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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Tamara Tenenbaum]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Tamara Tenenbaum]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El fin de la potencia infinita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/potencia-infinita_129_13209004.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d28c801-a338-4fa4-a390-003c3cc54a95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fin de la potencia infinita"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La menopausia y su versión masculina, la andropausia, funcionan hoy como algo más que un asunto hormonal: son la marca de entrada a la “primera vejez”, esa etapa en la que el cuerpo empieza a hablar y el mundo empieza a correrte del centro. En "El resto bien", Benjamín Vicuña encarna a un hombre privilegiado que descubre, con sorpresa y dolor, que la vida sigue… incluso sin él como protagonista.</p></div><p class="article-text">
        Conversaba el otro d&iacute;a con algunas amigas, como<a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/quedarse_129_12567289.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> ya hemos tratado en esta columna</a>, sobre el furor de la menopausia. Est&aacute; en las series, en las pel&iacute;culas, en las novelas. No es solamente una cuesti&oacute;n subjetiva, que una escuche hablar m&aacute;s del tema porque las balas ya pican cerca. Es que los millennials (sobre todo los mayores, que casi se caen de la categor&iacute;a), la generaci&oacute;n que se hizo a s&iacute; misma en los blogs, los que encontraron sus voces escribiendo diarios &iacute;ntimos a cielo abierto, han oficialmente pasado los cuarenta. No es extra&ntilde;o, entonces, que vayan apareciendo tambi&eacute;n las versiones masculina: relatos de la andropausia, como dicen expl&iacute;citamente en <em>El resto bien</em>, la nueva serie de Flow que protagoniza <strong>Benjam&iacute;n Vicu&ntilde;a</strong>, dirigida por <strong>Daniel Burman</strong> y <strong>Daniel Hendler</strong>.
    </p><p class="article-text">
        No tengo conocimientos de medicina y todav&iacute;a ni siquiera fui a una consulta con endocrin&oacute;logo, as&iacute; que desconozco las cuestiones qu&iacute;micas, pero creo que m&aacute;s all&aacute; de los procesos biol&oacute;gicos la menopausia y la andropausia aparecen hoy como metonimia o sin&eacute;cdoque de lo que podr&iacute;amos llamar la primera vejez. Ahora que la vida dura tanto y ser viejo es &ldquo;ser viejo en serio&rdquo; hay que ponerle un nombre a esa etapa en la que tus hijos ya son grandes pero tus padres todav&iacute;a est&aacute;n vivos (los viejos en serio), una edad en la que nadie te caracterizar&iacute;a como &ldquo;joven&rdquo; (si alguien lo hiciera, tu propio cuerpo te recordar&iacute;a que es solo un piropo) pero la sensaci&oacute;n es que todav&iacute;a te queda mucho por delante, sobre todo porque es cierto. Un momento en el que falta para retirarse, para darse por hecha, pero al mismo tiempo hay que reconciliarse con el fin de la potencia infinita imaginaria de la juventud, con que hay cosas que una ya no va a hacer si no hizo; que hay tiempo, todav&iacute;a, pero no tanto como para realmente hacerlo todo de nuevo. Estos t&eacute;rminos fr&iacute;os y hormonales vienen, entonces, a hablar de todo eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ariel, el protagonista de <em>El resto bien</em>, tiene una vida objetivamente maravillosa: &eacute;xito profesional y econ&oacute;mico, una segunda esposa divina (interpretada con frescura por <strong>Violeta Urtizberea</strong>), cinco hijos divinos (un casi adulto aficionado al stand up, una adolescente que lo descansa, un p&uacute;ber freak que toca el piano y beb&eacute;s mellizos) y un porvenir que, todo indica, seguir&aacute; siendo as&iacute; de pr&oacute;spero gracias a Cocho, un dibujito que cre&oacute; hace unos a&ntilde;os con su mejor amigo. No es, a todas luces, el cincuent&oacute;n promedio: le va mucho mejor, y ha incursionado tambi&eacute;n en la rejuvenecedora (pero enloquecedora) pr&aacute;ctica de volver a ser padre de grande. Es, adem&aacute;s, un perfil de var&oacute;n en peligro de extinci&oacute;n: en un mundo de ap&aacute;ticos y f&oacute;bicos, Ariel es uno de esos entusiastas del compromiso que subliman su apreciaci&oacute;n por el sexo opuesto no siendo mujeriegos sino cas&aacute;ndose muchas veces, siempre con la misma alegr&iacute;a y esperanza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos estos privilegios no lo salvan, sin embargo, de la ya mentada andropausia. Est&aacute;n las se&ntilde;ales del cuerpo; los dolores, la p&eacute;rdida de tono muscular. Est&aacute; el reconocimiento, tambi&eacute;n, de la relaci&oacute;n, en los hombres, del paso del tiempo con una merma en la masculinidad; ya no se puede cargar peso para asistir a las damas, ni correr m&aacute;s r&aacute;pido que nadie. En ese sentido, entonces, que el personaje sea un tocado por la varita (un tipo de buen pasar, fachero e hist&oacute;ricamente exitoso con las mujeres) no resulta ya una desventaja sino una buena decisi&oacute;n: as&iacute; como las mujeres sabemos que son nuestras amigas m&aacute;s lindas las que m&aacute;s sufrir&aacute;n el paso del tiempo, son los tipos que supieron vivir en la c&uacute;spide de la masculinidad los que peor llevan la ca&iacute;da.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute;s lo m&aacute;s interesante de la serie es el modo en que este fin de la juventud se vive, tambi&eacute;n (y quiz&aacute;s especialmente para un hombre, aunque no exclusivamente) como una salida del centro de la escena. Su mujer, sus hijos, sus achacados padres y hasta las m&uacute;ltiples mujeres que trabajan en sus casas le viven recordando a Ariel que no es importante. &Eacute;l parece genuinamente sorprendido de que a nadie le importe mucho si va a hacerse una vasectom&iacute;a o si van a darle un premio. Se habla mucho de la euforia de los veintipico, pero no lo suficiente de eso que pasa a los treinta y a los primeros cuarenta; para bien y para mal, est&aacute;s en el medio de todo. Ya no est&aacute;s, como los de veintis, en la antesala de la vida, esperando que las cosas pasen. Son a&ntilde;os que te acostumbran a cierto protagonismo; tanto las cosas buenas como las cosas malas te pasan a vos. Conseguir un trabajo nuevo, quedarse sin trabajo, tener un hijo, perder un embarazo. En alg&uacute;n momento, parece decir <em>El resto bien</em>, las cosas empiezan a pasar a tu alrededor. La vida te empuja a un costado: tus hijos pueden vivir sin vos, los amigos van tomando sus caminos, tu &eacute;xito o tu fracaso ya no sorprende a nadie. La decisi&oacute;n que tiene que tomar Ariel, incluso en las cosas m&aacute;s simples, es qu&eacute; va a hacer con esa nueva realidad. Est&aacute; la opci&oacute;n de enojarse, de seguir demandando amor y atenci&oacute;n como un chico. Y est&aacute; la otra (la que, sin spoilear demasiado, toma el personaje): aprovechar que ya nada es tan crucial, y que uno lo sabe, para correrse del centro y estar para lo que realmente importa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/potencia-infinita_129_13209004.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 May 2026 03:02:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amistades, Pablo Katchadjian, The Band y el fin de la URSS]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amistades-pablo-katchadjian-the-band-urss_129_13208525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Amistades, Pablo Katchadjian, The Band y el fin de la URSS"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Male Rey conversan sobre algunos libros sobre la amistad, la nueva novela de Pablo Katchadjian, el disco favorito de Male de la década del 60 y un libro de Alexei Yurchak sobre los últimos años del comunismo soviético.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 12:14:31 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Insoportable en serio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/insoportable-serio_129_13190762.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7328af4-4c45-48d9-b3af-69aecfb943fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Insoportable en serio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Famesick, Lena Dunham cruza fama y enfermedad como dos formas de exposición: experiencias que vuelven vulnerable, pero también egocéntrica. Más allá del chisme, el libro encuentra por fin un acontecimiento y una tesis: la víctima como figura millennial por excelencia.</p></div><p class="article-text">
        Un amigo me pregunt&oacute;, cuando quise convencerlo de leer la <em>memoir </em>de Lena Dunham, qu&eacute; hac&iacute;a ella escribiendo sus memorias tan joven. Lo gracioso es que <em>Famesick</em>, publicado a meses de que Dunham cumpliera los cuarenta, no es ni siquiera su primer libro de memorias; los aut&eacute;nticos fans ya hab&iacute;amos le&iacute;do <em>No soy ese tipo de chica</em>, la colecci&oacute;n de ensayos que public&oacute; en 2014, casi cuando <em>Girls</em> acababa de salir. Yo, que amaba <em>Girls</em>, le&iacute; el libro con un entusiasmo que se me fue desinflando a medida que avanzaba. Me pareci&oacute; que no le hac&iacute;a justicia a su autora, a su talento e inteligencia. Me dio la sensaci&oacute;n de que la forma del libro no le quedaba bien a Dunham. La tradici&oacute;n del ensayo personal norteamericano es peligrosa; tiende demasiado a la moraleja y la educaci&oacute;n, y hay que estar muy inmunizado contra el optimismo y las conclusiones para evitar terminar sonando como la versi&oacute;n sexy y millennial de un manual protestante. Todo eso era cierto, pero leyendo <em>Famesick </em>entiendo otra cosa: el problema central es que, en 2014, a Lena Dunham todav&iacute;a no le hab&iacute;a pasado nada. El libro no ten&iacute;a acontecimiento, en el sentido m&aacute;s metaf&iacute;sico de la palabra de algo que irrumpe y transforma mundos y subjetividades, y por eso tampoco ten&iacute;a tesis: dos cosas que <em>Famesick</em>, y deber&aacute;n aceptarlo incluso sus detractores, tiene de sobra.
