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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Tamara Tenenbaum]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Tamara Tenenbaum]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una verdad incómoda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/incomoda_129_13594663.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0476223f-edb8-41ab-8cfb-81764a67db6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una verdad incómoda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ahogo presupuestario y la pérdida del poder adquisitivo de los docentes no solo deterioran sus condiciones de vida: también reducen el tiempo de preparación de las clases, afectan el aprendizaje y empujan a estudiantes a abandonar sus carreras. La defensa de la universidad pública no puede apoyarse solo en su prestigio histórico. Es necesario reconocer la crisis que atraviesa.</p></div><p class="article-text">
        Desde que empezaron las marchas universitarias que pienso en una verdad inc&oacute;moda, de esas que algunos piensan que deber&iacute;an quedar en nuestras conversaciones privadas, pero que yo creo que definitivamente deber&iacute;a ser parte del debate: hablo de la decadencia de la universidad p&uacute;blica. Por alguna raz&oacute;n, me da la sensaci&oacute;n de que en muchos c&iacute;rculos que frecuento hay menos pudor para hablar de lo mal que est&aacute;n las escuelas primarias y secundarias que para nombrar con claridad los problemas que el ahogo presupuestario y la crisis econ&oacute;mica m&aacute;s en general producen en el nivel universitario. Cuando hablamos de la escuela se entiende que es absolutamente l&oacute;gico que la decadencia produzca decadencia. Que un docente que tiene que trabajar en cuatro escuelas, viajar dos horas por d&iacute;a en tres medios de transporte distintos y dar clases sin materiales did&aacute;cticos porque no hay plata para comprarlos (en general es plata que ponen los docentes de su bolsillo) no solamente la pasa peor, sino que da peores clases. Que los d&iacute;as de paro no son solamente inc&oacute;modos para la planificaci&oacute;n familiar sino que interfieren en la continuidad pedag&oacute;gica, en la posibilidad concreta de ense&ntilde;ar un tema y evaluarlo. Que las m&uacute;ltiples situaciones que se descontrolan en un aula complican el aprendizaje de todos, sobre todo cuando hay pocos recursos humanos e instituciones para atenderlas. Nada de esto es controvertido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, cuando hablamos de la universidad p&uacute;blica, pareciera que lo &uacute;nico que se puede decir es que es &ldquo;de excelencia&rdquo;. Que sigue siendo la mejor a pesar de &ldquo;todo&rdquo;; que todav&iacute;a funciona como instrumento de ascenso social. Existe incluso ese discurso que mira con cierta nostalgia rom&aacute;ntica lo de &ldquo;cursar en el piso&rdquo;, supongo que porque extra&ntilde;an el cuerpo joven que pod&iacute;a pasar 6 horas sentado en el piso y despu&eacute;s tomarse un colectivo para ir a bailar. Pero vuelvo a lo de la excelencia: es como si la universidad p&uacute;blica no fuera, para algunos, sobre todo para los adultos que cursaron hace mucho, una instituci&oacute;n real y usada por personas reales, como un hospital o un CGP, sino una entelequia o un s&iacute;mbolo. El recuerdo de una idea de pa&iacute;s pujante, o al menos, de pa&iacute;s normal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo que este idealismo burgu&eacute;s (robando una frase con la que Silvia Delfino, una de las mejores profesoras que tuve en Puan, tachaba p&aacute;rrafos enteros de parciales domiciliarios) es nocivo para la conversaci&oacute;n p&uacute;blica. Puede parecer una defensa necesaria contra libertarios de internet, o incluso contra los libertarios que trabajan en el gobierno, pero pienso que le quita urgencia al reclamo: parecer&iacute;a que los docentes reclamamos mejores salarios porque los necesitamos para vivir (que no es poco, por supuesto) y no para ense&ntilde;ar. Parecer&iacute;a que, en el caso del universidad, la desfinanciaci&oacute;n es un problema solo para los que trabajamos en ella, y no para los que asisten; como si la &uacute;nica consecuencia para los estudiantes fueran &ldquo;los paros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entiendo esta diferencia con la escuela primaria; no creo que sea todo hipocres&iacute;a. Los estudiantes universitarios son adultos; sus padres no est&aacute;n tan pendientes de lo que hacen en la facultad como de lo que hacen los chicos en la escuela. Las escuelas son un eterno problema de los padres; la universidad lo es mucho menos. Para quien no trabaja cerca del mundo acad&eacute;mico, la universidad desaparece del mundo una vez que se grad&uacute;a; ni siquiera llega aparecer en el universo de much&iacute;sima gente, de hecho. Hace unos d&iacute;as, en un grupo de WhatsApp de una de las universidades p&uacute;blicas en las que trabajo, un colega escribi&oacute; que estaba derrumbado. Que trabaja en tres universidades distintas, que no puede m&aacute;s, que la sensaci&oacute;n es que a nadie le importa y nada va para ning&uacute;n lado; que ya no puede pensar en ninguna salida, solo en la frustraci&oacute;n y la angustia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Doy clases en dos universidades p&uacute;blicas hace ya muchos a&ntilde;os; en la Universidad Nacional de las Artes, en la carrera de Artes de la Escritura, y en la carrera de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, en el &aacute;rea de Filosof&iacute;a del Derecho. No pienso que estas carreras necesiten que todos sus profesores sean full time; de hecho pienso que hay ciertas disciplinas (como la escritura, o el derecho) que se benefician de que haya profesionales y no solo acad&eacute;micos en su planta docente. As&iacute; y todo, veo que me pasa algo que les pasa a todos los dem&aacute;s, incluso a los que investigan y tienen intenci&oacute;n de dedicarse por entero a la academia: el ingreso que percibo como docente es una fracci&oacute;n cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a de mi ingreso total. Gano, con un cargo de JTP y varios a&ntilde;os de antig&uuml;edad, poco m&aacute;s de 200 mil pesos en la UNA (en Derecho gano algo as&iacute; como la mitad de eso porque comparto la cursada con una colega). A medida que los salarios en la universidad se fueron estancando nos pas&oacute; lo mismo a todos: las horas son las mismas, el cargo es el mismo, pero la plata es cada vez menos. Todos seguimos ah&iacute; por vocaci&oacute;n, por compromiso, pero por supuesto no somos &aacute;ngeles que no necesitan comer para vivir, y entonces vamos reduciendo el tiempo que le dedicamos a la universidad como podemos. Nadie deja de dar clases o de asistir: s&iacute; s&eacute; que incluso los mejores de nosotros reducimos a la mitad las horas que dedicamos a preparar las clases. S&eacute; que incluso los mejores de nosotros reciclamos la cursada a&ntilde;o a a&ntilde;o, que por 200 mil pesos al mes nadie tiene tiempo de sentarse 3 meses a leer y preparar textos nuevos. S&eacute; que incluso los mejores de nosotros pensamos estrategias para evaluar sin tener que agregarle a las horas semanales de cursada demasiadas horas de correcci&oacute;n. No es mala voluntad: no tenemos esas horas. Tenemos que dedicarlas a actividades de que den un poco m&aacute;s de dinero. Por 200 mil pesos al mes no podemos tratar a la educaci&oacute;n universitaria m&aacute;s que como un hobby que nos sale caro, que no recupera lo que pagamos en transporte y en ni&ntilde;era. Ser&iacute;a absurdo pensar que esto no repercute en la calidad de la educaci&oacute;n que damos. Ser&iacute;a rid&iacute;culo fingir que entre este estado de &aacute;nimo entre el desgano y la depresi&oacute;n en el que tenemos que ir a clases, los estudiantes no van tambi&eacute;n desgan&aacute;ndose y deprimi&eacute;ndose. Por supuesto, los primeros estudiantes que se hartan de nuestro cansancio y se van son los que tambi&eacute;n est&aacute;n cansados: los que trabajan cada vez m&aacute;s, los que realmente no tienen resto mental para organizar su cursada cuando los paros que hacemos con justicia desorganizan todo. Supongo que lo &uacute;nico que intento modestamente con estas l&iacute;neas es decir que si alguien cree que el problema de la universidad es meramente est&eacute;tico o simb&oacute;lico, que la excelencia de la universidad p&uacute;blica queda intacta e impoluta a pesar del abandono y la malaria, esa persona act&uacute;a con mala fe o est&aacute; profundamente equivocada. Hoy, as&iacute; como estamos, el problema educativo en el nivel universitario es tan grave como en los niveles primario y secundario; si se nota menos es porque a los chicos les prestamos m&aacute;s atenci&oacute;n que a los grandes, y porque a la universidad, as&iacute; como est&aacute;n las cosas, llega cada vez menos gente.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/incomoda_129_13594663.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Oct 2026 13:28:01 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anne Carson y la belleza de lo que falta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anne-carson-belleza-falta_129_13577922.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/013c205c-34e0-4c6b-afa8-84a143270815_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x333y239.jpg" width="1200" height="675" alt="Anne Carson y la belleza de lo que falta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A propósito del Nobel de Literatura, una lectura personal de "La belleza del marido", el libro inclasificable en el que la poeta canadiense convierte el amor, la infidelidad y la traición en una exploración de la belleza, el misterio y los fragmentos que hacen de la literatura una forma de conocimiento</p></div><p class="article-text">
        La mejor semblanza sobre <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/anne-carson-gana-premio-nobel-literatura-2026_1_13572094.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anne Carson</a> la escribi&oacute; <a href="https://www.thenation.com/article/culture/anne-carson-wrong-norma/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en The Nation</a> hace unos dos a&ntilde;os Emily Wilson, la autora de la traducci&oacute;n m&aacute;s pol&eacute;mica de la Odisea, responsable tambi&eacute;n de otra larga pol&eacute;mica con los fans de Nolan. Con la excusa de rese&ntilde;ar <em>Wrong Norma </em>Wilson hace un recorrido m&aacute;s caprichoso que exhaustivo por la obra de Carson, e identifica, con su genialidad y precisi&oacute;n habituales, los rasgos m&aacute;s &uacute;nicos de Carson. No es extra&ntilde;a esta pareja: tanto Wilson como Carson son especialistas en griego antiguo, y ambas han hecho de su relaci&oacute;n con la traducci&oacute;n algo m&aacute;s que una carrera, algo m&aacute;s parecido a una forma de pensamiento y una cuesti&oacute;n de principios, algo que se acerca a una religi&oacute;n propia. Debe ser por eso entonces que lo escribe Wilson sobre Carson es lo que siempre pens&eacute; (supongo que nos pas&oacute; a muchos) pero no tuve las palabras para decir: su mezcla de ensayo y poes&iacute;a que termina siendo casi una especie de stand up escrito, su forma de desacralizar a los cl&aacute;sicos y seguir trat&aacute;ndolos como sagrados, el modo en que usa a los cl&aacute;sicos para mostrarnos que todas las experiencias en el fondo tienen algo de sagrado, que quiz&aacute;s no tenemos nada en com&uacute;n con los griegos pero podemos aspirar a los mismos niveles de belleza que ellos alcanzaron sin modestia y sin miedo. Hago esta breve recomendaci&oacute;n del texto de Wilson para explicar que no tiene sentido, para m&iacute;, intentar hacer una versi&oacute;n m&aacute;s mediocre de esa semblanza para homenajear el nobel de Anne Carson. Prefiero hacer otra cosa: utilizar los caracteres que me quedan para contar el minuto a minuto de c&oacute;mo se siente para m&iacute; leer y releer <em>La belleza del marido</em>, mi libro favorito de Anne Carson, y uno de mis favoritos del mundo entero.
