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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Muamar el Gadafi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/muamar-el-gadafi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Muamar el Gadafi]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Jalifa Hafter, el exagente de la CIA que es el rey sin trono de Libia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/jalifa-hafter-exagente-cia-rey-trono-libia_1_13190732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/214acd5c-ee3a-443f-b0a3-0855ec0dc094_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jalifa Hafter, el exagente de la CIA que es el rey sin trono de Libia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Casi 15 años después del derrocamiento de Gadafi, Hafter no tiene ningún cargo pero gobierna de facto el país, y convierte a Libia en otra flagrante lección sobre las consecuencias imprevistas de una intervención extranjera.
</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        En julio de 2025, cuatro representantes europeos del m&aacute;s alto nivel aterrizaron en el este de Libia para una reuni&oacute;n urgente. Uno era el ministro de Interior de Italia, que en los &uacute;ltimos seis meses hab&iacute;a registrado un aumento en la llegada de migrantes. De Grecia ven&iacute;a el responsable de inmigraci&oacute;n, consternado tras el arribo a Creta de 2.000 personas en solo una semana. Y de Malta, el ministro de Interior, temeroso de que a su isla le tocara despu&eacute;s. Completaba la comitiva el comisario de Migraci&oacute;n de la Uni&oacute;n Europea (UE), con el encargo de reflotar un acuerdo de cientos de millones de euros que, evidentemente, no estaba logrando detener a los barcos.
    </p><p class="article-text">
        Libia es el lugar donde convergen las crisis. Con 1.770 kil&oacute;metros de longitud, su costa es la m&aacute;s larga del Mediterr&aacute;neo africano y el principal punto de partida de los migrantes que viajan al norte. Sucesivas guerras civiles desangraron al pa&iacute;s desde el derrocamiento en 2011 de Muamar el Gadafi, con Rusia, Turqu&iacute;a, Egipto y los Emiratos &Aacute;rabes Unidos armando a las facciones rivales.
    </p><p class="article-text">
        La contienda ya no se limita a las fronteras de Libia. Tanto Rusia como los Emiratos &Aacute;rabes Unidos est&aacute;n enviando armas y combatientes desde sus bases militares del sur de Libia a la guerra civil de Sud&aacute;n, forzando el desplazamiento de otros cientos de miles de refugiados que tambi&eacute;n viajar&aacute;n hacia el norte, hacia la costa mediterr&aacute;nea de Libia.
    </p><p class="article-text">
        Quien controla Libia ejerce poder sobre Europa. Pero la crisis pol&iacute;tica de Libia es tan compleja que confunde incluso a las autoridades europeas m&aacute;s experimentadas. El pa&iacute;s est&aacute; dividido entre dos gobiernos, uno en el oeste y otro en el este, y ninguno de los dos es un gobierno de verdad.
    </p><h2 class="article-text">Ni Tr&iacute;poli ni Bengasi </h2><p class="article-text">
        El gobierno de Unidad Nacional de Tr&iacute;poli, formado en 2021 para supervisar unas elecciones que nunca se celebraron, es el reconocido por Naciones Unidas (ONU) y la UE. En respuesta, y aunque ning&uacute;n pa&iacute;s lo haya reconocido oficialmente, la C&aacute;mara de Representantes (el parlamento libio, elegido en 2014) nombr&oacute; en 2022 a un gobierno rival en la ciudad oriental de Bengasi.
    </p><p class="article-text">
        Ambas administraciones, la del este y la del oeste, reclaman su autoridad sobre todo el territorio nacional, pero ninguna de las dos controla el petr&oacute;leo, las bases militares, ni las rutas migratorias que hacen a Libia tan importante para Europa. Solo un hombre lo hace. Su nombre es Jalifa Hafter.
    </p><p class="article-text">
        Hafter tiene 82 a&ntilde;os y es el comandante general del Ej&eacute;rcito Nacional Libio, una coalici&oacute;n de milicias reunidas en 2014 y ratificadas despu&eacute;s por el parlamento oriental. Pero el t&iacute;tulo oficial no hace justicia a la extensi&oacute;n de su poder. Sus fuerzas controlan los yacimientos petroleros y las terminales de exportaci&oacute;n del centro de Libia. Sus unidades costeras vigilan la costa oriental y controlan las rutas del contrabando que alimenta la crisis migratoria de Europa. Sus bases militares acogen a los ej&eacute;rcitos extranjeros que espolean la guerra de Sud&aacute;n. Hafter controla todo lo que importa a los europeos preocupados por la inmigraci&oacute;n, la inseguridad energ&eacute;tica, y la estabilidad regional.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El rey saudí Salman bin Abdulaziz Al Saud (derecha) se reúne con el comandante militar libio Jalifa Hafter en el Palacio de Al Yamamah, en 2019."
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            <span class="title">
                El rey saudí Salman bin Abdulaziz Al Saud (derecha) se reúne con el comandante militar libio Jalifa Hafter en el Palacio de Al Yamamah, en 2019.                            </span>
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        Los miembros de la delegaci&oacute;n europea hab&iacute;an acudido a Bengasi con la esperanza de ser recibidos por Hafter en privado. Al llegar, se enteraron de que &eacute;l impon&iacute;a una nueva condici&oacute;n: antes de verse ten&iacute;an que celebrar un encuentro p&uacute;blico y frente a las c&aacute;maras con los ministros de la administraci&oacute;n oriental a la que Hafter dice servir.
    </p><p class="article-text">
        El problema era que Europa no reconoc&iacute;a oficialmente a ese gobierno. Si reunirse con sus ministros legitimaba al gobierno oriental, negarse a hacerlo significaba perder el acceso a Hafter. Los europeos dijeron no y se les deneg&oacute; la entrada. La delegaci&oacute;n nunca pas&oacute; de la sala del aeropuerto, una humillaci&oacute;n que dejaba al descubierto la ficci&oacute;n central de Libia: para llegar al hombre m&aacute;s poderoso del pa&iacute;s, hay que fingir que no es el hombre m&aacute;s poderoso del pa&iacute;s.
