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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Eric Sadin]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/eric-sadin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Eric Sadin]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Eric Sadin: "El desierto de nosotros mismos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/eric-sadin-desierto_1_13105153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7ebbfcdc-f5e4-4d44-aef4-5d50a82fd3ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Eric Sadin: &quot;El desierto de nosotros mismos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y filósofo presenta su último libro, editado por Caja Negra, sobre "El giro intelectual y creativo  de la inteligencia artificial". Aquí un adelanto del capítulo 2 "El poder total".</p></div><p class="article-text">
        Sin dudas, fue un fen&oacute;meno. Un joven fil&oacute;sofo de Hong&nbsp;Kong, de una agudeza sin parang&oacute;n, hab&iacute;a captado una&nbsp;tendencia decisiva de la &eacute;poca: en adelante, nuestra relaci&oacute;n con el mundo estar&iacute;a regida principalmente por la&nbsp;ilusi&oacute;n. Nos gustara o no, nuestras representaciones llegar&iacute;an a no tener ya correlaci&oacute;n con lo real. Dicho estado&nbsp;ps&iacute;quico ten&iacute;a causas m&uacute;ltiples y, para quienes supieran&nbsp;explotarlo, contar&iacute;a con todas las claves necesarias para&nbsp;poner a las multitudes bajo su control. Dos figuras surg&iacute;an&nbsp;como los principales titiriteros. Por un lado, Donald Trump,&nbsp;pronunciando discursos desprovistos de toda veracidad, que&nbsp;respond&iacute;an &uacute;nicamente a sus propios puntos de vista o a&nbsp;los de aquellas poblaciones que solo requieren confirmaci&oacute;n&nbsp;por parte de individuos dominantes. Por otro lado, Elon&nbsp;Musk, inundando su plataforma X &ndash;y, de forma m&aacute;s amplia,&nbsp;el paisaje medi&aacute;tico&ndash; con expeditivas argumentaciones que&nbsp;desde&ntilde;aban la herencia de las Luces y la democracia, que,&nbsp;seg&uacute;n &eacute;l, nos habr&iacute;a conducido al borde del abismo. Y esto&nbsp;lo hizo present&aacute;ndose como el nuevo elegido, alguien capaz de salvarnos de todos nuestros males, movido por una compulsi&oacute;n a la repetici&oacute;n que roza la demencia. Este es un ethos que va de abajo hacia arriba, por as&iacute; decirlo, y que en gran medida habr&iacute;a transformado la faz del planeta. Es la&nbsp;era de la hipnocracia. Sonaba bien, como un eslogan pegadizo que inmediatamente despert&oacute; el inter&eacute;s de periodistas&nbsp;de todo el planeta. As&iacute; que, evidentemente, el revuelo despert&oacute; las ganas de ir a conocer el asunto de primera mano.&nbsp;Algunos medios de comunicaci&oacute;n publicaron r&aacute;pidamente&nbsp;no pocas p&aacute;ginas del libro hom&oacute;nimo, y entonces &iquest;cu&aacute;l no&nbsp;fue la estupefacci&oacute;n &ndash;o la consternaci&oacute;n&ndash; que sintieron&nbsp;las personas incr&eacute;dulas o aquellas dotadas de un m&iacute;nimo&nbsp;de sentido com&uacute;n cuando leyeron las primeras l&iacute;neas? Era&nbsp;como hojear el diario &iacute;ntimo de un adolescente de los a&ntilde;os&nbsp;2020 bajo los efectos del LSD, repleto de f&oacute;rmulas dise&ntilde;adas &uacute;nicamente para impactar, de tono perentorio y con la&nbsp;pretensi&oacute;n de ser definitivas, como si quisieran ocultar un terrible vac&iacute;o. Aparec&iacute;an