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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Gabriela Massuh]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/gabriela-massuh/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Gabriela Massuh]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
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    <item>
      <title><![CDATA[Podemos vivir sin influencers, pero no sin árboles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-influencers-no-arboles_129_9855977.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/037dc461-f711-4e95-9b34-92b4b01677ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Podemos vivir sin influencers, pero no sin árboles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"En materia de ética profesional todo lo que se hace respecto de los árboles en la Argentina, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires, es un verdadero oxímoron", reflexiona la autora.</p></div><p class="article-text">
        Tengo poca experiencia en las redes sociales. Lo escaso que s&eacute; de ellas es que ninguna revoluci&oacute;n en este planeta tendr&aacute; lugar a trav&eacute;s de ellas por nunca jam&aacute;s. Y menos por Instagram. Tal vez porque es la red que menos texto acepta, tal vez porque su contenido apenas se deja reproducir o reenviar. Es que al mundo Instagram, el de la publicidad y sus adl&aacute;teres, los <em>influencers,</em> les basta con un toque y me voy. Un corazoncito y ya fue. 
    </p><p class="article-text">
        Y confieso, aunque a nadie le importe: para m&iacute; Instagram es la encarnaci&oacute;n de la impotencia (la m&iacute;a) y el tedio (del mundo tal como nunca aprender&eacute; a&nbsp;conocerlo).
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hay excepciones. Tuve la suerte de toparme con una que ratific&oacute; el viejo adagio de que toda excepci&oacute;n confirma la regla. Se trata de una noticia que apareci&oacute; en IG el domingo 1 de enero de este a&ntilde;o. Su autor, <strong>Carlos Anaya</strong>, es ingeniero agr&oacute;nomo, primer arborista certificado por la International Society of Arboriculture (AL-0001A) en la Argentina. Estar certificado por esta prestigiosa instituci&oacute;n implica un incesante intercambio con par&aacute;metros y expertos internacionales en la materia. Para ser miembro es obligatorio revalidar la certificaci&oacute;n cada tres a&ntilde;os y suscribirse a un estricto c&oacute;digo de &eacute;tica profesional.
    </p><p class="article-text">
        En materia de &eacute;tica profesional todo lo que se hace respecto de los &aacute;rboles en la Argentina, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires, es un verdadero ox&iacute;moron. Todas las empresas contratadas por la municipalidad porte&ntilde;a brillan por su ausencia de conocimiento en la materia ignorando toda regla de vida vegetal con el fin de permitirse hacer las ping&uuml;es ganancias que les promete su contratista, el gobierno de Horacio Rodr&iacute;guez Larreta.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se lee ahora en Instagram es el tercero de tres informes sobre las mutilaciones realizadas por esta municipalidad en los Bosques de Palermo. La breve nota lleva la firma de <a href="https://www.instagram.com/carlosrobertoanaya/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">@carlosrobertoanaya</a> y el t&iacute;tulo: 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La &ldquo;transformaci&oacute;n&rdquo; del bosque en pradera</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>El Parque 3 de febrero de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires, conocido a&ntilde;os atr&aacute;s como los &ldquo;Bosques de Palermo&rdquo;, se sigue transformando en una pradera a partir de inaceptables acciones que se vienen realizando, que deterioran y matan &aacute;rboles.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Muchos ejemplares est&aacute;n muertos, otros ya murieron y talaron y otros tantos se observan con s&iacute;ntomas y signos de declinaci&oacute;n. Todos son &aacute;rboles maduros y de gran valor.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Los gestores no se inmutan y siguen &ldquo;transformando&rdquo; el gran parque, s&oacute;lo haciendo &oacute;rdenes de servicios de talas y podas sin advertir que las causas del deterioro son netamente antr&oacute;picas (</em>evento producido o modificado por la actividad humana<em>) debidas a inadecuadas decisiones, y sin m&iacute;nimamente tratar de revertir o minimizar los procesos de declinaci&oacute;n que pueden prevenirse con adecuadas pr&aacute;cticas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este parque no es la excepci&oacute;n a otros donde se realizan obras de remodelaci&oacute;n en posiciones absurdas dentro de los canteros, interfiriendo con el equilibrio fisiol&oacute;gico de los &aacute;rboles al arrancarles ra&iacute;ces, impermeabilizando el suelo y modificando sus condiciones f&iacute;sicas, qu&iacute;micas, h&iacute;dricas y microbiol&oacute;gicas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En el Parque 3 de Febrero existen en este momento por lo menos dos sitios donde se est&aacute;n construyendo o reconstruyendo &ldquo;estaciones&rdquo; para hacer ejercicios f&iacute;sicos en sitios de sombra. Hoy tendr&aacute;n sombra, pero en poco tiempo los rayos del sol. Porque las empresas desmontan el perfil superior del suelo con una retroexcavadora, arrancando ra&iacute;ces, para luego desparramar y compactar una capa de tosca sobre la que instalar&aacute;n un solado (</em>suelo artificial<em>) para disponer el mobiliario deportivo. Todo esto sucede ante una sequ&iacute;a hist&oacute;rica, en el marco de lo que t&eacute;cnicamente se denomina &ldquo;Zona de Protecci&oacute;n de los &Aacute;rboles&rdquo; (TPZ, por su acr&oacute;nimo en ingl&eacute;s). </em>