    </p><h2 class="article-text">La par&aacute;bola que nadie quiere leer</h2><p class="article-text">
        En 2011, las potencias extranjeras intervinieron para derrocar a Gadafi y esto es lo que lograron. Ahora caen bombas sobre Ir&aacute;n y los responsables de esta nueva intervenci&oacute;n prometen que la fuerza traer&aacute; la libertad, pero ah&iacute; est&aacute; Libia como la par&aacute;bola que nadie quiere leer. Todas las intervenciones hacen la misma promesa: derrocar al dictador para que el pueblo sea libre. Libia es lo que ocurre cuando se derriba al dictador y se olvida al pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Durante m&aacute;s de una d&eacute;cada, mientras los pol&iacute;ticos libios se disputaban el reconocimiento diplom&aacute;tico, Hafter interven&iacute;a en la realidad sobre el terreno, acumulando el petr&oacute;leo, el territorio y los apoyos extranjeros que representan el poder real. Afirma ser un servidor del gobierno oriental libio, pero ese gobierno es una administraci&oacute;n cuyos ministros deben ser aprobados por Hafter, cuyo parlamento es protegido por los soldados de Hafter, y cuyas leyes solo se aplican cuando Hafter as&iacute; lo permite.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las potencias extranjeras mantienen la farsa tanto como Hafter. Pueden sostener que apoyan la soberanía de Libia mientras respaldan al hombre que la está minando</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Tarek Megerisi</span>
                                        <span>—</span> investigador principal en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el lado occidental, el gobierno rival de Tr&iacute;poli tambi&eacute;n sobrevive gracias a los ingresos de un petr&oacute;leo que depende de infraestructuras en el territorio de Hafter y que el comandante puede cerrar a su antojo. Oficialmente, los dos gobiernos son los responsables de todo, pero en lo esencial ninguno tiene poder de verdad. As&iacute; es el sistema de Hafter: controlar todo lo relevante, no responder por nada, y obligar a todos a fingir que as&iacute; no es como funcionan las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Desde el exterior, el sistema cuenta con el respaldo de potencias extranjeras mientras que desde dentro se mantiene gracias a este silencio impuesto. Tanto Egipto, como Rusia y los Emiratos &Aacute;rabes Unidos reconocen oficialmente al gobierno de Tr&iacute;poli, aunque en los hechos a quien apoyan es a Hafter. Emiratos financia sus operaciones y proporciona las armas que le permiten imponerse. Egipto le ofrece informaci&oacute;n obtenida por sus servicios de espionaje y el uso de una base militar dentro de su territorio. Rusia suministra mercenarios para proteger sus campos petroleros y luchar en sus guerras.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 2025, Vlad&iacute;mir Putin recibi&oacute; en el Kremlin a Hafter y le ofreci&oacute; protecci&oacute;n diplom&aacute;tica en el Consejo de Seguridad de la ONU. Sin estos patrocinadores, el sistema de Hafter se derrumbar&iacute;a. Con ellos, es intocable. &ldquo;Las potencias extranjeras mantienen la farsa tanto como Hafter&rdquo;, explica Tarek Megerisi, investigador principal en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. &ldquo;Pueden sostener que apoyan la soberan&iacute;a de Libia mientras respaldan al hombre que la est&aacute; minando&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Impunidad total</h2><p class="article-text">
        En el este de Libia, nadie se llama a enga&ntilde;o. Desde las vallas publicitarias y desde las oficinas de gobierno de Bengasi, el retrato de Hafter vigila. En mayo de 2025, el gobierno oriental le puso su nombre a una nueva ciudad. Sus hijos dirigen unidades militares, supervisan contratos de reconstrucci&oacute;n, y organizan como los herederos que son reuniones en el extranjero.
    </p><p class="article-text">
        Pero decir la verdad que todo el mundo sabe es peligroso en el este de Libia, donde la vigilancia es total. &ldquo;La gente cree que el poder de Hafter no tiene l&iacute;mite&rdquo;, opin&oacute; Hanan Salah, subdirectora en Human Rights Watch para el norte de &Aacute;frica y Oriente Medio. &ldquo;Sus hombres pueden llevarse a una persona de su casa, tanto si es un ciudadano como un parlamentario, y hacerla desaparecer; controla los tribunales, controla las investigaciones, y act&uacute;a con impunidad total porque la comunidad internacional ha optado por el apaciguamiento antes que por hacerle rendir cuentas&rdquo;.
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            <span class="title">
                Jalifa Hafter durante una reunión con el ministro de Defensa ruso, en 2025.                            </span>
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        Todo el mundo puede ver la realidad, pero nadie se atreve a nombrarla. Hafter es el gran impostor de Libia. Como me dijo el exenviado especial de Estados Unidos, Jonathan Winer, Hafter se ve a s&iacute; mismo como &ldquo;el mes&iacute;as de [la novela] <em>Dune</em>, una figura mesi&aacute;nica salida del desierto que controla el destino de las naciones mientras finge ser un instrumento del pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hafter pas&oacute; 50 a&ntilde;os estudiando de cerca el funcionamiento del poder. Junto a Gadafi, mientras el dictador gobernaba a trav&eacute;s de comit&eacute;s y consejos sin ning&uacute;n t&iacute;tulo para &eacute;l. En un campo de prisioneros de Chad, donde se hizo indispensable para sus captores tanto como para los cautivos. Como agente de la CIA en Virginia, donde luego puso a la CIA contra el r&eacute;gimen de Gadafi. Y tambi&eacute;n como comandante fracasado de una revoluci&oacute;n donde todos lo rechazaron hasta que los sobrevivi&oacute; a todos.
    </p><p class="article-text">
        Cada experiencia le ense&ntilde;&oacute; la misma verdad: el poder no requiere un trono. &Eacute;l gobierna justo ah&iacute;: en el espacio que se forma entre lo que todos saben y lo que nadie puede decir.
    </p><h2 class="article-text">La traici&oacute;n inicial</h2><p class="article-text">
        La vida pol&iacute;tica de Hafter comienza con una traici&oacute;n. El 1 de septiembre de 1969, Hafter ten&iacute;a 25 a&ntilde;os y se hab&iacute;a alineado con Muamar el Gadafi como uno de los suboficiales que derrocaron al rey Idris de Libia, af&iacute;n a las naciones occidentales. Despu&eacute;s de eso vinieron los a&ntilde;os de ascenso dentro de las filas del Estado revolucionario, hasta convertirse en uno de los comandantes militares en los que m&aacute;s confiaba Gadafi.
    </p><p class="article-text">
        En 1986 Gadafi lo ascendi&oacute; a coronel y lo mand&oacute; al vecino Chad para comandar a las fuerzas libias. Las dos naciones llevaban casi diez a&ntilde;os librando una guerra que se hab&iacute;a convertido en una lucha por el control de las rutas de contrabando y las redes armadas del Sahel, una zona estrat&eacute;gica para Libia, N&iacute;ger y Sud&aacute;n. Gadafi quer&iacute;a asegurar la frontera y Hafter era el coronel elegido para lograrlo.
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                    alt="El expresidente español José María Aznar y Muamar El Gadafi, en Trípoli en 2003."
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            <span class="title">
                El expresidente español José María Aznar y Muamar El Gadafi, en Trípoli en 2003.                            </span>
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        El nombramiento termin&oacute; en desastre. En marzo de 1987, el ej&eacute;rcito de Hafter en la remota base a&eacute;rea de Ouadi Doum fue derrotado por las fuerzas chadianas, respaldadas por la fuerza a&eacute;rea francesa y estadounidense. Cientos de soldados libios murieron. Hafter y m&aacute;s de 1.000 hombres a sus &oacute;rdenes fueron llevados a un complejo penitenciario en las afueras de Yamena, la capital.