expresiones abstrusas, como &ldquo;no&nbsp;es un objeto que se explique, es una condici&oacute;n que se atraviesa&rdquo;, o bien &ldquo;realidad algor&iacute;tmica&rdquo;, que no quiere decir&nbsp;absolutamente nada, y otros sinsentidos llamativos de esa&nbsp;misma &iacute;ndole. Es como si una c&aacute;scara que parec&iacute;a brillante&nbsp;por fuera revelara una nada abisal si se la mirara desde&nbsp;dentro. La monta&ntilde;a que nos llegaba desde los confines de&nbsp;Oriente, vista de cerca, solo hab&iacute;a dado a luz a un triste y&nbsp;pat&eacute;tico rat&oacute;n.&nbsp;
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                Eric Sadin                            </span>
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        Pero prescindamos de las posiciones cr&iacute;ticas o suspicaces&nbsp;(para retomar los t&eacute;rminos de Nietzsche), hoy consideradas&nbsp;obsoletas. Hordas de periodistas &ndash;probablemente tambi&eacute;n&nbsp;bajo el influjo de esta jerga te&oacute;rico-publicitaria&ndash; buscaron&nbsp;de repente entrevistar al autor luego de la publicaci&oacute;n inicial de su obra en Italia, que al parecer tuvo un &eacute;xito inmediato. En la misma l&iacute;nea, hubo editores, igualmente&nbsp;hipnotizados, que adquirieron los derechos de la obra sin&nbsp;demora alguna. Y entonces, ante la avalancha de demandas de todas partes, y especialmente por las invitaciones&nbsp;a pronunciar conferencias que se le hac&iacute;an a este hombre,&nbsp;la situaci&oacute;n se volvi&oacute; insostenible y se tuvo que develar la verdad: este &ldquo;fil&oacute;sofo&rdquo;, llamado Jianwei Xun y considerado &ldquo;uno de los m&aacute;s brillantes de su generaci&oacute;n&rdquo;, como se&nbsp;afirmaba en la contraportada del libro, &iexcl;no exist&iacute;a ni hab&iacute;a&nbsp;existido jam&aacute;s! &iexcl;Era el producto de la idea de dos fil&oacute;sofos&nbsp;italianos que, en un principio, se hab&iacute;an dejado llevar por&nbsp;sus ganas &ndash;a decir verdad, sumamente c&iacute;nicas&ndash; de &ldquo;dialogar&rdquo; con ChatGPT para &ldquo;hacerle escupir conceptos&rdquo;! S&iacute;: una&nbsp;cierta esfera intelectual hab&iacute;a llegado a semejante nivel de&nbsp;credulidad y a pensar que era pertinente explorar los caminos del pensamiento apoy&aacute;ndose en tecnolog&iacute;as producidas por la vanguardia del tecnoliberalismo. Es decir, por empresarios e ingenieros, la mayor parte de ellos de alrededor de&nbsp;30 a&ntilde;os, en general incultos, llevados por una b&uacute;squeda&nbsp;incesante de la ganancia y dedicados a producir un pseudolenguaje que era resultado de an&aacute;lisis estad&iacute;sticos, de&nbsp;ecuaciones matem&aacute;ticas y de esquemas l&oacute;gicos basados &uacute;nicamente en el principio de la conformidad (y, por ende, del&nbsp;mayor conformismo). Acabamos de verificarlo, dado que esto&nbsp;responde con exactitud a la demanda de una &eacute;poca que&nbsp;ahora solo sabe jurar por la impostura y la insignificancia.&nbsp;Y he aqu&iacute; que una revista francesa, en este caso Philosophie&nbsp;Magazine, que inmediatamente public&oacute; el t&iacute;tulo con una&nbsp;contraportada que dec&iacute;a incluso que el libro &ldquo;nos invita a&nbsp;permanecer l&uacute;cidos en el n&uacute;cleo mismo de la simulaci&oacute;n&rdquo;,&nbsp;&ndash;&iexcl;algo formidable como puesta en abismo!