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; este panorama desolador al que le preceden, del mismo autor, un relevamiento exhaustivo de la situaci&oacute;n de &ldquo;los bosques&rdquo; de Palermo adem&aacute;s de un primer informe sobre los mismos problemas. Anaya repite intencionalmente la palabra &ldquo;transformaci&oacute;n&rdquo;. Los porte&ntilde;os sabemos de qu&eacute; se trata y con qu&eacute; otro sustantivo puede suplirse. Para el gobierno de la ciudad &ldquo;transformar&rdquo; es &ldquo;destruir&rdquo;, con lo cual nos queda de hoy hasta la eternidad, solazarnos con el &Aacute;ngel de la Historia de <strong>Walter Benjamin</strong>: <strong>la destrucci&oacute;n no para.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>GM</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-influencers-no-arboles_129_9855977.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Jan 2023 03:02:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Podemos vivir sin influencers, pero no sin árboles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,Árboles]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi escaso talento para la felicidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escaso-talento-felicidad_129_8740350.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41046e68-c502-4a26-afb9-ad7da17a7186_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi escaso talento para la felicidad"></p><p class="article-text">
        Suelo negarme a sacarle el polvo a los libros de mi biblioteca porque me topo con sorpresas que se remontan a d&eacute;cadas atr&aacute;s. Esquirlas de la prehistoria que suelen partir el alma. Un programa del cine Lorraine del a&ntilde;o 1972 con <strong>La &uacute;ltima pel&iacute;cula</strong> de Bogdanovich, el p&eacute;talo de una rosa que me regal&oacute; un admirador envuelto en una servilleta de un bar de Corrientes, dos entradas para ver <strong>Nada que ver con otra historia</strong> de <strong>Griselda Gambaro</strong>, n&uacute;meros de tel&eacute;fono de la capital que no iniciaban todav&iacute;a con el consabido 4&hellip; <strong>Volver al tiempo perdido puede costar l&aacute;grimas. Pero, como perd&iacute; el h&aacute;bito de llorar, me consuelo con un cigarrillo. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace algunos d&iacute;as me toc&oacute; en suerte el estante Beckett, autor que devor&eacute; durante mi pos adolescencia y cuyos libros no hab&iacute;a vuelto a abrir en d&eacute;cadas. Estaban en uno de los m&aacute;s altos, m&aacute;s inaccesibles de mi biblioteca, hacinados debajo del polvo de los tiempos. Ten&iacute;a buena compa&ntilde;&iacute;a: Dostoevsky, Camus, Nabokov. Aunque para m&iacute; fue siempre el estante Becket. Baj&eacute; sus libros, los limpi&eacute; cuidadosamente, me lav&eacute; las manos y al hojearlos me top&eacute; con esos subrayados fren&eacute;ticos que no dejaban espacio sin garabatear con flechas, cruces, comentarios, signos de admiraci&oacute;n, resaltados, l&iacute;neas curvas o l&iacute;neas rectas. Todos con la precauci&oacute;n del l&aacute;piz, como si alguna vez alg&uacute;n lector pudiera contar con la anuencia de borrarlos. Contrariamente a lo que suele suceder, no sent&iacute; repulsi&oacute;n o pudor. <strong>Esos subrayados me provocaban ternura por un lado, estremecimiento por el otro. No hablaban de Beckett. Hablaban de la persona que yo era entonces. Y tambi&eacute;n de la que soy ahora. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Escojo al azar subrayados de <strong>Relatos</strong>: 
    </p><p class="article-text">
        <em>   </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>   Y aqu&iacute; me ten&eacute;is abocado sin remedio a los futuros&hellip; porque tengo demasiado miedo esta noche para escuchar c&oacute;mo me pudro, para esperar las enormes palpitaciones rojas del coraz&oacute;n, las torsiones del intestino sin cura y para que se cumplan en mi cabeza los largos asesinatos, el asalto a murallas infranqueables, el amor con los cad&aacute;veres&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>   Todo es ruido, negra turba saturada que aun debe beber, mareada de helechos gigantes, brezo con simas en calma donde se ahoga el viento, mi vida y sus viejos estribillos&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
           &iquest;<em>Es el aire lo que todav&iacute;a nos ahoga</em>?