    </p><p class="article-text">
        Gadafi, que siempre neg&oacute; la presencia militar libia en Chad, no reconoci&oacute; la humillaci&oacute;n de Ouadi Doum. Tras la derrota, si alg&uacute;n funcionario mencionaba el nombre de Hafter, Gadafi respond&iacute;a con una burla: &ldquo;&iquest;Tenemos a alguien en el ej&eacute;rcito con ese nombre? Es posible que te est&eacute;s refiriendo a un pastor del desierto llamado Hfaytar&rdquo;. Con una sola frase traicionaba as&iacute; las casi dos d&eacute;cadas de lealtad de Hafter.
    </p><p class="article-text">
        Para la mayor&iacute;a de los prisioneros de guerra, la historia habr&iacute;a terminado en el campo de prisioneros de Chad. Para Hafter, aquella fue solo la siguiente etapa en su aprendizaje sobre el funcionamiento del poder.
    </p><h2 class="article-text">El orgullo herido</h2><p class="article-text">
        La Administraci&oacute;n Reagan quer&iacute;a acabar con Gadafi, l&iacute;der de un estado que desde la perspectiva estadounidense se hab&iacute;a alineado con la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Tras estudiar los acontecimientos sobre el terreno, la CIA vio en Hafter a un comandante entrenado, con mil soldados resentidos y un resentimiento que la agencia podr&iacute;a usar en beneficio propio.
    </p><p class="article-text">
        En la primavera de 1987, agentes de los servicios estadounidenses de espionaje se infiltraron en el campo de prisioneros junto a un grupo de inspectores humanitarios. Llevaban comida, medicinas, y grabaciones de los discursos de Gadafi que reprodujeron ante los prisioneros con el objetivo de enfrentarlos al l&iacute;der que negaba su existencia y se burlaba de ellos. La estrategia funcion&oacute;. &ldquo;Los estadounidenses plantaron la semilla&rdquo;, explic&oacute; un antiguo miembro de la oposici&oacute;n libia afincado en Chad. &ldquo;Pero lo que la hizo germinar fue el orgullo herido de Hafter&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Había contribuido al sistema de Gadafi y ahora quería ser un aliado; no sabíamos donde situarlo, pero vimos una oportunidad para hacerle daño al régimen</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Mukhtar Murtadi</span>
                                        <span>—</span> exmiembro del Frente Nacional para la Salvación de Libia (FNSL)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los estadounidenses comenzaron a visitar a Hafter con regularidad. En ocasiones, se le permit&iacute;a salir del campo de prisioneros para reunirse con Hiss&egrave;ne Habr&eacute;, el dictador que entonces gobernaba Chad. Seg&uacute;n antiguos detenidos y figuras de la oposici&oacute;n, Hafter se hizo enseguida con el control de la distribuci&oacute;n de alimentos, medicinas y comunicaciones dentro del campo, imponiendo la disciplina entre los prisioneros. Para sobrevivir hab&iacute;a que obedecer a Hafter.
    </p><p class="article-text">
        En agosto de 1987, Habr&eacute; comunic&oacute; al l&iacute;der del movimiento opositor libio m&aacute;s relevante en el exilio que Hafter y el resto de prisioneros quer&iacute;an unir sus fuerzas a las de ellos. &ldquo;Fue una sorpresa&rdquo;, record&oacute; Mukhtar Murtadi, entonces miembro destacado del Frente Nacional para la Salvaci&oacute;n de Libia (FNSL). &ldquo;Hab&iacute;a contribuido al sistema de Gadafi y ahora quer&iacute;a ser un aliado; no sab&iacute;amos donde situarlo, pero vimos una oportunidad para hacerle da&ntilde;o al r&eacute;gimen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Murtadi visit&oacute; a Hafter poco despu&eacute;s en Chad asisti&oacute; a un espect&aacute;culo perturbador. El complejo penitenciario era una ventana al horror: barracones abarrotados con 50 o 60 reclusos por celda; hombres consumidos por el hambre y por el calor; con el hedor de las aguas residuales y las enfermedades. Y en el centro, ajeno a todo, una peque&ntilde;a villa con porche, cocina y agua corriente. All&iacute; viv&iacute;a Hafter, que para la reuni&oacute;n apareci&oacute; duchado, la barba reci&eacute;n recortada, y vestido con un caft&aacute;n blanco impecable. &ldquo;No parec&iacute;a un prisionero&rdquo;, dijo Murtadi. &ldquo;Parec&iacute;a un invitado&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Su propio ej&eacute;rcito</h2><p class="article-text">
        En junio de 1988, Hafter anunci&oacute; que iba a crear el brazo armado del FNSL, un ej&eacute;rcito sin territorio ni Estado al que bautiz&oacute; Ej&eacute;rcito Nacional Libio (el nombre lo recuperar&iacute;a d&eacute;cadas despu&eacute;s). El prisionero desechado volv&iacute;a a ser comandante y daba a la CIA el pretexto de un ej&eacute;rcito al que reconocer y apoyar. En campamentos a las afueras de Yamena, la CIA se puso a entrenar a Hafter y a sus hombres en la guerra de guerrillas. Los Contras de Libia, los llamaban en Washington.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;[Hafter] ten&iacute;a una presencia que dominaba el espacio&rdquo;, record&oacute; un antiguo miembro del FNSL que se entren&oacute; con &eacute;l. &ldquo;Alto, de hombros anchos, r&iacute;gido; incluso en una tienda de campa&ntilde;a polvorienta, te hac&iacute;a sentir que estaba al mando&rdquo;.
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                Combatientes respaldados por la ONU toman posiciones durante los enfrentamientos con las fuerzas del Ejército Nacional Libio de Hafter, en 2019.                            </span>
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        El acuerdo se rompi&oacute; en diciembre de 1990, cuando un general chadiano respaldado por Gadafi derroc&oacute; repentinamente a Habr&eacute; y los estadounidenses se apresuraron a sacar a su gente del pa&iacute;s. &ldquo;Subimos a 300 hombres de Hafter sin equipaje a un C-130. Aplaudimos cuando el avi&oacute;n despegaba&rdquo;, me cont&oacute; un exagente de la CIA que en ese entonces trabajaba en la oficina de Libia. En los seis meses siguientes, Hafter y sus hombres fueron trasladados por &Aacute;frica de capital a capital. Gadafi quer&iacute;a capturarlos y los gobiernos del continente trataban de decidirse entre la presi&oacute;n de Estados Unidos y las amenazas de Libia.
