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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Oscar Araiz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/oscar-araiz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Oscar Araiz]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La confesión del dictador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/confesion-dictador_129_13208541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d774bc4-979a-496c-96c1-d3eaf8308d74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La confesión del dictador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ballet que despertó la lascivia de Onganía y su regreso al Colón. Novedades y rescates en la red, entre las redes.</p></div><p class="article-text">
        El apellido Ongania, acentuado en la primera &ldquo;a&rdquo;, proven&iacute;a de Lombard&iacute;a, en Italia. Un militar argentino nacido en 1914, hijo de un almacenero de Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires, se agreg&oacute; una tilde en la &ldquo;&iacute;&rdquo; para parecer vasco y, de resultas, ganadero. Entr&oacute; al colegio militar en 1931 y egres&oacute; tres a&ntilde;os despu&eacute;s como subteniente de caballer&iacute;a y jam&aacute;s complet&oacute; el curso de oficial para el estado mayor. <strong>Juan Carlos Ongan&iacute;a</strong> no era afecto al estudio y se dice que lo que prefer&iacute;a de la caballer&iacute;a era jugar al polo. No obstante, hubo dos factores que se sumaron a la tilde sobre la&ldquo;I&rdquo; para favorecer su carrera: la participaci&oacute;n en el cursillismo, junto con el Opus Dei uno de los movimientos ultracoservadores de la Iglesia Cat&oacute;lica ligados a las clases altas y el poder econ&oacute;mico, y su casamiento con <strong>Mar&iacute;a Emilia Green Urien</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Eran &eacute;pocas en las que parecer culto era importante hasta para los dictadores y Ongan&iacute;a, recientemente ascendido a Teniente General, introductor en el ej&eacute;rcito de la Doctrina de la Seguridad Nacional, que daba prioridad a la lucha contra el comunismo sobre cualquier otra consideraci&oacute;n y asumido en junio de 1966 como presidente de facto, a partir del golpe contra el gobierno de <strong>Arturo Illia</strong> &ndash;al que consideraban socialdem&oacute;crata y, por lo tanto, af&iacute;n al odiado marxismo internacional&ndash;, debi&oacute; asistir, como obligaci&oacute;n protocolar, a la funci&oacute;n de gala del 9 de julio, en el Teatro Col&oacute;n. El espect&aacute;culo era un ballet: <em>La Consagraci&oacute;n de la primavera</em>, con m&uacute;sica de <strong>Igor Stravinsky</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La coreograf&iacute;a era de un brillante artista de 25 a&ntilde;os llamado <strong>Oscar Ar&aacute;iz</strong>, con vestuario de <strong>Renata Schussheim</strong>: mallas color carne que simulaban la desnudez, cubiertas en parte por barro. La primera funci&oacute;n hab&iacute;a sido el 4 de julio y formaba parte de un ciclo organizado por la Asociaci&oacute;n de Amigos de la Danza. En la conmemoraci&oacute;n de los 150 a&ntilde;os del primer congreso constituyente de la Argentina, el dictador concurri&oacute; con su familia y dijo que, despu&eacute;s de la funci&oacute;n, todos debieron ir a confesarse. Esa fue su verdadera confesi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Y aunque esa <em>Consagraci&oacute;n de la primavera</em> no fue expresamente prohibida tuvo una larga interdicci&oacute;n de 24 a&ntilde;os en el Col&oacute;n. Y, de paso, s&iacute; tuvo que ver con una prohibici&oacute;n: la del estreno, el a&ntilde;o siguiente, de la &oacute;pera <em>Bomarzo</em>, de <strong>Alberto Ginastera</strong> sobre un texto de <strong>Manuel Mujica L&aacute;inez</strong>. Fue el &uacute;nico caso de censura previa por parte de esa dictadura autodenominada &ldquo;Revoluci&oacute;n Argentina&rdquo; y, vaya a saberse por qu&eacute;, en ese entonces eso se ve&iacute;a como algo m&aacute;s grave que la censura a secas. La causante, como detalla el investigador <strong>Esteban Buch</strong> en su notable <em>The Bomarzo Affair</em>, publicado por Adriana Hidalgo Editora, fue una operaci&oacute;n de prensa dise&ntilde;ada por la propia dictadura. 