    </p><p class="article-text">
        <em>La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos </em>es un libro inclasificable: pero como casi todos los libros inclasificables de Anne Carson, es mucho m&aacute;s inolvidable por lo que es, en un sentido profundo, que por el experimento formal que le sirve a Carson de veh&iacute;culo. Es un ensayo, es una novela, est&aacute; escrito en verso y es tambi&eacute;n una especie de cancionero de tangos, porque cada una de sus 29 secciones narra un nuevo episodio de amor, infidelidad, lamento y traici&oacute;n. Es un ensayo, porque tiene una tesis, y esa tesis es la que da vuelta todo el libro, lo da vuelta como una media: la narradora de la novela, que este libro tambi&eacute;n es, cuenta la historia de su marido, un hombre del que se enamor&oacute; muy joven y que se dedic&oacute; a enga&ntilde;arla con m&uacute;ltiples mujeres. Pero la tesis de Carson, que pone en boca de su narradora pero es tambi&eacute;n una tesis de autor (porque esto, repito, es un ensayo adem&aacute;s de la novela) es que ella todo lo hizo por la belleza: todo lo que dese&oacute;, am&oacute; y perdon&oacute; de ese marido fue su belleza pura, su belleza ante la que ella no ten&iacute;a ninguna oportunidad, ninguna esperanza. Es m&aacute;gica esa tesis: una mujer que en otro libro ser&iacute;a una v&iacute;ctima aqu&iacute; es un cazador. Esa mujer no es Blancanieves, esa mujer es un hombre con un cofrecito en el que va a colocar el coraz&oacute;n de un ciervo, no para enga&ntilde;ar a la reina, sino para enga&ntilde;arse a s&iacute; misma. Esa mujer sufre. El marido mentiroso y bello tambi&eacute;n sufre. De hecho, sufre y sangra: en una de las mejores escenas del libro, la narradora y su marido est&aacute;n discutiendo cuando de pronto a &eacute;l le empieza a sangrar la nariz, y los dos se manchan, y todo es asqueroso y absurdo y ya no se pueden odiar, porque el odio no puede quedar intacto despu&eacute;s de eso. Est&aacute; lleno de esas escenas el libro, igual que la literatura de Carson: un humor que es muy de ella, casi f&iacute;sico, casi tonto, que te hace pensar que Benny Hill podr&iacute;a haberse dedicado a la poes&iacute;a y ganarse un premio Nobel, que el hecho de que Anne Carson y Buster Keaton no sean la misma persona es m&aacute;s un accidente que una necesidad.
    </p><p class="article-text">
        Muchas conocimos a Anne Carson, creo yo, por sus traducciones de Safo. Es dif&iacute;cil explicar hasta qu&eacute; punto esas traducciones son definitorias de la obra de Carson, pero se puede intentarlo, porque en <em>La belleza del marido</em> es muy evidente. Es muy evidente que eso que fue una casualidad de la historia, el azar material de que los textos de Safo nos llegaran en pedacitos, se convirti&oacute; para Carson en una aspiraci&oacute;n literaria a la que dedicar todos sus libros. Carson quiso que su escritura se sintiera as&iacute;, como si el tiempo se hubiera tragado algunos fragmentos, justo los fragmentos necesarios para que el texto fuera mejor, los fragmentos que hac&iacute;a falta tragarse para producir el misterio. La literatura de Carson, y en <em>La belleza del marido</em> se ve quiz&aacute;s mejor que en ning&uacute;n otro libro, se trata de esa producci&oacute;n de incertidumbre: una creaci&oacute;n de oscuridad y secretismo que encima le queda demasiado bien a su tema, el tema de un marido que omite y separa, un marido que tiene &ldquo;el don del par&eacute;ntesis&rdquo;, como escribe Carson, que siempre sabe filtrar entre sus poemas m&aacute;s cr&iacute;pticos verdades angustiantemente expl&iacute;citas. Es como ese mandato de Coco Chanel de que para estar elegante antes de salir de casa hay que mirarse al espejo y sacarse una cosa, pero no en aras de la sencillez, sino para que brille lo que tiene que brillar. Es una literatura hecha de eso, de sacarse una cosa, dos cosas, todas las cosas posibles antes de salir de casa
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anne-carson-belleza-falta_129_13577922.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Oct 2026 12:28:10 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adela, La hipótesis del amor, La sagrada familia y Revolutions]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/adela-hipotesis-amor-sagrada-familia-revolutions_129_13578005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Adela, La hipótesis del amor, La sagrada familia y Revolutions"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Buji conversan sobre una nueva popstar, la romcom del momento, el edificio favorito de Buji y un podcast sobre revoluciones. </p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 22:48:16 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las películas que no sabíamos que teníamos que ver]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/peliculas-no-sabiamos-teniamos-ver_129_13560219.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16cdc799-a07e-4435-9c9c-47a7b3f3632a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las películas que no sabíamos que teníamos que ver"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre los videoclubes, las películas elegidas casi al azar y las funciones secretas de Fernando Martín Peña hay una forma de relacionarse con el cine que parece perdida: dejarse recomendar, ver una película porque sí y aceptar que algunas experiencias importantes duran apenas lo que dura una conversación.
</p></div><p class="article-text">
        Doy una materia llamada Taller de Cr&oacute;nica en la carrera de Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. Me encanta trabajar los textos con los estudiantes y mostrarles mis cr&oacute;nicas favoritas, o charlar sobre c&oacute;mo una novela o un poema puede tambi&eacute;n funcionar como referencia tonal para un texto de no ficci&oacute;n; pero la verdad es que lo que m&aacute;s disfruto en esas cursadas son las primeras dos clases, en las que las y los estudiantes proponen temas para sus textos. Me gusta porque me hace pensar en una pregunta sin respuesta, la de qu&eacute; es &ldquo;un buen tema&rdquo;, o m&aacute;s todav&iacute;a, qu&eacute; es un tema; me lleva, tambi&eacute;n, a otro asunto contradictorio, el de que para escribir sobre algo hay que ya tener algo pensado sobre ese algo, pero no lo suficientemente pensado como para que el proceso de escritura no vaya a hacer ninguna mella sobre eso. Pero en realidad es m&aacute;s simple: lo que m&aacute;s me divierte del asunto es escuchar qu&eacute; le interesa a otra gente, las mil millones de cosas que pueden cautivar a la gente, y en un contexto en el que encima est&aacute;n obligados a explicarme qu&eacute; es eso que los cautiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada, una alumna empez&oacute; a hablar del videoclub de su pap&aacute;, negocio que cerr&oacute; antes de que ella llegara a conocerlo. Ella misma sab&iacute;a que no alcanzaba con eso para hacer un texto, pero hab&iacute;a algo que le interesaba del hecho de que la gente siguiera hablando de ese videoclub cada vez que se cruzaba a su viejo por el barrio, que extra&ntilde;aran un negocio al que de todas maneras nadie ir&iacute;a si hoy intentaran resucitarlo. Entre las dos fuimos llegando quiz&aacute;s al n&uacute;cleo que a ella le interesaba: no la nostalgia del video o del DVD, sino de cierta forma de comunidad que parece imposible replicar, porque la gente que hoy se re&uacute;ne en torno de esa nostalgia lo hace a prop&oacute;sito. Al videoclub, en cambio, iba a hablar de cine gente que jam&aacute;s se juntar&iacute;a con nadie a hablar de cine, gente que no se autopercibe cin&eacute;fila, que no ve cine arte ni pel&iacute;culas en blanco y negro, pero que no ten&iacute;a m&aacute;s remedio que ir a preguntar qu&eacute; pod&iacute;a ver si todas las copias de <em>Duro de matar</em> estaban alquiladas. Hablamos tambi&eacute;n, creo, de elegir las pel&iacute;culas por horario: en alg&uacute;n momento era bastante com&uacute;n, incluso entre personas que nos autopercib&iacute;amos como relativamente aficionadas al cine, decidir &ldquo;este viernes quiero ir al cine&rdquo; y elegir entre las cuatro o cinco opciones que hab&iacute;a, a veces con muy poca informaci&oacute;n. No es que no nos importara qu&eacute; &iacute;bamos a ver, pero s&iacute; creo que no pens&aacute;bamos que ir al cine (o alquilar una pel&iacute;cula) fuera una ocasi&oacute;n que hab&iacute;a que maximizar, una oportunidad que no se pod&iacute;a perder viendo &ldquo;cualquier cosa&rdquo;. El mismo razonamiento aplica a la charla con el due&ntilde;o del videoclub: no hac&iacute;a falta que el tipo fuera una luminaria para quedarse charlando con &eacute;l y aceptar su recomendaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo d&iacute;a, a la noche, fui a Hasta Trilce a ver una de las dos pel&iacute;culas que Fernando Mart&iacute;n Pe&ntilde;a, el gran archivista del cine nacional, elige todos los martes para pasar hace ya bastante tiempo (y ojal&aacute; por mucho m&aacute;s). Son pel&iacute;culas de su colecci&oacute;n, de cualquier &eacute;poca o pa&iacute;s; la &uacute;nica condici&oacute;n es que todas son en f&iacute;lmico, y que jam&aacute;s se anuncian. El evento podr&iacute;a parecerse a otros que reivindican el cine y particularmente la materialidad de las copias (todos sentimos, en el momento en que una cinta se termina y la pel&iacute;cula se detiene hasta que ponen otra, una nostalgia de una &eacute;poca que al menos yo no conoc&iacute;), pero