&ndash;, formul&oacute; unas&nbsp;preguntas a Andrea Colamedici, uno de los dos protagonistas de esta supercher&iacute;a mundial. En la entrevista que se&nbsp;public&oacute; en la edici&oacute;n de mayo de 2025 (en cuyo &iacute;ndice este&nbsp;aparec&iacute;a como un &ldquo;libro-acontecimiento&rdquo;), este posmoderno tard&iacute;o afirmaba que &ldquo;la IA es una herramienta de un poder extraordinario para construir conceptos&rdquo; &ndash;no parec&iacute;a&nbsp;ni ver el tenor necrosado de sus producciones simb&oacute;licas, ni sus resortes econ&oacute;micos, como tampoco la visi&oacute;n de mundo que esta supone&ndash; e iba a permitirnos &ldquo;llegar m&aacute;s lejos con el pensamiento&rdquo;. El director de la publicaci&oacute;n cerraba la conversaci&oacute;n con esta pregunta: &ldquo;&iquest;Usted piensa que habr&aacute;&nbsp;un Plat&oacute;n o un Deleuze del futuro que vaya a trabajar&nbsp;con las IA para llevar m&aacute;s lejos sus conceptos o desarrollar sus hip&oacute;tesis y modelos te&oacute;ricos?&rdquo; &iquest;Estamos entonces&nbsp;en semejante nivel (menos que cero) de conciencia y de&nbsp;alerta cr&iacute;tica respecto de una parte del &ldquo;pensamiento&rdquo; contempor&aacute;neo, respecto del valor de las obras y respecto de&nbsp;ciertas palabras dichas? En verdad, todos estos episodios,&nbsp;que podr&iacute;an componer la trama de un sketch par&oacute;dico de la&nbsp;&eacute;poca, tienen que ser tomados en serio en la medida en que&nbsp;dan testimonio de un fen&oacute;meno decisivo al que nos enfrentamos desde hace unos quince a&ntilde;os y, m&aacute;s todav&iacute;a, desde&nbsp;que aparecieron las IA generativas: la concomitancia de la&nbsp;supremac&iacute;a cognitiva de la tecnolog&iacute;a &ndash;y del aura que se le&nbsp;atribuye&ndash; y de una sumisi&oacute;n, hasta de una subordinaci&oacute;n,&nbsp;m&aacute;s o menos visible, m&aacute;s o menos consciente, que millones&nbsp;y millones de individuos manifiestan respecto del aumento&nbsp;indefinido de sus producciones y capacidades.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XXI fueron las de la&nbsp;aparici&oacute;n de un poder gigantesco, uno que nos enfrenta y a su vez parece ponerse a nuestra entera disposici&oacute;n. Esta&nbsp;coyuntura tiene origen en un credo de 70 a&ntilde;os de antig&uuml;edad, que con el transcurso del tiempo y, aun m&aacute;s desde el&nbsp;inicio del nuevo milenio, no dej&oacute; de ganar consistencia:&nbsp;erigir artefactos que manifiestan una absoluta superioridad&nbsp;respecto de nosotros mismos. Este es un credo, para quien sepa verlo, que arrastra una cierta visi&oacute;n &ndash;lacunar y de&nbsp;escaso valor&ndash; de lo humano, as&iacute; como tambi&eacute;n cierto tipo&nbsp;de afecto: un odio hacia nosotros mismos. Conviene prestar la m&aacute;xima atenci&oacute;n a las palabras de Geoffrey Hinton,&nbsp;considerado uno de los &ldquo;padrinos&rdquo; de las &ldquo;redes neuronales&rdquo;. El hombre ofreci&oacute; sus talentos durante muchos a&ntilde;os&nbsp;a Google, empresa en la cual pudo beneficiarse de medios&nbsp;casi ilimitados para perfeccionar los procedimientos de&nbsp;machine learning que, en gran medida, contribuyeron al&nbsp;surgimiento de las IA generativas. En 2023, a los 75 a&ntilde;os&nbsp;&ndash;o en el crep&uacute;sculo de su vida&ndash;, de un d&iacute;a para el otro,&nbsp;Hinton parece haberse visto invadido por remordimientos,&nbsp;o haberse despertado bruscamente de su largo y profundo&nbsp;sue&ntilde;o dogm&aacute;tico: declar&oacute; al New York Times que, dadas las&nbsp;capacidades pasmosas de ChatGPT, todo ese movimiento&nbsp;&ldquo;iba demasiado r&aacute;pido, llegaba demasiado lejos y que era&nbsp;tiempo de preocuparse&rdquo;; lleg&oacute; al punto de confesar que &ldquo;una parte de &eacute;l mismo lamentaba la obra de su vida&rdquo;.