    </p><p class="article-text">
        Para Gadafi, la amenaza de un ej&eacute;rcito que reclutaba a desertores anunci&aacute;ndose en Libia, entrenado por la CIA y liderado por su antiguo coronel, se convirti&oacute; en una obsesi&oacute;n. Su paranoia creci&oacute; y comenz&oacute; a enviar escuadrones de la muerte por Europa y el mundo &aacute;rabe para dar caza a figuras de la oposici&oacute;n. &ldquo;Perros callejeros&rdquo;, los llamaba.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de Libia, un rumor o una broma bastaban para que la gente desapareciera. De los m&aacute;s de 1.000 soldados libios capturados en Chad, a Estados Unidos solo llegaron unos 300 en mayo de 1991. El resto se dispers&oacute; o regres&oacute; a Libia. Muchos no volvieron a ser vistos.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Sobrevivir en Tr&iacute;poli significaba fingir&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Mi padre, uno de los f&iacute;sicos m&aacute;s distinguidos de Libia, abandon&oacute; Tr&iacute;poli en los a&ntilde;os setenta para completar en Inglaterra su doctorado. En las universidades que hab&iacute;a dejado atr&aacute;s, las puertas del campus aparec&iacute;an con estudiantes ahorcados por sus ideas pol&iacute;ticas. Eso lo marc&oacute;, y decirlo hizo que se ganara enemigos dentro del r&eacute;gimen. Desde la ciudad de York donde me cri&eacute; en el norte de Inglaterra, me iba todo los veranos de los a&ntilde;os noventa a pasar las vacaciones con mi madre en Tr&iacute;poli. Mi padre se quedaba en Inglaterra. Regresar era demasiado peligroso para &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Sobrevivir en Tr&iacute;poli significaba fingir. Si desaparec&iacute;a un pariente, mi t&iacute;a dec&iacute;a a los vecinos que se hab&iacute;a marchado de vacaciones. Una medianoche la encontr&eacute; llorando sola en la cocina. Las manos sobre la boca para que nadie la escuchara. Recuerdo una cena en la que mi primo me dio una patada debajo de la mesa porque mencion&eacute; el nombre de Hussein, el amigo desaparecido de mi padre. Aprend&iacute; a fingir que no exist&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A finales de 1995, mi madre salió de nuestra casa en Inglaterra y voló a Trípoli por el funeral de su hermano. Pasaron semanas y luego meses. La habían detenido en el aeropuerto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mientras est&aacute;bamos en la casa de mi t&iacute;o en Tr&iacute;poli, un Peugeot con cristales polarizados estacionaba enfrente todas las ma&ntilde;anas. All&iacute; segu&iacute;a cuando empezaban a encenderse las luces de la calle. Nosotros fing&iacute;amos no ver a los hombres dentro, y ellos fing&iacute;an no mirarnos.
    </p><p class="article-text">
        A finales de 1995, mi madre sali&oacute; de nuestra casa en Inglaterra y vol&oacute; a Tr&iacute;poli por el funeral de su hermano. Pasaron semanas y luego meses. Supimos que la hab&iacute;an detenido en el aeropuerto de Tr&iacute;poli. Los agentes de los servicios de espionaje le ordenaron que le dijera a mi padre que fuera a Libia, que solo quer&iacute;an hablar con &eacute;l. A trav&eacute;s de un amigo de la familia, mi madre envi&oacute; el mensaje contrario: no es seguro, no vengas, cuida de los ni&ntilde;os. Se estaba despidiendo. No sab&iacute;a si volver&iacute;a a vernos.
    </p><p class="article-text">
        La mantuvieron bajo arresto domiciliario hasta mediados de 1996, cuando un familiar soborn&oacute; a un alto mando del ej&eacute;rcito para que le devolviera el pasaporte. Le daban unas horas para marcharse. Cruz&oacute; la frontera terrestre hacia T&uacute;nez y vol&oacute; a casa. Nos encontramos en el aeropuerto. Nunca la hab&iacute;a visto tan delgada. Me abraz&oacute; durante mucho tiempo y luego me pregunt&oacute; qu&eacute; quer&iacute;a para cenar. Hablamos de todo, pero no hablamos de d&oacute;nde hab&iacute;a estado.
    </p><p class="article-text">
        Hafter construir&iacute;a su propio sistema sobre esos mismos cimientos. Desapariciones, silencio, y la ficci&oacute;n de que nada pasaba.
    </p><h2 class="article-text">Hafter en Estados Unidos</h2><p class="article-text">
        Mientras los libios de todo el oeste se enfrentaban a esos temores, Hafter se constru&iacute;a una nueva vida en Estados Unidos. En el verano de 1991 resid&iacute;a en un apartamento de la residencia Skyline House, en Falls Church (Virginia). No muy lejos de la sede de la CIA en Langley. Nunca lleg&oacute; a adaptarse por completo a la vida estadounidense, desplaz&aacute;ndose en auto a los encuentros en Langley y a las reuniones comunitarias, donde parec&iacute;a retra&iacute;do y socialmente torpe.
    </p><p class="article-text">
        Salah Elbakkoush, un disidente libio que viv&iacute;a en el mismo edificio, me relat&oacute; una escena en el departamento de Hafter que describe bien sus a&ntilde;os estadounidenses. Un antiguo prisionero de guerra libio les serv&iacute;a el t&eacute; en silencio y con la cabeza gacha, tal y como lo hab&iacute;a hecho en el campo de prisioneros de Chad. &ldquo;Est&aacute;bamos en la periferia residencial de Virginia y este hombre destrozado nos serv&iacute;a como si nada hubiera cambiado&rdquo;, me cont&oacute; Bakoush. &ldquo;Eso me lo dijo todo sobre Hafter: no estaba construyendo una vida nueva, estaba recreando la anterior&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La CIA hab&iacute;a reasentado a Hafter, pero el acuerdo inclu&iacute;a lo que esperaban de &eacute;l. &ldquo;Washington estaba lleno de disidentes in&uacute;tiles&rdquo;, me dijo el exagente de la CIA. &ldquo;La agencia quer&iacute;a m&aacute;s: informaci&oacute;n &uacute;til de dentro del pa&iacute;s; la contrapartida era sencilla, &lsquo;estamos encantados de reubicarte pero necesitamos informaci&oacute;n &uacute;til de tus redes; de lo contrario, solo eres una carga&rsquo;&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hafter estaba jugando a dos bandas. A los estadounidenses les decía que se veía con figuras del régimen para recabar información, y a la gente de Gadafi les ofrecía el nombre de todos los oficiales que se habían comprometido a traicionar al régimen</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 1992, la CIA y el FNSL comenzaron a planear un golpe de Estado en Libia. A Hafter le encomendaron la tarea de reclutar a oficiales del r&eacute;gimen dispuestos a desertar. Estuvo viajando durante m&aacute;s de un a&ntilde;o a Z&uacute;rich para encontrarse con oficiales libios dispuestos a arriesgarlo todo con tal de derrocar a Gadafi. Seg&uacute;n se supo luego, en esos mismos viajes Hafter tambi&eacute;n aprovechaba para reunirse en secreto con un alto cargo del r&eacute;gimen libio Ahmad Gaddaf al-Dam, primo de Gadafi.