creo que tiene varias particularidades. Primero, se repite todos los martes: no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s en generar ni una sensaci&oacute;n de exclusividad o de FOMO. De hecho, una ni siquiera puede saber qu&eacute; van a pasar, de modo que tampoco es probable que una noche se ponga particularmente codiciada; ninguna noche es distinta de otra, no hay ninguna noche distinta de todas las noches. No hay gente cool, no es el lugar en el que hay que estar esa semana. Tampoco se pasa la pel&iacute;cula del a&ntilde;o: se pasan pel&iacute;culas de las que se podr&iacute;a hablar cualquier d&iacute;a, o nunca, y que no se volver&aacute;n a pasar: que lo &uacute;nico que tienen de especial es que le gustan a quien las eligi&oacute;, como cuando el due&ntilde;o del videoclub te recomendaba algo solo porque le gustaba a &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pe&ntilde;a pide, adem&aacute;s, que no se hable despu&eacute;s de la pel&iacute;cula que se pas&oacute;. Supongo que eso es imposible, pero a la vez creo que las conversaciones sobre esa pel&iacute;cula que no se volver&aacute; a pasar ni estar&aacute; rese&ntilde;ada en ninguna columna semanal son conversaciones de una clase muy particular, de esas que se sienten inolvidables durante el ratito que duran y despu&eacute;s se desvanecen en el aire, tan pesadas como est&aacute;n al presente. Quedan api&ntilde;adas en el caj&oacute;n de los recuerdos sin clasificar, para la vez que intentemos acordarnos de la filmograf&iacute;a de Bertolucci o de esa pel&iacute;cula que quiz&aacute;s vimos en Telef&eacute;. Es eso, pienso, lo que logra recrear Pe&ntilde;a de la experiencia material y mental del cine: la sensaci&oacute;n de algo ef&iacute;mero pero que se siente eterno, un martes a la noche encapsulado por fuera de los t&oacute;picos de moda. Es justamente lo contrario de lo que hoy te quieren vender como paradigma de ir al cine: ir todas las semanas a ver una pel&iacute;cula imperdible, imprescindible, la mejor del a&ntilde;o, un fin de semana tras otro pretendiendo una magnitud inalcanzable que solo puede terminar teniendo sabor a poco.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/peliculas-no-sabiamos-teniamos-ver_129_13560219.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Oct 2026 12:55:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las películas que no sabíamos que teníamos que ver]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reptiles, I.A., la Biblioteca Vasconcelos y Jerry Lee Lewis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reptiles-i-biblioteca-vasconcelos-jerry-lee-lewis_129_13559935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Reptiles, I.A., la Biblioteca Vasconcelos y Jerry Lee Lewis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Gino Cingolani conversan sobre el documental Monstruos de Dios, las novedades sobre IA, el edificio preferido de Gino y la película Great Balls of Fire.</p><p class="subtitle"> Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reptiles-i-biblioteca-vasconcelos-jerry-lee-lewis_129_13559935.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2026 18:18:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reptiles, I.A., la Biblioteca Vasconcelos y Jerry Lee Lewis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Algo prestado,Podcast,Tamara Tenenbaum]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lena Dunham y la mujer que desaparece detrás de “nuestra subrogante”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lena-dunham-mujer-desaparece-detras-subrogante_129_13541076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ef7bd02-4218-4d0e-848d-a72548ab9d83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x540y79.jpg" width="1200" height="675" alt="Lena Dunham y la mujer que desaparece detrás de “nuestra subrogante”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema no son las razones por las que la actriz eligió la maternidad subrogada, sino el modo en que cuenta esa experiencia: un relato concentrado en sus emociones, sus deseos y sus compras que apenas deja lugar para la mujer que atraviesa el embarazo.</p></div><p class="article-text">
        No creo que valga la pena analizar las motivaciones por las cuales <strong>Lena Dunham</strong> eligi&oacute; la maternidad subrogada. Es un asunto suyo, tan personal y privado como el de cualquier persona que toma la decisi&oacute;n de tener un hijo de la manera que sea. La verdad es que no hay buenas ni malas razones para ser madre, de una forma o de otra: tampoco creo que nadie sepa del todo por qu&eacute; quiere tener un hijo. &iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s virtuoso? &iquest;Estar enamorada? &iquest;Querer llenar un vac&iacute;o? &iquest;Tener curiosidad por una experiencia nueva? Me da exactamente igual. Por eso ya no me interesan ni me interpelan esos discursos que dicen que una persona no tiene derecho a tener un hijo; no s&eacute; ni qu&eacute; significa eso, ni es el punto. Quienes pensamos que la subrogaci&oacute;n es &eacute;ticamente cuestionable no deber&iacute;amos poner el foco ni en el derecho de hijo, ni en las buenas o malas razones para subrogar. Si la subrogaci&oacute;n est&aacute; mal porque implica un riesgo demasiado grande para la persona que atraviesa ese embarazo, y pensamos que una exposici&oacute;n de ese tipo es demasiado para que alguien tenga que hacerlo por dinero es irrelevante si alguien tiene o no &ldquo;derecho&rdquo; a un hijo: incluso si ese derecho existe, no es justificaci&oacute;n para hacer da&ntilde;o. Una persona a la que le falta un ri&ntilde;&oacute;n tiene derecho a que se haga todo lo posible para tener un brazo: y sin embargo, a nadie se le ocurrir&iacute;a que de ese derecho se deduce un derecho a quitarle un ri&ntilde;&oacute;n a alguien. Tampoco me parece demasiado interesante la discusi&oacute;n de si alguien quiere o no quiere un hijo &ldquo;con sus genes&rdquo;: uno puede querer lo que sea, el punto es qu&eacute; te deja hacer el mundo con eso, y eso va a depender de los derechos de los dem&aacute;s, no de lo noble o innoble de tus deseos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que s&iacute; me interesa analizar, en t&eacute;rminos discursivos y hasta literarios, es el texto que Dunham public&oacute; hace unos d&iacute;as en la revista Vogue, <a href="https://www.vogue.com/article/lena-dunham-shopping-for-baby-october-2026" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mitad anuncio de nacimiento, mitad publinota de ropa de beb&eacute;</a>. Ni bien empec&eacute; a leerlo pens&eacute; que era algo que har&iacute;a Hanna Horvath, la protagonista par&oacute;dicamente enroscada, narcisista pero entra&ntilde;able de <em>Girls</em>. Solo a Hannah se le podr&iacute;a ocurrir escribir un art&iacute;culo sobre subrograci&oacute;n puenteando absolutamente cualquier duda sobre si algo tan complejo como un embarazo (y cualquier persona que atraves&oacute; problemas de salud sexual y reproductiva como cuenta Dunham tiene claro que un embarazo es complejo: no necesita experimentarlo para saberlo) deber&iacute;a ser algo que mi dinero puede comprar. No solo eso: el art&iacute;culo se trata, de hecho, de gastar cantidades vergonzosas de dinero en ropita de dise&ntilde;o para beb&eacute;s. Ni siquiera se pregunta si los miles y miles de d&oacute;lares que ella gasta en ropa de beb&eacute;s en un par de horas (no hablo de miles de d&oacute;lares en sentido metaf&oacute;rico: los vestiditos de beb&eacute; de Sonia Rykiel de los que habla en la nota cuestan como 600 d&oacute;lares, y por lo que ella misma cuenta compr&oacute; varios) no estar&iacute;an mejor usados en pagarle m&aacute;s a la mujer que le dar&aacute; lo m&aacute;s importante del mundo, esa a la que durante todo el art&iacute;culo llama &ldquo;<em>nuestra</em> subrogante&rdquo;. De hecho, quiz&aacute;s lo m&aacute;s extra&ntilde;o de todo sea el modo en que sutilmente va caracterizando a esa mujer en contraposici&oacute;n a ella misma. Una mujer fuerte, que se nota a la legua que sabe manejar en la nieve, a diferencia de ella misma, endeble y fr&aacute;gil. Dunham escribe tambi&eacute;n que esperaba sentirse celosa de esa mujer por ser capaz de embarazarse y parir, y termin&oacute; sinti&eacute;ndose celosa de su beb&eacute; por poder ser acunada en las entra&ntilde;as de una madre nutricia tan claramente acogedora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ni en los sentimientos que Dunham esperaba sentir ni en los que efectivamente termin&oacute; experimentando aparecen la pena, o la incomodidad frente a la diferencia entre ellas; de hecho, las &uacute;nicas diferencias que aparecen son aquellas en las que Dunham puede ubicarse como la v&iacute;ctima, como el sujeto digno de l&aacute;stima. Ninguna menci&oacute;n al hecho de que otra mujer, para vivir una vida digna y llevar adelante su familia, tenga que emprender &ldquo;el viaje&rdquo; (as&iacute; dice Dunham que lo llaman las agencias, y as&iacute; lo llama ella) de monetizar su cuerpo. Ninguna menci&oacute;n al hecho de estar gastando en unas compritas compulsivas de ropa de beb&eacute; lo que <em>nuestra subrogante</em> debe ganar en un mes. No hay tampoco ninguna pregunta por qu&eacute; sentir&aacute; ella, <em>nuestra subrogante</em>: se sobreentiende que es irrelevante para Dunham, ser&aacute; cosa suya. Este art&iacute;culo es sobre m&iacute;: mi maternidad, mi experiencia, mis emociones, mi esperanza, mi tarjeta de cr&eacute;dito.
