<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Lolita Flores]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/temas/lolita-flores/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Lolita Flores]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/tag/1056039/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La Paca, la matriarca de la droga en la que está inspirada la nueva película de Lolita Flores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/paca-matriarca-droga-inspirada-nueva-pelicula-lolita-flores_1_13261654.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53587db9-0b5a-4e9e-9c00-5e827d555a71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Paca, la matriarca de la droga en la que está inspirada la nueva película de Lolita Flores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El film, que está “basado en hechos reales”, recuerda a la histórica narcotraficante Francisca Cortés, condenada a más de veinte años de cárcel y actualmente en libertad. La mujer mezclaba temor, poder y cierta construcción folclórica en la Mallorca del pleno boom inmobiliario de los 2000
</p></div><p class="article-text">
        Mientras Mallorca se vend&iacute;a al mundo como un para&iacute;so de hoteles, playas y lujo mediterr&aacute;neo, a escasos kil&oacute;metros del aeropuerto crec&iacute;a uno de los mayores supermercados de droga de Espa&ntilde;a. All&iacute;, entre chabolas levantadas sobre la exclusi&oacute;n y el abandono institucional, <strong>Francisca Cort&eacute;s, 'La Paca'</strong>, construy&oacute; un imperio criminal alimentado por la hero&iacute;na, la coca&iacute;na, la corrupci&oacute;n policial y el dinero enterrado en escondites repletos de efectivo ocultos bajo tierra. Su figura &ndash;mezcla de cr&oacute;nica negra y poder&ndash;vuelve ahora al centro del foco medi&aacute;tico con el estreno, este viernes, de la pel&iacute;cula&nbsp;<em>Mallorca confidencial</em>, un&nbsp;<em>thriller&nbsp;</em>dirigido por David Ilundain y protagonizado por <strong>Lolita Flores</strong> que recuerda al auge y declive del <strong>mayor clan narcotraficante de la historia reciente del archipi&eacute;lago.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La cinta, ambientada en la Mallorca del&nbsp;<em>boom&nbsp;</em>inmobiliario y de la corrupci&oacute;n policial de la primera d&eacute;cada de los 2000, est&aacute; protagonizada por el personaje ficticio de 'La Chusa', matriarca de un poblado marginal que controla el tr&aacute;fico de drogas en la isla mientras su imperio empieza a resquebrajarse. Ilundain asegur&oacute; en el preestreno de la obra que el film, que no nombra a La Paca, est&aacute; &ldquo;basado en hechos reales&rdquo;. Tampoco la pel&iacute;cula hace alusi&oacute;n a Son Banya, sino a Son Canals, un barrio popular que, al igual que Son Banya, est&aacute; ubicado al lado del aeropuerto de Palma, es el epicentro de la droga en la isla y cuenta con una matriarca.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-cinL1mdi79k-1426', 'youtube', 'cinL1mdi79k', document.getElementById('yt-cinL1mdi79k-1426'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-cinL1mdi79k-1426 src="https://www.youtube.com/embed/cinL1mdi79k?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><h2 class="article-text"><strong>Los or&iacute;genes de Son Banya</strong></h2><p class="article-text">
        La historia de La Paca est&aacute; &iacute;ntimamente ligada a Son Banya, una villa que naci&oacute; oficialmente en 1972. El franquismo tard&iacute;o y el Ayuntamiento de Palma promovieron el traslado de familias gitanas y pobres desde distintos barrios degradados hacia una zona aislada entre Palma y el aeropuerto. <strong>La operaci&oacute;n se present&oacute; como una soluci&oacute;n urban&iacute;stica, pero termin&oacute; funcionando como un mecanismo de segregaci&oacute;n social y &eacute;tnica.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, el poblado qued&oacute; convertido en un espacio pr&aacute;cticamente desconectado de la ciudad: calles sin servicios suficientes, pobreza estructural, fracaso escolar masivo y una fuerte presencia de econom&iacute;as informales. En los a&ntilde;os ochenta y noventa, la irrupci&oacute;n de la hero&iacute;na transform&oacute; por completo la realidad del lugar. <strong>Son Banya pas&oacute; de ser un asentamiento marginal a convertirse en el principal punto de venta de droga de Balears. Fue ah&iacute; donde emergi&oacute; el clan de Francisca Cort&eacute;s Picazo.