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        <em>Famesick </em>es una palabra inventada, un neologismo construido a imagen y semejanza de la palabra <em>carsick </em>(que se arma con las palabras <em>car </em>&mdash;auto&mdash; y <em>sick </em>&mdash;enfermo&mdash; para referirse al mareo que algunas personas sufren en medios de transporte) y en cruza con la palabra <em>fame</em>, fama: significa algo as&iacute;, entonces, como &ldquo;enferma de fama&rdquo;. Y el libro se trata de eso, en varios sentidos: de la enfermedad y la fama, de c&oacute;mo la fama puede enfermar o ser una enfermedad, de c&oacute;mo pueden llevarse la enfermedad y la fama, y quiz&aacute;s, sobre todo, de lo que la enfermedad y la fama tienen en com&uacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las redes sociales se estuvo comentando, m&aacute;s que nada, el chisme; que si Jack Antonoff enga&ntilde;&oacute; a Lena Dunham con Lorde, que qui&eacute;nes ser&aacute;n los actores y directores a los que refiere sin nombrar, que si Adam Driver le tir&oacute; una silla a Dunham durante una grabaci&oacute;n de Girls, que si su socia Jenni Konner habr&aacute; sido tan manipuladora como el libro la pinta o por qu&eacute; no aparece mencionada Taylor Swift (si ser&aacute;, tal vez, la &uacute;nica persona a la que Dunham aut&eacute;nticamente le tiene miedo). El chisme solo es divertido; hay que decir que poca gente viva y trabajando tiene tan poco pudor con los nombres propios como ella, y hay algo valioso, en este momento del mundo en que todos quieren quedar bien con Dios y con el diablo, en ese desparpajo. Es parte de lo que hizo que <em>Girls</em> fuera tan buena como fue: una verdadera exposici&oacute;n de las miserias millennials, y no solamente una serie m&aacute;s sobre cuatro amigas.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; del exhibicionismo, o m&aacute;s bien, ahondando en &eacute;l con m&aacute;s profundidad, aparece entonces lo m&aacute;s interesante que tiene <em>Famesick</em>: la tesis central del libro, seg&uacute;n la cual la fama y la enfermedad ser&iacute;an experiencias m&aacute;s similares de lo que puede parecer a primera vista. Esta idea puede sonar absolutamente banal; incluso irrespetuosa del sufrimiento de la amplia mayor&iacute;a de las personas que sufren padecimientos cr&oacute;nicos y que, a diferencia de Dunham, no tienen para compensarlas los recursos que proporcionan la fama y la fortuna. Es probable que lo sea, banal e irrespetuosa; pero tambi&eacute;n parece incluir algo cierto, profundo, y bastante dif&iacute;cil de explicar.
    </p><p class="article-text">
        Hay dos l&iacute;neas narrativas dominantes en el texto: el nacimiento de <em>Girls </em>y la carrera profesional que Dunham construye a partir de esa serie, por un lado, y el deterioro de su salud y la b&uacute;squeda de explicaciones y soluciones, por el otro. En el relato de los problemas en torno a su endometriosis, es muy interesante seguir el v&iacute;nculo con el productor musical Jack Antonoff, su novio de esos a&ntilde;os. Mientras gente que conoce menos a Dunham la va juzgando por hacerse famosa (cada persona que la vio dos veces en la vida y le escribe pidi&eacute;ndole un favor piensa que ella se hace &ldquo;la importante&rdquo; si no satisface su demanda), Antonoff, que s&iacute; la conoce, parece ir tom&aacute;ndole bronca por sus malestares sempiternos. Hay algo en com&uacute;n en esos dos roces que a primera vista son tan distintos: es el resentimiento contra quien se pone en el centro de la escena, sea por algo &ldquo;bueno&rdquo; o por algo &ldquo;malo&rdquo;. En el primer caso, la implicancia es que en el fondo Dunham no se merece su &eacute;xito; en el segundo, que est&aacute; mintiendo o exagerando sobre su dolor, o que incluso si no lo estuviera, ella <em>goza</em> de la atenci&oacute;n en alg&uacute;n sentido. Algunos cr&iacute;ticos y lectores en internet dan por hecho que Dunham deja mal parado a Antonoff en el texto; yo creo que no es as&iacute;. Creo que efectivamente ella le concede, a &eacute;l y a todo el mundo, que es insoportable; no insoportable y encantadora como un personaje de Diane Keaton, insoportable en serio. Dunham afirma varias veces que su dolor es real frente a la desconfianza a la dem&aacute;s; y as&iacute; y todo, acepta tambi&eacute;n que eso te puede convertir en alguien que, hacia el afuuera, no puede evitar unos despliegues de hipersensibilidad y egocentrismo que la hacen dif&iacute;cil como amiga, como colega, como hija o como novia. Dunham no culpa a Antonoff por ir abandon&aacute;ndola a medida que ella se enferma cada vez m&aacute;s; por el contrario, se venga como una persona de bien, enga&ntilde;&aacute;ndolo con un amigo de la infancia. Es un final desprovisto de moralina para una relaci&oacute;n que se merec&iacute;a exactamente eso: todos estuvimos un poco mal, a otra cosa mariposa. Creo que es en el relato de esta relaci&oacute;n donde se despliega la tesis sobre la doble cara de la exposici&oacute;n, el modo en que exponerte, en tu arte y en la vida, te hace al mismo tiempo vulnerable y narcisista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay m&aacute;s cosas valiosas en<em> Famesick</em>, un libro muy bien escrito: grandes retratos de Adam Driver y Jemima Kirke, la radiograf&iacute;a de una una relaci&oacute;n madre e hija tremenda, plagada de codependencias, complicidades y envidias, y un fresco complet&iacute;simo de la clase cultural de NY (Lena no es nepobaby en el sentido de hija de millonarios, sino en el de hija de artistas, m&aacute;s como lo son ac&aacute; los ni&ntilde;os criados a clases de teatro con padres soci&oacute;logos que como lo ser&iacute;a la hija de una celebridad; ella hace mucho hincapi&eacute; en la diferencia, y Bourdie le dar&iacute;a la raz&oacute;n). Pero lo profundo de Famesick es esa exploraci&oacute;n de la figura de la v&iacute;ctima, el tropo millennial por excelencia, vali&eacute;ndose de la intersecci&oacute;n entre notoriedad y padecimiento; en esa investigaci&oacute;n est&aacute; la inteligencia y la capacidad de observaci&oacute;n que hizo posible <em>Girls</em>, y que hace que s&iacute;, que a pesar de ser infumable, Lena Dunham sea la voz de una generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/insoportable-serio_129_13190762.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 May 2026 03:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Insoportable en serio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayo general]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[The Velvet Underground, Peter Thiel, el club de los 10 y The Alphabetical Diaries]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/the-velvet-underground-peter-thiel-club-10-the-alphabetical-diaries_129_13190155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="The Velvet Underground, Peter Thiel, el club de los 10 y The Alphabetical Diaries"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Gino Cingolani conversan sobre el disco preferido de Gino de la década del 60, el dueño de Palantir, un club exclusivo de críticos culinarios y un libro de Sheila Heti.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 12:47:54 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un auténtico cuento de hadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/autentico-cuento-hadas_129_13172840.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/112d8563-ea28-4310-96e6-0e6f2d21d785_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un auténtico cuento de hadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una reversión feroz de La Cenicienta que recupera la crueldad original del cuento: la belleza como destino, como privilegio y como condena. Con humor negro y horror corporal, "La hermanastra fea" expone el costo físico y emocional de encajar en la hegemonía estética, sin moraleja ni consuelo: solo la brutal arbitrariedad de la suerte.</p></div><p class="article-text">
        Siempre me gustaron los cuentos de hadas, y no tengo muy en claro por qu&eacute;. No me refiero solo a las versiones de Disney; hablo tambi&eacute;n de las versiones cl&aacute;sicas, las de los Hermanos Grimm, Charles Perrault o Hans Christian Andersen. En mi casa hab&iacute;a much&iacute;simas ediciones, las primeras compradas por mis abuelos o mi mam&aacute;, las siguientes por m&iacute; o al menos para m&iacute;. Rara vez aparec&iacute;an las m&aacute;s sangrientas, las m&aacute;s fieles a los originales, salvo por error, pero recuerdo muy bien esos errores: la primera vez que le&iacute; el cuento de los zapatos bailarines con el final en el que a la nena le cortan los pies (y los zapatos siguen bailando igual, con los pies amputados adentro) o la versi&oacute;n de<em> La sirenita </em>que termina cuando ella se queda primero sin voz, y despu&eacute;s se convierte en espuma de mar. A trav&eacute;s de los a&ntilde;os, son relatos que me siguen fascinando, en parte porque no tengo muy en claro, ni siquiera despu&eacute;s de haber le&iacute;do sobre el tema, qu&eacute; es un cuento de hadas: no todos tienen hadas, por supuesto. No todos tienen magia, o elementos sobrenaturales; no todos tienen princesas tampoco. No todos terminan bien; de hecho la mayor&iacute;a termina mal. Muchos empiezan bien, aunque no todos; s&iacute;, quiz&aacute;s, siguen alg&uacute;n tipo de curva parecida. En casi todos las cosas est&aacute;n muy bien antes de llegar a estar muy mal.
    </p><p class="article-text">
        <em>La hermanastra fea</em>, opera prima de la noruega Emilie Blichfeldt (MUBI), le cambia el punto de vista al cuento de<em> La cenicienta</em>, uno cuya versi&oacute;n cl&aacute;sica yo no conoc&iacute;a; aparentemente tiene much&iacute;simas encarnaciones, incluso previas a la que recogen los Hermanos Grimm, que es claramente la que toma Blichfeldt. Iba a escribir que Blichfeldt convierte <em>La cenicienta</em> en un cuento de terror sobre la belleza femenina, pero no ser&iacute;a cierto; m&aacute;s bien lo retoma. El relato de los Grimm ya tiene todos esos elementos: una Cenicienta que es primero rica, luego pobre y despu&eacute;s rica de nuevo (no tenemos, entonces, una protagonista que asciende socialmente, sino una que vuelve al lugar aristocr&aacute;tico que le pertenece leg&iacute;timamente, por nacimiento); un premio a la belleza, la mano del pr&iacute;ncipe, que organiza un baile para encontrar a la chica m&aacute;s linda de la comarca; y, lo m&aacute;s importante, un pueblo de mujeres desesperadas, dispuestas a arruinarse la salud y la vida para entrar en el zapato estrech&iacute;simo de la hegemon&iacute;a est&eacute;tica.
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                </figure><p class="article-text">
        El tema de sufrir por la belleza, y asociado al g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico del horror corporal, estuvo de moda hace relativamente poco a ra&iacute;z del &eacute;xito de <em>La sustancia</em>, de Coralie Fargeat. <em>La sustancia</em> es divertida e ingeniosa, pero sus tesis sobre la belleza tienen poca novedad: la relaci&oacute;n de la hermosura con la juventud, la p&oacute;cima m&aacute;gica que termina siendo una trampa. <em>La hermanastra fea</em>, en cambio, tiene tanto para decir sobre la belleza que es hasta dif&iacute;cil escribirlo (mejor hacer una pel&iacute;cula). Est&aacute; la crueldad de la belleza de Agnes (Thea Sofie Loch N&aelig;ss, la Cenicienta de esta historia), la belleza natural, espont&aacute;nea e involuntaria que la hermanastra Elvira (la protagonista, Lea Myren, fant&aacute;stica) no puede comprar ni con todo el oro ni con todo el dolor del mundo; me encanta c&oacute;mo est&aacute; contada visualmente esa idea, mucho m&aacute;s interesante y dura que la de que no hay chicas feas, solo chicas pobres. Digo que se cuenta visualmente porque m&aacute;s all&aacute; de que es parte del tema de la pel&iacute;cula, sobre todo la vemos en la imagen: en la luz c&aacute;lida y poco teatral que ilumina a Agnes, una luz pensada para un rostro que no tiene nada que esconder, en contraste con la cara llena de sombras de la hermanastra fea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La injusticia insalvable de esa diferencia natural: la injusticia de que Elvira no solo tenga que ser fea, sino, encima, verse tonta y rid&iacute;cula por sufrir por ser fea, por querer ser linda. La incerteza perversa sobre si todo ese dolor vale la pena, porque<em> La hermanastra fea </em>no es una pel&iacute;cula reconfortante, que venga a decirte que no, que no te conviene arruinarte la vida para ser linda; si te sale bien, de hecho, quiz&aacute;s te convenga bastante. Elvira termina p&eacute;simo (no es un spoiler; pase lo que pase, ya sab&eacute;s desde el principio que va a terminar p&eacute;simo) pero eso no dice nada sobre su belleza interior, o sobre c&oacute;mo las cosas podr&iacute;an haberle salido mejor de otro modo. Tiene algo muy contempor&aacute;neo, creo, <em>La hermanastra fea</em>, en su fe que tiene en el concepto de nacer con buena estrella; a Agnes le toca eso, ese derrame de hermosura, carisma y sensualidad sin esfuerzo. A Elvira, en cambio, le toca ser <em>una trabada</em>, una sin gracia a la que todo le cueste. Es dulc&iacute;simo elegir una protagonista as&iacute;; no hay nada m&aacute;s generoso, en el fondo, que meterse con amor y oscuridad en el alma de esa chica sin virtudes.