    </p><p class="article-text">
        No creo que Dunham con este art&iacute;culo nos haya roto el coraz&oacute;n porque pens&aacute;ramos que era alguna suerte de &iacute;cono feminista: pero creo que s&iacute; cre&iacute;amos, por lo sofisticado del retrato generacional que arm&oacute; en <em>Girls</em>, que ten&iacute;a una agudeza mucho m&aacute;s grande de la que demostr&oacute; para entender el egocentrismo colectivo, propio y ajeno. Si esta nota de Vogue hubiera sido un cap&iacute;tulo de <em>Girls</em>, ser&iacute;a un retrato brillante de una persona tan ensimismada que ni siquiera puede imaginar que semejante texto vaya a caerle mal a nadie: pero no, es un art&iacute;culo real, de una persona real, no una disecci&oacute;n inteligente y ficcional de una subjetividad absurda.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lena-dunham-mujer-desaparece-detras-subrogante_129_13541076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Sep 2026 13:17:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lena Dunham y la mujer que desaparece detrás de “nuestra subrogante”]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madres, monstruos, Romina Paula, Chantal Akerman y Coriún Aharonián]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/madres-monstruos-romina-paula-chantal-akerman-coriun-aharonian_129_13540475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Madres, monstruos, Romina Paula, Chantal Akerman y Coriún Aharonián"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Male Rey conversan sobre dos libros nuevos de Adriana Riva y Silvina Vogt, la obra El tiempo todo entero de Romina Paula, un ensayo de Chantal Akerman y el uruguayo preferido de Tamara.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/madres-monstruos-romina-paula-chantal-akerman-coriun-aharonian_129_13540475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Sep 2026 12:45:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Madres, monstruos, Romina Paula, Chantal Akerman y Coriún Aharonián]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Teatro,Algo prestado,Tamara Tenenbaum,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Expedición Presidente Perón, Obdulio Varela, Harun Farocki y The Diplomat]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/expedicion-presidente-peron-obdulio-varela-harun-farocki-the-diplomat_129_13523145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Expedición Presidente Perón, Obdulio Varela, Harun Farocki y The Diplomat"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Pablo y Tamara conversan sobre la primera expedición argentina al Himalaya, el uruguayo favorito de Pablo, la película Videograms of a Revolution y una serie con Keri Russell.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/expedicion-presidente-peron-obdulio-varela-harun-farocki-the-diplomat_129_13523145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Sep 2026 12:42:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Expedición Presidente Perón, Obdulio Varela, Harun Farocki y The Diplomat]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Himalaya,Cine,Series]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pagar la tarjeta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pagar-tarjeta_129_13505842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d544dbff-6e98-4f43-b6f5-dedcdf2f4869_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pagar la tarjeta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de las cifras, la deuda se volvió una experiencia compartida entre ricos y pobres: la vergüenza del descenso social y el miedo a no sostener un nivel de vida.</p></div><p class="article-text">
        Empec&eacute; a prestar atenci&oacute;n al asunto del endeudamiento personal mucho antes de que se empezara a discutir en Twitter o en los medios como problema pol&iacute;tico o econ&oacute;mico de escala. No por ser ninguna visionaria, pero los problemas de la vida real todav&iacute;a son problemas de la vida real, y si uno tiene amistades y c&iacute;rculos de intimidad y chusmer&iacute;o en el mundo de los &aacute;tomos, todav&iacute;a puede enterarse de cosas m&aacute;s all&aacute; de<em> los discursos</em>. Por supuesto: la evidencia anecd&oacute;tica no sirve para pensar si una situaci&oacute;n es realmente un problema econ&oacute;mico, si hace falta m&aacute;s regulaci&oacute;n o una pol&iacute;tica p&uacute;blica o un cambio normativo. Tampoco esas ser&iacute;an preguntas sobre las que yo tenga grandes recursos para decir algo original; para eso hay textos como <a href="https://todosobrelamora.vercel.app/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este informe que elabor&oacute; Mat&iacute;as Fern&aacute;ndez</a> a partir de la base de deudores, que circul&oacute; mucho en redes sociales, y tambi&eacute;n <a href="https://www.fundacionencuentro.com/projects/endeudamiento-en-los-hogares.-ingresos-estructura-social-y-empleo-en-los-hogares-que-se-endeudan-septiembre-2026?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este otro de Fundaci&oacute;n Encuentro</a> elaborado con datos de la EPH; los le&iacute; para entender un poco m&aacute;s la realidad y la escala del problema, pero no podr&iacute;a criticarlos o responderlos. En cualquier caso, lo que me interesa desde mi humilde y cuasi hippie punto de vista de columnista literaria es pensar si en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, m&aacute;s all&aacute; de los cambios en la cantidad de gente que toma deuda (y, sobre todo, la que toma deudas que no puede pagar), se produjeron tambi&eacute;n cambios en nuestras maneras de pensar, conversar y vivir la deuda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dije al principio de este texto, antes de empezar a atajarme sobre mi propia ignorancia, que llegu&eacute; a esta cuesti&oacute;n a partir de conversaciones en el mundo real. Cuando hablo del mundo real, por supuesto, estoy hablando de la gente que me rodea a m&iacute;, que en general es de determinada clase social, con excepciones notables hacia arriba y hacia abajo. Esto es lo primero que me llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre el asunto de la deuda, y creo que explica gran parte del peso del tema en la conversaci&oacute;n p&uacute;blica: la gente endeudada que conozco es rica y pobre, y por lo que pude leer, la evidencia corrobora esa apreciaci&oacute;n anecd&oacute;tica. Endeudarse no es de pobre, ni de rico, ni de clasemediero: es de cualquiera, y sobre todo en una econom&iacute;a acostumbrada a que a las cuotas &ldquo;se las coma la inflaci&oacute;n&rdquo;. Por supuesto esas deudas no son todas iguales; no es lo mismo endeudarse con un banco que con un prestamista informal, ni es lo mismo endeudarse para comer que para pagar el colegio lo para sostener un nivel de vida lujoso que en el fondo no se tienen los medios para sostener. Lo que s&iacute; pienso es que hay algo de la sensaci&oacute;n que es parecido: lo oigo en conversaciones en personas con niveles de ingreso muy diferentes, que sin embargo parecen hermanarse en el padecimiento de &ldquo;pagar la tarjeta&rdquo;. Las clases medias y medias altas sentimos que entendemos la pobreza cuando sufrimos por tener que hacer pagos que pospusimos imaginando que el mes que viene ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil, o cuando nos cuesta sostener un consumo que ya dimos por hecho como parte de nuestra cotidianidad; sobre todo cuando se trata de consumos que no es tan f&aacute;cil resignar, como el colegio privado o el auto, cosas que se sienten como un cambio en el nivel de vida, un aut&eacute;ntico descenso social, y no &ldquo;un gustito&rdquo;. Es probable que no sea cierta esa supuesta empat&iacute;a con la pobreza. Es como la canci&oacute;n de Pulp, &ldquo;Common People&rdquo;: es imposible imaginar la posibilidad de quedar en la calle si siempre en el fondo vas a tener un ahorro o una familia que pueda salvarte las papas. Eso no hace que el descenso social sea menos cierto, ni menos vergonzante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo segundo que me llam&oacute; la atenci&oacute;n fue la situaci&oacute;n de la juventud, que en todos los textos que abordan el tema est&aacute; mucho m&aacute;s endeudada (y en situaci&oacute;n de morosidad) que hace unos a&ntilde;os, y lo traigo a colaci&oacute;n porque reci&eacute;n habl&eacute; de la verg&uuml;enza. En lo que pude leer se destacan dos grupos de gente endeudada: la gente que convive con hijos, por un lado, y la gente joven, por el otro. Son dos grupos que una tender&iacute;a a pensar que se endeudan por razones muy distintas, pero creo que tienen algo en com&uacute;n: la verg&uuml;enza no solo de deber plata y no tener para pagarla, sino una verg&uuml;enza anterior, la de verse obligado a reducir un consumo. Pienso, y esto es otra vez, una mezcla de mis intuiciones y la evidencia variopinta que veo a mi alrededor, que los padres de ni&ntilde;os y los j&oacute;venes son los que se sienten m&aacute;s &ldquo;observados&rdquo; en t&eacute;rminos de sus consumos: los padres de ni&ntilde;os, por sus hijos, a los que es doloroso explicarles que uno ya no les puede pagar el colegio o la colonia o la salida, y los j&oacute;venes, por sus pares y por su propia autoestima, en una sociedad cada vez m&aacute;s organizada en torno de la ostentaci&oacute;n y la plata que se tiene y se gasta como &uacute;nica medida del valor subjetivo. No digo que no sea cierto lo de que falta &ldquo;educaci&oacute;n financiera&rdquo;; tambi&eacute;n est&aacute; la cuesti&oacute;n de las apuestas y el hecho de que quien nunca tuvo que ir al banco f&iacute;sicamente a pedir un pr&eacute;stamo pueda no entender del todo, al momento de tomar una deuda, que el asunto es m&aacute;s que un jueguito de un clic o dos. Pero sigo pensando que el foco est&aacute; mucho m&aacute;s en esto que se&ntilde;alo, la dificultad y el dolor que implica el descenso social; quienes hablan de &ldquo;achicarse&rdquo; con excesiva facilidad o bien nunca lo han hecho, o bien tienen subjetividades construidas en &eacute;pocas mucho menos consumistas que esta.
