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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Jorge Álvarez]]></title>
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      <title><![CDATA[Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pequenas-anecdotas-instituciones_129_13356700.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41e2d62b-1cf5-403b-8fd7-860374267d68_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146733.jpg" width="932" height="524" alt="Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la última época de Sui Generis, Charly García dejó atrás la canción juvenil de tono íntimo y abrió una etapa más crítica, irónica y musicalmente ambiciosa. Ese giro combinó sensibilidad personal, lectura aguda de la Argentina y una búsqueda sonora más compleja, que anticipaba buena parte de su obra posterior. Fragmento de "Hoy desperté cantando esta canción. Canciones populares: una historia argentina", el nuevo libro de Diego Fischeman.</p></div><p class="article-text">
        Si la revoluci&oacute;n de Luis Alberto Spinetta con <em>Artaud</em> hab&iacute;a encarnado en la b&uacute;squeda de intimidad, la de Sui Generis, con <em>Peque&ntilde;as an&eacute;cdotas sobre las instituciones</em>, podr&iacute;a pensarse en un sentido casi contrario, el de la apertura al mundo circundante. Ambos discos fueron publicados en 1974 y tienta laposibilidad de leer all&iacute; los remezones de la violencia pol&iacute;tica de entonces: la Triple A, la militarizaci&oacute;n de parte del peronismo y de la izquierda, los decretos de exterminio, las persecuciones y exilios forzados, los asesinatos a plena luz del d&iacute;a y la agon&iacute;a democr&aacute;tica. Abundan los trabajos universitarios que recorren ese camino. Y hubo tambi&eacute;n periodistas que, a partir de datos modestos e interpretaciones ampulosas, construyeron para el rock argentino una leyenda de politizaci&oacute;n y resistencia que contrasta con la escasez de ejemplos comprobables.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, existe, alrededor del &uacute;ltimo disco de estudio de Sui Generis, una historia ver&iacute;dica que lo sit&uacute;a en una posible pol&eacute;mica atinente a la politizaci&oacute;n &mdash;o su falta&mdash; de aquello que se englobaba como &ldquo;rock nacional&rdquo;. Y el nexo volvi&oacute; a ser Jorge &Aacute;lvarez, aquel editor de la obra de Rodolfo Walsh cuya mano derecha era la pareja del escritor, Pir&iacute; Lugones, y que, al mismo tiempo, fund&oacute; Mandioca, el primer sello discogr&aacute;fico dedicado exclusivamente a la m&uacute;sica juvenil argentina, en sus vertientes m&aacute;s contestatarias, por lo menos desde el punto de vista musical. El cat&aacute;logo de aquel sello inclu&iacute;a, junto a nombres olvidables y olvidados, a Moris, a Miguel Abuelo, al primer Vox Dei y a Manal, un grupo que, por lo menos en sus comienzos, circul&oacute; por ambientes m&aacute;s amplios que los del rock &mdash;actores, cineastas, escritores y artistas pl&aacute;sticos&mdash; y m&aacute;s permeables a la pol&iacute;tica y sus definiciones.
    </p><p class="article-text">
        En rigor, m&aacute;s all&aacute; de cualquier fantas&iacute;a fundadora, el rock y la pol&iacute;tica eran como rectas alabeadas. No es que no se tocaran sino que transcurr&iacute;an en planos diferentes. El propio &Aacute;lvarez, que mantuvo contactos significativos con ambos mundos, reconoc&iacute;a esa incompatibilidad y era sumamente cr&iacute;tico con los m&uacute;sicos de rock. En una notable entrevista realizada por Mar&iacute;a Moreno, en 2012, para el suplemento Radar de P&aacute;gina/12, el creador de Mandioca y luego de Talent contaba: &ldquo;Yo ayudaba en las letras si se cruzaba un disparate por el medio. Cambi&eacute; muchas palabras de La Biblia de Vox Dei porque los m&uacute;sicos de rock en general, y estos en particular, no ten&iacute;an formaci&oacute;n literaria, ni le&iacute;an los peri&oacute;dicos (no s&eacute; c&oacute;mo hicimos un movimiento de rock con eso). Yo creo que, gracias al Di Tella, las Marta Minuj&iacute;n, los Roberto