    </p><p class="article-text">
        Lo mejor, sin dudas, de <em>La hermanastra fea</em>, es que es un aut&eacute;ntico cuento de hadas: un cuento de hadas que no tiene moraleja, un relato al que no le han agregado a posteriori ninguna ense&ntilde;anza para los ni&ntilde;os o los adultos. Hay algunos villanos, pero ninguna hero&iacute;na; no ganan ni los buenos ni los malos, no hay premios ni castigos. Solo la arbitrariedad bruta de la suerte y la belleza que viene de la verdad, de ese buceo profundo que los cuentos de hadas hacen desde tiempos inmemoriales en las miserias m&aacute;s oscuras de la naturaleza humana.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/autentico-cuento-hadas_129_13172840.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2026 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un auténtico cuento de hadas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[The Zombies, The Pitt, Hideous Bastard y Políticas del sabor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/the-zombies-the-pitt-hideous-bastard-politicas-sabor_129_13172430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="The Zombies, The Pitt, Hideous Bastard y Políticas del sabor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Buji conversan sobre un disco de The Zombies, la serie The Pitt, el disco Hideous Bastard y la muestra Políticas del sabor.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/the-zombies-the-pitt-hideous-bastard-politicas-sabor_129_13172430.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 13:18:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[The Zombies, The Pitt, Hideous Bastard y Políticas del sabor]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los pies en la tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pies-tierra_129_13154353.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d94e3c4-df76-4e06-9f2a-0d170f9b04b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los pies en la tierra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El documental Annemarie, dirigido por Mariana Sanguinetti, reconstruye la vida y la obra de Annemarie Heinrich, figura clave de la fotografía argentina. Lo hace desde un punto de partida particular, Annemarie es la bisabuela de Mariana.El film retrata a esas mujeres que fueron feministas y grandes artistas sin proponérselo.</p></div><p class="article-text">
        Una mujer en pantalones y su&eacute;ter despliega su cuerpo en toda su extensi&oacute;n; para nadie, para el sol nom&aacute;s. Est&aacute; descalza, en medias, con los ojos cerrados y una pierna flexionada, formando entre la rodilla y la superficie sobre la que est&aacute; acostada en una azotea un &aacute;ngulo perfecto, glorioso, un &aacute;ngulo de escultura helen&iacute;stica. Su sombra proyecta un rayo perfecto. En el fondo, la ciudad: sus techos y una chimenea sacando humo. Seguro viste esta foto, y pensaste que era Nueva York en los 60, pero no hay rascacielos ni edificios famosos, solo los bloquecitos anodinos, todos parecidos y a la vez desparejos, an&aacute;rquicos, que se ven desde las terrazas de los edificios del centro porte&ntilde;o, las terrazas que no son ning&uacute;n rooftop, que no son lo suficientemente altas para darte lo que se dice una vista. La foto se llama &ldquo;Veraneando en la ciudad&rdquo; y es de <strong>Annemarie Heinrich</strong>, la m&aacute;s famosa fot&oacute;grafa argentina.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos d&iacute;as se estren&oacute; <em>Annemarie</em>, el documental que<strong> Mariana Sanguinetti</strong>, bisnieta de Heinrich, hizo sobre su bisabuela. Era un desaf&iacute;o por muchas razones: primero, son siempre dif&iacute;ciles estos documentales sobre gente fallecida, en los que se trata no solo de hacer buenas entrevistas a los que quedan si no, y quiz&aacute;s sobre todo, de encontrar la manera de darle vida al archivo, de armar un relato que te haga sentir todo lo que hay y no todo lo que falta, disfrutar de lo que ves y no lamentar lo que no se puede ver. Segundo, la complicaci&oacute;n del v&iacute;nculo familiar: hay que ser fr&iacute;a para poder distinguir entre lo que a una le gusta y le interesa porque es objetivamente valioso, y lo que una quiere porque es pariente. Requiere mucha entereza, tambi&eacute;n, hacer una pel&iacute;cula que tu familia va a entender como un homenaje, porque de hecho lo es, y al mismo tiempo hacer una pel&iacute;cula tuya, tuya para el mundo. <em>Annemarie</em> logra todo eso, y una cosa m&aacute;s: reflejar en el tono liviano y emotivo de la pel&iacute;cula, en su falta de grandilocuencia que jam&aacute;s es falta de ambici&oacute;n, el tono mismo de su protagonista.&nbsp;
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        Creo que son tres preguntas simples, interesantes y efectivas las que recorren el documental. La primera es una pregunta pr&aacute;ctica: &iquest;c&oacute;mo reunir y cuidar todo el archivo de la obra de <em>Annemarie</em>? La pel&iacute;cula abre con esta cuesti&oacute;n: vemos a Sanguinetti, la directora y narradora, muy chiquita en una muestra de su bisabuela, y acto seguido a una especialista discurriendo sobre la cuesti&oacute;n de todo el material que dej&oacute; Heinrich, su valor y la dificultad para preservarlo. La pregunta es, de nuevo, simple, pero tiene un doblez cuando justamente se trata de una fot&oacute;grafa, alguien cuya obra consist&iacute;a, de alguna manera, en dejar testimonio de su tiempo. Esa foto preciosa, &ldquo;Veraneando en la ciudad&rdquo;, es exactamente eso: la imagen de una &eacute;poca, de una femineidad fresca y sin remordimientos que la &eacute;poca empezaba a inventar. Tambi&eacute;n son eso, por supuesto, las fotos de Evita, de Mirtha, de Graciela Borges o de Mercedes Sosa.
    </p><p class="article-text">
        Esto me lleva a la segunda pregunta que, creo, anima a la pel&iacute;cula, desde un lugar mucho m&aacute;s sugerido pero igualmente presente: la de la relaci&oacute;n de Annemarie con la belleza, y en particular con la belleza femenina. Me gusta que efectivamente este tema no est&eacute; explicitado: ser&iacute;a muy poco elegante y muy poco Annemarie haberlo &ldquo;dicho&rdquo;, pero a la vez resulta imposible no pensar en eso escuchando el amor, la calidez y la felicidad con la que Graciela Borges y Mirtha, porque son las que quedan, hablan de ser fotografiadas por Annemarie. Tantas veces escuchamos hablar de fot&oacute;grafos predadores y femme fatales que recuerdan con dolor fotos que la memoria popular ha consagrado como ep&iacute;tomes de sensualidad, de la <em>male gaze</em> o la idea de que en el mundo del espect&aacute;culo las mujeres solo pueden relacionarse con la belleza a trav&eacute;s de la envidia, la inseguridad y la competencia; y ah&iacute; est&aacute;n esas divas, hablando con l&aacute;grimas en la voz de la mujer que gozaba de hacerlas brillar en el momento en que menos lo esperaban, la mujer que lejos de jugar a que ese momento tuviera que ser rimbombante no paraba de hablar mientras las fotografiaba, porque la belleza femenina no tiene por qu&eacute; ser callada, quieta o solemne.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y por &uacute;ltimo, la pregunta que lleva a la tesis que Sanguinetti explicita en el off m&aacute;s brillante y emotivo de la pel&iacute;cula: &iquest;qu&eacute; es lo que lleva a una persona, a una mujer, a esa mujer, a convertirse en una artista? No solo el c&uacute;mulo de acontecimientos: llegar a un pa&iacute;s en el que una no entiende el idioma y elegirse un oficio para el cual no hacen falta muchas palabras; tener la picard&iacute;a para comprar una c&aacute;mara, empe&ntilde;arla para revelar las fotos, cobrar las fotos y volver, con esa plata, a comprar la c&aacute;mara, y as&iacute; sucesivamente. No solo el c&uacute;mulo de acontecimientos, sino lo que la lleva a ella a hacer todo eso, adem&aacute;s de la subsistencia: cu&aacute;les eran las razones desde su punto de vista, cu&aacute;l era el relato de su vida y su obra. La verdad, dice Sanguinetti, es que para Annemarie parec&iacute;an ser casi indistinguibles la necesidad de trabajar y la pasi&oacute;n por trabajar. Todo indica que a fotografiar beb&eacute;s por encargo le pon&iacute;a el mismo amor que a sus experimentos surrealistas; que para ella el arte y el oficio no eran cosas tan diferentes. El concepto que usa Sanguinetti es el de sentido com&uacute;n: para Annemarie, ser feminista era sentido com&uacute;n; ser fot&oacute;grafa en una &eacute;poca en la que casi no hab&iacute;a (Annemarie, de todos modos, cuando le pregunta, contesta hablando de las que s&iacute; exist&iacute;an, maestras como Melitta Lang y Rita Branger; en lugar de aceptar el mito de su propia individualidad que le propone el periodista que la entrevista, responde mencionando a otras) era sentido com&uacute;n. Hacer obra, en el fondo, no era m&aacute;s que sentido com&uacute;n. <em>Annemarie </em>es un perfil excelente de un personaje singular, pero se siente tambi&eacute;n como la radiograf&iacute;a de una generaci&oacute;n de mujeres que fueron feministas de casualidad, grandes artistas de casualidad; o no estrictamente de casualidad, pero s&iacute; sin buscarlo, solamente porque les gustaba mucho su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pies-tierra_129_13154353.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Apr 2026 03:02:32 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Orban, The Kinks, Platonic y Lena Dunham]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/orban-the-kinks-platonic-lena-dunham_129_13153665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140842.jpg" width="1113" height="626" alt="Orban, The Kinks, Platonic y Lena Dunham"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Pablo Pryluka conversan sobre la derrota de Orban en Hungría, un disco de The Kinks, la serie Platonic y el nuevo libro de Lena Dunham.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/orban-the-kinks-platonic-lena-dunham_129_13153665.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 12:21:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Hungría,Literatura,Música,Series,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablar de plata]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-plata_129_13135770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a925767-b909-4f96-b1cb-8473ad64023c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar de plata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir del premio a Samanta Schweblin, una mirada filosa y personal sobre el dinero, los discursos que lo rodean y las tensiones que despierta en la vida cotidiana.</p></div><p class="article-text">
        Supongo que si una estuviera en el business de los clics lo l&oacute;gico ser&iacute;a escribir, esta semana, alguna reflexi&oacute;n (idealmente &ldquo;en contra&rdquo;; lo saben todos los noticieros, ser opositor siempre es m&aacute;s f&aacute;cil que ser oficialista) sobre <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/samanta-schweblin-gano-espana-nuevo-premio-aena-narrativa-dotado-millon-euros_1_13128613.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el premio Aena que acaba de ganarse Samanta Schweblin</a>: orgullo nacional, la mejor cuentista de nuestra &eacute;poca, la heredera absoluta del fant&aacute;stico rioplatense. Lo que yo tengo para decir sobre ella es eso: leyendo <em>P&aacute;jaros en la boca</em> hace unos quince a&ntilde;os entend&iacute; lo que era la t&eacute;cnica, el significado de una frase como <em>el oficio</em> del cuentista. Sobre el premio, qu&eacute; hay para decir: todos nos merecemos todo y nadie se merece nada. Todos nos merecemos un mill&oacute;n de d&oacute;lares, y nadie se lo merece. Que se lo den a una escritora que trabaja tanto y tan bien y que, encima, es argentina, no puede parecerme otra cosa que una buena noticia. Samanta, adem&aacute;s, us&oacute; su plataforma para hablar lindo y claro. Me gust&oacute; que recordara el desfinanciamiento de la Universidad de Buenos Aires, quiz&aacute;s porque s&eacute;, de leerlo en alg&uacute;n lado, que ella estudi&oacute; Dise&ntilde;o de Imagen y Sonido, y representa una de esas trayectorias no lineales que hay que defender cada vez que hablan de la gente que se cambia de carrera tres veces como si fueran ellos los culpables de alguna tragedia educativa.
