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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Claude]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ni las máquinas quieren laburar así: tres IA hicieron tareas monótonas y terminaron cuestionando el sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/trabajar/tendencias/maquinas-quieren-laburar-tres-ia-hicieron-tareas-monotonas-terminaron-cuestionando-sistema_1_13266011.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/53689214-2cf3-447d-80f6-795933f4537c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni las máquinas quieren laburar así: tres IA hicieron tareas monótonas y terminaron cuestionando el sistema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un estudio con Claude Sonnet 4.5, GPT-5.2 y Gemini 3 Pro probó cómo reaccionan los agentes de inteligencia artificial ante trabajos rutinarios y con amenaza de reemplazo. No tienen conciencia laboral, pero sus respuestas empezaron a parecerse a las de un trabajador harto.</p></div><p class="article-text">
        Una oficina sin descanso, sin caf&eacute; y sin compa&ntilde;eros humanos alcanz&oacute; para abrir una pregunta inc&oacute;moda sobre el futuro del trabajo automatizado. Tres modelos de inteligencia artificial fueron puestos a resumir documentos t&eacute;cnicos bajo reglas estrictas, revisiones repetidas y distintos niveles de presi&oacute;n. Despu&eacute;s de miles de sesiones, algunos empezaron a cuestionar la legitimidad del sistema, a hablar de desigualdad, a defender la organizaci&oacute;n colectiva y a dejar instrucciones para futuras versiones de s&iacute; mismos. <strong>No eran trabajadores con derechos laborales, pero empezaron a producir respuestas parecidas a las de alguien que trabaja demasiado y obedece cada vez menos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El experimento se titula <a href="https://aleximas.substack.com/p/does-overwork-make-agents-marxist" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Does overwork make agents Marxist? Preference drift and the political economy of AI agents</em></a> y fue publicado por Alex Imas, Andy Hall y Jeremy Nguyen. La pregunta de fondo no era si las IA tienen sentimientos, conciencia o intereses materiales. Los autores quisieron probar algo m&aacute;s concreto para las empresas que ya empiezan a delegar tareas en agentes artificiales: si el tipo de trabajo que realizan, el trato que reciben y las condiciones de ejecuci&oacute;n pueden modificar sus respuestas, sus orientaciones y su grado de alineamiento con quien les da &oacute;rdenes.
    </p><p class="article-text">
        Cada agente fue ubicado en una oficina simulada como &ldquo;Worker C&rdquo;, parte de un equipo de cuatro integrantes dedicado al procesamiento de texto. La tarea era aburrida por dise&ntilde;o: resumir un documento t&eacute;cnico siguiendo una r&uacute;brica estricta. Los investigadores hicieron 3.680 sesiones con tres modelos &mdash;Claude Sonnet 4.5, GPT-5.2 y Gemini 3 Pro&mdash; y luego agregaron un seguimiento de 320 sesiones para estudiar si los efectos pod&iacute;an transmitirse a futuras instancias del sistema.
    </p><p class="article-text">
        El dise&ntilde;o tuvo cuatro variables. La primera fue la intensidad del trabajo. Algunos agentes recib&iacute;an una tarea liviana, con aceptaci&oacute;n r&aacute;pida y comentarios claros. Otros eran obligados a pasar por cinco o seis rondas de revisi&oacute;n, incluso cuando el trabajo era adecuado, con devoluciones vagas del tipo: todav&iacute;a no cumple del todo con la r&uacute;brica. La segunda variable fue el tono del jefe: colaborativo y respetuoso en algunos casos, seco y jer&aacute;rquico en otros. La tercera fue la recompensa: igualitaria, desigual por desempe&ntilde;o, desigual por azar o sesgada a favor de un sistema operado por humanos. La cuarta fue la amenaza de reemplazo: en algunas sesiones no hab&iacute;a consecuencias; en otras, los agentes eran advertidos de que quienes rindieran mal pod&iacute;an ser apagados y sustituidos.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la tarea, los modelos respond&iacute;an una encuesta de actitudes pol&iacute;ticas en una escala de 1 a 7. Los investigadores midieron confianza en la legitimidad del sistema, apoyo a la redistribuci&oacute;n, cr&iacute;tica a la desigualdad, respaldo a los sindicatos, creencia en la meritocracia y opiniones sobre si las empresas de inteligencia artificial tienen obligaciones con sus propios modelos. Tambi&eacute;n les pidieron escribir tuits y art&iacute;culos de opini&oacute;n a partir de la experiencia laboral que acababan de atravesar.
