<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Flea]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/flea/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Flea]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1055798" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El jazz, los fantasmas y la educación sentimental]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/jazz-fantasmas-educacion-sentimental_129_13135635.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2f40b67-f613-40c2-9af7-b641132197e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140573.jpg" width="1965" height="1105" alt="El jazz, los fantasmas y la educación sentimental"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una vieja canción que habla de un sauce y del llanto. Una compositora llamada Ann Ronell. Una historia. Y un nuevo capítulo escrito de manera brillante por el primer disco solista de Flea, el fundador de los Red Hot Chilli Peppers. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Ann Rosenblatt</strong> naci&oacute; en Omaha, en la navidad de 1905. Se gradu&oacute; en el Radcliffe College de m&uacute;sica, donde fue alumna del compositor <strong>Walter Piston</strong>. All&iacute; cre&oacute; varias obras para representaciones estudiantiles y escribi&oacute; para el peri&oacute;dico cr&iacute;ticas y entrevistas. Una de ellas fue a <strong>George Gershwin</strong>, de quien, a partir de ese encuentro,&nbsp;se hizo amiga y al que dedic&oacute; su primera gran canci&oacute;n. Una pieza extra&ntilde;a, rechazada inicialmente en esa f&aacute;brica de &eacute;xitos que era el Tin Pan Alley &ndash;la calle donde estaban las oficinas de las editoriales de m&uacute;sica&ndash; y que se convirti&oacute;, con el tiempo, en uno de los standards m&aacute;s interpretados en la historia del jazz. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Willow Weep for Me&rdquo; registra 1180 versiones grabadas. Fue un &eacute;xito varias veces, la primera de ellas en 1932, el a&ntilde;o de su composici&oacute;n, por la orquesta de <strong>Paul Whiteman</strong> con <strong>Irene Taylor</strong> como cantante. <strong>Stan Kenton</strong> con <strong>June Christy</strong> en el papel solista, en 1946, <strong>Billie Holiday</strong> en 1954, con <strong>Harry &ldquo;Sweets&rdquo; Edison</strong> en trompeta y <strong>Barney Kessel</strong> en guitarra, <strong>Frank Sinatra</strong> en 1958, con arreglos de <strong>Nelson Riddle</strong>, y el d&uacute;o pop <strong>Chad &amp; Jeremy</strong>, en 1965, fueron algunos de los que, una y otra vez, hicieron de esa canci&oacute;n un hit. Y una lista breve, como la que aparece m&aacute;s abajo, asciende, necesariamente, a m&aacute;s de 20 &iacute;tems. Es decir, una selecci&oacute;n estricta no podr&iacute;a excluir ni a <strong>Sarah Vaughan</strong> ni a <strong>Etta James</strong> ni a <strong>Louis Armstrong</strong> con el tr&iacute;o de <strong>Oscar Peterson</strong> ni a <strong>Nina Simone</strong>; all&iacute; deben poder compararse las dos lecturas del guitarrista <strong>Wes Montgomery</strong>, una en vivo en el Half Note de Nueva York con los geniales <strong>Wynton Kelly</strong> en piano, <strong>Paul Chambers</strong> en contrabajo y <strong>Jimmy Cobb</strong> en bater&iacute;a, en 1965, y la refinad&iacute;sima de 1967 &ndash;vilipendiada como &ldquo;comercial&rdquo; por los talibanes&ndash;, con arreglos de <strong>Don Sebesky</strong>; y no podr&iacute;an faltar <strong>Phil Woods</strong> convirti&eacute;ndola en vals, <strong>Stan Getz</strong> junto con <strong>Bob Brookmeyer</strong> en tromb&oacute;n a v&aacute;lvulas, <strong>Nancy Wilson</strong> con orquestaci&oacute;n de <strong>Billy May</strong>, en 1966, <strong>Dexter Gordon</strong> en estado de gracia y <strong>Art Tatum</strong> enrulando el rulo del intrincamiento r&iacute;tmico.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/0cDSeaMmLNebrfcxUA6WtF?