    </p><p class="article-text">
        Hafter estaba jugando a dos bandas, seg&uacute;n el testimonio de dos personas que en ese momento eran sus colaboradores estrechos: Mukhtar Murtadi y el entonces l&iacute;der del FNSL, Mohamed Megareyef. A los estadounidenses y al FNSL les dec&iacute;a que se ve&iacute;a con figuras del r&eacute;gimen para recabar informaci&oacute;n, una parte esencial de los preparativos para el golpe. Y a la gente de Gadafi les ofrec&iacute;a algo m&aacute;s valioso: el nombre de todos los oficiales que se hab&iacute;an comprometido a traicionar al r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 1993 se lanz&oacute; el golpe dentro de Libia. Fall&oacute; en cuesti&oacute;n de horas y el r&eacute;gimen arrest&oacute; a cientos de conspiradores. La mayor&iacute;a fueron ejecutados.
    </p><h2 class="article-text">Una villa en El Cairo</h2><p class="article-text">
        Es posible que nunca se sepa toda la verdad, pero lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s es muy revelador. En 1995 Hafter recibi&oacute; en El Cairo una villa que le regalaba personalmente Gadafi, algo que el propio Hafter admiti&oacute; abiertamente d&eacute;cadas despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo a&ntilde;o de 1995, Hafter rompi&oacute; con el FNSL para fundar una organizaci&oacute;n rival: el Movimiento Libio por el Cambio y la Reforma. Una escisi&oacute;n que result&oacute; fatal para la oposici&oacute;n, con las luchas internas acabando con lo que quedaba del FNSL. Gadafi quer&iacute;a dividir a los exiliados y justo eso era lo que hab&iacute;a sucedido.
    </p><p class="article-text">
        El exagente de la CIA con el que habl&eacute; no fue claro a la hora de confirmar c&oacute;mo hab&iacute;a terminado la relaci&oacute;n de la agencia con Hafter, si es que hab&iacute;a terminado. De lo que no hay duda es de que a mediados de los noventa los servicios estadounidenses de espionaje lo consideraban un activo poco fiable heredado de la Guerra Fr&iacute;a cuando no hab&iacute;a ninguna guerra que librar.
    </p><p class="article-text">
        Los v&iacute;nculos con Gadafi perduraron. Aunque Hafter no estaba en su villa de El Cairo cuando Gadafi fue all&iacute; en 2005, en una grabaci&oacute;n filtrada de aquella visita se escucha al l&iacute;der libio decirle a su hijo mayor que Hafter era como un hermano para &eacute;l.
    </p><h2 class="article-text">La revoluci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        En 2011, Hafter llevaba dos d&eacute;cadas viviendo en Virginia. La CIA lo hab&iacute;a abandonado hac&iacute;a tiempo pero &eacute;l conservaba la ciudadan&iacute;a estadounidense. El resentimiento, tambi&eacute;n. Vio por televisi&oacute;n la revoluci&oacute;n libia cuando estall&oacute; en febrero de ese a&ntilde;o. &ldquo;No apartaba los ojos de la pantalla&rdquo;, recuerda un disidente libio que se reuni&oacute; con &eacute;l entonces.
    </p><p class="article-text">
        Aly Abuzaakouk, un destacado disidente que luego fue parlamentario, lo llev&oacute; a principios de marzo al aeropuerto de Dulles para que cogiera un avi&oacute;n a Bengasi. Abuzaakouk lo conoc&iacute;a desde hac&iacute;a m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. &ldquo;Nos abrazamos&rdquo;, cuenta Abuzakook. &ldquo;Pero el hombre que lleg&oacute; a Libia era diferente al que yo dej&eacute; all&iacute;; yo cre&iacute;a que iba a unirse a la revoluci&oacute;n, pero iba a hacerse con el control&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hafter aterriz&oacute; en Bengasi el 15 de marzo de 2011. Llegaba tarde a una revoluci&oacute;n que no lo necesitaba. Gadafi a&uacute;n controlaba el oeste y Tr&iacute;poli. En el este, los revolucionarios hab&iacute;an formado un consejo de transici&oacute;n: una coalici&oacute;n informal integrada por desertores, abogados y acad&eacute;micos decididos a reemplazar al r&eacute;gimen militar por un gobierno civil. En el terreno, el poder lo ten&iacute;an los manifestantes que hab&iacute;an levantado brigadas armadas y pagado con su sangre. Desconfiaban de los militares de carrera, de las personas con v&iacute;nculos extranjeros, y de los funcionarios con alg&uacute;n tipo de pasado en el antiguo r&eacute;gimen. Las tres condiciones se daban en Hafter.
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                Combatientes rebeldes responden al fuego durante un bombardeo de soldados leales al líder libio Muamar Gadafi en una batalla cerca de Ras Lanuf, el 4 de marzo de 2011.                            </span>
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        En cuesti&oacute;n de d&iacute;as, los hijos de Hafter comenzaron a acercar a los comandantes de brigada el deseo de su padre de &ldquo;proteger a la revoluci&oacute;n&rdquo;. Una semana despu&eacute;s, y sin consultar a los l&iacute;deres pol&iacute;ticos, el portavoz militar del consejo present&oacute; a Hafter como su nuevo comandante. &ldquo;Yo controlo a todo el mundo&rdquo;, dijo en abril Hafter al peri&oacute;dico The New York Times. &ldquo;A los rebeldes y a las fuerzas del ej&eacute;rcito regular&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. Era pura fanfarroner&iacute;a. En aquel momento, Hafter no controlaba a nadie.
    </p><p class="article-text">
        La guerra sigui&oacute; avanzando sin &eacute;l. A finales de marzo comenz&oacute; la campa&ntilde;a de bombardeos de la OTAN, respaldada por Estados Unidos y liderada por Francia y Gran Breta&ntilde;a, contra las fuerzas de Gadafi. En agosto los rebeldes tomaron Tr&iacute;poli y en octubre Gadafi fue capturado y ejecutado. En julio de 2012 los libios volvieron a las urnas por primera vez desde 1969, eligiendo como presidente del parlamento a Mohamed Megareyef, antiguo jefe de Hafter en el exilio.
