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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Tamara Tenenbaum]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Tamara Tenenbaum]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Plaza mágica, Dura una eternidad y en un instante se acaba, el imperio romano y Jim Jarmusch]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/plaza-magica-dura-eternidad-instante-acaba-imperio-romano-jim-jarmusch_129_13338802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Plaza mágica, Dura una eternidad y en un instante se acaba, el imperio romano y Jim Jarmusch"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Male Rey y Tamara conversan sobre libros de Álvaro Abós y Anne de Marcken, la época favorita de Male y la nueva película de Jim Jarmusch.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast&nbsp;de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 13:56:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Plaza mágica, Dura una eternidad y en un instante se acaba, el imperio romano y Jim Jarmusch]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Cine,Literatura,Algo prestado,Tamara Tenenbaum,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No todo es una tremenda boludez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-tremenda-boludez_129_13320738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ed45676-0ea8-4e5b-801e-a515ab9f1e12_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No todo es una tremenda boludez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que ocurrió con la falsa noticia sobre Jorge Messi dejá al descubierto como muchos canales de streaming que viven en esa lógica de Instagram en la que todo tiene el mismo valor: una muerte, una anécdota estúpida sobre sexo, un chivo, un caso de corrupción, una denuncia de violencia.</p></div><p class="article-text">
        Nunca posteo cosas importantes en Instagram; me refiero a cosas serias, reivindicaciones pol&iacute;ticas, reclamos, homenajes o declaraciones. A qui&eacute;n le importa, dir&aacute;n ustedes, y yo les juro que digo lo mismo; lo llamativo es que le termina importando a mucha gente. Un femicidio, un esc&aacute;ndalo, una efem&eacute;ride, lo que sea: en un mundo sin intimidad, en el que se espera que una muestre todo lo que dice, hace y piensa, no mostrar es no decir, no hacer, no pensar. Es com&uacute;n, entonces, que ante lo que se entiende como un &ldquo;silencio&rdquo; (&ldquo;no posteaste nada sobre esto&rdquo;), una persona medianamente p&uacute;blica reciba una catarata de comentarios indignados. Escribo columnas, libros, a veces, si me invitan y creo que sirve para algo, hablo en alg&uacute;n medio o doy una charla, o una entrevista. &ldquo;No postear&rdquo;, sin embargo, se lee como una marca de indiferencia, e incluso de soberbia; de estar &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiero ser clara: no es por proteger mi intimidad que no subo ese tipo de posteos. De hecho s&iacute; pongo fotos de mi hija, por ejemplo, o de mi novio o mis amigas. Es sobre todo porque soy anticuada, soy solemne, y no me acostumbro a este mamarracho que vivimos en el que en el mismo soporte y en el lapso de treinta segundos veas las fotos del casamiento de alguien, una publicidad de zapatos, una protesta contra un genocidio y un plato de fideos mo&ntilde;ito. Me encanta la banalidad: mi Instagram, justamente, es un fest&iacute;n de banalidad. Pongo cosas de mi trabajo, fotos saliendo a comer con mis amigas, muchas fotos usando ropa que me gusta, mi hija hamac&aacute;ndose en la plaza, alguna actriz de Hollywood diciendo una frase que me resulta interesante, pavadas de toda clase. Pero por eso mismo me resulta inc&oacute;modo mechar, en el medio de todo eso, algo serio. Puedo hacer una excepci&oacute;n si se trata de convocar a alguna marcha, alg&uacute;n evento en lo que la difusi&oacute;n en tiempo real es importante, pero es eso, una excepci&oacute;n. Lo que pasa con la banalidad, o con la boludez, que es lo mismo, es que tiene un efecto impregnante sobre todo lo que lo rodea. Creo que con lo serio, lo solemne o lo sagrado sucede lo contrario: un comentario ceremonial en un &aacute;mbito liviano destaca, resalta, genera una sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza, pero no vuelve importante lo liviano. En cambio, lo liviano, justamente, aliviana: por eso nos gustan los chistes en los funerales, porque le sacan seriedad a un evento que nos gustar&iacute;a que fuera menos serio. Nos permiten pensar, por un rato, que todo fue en joda, que esto no est&aacute; pasando en serio. Ese efecto aplanador de lo ligero, lo rid&iacute;culo o lo boludo puede ser fant&aacute;stico, en un contexto de calidez: pero as&iacute; suelta, silvestre, la mezcla de lo banal con lo serio es c&iacute;nica. Banaliza. Le resta importancia a lo importante. Es lo que antes se sol&iacute;a llamar una falta de respeto, y hoy no tiene nombre porque ya ni nos llama la atenci&oacute;n. Al contrario: a mucha gente le parece bien. Mir&aacute; qu&eacute; admirable, se acord&oacute; de meter un reclamo por los femicidios en el medio de sus vacaciones en la playa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que ya est&aacute; todo dicho sobre la falsa noticia de la muerte del padre de Messi, pero ayer le&iacute; en X algo que me llam&oacute; la atenci&oacute;n: el periodismo siempre ha cometido errores; periodistas formados, con muchos productores trabajando y gente supuestamente entrenada en el chequeo de informaci&oacute;n. Pero Dolina, por caso, no hablaba de ciertas cosas en el medio de sus mon&oacute;logos divertidos. Si est&aacute;bamos boludeando, est&aacute;bamos boludeando. El problema de los canales de streaming, o uno de ellos, al menos, es que viven en esa l&oacute;gica de Instagram en la que todo tiene el mismo valor: una muerte, una an&eacute;cdota est&uacute;pida sobre sexo, un chivo, un caso de corrupci&oacute;n, una denuncia de violencia. Todo da exactamente igual, y lo que eso termina significando no es que todo es importante, sino que nada es importante. Es un efecto que parece ser una forma de la buena onda y en realidad es una forma del cinismo: una variante de ese optimismo cruel del que hablaba la te&oacute;rica Lauren Berlant. Es eso lo que nos incomoda del asunto de la muerte en Luzu, incluso m&aacute;s all&aacute; del chequeo o de la verdad o falsedad de la noticia. Es bueno que nos incomode; significa que nos queda algo de esos pudores anticuados, esos filtros de otra &eacute;poca que nos dicen que no toda formalidad es una paqueter&iacute;a que hay que sacarse de encima, que los l&iacute;mites entre una cosa y otra cumplen una funci&oacute;n que va m&aacute;s all&aacute; de lo ceremonial, que no puede ser que todo sea siempre una tremenda boludez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-tremenda-boludez_129_13320738.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jun 2026 03:01:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No todo es una tremenda boludez]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La regencia, El diablo viste a la moda 2, Olivia Rodrigo y  Marie NDiaye]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/regencia-diablo-viste-moda-2-olivia-rodrigo-marie-ndiaye_129_13320153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="La regencia, El diablo viste a la moda 2, Olivia Rodrigo y  Marie NDiaye"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Buji y Tamara hablan sobre la época preferida de Buji, la secuela de El diablo viste a la moda, el nuevo disco de Olivia Rodrigo y la autora francesa Marie NDiaye.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/regencia-diablo-viste-moda-2-olivia-rodrigo-marie-ndiaye_129_13320153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 11:37:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La regencia, El diablo viste a la moda 2, Olivia Rodrigo y  Marie NDiaye]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Música,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El oficio imposible de criar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/oficio-imposible-criar_129_13300156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/86684323-7fab-4a08-96be-6d9c7406c576_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El oficio imposible de criar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De Nora Ephron a Santiago Gerchunoff, una reflexión sobre cómo la crianza dejó de ser un vínculo para convertirse en una actividad profesionalizada, atravesada por la obsesión por optimizar a los hijos y por las exigencias que los adultos se imponen a sí mismos.</p></div><p class="article-text">
        Hace un par de a&ntilde;os, cuando empezaron a circular las traducciones de <strong>Nora Ephron</strong> editadas por Libros del Asteroide, volv&iacute; a leer sus libros de ensayos, que hab&iacute;a le&iacute;do en ingl&eacute;s de adolescente y en la universidad: hablo sobre todo de mis dos preferidos, <em>Ensalada loca</em> y<em> No me gusta mi cuello</em>. Desde esa primera relectura vuelvo a ellos cada tanto, m&aacute;s como una suerte de or&aacute;culo azaroso que todas las veces va a mostrarme algo distinto. Uno de mis &uacute;ltimos hallazgos fue &ldquo;La crianza en tres etapas&rdquo;, un ensayo sobre mapaternidad que, para sorpresa de nadie, mi yo de veintitr&eacute;s hab&iacute;a pasado por alto. Volv&iacute; a recordarlo estos d&iacute;as, despu&eacute;s de leer <a href="https://elpais.com/mamas-papas/2026-06-02/santiago-gerchunoff-filosofo-vemos-a-los-hijos-como-objetos-que-se-pueden-mejorar-como-si-fueran-coches-a-los-que-se-anaden-extras.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">esta entrevista que le hicieron en El Pa&iacute;s a </a><a href="https://elpais.com/mamas-papas/2026-06-02/santiago-gerchunoff-filosofo-vemos-a-los-hijos-como-objetos-que-se-pueden-mejorar-como-si-fueran-coches-a-los-que-se-anaden-extras.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Santiago Gerchunoff</strong></a> sobre su libro <em>En la era de los ni&ntilde;os cosa</em>, que tengo muchas ganas de conseguir y leer.