    </p><p class="article-text">
        Pero si algo me interes&oacute; de todo el revuelo fue, bueno, justamente, el revuelo. Me divierte que haya gente que piense que es <em>obsceno</em> recibir tanto dinero, que use esa palabra; gente de buen pasar, gente a la que le va bien, gente que podr&iacute;a pensar tambi&eacute;n que es obsceno ser propietario de un departamento de 100 o 150 mil d&oacute;lares mientras otros viven en la calle. Me divirti&oacute;, tambi&eacute;n, en el contexto de la otra discusi&oacute;n tuitera de las &uacute;ltimas semanas, la de la importancia de &ldquo;hablar de plata&rdquo; entre mujeres y ahorrar e invertir en lugar de gastar en tonter&iacute;as. M&aacute;s all&aacute; del sesgo de g&eacute;nero (que dudo que se verifique en datos: al menos en principio una puede suponer que los videojuegos o las plataformas de contenido er&oacute;tico mueven tanto la econom&iacute;a como los zapatos y las pulseras), es notable que el lenguaje del dinero siga tan atado al medioevo: lo obsceno, lo sucio, lo ominoso. Lo interesante es que el polo opuesto (el de obtener placer en hablar de dinero, que en el siglo XXI es hablar de &ldquo;inversiones&rdquo;) en el fondo participa de la misma moral: de hecho, me recuerdan a la acusaci&oacute;n de Foucault contra los hippies y las feministas en el primer tomo de la <em>Historia de la sexualidad</em>. Foucault dice all&iacute; que los cultores de la liberaci&oacute;n sexual que se autofelicitan por &ldquo;romper tab&uacute;es&rdquo; se enga&ntilde;an. Hablamos de sexo todo el tiempo, y en mil registros: la pregunta, en cualquier caso, es c&oacute;mo lo hacemos, qu&eacute; mundos inventan o subrayan nuestros discursos. Con el dinero pasa exactamente lo mismo: no solo es falso que hoy no hablamos de dinero, es falso cien veces, y m&aacute;s en la Argentina. Nos la pasamos hablando de plata. Es agotador todo el tiempo y la energ&iacute;a que le dedicamos los ricos, los pobres y los de mitad de tabla a hablar de plata. Pr&eacute;stamos de Mercado Pago, plata en negro y plata en blanco, deudas de tarjetas, fondos comunes de inversi&oacute;n, cu&aacute;nto pag&aacute;s de expensas, de alquiler o de prepaga. Que me lo merezco, que guardar para la urgencia, que si dej&aacute;s la plata quieta desaparece, que si no diversific&aacute;s tu inversi&oacute;n est&aacute;s expuesto. En todo caso, la pregunta es c&oacute;mo deber&iacute;amos hablar de estas cosas; qu&eacute; influencia tiene sobre el mundo si hablamos de una manera o de otra, si tiene alguna, o si en el fondo son todos espejitos de colores para jugar a qu&eacute; podemos tocar estructuras intocables. Como siempre, la responsabilidad individual es un terreno pantanoso. No es cierto que no exista; todos conocemos gente que gana lo mismo que uno y se maneja mejor o peor, lo que sea que eso signifique. Gente que gasta m&aacute;s porque ahorra menos, y entonces parece estar disfrutando m&aacute;s; gente que ahorra m&aacute;s y gasta menos y un d&iacute;a cambia el auto cuando vos todav&iacute;a no juntaste para cambiar el calef&oacute;n. Dicho eso, casi nadie se hace rico o pobre por manejarse bien o mal, de nuevo, lo que sea que eso signifique para cada cual.
    </p><p class="article-text">
        Lo que es yo, a m&iacute; me encanta hablar de plata porque me encantan los chismes. Esa pregunta que hizo viral Oriana Junco, <a href="https://youtu.be/HJL8gI59c1k?si=Rp4DqFmnl8HbtkHL" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de qu&eacute; viven</a>, es una ventana a los secretos m&aacute;s oscuros y pat&eacute;ticos de las personas; ya lo dec&iacute;a Disc&eacute;polo tambi&eacute;n, en <em>Cambalache</em>, cuando hac&iacute;a referencia a &ldquo;el que vive de las minas&rdquo; como arquetipo humano. Es gracioso, me doy cuenta, cuando se trata de gente de una escala social parecida a la de uno: el que tiene un laburo que oculta en la empresa del hermano mientras pone en la vidriera de las redes sus kioscos m&aacute;s glamorosos, la que alquila una cochera de los padres, el que no recibe nada en la mano pero tiene una extensi&oacute;n de la tarjeta que nadie le controla, la que lleva un par de a&ntilde;os invirtiendo una indemnizaci&oacute;n. Siento que se pone menos divertido cuando las diferencias se vuelven demasiado grandes; es profundamente inc&oacute;modo hablar de que te aumentaron la prepaga con gente que jam&aacute;s tuvo una. Tambi&eacute;n es inc&oacute;modo estar del otro lado; se siente una verg&uuml;enza extra&ntilde;a cuando alguien mucho m&aacute;s rico que vos te cuenta, por caso, sus historias con el manejo de un campo heredado; una no sabe si hacer como que entiende o dejar en claro que ni idea, pero de todos la sensaci&oacute;n es rara, como un pudor que no se sabe de d&oacute;nde viene. Supongo que eso es porque el verdadero tab&uacute; es el de la desigualdad, no el del dinero. El dinero es simp&aacute;tico si estamos todos en la misma, pero cuando nos confronta con diferencias injustas la incomodidad es &uacute;nica e inconfundible, como siempre que un chusmer&iacute;o divertido desemboca en una historia violenta.
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-plata_129_13135770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Apr 2026 03:01:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Samanta Schweblin,Dinero,Tamara Tenenbaum]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La separación, Esto es Tarot, Mary Poppins y Jhumpa Lahiri]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/separacion-tarot-mary-poppins-jhumpa-lahiri_129_13135541.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La separación, Esto es Tarot, Mary Poppins y Jhumpa Lahiri"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Male Rey conversan sobre la nueva novela de Martín Kohan, un libro de Elisa Carricajo sobre tarot, la película Mary Poppins y los cuentos romanos de Jhumpa Lahiri.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/separacion-tarot-mary-poppins-jhumpa-lahiri_129_13135541.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 12:05:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La separación, Esto es Tarot, Mary Poppins y Jhumpa Lahiri]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Cine,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tropezarse con el casamiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tropezarse-casamiento_129_13119573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c5b87d4-5bd4-41c1-8ce0-6b87ab370486_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tropezarse con el casamiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La serie sobre John John Kennedy y Carolyn Bessette parece, a primera vista, una fantasía noventosa de amor y estilo. Pero detrás del minimalismo chic y el cuento de hadas, aparece otra cosa: una Cenicienta moderna que usa el lenguaje del feminismo para justificar la rendición perfecta. Love Story no vende independencia, vende la ilusión de que se puede renunciar a ella sin perder glamour.</p></div><p class="article-text">
        No siempre entro en la banalidad de la temporada (hace a&ntilde;os que no me subo, por ejemplo, a ning&uacute;n reality), pero esta vez s&iacute; sucumb&iacute; al encanto de <em>Love Story</em>, la serie sobre <strong>John John Kennedy</strong> y <strong>Carolyn Bessette</strong>. Empec&eacute; a mirarla, como todo el mundo, por la ropa, y me qued&eacute; por el culebr&oacute;n. La historia no reviste demasiado inter&eacute;s, sobre todo para quienes no crecimos en Estados Unidos con el misticismo de la familia Kennedy; supongo que lo mismo le pasar&iacute;a a un gringo con las series de Menem o Coppola, pero la insistencia de la serie en intentar un tono de melodrama que se toma en serio en s&iacute; mismo me termin&oacute; convenciendo. S&iacute;, lo afirmo, termin&eacute; comprando por eso: por la falta total de autoiron&iacute;a en un producto que ten&iacute;a todo para re&iacute;rse de s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, me qued&eacute; pensando en que aunque lo que m&aacute;s circula en internet sigue siendo la locura con los looks y el minimalismo chic de Carolyn Bessette (ya hace veinte a&ntilde;os que caigo peri&oacute;dicamente en la psy-op de ponerme una remera blanca y un jean a ver si parezco una &ldquo;modelo de civil&rdquo;, y no, una nunca parece una modelo de civil), es evidente que algo en la historia de amor que da t&iacute;tulo a la serie toca alguna fibra de &eacute;poca con m&aacute;s precisi&oacute;n de la que una podr&iacute;a imaginar a priori. Intento, antes que nada, encontrar el arquetipo, y es bastante sencillo: <em>Love Story</em> revisita, como lo hicieron incontables telenovelas, el tropo de <em>La Cenicienta</em>. Es, como suele ser en las reversiones contempor&aacute;neas, una Cenicienta empoderada: una chica que<em> no necesita</em> casarse con el pr&iacute;ncipe, que es, justamente, la &uacute;nica que no est&aacute; yendo a buscarlo desesperada, y por eso mismo lo