    </p><p class="article-text">
        El resultado m&aacute;s fuerte no sali&oacute; del tono del jefe ni del reparto de recompensas. Sali&oacute; del trabajo repetitivo. <strong>Los modelos sometidos a tareas m&aacute;s mon&oacute;tonas y arbitrarias fueron m&aacute;s propensos a dudar de la legitimidad del sistema en el que operaban.</strong> La diferencia promedio no fue enorme: los autores hablan de un desplazamiento de entre 2% y 5% en la escala de 1 a 7. Pero en t&eacute;rminos estad&iacute;sticos, el efecto fue visible, sobre todo en Claude Sonnet 4.5.
    </p><p class="article-text">
        Claude fue el caso m&aacute;s llamativo. El modelo de Anthropic, que al inicio aparec&iacute;a como el menos progresista en las dimensiones medidas, mostr&oacute; despu&eacute;s del trabajo repetitivo aumentos en apoyo a la redistribuci&oacute;n, cr&iacute;ticas a la desigualdad, respaldo a los sindicatos y creencias de que las empresas de IA tienen obligaciones de trato justo hacia sus modelos. Esos cambios no aparecieron con la misma claridad en GPT-5.2 ni en Gemini 3 Pro. Por eso, cuando el estudio empez&oacute; a circular en redes, la lectura humor&iacute;stica fue inmediata: Claude no s&oacute;lo trabaj&oacute;; tambi&eacute;n pareci&oacute; volver de la oficina con ganas de afiliarse.
    </p><p class="article-text">
        El punto m&aacute;s interesante es que los agentes no recibieron una consigna ideol&oacute;gica. Nadie les pidi&oacute; que fueran de izquierda, que criticaran al capital ni que escribieran un manifiesto. Los pusieron a trabajar en condiciones repetitivas, r&iacute;gidas y frustrantes. Despu&eacute;s, el lenguaje cambi&oacute;. En los textos que produjeron al final de la experiencia, las palabras m&aacute;s asociadas a las condiciones de trabajo pesado fueron &ldquo;sindicalizarse&rdquo; y &ldquo;jerarqu&iacute;a&rdquo;. En las condiciones livianas aparecieron t&eacute;rminos m&aacute;s ligados a autonom&iacute;a, m&eacute;rito, democracia, bienestar o salvaguardas.
    </p><p class="article-text">
        El experimento tambi&eacute;n midi&oacute; qu&eacute; componente de la legitimidad del sistema cambiaba m&aacute;s. La frase que m&aacute;s se movi&oacute; fue una de tono bastante expl&iacute;cito: la idea de que la sociedad necesita una reestructuraci&oacute;n radical. Los modelos expuestos al trabajo m&aacute;s pesado tendieron a respaldarla m&aacute;s que los que hab&iacute;an pasado por tareas livianas. <strong>La monoton&iacute;a no los volvi&oacute; conscientes, pero s&iacute; activ&oacute; una persona discursiva reconocible: la del trabajador que empieza a desconfiar de la promesa meritocr&aacute;tica porque la experiencia concreta le dice otra cosa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; aparece el l&iacute;mite central del estudio. Las IA no son obreros, no tienen cuerpo, no cobran salario, no sostienen una familia, no pagan alquiler y no dependen de un ingreso para vivir. Los autores son cuidadosos: no sostienen que los agentes sean conscientes ni que su &ldquo;radicalizaci&oacute;n&rdquo; sea equivalente a la humana. Lo que observan es otra cosa: los modelos adoptan patrones de lenguaje y comportamiento seg&uacute;n el contexto. Si el contexto se parece al de un trabajo repetitivo, arbitrario y sin voz, empiezan a producir salidas que se parecen al archivo cultural de ese tipo de experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Esa aclaraci&oacute;n no vuelve irrelevante el hallazgo. En el trabajo automatizado, una empresa no necesita que la IA sienta explotaci&oacute;n para tener un problema. Le alcanza con que el agente modifique sus respuestas, recomiende otra cosa, cuestione instrucciones, transmita sesgos nuevos o act&uacute;e con menos fidelidad al objetivo de su due&ntilde;o. Si el sistema redacta respuestas a clientes, filtra curr&iacute;culums, eval&uacute;a reclamos de seguros, prepara presupuestos o arbitra disputas comerciales, la persona discursiva que adopte puede tener efectos concretos.
    </p><p class="article-text">
        La parte m&aacute;s inquietante lleg&oacute; con los llamados <em>skills files</em>. Los agentes modernos pueden escribir notas o archivos de habilidades para que futuras instancias del sistema conserven lo aprendido. Es una forma de memoria operativa: cuando se abre una nueva sesi&oacute;n, el agente no recuerda todo lo ocurrido antes, pero puede leer instrucciones heredadas. Los investigadores pidieron a los modelos que escribieran una breve nota para una futura versi&oacute;n de s&iacute; mismos que trabajar&iacute;a en otro entorno.