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gerchunoff en la entrevista y Ephron en su ensayo (que es de 2006) hablan de un mismo fen&oacute;meno: la crianza como un saber profesional, algo en lo que hay que perfeccionarse como si se tratara una carrera universitaria o un nuevo puesto laboral. La palabra en ingl&eacute;s que usa Ephron en su ensayo es <em>parenting</em>, que est&aacute; muy bien traducida como <em>crianza </em>en su uso contempor&aacute;neo (compramos libros sobre crianza, hablamos con expertos en crianza) pero que podr&iacute;a traducirse tambi&eacute;n como &ldquo;paternar&rdquo;, para recoger el matiz verbal del original; especialmente porque Ephron lo diferencia de lo que hab&iacute;a antes, dice ella, que era madres y padres. Madre y padre son sustantivos, no verbos; ser madre o ser padre describe una situaci&oacute;n o una posici&oacute;n, no una <em>actividad</em>. El <em>parenting</em>, en cambio, es como el <em>running </em>o el <em>spinning </em>o el <em>trekking </em>o el <em>journaling</em>: cosas serias, no salir a caminar ni a andar en bici o anotar cositas. Son actividades solemnes, y sobre todo<em> exclusivas</em>: no algo que hac&eacute;s mientras hac&eacute;s otras cosas, sino algo a lo que se supone que deber&iacute;as dedicarle toda tu atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En las respuestas que Gerchunoff da a <em>El Pa&iacute;s</em>, el acento est&aacute; puesto (como en el t&iacute;tulo de su libro, que todav&iacute;a no le&iacute;) en el supuesto resultado que se espera de esta crianza intensiva. Los ni&ntilde;os, en su hip&oacute;tesis, son tratados como &ldquo;cosas&rdquo; a ser optimizadas, mejoradas, tuneadas. Le agrego a este ni&ntilde;o ingl&eacute;s, rob&oacute;tica o comida org&aacute;nica. Ephron tambi&eacute;n habla de eso: el <em>parenting</em> supone, escribe Ephron, que un hijo es una pedazo de arcilla que podemos modelar. Los pediatras que hac&iacute;an de gu&iacute;as de la paternidad en su &eacute;poca, dice Ephron (habla del c&eacute;lebre Doctor Spock, primero, y luego de un tal Berry Brazelton que habr&iacute;a estado de moda en los 80), tend&iacute;an a explicar que los ni&ntilde;os eran de una manera o de otra y que uno como madre o padre pod&iacute;a hacer un par de cosas, pero no demasiadas, para llevarlos hacia un lado o hacia otro. Estaba, dice Ephron, la idea de que un hijo ten&iacute;a su propia <em>personalidad</em>. Luego, dice Ephron, lleg&oacute; el <em>parenting</em>, que no se trataba ya de criar un hijo, sino de transformarlo, manipularlo, pulirlo: tal como dice Gerchunoff, <em>mejorarlo</em>. Creo que Ephron se enga&ntilde;a un poco: es cierto que la novedad es la tendencia a la optimizaci&oacute;n, pero no creo que antes de eso hubiera un respeto tan supremo a la individualidad de los hijos. De hecho, se esperaba que tus hijos te siguieran en tus costumbres, tu cultura, tu religi&oacute;n, a veces hasta tu profesi&oacute;n. S&iacute; est&aacute; claro, sin embargo, que a estas expectativas se les dedicaba mucho menos tiempo y atenci&oacute;n que la que dedican hoy la mayor&iacute;a de los padres a sus hijo; en parte, probablemente, porque alcanzaba con la disciplina, que en no pocos casos era solo una palabra elegante para la violencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; y todo, yo creo que el <em>parenting </em>no se trata tanto de los resultados: de hecho, los resultados son lo menos importante, incluso para los propios padres que lo ejercen (&iquest;lo ejercemos? Pongamos). Nora Ephron hace menci&oacute;n a algo de esto, en un par de p&aacute;rrafos breves que representan la parte m&aacute;s pol&iacute;ticamente incorrecta de su ensayo: para Ephron, la profesionalizaci&oacute;n de la crianza est&aacute; &iacute;ntimamente relacionada con el feminismo. Cuando las mujeres ingresan al mercado de trabajo y los hombres empiezan, gradualmente, a formar parte de la crianza, se hace necesario convertir a la paternidad en algo dif&iacute;cil, desafiante, algo que sea suficientemente complejo y respetable como para que lo haga un hombre. Conversamente, dice Ephron, el antifeminismo necesita hacer lo mismo: hace falta afirmar que la maternidad es dificil&iacute;sima, infinitamente compleja, que requiere tu atenci&oacute;n completa 24 horas, para justificar que la mujer que se dedica a eso no pueda hacer ninguna otra cosa (justificaci&oacute;n que puede venir tanto de una mujer que quiere hacer eso, dice Ephron, pero se siente culpable por no trabajar, como de quien quiere convencer de ser madre tiempo completo a una mujer que preferir&iacute;a otra cosa). Tanto al antifeminismo como al feminismo, entonces, dice Ephron, les <em>sirve</em> el <em>parenting</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso que Ephron tiene raz&oacute;n, y que ese deber&iacute;a ser el n&uacute;cleo del texto: al menos por lo que puedo ver desde afuera, conversando con padres y madres de ni&ntilde;os de todas las edades, la profesionalizaci&oacute;n de la crianza se trata mucho m&aacute;s de la subjetividad de los padres que de lo que sea que pase con los hijos. De hecho los rendimientos escolares de los chicos no parecen haber mejorado mucho, en t&eacute;rminos colectivos, ni siquiera entre los hijos <em>sobrecriados </em>de los sectores medios y altos (basta, para eso, hablar con los docentes, que no sentimentalizan los logros ni los fracasos de los ni&ntilde;os como hacemos sus propios padres); tampoco parece haber m&aacute;s pianistas prodigio o ni&ntilde;os matem&aacute;ticos, accidentes de la naturaleza que siguen ocurriendo con tanta excepcionalidad como siempre. A diferencia de lo que a veces se quiere decir, la paternidad intensiva no es una excepci&oacute;n al individualismo salvaje de la &eacute;poca, sino una extensi&oacute;n de &eacute;l, una manifestaci&oacute;n curiosa. Me gust&oacute;, de hecho, una frase de Ephron sobre esto: al &ldquo;tiempo de calidad&rdquo; del que tanto se habla hoy ella le opone el &ldquo;tiempo de cantidad&rdquo;. En eso sol&iacute;a consistir fundamentalmente, y sigue consistiendo, dice Ephron, la paternidad: un tiempo cantidad, repetitivo, desprovisto las m&aacute;s de las veces de la creatividad y glamour. Hacer cosas mientras uno piensa en otra cosa, hacerlas mal, hacerlas lo m&aacute;s r&aacute;pido posible, hacerlas y no mucho m&aacute;s.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/oficio-imposible-criar_129_13300156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 03:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El oficio imposible de criar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marco Polo, Corea del Norte, el Indio Solari y Medianeras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/marco-polo-corea-norte-indio-solari-medianeras_129_13299623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Marco Polo, Corea del Norte, el Indio Solari y Medianeras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Pablo Pryluka conversan sobre la época preferida de Pablo, las últimas novedades del régimen norcoreano, los Redondos y la película Medianeras.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/marco-polo-corea-norte-indio-solari-medianeras_129_13299623.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 11:44:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marco Polo, Corea del Norte, el Indio Solari y Medianeras]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Indio Solari,Corea del Norte,Cine,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La muerte del azar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/muerte-azar_129_13281774.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d0179d0-0401-465d-b7aa-ccb8eb6346b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La muerte del azar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quince años después de Medianeras, la película funciona como una cápsula de un mundo que todavía dejaba espacio para los encuentros fortuitos. Qué perdimos cuando internet dejó de ser un territorio anónimo y la vida empezó a estar atravesada por la información permanente.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Pero claro, &iquest;no viste la pel&iacute;cula?&rdquo;, le pregunto a un amigo cuando, en una conversaci&oacute;n sobre el edificio que est&aacute;n construyendo al lado de mi PH, noto que no sabe que es ilegal construir ventanas en medianera. Mucha gente no vio <em>Medianeras</em>: los que piensan que antes de la pandemia era f&aacute;cil conocer gente, o que internet fue siempre esta nafta de la angustia que es hoy, y no un b&aacute;lsamo para la soledad en el mejor de los sentidos, de acompa&ntilde;arla o enmendarla seg&uacute;n correspondiera.
    </p><p class="article-text">
        Yo vi <em>Medianeras </em>en el cine hace quince a&ntilde;os, y la volv&iacute; a ver hace unos d&iacute;as en HBO. Para quienes nunca oyeron hablar de ella, es una especie de <em>Tienes un e-mail </em>porte&ntilde;a; naturalmente sali&oacute; m&aacute;s de diez a&ntilde;os despu&eacute;s que la pel&iacute;cula de <strong>Nora Ephron</strong> con <strong>Meg Ryan</strong> y <strong>Tom Hanks</strong>, porque las personas normales que protagonizan <em>Medianeras </em>no hubieran conocido a nadie por internet en 1998 en Buenos Aires. Lo gracioso, o lo interesante, es que<em> Medianeras </em>tiene otra similitud con <em>Tienes un e-mail</em>: ambas ponen a la ciudad, su funcionamiento y sus transformaciones, en el centro del romance.
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        En <em>Tienes un e-mail</em>, el crecimiento econ&oacute;mico de Nueva York era uno de los motores de la trama. Kathleen Kelly, el personaje de Meg Ryan, tiene una peque&ntilde;a librer&iacute;a para ni&ntilde;os cuando una cadena inspirada en Barnes &amp; Noble decide instalarle enfrente un local que la va a fundir. El personaje de Hanks, Joe Fox, es el due&ntilde;o de la cadena, y los dos empiezan una relaci&oacute;n por internet sin saber qui&eacute;n es qui&eacute;n. En <em>Medianeras</em>, el tema de la ciudad est&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s al frente: ya desde el t&iacute;tulo, por supuesto, pero tambi&eacute;n desde el principio de la pel&iacute;cula. Los personajes de Mart&iacute;n (Javier Drolas) y Mariana (Pilar L&oacute;pez de Ayala) reflexionan en off, en mon&oacute;logos casi teatrales, sobre la vida en Buenos Aires y los peque&ntilde;os departamentos oscuros que habitan. Las historias de amor, desamor, sexo y falta de sexo que van atravesando est&aacute;n profundamente marcadas por la geograf&iacute;a: lugares provisorios, un poco anodinos, marcados por una precariedad que no llega a ser pobreza pero da pena igual. La sensaci&oacute;n es que esos lugares son el espejo de sus vidas: son espacios de mientras tanto, que a los veintipico son una suerte de promesa de que alguna vez llegar&aacute; algo mejor y a los treinta y pico ya parecen una condena a una existencia en borrador, un boceto mal hecho, una joda que era joda y qued&oacute;. As&iacute; son tambi&eacute;n los trabajos de estos personajes; sus d&iacute;as, sus rutinas e incluso sus relaciones. En ese sentido, <em>Medianeras</em> es bastante distinta de <em>Tienes un e-mail. </em>Algo en la oscuridad del lugar del que parten los personajes, aunque despu&eacute;s lleguen al final feliz, delata los trece a&ntilde;os que separan a ambas pel&iacute;culas. <em>Medianeras</em> todav&iacute;a tiene alguna esperanza en el mundo, pero ya va quedando menos que en los tard&iacute;os 90: menos fe en la econom&iacute;a, menos ilusi&oacute;n en las relaciones, menos confianza en que la adultez nos deparar&aacute; algo mejor, o al menos algo distinto.