    </p><p class="article-text">
        Hafter se retir&oacute; a una granja al sur de Tr&iacute;poli. Igual que en Chad, parec&iacute;a acabado. Pero el fracaso le hab&iacute;a ense&ntilde;ado paciencia. &ldquo;Lo que le mov&iacute;a no era solo la ideolog&iacute;a, como a Gadafi, ni siquiera el poder puro y duro&rdquo;, explica Mohamed Buisier, asesor pol&iacute;tico de Hafter entre 2014 y 2016, cuando rompi&oacute; con &eacute;l. &ldquo;Era algo m&aacute;s personal que eso, quer&iacute;a saber que su nombre ser&iacute;a recordado en la historia de Libia; no como el comandante derrotado de Chad, sino como el hombre que salv&oacute; a Libia&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Operaci&oacute;n Dignidad</h2><p class="article-text">
        Lo que sigui&oacute; fue el derrumbe del orden que hab&iacute;a rechazado a Hafter. Las brigadas revolucionarias del oeste se convirtieron en milicias, dividiendo a Tr&iacute;poli en feudos armados. En el este fueron asesinados jueces, activistas y oficiales militares. Con grupos armados operando abiertamente bajo la bandera yihadista, el t&eacute;rmino &ldquo;islamista&rdquo; se convirti&oacute; en una acusaci&oacute;n tan com&uacute;n que perdi&oacute; todo significado. Era una forma de se&ntilde;alar al enemigo, tanto si era un yihadista de verdad como si no.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el estado de &aacute;nimo en la regi&oacute;n hab&iacute;a empezado a cambiar. En julio de 2013, el gobierno de los Hermanos Musulmanes en El Cairo era derrocado por el ej&eacute;rcito egipcio con el apoyo de Arabia Saud&iacute; y los Emiratos &Aacute;rabes Unidos. Se empezaba a imponer una nueva forma de entender la regi&oacute;n: los islamistas eran la enfermedad y los generales, su cura.
    </p><p class="article-text">
        Hafter vio su oportunidad. En febrero de 2014, y tras un golpe de Estado fracasado (no consigui&oacute; que ninguna tropa se uniera a su causa), se vio obligado a huir a Bengasi con una orden de arresto contra &eacute;l. Desde all&iacute; comenz&oacute; a construir una base de poder real que le permitiera conseguir lo que quer&iacute;a. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con el apoyo de los bombardeos egipcios y emiratíes, las fuerzas de Hafter sumieron al país en una guerra civil. Todos los que se oponían a Hafter fueron tachados de islamistas
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como en el campo de prisioneros de Chad, Hafter vio en Bengasi un lugar lleno de hombres abandonados, humillados y excluidos. Antiguos oficiales del r&eacute;gimen alejados del poder. Grupos armados que hab&iacute;an luchado contra Gadafi y ahora estaban marginados. Hafter comprendi&oacute; que solo ten&iacute;a que encontrar una causa que los uniera.
    </p><p class="article-text">
        El 16 de mayo de 2014, Hafter lanz&oacute; la Operaci&oacute;n Dignidad, declarando la &ldquo;guerra contra el terrorismo&rdquo; de los islamistas y reviviendo al Ej&eacute;rcito Nacional Libio, el nombre que hab&iacute;a utilizado por primera vez en 1988. Si en Chad el nombre hab&iacute;a servido como un pretexto a la CIA, para tener una ficci&oacute;n a la que apoyar, ahora le daba esa misma cobertura a Egipto y a los Emiratos &Aacute;rabes Unidos. No estaban respaldando a un se&ntilde;or de la guerra con sus milicias, sino a un ej&eacute;rcito que luchaba contra el terrorismo.
    </p><p class="article-text">
        Con el apoyo de los bombardeos egipcios y emirat&iacute;es, las fuerzas de Hafter fueron ese mismo d&iacute;a contra las facciones yihadistas y las brigadas revolucionarias de Tr&iacute;poli y Bengasi, sumiendo al pa&iacute;s en una guerra civil. Todos los que se opon&iacute;an a Hafter fueron tachados de islamistas.
    </p><h2 class="article-text">La divisi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Las divisiones se profundizaron semanas m&aacute;s tarde, con las segundas elecciones parlamentarias del pa&iacute;s. El nuevo parlamento se constituy&oacute; en el este, mientras que el antiguo, en Tr&iacute;poli, se neg&oacute; a disolverse. A finales de a&ntilde;o, el pa&iacute;s ten&iacute;a dos gobiernos, dos parlamentos, dos pretensiones de legalidad y ning&uacute;n mecanismo para sustituirlos o hacer que llegaran a un acuerdo. Una divisi&oacute;n que en gran medida sigue vigente hoy.
    </p><p class="article-text">
        A principios de 2015, Aguila Saleh, jefe del parlamento oriental, aprovech&oacute; el pretexto de los atentados del Estado Isl&aacute;mico para nombrar jefe del ej&eacute;rcito a Hafter. Sobre el papel, Hafter respond&iacute;a ante Saleh, pero la realidad era que los miembros del parlamento se reun&iacute;an en un territorio controlado por sus fuerzas. Los pol&iacute;ticos que no estuvieron de acuerdo huyeron o desaparecieron.
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                    alt="Combatientes del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) durante los enfrentamientos con las fuerzas del autodenominado Ejército Nacional Libio en los suburbios de Trípoli, en 2020."
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            <span class="title">
                Combatientes del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) durante los enfrentamientos con las fuerzas del autodenominado Ejército Nacional Libio en los suburbios de Trípoli, en 2020.                            </span>
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        El parlamento oriental proporcion&oacute; a las milicias de Hafter lo que la FNSL le hab&iacute;a proporcionado en Chad: una cobertura legal. Cuando la ONU negoci&oacute; un gobierno de unidad en diciembre de ese a&ntilde;o, lo hizo degradando al parlamento occidental y exigiendo que hubiera un voto de confianza en el de Saleh. Su parlamento se neg&oacute; y nombr&oacute; a un gobierno rival. La ONU no hab&iacute;a unificado Libia. Le hab&iacute;a dado a Hafter poder de veto.
    </p><p class="article-text">
        La revoluci&oacute;n hab&iacute;a intentado construir algo sin Hafter y hab&iacute;a fracasado. Ahora &eacute;l ten&iacute;a lo que necesitaba: un ej&eacute;rcito que le respond&iacute;a, un parlamento que depend&iacute;a de &eacute;l y apoyos extranjeros, con los Emiratos &Aacute;rabes Unidos, Egipto, y Rusia, despu&eacute;s, interesados en su supervivencia. No gobernaba ni ocupaba ning&uacute;n cargo, pero controlaba a los hombres que lo hac&iacute;an. Se completaba as&iacute; lo que hab&iacute;a ensayado en Chad, perfeccionado en el exilio, y puesto a prueba en Bengasi. El sistema hab&iacute;a encontrado a su pa&iacute;s.