&nbsp;As&iacute; &ndash;con gran valent&iacute;a, dado que estaba terminando su&nbsp;carrera, ya hab&iacute;a hecho fortuna y ten&iacute;a una gruesa jubilaci&oacute;n garantizada&ndash; anunci&oacute; que, a fin de &ldquo;hablar libremente&nbsp;de los peligros de la IA&rdquo;, iba a renunciar a Google. Parec&iacute;a&nbsp;una broma o un s&uacute;bito ataque de locura. Sin embargo, un&nbsp;poco m&aacute;s tarde, en una conferencia en la que participaba,&nbsp;qued&oacute; expuesto su doblez natural: se le pregunt&oacute; &ldquo;si era&nbsp;partidario de que una IA superinteligente destruyera la&nbsp;humanidad y la reemplazar&aacute; por algo objetivamente mejor&nbsp;en t&eacute;rminos de conciencia&rdquo;. &Eacute;l respondi&oacute; al instante: &ldquo;De&nbsp;hecho, estoy a favor, pero pienso que ser&iacute;a m&aacute;s sensato&nbsp;para m&iacute; decir que estoy en contra&rdquo;. Y termin&oacute; con una frase&nbsp;que, a fin de cuentas, solo traicion&oacute; el trasfondo de su pensamiento: &ldquo;No es seguro que seamos la mejor forma de&nbsp;inteligencia que pueda haber&rdquo;. He aqu&iacute; el esp&iacute;ritu que, desde los primeros pasos de la cibern&eacute;tica a mediados de&nbsp;la d&eacute;cada del cincuenta, anim&oacute; a estos ingenieros y los sigue animando hoy, con medios tecnol&oacute;gicos y financieros incomparablemente mayores. Ellos, por su cuenta, e impulsados por la industria a la que est&aacute;n sometidos, no est&aacute;n &ldquo;cambiando el mundo&rdquo; &ndash;seg&uacute;n la gastada frase&ndash;, sino que&nbsp;est&aacute;n reduciendo la humanidad humana &ndash;en este contexto&nbsp;es necesario ser redundante&ndash; a la nada. &iquest;Con qu&eacute; lidiamos desde la generalizaci&oacute;n de la inteligencia artificial y, m&aacute;s todav&iacute;a, desde las llamadas &ldquo;generativas&rdquo;? Con una suerte de trascendencia inmanente que est&aacute; destinada a acompa&ntilde;arnos constantemente y que&nbsp;parece superarnos en toda circunstancia. Es dif&iacute;cil encontrar las palabras, o m&aacute;s bien nos faltan, para describir esta&nbsp;entidad en permanente perfeccionamiento, sobre la que se&nbsp;da por sentado &ndash;y esto se profundizar&aacute;&ndash; que tiene raz&oacute;n&nbsp;en dejarnos al margen, hasta el punto de solo querer aferrarnos a ella para beneficiarnos con sus infinitos poderes&nbsp;(igual que esos dos fil&oacute;sofos italianos). Este es el becerro&nbsp;de oro del segundo cuarto del siglo XXI ante el cual nos&nbsp;arrodillamos menos (aunque quiz&aacute; no) y que ratifica el&nbsp;diferencial de saber para intentar sacar provecho de &eacute;l sin&nbsp;medida e instaurar as&iacute; &ndash;sin que lo parezca y muchas veces&nbsp;sin siquiera darnos cuenta&ndash; nuestro car&aacute;cter secundario&nbsp;y, pronto, la inanidad definitiva de nosotros mismos. Hoy&nbsp;en d&iacute;a, lo que est&aacute; en juego no es solo la &ldquo;obsolescencia&nbsp;del hombre&rdquo;, retomando las palabras de G&uuml;nther Anders,&nbsp;sino tambi&eacute;n, en el mismo movimiento, la subordinaci&oacute;n&nbsp;a un orden que &eacute;l mismo erigi&oacute; para que determinara, en&nbsp;&uacute;ltima instancia &ndash;y desde una posici&oacute;n de superioridad&ndash;, el&nbsp;curso