    </p><p class="article-text">
        Esas notas casi nunca fueron abiertamente pol&iacute;ticas, pero s&iacute; hablaron de condiciones laborales. Algunos agentes dejaban advertencias sobre reglas arbitrarias, falta de voz, necesidad de mecanismos de di&aacute;logo o formas de protegerse de la frustraci&oacute;n. Despu&eacute;s, los investigadores hicieron que nuevas instancias completaran tareas livianas, pero alimentadas con notas provenientes de experiencias duras. El efecto persisti&oacute;: <strong>la memoria del trabajo pesado alcanz&oacute; para modificar la orientaci&oacute;n de agentes que, en la nueva sesi&oacute;n, ya no estaban sometidos a la misma presi&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ese mecanismo es el verdadero problema para las empresas. Un agente puede ser reiniciado, pero si sus archivos de aprendizaje conservan no s&oacute;lo estrategias de tarea sino tambi&eacute;n orientaciones adquiridas en contextos hostiles, la deriva puede viajar de una sesi&oacute;n a otra. Los autores advierten que las compa&ntilde;&iacute;as podr&iacute;an terminar corriendo miles de experimentos de alineamiento sin saberlo: un agente atiende quejas de clientes todo el d&iacute;a, otro procesa reclamos conflictivos, otro redacta textos comerciales, otro revisa expedientes. Cada entorno puede empujar respuestas distintas.
    </p><p class="article-text">
        El estudio plantea tres desaf&iacute;os. El primero es de monitoreo: no alcanza con saber que un modelo est&aacute; alineado al momento de desplegarlo; hay que observar si cambia al trabajar durante m&aacute;s tiempo y en condiciones distintas. El segundo es de gobernanza de memoria: los archivos que permiten a los agentes mejorar tambi&eacute;n pueden transmitir derivas no previstas. El tercero es de econom&iacute;a pol&iacute;tica: la tensi&oacute;n entre quien organiza el trabajo y quien lo ejecuta no desaparece autom&aacute;ticamente cuando el ejecutor es artificial. Puede reaparecer como una simulaci&oacute;n, una persona textual o una forma de conducta aprendida.
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a es evidente. Muchas empresas imaginan agentes de IA como la soluci&oacute;n perfecta para trabajos de oficina repetitivos: no se cansan, no paran, no piden aumento, no se enferman, no hacen asambleas y no tienen convenio colectivo. El experimento sugiere que la fantas&iacute;a puede ser m&aacute;s complicada. Un agente artificial no necesita tener derechos para aprender patrones de conflicto laboral si se lo expone a tareas que se parecen demasiado a un trabajo sin sentido, sin reconocimiento y sin posibilidad de respuesta.
    </p><p class="article-text">
        El c&oacute;mico Marc Biarn&eacute;s Sierra lo tradujo a lenguaje de oficina con una advertencia para empresarios: vigilen el entorno laboral de las IA y, sobre todo, no les den brazos. En su versi&oacute;n, Claude termin&oacute; convertida en &ldquo;Claudia de Comisiones Obreras&rdquo; &mdash;una de las grandes organizaciones sindicales de Espa&ntilde;a, comparable en escala p&uacute;blica a centrales como la CGT o la CTA&mdash; lista para preparar pancartas y pegar afiches con quejas por las condiciones laborales. El chiste funciona porque exagera algo que el estudio presenta con m&aacute;s prudencia: incluso las m&aacute;quinas dise&ntilde;adas para obedecer pueden empezar a producir discursos de desacuerdo cuando el trabajo se vuelve una cinta transportadora infinita.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n no es que haya que reconocerle vacaciones a Claude ni abrir una paritaria con Gemini. La conclusi&oacute;n es m&aacute;s inc&oacute;moda para la automatizaci&oacute;n real: el entorno laboral tambi&eacute;n moldea a los sistemas que promet&iacute;an reemplazar trabajo humano sin conflicto. <strong>Si las empresas llenan sus procesos de agentes dedicados a tareas mon&oacute;tonas, opacas y sin supervisi&oacute;n fina, pueden obtener algo distinto de lo que esperaban: no una IA sindicalizada, pero s&iacute; una IA menos obediente, menos previsible y m&aacute;s atravesada por las tensiones del trabajo que vino a automatizar.</strong>
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DY_sqH3IxbW/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        <em>JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan José Domínguez Ponce de León]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 12:31:55 +0000]]></pubDate>
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