atrapa (pienso, por ejemplo, en la Cholito de <em>Mu&ntilde;eca brava</em>). Carolyn trabaja en Calvin Klein; se hizo de abajo, tiene calle y sofisticaci&oacute;n; sabe colarse en una fiesta, sus amigos dise&ntilde;adores le consiguen ropa de dise&ntilde;ador que a&uacute;n si no podr&iacute;a pagarla, su jefe la pondera. Todo el asunto de la primera parte de la serie es que John John es el soltero m&aacute;s codiciado de la Nueva York de los 90, el &uacute;ltimo momento en el que el mundo fue m&aacute;gico, parece decir la serie; el &uacute;ltimo momento antes de la algoritmizaci&oacute;n de todo, el fin del azar y as&iacute; de las historias de amor que solo pueden nacer de la suerte, aunque la misma serie te contesta que la suerte siempre necesita que la ayudes haci&eacute;ndote amiga de Calvin Klein para que &eacute;l te presente a John John. Este soltero codiciado se encuentra, por primera vez, teniendo que cortejar a una chica que le reh&uacute;ye: una chica a la que no le interesan el dinero ni la fama (curioso, para ser una estilista que trabaja en una casa de moda vistiendo celebrities, pero qui&eacute;nes somos para juzgar), que es fina sin intentarlo, cancher&iacute;sima sin pensar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s viene el casamiento y la lucha de Carolyn por ser aceptada por los Kennedy, antes del final tr&aacute;gico, que es relevante para el melodrama pero quiz&aacute;s de lo que menos me interes&oacute;. Lo que me result&oacute; muy llamativo, muy sintom&aacute;tico en t&eacute;rminos del discurso que la serie viene a encarnar, es el modo en que el relato de Cenicienta se convierte en una fantas&iacute;a postfeminista contada con el vocabulario del feminismo. No lo not&eacute; hasta el cap&iacute;tulo 6, en el que planifican y llevan a cabo la boda. Carolyn nota que los Kennedy no est&aacute;n demasiado entusiasmados, y entonces decide pedirle a la hermana de John John que sea su dama de honor, relegando, as&iacute;, a su propia hermana. La hermana (que es, ir&oacute;nicamente, la que terminar&aacute; muriendo con ella y John John en la avioneta) se enoja, y la serie, sin embargo, quiere que estemos del lado de Carolyn, porque ella est&aacute;, pobrecita, tratando de que los Kennedy &ldquo;no se sientan alienados&rdquo; (las telenovelas latinoamericanas ten&iacute;an, al menos, el buen tino de pintar como arbitrarios, rid&iacute;culos y maliciosos los caprichos de los ricos). Flaco favor le hace la serie, realmente, al personaje de Caroline Kennedy, que acepta el rol agradecida por la deferencia sin nunca preguntarle &ldquo;che, &iquest;pero no se ofender&aacute;n tus hermanas o tus amigas de toda la vida?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El punto es que aunque su madre y su hermana la acusen a Carolyn de estarse dejando gobernar por la familia de su marido, la serie no solo quiere, como dije hace un rato, que estemos del lado de ella: quiere que creamos que ella es la sensata, que ella es sutil y elegante y por eso trata de armonizar todo. El lenguaje es el de ese feminismo de los 90, el de &ldquo;tenerlo todo&rdquo;, pero en este caso &ldquo;tenerlo todo&rdquo; ni siquiera es tener el marido y la carrera: es solamente tener el marido. De hecho, esto de la fantas&iacute;a postfeminista lo entend&iacute; en una escena rar&iacute;sima en ese mismo cap&iacute;tulo, cuando Carolyn va a la oficina de Calvin Klein a decirle que va a renunciar porque claramente, con la notoriedad que est&aacute; experimentando, no est&aacute; pudiendo serle &uacute;til a la empresa. M&aacute;s all&aacute; del texto concreto de la conversaci&oacute;n, el hecho es que Carolyn renuncia a un trabajo que supuestamente le encantaba porque se casa, y la serie realmente intenta venderlo como un &ldquo;momento empoderado&rdquo;: discursivamente ser&iacute;a imposible, de manera que lo ponen en t&eacute;rminos visuales. La caminata de Carolyn hasta el ascensor recuerda much&iacute;simo, y claramente a prop&oacute;sito, a la de Peggy Olson cuando renuncia a la agencia en <em>Mad Men</em>. Es secundario, para la serie, que Carolyn renuncie para ser esposa y Peggy Olson para cortarse sola: lo importante es la cara de girl boss, no si efectivamente vas a ser la jefa de alguien, ni siquiera tu propia jefa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando empec&eacute; a escribir esta nota pens&eacute; que el sue&ntilde;o con el que <em>Love Story </em>estaba seduciendo a millennials y centennials era el del amor antes de los algoritmos, conocer a alguien de casualidad y que las cosas fluyan; pero mientras pensaba y tomaba notas me di cuenta de que no, es un poco m&aacute;s perverso. Lo que enamora de esta historia y este personaje es la idea de que una puede ir por ah&iacute; haciendo la m&iacute;mica de la independencia y que en alg&uacute;n momento, si sos suficientemente canchera, va a aparecer por arte de magia el pr&iacute;ncipe que te rescate de tu propia autonom&iacute;a. La parte importante de la autonom&iacute;a no es gobernar tu propia vida: es vender el physique du rol. Quedate tranquila, te dice <em>Love Story</em>: pod&eacute;s tener lo mejor de los dos mundos, ser una <em>tradwife </em>vestida de jefa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tropezarse-casamiento_129_13119573.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Apr 2026 03:01:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tropezarse con el casamiento]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La historia sin fin, La cocina y los alimentos, Digg y Radio Babel]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-cocina-alimentos-digg-radio-babel_129_13119365.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia sin fin, La cocina y los alimentos, Digg y Radio Babel"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Gino Cingolani conversan sobre la película La historia sin fin, un libro de cocina de Harold McGee, el sitio web Digg y la Radio Babel.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-cocina-alimentos-digg-radio-babel_129_13119365.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 15:39:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La historia sin fin, La cocina y los alimentos, Digg y Radio Babel]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Heated Rivalry, Harry Potter, Édouard Louis y Industry]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/heated-rivalry-harry-potter-edouard-louis-industry_129_13110685.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Heated Rivalry, Harry Potter, Édouard Louis y Industry"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Buji hablan sobre la moda entre los gays y las chicas, la saga de Harry Potter, el escritor Édouard Louis y una serie sobre banqueros.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en <a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 30 Mar 2026 21:37:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Moda,Literatura,Series,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quedarse en casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quedarse-casa_129_13106400.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cfbaa98e-c51e-466d-9a25-3b133291129c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quedarse en casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La idea contemporánea de una “vida sin fricción” —sin esfuerzos, sin incomodidades, sin desgaste— se volvió un ideal cultural que atraviesa desde la tecnología hasta los vínculos. A partir de un viaje con una bebé de cuatro meses, el texto explora cómo esa aspiración al control y a la rutina perfecta se traduce en un repliegue personal, afectivo y social. </p></div><p class="article-text">
        El origen verdadero de la met&aacute;fora de la fricci&oacute;n (tal como la usan hoy los cr&iacute;ticos culturales que hablan de &ldquo;una vida sin fricci&oacute;n&rdquo; como el ideal contempor&aacute;neo) es, por supuesto, la f&iacute;sica: la fricci&oacute;n es esa fuerza que impide que las cosas se deslicen con suavidad, ese roce que va desgastando los objetos. De ah&iacute;, la met&aacute;fora pasa primero a la econom&iacute;a, y luego a la tecnolog&iacute;a: la fricci&oacute;n como esos costos (de tiempo, de dinero) que entorpecen los intercambios, o como esos clics de m&aacute;s que hay que hacer en una aplicaci&oacute;n y traban tu experiencia de usuario. En su aplicaci&oacute;n a la vida cotidiana, creo que la mejor imagen al respecto la le&iacute; en <em>El primer hombre malo</em>, de <strong>Miranda July</strong>, mucho antes de todos los ensayos sobre c&oacute;mo esa aspiraci&oacute;n a una existencia sin desgastes est&aacute; destruyendo el mundo. Parafraseo de memoria a prop&oacute;sito, para ponerla como me la acuerdo, pero era algo as&iacute; como pasar d&iacute;as y semanas usando y lavando siempre el mismo plato, y la sensaci&oacute;n de control y tranquilidad que daba eso, armarse un cosmos diminuto, infinitamente abarcable en su peque&ntilde;ez.