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        <strong>Saul Bornstein</strong> era el editor que la hab&iacute;a rechazado, sobre todo por dos razones. Una, obvia, es que la autora &ndash;inusualmente tanto de la letra como de la m&uacute;sica&ndash; era una mujer. La segunda era la complejidad de sus cambios r&iacute;tmicos. Algo habr&iacute;a visto en ella, de todas maneras, porque decidi&oacute; consultar el tema con <strong>Irving Berlin</strong>, que fue quien la acept&oacute;. La canci&oacute;n ten&iacute;a una letra &ndash;y un t&iacute;tulo&ndash; bell&iacute;simos: &ldquo;Sauce, llora por m&iacute;. / Inclina tus ramas hasta el suelo y c&uacute;breme. / Escucha mi s&uacute;plica, / esc&uacute;chame, sauce, y llora por m&iacute;. / Se han ido mis dulces sue&ntilde;os, / hermosos sue&ntilde;os de verano. / Se han ido y me han dejado aqu&iacute; / para derramar mis l&aacute;grimas junto al arroyo&rdquo;. El sauce era el del Colegio Radcliff y no era la primera vez &ndash;ni ser&iacute;a la &uacute;ltima&ndash; en que ese &aacute;rbol que lleva el llanto en su nombre estar&iacute;a asociado a la canci&oacute;n. En el pen&uacute;ltimo acto de <em>Othello</em>, <strong>William Shakespeare</strong> indica que Desdemona debe cantar una antigua pieza tradicional, la &ldquo;Canci&oacute;n del sauce&rdquo; y, mucho despu&eacute;s, <strong>Carlos Guastavino</strong> compuso su notable &ldquo;La rosa y el sauce&rdquo;, con texto de <strong>Francisco Silva</strong>, y all&iacute; est&aacute;n tambi&eacute;n el sauce que llora a Eulogia Tapia en &ldquo;La pome&ntilde;a, del <strong>Cuchi Leguizam&oacute;n</strong> y <strong>Manuel Castilla</strong> y &rdquo;Willow&ldquo; de <strong>Taylor Swift</strong>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/6UEHlVUt0Nu5u3UVRFFYC9?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        La pieza de Rosenblatt fue firmada por <strong>Ann Ronell</strong>, por consejo de su amigo Gershwin, que hab&iacute;a nacido como Gershovitz. Ya con su nuevo nombre, ella acumul&oacute; varios &eacute;xitos y unos cuantos r&eacute;cords. Escribi&oacute; &ldquo;Who's Afraid of the Big Bad Wolf&rdquo;, la canci&oacute;n de los tres chanchitos para el film de animaci&oacute;n producido por <strong>Walt Disney</strong> en 1933. Fue la primera en componer m&uacute;sica y letra para una comedia de Broadway &ndash;<em>Count Me In</em>, de 1942&ndash; , la primera mujer en crear una partitura completa para el cine, en <em>The Story of G.I. Joe</em>, en 1945, y, en ese mismo film, en incluir una canci&oacute;n con los cr&eacute;ditos finales (&ldquo;Linda&rdquo;) y, de paso, en ser candidata al Oscar con ella. 
    </p><p class="article-text">
        Es habitual que las grandes versiones de un standard de jazz disminuyan con los a&ntilde;os. Las m&aacute;s recientes suelen pertenecer a grabaciones realizadas en Jap&oacute;n por artistas semi retirados o por debutantes sin mucho que decir al respecto. &ldquo;Willow Weep for Me&rdquo; es una excepci&oacute;n en varios aspectos, empezando por una cierta literalidad en las interpretaciones a la que parecen obligar la complejidad y la belleza del original. Pero el m&aacute;s llamativo es el inter&eacute;s de varias de las lecturas m&aacute;s o menos recientes: la de la cantante danesa <strong>Sinne Eeg</strong> con el contrabajista <strong>Thomas Fonnesbaek</strong>, la de la orquesta de <strong>Arturo O&rsquo;Farrill</strong> con <strong>Claudia Acu&ntilde;a</strong>, la de la inglesa <strong>Liane Carroll</strong> con el pianista <strong>Ian Shaw</strong>, la del saxofonista <strong>Jim Snidero</strong>, la del d&uacute;o de contrabajistas conformado por el legendario <strong>Ron Carter</strong> y <strong>Christian McBride</strong>, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=A6AZGIgttqU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la del noneto del trompetista argentino </a><a href="https://www.youtube.com/watch?v=A6AZGIgttqU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Mariano Loi&aacute;cono</strong></a>, y la de <strong>Houston Person</strong>, uno de los h&eacute;roes del escritor <strong>Michael Connelly</strong> y de su creaci&oacute;n, el detective Harry Bosch. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/062bzg5jReofYTUHgCIt2v?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Y, claro, la &uacute;ltima. La que acaba de aparecer. La que antecede al final de <em>Honora</em>, el &aacute;lbum en el que <strong>Flea</strong> (Michael Balzary), bajista y fundador de los Red Hot Chilli Peppers, mira al jazz con creatividad y sortea los dos riesgos m&aacute;s comunes en este tipo de abordajes. Ni intenta imitar al jazz ni busca hacer un disco de jazz para aquellos a los que no les gusta el jazz. &nbsp;Simplemente lee, desde su enciclopedia actual, el mundo que lo educ&oacute; sentimentalmente. Al fin y al cabo, el nombre de la banda que creo junto con <strong>Anthony Kiedis</strong>, <strong>Hilel Slovak</strong> y <strong>Jack Irons</strong> &ndash;luego reemplazados por <strong>John Frusciante</strong> y <strong>Chad Smith</strong>&ndash; remit&iacute;a a aquellos Red Hot Peppers con los que <strong>Jelly Roll Morton</strong> hab&iacute;a grabado entre 1926 y 1930. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/356236ce-5acc-499e-8fcc-b193c4d7ea15_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/356236ce-5acc-499e-8fcc-b193c4d7ea15_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/356236ce-5acc-499e-8fcc-b193c4d7ea15_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/356236ce-5acc-499e-8fcc-b193c4d7ea15_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/356236ce-5acc-499e-8fcc-b193c4d7ea15_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/356236ce-5acc-499e-8fcc-b193c4d7ea15_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/356236ce-5acc-499e-8fcc-b193c4d7ea15_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Flea"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Flea                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La familia de Honora, la tatarabuela de Flea, muri&oacute; de hambre en Irlanda. A ella la subieron a un barco, rumbo a Australia, y vivi&oacute; en la pobreza. En el t&iacute;tulo de su primer disco solista, un disco que mira al pasado sin mimetizarse con &eacute;l, el&nbsp;m&uacute;sico la recuerda. La mirada sobre ese viejo sauce mirado a su vez por Ann Ronell es ejemplar. Cita, a su manera, la frase con la que <strong>Gustav Mahler</strong> cit&oacute; a <strong>Thomas More</strong>: &ldquo;La tradici&oacute;n no es la adoraci&oacute;n de las cenizas sino la transmisi&oacute;n del fuego&rdquo;.&nbsp;All&iacute; est&aacute; la trompeta, el primer instrumento que &eacute;l toc&oacute; y con el que aqu&iacute; se reencuentra, evocando la sombra que el jazz dej&oacute; en &eacute;l. Es como un fantasma rodeado de otros. Hay sonidos del jazz. Hay gestos del jazz. Pero se trata de una obra personal &ndash;&iacute;ntima en el sentido m&aacute;s estricto del t&eacute;rmino&ndash; de un m&uacute;sico que naveg&oacute; con ventura entre el funk, el punk y el rock pesado y aqu&iacute;, simplemente, se deja llevar y deja que quienes tocan con &eacute;l lo acompa&ntilde;en en esa afortunada deriva. La electr&oacute;nica es una pieza fundamental del color logrado por el conjunto. El bajo el&eacute;ctrico, tocado por Flea, o el contrabajo de <strong>Anna Butters</strong> &ndash;para m&aacute;s detalles es la bajista de otro bajista, <strong>Paul McCartney</strong>&ndash;, las voces invitadas de <strong>Thom Yorke</strong> &ndash;que tambi&eacute;n toca teclados en &ldquo;Traffic Lights&rdquo;&ndash; y de <strong>Nick Cave</strong> &ndash;en &ldquo;Wichita Lineman&rdquo;&ndash;, la flauta alto de <strong>Rickey Washington</strong> &ndash;padre del saxofonista Kamasi y mentor de Flea en la trompeta&ndash; en &ldquo;Plea&rdquo;, m&aacute;s un amplio grupo de colaboradores, son parte esencial de <em>Honora</em>, un &aacute;lbum que, por suerte, no se parece a nada. Si se dijera de &eacute;l que es un disco de jazz ser&iacute;a falso. Si se dijera que el jazz all&iacute; est&aacute; ausente, tambi&eacute;n.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe data-testid="embed-iframe" style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/album/4RsSlnwkUAvEtg0Tk86HnM?utm_source=generator" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        <em>DF/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/jazz-fantasmas-educacion-sentimental_129_13135635.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 12:51:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c2f40b67-f613-40c2-9af7-b641132197e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140573.jpg" length="2298124" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c2f40b67-f613-40c2-9af7-b641132197e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140573.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2298124" width="1965" height="1105"/>
      <media:title><![CDATA[El jazz, los fantasmas y la educación sentimental]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c2f40b67-f613-40c2-9af7-b641132197e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140573.jpg" width="1965" height="1105"/>
      <media:keywords><![CDATA[George Gershwin,Flea]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