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/154ac804-05e1-4cb8-b692-9a9a99469c16_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/154ac804-05e1-4cb8-b692-9a9a99469c16_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/154ac804-05e1-4cb8-b692-9a9a99469c16_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/154ac804-05e1-4cb8-b692-9a9a99469c16_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/154ac804-05e1-4cb8-b692-9a9a99469c16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/154ac804-05e1-4cb8-b692-9a9a99469c16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/154ac804-05e1-4cb8-b692-9a9a99469c16_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen aérea de Son Banya."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen aérea de Son Banya.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>El ascenso de 'La Paca'</strong></h2><p class="article-text">
        Francisca Cort&eacute;s Picazo naci&oacute; en 1955 y acab&oacute; convirti&eacute;ndose en la figura dominante del narcotr&aacute;fico mallorqu&iacute;n. La matriarca construy&oacute; una estructura familiar que funcionaba como un aut&eacute;ntico entramado criminal basado en la venta de hero&iacute;na y coca&iacute;na por parte de sus subordinados. El clan manejaba enormes cantidades de efectivo y lleg&oacute; a tejer relaciones con abogados y miembros de las fuerzas de seguridad para proteger sus intereses, tal como describen sentencias e informes policiales. Una romer&iacute;a constante de consumidores procedentes de toda Mallorca comenz&oacute; a acudir al poblado en un trasiego constante de coches que acab&oacute; formando parte del paisaje habitual de los accesos a Palma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La imagen p&uacute;blica de 'La Paca' mezclaba temor, poder y cierta construcci&oacute;n folcl&oacute;rica alimentada por algunos programas televisivos sensacionalistas.</strong> Ella misma cultiv&oacute; una est&eacute;tica de matriarca gitana todopoderosa. Su clan controlaba viviendas, favores y buena parte de la vida cotidiana del poblado.
    </p><p class="article-text">
        La &eacute;poca de m&aacute;ximo esplendor del clan coincidi&oacute; con los a&ntilde;os del&nbsp;<em>boom&nbsp;</em>tur&iacute;stico y de la expansi&oacute;n inmobiliaria en Balears. Mientras Mallorca proyectaba al exterior una imagen de lujo, hoteles y crecimiento econ&oacute;mico, <strong>Son Banya se consolidaba como un gigantesco mercado de droga al aire libre a apenas unos kil&oacute;metros del aeropuerto y las principales zonas tur&iacute;sticas de Palma.</strong> Pese a las redadas policiales, el negocio resist&iacute;a una y otra vez: la estructura familiar del clan permit&iacute;a recomponer r&aacute;pidamente los puntos de venta y mantener intacto el control sobre el tr&aacute;fico de droga.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b33d054-c950-424c-884b-20266b3a8798_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b33d054-c950-424c-884b-20266b3a8798_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b33d054-c950-424c-884b-20266b3a8798_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b33d054-c950-424c-884b-20266b3a8798_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b33d054-c950-424c-884b-20266b3a8798_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b33d054-c950-424c-884b-20266b3a8798_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8b33d054-c950-424c-884b-20266b3a8798_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;La Paca&#039;, saludando al término de la segunda sesión de uno de los juicios que la sentó en el banquillo, el del &#039;caso Son Banya&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;La Paca&#039;, saludando al término de la segunda sesión de uno de los juicios que la sentó en el banquillo, el del &#039;caso Son Banya&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de impunidad alrededor de Son Banya creci&oacute; durante a&ntilde;os alimentada, adem&aacute;s, por las conexiones