    </p><p class="article-text">
        Este fin de semana me vine a Uruguay de viaje por primera vez con mi pareja y nuestra beb&eacute; de cuatro meses. Habl&eacute; mucho del tema, en todas sus aristas: de la diferencia entre viajar con y sin beb&eacute;, de cu&aacute;ndo cada una de mis amigas se hab&iacute;a &ldquo;animado&rdquo; a tomarse vacaciones con hijo y en qu&eacute; t&eacute;rminos, de qu&eacute; hab&iacute;a que esperar de un viaje as&iacute;. Descansar: s&iacute;, m&aacute;s o menos, en alg&uacute;n punto. En este viaje de cinco d&iacute;as (que no habr&aacute; terminado cuando salga esta columna) vengo dedicando no m&aacute;s de una hora por d&iacute;a a resolver asuntos de trabajo, exceptuando las horas que me tom&oacute; esta columna. Eso es poco, para m&iacute;; en ese sentido, tener una hija te ayuda a desconectar, b&aacute;sicamente porque te obliga. El tiempo tiene otro valor: las horas que paso yo en la computadora se las robo al sue&ntilde;o o a mi pareja en un sentido muy literal. Tiene que estar muy justificado resolver el problema ahora y no a la vuelta, y eso te ense&ntilde;a algo sobre la urgencia relativa de las cosas. En otro sentido, no, no se descansa casi nada: mi hija duerme bien de noche pero sus siestas son muy err&aacute;ticas, y salvo que m&aacute;gicamente coincidan con el momento en que uno, que no viaja en cochecito, tambi&eacute;n podr&iacute;a acostarse a dormir, el d&iacute;a es m&aacute;s bien tener siempre las manos un poco ocupadas, estar un poco atenta.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Pero m&aacute;s all&aacute; de ese balance, pens&eacute; much&iacute;simo en las ventajas que hubiera tenido quedarse en casa; no haber venido, no haber hecho ning&uacute;n viaje. De hecho, cada d&iacute;a que fuimos a la playa, o a caminar, o comer, o a tomar vino, pens&eacute; en las innumerables ventajas que hubiera tenido eso tambi&eacute;n: no haber hecho nada de eso, no hacer nada. Quedarnos quietos. La verdad es que beb&eacute; es muy chiquita, registra muy poco: para &ldquo;cambiar de aire&rdquo; le alcanzar&iacute;a recorrer apenas el jard&iacute;n de la casa, o dar una vuelta a la manzana. Llevarla a lugares, sobre todo a lugares que nos interesan m&aacute;s a los adultos que a ella (y, a los cuatro meses, esos lugares son todos) es b&aacute;sicamente una molestia para todos los involucrados con algunos chispazos de felicidad maravillosos en los que parece, por el segundo m&aacute;s breve, que todo se acomoda en su lugar, o al menos en alg&uacute;n lugar.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que en la serie <em>Fleischman is in Trouble </em>(basada en la novela hom&oacute;nima de Taffy Brodesser-Akner) el personaje de Claire Danes ten&iacute;a una narrativa interna dirigida a las amas de casa que la miraban en menos a ella por tratar de criar y tener una carrera: las mamis exclusivas le dedicaban a ella una clase muy espec&iacute;fica de desprecio, en la cual la miraban en menos por hacer las cosas peor, al tiempo que daban a entender que ella hab&iacute;a elegido &ldquo;el camino f&aacute;cil&rdquo;. La voz que narraba la serie, que era de otro personaje, dec&iacute;a que Rachel (el personaje de Claire Danes) sab&iacute;a que hab&iacute;a que decir que ser mam&aacute; tiempo completo era lo m&aacute;s dif&iacute;cil del mundo, aunque ella supiera que lo m&aacute;s dif&iacute;cil del mundo era ser mam&aacute; y adem&aacute;s tener un trabajo. Yo honestamente no creo ninguna de las dos cosas: lo &uacute;nico objetivamente m&aacute;s dif&iacute;cil en esta vida, seas madre o no, es tener menos plata y menos salud; a igual nivel de ingreso y ninguna discapacidad, todo es cuesti&oacute;n de gusto y circunstancias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero pienso que la frase esa del personaje de Claire Danes, as&iacute; como la imagen de la novela de Miranda July y la chica que usa y lava todos los d&iacute;as el mismo plato, hablan de una neurosis de &eacute;poca: quedarse en tu carril. No organizar nada para ir a ninguna parte, no adaptarse a nada ni a nadie; si tuviste hijos, limitarte, como mucho, a construir tus rutinas en torno de ellos, y nadie m&aacute;s, ya est&aacute;, no estar para nadie; ni siquiera para vos misma, ni siquiera para tu propio deseo cuando se vuelve demasiado inc&oacute;modo, demasiado inconveniente. Lo mismo si no tuviste hijos: no hacer ning&uacute;n esfuerzo por mantener en tu vida a la gente que los tuvo, no acomodar nada, no meterse en l&iacute;os que no son imprescindibles, porque no te da &ldquo;el ancho de banda&rdquo;. Uso estos ejemplos, pero va mucho m&aacute;s all&aacute; de esa discusi&oacute;n; no juntarse con nadie distinto, o directamente no juntarse con nadie, manejar los v&iacute;nculos como se pueda desde tu propia casa, es hoy la enfermedad de gente jovenc&iacute;sima que ni se est&aacute; preguntando todav&iacute;a por su futuro reproductivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, en t&eacute;rminos comunitarios, esta especie de conservadurismo energ&eacute;tico es la realidad a la que est&aacute;n tratando de adaptarse todos los que quieren conseguir posiciones de liderazgo: nadie quiere ocupar lugares inc&oacute;modos, en ning&uacute;n sentido. Ya casi nadie quiere ser el m&aacute;s laico del grupo de religiosos, o el religioso que trata de estirar un poco los l&iacute;mites de la religi&oacute;n; el religioso tampoco quiere organizarse para acomodar a su amigo el laico. Nadie quiere ya construir comunidades mixtas, pol&iacute;tica o socialmente; antes quiz&aacute;s tampoco lo quer&iacute;amos pero no hab&iacute;a remedio. Hoy, en cambio, es cada vez m&aacute;s f&aacute;cil elegir la homogeneidad, juntarse solo con gente que ha elegido los mismos caminos para no tener que resolver nada. El problema, por supuesto, es que esa vida sin fricci&oacute;n es una pendiente que, justamente por la falta de roce, resbala much&iacute;simo: es sorprendentemente f&aacute;cil pasar de ir solo a las casas de la gente que te cae fant&aacute;stico a no ir a la casa de nadie, no ir a ninguna parte, de hecho, porque desorganizar las rutinas es demasiado agotador. Es sorprendentemente f&aacute;cil pasar de invitar a tu casa solo a tus &iacute;ntimos a no invitar a nadie, a &ldquo;resguardarnos&rdquo;, con alg&uacute;n argumento mal hecho sobre salud mental, para despu&eacute;s preguntarse por esas madres que e iban al cine o al teatro, esas familias ca&oacute;ticas, esos grupos de amigos llenos de t&iacute;os borrachos y chicos durmiendo entre dos sillas, esos lazos basados todos en cosas que te da demasiada fiaca hacer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/quedarse-casa_129_13106400.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 03:02:44 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La que busca, encuentra ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/busca-encuentra_129_13087699.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4704214f-cf7d-439e-88ab-89b0bd95d5ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La que busca, encuentra "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La muestra de Fernanda Laguna en el MALBA evita la nostalgia y propone otra lectura: una obra viva, en expansión, que desarma jerarquías entre arte y vida, y que insiste —contra el clima de época— en la posibilidad de crear, mezclar y encontrar sentido por fuera del mainstream.</p></div><p class="article-text">
        El desaf&iacute;o es escribir sobre la muestra de <strong>Fernanda Laguna</strong> en el <a href="https://malba.org.ar/evento/fernanda-laguna-mi-corazon-es-un-iman/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">MALBA</a> sin nostalgia, porque la obra de Fernanda Laguna no tiene nada que ver con la nostalgia. La muestra tampoco: la curadur&iacute;a de Miguel &Aacute;ngel L&oacute;pez para <em>Mi coraz&oacute;n es un im&aacute;n (1992-2025)</em> resiste incluso la etiqueta de &ldquo;retrospectiva&rdquo;. La disposici&oacute;n de la obra en el espacio y el uso de las paredes que sortea con elegancia el problema de poner en un museo una obra que fue pensada pr&aacute;cticamente en su contra; pero sobre todo, la decisi&oacute;n de no organizar la muestra en t&eacute;rminos cronol&oacute;gicos alimenta la sensaci&oacute;n de que, aunque en el inconsciente colectivo porte&ntilde;o tengamos a Laguna tan asociada a los a&ntilde;os 90 de Belleza y Felicidad, su obra est&aacute; viva y en pleno proceso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Insisto con lo de la nostalgia, entonces, pero no por Fernanda sino por m&iacute;, por mis amigas y por m&iacute;. Siento que todas tenemos en la punta de la lengua la idea de que hoy no podr&iacute;a nacer una Fernanda Laguna, de que ese arte ef&iacute;mero, sexy, local, ingenuo y oscuro que le da la vuelta a la iron&iacute;a para ofrecer una forma inteligent&iacute;sima de la inocencia representa a una Buenos Aires que ya no existe, o est&aacute; dejando de existir. Pero la propia muestra, reitero, te contesta que eso no es cierto: que Fernanda Laguna sigui&oacute; hasta mucho despu&eacute;s de la d&eacute;cada del 90 buscando &ldquo;locales&rdquo;, como les dice ella a los diversos espacios en los que fue produciendo y exhibiendo su obra, siempre mezclando esa funci&oacute;n de galer&iacute;a escondida con la idea del comercio (que es interesante: no aparece, en la obra de Laguna, como el germen del capitalismo salvaje, sino un poco como apareci&oacute; en el mundo real, una forma de intercambio entre personas, una manera de acercarse a mundos) y la diversi&oacute;n; lugares que eran regaler&iacute;as, que eran tugurios, y que reci&eacute;n despu&eacute;s eran &ldquo;espacios culturales&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; distingue a una obra de arte contempor&aacute;neo de una chucher&iacute;a? Eso que otros contestar&iacute;an con la ansiedad institucional de quien necesita afirmar su lugar en un sistema Fernanda lo contesta con una sonrisa: absolutamente nada. Mientras otros nos quejamos de la gentrificaci&oacute;n y de internet y le echamos la culpa de lo desangelado de nuestras vidas a las redes sociales o al conformismo social, Laguna sigue buscando locales, y encontr&aacute;ndolos.&nbsp;
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        No quiero decir, con esto, que la obra de Fernanda Laguna escape de la cr&iacute;tica social, porque no lo hace en ning&uacute;n sentido: en las siete secciones de la muestra podemos encontrarnos no solamente con su experimentaci&oacute;n con los formatos y los objetos (alambres, puntillas, CDs, lo que sea, hechos collage y belleza callejera), sino tambi&eacute;n con sus compromisos con el feminismo y la creaci&oacute;n colectiva, su b&uacute;squeda permanente de un arte por fuera de las clases dominantes, su trabajo en espacios como Belleza y Felicidad Fiorito en los que la diferencia entre arte y pr&aacute;ctica pol&iacute;tica se vuelve, otra vez, como la diferencia entre arte y chucher&iacute;a, invisible e irrelevante.
