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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Barberías]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Barberías por doquier: avanzan acicalados los nuevos coquetos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/barberias-doquier-avanzan-acicalados-nuevos-coquetos_1_13171638.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02e3d325-1ed9-4869-b0f8-43bec6f70d6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Barberías por doquier: avanzan acicalados los nuevos coquetos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Solo hay que caminar unas cuadras o dar la vuelta a la manzana en algunos barrios porteños, para toparse con salones chicos, grandes, medianos que prestan más servicios que las tradicionales peluquerías masculinas, yendo de nuevos cortes personalizados hasta limpieza e hidratación del cutis. Coqueterías con nombre de varón.
</p></div><p class="article-text">
        Empecemos por el principio, que en este caso no se trata el Verbo del Evangelio de Juan, sino de un simple sustantivo asociado a la frivolidad, a ciertos recursos para atraer la atenci&oacute;n. Bah, a un comportamiento que se dir&iacute;a t&iacute;picamente femenino: la coqueter&iacute;a. Empero, no siempre fue as&iacute; considerado porque resulta que este vocablo, proveniente del franc&eacute;s y acu&ntilde;ado en el siglo XV (aunque las conductas a las que refiere ya ven&iacute;an de muy lejos), est&aacute; directamente relacionado con modos de actuar masculinos. Tanto es as&iacute; que la palabra se origina en esa ave dominante del gallinero que es el gallo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Efectivamente, el conocido<em> coq </em>franc&eacute;s, cuyo apelativo deriva de la palabra latina<em> gallus</em>, que significa a la vez galo (natural de Galia) y gallo &ndash;este animalito de Dios que, con el devenir de los siglos se fue convirtiendo en emblema de coraje y orgullo en Francia, figurando en marcas, nombres de restoranes, camisetas del seleccionado, etc&eacute;tera&ndash;.
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                    alt="Los cortes se pueden decidir googleando, mirando youtube, fotos de figurones masculinos en alfombras rojas."
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                Los cortes se pueden decidir googleando, mirando youtube, fotos de figurones masculinos en alfombras rojas.                            </span>
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        Empero, todav&iacute;a hay quien sostiene que el t&eacute;rmino<em> coq</em> es una abreviatura del canto entre los gallos &ndash;el <em>cocoric&oacute;</em>, a la medianoche y al rayar el alba&ndash;, aunque ser&iacute;a al rev&eacute;s: primeramente, hace falta un <em>coq </em>o gallo para que emita luego su <em>quiquiriqu&iacute;</em> en espa&ntilde;ol, <em>cock-a-doodlr-doo</em> en ingl&eacute;s,<em> chicchirichi</em> en italiano,<em> kikeriki</em> en alem&aacute;n, y as&iacute; por el estilo en el mundo mundial.
    </p><p class="article-text">
        El gallo de los galos, entonces, que hoy llamar&iacute;amos macho alfa en su corral, es un bicho domesticado que antiguamente figuraba en la mitolog&iacute;a romana &ndash;afanada a la griega&ndash;, entre los atributos de Minerva y Mercurio; tambi&eacute;n se ofrec&iacute;a en sacrificio a Dioniso (rebautizado Baco), para la preservaci&oacute;n de las vi&ntilde;as y, en consecuencia, del buen vino para mejor embriagarse.
    </p><p class="article-text">
        Como en el G&eacute;nesis b&iacute;blico &ndash;Ad&aacute;n creado por Dios el sexto d&iacute;a y a continuaci&oacute;n donando su costilla para el advenimiento de Eva&ndash;, en el vocabulario galo, primero fue <em>le</em> <em>cocquet</em>, despu&eacute;s hizo su entrada<em> la</em> <em>cocquette</em>. No obstante, el vocablo coqueter&iacute;a qued&oacute; pegado a la feminidad, para bien y para mal, pese a que, en &eacute;pocas y culturas diferentes, se foment&oacute; &ndash;en las capas privilegiadas&ndash; el cuidado y el lucimiento del arreglo masculino, de los pies a la cabeza. Pero no hay tu t&iacute;a: la coqueter&iacute;a, esa tendencia a seducir mediante vestuario, gestos y palabras, seg&uacute;n consigna Mar&iacute;a Moliner en su excelente Diccionario, &ldquo;se atribuye principalmente a maneras de proceder femeninas&rdquo;.