    </p><h2 class="article-text">El petr&oacute;leo</h2><p class="article-text">
        En la actualidad, Hafter dirige su sistema desde una antigua base a&eacute;rea sovi&eacute;tica en Rajma, a las afueras de Bengasi. Visto desde fuera, el complejo no tiene nada de especial. Por dentro, funciona como la sede de un poder del que no hay ning&uacute;n registro en papel y que controla todo lo que importa: los yacimientos petroleros, las terminales de exportaci&oacute;n, el parlamento, los tribunales, y los hombres armados.
    </p><p class="article-text">
        El petr&oacute;leo es la base de su poder. En septiembre de 2016, las fuerzas de Hafter se apoderaron de la &ldquo;media luna petrolera&rdquo;: 400 kil&oacute;metros de la costa donde est&aacute;n las cuatro terminales de exportaci&oacute;n m&aacute;s importantes de Libia (dos tercios del crudo libio pasan por ellas). Aunque la presi&oacute;n internacional haya obligado a Hafter a devolver su control operativo a la Corporaci&oacute;n Nacional del Petr&oacute;leo en Tr&iacute;poli (el &uacute;nico exportador libio reconocido por el resto del mundo), el mando militar del territorio responde a &eacute;l, lo que le da una influencia extraordinaria.
    </p><p class="article-text">
        En agosto de 2024, Aguila Saleh advirti&oacute; de que reemplazar al gobernador del banco central de Libia, una medida que era resistida por Hafter, &ldquo;podr&iacute;a provocar el cierre del petr&oacute;leo&rdquo;. Las embajadas occidentales condenan sistem&aacute;ticamente cualquier interrupci&oacute;n del flujo de petr&oacute;leo sin nombrar al comandante cuyas fuerzas controlan las terminales de exportaci&oacute;n. Todas las partes mantienen la ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre 2016 y 2019, mientras los dos gobiernos reclamaban la legitimidad en Libia, Hafter era cortejado en cumbres de Par&iacute;s y Abu Dabi. En repetidas reuniones con Fayez al-Sarraj, el primer ministro respaldado por la ONU, Hafter rechazaba todos los arreglos posibles. &ldquo;Le ofrecimos un poder leg&iacute;timo&rdquo;, me dijo el exenviado especial de Estados Unidos, Jonathan Winer. &ldquo;El control de un consejo militar bajo supervisi&oacute;n civil, o el liderazgo a trav&eacute;s de elecciones, si el pueblo libio lo eleg&iacute;a; &eacute;l simplemente negaba con la cabeza, no estar&iacute;a subordinado a nadie, fuera elegido o no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dentro del territorio de Hafter, el sistema era m&aacute;s sencillo. Desde 2014, toda disidencia era clasificada como terrorismo: una protesta, una conversaci&oacute;n, o una publicaci&oacute;n en Facebook. Cualquier cr&iacute;tica pod&iacute;a acarrear la pena de muerte. En octubre de 2016 aparecieron un mont&oacute;n de cad&aacute;veres a las afueras de Bengasi. Atados y tiroteados, hab&iacute;an sido abandonados en la basura. Eran tantos que los lugare&ntilde;os rebautizaron la calle Al-Zayt donde hab&iacute;an sido encontrados como &ldquo;la calle de los cad&aacute;veres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando pregunt&eacute; por un chico de 16 a&ntilde;os desaparecido en Bengasi a principios de 2016, me dijeron, con toda naturalidad, que hab&iacute;a sido asesinado por espionaje&rdquo;, me cont&oacute; Buisier, el exasesor pol&iacute;tico de Hafter. &ldquo;Protest&eacute;, se supon&iacute;a que est&aacute;bamos construyendo un Estado de instituciones, un Estado de derecho; me miraron como si fuera ingenuo y un oficial sugiri&oacute; que tal vez yo mismo fuera simpatizante de los terroristas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s de eso Buisier abandon&oacute; el c&iacute;rculo de Hafter y regres&oacute; a Estados Unidos.
    </p><h2 class="article-text">El apoyo de Trump</h2><p class="article-text">
        En 2019, Hafter hab&iacute;a acumulado una deuda de 25.000 millones de d&oacute;lares [unos 21.600 millones de euros, al cambio actual], financiando su ej&eacute;rcito con bonos no oficiales, pr&eacute;stamos de bancos comerciales, y hasta dinares impresos en Rusia que circulaban en su territorio. Como necesitaba que el banco central en Tr&iacute;poli abriera sus arcas, el 4 de abril de 2019 lanz&oacute; un ataque total contra la ciudad. Contaba con la autorizaci&oacute;n efectiva de la Administraci&oacute;n Trump. John Bolton: el entonces asesor de Seguridad Nacional le hab&iacute;a dicho que actuara &ldquo;r&aacute;pidamente&rdquo; si quer&iacute;a tomar la capital y unificar el pa&iacute;s bajo su control. D&iacute;as despu&eacute;s del comienzo del asalto, el propio Trump telefone&oacute; para elogiar los esfuerzos &ldquo;antiterroristas&rdquo; de Hafter. En verano, a las fuerzas terrestres de Hafter se les unieron mercenarios rusos. Lo que se hab&iacute;a concebido como un golpe rel&aacute;mpago se estaba convirtiendo en un asedio prolongado.
    </p><p class="article-text">
        Tras a&ntilde;os de infructuosas conversaciones de paz, Hafter abandon&oacute; por completo la ficci&oacute;n del acercamiento diplom&aacute;tico. Seham Sergiwa, diputada de Bengasi, apareci&oacute; en julio en un canal de televisi&oacute;n af&iacute;n a Hafter pidiendo el di&aacute;logo en lugar de la guerra. La emisi&oacute;n se interrumpi&oacute; dej&aacute;ndola a mitad de frase. Esa noche, unos hombres armados la sacaron a rastras de su casa y sobre el edificio pintaron con spray &ldquo;el ej&eacute;rcito es una l&iacute;nea roja&rdquo;. No ha sido vista desde entonces. Su familia sospecha que fue secuestrada por fuerzas leales a Hafter.
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                    alt="La bandera libia en el centro de la ciudad de Misrata, a vista de dron."