del clan con miembros de las fuerzas de seguridad y por el fracaso hist&oacute;rico de las administraciones para desmantelar el poblado. En 2008, sin embargo, pareci&oacute; llegar el golpe definitivo. En el marco de la Operaci&oacute;n Kabul, el mayor despliegue policial realizado hasta entonces contra el narcotr&aacute;fico en Balears, decenas de agentes de la Guardia Civil irrumpieron en Son Banya y detuvieron a Francisca Cort&eacute;s y a varios miembros de su familia. El dispositivo dio lugar, cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, <strong>al mayor juicio contra el tr&aacute;fico de drogas llevado a cabo en el archipi&eacute;lago, con 55 acusados y peticiones de condena que sumaban un total de 697 a&ntilde;os de prisi&oacute;n.</strong>
    </p><h2 class="article-text"><strong>El juicio de los secuestros y el dinero enterrado</strong></h2><p class="article-text">
        Pero antes de aquella macrovista, en 2008 se celebr&oacute; el juicio del conocido como 'caso Son Banya', uno de los m&aacute;s medi&aacute;ticos llevados a cabo hasta entonces en Mallorca: en el banquillo se sentaron 27 procesados y las solicitudes de prisi&oacute;n alcanzaban los 346 a&ntilde;os en total. Entre los acusados se encontraba 'La Paca'. La Fiscal&iacute;a sosten&iacute;a que la matriarca hab&iacute;a ordenado secuestros, amenazas y palizas contra dos personas sospechosas de haber robado 911.000 de los aproximadamente seis millones de euros que el clan ocultaba en zulos excavados bajo tierra en Son Banya. Seg&uacute;n la investigaci&oacute;n, los dos hombres fueron introducidos &ldquo;a punta de pistola&rdquo; en veh&iacute;culos del clan, golpeados brutalmente &ldquo;con un bate de b&eacute;isbol&rdquo; y trasladados por la fuerza al poblado, donde fueron golpeados e interrogados para recuperar el bot&iacute;n desaparecido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El sumario describ&iacute;a un clima de terror alrededor de la organizaci&oacute;n y dibujaba Son Banya como un territorio controlado f&eacute;rreamente por la familia Cort&eacute;s Picazo, donde el miedo y la violencia funcionaban como mecanismos habituales de disciplina interna</strong>. Como si de una novela negra coral ambientada en Son Banya se tratase, en el banquillo se sentaban 'El Evangelio', 'El Loco', 'El Tarta', 'El Chirri', 'El Moreno', 'La Guapi', 'Joselete el Sordo' o 'El Chencho', hijos, hermanos, sobrinos o cu&ntilde;ados todos ellos de Francisca Cort&eacute;s. A las afueras de la Audiencia Provincial, un conglomerado de familiares y allegados de los procesados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Junto a los dem&aacute;s inculpados tambi&eacute;n fue enjuiciado el inspector de la Polic&iacute;a Nacional Jos&eacute; G&oacute;mez Navarro, 'Pepote' y su mujer, la abogada Mar&iacute;a &Aacute;ngeles L&oacute;pez. La Fiscal&iacute;a sosten&iacute;a que ambos hab&iacute;an tejido una estrecha relaci&oacute;n con el clan de 'La Paca' y que el mando policial lleg&oacute; a recibir importantes cantidades de dinero y regalos a cambio de facilitar informaci&oacute;n privilegiada sobre investigaciones policiales y proteger los intereses de la organizaci&oacute;n criminal. Seg&uacute;n la acusaci&oacute;n, 'Pepote' y Calder&oacute;n tambi&eacute;n participaron en las maniobras para desacreditar y presionar a los dos hombres que denunciaron haber sido secuestrados y torturados tras el robo de parte del dinero oculto por el clan en Son Banya.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/def54419-906c-431a-af83-b2421d5f794a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/def54419-906c-431a-af83-b2421d5f794a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/def54419-906c-431a-af83-b2421d5f794a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/def54419-906c-431a-af83-b2421d5f794a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/def54419-906c-431a-af83-b2421d5f794a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/def54419-906c-431a-af83-b2421d5f794a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/def54419-906c-431a-af83-b2421d5f794a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Francisca Cortés, &#039;la Paca&#039; (d), en el banquillo de la Audiencia Provincial