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        Ahora bien, a no sentirse excluidos los caballeros, por favor: escribe en su salvaguardia el soci&oacute;logo franc&eacute;s Jean-Claude Bologne su <strong>Histoire de la</strong> <strong>cocquetterie masculine</strong> (&Eacute;dtions Perrin, 2011), donde deja constancia que incontables son los coquetos de la historia. Como muestra flagrante, elige a tres: Petrarca, poeta refinado florentino del siglo XIII, esclavo total de la moda aunque a veces lo incomodara, capaz de enrular sus cabellos a diario (8 siglos despu&eacute;s, ac&aacute; tenemos a un carism&aacute;tico continuador local, siempre reci&eacute;n te&ntilde;ido que apela a la permanente desde hace d&eacute;cadas). Otro coquet&oacute;n, este del XVI, el despiadado rey de Inglaterra Enrique VIII, seis esposas (dos ejecutadas), responsable de la legislaci&oacute;n contra la sodom&iacute;a y la pena de muerte por brujer&iacute;a; soberano muy afecto al vestuario lujoso que se hac&iacute;a coser diamantes y rub&iacute;es en sus trajes. En tercer lugar, pero no el menos importante, otro ingl&eacute;s &ndash;de fines del XVIII, primera mitad del XIX&ndash;, tan c&eacute;lebre como el llamado Beau Brummell, dandi temprano que se volvi&oacute; &aacute;rbitro incuestionable de tendencias pilcheras en la corte del rey Jorge IV. Un influencer adelantado que supo brillar en sociedad desplegando su lengua ingeniosa con punzante malicia. Hasta que cay&oacute; en desgracia. Se le atribuye la invenci&oacute;n del traje masculino formal, corbata incluida.
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                Petrarca, por Andrea del Castagno. Loco por la moda.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">A cortar, a perfilar, cada pelo en su lugar</h2><p class="article-text">
        A ojito nom&aacute;s, fichando barrios como Caballito, Palermo, Recoleta, Belgrano y otros m&aacute;s populares, se podr&iacute;a deducir que, en algunas zonas, hay m&aacute;s barber&iacute;as que peluquer&iacute;as para mujeres, as&iacute; como mayor diversidad de cortes de pelo (dejando la barba aparte, naturalmente) para ellos. Un auge notorio el de las barber&iacute;as &ndash;desbancando a las simple pelus masculinas&ndash; que deton&oacute; alrededor de 2015, y no solo en la Argentina, claro est&aacute;, ya que muchos de los nuevos looks de tendencia h&iacute;pster y sus correspondientes nombres llegan de afuera, en ciertos casos apelando al pasado cercano o lejano (Elvis Presley, Pompadour, Julio C&eacute;sar&hellip;).
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es que con anterioridad no hubiera locales que propusieran lavados de cabeza con crema enjuague o cortes fuera de toda rutina, o que una minor&iacute;a de varones no supiera de los beneficios de las cremas hidratantes o nutritivas para mejorar la piel de la cara que, si no se trataba de productos con dulces perfumes delatores, algunos ped&iacute;an prestados a novias o esposas, cuando no robaban una pizca en tocadores femeninos. Pero hasta hace d&eacute;cada y media era pr&aacute;cticamente un secreto un cachito vergonzante, no fuera que los confundieran&hellip; Hasta que empezaron a fabricarse en suficiente escala los cosm&eacute;ticos para hombres, `preferentemente en sobrios envases que, por otra parte, se pod&iacute;an comprar en tiendas virtuales con env&iacute;o directo &ndash;y discreto&ndash; a domicilio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Le Beau Brummell.                            </span>
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        Con la multiplicaci&oacute;n de las barber&iacute;as y la propensi&oacute;n a portar barbas de diverso tama&ntilde;o y formato, fueron cayendo los melindres y una gran clientela masculina aprecia cada vez m&aacute;s una limpieza profunda de cutis, el confort de una crema satinada. Am&eacute;n de la est&eacute;tica del perfilado de cejas y la propia barba, as&iacute; como un te&ntilde;ido con reflejos m&aacute;s sentador que el &ldquo;carmelazo&rdquo; del siglo XX. De yapa, los aspirantes a sentirse m&aacute;s lindos y atractivos, pueden sumar la depilaci&oacute;n de pelos de la nariz y las orejas, y contar con opciones complementarias gratificantes: un cafecito, una gaseosa, un whisky.