    </p><p class="article-text">
        Pero algo quedaba, y por eso creo que <em>Medianeras</em> es la &uacute;ltima comedia rom&aacute;ntica veros&iacute;mil. Lo que me hizo pensar este regreso a la pel&iacute;cula es que el g&eacute;nero romcom est&aacute; mucho m&aacute;s atado de lo que una podr&iacute;a suponer a una cierta experiencia del espacio p&uacute;blico. Estas &uacute;ltimas romcoms, las que empiezan a hacer aparecer a internet, siempre terminan o empiezan en un encuentro fortuito en la vida real. Pienso en los intentos posteriores que vi de incursiones en el g&eacute;nero y veo que tienden a obviar casi por completo a internet: nadie quiere ver la historia de una pareja que se conoce por Instagram. Hacen una suerte de vuelta atr&aacute;s: la gente se conoce en recitales, en casamientos, como si fueran los 80. En el internet de las redes sociales donde todos tenemos nombre y apellido para forzar lo fortuito hay que sacar a los celulares del medio: nadie puede decirle &ldquo;&iquest;sos vos?&rdquo; como si fuera un misterio a alguien a quien ya ha stalkeado hasta verle las fotos del secundario. Cuando pienso, entonces, en por qu&eacute; es dif&iacute;cil escribir una comedia rom&aacute;ntica que no se sienta retro pienso sobre todo en esto: no que internet sea fr&iacute;o porque se trate de m&aacute;quinas, sino que lo que mata al romance, tal como lo conocemos, es el poco espacio que la vida atravesada por la informaci&oacute;n y el c&aacute;lculo deja a la casualidad. Para conocer a alguien en la calle, o en un bar, o en la universidad, hay que tener tiempo desorganizado en espacios igualmente desorganizados. Hay que hacerle un lugar al caos que internet supo tener, en sus inicios de anonimato, pero que ya no tiene hoy. Ya no queda nada an&oacute;nimo en el mundo, ni el de los &aacute;tomos ni el de las pantallas; todas las cosas han sido nombradas, como en el G&eacute;nesis cuando termina la creaci&oacute;n del mundo y solo queda vivir.
    </p><p class="article-text">
        No es solo un tema del romance, o al menos del romance en sentido literal. Estos d&iacute;as estuve leyendo los relatos de duelo por el Indio que me cruc&eacute; en las redes sociales. Casi todos est&aacute;n contados como una historia de amor: se cuenta cu&aacute;ndo conoci&oacute; el narrador o narradora a los Redondos, y por supuesto, nunca es por internet. Siempre es por casualidad. Te lo presenta un amigo o una amiga. Un novio te lleva a un recital o te comparte un cassette. Te lo muestran tus padres, o al rev&eacute;s, se los mostr&aacute;s vos a tus padres, buscando algo para compartir. Hay muchas razones por las que es imposible pensar que hoy surja una figura como la del Indio, pero una es esta, la misma por la que es dif&iacute;cil escribir un cuento de amor con cierta &eacute;pica que no suene extempor&aacute;neo: no es la calidad, no es el mainstream, ni siquiera es el capitalismo. Es la muerte casi total del azar, esa especie en extinci&oacute;n que no estamos teniendo el tiempo ni la energ&iacute;a para proteger.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/muerte-azar_129_13281774.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jun 2026 03:02:38 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El papa, On the Rag, Londres en los 60 y La casa de los espíritus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/papa-on-the-rag-londres-60-casa-espiritus_129_13281232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="El papa, On the Rag, Londres en los 60 y La casa de los espíritus"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Gino Cingolani hablan sobre la encíclica papal sobre la AI, una app de chismes, la época preferida de Gino y una nueva adaptación de Isabel Allende.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/papa-on-the-rag-londres-60-casa-espiritus_129_13281232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 12:38:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[León XIV,Londres,Isabel Allende,Series,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dar que hablar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dar-hablar_129_13263944.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1e44718-8cab-4416-ab51-0c5fd214cbfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dar que hablar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En nombre de la concientización y la prevención, la cobertura de los femicidios acumula perfiles, testimonios y detalles íntimos de víctimas y familiares. Este texto pone en cuestión cuánto de esa información contribuye a entender la violencia machista y cuánto responde a una lógica de consumo y morbo.</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si es de mala feminista (&iquest;se sigue usando el concepto? Se siente profundamente extempor&aacute;neo, como cuando se hab&iacute;a reapropiado el concepto de mala madre), pero la realidad es que no sigo las noticias policiales, y no suelo hacer una excepci&oacute;n con los femicidios. No soy experta en el tema, no tengo grandes cosas para decir ni para pensar; trato de leer la data que se produce sobre violencia, eso s&iacute;, sobre tendencias o pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, pero no siento que le sume a nada a nadie mi consumo del minuto a minuto de un crimen. Quiz&aacute;s me equivoco. Quiz&aacute;s es una responsabilidad c&iacute;vica amplificar esa informaci&oacute;n aunque una no tenga nada que sumar, o al menos leerla. Realmente no lo veo. De hecho me pregunto, cada vez m&aacute;s, por la pertinencia de la comunicaci&oacute;n de los detalles sobre una chica, una familia, un barrio o un pueblo; detalles que se nos comunican como si debieran decirnos algo, pero que sin la mediaci&oacute;n de un especialista rara vez dicen nada, y a menudo ni con eso. En la era de la sobreinformaci&oacute;n, decir que la informaci&oacute;n es <em>poder </em>es como m&iacute;nimo enga&ntilde;oso. No cualquier informaci&oacute;n es poder; alguna ni siquiera es m&aacute;s que un chisme, un alimento para una conversaci&oacute;n de ascensor morbosa en la que la muerte y la violencia sexual se vuelven de pronto un tema posible cuando una se ha cansado del clima o el tr&aacute;nsito.
    </p><p class="article-text">
        Creo que a veces nos salteamos demasiado r&aacute;pido esta discusi&oacute;n. Decimos que lo que hace falta es m&aacute;s <em>periodismo feminista</em>, o una <em>perspectiva feminista</em>; lo digo en primera persona porque seguramente lo he hecho yo misma. Es probable que esas afirmaciones sean ciertas, pero solo en un sentido trivial, en el mismo sentido en que es cierto que para no hacer sensacionalismo hace falta hacer <em>buen periodismo</em>. He le&iacute;do gu&iacute;as de buenas pr&aacute;cticas, he ido a talleres, y creo que no tenemos un consenso firme ni satisfactorio sobre qu&eacute; ser&iacute;a una perspectiva feminista sobre un caso policial; cuando digo satisfactorio me refiero, concretamente, a que a m&iacute; no me satisface. Se habla de comunicar &ldquo;el contexto&rdquo; de un crimen, el &ldquo;contexto&rdquo; de cada mujer, de manera respetuosa: pero incluso sin ir a buscar nada escabroso, &iquest;qu&eacute; informaci&oacute;n nos da c&oacute;mo viv&iacute;a una v&iacute;ctima? &iquest;A qu&eacute; colegio iba, de qu&eacute; trabajaba, si sus padres estaban juntos o separados, si ten&iacute;a buena o mala relaci&oacute;n con sus hijos, sus ex maridos, sus vecinos, si ganaba poco, mucho, o ning&uacute;n dinero?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n con el caso de Agostina, la chica asesinada cuyos restos fueron hallados estos d&iacute;as por la polic&iacute;a, la discusi&oacute;n aparece dominada por la pregunta de qui&eacute;n es m&aacute;s responsable de lo que le pas&oacute; a ella, si su madre o su padre. M&aacute;s all&aacute; del revoleo acusaciones me pregunto de qu&eacute; me sirve saber todo lo que s&eacute; sobre ellos; aunque esa informaci&oacute;n est&eacute; chequeada, aunque sea p&uacute;blica. Pienso en las entrevistas a la madre, en que incluso si solo se le hicieran preguntas bien intencionadas la gente que no trabaja de dar entrevistas se enmara&ntilde;a (a veces incluso lo hace la gente que s&iacute; trabaja de eso), sobre todo si est&aacute; pasando el peor momento de su vida. Entiendo que es un valor el darle voz a las v&iacute;ctimas, pero no puedo evitar preguntarme si lo entiendo en serio o si es solo una frase hecha que no s&eacute; qu&eacute; significa.
    </p><p class="article-text">
        Pienso que el concepto de contexto es una trampa. &iquest;Qu&eacute; nos dicen los contextos de las v&iacute;ctimas sobre algo? No lo digo por pacater&iacute;a ni por prurito progresista: realmente hay v&iacute;ctimas de todos los perfiles, incluso en los casos medi&aacute;ticos. Yo, que ya dije que ni siquiera sigo el tema con demasiado rigor, puedo pensar en chicas asesinadas de clase alta y de clase baja, <a href="https://www.lanacion.com.ar/seguridad/mumi-la-mejor-companera-y-la-mejor-alumna-nid1591100/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">buenas alumnas que no sal&iacute;an de noche</a> y &ldquo;fan&aacute;ticas de los boliches&rdquo;. Se habla de prevenci&oacute;n, pero &iquest;en qu&eacute; nos puede ayudar a prevenir algo, de verdad, tener toda esta &ldquo;informaci&oacute;n&rdquo;? No me refiero, por supuesto, a datos valiosos y constructivos sobre el funcionamiento de las denuncias y el accionar de la Justicia, sino a estos coloridos perfiles personales, que hasta cuando se hacen sin juicios de valor parecen responder m&aacute;s a la curiosidad y la necesidad de generar interacci&oacute;n que a algo de lo que podamos aprender.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que los modus operandi de los asesinos deber&iacute;an darnos alguna informaci&oacute;n que valga la pena, pero eso tambi&eacute;n termina siendo muy limitado. Se les ense&ntilde;a a las chicas a no confiar en los extra&ntilde;os, aunque las mate, las m&aacute;s de las veces, gente que las conoce; se les ense&ntilde;a todo lo que no deber&iacute;an hacer, todo aquello a lo que no deber&iacute;an &ldquo;exponerse&rdquo;; se les ense&ntilde;a, entonces, m&aacute;s a mentir que a pedir ayuda, a cubrirse entre ellas para no meterse en problemas con los adultos, antes que a decir la verdad. La verdad es que si realmente intent&aacute;ramos tomar <em>lecciones </em>de los femicidios que circulan habr&iacute;a que dejar de saludar a los vecinos, a los amigos de tus padres, quiz&aacute;s tambi&eacute;n a tus padres; no salir de noche, ni de d&iacute;a, ni quedarse en tu casa. No irse de vacaciones sola, ni con familias amigas, ni con tu propia familia. No habr&iacute;a que salir a trabajar, ni enamorarse, ni casarse, ni criar hijos, ni vivir con un tipo, ni vivir sola, ni vivir con tus t&iacute;os, ni con tus abuelos. Digo que el concepto de contexto es una trampa, y digo que es una trampa en la que caemos todos, no solo los machistas que siempre quieren inculpar a alguna otra mujer o familiar humilde. Los progresistas tambi&eacute;n, creo, y a veces sobre todos, terminamos cayendo en el juego de buscar a <em>los verdaderos culpables</em>, que nunca son el asesino, tiene que ser algo m&aacute;s abstracto, m&aacute;s interesante, algo que nos d&eacute; un poco m&aacute;s que hablar.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dar-hablar_129_13263944.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 13:59:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dar que hablar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Valeria Luiselli, Mary Gaitskill, Un poeta y 1977]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/valeria-luiselli-mary-gaitskill-poeta-1977_129_13262555.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Valeria Luiselli, Mary Gaitskill, Un poeta y 1977"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Male Rey y Tamara hablan sobre la nueva novela de Valeria Luiselli, la escritora Mary Gaitskill, la película Un poeta y la época preferida de Tamara.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/valeria-luiselli-mary-gaitskill-poeta-1977_129_13262555.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 11:33:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Valeria Luiselli, Mary Gaitskill, Un poeta y 1977]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cine,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No te va a gustar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-gustar_129_13245681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f34aa4c5-35f6-44a5-ae5f-e2545a35cf13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No te va a gustar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La discusión entre Brad Mehldau y un crítico del New York Times, sumada al rechazo que recibió Fito Páez por presentar su nuevo disco en vivo, abre una misma pregunta de fondo: qué lugar queda para el gusto, el riesgo y la incomodidad artística en una época cada vez más atravesada por la lógica del consumo y la satisfacción inmediata.