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                La bandera libia en el centro de la ciudad de Misrata, a vista de dron.                            </span>
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        Finalmente, el asalto de Hafter a Tr&iacute;poli no tuvo &eacute;xito. A finales de 2019, Turqu&iacute;a intervino en nombre del gobierno respaldado por la ONU tratando de forzar a Hafter a una paz negociada. Al mes siguiente se celebr&oacute; en Berl&iacute;n una conferencia para poner fin a la guerra. Los l&iacute;deres mundiales esperaban para anunciar el acuerdo, pero Hafter no aparec&iacute;a por ninguna parte. Se hab&iacute;a ido a echar una siesta. &ldquo;No era porque estuviera cansado&rdquo;, me dijo la ex enviada de la ONU Stephanie Williams. &ldquo;Era una puesta en escena, dise&ntilde;ada para demostrar que &eacute;l actuaba al margen de las normas&rdquo;. No se lleg&oacute; a ning&uacute;n acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        A finales de 2020, la ONU negoci&oacute; un alto el fuego para poner fin a la guerra. El acuerdo exig&iacute;a de Hafter que pusiera a sus fuerzas bajo mando civil; y, una vez m&aacute;s, &eacute;l se neg&oacute;. Se prometi&oacute; que en diciembre de 2021 habr&iacute;a elecciones. Pero las disputas sobre las leyes electorales y la elegibilidad de los candidatos terminaron por hacerlas fracasar. No ha habido ninguna elecci&oacute;n desde entonces y el pa&iacute;s ha vuelto a la divisi&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Billetes falsos</h2><p class="article-text">
        El control financiero de Hafter no ha hecho m&aacute;s que crecer. A finales de 2024, los funcionarios del Banco Central de Tr&iacute;poli descubrieron que circulaban casi 10.000 millones de dinares [unos 1.360 millones de euros, al cambio actual] con n&uacute;meros de serie que no hab&iacute;an sido registrados por sus sistemas. Los billetes falsos del este inundaban la econom&iacute;a, un plan que hab&iacute;a contribuido a financiar a los soldados de Hafter y a pagar las deudas con sus mercenarios rusos. En el este de Libia los billetes falsos circulaban como moneda real y en el mercado negro se cambiaban por d&oacute;lares estadounidenses, permitiendo a Mosc&uacute; el acceso a divisas duras que tras la invasi&oacute;n de Ucrania hab&iacute;a perdido por las sanciones occidentales.
    </p><p class="article-text">
        El banco central se enfrent&oacute; a una elecci&oacute;n: denunciar el fraude y provocar otra crisis financiera, o absorber la p&eacute;rdida en silencio. &ldquo;Sab&iacute;amos exactamente de d&oacute;nde proced&iacute;an los billetes&rdquo;, dijo una persona del Banco Central. &ldquo;Pero decirlo significaba una confrontaci&oacute;n, y la confrontaci&oacute;n significaba detener el flujo del petr&oacute;leo y hacer que el dinar pierda m&aacute;s valor, as&iacute; que los absorbimos y no dijimos nada; as&iacute; es como sobreviven las instituciones en Libia, aceptando lo que no puedes enfrentar&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A sus 82 años, Hafter enfrenta ahora el dilema definitivo de su mundo: cómo transferir el poder. ¿Qué pasa cuando el hombre detrás de la farsa se va?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En octubre de 2025, los billetes falsos se retiraron discretamente. Se hicieron las anotaciones en los libros del banco central y la riqueza de Hafter creci&oacute;. Como me dijo un exfuncionario de un pa&iacute;s occidental, &ldquo;es m&aacute;s f&aacute;cil lidiar con una mentira que puedes manejar que con una verdad que no puedes arreglar&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El dilema: la herencia</h2><p class="article-text">
        A sus 82 a&ntilde;os, Hafter enfrenta ahora el dilema definitivo de su mundo: c&oacute;mo transferir el poder en un sistema que depende de instituciones cuyo funcionamiento necesita que nadie reconozca oficialmente el nombre de la persona que las controla. &iquest;Qu&eacute; pasa cuando el hombre detr&aacute;s de la farsa se va?
    </p><p class="article-text">
        Los expertos coinciden en un an&aacute;lisis: Hafter quiere usar a sus hijos para asegurar su legado. &ldquo;Sus ojos se iluminaban cuando te presentaba a sus hijos&rdquo;, record&oacute; Williams, el antiguo enviado de la ONU. Seg&uacute;n las personas que conocen a la familia, uno de los hijos ocupa un lugar especial. &ldquo;Saddam siempre fue su favorito&rdquo;, me cont&oacute; Buisier. &ldquo;Tal vez porque era el que se parec&iacute;a m&aacute;s al padre en porte y estatura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los hijos de Hafter se han repartido el sistema entre ellos para un a&ntilde;o que seg&uacute;n los rumores podr&iacute;a ser el de la sucesi&oacute;n. Saddam, el heredero natural, fue nombrado vicecomandante en jefe en agosto de 2025 y est&aacute; al mando de la brigada m&aacute;s poderosa de su padre. Khaled es jefe del Estado Mayor y mantiene bajo control al ej&eacute;rcito de su padre. Belkacem, un ingeniero devenido en empresario, est&aacute; a cargo de miles de millones en contratos de reconstrucci&oacute;n para las ciudades destrozadas por las guerras de su padre. Al-Siddiq es poeta y gestiona la pol&iacute;tica tribal creando comisiones de reconciliaci&oacute;n que prometen la paz y el perd&oacute;n pero no la traen. Okba supervisa el sector de inteligencia artificial y criptomonedas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En una Libia fragmentada, los hijos de Hafter deben dividirse lo que el padre nunca compartió: territorio, dinero, mercenarios, y una economía remendada con moneda falsa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cada uno tiene su t&iacute;tulo y ninguno de ellos ocupa un cargo electo. La sucesi&oacute;n se ha ensayado tan abiertamente que apenas puede considerarse un secreto. Seg&uacute;n los &uacute;ltimos informes, hasta los diplom&aacute;ticos estadounidenses participan ahora en las negociaciones para un acuerdo que unifique a los gobiernos rivales de Libia con Saddam como presidente.
    </p><p class="article-text">
        Pero Hafter construy&oacute; su sistema para un solo hombre, no para cinco. En una Libia fragmentada, donde un gobierno rival cuenta con sus propias milicias y apoyos extranjeros, los hijos de Hafter deben dividirse lo que el padre nunca comparti&oacute;: territorio, dinero, mercenarios, y una econom&iacute;a remendada con moneda falsa
    </p><p class="article-text">
        Gadafi pas&oacute; d&eacute;cadas preparando a sus hijos. Por vac&iacute;a que estuviera, les dio una ideolog&iacute;a que contarse a s&iacute; mismos y aun as&iacute; se destrozaron entre ellos antes de ser barridos por la revoluci&oacute;n. Los hijos de Hafter no tienen ning&uacute;n credo que compartir, solo el pragmatismo de la supervivencia. Gadafi se atribu&iacute;a presidir un sistema basado en el gobierno popular. Hafter no se atribuye nada. Solo el consentimiento silencioso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anas El Gomati]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 03:02:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jalifa Hafter, el exagente de la CIA que es el rey sin trono de Libia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libia,Jalifa Hafter,Muamar el Gadafi]]></media:keywords>
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