    </p><p class="article-text">
        Y lo tercero que me interes&oacute; de esta conversaci&oacute;n, y lo &uacute;ltimo que tengo para decir, es la cuesti&oacute;n &eacute;tica, o m&aacute;s bien, quiz&aacute;s, la cuesti&oacute;n est&eacute;tica. Volv&iacute; acordarme de esto por la cuesti&oacute;n de las subjetividades: parece haber una disputa ideol&oacute;gica pero sobre todo quiz&aacute;s estil&iacute;stica entre quienes aman el mundo financiero y quienes lo detestan; quienes creen que &ldquo;tener pesos&rdquo; es terrible porque se te deval&uacute;an en las manos (y piensan que &ldquo;educaci&oacute;n financiera&rdquo; es &ldquo;tener todo invertido&rdquo; aunque sea plata que vas a usar en 10 d&iacute;as) y quienes piensan que hay alguna virtud moral en no usar la tarjeta de cr&eacute;dito incluso cuando sea la opci&oacute;n m&aacute;s econ&oacute;micamente racional. Supongo que los j&oacute;venes son mucho m&aacute;s permeables a este tipo de grietas emocionales que las personas que ya han navegado infinitas crisis y saben que, al final, las deudas hay que pagarlas; que los problemas de &ldquo;mi yo del futuro&rdquo; eventualmente te encuentran.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, creo que la cuesti&oacute;n del endeudamiento es de esos problemas que los gur&uacute;s de internet quieren convencerte que son problemas de educaci&oacute;n, problemas que se resuelven con cursos, pero va mucho m&aacute;s all&aacute; de eso; va tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de la gente que se endeuda para comer, porque no toda la gente que est&aacute; endeudada se endeuda para comer. Pienso, tambi&eacute;n, en las historias que recientemente circularon sobre deudores que se deprimen y llegan incluso a quitarse la vida; historias que no son nuevas, pero que parecen estar dando vueltas en los medios y en las conversaciones cotidianas cada vez m&aacute;s, como balas que pican cerca. Si es uno de los grandes temas de la agenda hoy (y, me atrevo a adelantar, de las pr&oacute;ximas elecciones), es porque nos hace chocar con nuestras ideas y convicciones m&aacute;s &iacute;ntimas sobre lo que esperamos del futuro, el ascenso y el descenso de nuestros niveles de vida, lo que nuestros consumos dicen sobre nosotros mismos y, quiz&aacute;s, sobre todo, lo que pensamos que esos consumos les muestran a otros.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pagar-tarjeta_129_13505842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Sep 2026 13:07:22 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiranos Temblad, Los Domingos, The Testaments y The Illegals]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tiranos-temblad-domingos-the-testaments-the-illegals_129_13505242.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Tiranos Temblad, Los Domingos, The Testaments y The Illegals"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Buji conversan sobre el uruguayo favorito de Buji, la película Los Domingos, la serie The Testaments y el libro The Illegals: Russia's Most Audacious Spies and Their Century-Long Mission to Infiltrate the West.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tiranos-temblad-domingos-the-testaments-the-illegals_129_13505242.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Sep 2026 12:25:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Series,Literatura,Algo prestado,Tamara Tenenbaum,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los chicos, internet y nuestra propia orfandad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chicos-internet-propia-orfandad_129_13490155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1ebb95e-ddf5-45ee-b401-503bb1591d73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1140y542.jpg" width="1200" height="675" alt="Los chicos, internet y nuestra propia orfandad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las discusiones sobre el uso de redes sociales por parte de niños y adolescentes suelen presentarse como un problema de educación y responsabilidad individual. Pero frente a plataformas diseñadas para capturar nuestra atención, poner límites también es una cuestión colectiva: no se trata solo de cuidar a los chicos, sino de recuperar alguna forma de cuidado para todos.</p></div><p class="article-text">
        A veces creo que nuestras conversaciones sobre lo que deber&iacute;a hacerse con los ni&ntilde;os (los ni&ntilde;os e internet, los ni&ntilde;os y la salud mental, los ni&ntilde;os y el espacio p&uacute;blico) no son m&aacute;s que formas encubiertas de hablar lo que nos gustar&iacute;a que alguien hiciera con nosotros. Somos nosotros los que querr&iacute;amos que alguien nos saque el tel&eacute;fono; nosotros los que pensamos que tenemos un problema de ansiedad; nosotros los que querr&iacute;amos pasar menos tiempo encerrados en casa y m&aacute;s tiempo en la calle; todo esto, por supuesto, en un sentido abstracto. Quiero decir: nosotros, justamente, somos adultos. T&eacute;cnicamente nadie nos proh&iacute;be ni ir a buscar la pizza en lugar de pedirla con una aplicaci&oacute;n, ni soltar un rato el tel&eacute;fono para tener menos problemas mentales. Pero hablar de lo dif&iacute;cil que es ese ejercicio retorcido de la autonom&iacute;a, el de tomar decisiones inc&oacute;modas en el corto plazo en pos de un beneficio hipot&eacute;tico en la acumulaci&oacute;n de las decisiones, requerir&iacute;a una conversaci&oacute;n compleja sobre la subjetividad para la que siento que todav&iacute;a no tenemos vocabulario. No creo que la adicci&oacute;n a la conveniencia de internet (a lo r&aacute;pido, a lo que me entretiene, a lo que me sonr&iacute;e, a lo que me resuelve) sea comparable a ninguna otra adicci&oacute;n, ni que el modo en que estamos sujetos a internet sea comparable a ninguna otra forma de dominaci&oacute;n. Intentamos constantemente esas comparaciones: hablamos de internet como si fuera una droga y de sus due&ntilde;os como si fueran se&ntilde;ores feudales, pero la verdad es que esas comparaciones no capturan para nada el autoatentado espec&iacute;fico contra la subjetividad que implica vivir con un tel&eacute;fono en la mano. 
    </p><p class="article-text">
        En todo esto pens&eacute; cuando mi amigo Gino Cingolani me coment&oacute;, en el episodio de<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/ida-holz-go-ninos-tove-ditlevsen_129_13489719.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Algo Prestado </a>que sali&oacute; ayer, que la empresa Meta estaba preparando unas<a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/horas-diarias-dinero-condicionado-implica-pacto-diseno-adictivo-instagram-facebook_1_13473859.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> restricciones duras para el uso de redes sociales</a> por parte de menores de edad, a partir de <a href="https://www.eldiarioar.com/tecnologia/meta-pagara-16-700-millones-dolares-cerrar-demandas-adiccion-infantil-instagram-facebook_1_13469052.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un arreglo judicial al que lleg&oacute; con un grupo de abogados estadounidenses</a> en relaci&oacute;n a las consecuencias negativas que el uso de redes sociales tiene en ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes. A partir de este arreglo, Meta se compromete a que, al menos en territorio estadounidense, las cuentas asociadas a menores de edad no podr&aacute;n usar redes sociales por m&aacute;s de dos horas por d&iacute;a. Tambi&eacute;n tendr&aacute;n vedado el acceso a las plataformas en horario nocturno, y no podr&aacute;n recibir notificaciones en el horario escolar. Decimos que estas son &ldquo;restricciones duras&rdquo; porque estar&aacute;n incorporadas a los servidores de Meta.
    </p><p class="article-text">
        Gino, que tiene una sensibilidad formada en la &eacute;poca de Napster y la idea de que la educaci&oacute;n nos har&aacute; libres, no miraba con tan buenos ojos la idea de una prohibici&oacute;n. Le parec&iacute;a m&aacute;s importante la otra parte del resultado de este proceso legal: la obligaci&oacute;n de poner a disposici&oacute;n de padres y docentes materiales para trabajar los l&iacute;mites en el uso de redes sociales, tanto a la hora de exponerse como a la de pensar en qu&eacute; significa un consumo moderado y responsable. Yo no creo haber perdido la fe en la educaci&oacute;n, aunque a&ntilde;os de moverme en el mundo de las capacitaciones feministas me hayan hecho repensar sus l&iacute;mites y aceptar que no todos los problemas pueden reducirse a problemas educativos. Lo que pienso, en todo caso, es que prohibir es efectivamente una parte de educar; en el fondo, es una herramienta como cualquier otra. Y el problema del uso de redes sociales es el mismo que el de cualquier tema de conducta social: es un problema de acci&oacute;n colectiva. Nuestros padres nos preguntaban, cuando dec&iacute;amos que hab&iacute;amos hecho x cosa porque Menganito la hab&iacute;a hecho, si nos tirar&iacute;amos por la ventana en caso de que a Menganito se le ocurriera tirarse por la ventana; pero la verdad es que si todos nuestros compa&ntilde;eros de clase se tiran por la ventana, son pocos los padres y madres que tienen tanta fuerza de voluntad como para impedir que uno lo haga. En ese sentido, la prohibici&oacute;n dura, la que no depende del resto del curso ni de la cantidad de energ&iacute;a que les quede a los padres al final del d&iacute;a, no tiene nada que ver, en mi humilde opini&oacute;n, con &ldquo;evitar el problema&rdquo;. Se trata, finalmente, de darles a los padres y las escuelas una herramienta m&aacute;s en una lucha que hoy es demasiado desigual. 
    </p><p class="article-text">
        La ni&ntilde;ez es el &uacute;nico v&iacute;nculo mayoritario con las instituciones que les queda a las mayor&iacute;as de casi todas las clases sociales. Todos cuestionan a la escuela, pero en general los chicos siguen yendo. Est&aacute; dif&iacute;cil el tema, justamente porque la escuela sigue siendo una instituci&oacute;n, y se lleva muy mal con el cada vez m&aacute;s popular ethos libertario de individuos que se creen por encima o por fuera de las reglas que aplican a todos. La victoria contra Meta, y la aceptaci&oacute;n de que el problema no es personal ni individual sino colectivo e institucional, es una peque&ntilde;a esperanza para los que creemos que este hiperindividualismo de ni&ntilde;os &iacute;ndigo es inconducente y destructivo. Pero mi esperanza es incluso un poco mayor: creo, como dije al principio, que todas las ansiedades que manifestamos sobre los ni&ntilde;os son en el fondo ansiedades sobre nuestra propia orfandad. Nosotros tambi&eacute;n queremos que nos proh&iacute;ban internet. Nosotros tambi&eacute;n, en el fondo, queremos que nos cuiden; esa conciencia es el germen, quiz&aacute;s, de una &eacute;tica anti&eacute;tica que se est&aacute; chocando con sus propias limitaciones.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chicos-internet-propia-orfandad_129_13490155.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Sep 2026 13:14:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ida Holz, Go, niños y Tove Ditlevsen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ida-holz-go-ninos-tove-ditlevsen_129_13489719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Ida Holz, Go, niños y Tove Ditlevsen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Gino Cingolani conversan sobre la uruguaya favorita de Gino, el Go, las nuevas restricciones de las redes sociales para menores de edad y la escritora Tove Ditlevsen.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a> es un podcast de <strong>elDiarioAR</strong> realizado por <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en <a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ida-holz-go-ninos-tove-ditlevsen_129_13489719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Sep 2026 12:33:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ida Holz, Go, niños y Tove Ditlevsen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Informática,Redes sociales,Algo prestado,Tamara Tenenbaum,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida desnuda de Tove Ditlevsen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vida-desnuda-tove-ditlevsen_129_13474800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a61c3065-2c55-4ee3-a08a-a9fd2fd4c572_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x212y98.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida desnuda de Tove Ditlevsen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La reciente llegada al español de "Trilogía de Copenhague" recupera la obra de Tove Ditlevsen, una escritora danesa extraordinaria cuya vida y escritura estuvieron atravesadas por la pobreza, la literatura, la adicción y una sensibilidad feroz. Una lectura sobre la infancia, la fragilidad y el precio de vivir de forma intensa.