de Palma por el &quot;caso Son Banya&quot;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Francisca Cortés, &#039;la Paca&#039; (d), en el banquillo de la Audiencia Provincial de Palma por el &quot;caso Son Banya&quot;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">&ldquo;Yo no tengo ning&uacute;n Ferrari&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Entre los alegatos se escuch&oacute; uno que acab&oacute; retratando la contradicci&oacute;n permanente entre la miseria visual de Son Banya y los millones que, seg&uacute;n el Ministerio P&uacute;blico, mov&iacute;a el clan: &ldquo;Yo no tengo ning&uacute;n Ferrari&rdquo;. Lo proclam&oacute; uno de los hijos de 'La Paca', Francisco Tom&aacute;s Fern&aacute;ndez, 'El Ico', en referencia a un comentario que hab&iacute;a realizado uno de los abogados presentes en el juicio: &ldquo;Vivir&aacute;n en chabolas, pero hay un buen parking de veh&iacute;culos, y de hecho 'El Ico' se pasea en Ferrari&rdquo;. &ldquo;Yo no tengo ning&uacute;n Ferrari&rdquo;, coment&oacute; &eacute;l. La mayor parte de los acusados insisti&oacute; en que parte de la fortuna proced&iacute;a del negocio de la chatarra y de actividades legales vinculadas al reciclaje de metales, una explicaci&oacute;n que jam&aacute;s convenci&oacute; ni a la Fiscal&iacute;a ni al tribunal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Meses despu&eacute;s, los magistrados dictaron sentencia. La matriarca fue condenada a 22 a&ntilde;os de prisi&oacute;n por delitos de blanqueo de capitales, dos delitos de detenci&oacute;n ilegal, allanamiento de morada, amenazas graves, lesiones, inducci&oacute;n a dos nuevos delitos de detenci&oacute;n ilegal, inducci&oacute;n al falso testimonio y cohecho. Por su parte, 'Pepote' fue sentenciado a nueve a&ntilde;os y medio de c&aacute;rcel y esposa, a 13 a&ntilde;os y medio. &Eacute;sta lleg&oacute; a iniciar una huelga de hambre despu&eacute;s de que el tribunal denegase su petici&oacute;n de libertad, dado que se encontraba en prisi&oacute;n incondicional&nbsp;y sin fianza tras ser condenada en el marco de la causa.
    </p><p class="article-text">
        La Audiencia la describ&iacute;a como la &ldquo;principal cabecilla o jefa del clan familiar&rdquo;. La resoluci&oacute;n, de 177 p&aacute;ginas, dibuja un entramado criminal profundamente enraizado en Son Banya y sostenido durante a&ntilde;os gracias al narcotr&aacute;fico, el blanqueo y la existencia de v&iacute;nculos corruptos con miembros de la polic&iacute;a. Pero quiz&aacute; ninguna imagen resume mejor aquella &eacute;poca que la del dinero enterrado bajo tierra en Son Banya: el tribunal relata c&oacute;mo varios miembros del clan &ldquo;decidieron excavar un agujero en un solar&rdquo; del poblado para ocultar unos seis millones de euros procedentes del narcotr&aacute;fico y &ldquo;poner a buen recaudo&rdquo; los beneficios de la hero&iacute;na y la coca&iacute;na. La distancia entre el relato de la &ldquo;chatarrer&iacute;a&rdquo; y la imagen de fajos de billetes escondidos en el subsuelo termin&oacute; convirti&eacute;ndose en uno de los s&iacute;mbolos m&aacute;s grotescos de aquel juicio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Tribunal Supremo rebaj&oacute;, sin embargo, las principales penas impuestas por la Audiencia de Palma. En el caso de 'La Paca', el Alto Tribunal la absolvi&oacute; a de los delitos de blanqueo, amenazas, allanamiento de morada y lesiones y redujo su pena de a 16 a&ntilde;os y 9 meses. En el caso de 'Pepote', fue absuelto del delito de blanqueo de capitales al que hab&iacute;a sido sentenciado inicialmente y su condena qued&oacute; reducida a cinco a&ntilde;os y medio. Por su parte, Calder&oacute;n vio rebajada su condena a dos a&ntilde;os y nueve meses.