    </p><p class="article-text">
        <em>   No puedo quedarme, no puedo irme, veamos qu&eacute; ocurre</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>   He cambiado tantas veces de refugio, a lo largo de mi desconcierto, que me sorprendo confundiendo antros y escombros. Pero fue siempre la misma ciudad Yo no conozco m&aacute;s que la ciudad de la infancia, he debido ver la otra pero sin lograr jam&aacute;s creer en ella &hellip; </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>   Oh, os voy a dar yo tiempos, cerdos de vuestro tiempo</em>
    </p><p class="article-text">
           &ldquo;<em>C&oacute;mo est&aacute;s Galileo</em>&rdquo; escribir&iacute;a en uno de sus primeros poemas (<em>Whoroscope</em>), &ldquo;<em>al fin nos movemos, dijiste, Porca Madona&hellip; eso no es moverse, es conmoverse</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; me atra&iacute;a a los veinte a&ntilde;os de ese irland&eacute;s grosero y sublime? <strong>En esa &eacute;poca yo era un ser apol&iacute;tico, eufemismo usado con frecuencia para designar a quienes son analfabetos en materia de bien com&uacute;n.</strong> Yo era eso en un pa&iacute;s que no hab&iacute;a salido del calvario de dictaduras cada vez m&aacute;s sangrientas, de la apuesta masiva por un l&iacute;der que regresaba al pa&iacute;s para salvarlo de su marasmo acompa&ntilde;ado por un brujo que hechizaba a su mujer convertida luego en presidenta de la Naci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En aquellos a&ntilde;os, como dec&iacute;a Beckett refiri&eacute;ndose a s&iacute; mismo&hellip; &ldquo;Yo ten&iacute;a escaso talento para la felicidad&rdquo; (<em>I had little talent for happiness</em>). Tal vez le escapaba a la felicidad precisamente por el temor a la violencia de la realidad o de mi nula capacidad para entenderla o enfrentarla. &iquest;Era Beckett, entonces, la cueva donde esconderme, un abrigo desconsolado donde c&oacute;modamente instalarse, una manera de decirme que si yo no entend&iacute;a el mundo, ese mundo no ten&iacute;a sentido? Es probable, aunque la respuesta no explica por qu&eacute; mi fascinaci&oacute;n por Beckett est&aacute; inc&oacute;lume mientras escribo estas l&iacute;neas. D&eacute;cadas despu&eacute;s, precisamente cuando Beckett parece haber desaparecido de la escena.