</p></div><p class="article-text">
        Una puede hacer dos cosas frente a la arbitrariedad del mundo editorial y su circulaci&oacute;n de traducciones: lamentarse por lo que no llega, o lo que tarda en llegar, o al menos agradecer que las exclusiones y las demoras permitan parad&oacute;jicas reivindicaciones que no hubieran sido posibles de otro modo. <strong>Tove Ditlevsen </strong>es un autora danesa nacida en 1917: la generaci&oacute;n de Muriel Spark, Clarice Lispector, Natalia Ginzburg o Marguerite Duras. Si su obra hubiera circulado en ingl&eacute;s o en espa&ntilde;ol tan tempranamente como la de las dem&aacute;s autoras que mencion&eacute;, yo probablemente jam&aacute;s habr&iacute;a reparado en ella. En cambio, como hace apenas siete a&ntilde;os lleg&oacute; al ingl&eacute;s, y reci&eacute;n el a&ntilde;o pasado al espa&ntilde;ol, puedo leer rese&ntilde;as y art&iacute;culos sobre esta escritora &ldquo;reci&eacute;n descubierta&rdquo;, desde el narcisismo de mi espa&ntilde;ol pluric&eacute;ntrico. 
    </p><p class="article-text">
        Pas&eacute; dos viajes de seis horas en un micro de larga distancia (la ida desde Buenos Aires hasta Santa Fe Capital, y el correspondiente regreso) con la Trilog&iacute;a de Copenhague, que re&uacute;ne tres novelas autobiogr&aacute;ficas consecutivas publicadas por Ditlevsen: <em>Infancia</em>, <em>Juventud </em>y <em>Dependencia</em>. El estilo y el tono de Ditlevesen son absolutamente impresionantes: es una escritura viva, con un tono casi bipolar, sangu&iacute;neo o fr&iacute;o, nunca nada en el medio; fresco y eterno, con el &iacute;mpetu del ahora y la ambici&oacute;n de la posteridad. La voz de Ditlevsen, sobre todo, me llev&oacute; a repensar unas cuantas tonter&iacute;as actuales sobre &ldquo;lo solemne&rdquo; de las que estaba demasiado convencida sin ninguna justicia. &ldquo;Con la ma&ntilde;ana, llegaba la esperanza&rdquo;, escribe Ditlevsen para empezar <em>Infancia</em>, la memoria sobre su ni&ntilde;ez en una familia humilde en el barrio obrero de Vesterbro, Copenhague. Esa oraci&oacute;n tan ceremoniosa que parece de himno abre una reflexi&oacute;n pausada y espectacular sobre la aut&eacute;ntica intimidad, la de una madre y una hija que pasan juntas en el fondo no se conocen. Ditlevsen habla de la esperanza del silencio y el entendimiento, el momento en que su padre y su hermano se iban y ellas quedaban solas en la casa y parec&iacute;a que, si la peque&ntilde;a Tove lograba quedarse lo suficientemente quieta, hacerse lo suficientemente invisible, su madre olvidar&iacute;a la irritaci&oacute;n infinita que la ni&ntilde;a le produc&iacute;a por su sola existencia, y por un instante, por breve que fuera, el mundo ser&iacute;a un lugar luminoso y tranquilo para las dos. 
    </p><p class="article-text">
        Ese estilo bipolar, grandilocuente y a la vez modesto, dulce y &aacute;spero, cortante y blando, funciona no solo por razones estrictamente formales, sino porque est&aacute; cortado a medida para y por los grandes temas y las grandes tesis de Ditlevsen. &ldquo;La infancia es larga y estrecha como un ata&uacute;d, y no se puede escapar de ella sin ayuda&rdquo;, dir&aacute; unas p&aacute;ginas m&aacute;s tarde. Es tentador leer <em>Infancia</em> y entenderlo como un testimonio de lo oscuro que pod&iacute;a ser ser ni&ntilde;o (ser ni&ntilde;a, sobre todo) a principios del siglo XX, en una familia pobre, perseguida por el desempleo de un padre de izquierdas y la eterna frustraci&oacute;n de una madre que so&ntilde;aba una vida m&aacute;s f&aacute;cil. Es tentador, porque es cierto que hay algo testimonial en el relato de Ditlevsen: ella aspira, de hecho, a hablar no solo de su infancia, sino de la infancia en general, as&iacute; como aspira a descubrir verdades sobre la vida en general a partir de la observaci&oacute;n infinitamente l&uacute;cida y detallada de la suya propia, y lo hace. Ditlevsen relata las particularidades de su infancia y al mismo tiempo piensa sociol&oacute;gicamente cuando explica, desde la voz de su yo ni&ntilde;a, que ella ya sab&iacute;a que era una ni&ntilde;a afortunada porque su padre no beb&iacute;a y su madre no le pegaba demasiado fuerte. Empezaba a aparecer, t&iacute;midamente, esa idea de que una casa decente es una en la que al menos se intenta resguardar a los ni&ntilde;os de la inclemencia del mundo adulto, aunque ese intento se vea como muy m&iacute;nimo desde nuestra actualidad. 
    </p><p class="article-text">
        Pero aunque Ditlevsen est&eacute; dando un testimonio de &eacute;poca, entendemos sobre todo a partir del segundo tomo que tambi&eacute;n est&aacute; hablando de una vida y una subjetividad muy singulares. Tove Ditlevsen iba a convertirse, primero, en una escritora aclamada, y luego, como relata en <em>Dependencia</em>, el &uacute;ltimo y m&aacute;s desgarrador de los tomos, en una adicta (v&iacute;ctima de un marido m&eacute;dico que la inyectaba con diversos calmantes). En todo ese viaje de la pobreza al &eacute;xito y luego a la soledad m&aacute;s profunda podemos leer una continuidad. Ditlevsen nunca deja de ser esa ni&ntilde;a que deseaba al mismo tiempo el silencio y la atenci&oacute;n, la calma y la intensidad. Todo lo que le pasa, desde que es peque&ntilde;&iacute;sima hasta que se suicida a sus 59 a&ntilde;os, parece ser el resultado de un alma desnuda en un mundo demasiado violento: un alma desnuda que no quiso protegerse, porque esa hiper exposici&oacute;n a la existencia era su veneno, pero tambi&eacute;n el alimento de su escritura, lo &uacute;nico que la mantuvo viva el tiempo que tuvo. Es una vida intensa llena de sabidur&iacute;a pero sin lecciones ni aprendizajes, sin progresos: detenida en una conciencia exacerbada del vac&iacute;o y la angustia que no pudo domesticarse jam&aacute;s. Cuando llegaba al &uacute;ltimo tomo, tan duro que hay que leerlo frenando, no pude evitar pensar en Judith Shakespeare, esa hermana ficticia de William que Virginia Woolf invent&oacute; para explicar que una mujer con el talento y el hambre de Shakespeare en la &eacute;poca de Shakespeare hubiera terminado loca, desesperada y muerta. Cuatro siglos despu&eacute;s de Shakespeare, y cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s de Virginia Woolf, Tove Ditlevsen termin&oacute; igual. Lo extraordinario es que, a diferencia de Judith Shakespeare, e incluso a diferencia de la propia Woolf, cuya escritura p&uacute;blica fue infinitamente m&aacute;s contenida y distante de su propia experiencia, Ditlevsen vivi&oacute; poco, pero vivi&oacute; para contarlo. Es muy pero muy extra&ntilde;o que una persona con una sensibilidad tan desaforada, una mente tan sin bordes, para bien y para mal, tenga el control, la precisi&oacute;n y el arte para contar tan bien qu&eacute; se siente, ser as&iacute;, y cont&aacute;rnoslo a todos de manera tal que por un instante parece que ser&iacute;a imposible no ser as&iacute;, que esa forma intensa y terrible es la &uacute;nica manera de estar en el mundo. Leer la Trilog&iacute;a de Copenhague es, nada m&aacute;s y nada menos, presenciar ese milagro. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vida-desnuda-tove-ditlevsen_129_13474800.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 13:21:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida desnuda de Tove Ditlevsen]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Damián Ríos, Laura Wittner, películas cordobesas, Idea Vilariño y Dolly Parton's America]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/damian-rios-laura-wittner-peliculas-cordobesas-idea-vilarino-dolly-parton-s-america_129_13474303.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Damián Ríos, Laura Wittner, películas cordobesas, Idea Vilariño y Dolly Parton&#039;s America"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Male Rey y Tamara conversan sobre dos libros de la editorial Caballo negro, las películas “La noche está marchándose ya” y “Para hacer una película solo hace falta un arma”, la uruguaya favorita de Male y un podcast sobre Dolly Parton.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a> es un podcast de <strong>elDiarioAR</strong> realizado por <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en <a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/damian-rios-laura-wittner-peliculas-cordobesas-idea-vilarino-dolly-parton-s-america_129_13474303.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2026 11:45:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Damián Ríos, Laura Wittner, películas cordobesas, Idea Vilariño y Dolly Parton's America]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cine,Música,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arte de la elegancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/arte-elegancia_129_13461964.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bfdb35f1-7ddb-4258-9512-87c7ca24e0c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x683y470.jpg" width="1200" height="675" alt="El arte de la elegancia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Milena Busquets vuelve sobre la elegancia para despojarla de su vínculo con el dinero, la distinción y el privilegio: en Mujeres elegantes, la convierte en una forma de mirar, disfrutar y aprender a vivir que no depende de haber nacido en la cima, sino de la experiencia y de la capacidad de apreciar lo cotidiano.</p></div><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que me pregunto si es posible rehabilitar la elegancia como virtud; si es posible, si es necesario, si vale la pena intentar repensar la elegancia como otros intentan repensar los bodegones, los vinilos o el jazz; si hay algo que valga la pena ah&iacute; o si es sencillamente una antig&uuml;edad que hay que aprender a olvidar. Supongo que hay gente que piensa que la elegancia est&aacute; bien como est&aacute; y no necesita ning&uacute;n trabajo. Desde mi punto de vista, que probablemente es muy espec&iacute;fico, eso es un error. A la mayor&iacute;a de la gente joven hoy no le interesa la elegancia, y creo que tienen raz&oacute;n. Pienso en eso que se dice de los traperos o de los influencers, gente que se cuelga todo encima, a la que no le interesa la performance elegante de la sencillez. A m&iacute; tampoco me gusta la ostentaci&oacute;n, pero la idea de que no hay que mostrar lo que se tiene para ser como &ldquo;los ricos de antes&rdquo; en el fondo es m&aacute;s fea todav&iacute;a que la ostentaci&oacute;n. A lo que voy es que casi todo lo que se entiende como &ldquo;elegante&rdquo;, incluso lo que apunta a la discreci&oacute;n o la simpleza, parece tener algo que ver con esconder el esfuerzo que cuestan las cosas, y finalmente, con la idea de haber &ldquo;nacido&rdquo; as&iacute;: nacido rico, bello, talentoso. La elegancia parece vinculada a lo naturalmente noble, al que no ascendi&oacute; porque naci&oacute; arriba. A lo que no parece caro, pero es caro. Lo que quiero decir, entonces, es: &iquest;se puede pensar en la elegancia sin el refinamiento, sin la distinci&oacute;n, sin la idea de haber nacido mejor que los dem&aacute;s? &iquest;Se puede separar la elegancia de cierta pulsi&oacute;n elitista? Y si no se puede, &iquest;para qu&eacute; seguir hablando de eso?