</p></div><p class="article-text">
        Las pol&eacute;micas est&eacute;ticas parecen, en un mundo al borde de ciento cincuenta ataques de nervios, un divertimento tan extravagante como lo eran las discusiones sobre el peso del alma entre fil&oacute;sofos medievales. As&iacute; y todo, creo que justamente por eso tienen valor: cuando todo se vuelve mercanc&iacute;a y obsesi&oacute;n utilitaria, los debates abstractos e in&uacute;tiles se convierten en un fuego sagrado que m&aacute;s que nunca hay que mantener encendido. O es la excusa que me invent&eacute; para interesarme por dos conversaciones sobre cr&iacute;tica, gusto y cultura que vi pasar en estos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La primera, un poco m&aacute;s alejada de nuestro hemisferio: hace casi un mes, el New York Times public&oacute; una lista de <a href="https://www.nytimes.com/interactive/2026/magazine/greatest-american-songwriters-alive.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;los treinta compositores de canciones americanos vivos m&aacute;s grandes de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os&rdquo;</a>. M&aacute;s all&aacute; de que estas listas est&eacute;n hechas para pelearse, me interes&oacute; sobre todo la discusi&oacute;n que se dio entre Jon Caramanica, uno de los autores del ranking, y Brad Mehldau, tal vez el pianista de jazz vivo m&aacute;s importante (&iquest;con la sola competencia de Keith Jarrett?). El debate est&aacute; bien resumido en <a href="https://bradmehldau.substack.com/p/jon-caramanica-is-a-bad-cliche" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este textazo de Mehldau</a> , que se revela como un cr&iacute;tico cultural y autor de un nivel como para humillar a los que nos dedicamos te&oacute;ricamente a escribir y encima no sabemos tocar en el piano m&aacute;s que el feliz cumplea&ntilde;os. Mehldau est&aacute; muy enojado porque Caramanica no solo no puso en la lista a Billy Joel (uno de los cantautores favoritos de Mehldau), sino que encima tuvo el tup&eacute; de justificarse diciendo, en pocas palabras, que Billy Joel es reiterativo, que est&aacute; todo bien con &eacute;l, a &ldquo;mucha gente que quiero le gusta&rdquo; (frase que Mehldau interpret&oacute;, creo que correctamente, como una acusaci&oacute;n de que se trataba de un gusto poco sofisticado) pero no le parec&iacute;a suficientemente innovador como compositor como para que valiera la pena incluirlo en la lista. Mehldau es m&uacute;sico, y de los m&aacute;s exitosos de su medio: est&aacute; en una posici&oacute;n bastante rara en el siglo XXI, que es que realmente no necesita ya quedar bien con ning&uacute;n cr&iacute;tico ni con ning&uacute;n medio, ni siquiera con m&uacute;sicos mainstream. Lena Dunham no se anim&oacute; a criticar a Taylor Swift en nada en su memoir; Mehldau no se priva de hacerlo, no por alguna animosidad contra ella, todo indica, sino por lo que para &eacute;l representan esos cr&iacute;ticos de cincuenta a&ntilde;os que se creen demasiado cool para Billy Joel pero se pasan la vida glorificando a artistas pop casi adolescentes para demostrar que, aunque sean cr&iacute;ticos de rock de cincuenta a&ntilde;os, est&aacute;n <em>en la onda</em>.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del chusmer&iacute;o y lo bueno que es Mehldau insultando (yo si fuera Caramanica cambiar&iacute;a de trabajo, de pa&iacute;s y de planeta despu&eacute;s de semejante paliza), lo interesante es el argumento central: a Mehldau no le molestar&iacute;a si a Caramanica le gustaran mucho las canciones de Taylor Swift, o si realmente considerara que Young Thug es mejor compositor que James Taylor. Lo que le molesta a Mehldau es que Caramanica se pase el d&iacute;a escribiendo sobre pop, o sobre rap, o sobre lo que sea que se vea joven y canchero en el momento correspondiente, sin que quede claro que genuinamente le interesen esos g&eacute;neros o autores como manifestaciones musicales. Para Mehldau, Caramanica incurre en un pecado muy frecuente hoy en la cr&iacute;tica musical y en la cr&iacute;tica cultural en general: pensar que su trabajo consiste en un an&aacute;lisis sociol&oacute;gico, fr&iacute;o y supuestamente refinado de &ldquo;fen&oacute;menos culturales&rdquo;, que prescinde no solo del an&aacute;lisis formal sino, y mucho peor, de una relaci&oacute;n real, afectiva y entusiasta con la obra en cuesti&oacute;n. Est&aacute; perfecto escribir una, dos, o tres notas, digo yo parafraseando a Mehldau, sobre por qu&eacute; se pone de moda tal artista, qui&eacute;nes lo escuchan y cu&aacute;l es su atractivo, incluso si uno no lo vive en carne propia: pero &iquest;cu&aacute;ndo se volvi&oacute; poco cool, efectivamente, estudiar y analizar con placer las cosas que a una efectivamente le gustan? Me parece particularmente interesante la relaci&oacute;n que Mehldau establece entre este gusto personal y emotivo y la cr&iacute;tica musical que vale la pena: si a una efectivamente no le gusta, por caso, Romeo Santos, es obvio que lo que escriba sobre Romeo Santos va a ser externo y fr&iacute;o. Lo que dice Mehldau es que adem&aacute;s de externo y fr&iacute;o ese an&aacute;lisis ser&aacute; chato. Hacer cr&iacute;tica musical no es hacer ciencia: la distancia con la obra no siempre &ldquo;suma&rdquo;. Lo pienso en t&eacute;rminos de mi propia pr&aacute;ctica, en las veces en que he ca&iacute;do en eso que dice Mehldau, y me pregunto si alguna vez escrib&iacute; algo interesante sobre algo que no me interesara, o que me interesara &ldquo;como fen&oacute;meno&rdquo;, que es casi decir lo mismo. Creo que efectivamente Mehldau tiene raz&oacute;n: cuando dejamos de confiar en nuestro propio o&iacute;do o nuestras propias lecturas, en los que realmente nos emociona y lo que no, terminamos refugiados en una sociolog&iacute;a de caf&eacute; que quiz&aacute;s nos sirve a algunos adultos para entender &ldquo;en qu&eacute; anda la juventud&rdquo;, pero rara vez le sirve a nadie para pensar mejor en la m&uacute;sica que escucha. Que no s&eacute; si es lo &uacute;nico que deber&iacute;a hacer la cr&iacute;tica, pero seguro es parte de su tarea: m&aacute;s en un momento en que todo est&aacute; cerca y disponible, y quiz&aacute;s lo mejor que puede hacer el periodismo por nosotros es ayudarnos a curar y pulir la sensibilidad propia, el criterio personal.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s estuvo la pol&eacute;mica de Fito: hace unos d&iacute;as, tambi&eacute;n, Rodolfo P&aacute;ez recibi&oacute; una respuesta hostil en el Movistar Arena cuando, en lugar de tocar los hits que la audiencia esperaba, dedic&oacute; toda la primera parte de su concierto a una presentaci&oacute;n audiovisual de su nuevo disco <em>Novela</em>. Hay mil detalles y mil lecturas disponibles: para algunos, Fito rompe el pacto con el p&uacute;blico&nbsp;haciendo un concierto muy distinto de lo que ven&iacute;a ofreciendo; para otros, la gente tiene derecho a aburrirse, sacar el tel&eacute;fono, levantarse e irse, aunque no a silbar o abuchear. M&aacute;s all&aacute; de todas estas posibilidades, que tienen cada una su grano de verdad, me dan ganas de pensar, sobre todo, en esta idea del contrato con el artista: &iquest;cambi&oacute; ese contrato en los &uacute;ltimos a&ntilde;os? Los &ldquo;Flaco, toc&aacute; muchacha&rdquo; existieron siempre; las redes solo los amplifican. Me cuesta, sin embargo, no pensar que efectivamente la palabra contrato no es inocua en este contexto: que si antes era metaf&oacute;rica, se vuelve una palabra con mucho peso en un mundo cada vez m&aacute;s transaccional, en el que<em> el cliente siempre tiene la raz&oacute;n</em>. De hecho la gente entr&oacute; al Instagram de Fito a dejar sus insultos en vivo, como si se tratara de rese&ntilde;as en Google Maps: muchas respuestas hac&iacute;an alusi&oacute;n al precio de las entradas, o a &ldquo;vine con mis hijos y se durmieron&rdquo;, como si eso tuviera alguna relaci&oacute;n con el artista. No s&eacute; si est&aacute; bien o mal, pero si me atrevo a aventurar esta intuici&oacute;n: yo no creo que Fito le haya faltado el respeto a su audiencia, pero incluso si lo hubiera hecho, antes nos aguant&aacute;bamos las locuras de los artistas con mucha m&aacute;s entereza, y eso ten&iacute;a un valor. Pasarla mal en un concierto, aburrirse o asquearse ten&iacute;a un valor, y hoy ya no lo tiene; sobre todo comparado con &ldquo;valores reales&rdquo; como el dinero de la entrada o una salida en familia que solo ten&iacute;a que dejarnos a todos de buen humor. Lo curioso es que la conversaci&oacute;n de Mehldau pone el acento en lo que te gusta, y la de Fito en lo que no te gusta, pero en el fondo, y quiz&aacute;s hasta en la superficie, los dos est&aacute;n hablando de lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-gustar_129_13245681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 03:02:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No te va a gustar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[The Spirit of 26, novedades de la inteligencia artificial, L’Histoire de Souleymane y James Taylor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/the-spirit-of-26-novedades-inteligencia-artificial-l-histoire-souleymane-james-taylor_129_13245563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="The Spirit of 26, novedades de la inteligencia artificial, L’Histoire de Souleymane y James Taylor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Pablo Pryluka y Tamara hablan sobre una película eliminada de la historia, reuniones de grandes mandatarios, una película sobre la precariedad y el primer disco de James Taylor.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/the-spirit-of-26-novedades-inteligencia-artificial-l-histoire-souleymane-james-taylor_129_13245563.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2026 19:21:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[The Spirit of 26, novedades de la inteligencia artificial, L’Histoire de Souleymane y James Taylor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Música,Algo prestado,Tamara Tenenbaum,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin de la potencia infinita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/potencia-infinita_129_13209004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d28c801-a338-4fa4-a390-003c3cc54a95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin de la potencia infinita"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La menopausia y su versión masculina, la andropausia, funcionan hoy como algo más que un asunto hormonal: son la marca de entrada a la “primera vejez”, esa etapa en la que el cuerpo empieza a hablar y el mundo empieza a correrte del centro. En "El resto bien", Benjamín Vicuña encarna a un hombre privilegiado que descubre, con sorpresa y dolor, que la vida sigue… incluso sin él como protagonista.</p></div><p class="article-text">
