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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Kurdistán]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/kurdistan/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Kurdistán]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“Somos kurdos, pero también sirios”: el regreso al barrio donde comenzó el colapso del Kurdistán sirio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/kurdos-sirios-regreso-barrio-comenzo-colapso-kurdistan-sirio_1_13102214.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ddfcdfae-b531-45fc-8497-ff95b72b6427_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x4767y3740.jpg" width="1200" height="675" alt="“Somos kurdos, pero también sirios”: el regreso al barrio donde comenzó el colapso del Kurdistán sirio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La operación del Gobierno sirio que tomó los territorios kurdos del noreste comenzó en Alepo. En Sheij Maqsoud, donde estallaron los combates, madres kurdas y árabes cansadas de la violencia piden solo una cosa: que sus derechos sean respetados y que la paz llegue a Siria.</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El peque&ntilde;o Ahmed acababa de llegar del colegio cuando estall&oacute; la violencia. Hab&iacute;a sido una ma&ntilde;ana normal en Sheij Maqsoud, barrio de mayor&iacute;a kurda y hasta ese 6 de enero bajo control de las Fuerzas Democr&aacute;ticas Sirias (FDS), tambi&eacute;n de liderazgo kurdo. Con las primeras explosiones, los vecinos bajaron a refugiarse entre las esquinas de la casa de F&aacute;tima Ahmed. Los pisos bajos son m&aacute;s seguros: las bombas suelen caer en las azoteas, adem&aacute;s de que hacen m&aacute;s corta la huida. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Al segundo d&iacute;a de ataques, las s&uacute;plicas de Ahmed, de 10 a&ntilde;os, &mdash;&ldquo;mam&aacute; no podemos estar aqu&iacute;, vamos a morir&rdquo;&mdash; forzaron a la familia a hacer las valijas. Antes de tomar el corredor humanitario que volvi&oacute; a anegar de exilio las calles de Alepo, F&aacute;tima quem&oacute; sus libros de kurdo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Sobre una colina con una vista privilegiada en el extremo norte de la ciudad, hileras de lo que fueron bloques de viviendas, ahora reducidas a sus estructuras quemadas, preceden al </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>checkpoint</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"> de entrada a Sheij Maqsoud. Refugio diverso de etnias y confesiones, el barrio llevaba bajo control de las FDS desde 2012. Durante ese tiempo fue objetivo tanto de la furia del r&eacute;gimen de Bashar al Asad y los aviones de combate rusos, como de los grupos rebeldes ahora en el poder en Damasco. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Hasta quienes viven cerca de lo que fue el frente de batalla perdieron la cuenta de qu&eacute; agujeros en las fachadas son de los &uacute;ltimos enfrentamientos o cu&aacute;les del pasado, o cu&aacute;ndo fue que quedaron completamente inutilizables el colegio y la mezquita aleda&ntilde;os. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Tantos fueron los ciclos de violencia que con hartura y casi humor, F&aacute;tima Barbaneh, de origen &aacute;rabe y profesora de 25 a&ntilde;os, llam&oacute; a este &uacute;ltimo estallido &ldquo;guerra psic&oacute;pata&rdquo;: &ldquo;14 a&ntilde;os en conflicto no es un n&uacute;mero, es mi infancia destruida. Estar&eacute; en contra de todo aquel que quiera volver a llevarnos a lo mismo. Ya es suficiente&rdquo;. </span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">14 años en conflicto no es un número, es mi infancia destruida. Estaré en contra de todo aquel que quiera volver a llevarnos a lo mismo. Ya es suficiente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fátima Barbaneh</span>
                                        <span>—</span> Profesora y vecina de Alepo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Sheij Maqsoud y el pueblo vecino de Ashrafiyeh, con unas caracter&iacute;sticas muy similares, fueron durante este &uacute;ltimo a&ntilde;o una suerte de islas bajo control de las facciones kurdas en una ciudad ya ampliamente unificada bajo el mando del Gobierno que dirige Ahmad al Sharaa, antiguo l&iacute;der de la Al Qaeda en Siria y a quien el Consejo de Seguridad de la ONU levant&oacute; las sanciones por terrorismo en noviembre del 2025. Ambos barrios quedaron como </span><a href="https://www.eldiario.es/internacional/la-semana-internacional/final-rojava-sueno-autonomia-kurdo-eeuu-cambio-bando_132_12953331.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><span class="highlight" style="--color:transparent;">avanzada del m&aacute;s amplio territorio kurdo, conocido como Rojava</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">, que se extend&iacute;a hacia todo el noreste petrolero del pa&iacute;s. Un experimento de convivencia fallido en la nueva Siria. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La ca&iacute;da de Bashar al Asad en diciembre de 2024 puso fin a una guerra civil que desangr&oacute; y dividi&oacute; Siria en un mosaico de milicias y grupos armados. El nuevo r&eacute;gimen se propuso retomar el control sobre el territorio y en marzo de 2025 lleg&oacute; a un acuerdo con las facciones kurdas para integrarlas en el entonces naciente Ej&eacute;rcito nacional sirio. Pero al terminar el a&ntilde;o los resultados no eran satisfactorios para Damasco. Hubo una ronda de negociaciones mediadas por la misi&oacute;n estadounidense contra el terrorismo que, sin embargo, </span><a href="https://www.al-monitor.com/originals/2026/01/closed-door-breakdown-syria-kurdish-talks-foreshadowed-aleppo-clashes" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">fue interrumpida de golpe</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">. Antes de que hubiera tiempo para retomarlas, la guerra comenz&oacute; en los barrios kurdos de Alepo. Ambas partes se acusan mutuamente de haber disparado primero. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Seis d&iacute;as de combate. 80 muertos, entre ellos civiles, y 140.000 personas desplazadas. Cuando regresaron, algunas al cabo de varias semanas, no hab&iacute;a ni rastro de </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Qassad</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">, la palabra en &aacute;rabe para referirse a las FDS. Durante esas semanas de incertidumbre, tanto F&aacute;tima Ahmed como Sibar Ha&ccedil;i, tambi&eacute;n kurda, encontraron refugio en casas de familiares en los alrededores de su ciudad natal de Afr&iacute;n, de mayor&iacute;a kurda controlada por milicias turcas desde 2018. &ldquo;Pens&eacute; que me volver&iacute;a a quedar sin casa&rdquo;, rememor&oacute; Sibar, a quien las guerras la forzaron hasta cuatro veces a abandonar su hogar. &ldquo;Cuando volvimos a Sheij Maqsoud estuvimos varias semanas sin Internet ni electricidad, solo agua fr&iacute;a. Vivir as&iacute; es tan inc&oacute;modo que no te sientes como un ser humano&rdquo;, continu&oacute;. </span>
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                    alt="Fátima Ahmed, de 43 años, y su hijo Ahmed, de 10, posan juntos en su casa en Sheij Maqsoud. Ella es profesora de kurdo y pide que su lengua sea respetada por las autoridades sirias."
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            <span class="title">
                Fátima Ahmed, de 43 años, y su hijo Ahmed, de 10, posan juntos en su casa en Sheij Maqsoud. Ella es profesora de kurdo y pide que su lengua sea respetada por las autoridades sirias.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Sibar no quiere hablar de partidos pol&iacute;ticos, tiene suficiente con sacar adelante a sus cuatro hijos con el sueldo semanal que su marido gana como sastre. S&iacute; reconoce que se sent&iacute;a m&aacute;s segura bajo el control de las FDS, con quienes ten&iacute;a claro que los elementos principales de su identidad, que son su lengua kurda y sus fiestas tradicionales, estaban garantizados. Pide &ldquo;seguridad y trabajo&rdquo; a quien sea que gobierne. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Mientras Sibar habla, su vecina &aacute;rabe Zobida Abosouf teje en silencio una bufanda. Las familias de ambas pasaron las primeras horas de los ataques juntas. Zobida tambi&eacute;n arrastra una larga historia de desplazamiento y p&eacute;rdida dentro del mismo Alepo. En un primer momento dice que el cambio de mando en Sheij Maqsoud no le importa demasiado, pero despu&eacute;s expresa cierto alivio de que la comunidad sea integrada en el resto de la ciudad. Con Qassad, comenta, hab&iacute;a muchas duplicidades: dos retenes de entrada, dos sistemas educativos, identificaciones y un sistema de seguridad con contrase&ntilde;as. Ahora espera que el d&iacute;a a d&iacute;a se simplifique. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Entre sorbos de t&eacute;, de la calle se cuela la m&uacute;sica de una boda kurda, recuerdo de que la vida se abre paso con urgencia. A pocos metros de los edificios maltrechos que marcan la l&iacute;nea de frente, donde todav&iacute;a quedan casquillos de las balas y los sacos de arena donde se apostaban los francotiradores de Qassad, una nueva cafeter&iacute;a da la bienvenida a sus clientes. En las arterias principales, embarradas del invierno lluvioso, gritan los fruteros y pasean sus productos los vendedores ambulantes. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Vecinos de Sheij Maqsoud celebran una boda tradicional kurda en una calle a pocos metros de la línea de frente que concentró los últimos enfrentamientos entre facciones kurdas y el Gobierno sirio."