    </p><p class="article-text">
        Ongan&iacute;a no necesit&oacute; esperar a ver la obra para decidir llamar al Coronel <strong>Eugenio Schettini</strong>, a quien hab&iacute;a designado intendente de la ciudad de Buenos Aires, y exigirle que llamara al Col&oacute;n y prohibiera el estreno. Le alcanz&oacute; con ver el n&uacute;mero de la revista <em>Panorama</em>, que le mostraron, orgullosos, los funcionarios de Canciller&iacute;a. El debut de <em>Bomarzo</em> en la Opera Nacional de Washington hab&iacute;a obedecido tambi&eacute;n, en gran medida, a un arreglo gubernamental y a la gesti&oacute;n de quien era entonces el embajador argentino en los Estados Unidos, un subteniente de infanter&iacute;a, ingeniero militar y aeron&aacute;utico y economista amateur llamado <strong>&Aacute;lvaro Alsogaray</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Como cuenta Buch, la recepci&oacute;n posterior al estreno fue supervisada por la hija del embajador en persona, la joven <strong>Mar&iacute;a Julia</strong>, que orden&oacute; disponer las langostas mimando la forma de claves de sol. El gobierno de facto invit&oacute; a todo un equipo period&iacute;stico de la revista publicada por Editorial Abril, que dedic&oacute; una amplia cobertura al evento. All&iacute; estaba las fotos de <em>Bomarzo</em>, Y all&iacute; estaba el nombre del core&oacute;grafo, Oscar Ar&aacute;iz. &ldquo;Otra vez no&rdquo;, dicen que dijo el falso vascuence.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En cada producci&oacute;n nueva, aunque los pasos fueran los mismos, hubo un vestuario distinto, otra lectura, otro tipo de interpretaci&oacute;n por parte de los bailarines&rdquo;, contaba Ar&aacute;iz en una entrevista publicada por el diario <em>Clar&iacute;n</em> en 2020. &ldquo;Al principio era m&aacute;s abstracta y despu&eacute;s se humaniz&oacute;. En una puesta que hice en Canad&aacute;, el vestuario era con prendas deportivas, ropa interior, vendajes en las manos. En la &eacute;poca de la guerra de Malvinas la hice en Ginebra con los bailarines vestidos de soldados y el pr&oacute;logo era un basural. La segunda vez que la hice en el Col&oacute;n, en el 2000, el vestuario estaba inspirado en pinturas corporales de tribus patag&oacute;nicas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Desde el jueves pasado y hasta el pr&oacute;ximo domingo 17 de mayo, con funciones todos los d&iacute;as salvo el lunes 11 (las de los domingos son a las 17; el resto, a las 20), la vieja <em>Consagraci&oacute;n</em>, siempre nueva y mucho m&aacute;s en esta ciudad, donde ni siquiera es frecuente como obra de concierto, se presenta en el Teatro Col&oacute;n. Uno de los atractivos, adem&aacute;s del trabajo de Ar&aacute;iz, desde ya, y la participaci&oacute;n del Ballet Estable del Teatro, es el hecho de que la m&uacute;sica es interpretada en vivo por la Filarm&oacute;nica de Buenos Aires, con direcci&oacute;n de <strong>Matthew Rowe</strong>. Y otro es el resto del programa: <em>Aftermath </em>(Secuelas), del argentino radicado en Alemania <strong>Demis Volpi</strong> con m&uacute;sica de <strong>Michael Gordon</strong>, uno de los compositores del colectivo <strong>Bang on a Can</strong>, poco o nada escuchado en Buenos Aires (la obra fue estrenada por el Ballet de Stuttgart en 2014), y <em>Come in</em>, de la canadiense <strong>Aszure Barton</strong> con m&uacute;sica de <strong>Vladimir Martynov</strong>, uno de lo referentes del posmodernismo y repetitivismo &ndash;o minimalismo, que en m&uacute;sica significa algo distinto que en el resto de las artes&ndash; ruso de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. 
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        <em>DF/MF</em>
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      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 12:45:49 +0000]]></pubDate>
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