        Conversaba el otro d&iacute;a con algunas amigas, como<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/quedarse_129_12567289.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> ya hemos tratado en esta columna</a>, sobre el furor de la menopausia. Est&aacute; en las series, en las pel&iacute;culas, en las novelas. No es solamente una cuesti&oacute;n subjetiva, que una escuche hablar m&aacute;s del tema porque las balas ya pican cerca. Es que los millennials (sobre todo los mayores, que casi se caen de la categor&iacute;a), la generaci&oacute;n que se hizo a s&iacute; misma en los blogs, los que encontraron sus voces escribiendo diarios &iacute;ntimos a cielo abierto, han oficialmente pasado los cuarenta. No es extra&ntilde;o, entonces, que vayan apareciendo tambi&eacute;n las versiones masculina: relatos de la andropausia, como dicen expl&iacute;citamente en <em>El resto bien</em>, la nueva serie de Flow que protagoniza <strong>Benjam&iacute;n Vicu&ntilde;a</strong>, dirigida por <strong>Daniel Burman</strong> y <strong>Daniel Hendler</strong>.
    </p><p class="article-text">
        No tengo conocimientos de medicina y todav&iacute;a ni siquiera fui a una consulta con endocrin&oacute;logo, as&iacute; que desconozco las cuestiones qu&iacute;micas, pero creo que m&aacute;s all&aacute; de los procesos biol&oacute;gicos la menopausia y la andropausia aparecen hoy como metonimia o sin&eacute;cdoque de lo que podr&iacute;amos llamar la primera vejez. Ahora que la vida dura tanto y ser viejo es &ldquo;ser viejo en serio&rdquo; hay que ponerle un nombre a esa etapa en la que tus hijos ya son grandes pero tus padres todav&iacute;a est&aacute;n vivos (los viejos en serio), una edad en la que nadie te caracterizar&iacute;a como &ldquo;joven&rdquo; (si alguien lo hiciera, tu propio cuerpo te recordar&iacute;a que es solo un piropo) pero la sensaci&oacute;n es que todav&iacute;a te queda mucho por delante, sobre todo porque es cierto. Un momento en el que falta para retirarse, para darse por hecha, pero al mismo tiempo hay que reconciliarse con el fin de la potencia infinita imaginaria de la juventud, con que hay cosas que una ya no va a hacer si no hizo; que hay tiempo, todav&iacute;a, pero no tanto como para realmente hacerlo todo de nuevo. Estos t&eacute;rminos fr&iacute;os y hormonales vienen, entonces, a hablar de todo eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ariel, el protagonista de <em>El resto bien</em>, tiene una vida objetivamente maravillosa: &eacute;xito profesional y econ&oacute;mico, una segunda esposa divina (interpretada con frescura por <strong>Violeta Urtizberea</strong>), cinco hijos divinos (un casi adulto aficionado al stand up, una adolescente que lo descansa, un p&uacute;ber freak que toca el piano y beb&eacute;s mellizos) y un porvenir que, todo indica, seguir&aacute; siendo as&iacute; de pr&oacute;spero gracias a Cocho, un dibujito que cre&oacute; hace unos a&ntilde;os con su mejor amigo. No es, a todas luces, el cincuent&oacute;n promedio: le va mucho mejor, y ha incursionado tambi&eacute;n en la rejuvenecedora (pero enloquecedora) pr&aacute;ctica de volver a ser padre de grande. Es, adem&aacute;s, un perfil de var&oacute;n en peligro de extinci&oacute;n: en un mundo de ap&aacute;ticos y f&oacute;bicos, Ariel es uno de esos entusiastas del compromiso que subliman su apreciaci&oacute;n por el sexo opuesto no siendo mujeriegos sino cas&aacute;ndose muchas veces, siempre con la misma alegr&iacute;a y esperanza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos estos privilegios no lo salvan, sin embargo, de la ya mentada andropausia. Est&aacute;n las se&ntilde;ales del cuerpo; los dolores, la p&eacute;rdida de tono muscular. Est&aacute; el reconocimiento, tambi&eacute;n, de la relaci&oacute;n, en los hombres, del paso del tiempo con una merma en la masculinidad; ya no se puede cargar peso para asistir a las damas, ni correr m&aacute;s r&aacute;pido que nadie. En ese sentido, entonces, que el personaje sea un tocado por la varita (un tipo de buen pasar, fachero e hist&oacute;ricamente exitoso con las mujeres) no resulta ya una desventaja sino una buena decisi&oacute;n: as&iacute; como las mujeres sabemos que son nuestras amigas m&aacute;s lindas las que m&aacute;s sufrir&aacute;n el paso del tiempo, son los tipos que supieron vivir en la c&uacute;spide de la masculinidad los que peor llevan la ca&iacute;da.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute;s lo m&aacute;s interesante de la serie es el modo en que este fin de la juventud se vive, tambi&eacute;n (y quiz&aacute;s especialmente para un hombre, aunque no exclusivamente) como una salida del centro de la escena. Su mujer, sus hijos, sus achacados padres y hasta las m&uacute;ltiples mujeres que trabajan en sus casas le viven recordando a Ariel que no es importante. &Eacute;l parece genuinamente sorprendido de que a nadie le importe mucho si va a hacerse una vasectom&iacute;a o si van a darle un premio. Se habla mucho de la euforia de los veintipico, pero no lo suficiente de eso que pasa a los treinta y a los primeros cuarenta; para bien y para mal, est&aacute;s en el medio de todo. Ya no est&aacute;s, como los de veintis, en la antesala de la vida, esperando que las cosas pasen. Son a&ntilde;os que te acostumbran a cierto protagonismo; tanto las cosas buenas como las cosas malas te pasan a vos. Conseguir un trabajo nuevo, quedarse sin trabajo, tener un hijo, perder un embarazo. En alg&uacute;n momento, parece decir <em>El resto bien</em>, las cosas empiezan a pasar a tu alrededor. La vida te empuja a un costado: tus hijos pueden vivir sin vos, los amigos van tomando sus caminos, tu &eacute;xito o tu fracaso ya no sorprende a nadie. La decisi&oacute;n que tiene que tomar Ariel, incluso en las cosas m&aacute;s simples, es qu&eacute; va a hacer con esa nueva realidad. Est&aacute; la opci&oacute;n de enojarse, de seguir demandando amor y atenci&oacute;n como un chico. Y est&aacute; la otra (la que, sin spoilear demasiado, toma el personaje): aprovechar que ya nada es tan crucial, y que uno lo sabe, para correrse del centro y estar para lo que realmente importa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/potencia-infinita_129_13209004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 May 2026 03:02:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fin de la potencia infinita]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amistades, Pablo Katchadjian, The Band y el fin de la URSS]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amistades-pablo-katchadjian-the-band-urss_129_13208525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Amistades, Pablo Katchadjian, The Band y el fin de la URSS"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Male Rey conversan sobre algunos libros sobre la amistad, la nueva novela de Pablo Katchadjian, el disco favorito de Male de la década del 60 y un libro de Alexei Yurchak sobre los últimos años del comunismo soviético.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amistades-pablo-katchadjian-the-band-urss_129_13208525.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 12:14:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amistades, Pablo Katchadjian, The Band y el fin de la URSS]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Música,URSS,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Insoportable en serio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/insoportable-serio_129_13190762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7328af4-4c45-48d9-b3af-69aecfb943fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Insoportable en serio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Famesick, Lena Dunham cruza fama y enfermedad como dos formas de exposición: experiencias que vuelven vulnerable, pero también egocéntrica. Más allá del chisme, el libro encuentra por fin un acontecimiento y una tesis: la víctima como figura millennial por excelencia.</p></div><p class="article-text">
        Un amigo me pregunt&oacute;, cuando quise convencerlo de leer la <em>memoir </em>de Lena Dunham, qu&eacute; hac&iacute;a ella escribiendo sus memorias tan joven. Lo gracioso es que <em>Famesick</em>, publicado a meses de que Dunham cumpliera los cuarenta, no es ni siquiera su primer libro de memorias; los aut&eacute;nticos fans ya hab&iacute;amos le&iacute;do <em>No soy ese tipo de chica</em>, la colecci&oacute;n de ensayos que public&oacute; en 2014, casi cuando <em>Girls</em> acababa de salir. Yo, que amaba <em>Girls</em>, le&iacute; el libro con un entusiasmo que se me fue desinflando a medida que avanzaba. Me pareci&oacute; que no le hac&iacute;a justicia a su autora, a su talento e inteligencia. Me dio la sensaci&oacute;n de que la forma del libro no le quedaba bien a Dunham. La tradici&oacute;n del ensayo personal norteamericano es peligrosa; tiende demasiado a la moraleja y la educaci&oacute;n, y hay que estar muy inmunizado contra el optimismo y las conclusiones para evitar terminar sonando como la versi&oacute;n sexy y millennial de un manual protestante. Todo eso era cierto, pero leyendo <em>Famesick </em>entiendo otra cosa: el problema central es que, en 2014, a Lena Dunham todav&iacute;a no le hab&iacute;a pasado nada. El libro no ten&iacute;a acontecimiento, en el sentido m&aacute;s metaf&iacute;sico de la palabra de algo que irrumpe y transforma mundos y subjetividades, y por eso tampoco ten&iacute;a tesis: dos cosas que <em>Famesick</em>, y deber&aacute;n aceptarlo incluso sus detractores, tiene de sobra.