    </p><p class="article-text">
        Y llegado el caso de un evento importante que exige estar impecable al m&aacute;ximo, se cuenta -en locales bien provistos- con el recurso de hacerse un toque con tapaojeras y, m&aacute;s a&uacute;n, una pasadita general en el rostro de base (&ldquo;natural e invisible&rdquo;, seg&uacute;n reza un aviso en la web). Todo para salir los caballeros hechos una pinturita. Con y sin met&aacute;fora. Desde juego, seg&uacute;n el nivel de la barber&iacute;a de marras y el costo que se pueda pagar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Busto de romano portando importante postizo, año 80 DC.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un santoral de nombres</h2><p class="article-text">
        Los cortes se pueden decidir googleando, mirando youtube, fotos de figurones masculinos en alfombras rojas. O en la mism&iacute;sima barber&iacute;a, siguiendo el consejo del barbero de turno. Porque no cualquier peinado se corresponde con determinadas facciones, ni combina con distintas edades. Por m&aacute;s que el s&iacute;ndrome de Peter Pan -burlar el paso del tiempo- a veces induce a algunos se&ntilde;ores ya maduros a tentarse con el corte Pompadour, de alto volumen en la parte superior y rapado en los laterales, onda Elvis Presley. Menos indicado todav&iacute;a para ellos ser&iacute;a el flequillo ensortijado C&eacute;sar que, con variaciones, suelen lucir Thimothy Chalamet, Jack Elordi o el ascendente Connor Storri. Un peinado que los franceses llaman graciosamente <em>laitue</em>&nbsp;(por la lechuga rizada) y que, si bien es juvenil, puede venir a cuento para disimular entradas prematuras que empiezan a expandirse. En tanto que el Pompadour y otros tocados semejantes con volumen hacia arriba &ndash;quiz&aacute;s incluyendo el batido del siglo XX que aplicaban ellas, con isabelita a la cabeza&hellip;&ndash; son apropiados para sumar unos 4, 5 cent&iacute;metros de altura.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Connor Storrie, lanzado al estrellato por Más que rivales, coronado de rulos y rulitos"
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                Connor Storrie, lanzado al estrellato por Más que rivales, coronado de rulos y rulitos                            </span>
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        M&aacute;s all&aacute; de que todav&iacute;a haya hombres fieles (acaso de gran coraz&oacute;n) al corte cort&iacute;simo, simple y varonil de toda su vida, que son respetados en las barber&iacute;as, hay que ir conociendo los nombres de los m&aacute;s aggiornados: Low Fade, Tapes Fade, Mulet en sus distintas expresiones lo mismo que el Pixie, Buzz Cut, Gar&ccedil;on, Morrison, Bob (o carr&eacute;). Algunos en degrad&eacute;, otros texturizados. Por supuesto, en estos sitios acogedores no se le niega a nadie &ndash;tenga la edad que tenga&ndash; un rodetito o chignon, una colita de caballo.
    </p><p class="article-text">
        Claro que eso no es todo, amigos, en materia de aficiones capilares: el rubro tinturas es ancho y -si hay guita que alcance- no ser&aacute; ajeno. La oferta puede comprender: suero anticanas, champ&uacute; de tinte reductor de canas, barra de champ&uacute; para oscurecer cabello y barba, activador de ra&iacute;ces o restaurador del color natural. Para que los te&ntilde;idos no sean tan evidentes, hay matices: mechas, reflejos, rayitos, dejarse en los laterales algunas canitas si se pasaron los 50, los 60&hellip; que, se cree, dan distinci&oacute;n estilo George Clooney.
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                Luis XIV de Francia, 1701. De pelucón y tacones.                            </span>
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        &iquest;Se fijaron que en la tele hay conductores y panelistas, tambi&eacute;n invitados, que tiene tienen los cabellos rete&ntilde;idos y la barba plateada por las nieves del tango, a veces con un toque oscuro en torno a la boca? Es que el pelo de la barba es m&aacute;s duro y la piel de la cara m&aacute;s delicada que el cuero cabelludo. De modo que no se puede estar cada dos por tres d&aacute;ndole color, y aparte, se pueden notar los rastros de una tintura reciente. Entonces, muchos optan por la doble tonalidad que finalmente no enga&ntilde;a a nadie:&nbsp;Porque, Google mediante, se puede saber la edad de cualquier conductor, columnista, pol&iacute;tico, empresario, escritor o simple opinador de m&iacute;nimo renombre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En c&oacute;modos sillones, entre diferentes tipos de tijeras, navajas para cortar o afeitar, toallas calientes, suaves brochas, los pelos se esculpen, se baten, se entretejen, se aplican sobre calvicies indeseadas. Y ya casi no aparece el peluqu&iacute;n o el tup&eacute;, tan socorridos el siglo pasado.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto, opina mi peluquera de la esquina, los hombres quiz&aacute;s est&eacute;n gastando m&aacute;s que las mujeres. Sorprendentemente en tiempos de ir alcanzando la igualdad de derechos y oportunidades, todav&iacute;a luchando por otras metas, ellas son m&aacute;s conservadoras hasta la madurez, ateni&eacute;ndose a viejos c&oacute;digos impuestos de feminidad. Y prefieren, en la tele y en la vida los pelos largos, muy largos, en invierno y en verano, con la mayor dedicaci&oacute;n que exige su mantenimiento. Llovidos o con bucles sueltos en las puntas; por lo general, raya al medio. En las pantallas chicas locales, en los canales de noticias no se avizora en ellas un cortito tipo Jean Seberg, un carr&eacute; a la altura del l&oacute;bulo de la oreja o al menos rozando los hombros, ni en las m&aacute;s ni en las menos j&oacute;venes. Ni hablar, entonces, de un equivalente de la cantidad de nombres de los cortes masculinos en la actualidad. Ellos, m&aacute;s liberados de los c&oacute;digos de la masculinidad en las variaciones de sus arreglos capilares. Ellas cargando con esas melenas interminables que se exig&iacute;an recogidas en los complicados tocados en siglos pasados.
    </p><p class="article-text">
        <em>MS/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Moira Soto]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/barberias-doquier-avanzan-acicalados-nuevos-coquetos_1_13171638.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 03:01:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Barberías por doquier: avanzan acicalados los nuevos coquetos]]></media:title>
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