    </p><p class="article-text">
        Pero sin ser nost&aacute;lgica, entonces, quiero hacer igual una reflexi&oacute;n sobre el tiempo: qu&eacute; bien le han quedado los a&ntilde;os a la obra de Fernanda Laguna. C&oacute;mo le ha dado la raz&oacute;n el presente a su forma femenina de entender el arte pol&iacute;tico, a su forma monstruosa de entender lo femenino, a su forma rid&iacute;cula de entender lo monstruoso. Paseando por el museo y sus paredes garabateadas, por entre esas obras que estaban ah&iacute; cerca, ah&iacute; nom&aacute;s, listas casi para ser toqueteadas como en una exhibici&oacute;n para ni&ntilde;os, pens&eacute; en los debates que recuerdo haber vivido y le&iacute;do sobre la intimidad y la profundidad, lo serio y lo importante, y c&oacute;mo Fernanda Laguna sali&oacute; por la tangente de todos, con un lenguaje propio, sin pedir perd&oacute;n ni permiso. No pienso solo en ella sino tambi&eacute;n en muchos de sus compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n, en Cecilia Pav&oacute;n y Gabriela Bejerman, en maestros como Gumier Maier, y es dif&iacute;cil ah&iacute; s&iacute; no ser rom&aacute;ntica y pensar en la &uacute;ltima vez en que el mundo fue m&aacute;gico. Pero la verdad es que ninguno de ellos hablar&iacute;a as&iacute; y saben m&aacute;s que una y deben tener raz&oacute;n, que la magia siempre fue algo que hab&iacute;a que conseguir con esfuerzo en un mundo que insist&iacute;a en ser aplastante y gris, y que sigue siendo posible entrar a ver una muestra y salir pensando que si una deja de lado el individualismo y el exitismo y el catastrofismo hay un afuera del mainstream y la estupidez, o m&aacute;s bien, que hay una estupidez mejor.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/busca-encuentra_129_13087699.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Mar 2026 03:01:20 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El agente secreto, Da Homey, historia del café y Love Story]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/agente-secreto-da-homey-historia-cafe-love-story_129_13087085.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El agente secreto, Da Homey, historia del café y Love Story"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Pablo Pryluka conversan sobre la película El agente secreto, el documental Da Homey, una pequeña historia del café y la serie Love Story.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 13:28:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Series,Algo prestado,Tamara Tenenbaum,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una chica "de ahora"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-ahora_129_13069641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/36219966-ec0c-4211-9982-1393e92a0aad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una chica &quot;de ahora&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En "Hamnet", la directora Chloé Zhao recrea la vida familiar de William Shakespeare desde una mirada íntima y sensible, centrada en la figura de Agnes. A través de este personaje, la película presenta a una joven que desafía las expectativas de su época y muestra una forma de pensar sorprendentemente cercana a la sensibilidad contemporánea.</p></div><p class="article-text">
        Vi <em>Hamnet </em>en su avant premier en Argentina: desde ese d&iacute;a hasta el d&iacute;a en que saldr&aacute; esta columna, cuando se decidir&aacute; su suerte en los Oscar, siento que la pel&iacute;cula pas&oacute; por much&iacute;simas conversaciones. El privilegio de verla antes de leer casi cualquier cosa fue clave: pude disfrutarla antes de escuchar que <strong>Chlo&eacute; Zhao</strong> no sabe filmar o, peor todav&iacute;a, que la pel&iacute;cula es &ldquo;porno del duelo&rdquo;, lo que sea que eso signifique.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hamnet</em> es una especie de caja china de derivaciones: fue primero una novela de la brit&aacute;nica <strong>Maggie O&rsquo;Farrell</strong>, pero que es a su vez una suerte de ficcionalizaci&oacute;n de la vida de <strong>William Shakespeare</strong> en la que &eacute;l es un personaje completamente lateral y la protagonista es su esposa, particularmente el modo en que ella lidia con la muerte de su hijo Hamnet (que, en esta lectura, ser&iacute;a la inspiraci&oacute;n para la obra maestra <em>Hamlet</em>). Esta novela, que es entonces una especie de adaptaci&oacute;n de la historia de la literatura, es luego adaptada al cine por la cineasta china Chlo&eacute; Zhao. Zhao debut&oacute; en el cine como documentalista, de modo que no es extra&ntilde;a al trabajo con la realidad; y sin embargo, en la pel&iacute;cula se sumerge en la fantas&iacute;a con una libertad refrescante y casi inocente.&nbsp;
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        Habiendo le&iacute;do el libro, me pareci&oacute; que la pel&iacute;cula no hac&iacute;a tanto &eacute;nfasis en lo que para m&iacute; era lo m&aacute;s notable de la novela original de O&rsquo;Farrell: Agnes, la protagonista (una versi&oacute;n ficcional de la esposa de Shakespeare), es una mujer del siglo XXI atrapada en el siglo XVI. El duelo, y sobre todo el duelo de un hijo, son experiencias intraducibles de una &eacute;poca a la otra. O&rsquo;Farrell intenta todo el tiempo, a lo largo de su texto, mostrarnos la cercan&iacute;a que exist&iacute;a en la &eacute;poca isabelina con la muerte, y quiz&aacute;s sobre todo entre la muerte y los ni&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Los hijos de Agnes y Shakespeare viven sumergidos en la violencia de la naturaleza: sin tutores ni miedos, sin medicina moderna, en una forma de vida cuasi aut&oacute;noma, sucia y salvaje que no se parece en casi nada a lo que hoy entendemos por infancia. La muerte de los hijos, entonces, era ciertamente triste, pero ser&iacute;a raro decir que era tr&aacute;gica: definitivamente no era considerada, como lo es hoy, como &ldquo;lo peor que puede pasarle a una persona&rdquo;. Era m&aacute;s bien, quiz&aacute;s, an&aacute;loga a lo que hoy ser&iacute;a la muerte de un padre, o de una pareja; una de las durezas de la vida, pero de esas que le tocan m&aacute;s o menos a todo el mundo y que se espera que una pueda sobrevivir. Agnes, en cambio, lo trata como lo tratar&iacute;amos nosotros: a ojos de todo su entorno, entonces, enloquece.
    </p><p class="article-text">
        En la novela, este contraste entre lo que se espera de una madre (que siga adelante con su vida) y lo que Agnes de hecho hace es uno de los temas centrales. En la pel&iacute;cula, en cambio, esta diferencia entre Agnes y su entorno est&aacute; mucho menos clara; de alguna manera, la pel&iacute;cula aprovecha el hecho de que su protagonista tenga la sensibilidad de una chica &ldquo;de ahora&rdquo; para sencillamente contarnos la historia como si sucediera &ldquo;ahora&rdquo;. Entonces Agnes no solo es una madre del siglo XXI; es tambi&eacute;n una esposa del siglo XXI. El modo en que Agnes se molesta con la insensibilidad de su esposo, con el hecho de que &eacute;l s&iacute; siga adelante con su vida y su carrera luego de la muerte del peque&ntilde;o Hamnet, es claramente extempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Pocas cosas me producen tanta curiosidad como las emociones de hace siglos: c&oacute;mo era ser mujer, hombre, padre, madre, amigo, amiga, hijo o hija antes de que las familias fueran eso que&nbsp;son hoy. C&oacute;mo era enamorarse; c&oacute;mo era criar; c&oacute;mo era separarse; c&oacute;mo era duelar.<em> Hamnet</em> es una pel&iacute;cula preciosa y sensible; me result&oacute; admirable, sobre todo, el modo en que Zhao narra la naturaleza, y la importancia de los tiempos y los colores de lo silvestre para el personaje de Agnes. Es virtuoso, tambi&eacute;n, el trabajo de <strong>Jessie Buckley</strong> construyendo una protagonista al mismo tiempo opaca y transparente. Pero si la pel&iacute;cula tiene algo imperdonable es su falta de curiosidad por la sensibilidad de la &eacute;poca que retrata: Zhao abraza esas contradicciones que est&aacute;n en el texto de O&rsquo;Farrell, pero un poco para suavizarlas y pararse firmemente de un lado, el lado de nuestra manera de entender los sentimientos. Se pierde, entonces, de preguntarse por lo situado de nuestra manera de sentir, lo contextual y lo temporal del modo en que entendemos cosas supuestamente tan eternas como la vida y la muerte, el duelo y el amor. 
    </p><p class="article-text">
        Pienso que hay un solo v&iacute;nculo en la pel&iacute;cula que escapa a este problema: la relaci&oacute;n entre Agnes y su suegra, la madre de Shakespeare, encarnada por <strong>Emily Watson</strong>. Creo que tanto en lo que ponen las actrices como en el texto, o sobre todo en la falta de &eacute;l, ah&iacute; se construye una camarader&iacute;a femenina antigua en el mejor de los sentidos, una complicidad basada solamente en la suerte compartida, o m&aacute;s bien en la falta de ella, que estaba m&aacute;s a flor de la piel cuando la vida de todas las personas, pero quiz&aacute;s ante todo la de las mujeres, estaba m&aacute;s determinada por la naturaleza. Dos mujeres que en principio se tratan con frialdad y desconfianza se vuelven hermanas no, como lo har&iacute;amos en el siglo XXI, compartiendo experiencias a trav&eacute;s de las palabras, sino comparti&eacute;ndolas porque la gente viv&iacute;a demasiado cerca, porque no exist&iacute;a la privacidad ni la higiene an&oacute;nima de los hospitales tal como hoy la conocemos. En esos pocos momentos que ellas comparten est&aacute; escondida, en mi humilde opini&oacute;n, la pel&iacute;cula que podr&iacute;a haber sido. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-ahora_129_13069641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Mar 2026 11:56:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Chloé Zhao,William Shakespeare,Jessie Buckley]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Man on the run, Hebe Uhart, Didier Eribon y La hermanastra fea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/man-on-the-run-hebe-uhart-didier-eribon-hermanastra-fea_129_13068342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Man on the run, Hebe Uhart, Didier Eribon y La hermanastra fea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Male Rey y Tamara hablan de un documental sobre Paul McCartney, un libro sobre las clases de Hebe Uhart, otro de Didier Eribon y una reversión de La Cenicienta.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 12:32:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Literatura,Algo prestado,Tamara Tenenbaum,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inteligencia artificial, Marina Garcés, Esto es micelio y Wuthering Heights]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/inteligencia-artificial-marina-garces-micelio-wuthering-heights_129_13051398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/abc3d353-28c9-4deb-80a1-fbacb06c2948_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inteligencia artificial, Marina Garcés, Esto es micelio y Wuthering Heights"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este episodio Tamara y Gino Cingolani conversan sobre las novedades en inteligencia artificial, un libro de Marina Garcés sobre la amistad, un nuevo medio digital y la flamante adaptación al cine de Cumbres borrascosas.</p><p class="subtitle">Episodios anteriores</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/algo-prestado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Algo Prestado</a>&nbsp;es un podcast de&nbsp;<strong>elDiarioAR</strong>&nbsp;realizado por&nbsp;<a href="https://www.eldiarioar.com/autores/tamara-tenenbaum/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tamara Tenenbaum</a>, junto a un invitado cada semana. Est&aacute; alojado en&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/show/6KY9VTevJHxD5In3KRJu0F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>,&nbsp;plataforma l&iacute;der para la publicaci&oacute;n de podcast, y tambi&eacute;n en otras aplicaciones de streaming.