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        <em>Famesick </em>es una palabra inventada, un neologismo construido a imagen y semejanza de la palabra <em>carsick </em>(que se arma con las palabras <em>car </em>&mdash;auto&mdash; y <em>sick </em>&mdash;enfermo&mdash; para referirse al mareo que algunas personas sufren en medios de transporte) y en cruza con la palabra <em>fame</em>, fama: significa algo as&iacute;, entonces, como &ldquo;enferma de fama&rdquo;. Y el libro se trata de eso, en varios sentidos: de la enfermedad y la fama, de c&oacute;mo la fama puede enfermar o ser una enfermedad, de c&oacute;mo pueden llevarse la enfermedad y la fama, y quiz&aacute;s, sobre todo, de lo que la enfermedad y la fama tienen en com&uacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las redes sociales se estuvo comentando, m&aacute;s que nada, el chisme; que si Jack Antonoff enga&ntilde;&oacute; a Lena Dunham con Lorde, que qui&eacute;nes ser&aacute;n los actores y directores a los que refiere sin nombrar, que si Adam Driver le tir&oacute; una silla a Dunham durante una grabaci&oacute;n de Girls, que si su socia Jenni Konner habr&aacute; sido tan manipuladora como el libro la pinta o por qu&eacute; no aparece mencionada Taylor Swift (si ser&aacute;, tal vez, la &uacute;nica persona a la que Dunham aut&eacute;nticamente le tiene miedo). El chisme solo es divertido; hay que decir que poca gente viva y trabajando tiene tan poco pudor con los nombres propios como ella, y hay algo valioso, en este momento del mundo en que todos quieren quedar bien con Dios y con el diablo, en ese desparpajo. Es parte de lo que hizo que <em>Girls</em> fuera tan buena como fue: una verdadera exposici&oacute;n de las miserias millennials, y no solamente una serie m&aacute;s sobre cuatro amigas.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; del exhibicionismo, o m&aacute;s bien, ahondando en &eacute;l con m&aacute;s profundidad, aparece entonces lo m&aacute;s interesante que tiene <em>Famesick</em>: la tesis central del libro, seg&uacute;n la cual la fama y la enfermedad ser&iacute;an experiencias m&aacute;s similares de lo que puede parecer a primera vista. Esta idea puede sonar absolutamente banal; incluso irrespetuosa del sufrimiento de la amplia mayor&iacute;a de las personas que sufren padecimientos cr&oacute;nicos y que, a diferencia de Dunham, no tienen para compensarlas los recursos que proporcionan la fama y la fortuna. Es probable que lo sea, banal e irrespetuosa; pero tambi&eacute;n parece incluir algo cierto, profundo, y bastante dif&iacute;cil de explicar.
    </p><p class="article-text">
        Hay dos l&iacute;neas narrativas dominantes en el texto: el nacimiento de <em>Girls </em>y la carrera profesional que Dunham construye a partir de esa serie, por un lado, y el deterioro de su salud y la b&uacute;squeda de explicaciones y soluciones, por el otro. En el relato de los problemas en torno a su endometriosis, es muy interesante seguir el v&iacute;nculo con el productor musical Jack Antonoff, su novio de esos a&ntilde;os. Mientras gente que conoce menos a Dunham la va juzgando por hacerse famosa (cada persona que la vio dos veces en la vida y le escribe pidi&eacute;ndole un favor piensa que ella se hace &ldquo;la importante&rdquo; si no satisface su demanda), Antonoff, que s&iacute; la conoce, parece ir tom&aacute;ndole bronca por sus malestares sempiternos. Hay algo en com&uacute;n en esos dos roces que a primera vista son tan distintos: es el resentimiento contra quien se pone en el centro de la escena, sea por algo &ldquo;bueno&rdquo; o por algo &ldquo;malo&rdquo;. En el primer caso, la implicancia es que en el fondo Dunham no se merece su &eacute;xito; en el segundo, que est&aacute; mintiendo o exagerando sobre su dolor, o que incluso si no lo estuviera, ella <em>goza</em> de la atenci&oacute;n en alg&uacute;n sentido. Algunos cr&iacute;ticos y lectores en internet dan por hecho que Dunham deja mal parado a Antonoff en el texto; yo creo que no es as&iacute;. Creo que efectivamente ella le concede, a &eacute;l y a todo el mundo, que es insoportable; no insoportable y encantadora como un personaje de Diane Keaton, insoportable en serio. Dunham afirma varias veces que su dolor es real frente a la desconfianza a la dem&aacute;s; y as&iacute; y todo, acepta tambi&eacute;n que eso te puede convertir en alguien que, hacia el afuuera, no puede evitar unos despliegues de hipersensibilidad y egocentrismo que la hacen dif&iacute;cil como amiga, como colega, como hija o como novia. Dunham no culpa a Antonoff por ir abandon&aacute;ndola a medida que ella se enferma cada vez m&aacute;s; por el contrario, se venga como una persona de bien, enga&ntilde;&aacute;ndolo con un amigo de la infancia. Es un final desprovisto de moralina para una relaci&oacute;n que se merec&iacute;a exactamente eso: todos estuvimos un poco mal, a otra cosa mariposa. Creo que es en el relato de esta relaci&oacute;n donde se despliega la tesis sobre la doble cara de la exposici&oacute;n, el modo en que exponerte, en tu arte y en la vida, te hace al mismo tiempo vulnerable y narcisista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s cosas valiosas en<em> Famesick</em>, un libro muy bien escrito: grandes retratos de Adam Driver y Jemima Kirke, la radiograf&iacute;a de una una relaci&oacute;n madre e hija tremenda, plagada de codependencias, complicidades y envidias, y un fresco complet&iacute;simo de la clase cultural de NY (Lena no es nepobaby en el sentido de hija de millonarios, sino en el de hija de artistas, m&aacute;s como lo son ac&aacute; los ni&ntilde;os criados a clases de teatro con padres soci&oacute;logos que como lo ser&iacute;a la hija de una celebridad; ella hace mucho hincapi&eacute; en la diferencia, y Bourdie le dar&iacute;a la raz&oacute;n). Pero lo profundo de Famesick es esa exploraci&oacute;n de la figura de la v&iacute;ctima, el tropo millennial por excelencia, vali&eacute;ndose de la intersecci&oacute;n entre notoriedad y padecimiento; en esa investigaci&oacute;n est&aacute; la inteligencia y la capacidad de observaci&oacute;n que hizo posible <em>Girls</em>, y que hace que s&iacute;, que a pesar de ser infumable, Lena Dunham sea la voz de una generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/insoportable-serio_129_13190762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 03:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Insoportable en serio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[The Velvet Underground, Peter Thiel, el club de los 10 y The Alphabetical Diaries]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/the-velvet-underground-peter-thiel-club-10-the-alphabetical-diaries_129_13190155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="The Velvet Underground, Peter Thiel, el club de los 10 y The Alphabetical Diaries"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Gino Cingolani conversan sobre el disco preferido de Gino de la década del 60, el dueño de Palantir, un club exclusivo de críticos culinarios y un libro de Sheila Heti.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 12:47:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[The Velvet Underground, Peter Thiel, el club de los 10 y The Alphabetical Diaries]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Palantir,Cocina,Literatura,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un auténtico cuento de hadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/autentico-cuento-hadas_129_13172840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/112d8563-ea28-4310-96e6-0e6f2d21d785_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un auténtico cuento de hadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una reversión feroz de La Cenicienta que recupera la crueldad original del cuento: la belleza como destino, como privilegio y como condena. Con humor negro y horror corporal, "La hermanastra fea" expone el costo físico y emocional de encajar en la hegemonía estética, sin moraleja ni consuelo: solo la brutal arbitrariedad de la suerte.</p></div><p class="article-text">
        Siempre me gustaron los cuentos de hadas, y no tengo muy en claro por qu&eacute;. No me refiero solo a las versiones de Disney; hablo tambi&eacute;n de las versiones cl&aacute;sicas, las de los Hermanos Grimm, Charles Perrault o Hans Christian Andersen. En mi casa hab&iacute;a much&iacute;simas ediciones, las primeras compradas por mis abuelos o mi mam&aacute;, las siguientes por m&iacute; o al menos para m&iacute;. Rara vez aparec&iacute;an las m&aacute;s sangrientas, las m&aacute;s fieles a los originales, salvo por error, pero recuerdo muy bien esos errores: la primera vez que le&iacute; el cuento de los zapatos bailarines con el final en el que a la nena le cortan los pies (y los zapatos siguen bailando igual, con los pies amputados adentro) o la versi&oacute;n de<em> La sirenita </em>que termina cuando ella se queda primero sin voz, y despu&eacute;s se convierte en espuma de mar. A trav&eacute;s de los a&ntilde;os, son relatos que me siguen fascinando, en parte porque no tengo muy en claro, ni siquiera despu&eacute;s de haber le&iacute;do sobre el tema, qu&eacute; es un cuento de hadas: no todos tienen hadas, por supuesto. No todos tienen magia, o elementos sobrenaturales; no todos tienen princesas tampoco. No todos terminan bien; de hecho la mayor&iacute;a termina mal. Muchos empiezan bien, aunque no todos; s&iacute;, quiz&aacute;s, siguen alg&uacute;n tipo de curva parecida. En casi todos las cosas est&aacute;n muy bien antes de llegar a estar muy mal.