&nbsp;Aun as&iacute;, los magistrados dieron por acreditado uno de los episodios m&aacute;s oscuros del caso: el secuestro de los dos hombres acusados de haber robado centenares de miles de euros enterrados en Son Banya. Del resto del bot&iacute;n &ndash;m&aacute;s de cinco millones&ndash; nunca volvi&oacute; a saberse nada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a967d752-ad22-4fc8-ab9f-cad7148f02f8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a967d752-ad22-4fc8-ab9f-cad7148f02f8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a967d752-ad22-4fc8-ab9f-cad7148f02f8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a967d752-ad22-4fc8-ab9f-cad7148f02f8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a967d752-ad22-4fc8-ab9f-cad7148f02f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a967d752-ad22-4fc8-ab9f-cad7148f02f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a967d752-ad22-4fc8-ab9f-cad7148f02f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El exjefe de la Unidad de Atracos de la Jefatura Superior de Policía de Balears, José Gómez Navarro &#039;Pepote&#039;, durante el juicio"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El exjefe de la Unidad de Atracos de la Jefatura Superior de Policía de Balears, José Gómez Navarro &#039;Pepote&#039;, durante el juicio                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">La macrocausa Kabul<strong>&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        En 2013 lleg&oacute; el juicio del caso Kabul, con 55 personas acusadas, cinco de ellas en b&uacute;squeda y captura. Francisca Cort&eacute;s se ve&iacute;a de nuevo las caras con la Justicia. La Fiscal&iacute;a, en un extenso escrito de calificaci&oacute;n, relataba c&oacute;mo, desde octubre de 2007 hasta la detenci&oacute;n de los procesados, la Guardia Civil hab&iacute;a detectado la existencia de varios grupos organizados que introduc&iacute;an los estupefacientes en las islas. Entre ellos se encontraba el clan de&nbsp;'La Paca', erigido hasta entonces en la mayor y m&aacute;s eficiente organizaci&oacute;n destinada a la venta y distribuci&oacute;n de coca&iacute;na, hero&iacute;na y resina de cannabis en Mallorca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la acusaci&oacute;n p&uacute;blica, la droga sal&iacute;a desde Barcelona a trav&eacute;s de distintas redes criminales conectadas entre s&iacute;, entre las que se encontraban la 'Organizaci&oacute;n Kike', el 'clan del Joaqu&iacute;n' y el 'Clan de los Valencianos', estos dos &uacute;ltimos con una fuerte implantaci&oacute;n en Son Banya. El sumario tambi&eacute;n situaba en el entramado a otras bandas como el grupo 'del Dani' o del 'Chupi', la 'del Pony', la del 'Moi' y la red 'Samara'. Para su actividad ilegal, de acuerdo al relato de los fiscales, los miembros de este grupo utilizaban diversas viviendas y locales de Son Banya, donde de forma continuada, d&iacute;a y noche, vend&iacute;an las sustancias estupefacientes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bdb366e8-f12d-4616-9670-d71fd88966d7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bdb366e8-f12d-4616-9670-d71fd88966d7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bdb366e8-f12d-4616-9670-d71fd88966d7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bdb366e8-f12d-4616-9670-d71fd88966d7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bdb366e8-f12d-4616-9670-d71fd88966d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bdb366e8-f12d-4616-9670-d71fd88966d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bdb366e8-f12d-4616-9670-d71fd88966d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Francisca Cortés siendo trasladada a las dependencias del polígono Son Rossinyol, donde se celebró el juicio del caso Kabul"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Francisca Cortés siendo trasladada a las dependencias del polígono Son Rossinyol, donde se celebró el juicio del caso Kabul                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ante la magnitud de la causa, la vista tuvo que desarrollarse, bajo estrictas medidas de seguridad, en unas instalaciones situadas en el pol&iacute;gono Son Rossinyol de Palma. El ambiente del primer d&iacute;a retrat&oacute; desde el inicio el car&aacute;cter casi delirante del procedimiento: una de las acusadas se desplom&oacute; en plena sesi&oacute;n incapaz de soportar la tensi&oacute;n y tuvo que ser atendida y evacuada moment&aacute;neamente por los agentes presentes en la sala. Los gritos y las escenas de nervios marcaron aquella primera jornada. &ldquo;Es que tiene delito lo que han hecho&rdquo;, clamaba una de las mujeres presentes en la sala mientras se&ntilde;alaba a otro de los acusados. &ldquo;La droga era de &eacute;l&rdquo;, insist&iacute;a a voz en grito antes de que el se&ntilde;alado se levantara indignado para protestar por las acusaciones espont&aacute;neas. La matriarca, por su parte, vestida de rosa, opt&oacute; por ocultarse de las c&aacute;maras igual que su hermano Juan,&nbsp;'El Moreno', y sus hijos 'El Ico' y 'La Guapi'.