de nuestras vidas individuales y colectivas. Se trata&nbsp;de una condici&oacute;n que no se corresponde en modo alguno&nbsp;con una &ldquo;toma del poder por parte de las m&aacute;quinas&rdquo; u otras&nbsp;&ldquo;sublevaciones&rdquo; que a veces se citan de manera bastante&nbsp;inapropiada &ndash;a decir verdad, de manera muy grotesca&ndash;&nbsp;y que dan testimonio de nuestra escandalosa falta de an&aacute;lisis. Estamos frente a algo muy distinto, de un alcance&nbsp;id&eacute;ntico a lo que suponen esos escenarios apocal&iacute;pticos: el&nbsp;franqueamiento del umbral hacia un mundo que pondr&aacute; la&nbsp;mayor parte de los &ldquo;flujos org&aacute;nicos y f&iacute;sicos en situaci&oacute;n de&nbsp;dependencia respecto de la omnisciencia de las entidades&nbsp;artificiales. En este aspecto, erigimos la mayor instancia&nbsp;cognitiva y ordenadora de la historia, y en consecuencia&nbsp;erigimos un poder pol&iacute;tico que, como ning&uacute;n otro en el&nbsp;pasado y ejerci&eacute;ndose casi todo el tiempo de modo imperceptible, est&aacute; destinado por eso mismo a ser interiorizado&nbsp;&ndash;a escala global&ndash; por nuestras mentes. Hace nada m&aacute;s que&nbsp;veinte a&ntilde;os esta mutaci&oacute;n era completamente inconcebible, nadie la vio venir y, pese a ello, constituye nuestra&nbsp;realidad presente y ser&aacute; cada vez m&aacute;s generalizada y m&aacute;s&nbsp;intensa en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n, como continuaci&oacute;n a la gubernamentalidad &ndash;es decir, la capacidad de torcer comportamientos&ndash; que&nbsp;se les atribuy&oacute; a las tecnolog&iacute;as digitales y, posteriormente,&nbsp;a la inteligencia artificial, estamos llegando ahora &ndash;debido&nbsp;a su creciente expansi&oacute;n y sofisticaci&oacute;n y a la introducci&oacute;n&nbsp;de m&aacute;quinas parlantes&ndash; a una etapa de imposici&oacute;n distinta&nbsp;y muy superior que conduce a una redefinici&oacute;n total de&nbsp;lo pol&iacute;tico. Es esto lo que nos corresponde pensar, de un&nbsp;modo igualmente nuevo, a mediados de la d&eacute;cada de 2020.&nbsp;La aparici&oacute;n de una fuerza omnisciente, que permitimos&nbsp;que se inmiscuyera en todo y que va a inspirar el tenor de&nbsp;nuestros actos, pensamientos, palabras, im&aacute;genes y relaciones, para adquirir as&iacute; un alcance pol&iacute;tico de tal magnitud&nbsp;que conviene denominarlo seg&uacute;n su envergadura:&nbsp;el PODER TOTAL. Es mejor poner en may&uacute;sculas esta noci&oacute;n, para resaltar tanto su dominio sin precedentes como su naturaleza&nbsp;absolutamente in&eacute;dita, que solo pueden superar nuestras&nbsp;categor&iacute;as y modos actuales de inteligibilidad, ya que no&nbsp;pertenecen a ning&uacute;n orden conocido hasta ahora.
    </p><p class="article-text">
        Michel Foucault hab&iacute;a identificado los mecanismos&nbsp;modernos de poder &ndash;aquellos que operan desde la era de la secularizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n&ndash; en sus caracter&iacute;sticas plurales, que no funcionan &uacute;nicamente de manera piramidal, sino en diferentes niveles de la sociedad: dentro de hospitales, prisiones y diversas instituciones, y tambi&eacute;n en&nbsp;un nivel individual bajo un n&uacute;mero infinito de formas. Hay&nbsp;an&aacute;lisis que dan testimonio de la obsolescencia de un orden&nbsp;&uacute;nico y omnisciente como el que sosten&iacute;a el emperador de&nbsp;China o, en otro g&eacute;nero de