Villanueva, se hab&iacute;an filtrado entre los m&uacute;sicos de rock de cierto estamento. Y en la Argentina no hab&iacute;a poetas en el rock. El &uacute;nico poeta que existi&oacute; realmente en el rock fue Spinetta. Los m&uacute;sicos est&aacute;n muy poco interesados en la cultura. Chupar de ellos solo se puede en el caso de Spinetta o en el caso de Javier Mart&iacute;nez, que a veces se pon&iacute;a creativo con las letras pero, si no, es imposible: no leen, no saben lo que pasa en la realidad. &iquest;Qu&eacute; se debe pensar de unos tipos que se vanaglorian de que hace treinta d&iacute;as que no leen el diario o hace veinte a&ntilde;os que no saben lo que pasa en el mundo?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero lo cierto es que esa preocupaci&oacute;n tuvo por lo menos un efecto palpable. &Aacute;lvarez esperaba que sucediera algo que, posiblemente, hab&iacute;a intuido como posible al crear Mandioca. Que la rebeld&iacute;a juvenil del naciente rock en castellano fuera menos solipsista. Que sus letristas se preocuparan menos por los cortes de pelo y m&aacute;s por los asesinatos de estudiantes o sindicalistas. Al menos, que registraran en sus canciones &mdash;como s&iacute; lo hab&iacute;a hecho Moris en sus comienzos&mdash; tipolog&iacute;as urbanas y personajes m&aacute;s all&aacute; de Plaza Francia o el bar La Cueva. Y el editor apost&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Su primera ficha fue David Vi&ntilde;as, el escritor que hab&iacute;a recorrido en su obra narrativa los grandes temas de la historia argentina reciente, desde la Semana Tr&aacute;gica y las Guardias Blancas que destrozaban los negocios de los jud&iacute;os (<em>En la semana tr&aacute;gica</em>), o los fusilamientos de la Patagonia durante el gobierno de Yrigoyen (<em>Los due&ntilde;os de la tierra</em>), hasta la gestaci&oacute;n del golpe del 66 (<em>Hombres de a caballo</em>), o, en otro registro, el mundo intelectual y art&iacute;stico de finales de la d&eacute;cada anterior (<em>Dar la cara</em>). Vi&ntilde;as era, adem&aacute;s, quien hab&iacute;a analizado la historia de la literatura argentina desde una perspectiva entonces in&eacute;dita (en <em>Literatura argentina y realidad pol&iacute;tica</em>). Y era un militante pol&iacute;tico, ligado en ese momento al PCR (Partido Comunista Revolucionario), de tendencia mao&iacute;sta. La otra apuesta fue Charly Garc&iacute;a, el m&aacute;s prometedor<em> </em>de los nuevos autores del rock, un joven de 22 a&ntilde;os que llamaba la atenci&oacute;n por dos motivos. Por un lado, hab&iacute;a mostrado, adem&aacute;s de imaginaci&oacute;n en el aspecto musical, sensibilidad y una nada habitual iron&iacute;a para hablar de cosas cercanas, incluyendo entre ellas sus miedos: la soledad; la vejez; la muerte. Por el otro &mdash;algo que a &Aacute;lvarez no le pasaba desapercibido&mdash;, era el m&aacute;s vendedor de todos ellos.
    </p><p class="article-text">
        Vi&ntilde;as y Garc&iacute;a se encontraron. Nadie sabe exactamente cu&aacute;ntas veces ni de qu&eacute; hablaron. El m&uacute;sico nunca cont&oacute; nada al respecto y el escritor le cont&oacute; a alguien, que a su vez lo repiti&oacute; &mdash;y vaya a saberse con qu&eacute; grado de fidelidad&mdash;, que se hab&iacute;a decepcionado. Alg&uacute;n periodista lleg&oacute; a escribir que Garc&iacute;a fue a un par de reuniones del PCR, pero no existe prueba alguna de que tal cosa haya sucedido. Lo cierto es que en 1974 hubo un disco que surgi&oacute; de esos encuentros y que, a la vez, tomaba como eje conceptual las instituciones argentinas &mdash;comenzando con el matrimonio y llegando al ej&eacute;rcito y la censura&mdash; y ampliaba su horizonte musical al rock progresivo, entendido no simplemente como algo opuesto a &ldquo;lo complaciente&rdquo;, o sea los productos m&aacute;s comerciales &mdash;un sentido que hab&iacute;a impuesto localmente la revista <em>Pelo</em>&mdash;, sino como indicador de una cierta complejidad &mdash;y de la complejidad aceptada como valor&mdash;, tal como se entend&iacute;a esa nomenclatura en Inglaterra.