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8355c1f0-ef08-4575-979c-5579d95a34dc_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8355c1f0-ef08-4575-979c-5579d95a34dc_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8355c1f0-ef08-4575-979c-5579d95a34dc_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8355c1f0-ef08-4575-979c-5579d95a34dc_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8355c1f0-ef08-4575-979c-5579d95a34dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8355c1f0-ef08-4575-979c-5579d95a34dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8355c1f0-ef08-4575-979c-5579d95a34dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Primera sesión del juicio del caso Kabul"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Primera sesión del juicio del caso Kabul                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text"><strong>Terremoto judicial</strong></h2><p class="article-text">
        El terremoto judicial lleg&oacute; despu&eacute;s, cuando la Audiencia Provincial, en una resoluci&oacute;n de 183 p&aacute;ginas, absolvi&oacute; a 'La Paca' y a la mayor&iacute;a de los acusados al considerar que parte de las pruebas obtenidas durante la investigaci&oacute;n hab&iacute;an vulnerando derechos fundamentales, dinamitando con ello a&ntilde;os de macroredadas, escuchas, seguimientos y un despliegue policial sin precedentes en Son Banya.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el caso Kabul no termin&oacute; con aquella absoluci&oacute;n masiva.<strong> Lejos de cerrar definitivamente la macrocausa, la sentencia abri&oacute; una nueva batalla judicial que prolong&oacute; durante a&ntilde;os el mayor proceso por narcotr&aacute;fico de Balears. </strong>La Fiscal&iacute;a recurri&oacute; ante el Supremo al considerar que la sentencia hab&iacute;a desmontado e invalidado de forma injustificada pruebas clave de la investigaci&oacute;n policial. El Alto Tribunal acab&oacute; dando parcialmente la raz&oacute;n al Ministerio P&uacute;blico y anul&oacute; la resoluci&oacute;n absolutoria, ordenando dictar una nueva sentencia, reprochando a la Audiencia balear haber realizado una valoraci&oacute;n &ldquo;irracional&rdquo; y &ldquo;arbitraria&rdquo; de varias pruebas fundamentales del procedimiento y criticando que se descartara material incriminatorio sin una motivaci&oacute;n suficiente. La decisi&oacute;n supuso una nueva tormenta judicial y devolvi&oacute; al primer plano una causa ya convertida en s&iacute;mbolo de la cr&oacute;nica negra mallorquina contempor&aacute;nea.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2eae12b-49b3-418a-8ffd-8eb880c05d06_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2eae12b-49b3-418a-8ffd-8eb880c05d06_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2eae12b-49b3-418a-8ffd-8eb880c05d06_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2eae12b-49b3-418a-8ffd-8eb880c05d06_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2eae12b-49b3-418a-8ffd-8eb880c05d06_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f2eae12b-49b3-418a-8ffd-8eb880c05d06_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f2eae12b-49b3-418a-8ffd-8eb880c05d06_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Uno de los instantes de la &#039;Operación Kabul&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Uno de los instantes de la &#039;Operación Kabul&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El desenlace definitivo del caso no lleg&oacute; hasta 2018, m&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s del inicio de la operaci&oacute;n policial que le dio pie. Ese a&ntilde;o, el Supremo dio carpetazo a la macrocausa y rebaj&oacute; a cinco a&ntilde;os y medio la condena que finalmente la Audiencia hab&iacute;a impuesto a 'La Paca' y a varios de sus hijos por delitos relacionados con el narcotr&aacute;fico y el blanqueo de capitales.