    </p><p class="article-text">
        Inclinada sobre sus libros rescatados del polvo reviv&iacute; el estremecimiento causado por ese ritmo desesperado, a caballo entre el improperio y la aspiraci&oacute;n de plasmar palabras en un bronce que nadie percibe, como <strong>la voz de un profeta en el desierto de su patria</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        L&aacute;stima la traducci&oacute;n, pens&eacute; como pensaba d&eacute;cadas atr&aacute;s. Hoy tengo los textos originales en ingl&eacute;s y es casi milagroso que esa cadencia de voz que clama en el desierto se haya colado a trav&eacute;s de la a veces ininteligible jerigonza de las traducciones espa&ntilde;olas. Tiempo despu&eacute;s, mucho tiempo despu&eacute;s, supe que ese ritmo beckettiano hab&iacute;a abrevado en los salmos, sobre todo de la Biblia anglicana que su madre le le&iacute;a sin parar. Me subyugaba la transmisi&oacute;n de esa voz antigua que desde un paisaje arcaico no deja de articular, una y otra vez el sinsentido en forma de bla bla. Como si fuera el rezo de un mendigo, un payaso, un miserable suicidado por la sociedad. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La escritura de Beckett es una búsqueda del silencio. Es la impavidez de decir que ya no hay nada que decir, nada que narrar, nada que pensar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La interpretaci&oacute;n de Beckett suele pecar de solemne. Sin ir m&aacute;s lejos, la justificaci&oacute;n del premio Nobel otorgado en 1969 describe una escritura que&hellip; &ldquo;renovando las formas de la novela y el drama, adquiere su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a esa indigencia moral que caracteriza al ser humano en una &eacute;poca y no en otra? <strong>Es cierto que el de Beckett construye un mundo sin dios, sin rumbo, desangelado, donde todo est&aacute; detenido. Pero va mucho m&aacute;s all&aacute; de esa moralina a la que los suecos suelen recurrir cuando quieren enaltecer el premio.</strong> Al dejar muy atr&aacute;s la moral burguesa, los textos de Beckett constituyen una reducci&oacute;n al grado cero de la escritura, una puesta en abismo por excelencia: de la acci&oacute;n, de la palabra, del movimiento, del sentido. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La escritura de Beckett es una b&uacute;squeda del silencio. Es la impavidez de decir que ya no hay nada que decir, nada que narrar, nada que pensar. </strong>Un exceso de interpretaci&oacute;n dedujo que se trataba de la misma atm&oacute;sfera de existencialismo sartreano signado por las consecuencias de la posguerra. Pero Beckett no viene de all&iacute;. Luego de muerto Joyce, su gran maestro, Beckett comprender&iacute;a en un acto famoso de revelaci&oacute;n, citado a medias en <strong>La &uacute;ltima cinta</strong>, que su m&eacute;todo de trabajo ya no ser&iacute;a agregar elementos, sino quitarlos, reducirlos hasta la nada, como una escritura que no llena la p&aacute;gina en blanco, sino que la vac&iacute;a. El trabajo del autor consiste en regresarla a su estado original: la nada, la angustia del origen, el balbuceo de cabezas parlantes cuyos cuerpos han sido enterrados bajo cemento hasta el cuello, como la Winnie de <strong>Los d&iacute;as felices</strong>. Met&aacute;foras de la inanici&oacute;n, ausencia radical de deseo. Porque no hay deseo cuando nada tiene sentido. Eso fue Beckett entonces, eso es hoy. Por eso sigue vigente y, me animar&iacute;a a decir, m&aacute;s que nunca. Ante la ch&aacute;chara cultural, medi&aacute;tica y pol&iacute;tica, mejor escribir. Escribir desde el silencio pegando alaridos. 
    </p><p class="article-text">
        Si bien soy la misma persona que a los veinte a&ntilde;os buscaba refugio en Beckett, mi situaci&oacute;n de entonces era diferente a la actual. Yo ven&iacute;a de una tortuosa adolescencia llena de libros con los cuales pretend&iacute;a borrar la explosi&oacute;n de mi cuerpo en la pubertad. Comenc&eacute; a leer a Beckett con quien tamizaba mi incomprensi&oacute;n pol&iacute;tica a trav&eacute;s de la propia desaparici&oacute;n de una escena concebida como realidad y me resultaba incomprensible, violenta, expulsiva. <strong>Tal vez, leer a Beckett fue ese refugio que busca explicaciones radicales con el fin de realizar un gran escape. O una gran desaparici&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; est&aacute; desaparecido hoy? Le pregunto a mi amigo <strong>Rub&eacute;n Szuchmacher</strong> a quien suelo pedirle ayuda para desovillar mis entuertos existenciales. No est&aacute; desaparecido, responde Rub&eacute;n. Beckett no est&aacute; desaparecido as&iacute; como tampoco est&aacute; desaparecido Brecht. Cit&oacute; a Borges, aunque no lo dijo: as&iacute; como todos alguna vez somos aristot&eacute;licos o plat&oacute;nicos, todos somos alguna vez en la vida beckettianos o brechtianos. 