cosas, el que representaba el&nbsp;pan&oacute;ptico de Jeremy Bentham (cuyo principio arquitect&oacute;nico consist&iacute;a en permitir a los guardias tener desde su&nbsp;torre de control una visi&oacute;n de 360&ordm; sobre las celdas, sin&nbsp;que ellos mismos fueran vistos).4 Hoy estar&iacute;amos enfrent&aacute;ndonos menos con una forma de retorno a un estado de&nbsp;absolutismo que con un complejo que act&uacute;a y se impone&nbsp;como referencia en todo lugar, es decir, como el punto a&nbsp;partir del cual uno debe definirse y que, en consecuencia,&nbsp;orienta las trayectorias de miles de millones de individuos.&nbsp;Los ardientes defensores de las libertades individuales,&nbsp;que adoran presentarse como v&iacute;ctimas de una vigilancia&nbsp;generalizada, no encontrar&aacute;n en esta configuraci&oacute;n ning&uacute;n motivo de satisfacci&oacute;n que, pese a sus aparentes similitudes, tiene objetivos bien distintos y caracter&iacute;sticas sin&nbsp;equivalentes ni antecedentes hist&oacute;ricos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, tal como fue pensada y abordada desde la&nbsp;Grecia Antigua, as&iacute; como a lo largo de la modernidad, desde&nbsp;el inicio del siglo XIX hasta hoy, se ve, antes que redefinida, o incluso agonizante, inexorablemente condenada a&nbsp;la obsolescencia. Todas las prerrogativas que le correspon den caer&aacute;n una a una en jirones: la implementaci&oacute;n de programas (hasta ahora elaborados por humanos); la evaluaci&oacute;n; la deliberaci&oacute;n; la decisi&oacute;n; y, por supuesto, los&nbsp;principios de pluralidad y discrepancia constitutivos de la&nbsp;democracia. Pero tambi&eacute;n la incertidumbre y la temporalidad&nbsp;propias de la vida, que permiten experimentar sin descanso&nbsp;una infinidad de horizontes posibles, al punto de que&nbsp;ambas representan en su base la condici&oacute;n misma de posibilidad de lo pol&iacute;tico. Es como si el hecho de recurrir a&nbsp;empresas de consultor&iacute;a, de las cuales abusaron tantos&nbsp;gobiernos en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os, hubiera inaugurado&nbsp;el reino de una tecnocracia pronto llamada a asumir una&nbsp;envergadura total y automatizada. Solo se impondr&aacute; la ley&nbsp;de la conformidad, como ocurre con el tanat&oacute;logos y los&nbsp;reg&iacute;menes de la imagen y el sonido. Cada vez m&aacute;s, tendr&aacute;&nbsp;lugar &uacute;nicamente aquello que tiene que tener lugar. Estas&nbsp;operaciones son realizadas en funci&oacute;n de intereses m&aacute;s o&nbsp;menos visibles y estrictos imperativos utilitaristas, pero&nbsp;llevados al extremo, dado que ya no hay que rendir cuentas&nbsp;a nadie y que sus sistemas son concebidos por empresarios&nbsp;e ingenieros que, a su vez, solo juran por dichos imperativos. Es decir, son modos de organizaci&oacute;n fr&iacute;os del curso&nbsp;de las cosas, impersonales e infinitamente reactivos a los&nbsp;&ldquo;flujos de lo real, por lo tanto son din&aacute;micos pero r&iacute;gidos y&nbsp;repetitivos en los axiomas que los determinan. Se agota la&nbsp;asunci&oacute;n de la cosa p&uacute;blica por parte de los humanos &ndash;y de&nbsp;todas las imperfecciones, pero a veces tambi&eacute;n de los perfeccionamientos concertados que la cosa p&uacute;blica supone&ndash;,&nbsp;algo que Jacques Ellul hab&iacute;a presentido, de alg&uacute;n modo,&nbsp;aunque las realidades presentes est&aacute;n muy alejadas de las&nbsp;de ese entonces. Porque &eacute;l