    </p><p class="article-text">
        En 2019, la matriarca acept&oacute; otra condena de tres a&ntilde;os y tres meses de prisi&oacute;n por blanqueo de capitales, admitiendo que ocult&oacute; patrimonio procedente del narcotr&aacute;fico. En esa vista tambi&eacute;n acept&oacute; una multa de 12 millones de euros. 'La Paca' ingres&oacute; en prisi&oacute;n tras las condenas derivadas del caso Son Banya y pas&oacute; a&ntilde;os entre rejas. En 2016 obtuvo su primer permiso penitenciario despu&eacute;s de haber cumplido algo m&aacute;s de ocho a&ntilde;os de condena y, en 2018, accedi&oacute; al tercer grado penitenciario. <strong>Actualmente est&aacute; en libertad y vive en Mallorca.</strong>
    </p><h2 class="article-text">Son Banya despu&eacute;s de 'La Paca'</h2><p class="article-text">
        <strong>Las condenas no acabaron, sin embargo, con el narcotr&aacute;fico en Son Banya.</strong> Algunos clanes familiares siguieron controlando distintos puntos de venta y cada poco tiempo saltan nuevas operaciones policiales. El poblado contin&uacute;a hoy parcialmente en pie, aunque muy lejos del poder que lleg&oacute; a concentrar durante los a&ntilde;os de mayor esplendor del clan de 'La Paca'. En 2018, todos los partidos del Ayuntamiento de Palma sellaron un&nbsp;hist&oacute;rico acuerdo para su desmantelamiento progresivo, para el que se proyect&oacute; un plan de inversi&oacute;n de m&aacute;s de 5,4 millones de euros a lo largo de ocho a&ntilde;os as&iacute; como el realojo de las alrededor de cien familias que entonces viv&iacute;an all&iacute;: entre 450 y 600 personas, 193 de ellas ni&ntilde;os, de acuerdo a los c&aacute;lculos municipales.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo del acuerdo era facilitar la reinserci&oacute;n social de los residentes mediante ayudas al alquiler y el acceso a viviendas fuera del asentamiento, excluyendo las zonas m&aacute;s conflictivas de la ciudad. El entonces alcalde, Antoni Noguera (M&eacute;s per Palma), justific&oacute; las ayudas por la gran cantidad de poblaci&oacute;n infantil en riesgo de exclusi&oacute;n que no acud&iacute;a al colegio y que sufr&iacute;a &ldquo;una p&eacute;rdida de oportunidades por el hecho de vivir en el poblado&rdquo;. A cambio, las familias deb&iacute;an cumplir una serie de condiciones: escolarizar a los menores, participar en programas de inserci&oacute;n y mantener una b&uacute;squeda activa de empleo.
    </p><p class="article-text">
        El plan no funcion&oacute;. Decenas de familias contin&uacute;an viviendo en Son Banya entre la exclusi&oacute;n social, el estigma y las heridas de d&eacute;cadas de abandono institucional. El debate nunca fue &uacute;nicamente policial: trabajadores sociales y entidades vecinales llevan a&ntilde;os se&ntilde;alando que el poblado chabolista representa tambi&eacute;n el fracaso hist&oacute;rico de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas hacia la pobreza y la comunidad gitana en Mallorca.
    </p><p class="article-text">
        El estreno de&nbsp;<em>Mallorca Confidencial&nbsp;</em>devuelve ahora la historia de 'La Paca' al imaginario colectivo de la isla, pero tambi&eacute;n una realidad mucho m&aacute;s inc&oacute;moda: la convivencia durante d&eacute;cadas entre el para&iacute;so tur&iacute;stico vendido al exterior y uno de los mayores supermercados de droga de Espa&ntilde;a, levantado a apenas unos kil&oacute;metros de hoteles de lujo, playas y urbanizaciones. Porque la historia de Son Banya no habla solo de narcotr&aacute;fico: tambi&eacute;n habla de segregaci&oacute;n, pobreza enquistada y de una Mallorca que durante mucho tiempo prefiri&oacute; mirar hacia otro lado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esther Ballesteros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/espectaculos/paca-matriarca-droga-inspirada-nueva-pelicula-lolita-flores_1_13261654.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 03:01:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/53587db9-0b5a-4e9e-9c00-5e827d555a71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="181352" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/53587db9-0b5a-4e9e-9c00-5e827d555a71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="181352" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Paca, la matriarca de la droga en la que está inspirada la nueva película de Lolita Flores]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/53587db9-0b5a-4e9e-9c00-5e827d555a71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cine,Narcotráfico,Mallorca,Lolita Flores]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