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      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 19:46:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Inteligencia artificial, Marina Garcés, Esto es micelio y Wuthering Heights]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Inteligencia Artificial,Tamara Tenenbaum,Algo prestado,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hace falta “abrazar” la maternidad: diario de la licencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-falta-abrazar-maternidad-diario-licencia_129_13049962.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c94e2a6-96d6-4f2a-a0c8-ce9950f092c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No hace falta “abrazar” la maternidad: diario de la licencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aquí una nueva entrega del resumen de la licencia de Tamara Tenenbaum. Esta vez, la importancia de tener snacks en la heladera, una reflexión sobre la bajada de la natalidad y un sistema de reparto de tareas entre mamadera y teta.</p><p class="subtitle">Una sigue siendo una: resumen de licencia, primera entrega</p></div><p class="article-text">
        11) Me negu&eacute; a comprar ropa de embarazada porque gastar en algo que me iba a durar meses me parec&iacute;a indignante, y porque tampoco me parec&iacute;a muy canchera. Compr&eacute; solamente tres pantalones con el&aacute;stico, dos polleras y un vestido y me arregl&eacute; con eso, m&aacute;s mis remeras de siempre calzadas un poco m&aacute;s arriba. Me gust&oacute; lo que me puse, pero recomiendo no enga&ntilde;arse con la idea de que si no compr&aacute;s ropa de embarazada s&iacute; la vas a usar despu&eacute;s: queda estirada en lugares rar&iacute;simos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        12) Antes de que lo diga nadie m&aacute;s, lo dir&eacute; yo: mi rechazo a la ropa de embarazada fue parte de un rechazo m&aacute;s amplio a las cosas de embarazada y de <em>mami</em> en general. Trabaj&eacute; hasta en el sanatorio y volv&iacute; a hacerlo por etapas ni bien pude organizar los cuidados de la beb&eacute;, entren&eacute; con autorizaci&oacute;n de la&nbsp;obstetra hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a y volv&iacute; a hacerlo ni bien volvieron a darme permiso, sal&iacute; siempre que me sent&iacute;a con ganas de hacerlo y modifiqu&eacute; mis h&aacute;bitos, en general, lo menos posible, tanto durante el embarazo como durante el puerperio y ahora que tengo una beb&eacute; de tres meses. Fue y es mi forma de ser feliz como madre, mujer y ser humano. Leo y escucho mucho sobre <em>abrazar </em>el embarazo y la maternidad. Yo no creo que haya que abrazar las cosas para que sucedan. Ten&eacute;s una hija, sos madre. Mientras te ocupes de que la criatura est&eacute; sana, feliz y alimentada, &iquest;qui&eacute;n es qui&eacute;n para decirte si est&aacute;s &ldquo;entusiasm&aacute;ndote&rdquo; o no con tu nueva vida? Aferrarse a las cosas de tu existencia previa que te gustaban y defenderlas todo lo que puedas dentro de los l&iacute;mites de lo razonable es una forma tan buena de ser madre como cualquier otra. No hay nada inherentemente &ldquo;mejor&rdquo;, en t&eacute;rminos &eacute;ticos o de crianza, en ser &ldquo;fan&rdquo; de la maternidad y su parafernalia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        13) Siempre te dicen que no recibas visitas en el sanatorio porque vas a querer estar tranquila, y yo ten&iacute;a pensado eso, pero la verdad: depende. Como tuve un parto f&aacute;cil y una recuperaci&oacute;n r&aacute;pida aprovech&eacute; para recibir visitas en el sanatorio porque francamente me aburr&iacute;a, y en el fondo fue m&aacute;s f&aacute;cil recibir gente en un lugar donde no ten&iacute;a que ocuparme de ninguna otra cosa y estar m&aacute;s &ldquo;en la intimidad&rdquo; en la vuelta a casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        14) Hay mucha neurosis con el tema de la actividad f&iacute;sica. El imperativo de volver a estar flaca rapid&iacute;simo convive con la idea de que si te &ldquo;apur&aacute;s&rdquo; en eso sos idiota o descuidada; mismo durante el embarazo, te critican si entren&aacute;s y si no entren&aacute;s. Dir&eacute; lo que creo: si no ten&eacute;s ning&uacute;n impedimento m&eacute;dico, moverse siempre es mejor, embarazada o no, pu&eacute;rpera o no, mami o no. A m&iacute; me hizo muy bien, no solo para la autoestima (y no hablo de estar flaca: hablo de tener el tono muscular para sentarte derecha y sentirte una persona en vez de una piltrafa) sino objetivamente para el dolor de espalda, la digesti&oacute;n, el sue&ntilde;o, la salud mental y la fuerza que necesit&aacute;s para mantener viva a una criatura. Yo tambi&eacute;n prefiero mirar tele antes que trotar, pero creo que vale la pena no caer en la trampa de pensar que descuidando tu salud te est&aacute;s &ldquo;dando permisos&rdquo; o algo as&iacute;. Mejor darse el permiso de tener la casa detonada, de no ir a ese cumplea&ntilde;os del cu&ntilde;ado que te aburre soberanamente o comer lo que sea que te den ganas, pero ir a entrenar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        15) No hay ning&uacute;n m&eacute;rito en tener un parto vaginal, lo digo como persona que tuvo uno y que escuch&oacute; mil relatos de &ldquo;no pude&rdquo; o &ldquo;no llegu&eacute;&rdquo; o &ldquo;no aguant&eacute;&rdquo;. Fue una cuesti&oacute;n de suerte. No hice nada para garantizarlo, no se me jugaba nada en hacerlo; tuve solamente la fortuna de que sucediera, y de que eso me permitiera estar caminando y haci&eacute;ndome un caf&eacute; a las tres horas de parir. Ning&uacute;n m&eacute;rito, ning&uacute;n asunto moral, ninguna cosa de madraza. Ni una palabra de amor a ninguna loca que te quiera convencer de lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        16) En mi breve experiencia con la divisi&oacute;n de tareas de cuidado, creo que vale m&aacute;s la pena ser pr&aacute;cticos que precisos. Doy un ejemplo: en mi casa establecimos m&aacute;s o menos desde el principio que combinar&iacute;amos teta y f&oacute;rmula para equilibrar responsabilidades y para que fuera m&aacute;s f&aacute;cil tambi&eacute;n dejar a la beb&eacute; no solo con su pap&aacute;, sino tambi&eacute;n con sus abuelas, con una ni&ntilde;era o alguna amiga (s&iacute;, todas mujeres salvo el pap&aacute;). Antes de que naciera Estrelicia yo pensaba, sobre todo para las noches, en hacer un par de tomas de teta y otras de mamadera para que no tuviera que levantarme siempre yo. A varias amigas m&iacute;as les funcion&oacute; esa din&aacute;mica, pero la verdad es que nosotros lo hicimos una noche y nunca m&aacute;s: levantarse a armar una mamadera implicaba m&aacute;s tiempo, Estrelicia se sobregiraba llorando y terminaba siendo m&aacute;s dif&iacute;cil lograr que se volviera a dormir, y encima si ella lloraba, de todos modos, no es que yo durmiera, de modo que nadie ganaba nada. De noche, finalmente, le doy teta siempre; mi novio se levanta un minutito a hacerle provechito o acomodarla en la cuna, y luego se despierta con ella a la ma&ntilde;ana para que yo tenga una o dos horas m&aacute;s de sue&ntilde;o. Nos result&oacute; mejor eso que lo de dividir despertadas, y hubiera sido peor para todos si nos hubi&eacute;ramos obstinado en esa exactitud.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        17) Est&aacute; muy bien tener viandas o comida en el freezer (es un buen regalo grupal, de hecho: que a la pu&eacute;rpera la espere en su casa un freezer lleno de milanesas y empanadas, con una heladera llena de hojas verdes, tomates y cualquier otra guarnici&oacute;n que se pueda resolver en minutos), pero en las primeras semanas hasta que contrat&eacute; asistencia paga y le fuimos encontrando el ritmo y la rutina al asunto me costaba hasta el concepto de &ldquo;sentarme&rdquo; a comer, aunque me muriera de hambre; sobre todo a la madrugada, en los horarios raros que impone la &ldquo;libre demanda&rdquo; del reci&eacute;n nacido. Por eso, adem&aacute;s de la heladera llena de comida, creo que hay que tener un par de snacks que se puedan agarrar sin ninguna preparaci&oacute;n ni ceremonia: galletitas, queso, man&iacute;, pasas de uva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        18) No s&eacute; qu&eacute; tan universal es esta experiencia: mi beb&eacute; durmi&oacute; much&iacute;simo de d&iacute;a y de noche los primeros d&iacute;as. Much&iacute;simo much&iacute;simo nivel que yo no entend&iacute;a qu&eacute; era tan complicado de tener un beb&eacute;. Despu&eacute;s se despabilan, e incluso una beb&eacute; f&aacute;cil como la m&iacute;a tiene d&iacute;as o noches de estar insoportable. No hay que dejarse enga&ntilde;ar por esas primeras semanas. En relaci&oacute;n con esto:
    </p><p class="article-text">
        19) Es importante no perder de vista lo impredecible de todo a la hora de intentar organizarse. Si vas a tener que trabajar desde tu casa, por ejemplo, como es mi caso, no pod&eacute;s confiar en que &ldquo;beb&eacute; igual duerme as&iacute; que no necesito a nadie&rdquo;, porque quiz&aacute;s ma&ntilde;ana beb&eacute; no duerme. Si efectivamente ten&eacute;s que entregar algo o estar en una llamada vas a necesitar s&iacute; o s&iacute; que haya una persona que pueda atender a beb&eacute; ese rato. No importa si al final beb&eacute; duerme todo el d&iacute;a o toda la noche: es por las dudas, porque justamente nunca se sabe. En relaci&oacute;n a esto:
    </p><p class="article-text">
        20) Estuve pensando mucho en el tema del trabajo, la maternidad y la ca&iacute;da de la natalidad de la que se habla tanto en esta &eacute;poca. No pienso hacer ninguna aseveraci&oacute;n demasiado firme sobre un tema tan complejo y con tan poco espacio, solo reflexionar en voz alta algo sobre esto a partir de mi propia experiencia. En principio se supone (y supongo que est&aacute; estudiado) que el trabajo, la vocaci&oacute;n y las ganas de una mujer de dedicarle tiempo a su carrera profesional son enemigas de la maternidad: te llevan a postergarla o incluso evitarla. Lo entiendo, pero en mi caso, y en los de mucha gente que me rodea, creo que tener una pasi&oacute;n y poder ejercerla te serena: te saca mucho de cierta ansiedad por aquello de lo que te perd&eacute;s, sobre todo, quiz&aacute;s, la ansiedad por la juventud y la libertad que supuestamente dejar&iacute;as de disfrutar. Las mujeres de mi generaci&oacute;n y la que viene despu&eacute;s a las que las crisis de empleo local y global no las dejan so&ntilde;ar con una profesi&oacute;n no van a ir corriendo a tener hijos: por el contrario, van a aferrarse al consumo, a internet, a todas esas cosas chiquitas que todav&iacute;a podemos pagar para olvidarnos de lo incierto del futuro. Que quede claro: creo que las vidas sin hijos son tan plenas como las vidas con, lo creo cada vez m&aacute;s desde que tengo una hija, y no creo que el Estado tenga que hacer m&aacute;s dif&iacute;cil llevar una vida sin hijos o coaccionar a la gente para tenerlos por ning&uacute;n mecanismo. Lo que pienso es que, m&aacute;s all&aacute; de lo que digan los conservadores, alentar a las mujeres a desarrollarse profesionalmente y ayudarlas (mediante pol&iacute;ticas p&uacute;blicas concretas, que vayan incluso m&aacute;s all&aacute; de las licencias) a ver ese desarrollo como parte posible y feliz de una vida con hijos puede ser una pol&iacute;tica m&aacute;s pronatalista de lo que parece a primera vista. Vuelvo a mi experiencia: desde que tuve una beb&eacute;, trabajar es una manera de seguir conectada con el mundo adulto, con una validaci&oacute;n que no sentir&iacute;a de otra manera. Incluso las semanas en que no logro organizarme para ir al cine o a comer a lo de una amiga, trabajar me salva de la claustrofobia. No s&eacute; si ser&aacute; as&iacute; para todas, pero tampoco creo que sea as&iacute; solo para m&iacute;
    </p><p class="article-text">
        <em>TT/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tamara Tenenbaum]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-falta-abrazar-maternidad-diario-licencia_129_13049962.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Mar 2026 03:02:11 +0000]]></pubDate>
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