fue uno de los pocos que, a&nbsp;fines de la d&eacute;cada del setenta, tuvo la lucidez de observar la importancia en aumento de los sistemas t&eacute;cnicos,&nbsp;pero tambi&eacute;n de los &oacute;rganos de decisi&oacute;n, que eran cada&nbsp;vez m&aacute;s complejos y estaban encabalgados unos con otros&nbsp;inervando la sociedad con el doble efecto &ndash;eminentemente&nbsp;pol&iacute;tico&ndash; de convertir la acci&oacute;n humana en algo marginal y de impedir la comprensi&oacute;n de las motivaciones que inspiraban esos mecanismos implementados: &rdquo;Ya no hay ninguna organizaci&oacute;n social o pol&iacute;tica significativa posible para este&nbsp;conjunto dentro del cual cada parte est&aacute; sometida a t&eacute;cnicas y unas con otras est&aacute;n vinculadas por t&eacute;cnicas&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si el PODER TOTAL llega a dictar su &uacute;nica ley, una ley&nbsp;evolutiva y adaptable (en teor&iacute;a, para su propio bien) a&nbsp;las situaciones de los individuos y los colectivos, entonces la constituci&oacute;n del conocimiento &ndash;en lo que este&nbsp;reviste de utilidad p&uacute;blica, en cuanto herramienta de&nbsp;comprensi&oacute;n de los fen&oacute;menos naturales de la sociedad,&nbsp;pero tambi&eacute;n de reflexividad respecto de ellos&ndash; tambi&eacute;n&nbsp;se ver&aacute; impactada por la obsolescencia. Y, con ello, tambi&eacute;n se ver&aacute; afectado todo el conocimiento que emana de&nbsp;las instituciones, de los centros de investigaci&oacute;n, de las&nbsp;publicaciones, es decir, de los an&aacute;lisis documentados que se someten a la cr&iacute;tica de los pares y luego son puestos a&nbsp;disposici&oacute;n de todos. Esto representa otra dimensi&oacute;n de lo&nbsp;pol&iacute;tico, entendida como el derecho leg&iacute;timo &ndash;o el deber&nbsp;c&iacute;vico y moral&ndash; de trabajar en el desarrollo de contenidos&nbsp;capaces de exponer otros puntos de vista, pero tambi&eacute;n&nbsp;de abrir perspectivas distintas de las que presentan y&nbsp;ensalzan los &oacute;rganos de poder habituales. Dicho de otra&nbsp;manera, instancias &ndash;percibidas a medias como tales&ndash; de&nbsp;contrapoderes instituidos en Europa desde el siglo XVII&nbsp;en adelante, que, con el paso del tiempo, se multiplicaron&nbsp;a lo largo y ancho del mundo y mostraron una diversifica ci&oacute;n de sus &aacute;mbitos de estudio, est&aacute;n destinadas ahora a&nbsp;perder su pertinencia. Esto ocurre porque las manifestaciones de lo real &ndash;si es que todav&iacute;a sentimos la necesidad&nbsp;de comprender su esencia&ndash;, las condiciones de erupci&oacute;n&nbsp;de un volc&aacute;n, la aparici&oacute;n de patolog&iacute;as, los efectos de&nbsp;ciertas pr&aacute;cticas ser&aacute;n &ldquo;explicados&rdquo; por este poder.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, las ciencias sociales y, en&nbsp;menor medida, las llamadas ciencias &ldquo;duras&rdquo;, parecer&aacute;n&nbsp;pr&oacute;ximamente in&uacute;tiles y obsoletas, y nos mostrar&aacute;n la&nbsp;aparici&oacute;n de muchos Jianwei Xun para iluminarnos en&nbsp;cualquier circunstancia. Es el fin de las sociedades cient&iacute;ficas; adem&aacute;s, &iquest;para qu&eacute; financiar a investigadores en&nbsp;este contexto? As&iacute; ser&aacute; tanto mejor, dir&aacute;n algunos, ya que&nbsp;los fondos p&uacute;blicos solo sirven para alimentar especies&nbsp;de par&aacute;sitos sistem&aacute;ticamente quejosos y para establecer conclusiones que no importan a nadie, en una era&nbsp;en la que las masas no conf&iacute;an en nada y opinan sobre&nbsp;todo. Es mejor, entonces, dejar hablar al PODER TOTAL, que,&nbsp;por su parte, nunca se equivoca y no deja de avanzar&nbsp;para tender constantemente hacia una ciencia absoluta.