    </p><p class="article-text">
        Compr&eacute; <em>Mujeres elegantes</em>, el &uacute;ltimo libro de Milena Busquets, porque supuse que quiz&aacute;s hablaba de algo de esto. Lo empec&eacute; y lo segu&iacute; porque aunque finalmente no es un tratado sobre la elegancia, es un libro &aacute;gil y divertido que puedo leer cuando ando con mi hija, en la plaza, en un caf&eacute; o en la oficina donde trabajo, mientras ella busca gateando cosas que le tiro como una mascota entrenando para nada. Ya a punto de terminarlo, sin embargo, me di cuenta de que s&iacute;: es una compilaci&oacute;n de textos breves que ella hab&iacute;a publicado en un blog, piezas sobre amor y trabajo y dem&aacute;s trascendencias de la vida cotidiana, pero tambi&eacute;n es un tratado sobre la elegancia, o lo m&aacute;s cerca que se puede hacer de algo as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No creo que Milena Busquets se haga necesariamente esa misma pregunta que yo me hago sobre la elegancia y el elitismo, aunque s&iacute; se pregunta expl&iacute;citamente en el libro sobre la relaci&oacute;n entre la elegancia y el dinero, para responder que una cosa no tiene nada que ver con la otra; me gusta, tambi&eacute;n, que s&iacute; dice que la elegancia tiene algo que ver con lo aprendido, con la edad. Los beb&eacute;s pueden ser mon&iacute;simos, dice, pero jam&aacute;s son elegantes. Me gust&oacute; esa intuici&oacute;n, contraria a la m&iacute;a de que la elegancia ten&iacute;a que ver con nacer de una manera: claramente tiene raz&oacute;n ella, y la elegancia se parece m&aacute;s a la sabidur&iacute;a que a la belleza, m&aacute;s a algo que se adquiere con el tiempo que a algo que se gasta con los a&ntilde;os. El libro, entonces, no tiene ninguna pretensi&oacute;n de hacer a la elegancia compatible con la justicia social o ninguna de esas estupideces que se me podr&iacute;an haber ocurrido a m&iacute;. Lo que s&iacute; logra, sin pretenderlo, es repensar esta virtud de la elegancia como algo que se relaciona con aprender a vivir. No a disimular el esfuerzo, no a impostar ninguna formalidad: a divertirse, a apreciar las cosas bellas, sean el perfume de una naranja, un par de zapatos o una conversaci&oacute;n con una amiga; a mirar lo bueno y lo malo de la vida sin perderse de nada. Cuando digo mirar, hablo de mirar: ni analizar, ni moralizar, ni explicar. Pienso que en eso tambi&eacute;n acierta Busquets: la elegancia no es una virtud profunda, sino deliciosamente superficial, en el mejor de los sentidos, no en el de la banalidad, sino el de lo que puede saborearse sin tener que hacer demasiado esfuerzo. 
    </p><p class="article-text">
        Por esta colecci&oacute;n de textos cortos es el &uacute;nico tratado posible sobre el intento de ser un mujer elegante, de la &uacute;nica forma que podr&iacute;a tener: captura esa belleza que tiene el caminar de una mujer segura, esa que podemos disfrutar en una r&aacute;faga en la calle sin conocerse demasiado, sobre la que no podr&iacute;amos escribir una novela pero que nos puede alegrar un d&iacute;a. En ese sentido creo que s&iacute;, la juventud har&iacute;a bien en interesarse al menos un poco por la elegancia, tal como la pinta Busquets: no como una forma de diferenciarse, sino quiz&aacute;s como lo contrario. La elegancia termina siendo, en este libro sobre relaciones, caminatas, d&iacute;as entregados al trabajo y d&iacute;as entregados a la vagancia, una virtud bastante democr&aacute;tica, accesible a cualquiera que sea capaz de sustraerse a la idiotez cotidiana de la exhibici&oacute;n y el c&aacute;lculo.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/arte-elegancia_129_13461964.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 2026 13:17:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El arte de la elegancia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El manifiesto comunista, El Niño, Moebius y Younger]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/manifiesto-comunista-nino-moebius-younger_129_13461621.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="El manifiesto comunista, El Niño, Moebius y Younger"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Pablo Pryluka conversan sobre la recepción del Manifiesto comunista, el fenómeno meteorológico del momento, la película Moebius y la serie Younger.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a> es un podcast de <strong>elDiarioAR</strong> realizado por <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en <a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/manifiesto-comunista-nino-moebius-younger_129_13461621.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 11:46:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Comunismo,Cine,Series,El Niño,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tradwives, John Waters, The Drama y manifiestos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tradwives-john-waters-the-drama-manifiestos_129_13449133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Tradwives, John Waters, The Drama y manifiestos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio, Buji y Tamara conversan sobre la novela Yesteryear, un libro del cineasta John Waters, la película The Drama y una especie de video experimental sobre manifiestos protagonizado por Cate Blanchett.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a> es un podcast de <strong>elDiarioAR</strong> realizado por <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en <a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tradwives-john-waters-the-drama-manifiestos_129_13449133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 11:46:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tradwives, John Waters, The Drama y manifiestos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cine,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres conversaciones en cortocircuito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tres-conversaciones-cortocircuito_129_13436523.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ee5bbda-a96b-4534-b7cf-a6bbe5633ec0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x705y209.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres conversaciones en cortocircuito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El caso de Fernández Sagasti expuso algo más profundo que la discusión sobre una excepción para una legisladora embarazada: la desconfianza hacia los privilegios de la dirigencia política y una crisis de representación que Milei convirtió en combustible. Cuando esas tres discusiones se mezclan, hasta una situación en la que debería haber poco margen para la duda termina atrapada en la lógica del resentimiento contra la “casta”.</p></div><p class="article-text">
        Dos deformaciones profesionales se baten a duelo en mi cabeza cada vez que sigo un debate p&uacute;blico como el del caso de <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/villarruel-habilito-voto-electronico-anabel-fernandez-sagasti-decision-debera-ratificada-senado_1_13428770.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fern&aacute;ndez Sagasti</a>. La mitad de mi cerebro que estudi&oacute; filosof&iacute;a se angustia ante la infinidad de temas mezclados y piensa que si una va a escribir algo, lo que deber&iacute;a hacer es justamente separar esa mezcla; enumerar las distintas discusiones que se est&aacute;n dando a la vez y decir que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. La mitad de mi cerebro que escribe literatura, en cambio, un poco se regocija: estos debates siempre me recuerdan que para que una escena de di&aacute;logo est&eacute; viva, sea entre dos, tres o miles de personas, tiene que ser exactamente as&iacute;. El intercambio ordenado de ideas por fuera de una clase de l&oacute;gica es una situaci&oacute;n profundamente artificial, tan abstracta como una ecuaci&oacute;n: en las conversaciones reales, cada uno est&aacute; hablando de otra cosa y cada cual termina pensando lo que quiere. Esa para m&iacute; es una de las dificultades centrales de escribir un di&aacute;logo en una novela, en un guion o en una obra de teatro: necesit&aacute;s que el espectador &ldquo;entienda&rdquo; algo (al menos, que entienda la situaci&oacute;n: qui&eacute;n est&aacute; enojado con qui&eacute;n y por qu&eacute;, pongamos), y a la vez, para que el di&aacute;logo se sienta aut&eacute;ntico, necesit&aacute;s que los participantes no se entiendan. 
    </p><p class="article-text">
        En este caso, lo que yo creo es que hubo al menos tres conversaciones en cortocircuito a la vez. En primer lugar, la conversaci&oacute;n sobre las excepciones y beneficios que se les deben dar a las mujeres embarazadas; en segundo lugar, la conversaci&oacute;n sobre las excepciones y beneficios que deben darse a nuestros funcionarios p&uacute;blicos (y espec&iacute;ficamente, a nuestros legisladores); en tercer lugar, la conversaci&oacute;n sobre la importancia excepcional de esta votaci&oacute;n en particular, la de la ley de tierras, tanto en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos pr&aacute;cticos como en t&eacute;rminos simb&oacute;licos, y en el contexto particular del gobierno de Milei y su provocaci&oacute;n antinacionalista constante. 
    </p><p class="article-text">
        Mi sensaci&oacute;n es que si una discrimina entre los tres temas y separa la paja del trigo hay charlas que ya no tienen sentido. En relaci&oacute;n con las personas embarazadas, y en particular lo que se le pide a una persona que est&aacute; cursando las &uacute;ltimas semanas de un embarazo de riesgo, pienso que la mayor&iacute;a de la gente piensa que hay poqu&iacute;simas razones para evaluar el costo beneficio de violar una indicaci&oacute;n m&eacute;dica. El argumento de &ldquo;lo hubiera pensado antes&rdquo; es flaco: las recomendaciones m&eacute;dicas en un embarazo cambian d&iacute;a a d&iacute;a, sobre todo cerca del final. La idea de ir &ldquo;en tramos cortos&rdquo; es igual de absurda: una persona que no puede afrontar un viaje de una hora en avi&oacute;n por supuesto que tampoco puede ir todos los d&iacute;as una o dos horas en ruta, a riesgo de entrar en trabajo de parto en cualquier lado, lejos de un centro m&eacute;dico capacitado para atenderla. 