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                Vecinos de Sheij Maqsoud celebran una boda tradicional kurda en una calle a pocos metros de la línea de frente que concentró los últimos enfrentamientos entre facciones kurdas y el Gobierno sirio.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Ruge el </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>adhan</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">&mdash;el llamado al rezo de las mezquitas&mdash; del mediod&iacute;a y una avalancha de ni&ntilde;os muy peque&ntilde;os sale del colegio. Hay dos escuelas juntas: Eye Qassem, en honor a una ni&ntilde;a asesinada por una bala perdida en el recreo hace m&aacute;s de una d&eacute;cada; y Alan Mihemed, renombrado as&iacute; por un ni&ntilde;o que falleci&oacute; ahogado en el Mediterr&aacute;neo tratando de llegar a Europa. La violencia de los adultos permea la infancia, y los &uacute;ltimos enfrentamientos de la &ldquo;guerra psic&oacute;pata</span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>"</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"> est&aacute;n dejando una peligrosa huella sectaria que empieza tomar forma desde las edades m&aacute;s tempranas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Hace poco, Ahmed le pregunt&oacute; a F&aacute;tima si los combatientes kurdos y &aacute;rabes a los que escuch&oacute; pelear en las calles de su vecindad seguir&iacute;an enfrent&aacute;ndose a muerte en el cielo. Karim Barbaneh, de 12 a&ntilde;os, cuenta que desde la &ldquo;Liberaci&oacute;n&rdquo; &mdash;como se conoce en Siria el momento de la ca&iacute;da de Assad&mdash; empezaron los roces entre compa&ntilde;eros que llevaron a clase banderas y globos con las tres estrellas rojas de los grupos rebeldes y otros que se molestaron ante ese s&iacute;mbolo. Desde entonces, recuerda, se empez&oacute; a diferenciar entre &aacute;rabes y kurdos en Sheij Maqsoud. </span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:transparent;">El asedio de Kobane </span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La operaci&oacute;n del Gobierno sirio que comenz&oacute; en la devastada Alepo, en Sheij Maqsoud y Ashrafiyeh, continu&oacute; su avance hasta tomar casi todo el noreste kurdo. Sucedi&oacute; en apenas horas. Las principales alianzas de las FDS cambiaron de bando: Estados Unidos y las tribus &aacute;rabes de Deir Ezzor y Raqqa, regiones de mayor&iacute;a &aacute;rabe pero tambi&eacute;n bajo el gobierno aut&oacute;nomo por m&aacute;s de una d&eacute;cada. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Acorralados y sin apoyos, los kurdos llegaron a un acuerdo de alto el fuego y renegociaron su integraci&oacute;n en el Ej&eacute;rcito. Las conversaciones dieron frutos cuando Rojava apenas hab&iacute;a quedado reducida a tres ciudades: Hasakeh, Qamishli y Kobane. En las dos primeras la nueva bandera siria onde&oacute; enseguida, el pacto entr&oacute; en vigor sin contratiempos y fuerzas sirias fueron recibidas con arroz y p&eacute;talos de flores. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">En Kobane todav&iacute;a no hay fecha para que esto ocurra. La ciudad ha sufrido un grave asedio. Seg&uacute;n testimonios desde dentro y la denuncia del </span><a href="https://www.syriahr.com/en/377634/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">Observatorio Sirio de los Derechos Humanos</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;"> murieron varios ni&ntilde;os por el fr&iacute;o y la falta de recursos m&eacute;dicos. Naciones Unidas manda camiones de ayuda humanitaria peri&oacute;dicamente. Hay electricidad apenas unas horas al d&iacute;a, escasea la comida, falta el combustible para los calentadores, la conexi&oacute;n a internet es precaria y a trav&eacute;s de redes satelitales. La ciudad se convirti&oacute; en lugar de acogida para aquellos kurdos de zonas rurales cerca de Kobane que ahora est&aacute;n viviendo en escuelas o durmiendo en camionetas cubiertas con lonas para aislarse de las temperaturas bajo cero. </span>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es como si estuviésemos esperando la muerte en silencio</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Estudiante kurda en Kobane</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">&ldquo;Es como si estuvi&eacute;semos esperando la muerte en silencio&rdquo;, cont&oacute; en una nota de voz una estudiante kurda de la ciudad, quien rememor&oacute; episodios de violencia contra los kurdos como las masacres de 2015. Entonces fueron asesinadas 233 personas a manos de terroristas del Estado Isl&aacute;mico, que hac&iacute;a pocos meses hab&iacute;a declarado su califato en Siria. Con la frontera con Turqu&iacute;a cerrada, la falta de informaci&oacute;n y la espera acrecientan la sensaci&oacute;n de encierro. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Ante un Kurdist&aacute;n que se desvanece en Siria, entre las voces civiles entrevistadas domina el pragmatismo. &ldquo;Somos kurdos, pero somos sirios tambi&eacute;n&rdquo;, sentenci&oacute; F&aacute;tima. Sentada en un sof&aacute; bajo alrededor de un calentador de kerosen &mdash;el mismo en torno al que se re&uacute;nen tantas familias en todo el pa&iacute;s&mdash; muestra el dibujo de Ahmed, el peque&ntilde;o de sus tres hijos. En el papel, los colores nacionales se mezclan con el sol que simboliza a los kurdos. Una bandera h&iacute;brida como un grito a una coexistencia que ya lleva a&ntilde;os practic&aacute;ndose entre vecinos en este barrio exhausto de violencia en las afueras de Alepo.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Maroto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/kurdos-sirios-regreso-barrio-comenzo-colapso-kurdistan-sirio_1_13102214.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 09:19:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Somos kurdos, pero también sirios”: el regreso al barrio donde comenzó el colapso del Kurdistán sirio]]></media:title>
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