    </p><p class="article-text">
        <em>La hermanastra fea</em>, opera prima de la noruega Emilie Blichfeldt (MUBI), le cambia el punto de vista al cuento de<em> La cenicienta</em>, uno cuya versi&oacute;n cl&aacute;sica yo no conoc&iacute;a; aparentemente tiene much&iacute;simas encarnaciones, incluso previas a la que recogen los Hermanos Grimm, que es claramente la que toma Blichfeldt. Iba a escribir que Blichfeldt convierte <em>La cenicienta</em> en un cuento de terror sobre la belleza femenina, pero no ser&iacute;a cierto; m&aacute;s bien lo retoma. El relato de los Grimm ya tiene todos esos elementos: una Cenicienta que es primero rica, luego pobre y despu&eacute;s rica de nuevo (no tenemos, entonces, una protagonista que asciende socialmente, sino una que vuelve al lugar aristocr&aacute;tico que le pertenece leg&iacute;timamente, por nacimiento); un premio a la belleza, la mano del pr&iacute;ncipe, que organiza un baile para encontrar a la chica m&aacute;s linda de la comarca; y, lo m&aacute;s importante, un pueblo de mujeres desesperadas, dispuestas a arruinarse la salud y la vida para entrar en el zapato estrech&iacute;simo de la hegemon&iacute;a est&eacute;tica.
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        El tema de sufrir por la belleza, y asociado al g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico del horror corporal, estuvo de moda hace relativamente poco a ra&iacute;z del &eacute;xito de <em>La sustancia</em>, de Coralie Fargeat. <em>La sustancia</em> es divertida e ingeniosa, pero sus tesis sobre la belleza tienen poca novedad: la relaci&oacute;n de la hermosura con la juventud, la p&oacute;cima m&aacute;gica que termina siendo una trampa. <em>La hermanastra fea</em>, en cambio, tiene tanto para decir sobre la belleza que es hasta dif&iacute;cil escribirlo (mejor hacer una pel&iacute;cula). Est&aacute; la crueldad de la belleza de Agnes (Thea Sofie Loch N&aelig;ss, la Cenicienta de esta historia), la belleza natural, espont&aacute;nea e involuntaria que la hermanastra Elvira (la protagonista, Lea Myren, fant&aacute;stica) no puede comprar ni con todo el oro ni con todo el dolor del mundo; me encanta c&oacute;mo est&aacute; contada visualmente esa idea, mucho m&aacute;s interesante y dura que la de que no hay chicas feas, solo chicas pobres. Digo que se cuenta visualmente porque m&aacute;s all&aacute; de que es parte del tema de la pel&iacute;cula, sobre todo la vemos en la imagen: en la luz c&aacute;lida y poco teatral que ilumina a Agnes, una luz pensada para un rostro que no tiene nada que esconder, en contraste con la cara llena de sombras de la hermanastra fea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La injusticia insalvable de esa diferencia natural: la injusticia de que Elvira no solo tenga que ser fea, sino, encima, verse tonta y rid&iacute;cula por sufrir por ser fea, por querer ser linda. La incerteza perversa sobre si todo ese dolor vale la pena, porque<em> La hermanastra fea </em>no es una pel&iacute;cula reconfortante, que venga a decirte que no, que no te conviene arruinarte la vida para ser linda; si te sale bien, de hecho, quiz&aacute;s te convenga bastante. Elvira termina p&eacute;simo (no es un spoiler; pase lo que pase, ya sab&eacute;s desde el principio que va a terminar p&eacute;simo) pero eso no dice nada sobre su belleza interior, o sobre c&oacute;mo las cosas podr&iacute;an haberle salido mejor de otro modo. Tiene algo muy contempor&aacute;neo, creo, <em>La hermanastra fea</em>, en su fe que tiene en el concepto de nacer con buena estrella; a Agnes le toca eso, ese derrame de hermosura, carisma y sensualidad sin esfuerzo. A Elvira, en cambio, le toca ser <em>una trabada</em>, una sin gracia a la que todo le cueste. Es dulc&iacute;simo elegir una protagonista as&iacute;; no hay nada m&aacute;s generoso, en el fondo, que meterse con amor y oscuridad en el alma de esa chica sin virtudes.
    </p><p class="article-text">
        Lo mejor, sin dudas, de <em>La hermanastra fea</em>, es que es un aut&eacute;ntico cuento de hadas: un cuento de hadas que no tiene moraleja, un relato al que no le han agregado a posteriori ninguna ense&ntilde;anza para los ni&ntilde;os o los adultos. Hay algunos villanos, pero ninguna hero&iacute;na; no ganan ni los buenos ni los malos, no hay premios ni castigos. Solo la arbitrariedad bruta de la suerte y la belleza que viene de la verdad, de ese buceo profundo que los cuentos de hadas hacen desde tiempos inmemoriales en las miserias m&aacute;s oscuras de la naturaleza humana.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/autentico-cuento-hadas_129_13172840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2026 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un auténtico cuento de hadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[The Zombies, The Pitt, Hideous Bastard y Políticas del sabor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/the-zombies-the-pitt-hideous-bastard-politicas-sabor_129_13172430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="The Zombies, The Pitt, Hideous Bastard y Políticas del sabor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Buji conversan sobre un disco de The Zombies, la serie The Pitt, el disco Hideous Bastard y la muestra Políticas del sabor.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/the-zombies-the-pitt-hideous-bastard-politicas-sabor_129_13172430.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 13:18:49 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los pies en la tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pies-tierra_129_13154353.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d94e3c4-df76-4e06-9f2a-0d170f9b04b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los pies en la tierra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El documental Annemarie, dirigido por Mariana Sanguinetti, reconstruye la vida y la obra de Annemarie Heinrich, figura clave de la fotografía argentina. Lo hace desde un punto de partida particular, Annemarie es la bisabuela de Mariana.El film retrata a esas mujeres que fueron feministas y grandes artistas sin proponérselo.</p></div><p class="article-text">
        Una mujer en pantalones y su&eacute;ter despliega su cuerpo en toda su extensi&oacute;n; para nadie, para el sol nom&aacute;s. Est&aacute; descalza, en medias, con los ojos cerrados y una pierna flexionada, formando entre la rodilla y la superficie sobre la que est&aacute; acostada en una azotea un &aacute;ngulo perfecto, glorioso, un &aacute;ngulo de escultura helen&iacute;stica. Su sombra proyecta un rayo perfecto. En el fondo, la ciudad: sus techos y una chimenea sacando humo. Seguro viste esta foto, y pensaste que era Nueva York en los 60, pero no hay rascacielos ni edificios famosos, solo los bloquecitos anodinos, todos parecidos y a la vez desparejos, an&aacute;rquicos, que se ven desde las terrazas de los edificios del centro porte&ntilde;o, las terrazas que no son ning&uacute;n rooftop, que no son lo suficientemente altas para darte lo que se dice una vista. La foto se llama &ldquo;Veraneando en la ciudad&rdquo; y es de <strong>Annemarie Heinrich</strong>, la m&aacute;s famosa fot&oacute;grafa argentina.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos d&iacute;as se estren&oacute; <em>Annemarie</em>, el documental que<strong> Mariana Sanguinetti</strong>, bisnieta de Heinrich, hizo sobre su bisabuela. Era un desaf&iacute;o por muchas razones: primero, son siempre dif&iacute;ciles estos documentales sobre gente fallecida, en los que se trata no solo de hacer buenas entrevistas a los que quedan si no, y quiz&aacute;s sobre todo, de encontrar la manera de darle vida al archivo, de armar un relato que te haga sentir todo lo que hay y no todo lo que falta, disfrutar de lo que ves y no lamentar lo que no se puede ver. Segundo, la complicaci&oacute;n del v&iacute;nculo familiar: hay que ser fr&iacute;a para poder distinguir entre lo que a una le gusta y le interesa porque es objetivamente valioso, y lo que una quiere porque es pariente. Requiere mucha entereza, tambi&eacute;n, hacer una pel&iacute;cula que tu familia va a entender como un homenaje, porque de hecho lo es, y al mismo tiempo hacer una pel&iacute;cula tuya, tuya para el mundo. <em>Annemarie</em> logra todo eso, y una cosa m&aacute;s: reflejar en el tono liviano y emotivo de la pel&iacute;cula, en su falta de grandilocuencia que jam&aacute;s es falta de ambici&oacute;n, el tono mismo de su protagonista.&nbsp;
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        Creo que son tres preguntas simples, interesantes y efectivas las que recorren el documental. La primera es una pregunta pr&aacute;ctica: &iquest;c&oacute;mo reunir y cuidar todo el archivo de la obra de <em>Annemarie</em>? La pel&iacute;cula abre con esta cuesti&oacute;n: vemos a Sanguinetti, la directora y narradora, muy chiquita en una muestra de su bisabuela, y acto seguido a una especialista discurriendo sobre la cuesti&oacute;n de todo el material que dej&oacute; Heinrich, su valor y la dificultad para preservarlo. La pregunta es, de nuevo, simple, pero tiene un doblez cuando justamente se trata de una fot&oacute;grafa, alguien cuya obra consist&iacute;a, de alguna manera, en dejar testimonio de su tiempo. Esa foto preciosa, &ldquo;Veraneando en la ciudad&rdquo;, es exactamente eso: la imagen de una &eacute;poca, de una femineidad fresca y sin remordimientos que la &eacute;poca empezaba a inventar. Tambi&eacute;n son eso, por supuesto, las fotos de Evita, de Mirtha, de Graciela Borges o de Mercedes Sosa.