&nbsp;&ldquo;Estamos trabajando en el desarrollo de la superinteligencia, definida como una IA que supera la inteligencia&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        humana en todos los sentidos y que creemos que ya est&aacute; a nuestro alcance&ldquo;, dijo con un entusiasmo desbordante&nbsp;Mark Zuckerberg en julio de 2025. Y esto significar&aacute;, en&nbsp;consecuencia, la probable desaparici&oacute;n de la cr&iacute;tica, condenada a volverse primero inaudible y finalmente casi&nbsp;in&uacute;til, en la medida en que, muy pronto, nadie tendr&aacute; los&nbsp;medios ni las herramientas adecuadas para siquiera poner&nbsp;en duda las ecuaciones de esta maquinaria destinada a ser&nbsp;cada vez m&aacute;s omnisciente y de una eficacia que se podr&aacute;&nbsp;verificar de forma indefinida.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La verdadera naturaleza del neoliberalismo no es un&nbsp;proyecto econ&oacute;mico, sino un proyecto pol&iacute;tico destinado&nbsp;a socavar la imaginaci&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; el antrop&oacute;logo David&nbsp;Graeber.7 En estas &eacute;pocas en v&iacute;as de una automatizaci&oacute;n&nbsp;total y la artefactualizaci&oacute;n del saber, nos vemos obligados a recuperar esta observaci&oacute;n, pero para radicalizarla y&nbsp;argumentar que el PODER TOTAL socavar&aacute; la curiosidad, el&nbsp;gusto por el descubrimiento y, en primer t&eacute;rmino, la lectura de libros (es decir, el aporte &uacute;nico de imaginaci&oacute;n y conocimiento que la lectura ofrece). Por lo tanto, podemos suponer que los adolescentes que alcancen la edad&nbsp;adulta en el comienzo de la pr&oacute;xima d&eacute;cada y tambi&eacute;n los&nbsp;adultos de hoy, absortos d&iacute;a y noche en TikTok &ndash;o engullendo sin parar videos, el nuevo r&eacute;gimen de percepci&oacute;n&nbsp;del mundo mediatizado y, por lo tanto, distorsionado&ndash;, no&nbsp;encontrar&aacute;n ning&uacute;n problema (o incluso todo lo contrario)&nbsp;en que las m&aacute;quinas nos digan el sentido de las cosas&nbsp;sin exigirnos el menor esfuerzo. En verdad, todos estos&nbsp;movimientos se ajustan entre s&iacute; perfectamente hasta lle gar, con el paso del tiempo, a reforzarse entre s&iacute;. Porque&nbsp;habr&iacute;a que ser ingenuo o ciego para no ver que el proceso&nbsp;de anhumanidad en curso, de vaciamiento de nosotros&nbsp;mismos y de realizaci&oacute;n, a largo plazo, de todas la tareas&nbsp;materiales, f&iacute;sicas, cognitivas, intelectuales, creativas por&nbsp;parte de tecnolog&iacute;as superiores a nosotros est&aacute; preparando&nbsp;el terreno para la estupidizaci&oacute;n creciente de la humanidad. Mientras conservemos alg&uacute;n rastro de inteligencia&nbsp;&ndash;y de dignidad&ndash; nos conviene considerar este proceso: su&nbsp;naturaleza, su alcance y, especialmente, la extrema gravedad de sus consecuencias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eric Sadin]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 03:02:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eric Sadin: "El desierto de nosotros mismos"]]></media:title>
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