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante es la incomodidad con que se le habilite el &ldquo;voto telem&aacute;tico&rdquo;, incluso como excepci&oacute;n, porque all&iacute; es donde aparecen los otros dos debates que mencion&eacute; al principio. La realidad es que no habr&iacute;a ning&uacute;n dilema en otorgar la excepci&oacute;n si no estuviera supuesto que los legisladores van a aprovecharse de esa excepci&oacute;n. La idea de que las normas tienen que estar hechas para los peores de los hombres colisiona con cualquier intento de buena fe; supongo que eso se nota m&aacute;s cuando se entrar&aacute; de excepciones para embarazadas, personas con discapacidad o problemas de salud. En el fondo, no es viable ni sostenible una sociedad con ese nivel de resentimiento contra quienes gobiernan: se hace patente ni bien las papas queman. As&iacute; ingresa entonces el &uacute;ltimo tema: no te pedimos nunca nada, ni nos fijamos si vas o no vas a tu lugar de trabajo, cobr&aacute;s 12 millones de pesos (que es much&iacute;simo: la distancia del ingreso entre los representantes y el ciudadano medio no es as&iacute; de grande en los pa&iacute;ses del primer mundo, ni siquiera en un pa&iacute;s desigual como Estados Unidos), y una vez que hay una ley importante y te necesitamos, no est&aacute;s. Eso es lo que explot&oacute; en los &uacute;ltimos d&iacute;as, y la sorpresa, quiz&aacute;s, es que no fue solo entre ciudadanos comunes, sino incluso entre simpatizantes y militantes del peronismo. 
    </p><p class="article-text">
        Pienso que el problema es que algunos pol&iacute;ticos todav&iacute;a creen que el discurso de &ldquo;la casta&rdquo; es eso, un relato que Milei logr&oacute; instalar, y no un resentimiento basado en desigualdades muy reales. Ese resentimiento fundado profundiza no solo la crisis de representaci&oacute;n, sino una violencia social general: que personas que en ninguna circunstancia defender&iacute;an poner en riesgo un embarazo avanzado est&eacute;n discutiendo casi en t&eacute;rminos de &ldquo;se embarazan por un plan&rdquo;. El problema es que no es solo un relato, no es un tema simb&oacute;lico que vaya a cambiar con discursos y m&aacute;s discursos: mientras la distancia no cambie, y los pol&iacute;ticos sean percibidos no como servidores p&uacute;blicos sino como una &eacute;lite de personas benefici&aacute;ndose de privilegios que no podr&iacute;an obtener de ninguna otra manera que a trav&eacute;s de un cargo (no es una percepci&oacute;n errada, en la mayor&iacute;a de los casos), estas discusiones van a terminar siempre en una agresividad at&aacute;vica, que espera estos momentos para relajar los pudores.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tres-conversaciones-cortocircuito_129_13436523.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Aug 2026 13:19:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres conversaciones en cortocircuito]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En vivo: 'La Odisea' según Nolan (parte 2)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivo-odisea-nolan-parte-2_129_13436079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="En vivo: &#039;La Odisea&#039; según Nolan (parte 2)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En esta segunda parte, Buji arranca contándonos un poco de la trastienda del casting de la Odisea Nolan y las polémicas que suscitó. </p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        Gino habla sobre la mach&oacute;sfera, su apropiaci&oacute;n del mundo griego y el libro que Donna Zuckerberg escribi&oacute; sobre esto (Not All Dead White Men: Classics and Misogyny in the Digital Age). Para terminar, Male habl&oacute; de obras literarias basadas o derivadas de la Odisea (Las aventuras de Ulises de Nicol&aacute;s Schuff y Mariana Ruiz Johnson, Homero, Il&iacute;ada de Alessandro Baricco y Odisea en la versi&oacute;n de Samuel Butler).
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a> es un podcast de <strong>elDiarioAR</strong> realizado por <a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en <a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivo-odisea-nolan-parte-2_129_13436079.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 12:45:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[La Odisea,Christopher Nolan,Literatura,Cine,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿De qué se trata la Odisea?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/trata-odisea_129_13423200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4a4f513-eec4-4d43-8c25-aae477f94e8b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x333y124.jpg" width="1200" height="675" alt="¿De qué se trata la Odisea?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más que discutir la fidelidad al texto de Homero, la película de Christopher Nolan propone una interpretación del personaje. El resultado ilumina una pregunta que sigue vigente: ¿de qué está hecho, en realidad, el viaje de Odiseo?</p></div><p class="article-text">
        Lo primero que pens&eacute; cuando le&iacute; la Odisea en el colegio secundario fue que era absurdo que nos hicieran empezar una historia en la segunda parte. Cuando, a partir de ese pensamiento, fui en busca de la Il&iacute;ada, pens&eacute; dos cosas m&aacute;s. Primero, que en realidad la Il&iacute;ada tambi&eacute;n se sent&iacute;a como entrar a una saga por la mitad: tambi&eacute;n se la pasaban refiriendo a mundos, historias y personajes que una no conoc&iacute;a como si debiera conocerlos, de modo que en el fondo daba casi igual empezar por ah&iacute; y por la Odisea. Segundo, que aunque la Il&iacute;ada y la Odisea estuvieran firmadas con el mismo nombre, eran libros radicalmente diferentes. La Il&iacute;ada era una cr&oacute;nica de guerra; aunque el protagonista fuera Aquiles, se sent&iacute;a mucho m&aacute;s como una obra de protagonista colectivo. La Odisea, en cambio, se sent&iacute;a como una novela con un antih&eacute;roe moderno en el centro, aunque todav&iacute;a no existieran las novelas, ni los antih&eacute;roes, ni la modernidad. La Odisea no era una parodia ni una respuesta a la Il&iacute;ada; y sin embargo, me parec&iacute;a que m&aacute;s que una segunda parte, la Odisea era a la Il&iacute;ada lo que las novelas de caballer&iacute;a eran al Quijote. Estas intuiciones contienen tantos errores e imprecisiones que me sorprende que hayan quedado en mi mente tantos a&ntilde;os. Por lo general, al menos en mi experiencia subjetiva, las ideas malas tienen patas cortas; corren demasiado despacio y se quedan atr&aacute;s muy r&aacute;pido. Por eso conf&iacute;o mucho en mi memoria y a veces no tomo notas aunque piense que deber&iacute;a; conf&iacute;o en que las cosas que perduran son las buenas, y las que se pierden ten&iacute;an que perderse. Pero bueno; algunos errores funcionan como aprender mal una canci&oacute;n, una la canta as&iacute; para siempre y es imposible convencer a la cabeza de pensar o hacer otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que en parte es por todo esto que <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/odisea-nolan-lidera-nuevo-retorno-clasicos-no-son-libros-aburridos-pasado_1_13410813.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Odisea de Nolan</a> me gust&oacute; m&aacute;s que a muchos otros; me gust&oacute;, evidentemente, m&aacute;s que a <a href="https://www.lrb.co.uk/the-paper/v48/n14/emily-wilson/an-uncomplicated-man" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Emily Wilson</a>, la primera mujer en traducir la Odisea al ingl&eacute;s y en cuya traducci&oacute;n Nolan dijo que se inspir&oacute; para su pel&iacute;cula. Wilson tiene raz&oacute;n en mucho de lo que dice, sobre todo, creo, en dos cosas: a la Odisea de Nolan le falta sexo y le falta humor. Le falta, en suma, un v&iacute;nculo con el deseo: el deseo de grandeza, de ser el m&aacute;s pillo, de poseer a todas las mujeres y dominar a todos los hombres. En ese sentido, como pone el t&iacute;tulo de la cr&iacute;tica de Wilson, al Odiseo de Nolan le faltan muchas facetas del car&aacute;cter complicado de Odiseo. Convertir a Odiseo en un veterano de guerra carcomido por los remordimientos es una decisi&oacute;n potente en t&eacute;rminos de la actualizaci&oacute;n del relato: y aunque pol&eacute;mica, y por supuesto traidora, me pareci&oacute; una apuesta interesante; valiente, por lo menos. Lo que sucede, y esto es lo que Wilson ve claramente, es que esa relectura deja muy poco lugar para el Odiseo antih&eacute;roe, el Odiseo moralmente cuestionable. Quiz&aacute;s es por eso que Nolan decide excluir de su Odisea mi episodio favorito, el de Naus&iacute;caa y los feacios. En el libro, Naus&iacute;caa representa la tentaci&oacute;n de un nuevo comienzo en una sociedad que, a diferencia de la griega, parece sostener todav&iacute;a la ley de la hospitalidad; Naus&iacute;caa es la princesa bella y jovenc&iacute;sima de un palacio que le abre las puertas a Odiseo, y todo indica que &eacute;l se vio tentado de quedarse all&iacute; y olvidar esa casa que quiz&aacute;s no reconocer&iacute;a al volver. Sin embargo elige seguir viaje y regresar a su historia y a su familia. Esa decisi&oacute;n lo engrandec&iacute;a, pero la tentaci&oacute;n lo humanizaba. Algo similar ocurre con lo que hace Nolan con el episodio de Calipso: la Calipso de Charlize Theron parece m&aacute;s una terapeuta que una mata hari.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, aunque a Nolan no le interese mucho la tentaci&oacute;n encarnada en las mujeres, s&iacute; creo que le interesa otra tentaci&oacute;n masculina, a la que deja muy claro que Odiseo s&iacute; sucumbi&oacute;: el deseo de novedad, el rechazo de la mismidad dom&eacute;stica. Es una trama tan peque&ntilde;a que no llega a ser una trama, tan escondida detr&aacute;s del asunto de la culpa y la hospitalidad que uno casi que puede no verla. No recuerdo exactamente en qu&eacute; escena inserta este di&aacute;logo, pero lo que Nolan muestra es que Odiseo quer&iacute;a dar un par de vueltas antes de volver a casa, ver un poco el mundo, y le termin&oacute; saliendo demasiado caro el paseo. Ese tironeo entre el deseo genuino de volver a ver a su esposa y a su gente y el hambre igualmente aut&eacute;ntico de seguir buscando la gloria me pareci&oacute;, a la vez, lo m&aacute;s moderno, lo m&aacute;s antiguo y lo m&aacute;s bello de la Odisea de Nolan. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/trata-odisea_129_13423200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Aug 2026 13:15:43 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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