    </p><p class="article-text">
        El disco se iba a llamar <em>Instituciones</em>, a secas, y &Aacute;lvarez busc&oacute; suavizarlo con lo de &ldquo;peque&ntilde;as an&eacute;cdotas&rdquo;. El disco tuvo, como dise&ntilde;ador de portada, al mismo de <em>Artaud</em>, Juan Gatti &mdash;un artista que ven&iacute;a del Di Tella&mdash;. El disco iba a incluir dos canciones que el sello decidi&oacute; omitir, &ldquo;Juan Represi&oacute;n&rdquo; y &ldquo;Botas locas&rdquo;. Y varias de las letras que s&iacute; estuvieron fueron cambiadas. Fue el &aacute;lbum m&aacute;s esperado de Sui Generis &mdash;se vendieron 25.000 unidades por anticipado&mdash; y fue el que menos &eacute;xito tuvo despu&eacute;s. Fue para muchos &mdash;y para muchos m&aacute;s a lo largo de los a&ntilde;os&mdash; lo mejor de Sui Generis. Y fue, tambi&eacute;n para muchos, una desilusi&oacute;n. El d&uacute;o adolescente ya no estaba. Hab&iacute;a en cambio un cuarteto: se hab&iacute;an agregado Rinaldo Rafanelli en bajo y Juan Rodr&iacute;guez en bater&iacute;a, m&aacute;s una serie de instrumentistas adicionales entre quienes se contaron Carlos Cutaia en &oacute;rgano (en &ldquo;Tema de Natalio&rdquo;), Le&oacute;n Gieco en arm&oacute;nica (en &ldquo;Para qui&eacute;n canto yo entonces&rdquo;) y David Leb&oacute;n en guitarra el&eacute;ctrica (en &ldquo;Tango en segunda&rdquo;). Hab&iacute;a teclados de &uacute;ltima generaci&oacute;n en lugar de guitarras de fog&oacute;n. Y hab&iacute;a frases tajantes como &ldquo;Caigan las balas sanas aqu&iacute; / que las otras se har&aacute;n gritos. / Algo anda mal se&ntilde;or / &iquest;Qu&eacute; es eso rojo en su pantal&oacute;n?&rdquo;, en el final de una canci&oacute;n titulada &ldquo;El show de los muertos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sui Generis abordaba dos cambios a la vez y ambos fueron duraderos y sedimentaron a lo largo de la carrera solista de Garc&iacute;a. Uno ten&iacute;a que ver con las tem&aacute;ticas abordadas y el otro con la estructura de las canciones y su tratamiento instrumental. Pensar en un endurecimiento en ambos campos lleva, casi obligatoriamente, a entender uno como consecuencia del otro o, al menos, como frutos de b&uacute;squedas orientadas en un mismo sentido. Pero se incurrir&iacute;a en un error. Si bien resulta indiscutible el endurecimiento de las letras y el abandono de cierta ingenuidad juvenil, la relaci&oacute;n entre la radicalizaci&oacute;n literaria y el <em>prog-rock</em> es totalmente ajena a los propios valores y paradigmas de esa corriente y de su comunidad usuaria en la Argentina. Lo opuesto a ese folk ac&uacute;stico cultivado por Sui Generis hasta ese momento &mdash;un folk que pod&iacute;a ser muy duro en las letras, como lo demostraban Bob Dylan o Paul Simon&mdash; tal vez fuera el rock pesado. O el punk. Jam&aacute;s el rock progresivo, y mucho menos Genesis, la fuente m&aacute;s evidente del nuevo estilo de Garc&iacute;a &mdash;la elecci&oacute;n de los nuevos instrumentos de teclado que incorpor&oacute;, por ejemplo&mdash;, que era visto en la Argentina como un grupo blando, consumido por chicos ricos. La verdad es m&aacute;s sencilla y se debe a la mera coincidencia en el tiempo de sus encuentros con Vi&ntilde;as, sea lo que sea que all&iacute; se haya hablado, y su deslumbramiento por Genesis y posiblemente, Return to Forever y el primer Weather Report. O mejor, entre la informaci&oacute;n y aquellos capaces de crear algo propio a partir de ella. A una de las tantas intersecciones entre universos paralelos que, a lo largo de los siglos, produjeron lo mejor de la cultura humana.
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    </figure><p class="article-text">
        DF/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Diego Fischerman]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 16:08:52 +0000]]></pubDate>
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