanza, pesa su amor por Bogot&aacute;: &ldquo;Fue donde yo sal&iacute; del &lsquo;closet&rsquo;, me permiti&oacute; empezar a irme de la casa, no solo f&iacute;sicamente, sino sobre todo pol&iacute;ticamente y ps&iacute;quicamente&rdquo;. La maleta psicol&oacute;gica que llevaba consigo era bien pesada, especialmente por la enfermedad de su padre, que modific&oacute; la vida de toda la familia: &ldquo;La locura no es algo que se queda blindada dentro de la persona, sino que se extiende a toda la casa. El trauma es una imagen del pasado que pervive, que se mantiene en presente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El trastorno bipolar de su padre hac&iacute;a que durante una temporada estuviese sumido en una depresi&oacute;n y durante otra en una energ&iacute;a delirante. Al final, surge una pregunta dolorosa pero inevitable: &iquest;Cu&aacute;l es m&aacute;s llevadera para el resto de convivientes? &ldquo;Lo m&aacute;s f&aacute;cil es que est&eacute; deprimido, aunque eso tenga sus propias complicaciones, etc&eacute;tera&rdquo;, sostiene Caputo, &ldquo;la alegr&iacute;a se convierte en una alerta: &iquest;Est&aacute; sonriendo simplemente porque quiere sonre&iacute;r o porque se le est&aacute; activando la man&iacute;a? Para m&iacute; el rezago m&aacute;s grande es eso, que la alegr&iacute;a se vuelva una se&ntilde;al de mala noticia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De alguna manera, ese balanc&iacute;n de emociones acab&oacute; instalado en su literatura: &ldquo;Me gusta oscilar entre una energ&iacute;a man&iacute;aca, es decir, m&aacute;s expansiva, m&aacute;s del suceso, y luego una energ&iacute;a depresiva, como m&aacute;s introspecci&oacute;n, m&aacute;s lentitud&rdquo;. Y, sobre todo, huye de la herida porque, si no, se convierte en &ldquo;pura rabia y se vuelve un arma de guerra&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El oficio y la voz</h2><p class="article-text">
        En la actualidad, Giuseppe Caputo es profesor y coordinador acad&eacute;mico del M&aacute;ster de Escritura Creativa del Instituto Caro y Cuervo en Bogot&aacute;. Dice que no vive de las regal&iacute;as de sus libros &ndash; &ldquo;en parte creo que porque mi literatura es m&aacute;s minoritaria&rdquo;, afirm&oacute;&ndash; pero que publicar le ha abierto las puertas a otras labores como dar conferencias o ser el director cultural de la Feria del Libro de Bogot&aacute; desde 2015 a 2018. Pero su trabajo de profesor le gusta y afirma que a &eacute;l los talleres le cambiaron la vida. &ldquo;Mi maestra es Diamela Eltit, una escritora chilena maravillosa. Creo que, sobre todo uno se vuelve mejor lector y logra detectar los puntos ciegos de los textos, que siempre los hay y a pensar con mayor densidad pol&iacute;tica los textos&rdquo;, manifiesta. Para &eacute;l, a&uacute;n existe el mito del escritor como &ldquo;genio solitario&rdquo; pero nadie se cuestiona que alguien que quiere ser pintor, fot&oacute;grafo, cineasta o bailar&iacute;n vaya a clases. 
    </p><p class="article-text">
        Caputo no esconde, ni en sus libros ni en sus declaraciones p&uacute;blicas, sus opiniones pol&iacute;ticas. El pasado diciembre de 2025, cancel&oacute; su participaci&oacute;n en el Hay Festival Cartagena de Indias 2026 junto a Laura Restrepo o Mikaelah Drullard por la invitaci&oacute;n de Mar&iacute;a Corina Machado, l&iacute;der opositora venezolana y ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, que despu&eacute;s regal&oacute; a Donald Trump, presidente de Estados Unidos. El escritor considera que estamos &ldquo;en un momento de fascismo ascendente&rdquo;. &ldquo;Es un momento de no naturalizar el fascismo y no naturalizar las alianzas con el fascismo&rdquo;, concluy&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El autor matiza que su decisi&oacute;n de no ir al evento ni sus declaraciones implican que no reconozca &ldquo;el dolor venezolano&rdquo;. &ldquo;Pero eso no significa que naturalicemos el aplaudir la acci&oacute;n armada, como la llama ella [Mar&iacute;a Corina Machado], de Israel en Gaza. Que tambi&eacute;n decir Gaza es una manera de no decir Palestina; el aplaudir los bombardeos de las lanchas, que son asesinatos extrajudiciales; el aplaudir a Kast, que es un glorificador de otra dictadura&rdquo;, enumera. &ldquo;En fin, para m&iacute; hay que usar la voz para no naturalizar el fascismo en este momento&rdquo;, concluy&oacute;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/giuseppe-caputo-escritor-hay-voz-no-naturalizar-fascismo_128_13049942.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 03:02:10 +0000]]></pubDate>
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