    </p><p class="article-text">
        Esto me lleva a la segunda pregunta que, creo, anima a la pel&iacute;cula, desde un lugar mucho m&aacute;s sugerido pero igualmente presente: la de la relaci&oacute;n de Annemarie con la belleza, y en particular con la belleza femenina. Me gusta que efectivamente este tema no est&eacute; explicitado: ser&iacute;a muy poco elegante y muy poco Annemarie haberlo &ldquo;dicho&rdquo;, pero a la vez resulta imposible no pensar en eso escuchando el amor, la calidez y la felicidad con la que Graciela Borges y Mirtha, porque son las que quedan, hablan de ser fotografiadas por Annemarie. Tantas veces escuchamos hablar de fot&oacute;grafos predadores y femme fatales que recuerdan con dolor fotos que la memoria popular ha consagrado como ep&iacute;tomes de sensualidad, de la <em>male gaze</em> o la idea de que en el mundo del espect&aacute;culo las mujeres solo pueden relacionarse con la belleza a trav&eacute;s de la envidia, la inseguridad y la competencia; y ah&iacute; est&aacute;n esas divas, hablando con l&aacute;grimas en la voz de la mujer que gozaba de hacerlas brillar en el momento en que menos lo esperaban, la mujer que lejos de jugar a que ese momento tuviera que ser rimbombante no paraba de hablar mientras las fotografiaba, porque la belleza femenina no tiene por qu&eacute; ser callada, quieta o solemne.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y por &uacute;ltimo, la pregunta que lleva a la tesis que Sanguinetti explicita en el off m&aacute;s brillante y emotivo de la pel&iacute;cula: &iquest;qu&eacute; es lo que lleva a una persona, a una mujer, a esa mujer, a convertirse en una artista? No solo el c&uacute;mulo de acontecimientos: llegar a un pa&iacute;s en el que una no entiende el idioma y elegirse un oficio para el cual no hacen falta muchas palabras; tener la picard&iacute;a para comprar una c&aacute;mara, empe&ntilde;arla para revelar las fotos, cobrar las fotos y volver, con esa plata, a comprar la c&aacute;mara, y as&iacute; sucesivamente. No solo el c&uacute;mulo de acontecimientos, sino lo que la lleva a ella a hacer todo eso, adem&aacute;s de la subsistencia: cu&aacute;les eran las razones desde su punto de vista, cu&aacute;l era el relato de su vida y su obra. La verdad, dice Sanguinetti, es que para Annemarie parec&iacute;an ser casi indistinguibles la necesidad de trabajar y la pasi&oacute;n por trabajar. Todo indica que a fotografiar beb&eacute;s por encargo le pon&iacute;a el mismo amor que a sus experimentos surrealistas; que para ella el arte y el oficio no eran cosas tan diferentes. El concepto que usa Sanguinetti es el de sentido com&uacute;n: para Annemarie, ser feminista era sentido com&uacute;n; ser fot&oacute;grafa en una &eacute;poca en la que casi no hab&iacute;a (Annemarie, de todos modos, cuando le pregunta, contesta hablando de las que s&iacute; exist&iacute;an, maestras como Melitta Lang y Rita Branger; en lugar de aceptar el mito de su propia individualidad que le propone el periodista que la entrevista, responde mencionando a otras) era sentido com&uacute;n. Hacer obra, en el fondo, no era m&aacute;s que sentido com&uacute;n. <em>Annemarie </em>es un perfil excelente de un personaje singular, pero se siente tambi&eacute;n como la radiograf&iacute;a de una generaci&oacute;n de mujeres que fueron feministas de casualidad, grandes artistas de casualidad; o no estrictamente de casualidad, pero s&iacute; sin buscarlo, solamente porque les gustaba mucho su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pies-tierra_129_13154353.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Apr 2026 03:02:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los pies en la tierra]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Orban, The Kinks, Platonic y Lena Dunham]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/orban-the-kinks-platonic-lena-dunham_129_13153665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Orban, The Kinks, Platonic y Lena Dunham"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Pablo Pryluka conversan sobre la derrota de Orban en Hungría, un disco de The Kinks, la serie Platonic y el nuevo libro de Lena Dunham.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 12:21:32 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablar de plata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-plata_129_13135770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a925767-b909-4f96-b1cb-8473ad64023c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar de plata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir del premio a Samanta Schweblin, una mirada filosa y personal sobre el dinero, los discursos que lo rodean y las tensiones que despierta en la vida cotidiana.</p></div><p class="article-text">
        Supongo que si una estuviera en el business de los clics lo l&oacute;gico ser&iacute;a escribir, esta semana, alguna reflexi&oacute;n (idealmente &ldquo;en contra&rdquo;; lo saben todos los noticieros, ser opositor siempre es m&aacute;s f&aacute;cil que ser oficialista) sobre <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/samanta-schweblin-gano-espana-nuevo-premio-aena-narrativa-dotado-millon-euros_1_13128613.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el premio Aena que acaba de ganarse Samanta Schweblin</a>: orgullo nacional, la mejor cuentista de nuestra &eacute;poca, la heredera absoluta del fant&aacute;stico rioplatense. Lo que yo tengo para decir sobre ella es eso: leyendo <em>P&aacute;jaros en la boca</em> hace unos quince a&ntilde;os entend&iacute; lo que era la t&eacute;cnica, el significado de una frase como <em>el oficio</em> del cuentista. Sobre el premio, qu&eacute; hay para decir: todos nos merecemos todo y nadie se merece nada. Todos nos merecemos un mill&oacute;n de d&oacute;lares, y nadie se lo merece. Que se lo den a una escritora que trabaja tanto y tan bien y que, encima, es argentina, no puede parecerme otra cosa que una buena noticia. Samanta, adem&aacute;s, us&oacute; su plataforma para hablar lindo y claro. Me gust&oacute; que recordara el desfinanciamiento de la Universidad de Buenos Aires, quiz&aacute;s porque s&eacute;, de leerlo en alg&uacute;n lado, que ella estudi&oacute; Dise&ntilde;o de Imagen y Sonido, y representa una de esas trayectorias no lineales que hay que defender cada vez que hablan de la gente que se cambia de carrera tres veces como si fueran ellos los culpables de alguna tragedia educativa.
    </p><p class="article-text">
        Pero si algo me interes&oacute; de todo el revuelo fue, bueno, justamente, el revuelo. Me divierte que haya gente que piense que es <em>obsceno</em> recibir tanto dinero, que use esa palabra; gente de buen pasar, gente a la que le va bien, gente que podr&iacute;a pensar tambi&eacute;n que es obsceno ser propietario de un departamento de 100 o 150 mil d&oacute;lares mientras otros viven en la calle. Me divirti&oacute;, tambi&eacute;n, en el contexto de la otra discusi&oacute;n tuitera de las &uacute;ltimas semanas, la de la importancia de &ldquo;hablar de plata&rdquo; entre mujeres y ahorrar e invertir en lugar de gastar en tonter&iacute;as. M&aacute;s all&aacute; del sesgo de g&eacute;nero (que dudo que se verifique en datos: al menos en principio una puede suponer que los videojuegos o las plataformas de contenido er&oacute;tico mueven tanto la econom&iacute;a como los zapatos y las pulseras), es notable que el lenguaje del dinero siga tan atado al medioevo: lo obsceno, lo sucio, lo ominoso. Lo interesante es que el polo opuesto (el de obtener placer en hablar de dinero, que en el siglo XXI es hablar de &ldquo;inversiones&rdquo;) en el fondo participa de la misma moral: de hecho, me recuerdan a la acusaci&oacute;n de Foucault contra los hippies y las feministas en el primer tomo de la <em>Historia de la sexualidad</em>. Foucault dice all&iacute; que los cultores de la liberaci&oacute;n sexual que se autofelicitan por &ldquo;romper tab&uacute;es&rdquo; se enga&ntilde;an. Hablamos de sexo todo el tiempo, y en mil registros: la pregunta, en cualquier caso, es c&oacute;mo lo hacemos, qu&eacute; mundos inventan o subrayan nuestros discursos. Con el dinero pasa exactamente lo mismo: no solo es falso que hoy no hablamos de dinero, es falso cien veces, y m&aacute;s en la Argentina. Nos la pasamos hablando de plata. Es agotador todo el tiempo y la energ&iacute;a que le dedicamos los ricos, los pobres y los de mitad de tabla a hablar de plata. Pr&eacute;stamos de Mercado Pago, plata en negro y plata en blanco, deudas de tarjetas, fondos comunes de inversi&oacute;n, cu&aacute;nto pag&aacute;s de expensas, de alquiler o de prepaga. Que me lo merezco, que guardar para la urgencia, que si dej&aacute;s la plata quieta desaparece, que si no diversific&aacute;s tu inversi&oacute;n est&aacute;s expuesto. En todo caso, la pregunta es c&oacute;mo deber&iacute;amos hablar de estas cosas; qu&eacute; influencia tiene sobre el mundo si hablamos de una manera o de otra, si tiene alguna, o si en el fondo son todos espejitos de colores para jugar a qu&eacute; podemos tocar estructuras intocables. Como siempre, la responsabilidad individual es un terreno pantanoso. No es cierto que no exista; todos conocemos gente que gana lo mismo que uno y se maneja mejor o peor, lo que sea que eso signifique. Gente que gasta m&aacute;s porque ahorra menos, y entonces parece estar disfrutando m&aacute;s; gente que ahorra m&aacute;s y gasta menos y un d&iacute;a cambia el auto cuando vos todav&iacute;a no juntaste para cambiar el calef&oacute;n. Dicho eso, casi nadie se hace rico o pobre por manejarse bien o mal, de nuevo, lo que sea que eso signifique para cada cual.
    </p><p class="article-text">
        Lo que es yo, a m&iacute; me encanta hablar de plata porque me encantan los chismes. Esa pregunta que hizo viral Oriana Junco, <a href="https://youtu.be/HJL8gI59c1k?si=Rp4DqFmnl8HbtkHL" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de qu&eacute; viven</a>, es una ventana a los secretos m&aacute;s oscuros y pat&eacute;ticos de las personas; ya lo dec&iacute;a Disc&eacute;polo tambi&eacute;n, en <em>Cambalache</em>, cuando hac&iacute;a referencia a &ldquo;el que vive de las minas&rdquo; como arquetipo humano. Es gracioso, me doy cuenta, cuando se trata de gente de una escala social parecida a la de uno: el que tiene un laburo que oculta en la empresa del hermano mientras pone en la vidriera de las redes sus kioscos m&aacute;s glamorosos, la que alquila una cochera de los padres, el que no recibe nada en la mano pero tiene una extensi&oacute;n de la tarjeta que nadie le controla, la que lleva un par de a&ntilde;os invirtiendo una indemnizaci&oacute;n. Siento que se pone menos divertido cuando las diferencias se vuelven demasiado grandes; es profundamente inc&oacute;modo hablar de que te aumentaron la prepaga con gente que jam&aacute;s tuvo una. Tambi&eacute;n es inc&oacute;modo estar del otro lado; se siente una verg&uuml;enza extra&ntilde;a cuando alguien mucho m&aacute;s rico que vos te cuenta, por caso, sus historias con el manejo de un campo heredado; una no sabe si hacer como que entiende o dejar en claro que ni idea, pero de todos la sensaci&oacute;n es rara, como un pudor que no se sabe de d&oacute;nde viene. Supongo que eso es porque el verdadero tab&uacute; es el de la desigualdad, no el del dinero. El dinero es simp&aacute;tico si estamos todos en la misma, pero cuando nos confronta con diferencias injustas la incomodidad es &uacute;nica e inconfundible, como siempre que un chusmer&iacute;o divertido desemboca en una historia violenta.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-plata_129_13135770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Apr 2026 03:01:57 +0000]]></pubDate>
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