    </p><p class="article-text">
        Quedaba claro: Szuchmacher, hijo de un trabajador ex comunista nacido en Polonia no pod&iacute;a estar m&aacute;s que del lado de Brecht. Y yo, perteneciente a una familia liberal peque&ntilde;o burguesa en ascenso no pod&iacute;a sino ampararme en Beckett. <strong>Tuve suerte: a lo largo de los a&ntilde;os pude incorporar a los dos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>GM</em>&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escaso-talento-felicidad_129_8740350.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Feb 2022 03:03:23 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Pablo Feinmann, in memoriam]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/jose-pablo-feinmann-in-memoriam_129_8608497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e957645-abaf-481d-9f68-da1907a7028b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="José Pablo Feinmann, in memoriam"></p><p class="article-text">
        Los recuerdos traicionan. Intento reconstruir momentos que sucedieron&nbsp;hace d&eacute;cadas, a esa edad oscura en la que todo asustaba o asombraba por la incapacidad de atar cabos o entender contextos. No es tan divino tesoro la juventud. <strong>Evoco la mesa del comedor de mis padres,&nbsp;comienzos de los a&ntilde;os setenta. Jos&eacute; Pablo Feinmann hab&iacute;a venido a almorzar con Teresita Vera, entonces su compa&ntilde;era. Mi padre era profesor adjunto de la c&aacute;tedra de Filosof&iacute;a de las Religiones de la UBA y Feinmann su alumno dilecto. El mejor de todos, dec&iacute;a.</strong> Yo no form&eacute; parte de esa mesa pero, desde mi cuarto, percib&iacute;a el acaloramiento, la pasi&oacute;n de algo que se parec&iacute;a a una discusi&oacute;n encarnizada. Obviamente se trataba de pol&iacute;tica. En aquel entonces, comenzaban a distanciarse los caminos: Feinmann intentaba explicarse la dimensi&oacute;n revolucionaria de los Montoneros; mi padre, liberal, antiperonista asustado, sal&iacute;a con Gandhi, la no violencia, el individualismo y no la masa.
    </p><p class="article-text">
        En aquella &eacute;poca los un&iacute;a, inquebrantables, la admiraci&oacute;n y el respeto. Supe m&aacute;s de Feinmann por la exaltaci&oacute;n que de &eacute;l hac&iacute;a mi padre que por haberlo frecuentado. Los ep&iacute;tetos usados eran su brillantez, su inteligencia, su pasi&oacute;n y su don ret&oacute;rico. 
    </p><p class="article-text">
        Luego vinieron los libros que dieron cuenta de su gran talento como novelista y ensayista. Dudo que mi padre haya le&iacute;do alguno. Yo los le&iacute;a a rajatabla. L&aacute;piz en mano, discut&iacute;a con su autor en silencio y me dejaba llevar.
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s se convert&iacute;a en un polvor&iacute;n. Despu&eacute;s de Lanusse asumi&oacute; C&aacute;mpora y volvi&oacute; Per&oacute;n, cuya muerte dej&oacute; como legado a Isabelita, L&oacute;pez Rega, Lastiri y sus corbatas. <strong>Empez&oacute; la muerte a cr&eacute;dito.</strong> Los tiempos convulsionados separan amores, radicalizan convicciones, abren grietas infranqueables, ahondan mutismos dejando suspendidas las palabras que no se pronuncian. Mi padre se convert&iacute;a en la figura estrella del antiperonismo y, con el golpe del 76, fue premiado por la Junta Militar con la Embajada argentina en la UNESCO. <strong>Era el h&eacute;roe de la derecha argentina, catapultado a la gloria por los programas de Bernardo Neustadt y el diario La Naci&oacute;n. Logr&oacute; aquello que, en lo m&aacute;s profundo de sus aspiraciones, desea a ultranza cualquier intelectual: que el poder lo mire. </strong>
    </p><p class="article-text">
        En tiempos de oscurantismo, Jos&eacute; Pablo dej&oacute; de militar en la Juventud Peronista. Nunca hab&iacute;a adscripto a la violencia. Sigui&oacute; escribiendo y mantuvo hasta el final de sus d&iacute;as la lucidez de conciencia, la responsabilidad, la humildad. Como dijo alguna vez Hannah Arendt sobre Kafka: no era modesto, era humilde.
    </p><p class="article-text">
        Creo que jam&aacute;s volvieron a verse.
    </p><p class="article-text">
        Hacia comienzos de la d&eacute;cada del 80, mi padre public&oacute; <em>La Argentina como sentimiento</em>, un libro t&iacute;pico de esos compatriotas nuestros que desde el exterior descubren los valores del pa&iacute;s. El libro busca sanear inquietudes y congojas de aquel argentino afligido que vive en permanente crisis de valores y piensa que el mal nacional es una esencia cong&eacute;nita. <strong>Es decir, en el ocaso de la dictadura mi padre no dec&iacute;a que los argentinos &eacute;ramos derechos y humanos, pero sosten&iacute;a con una argumentaci&oacute;n implacable y hasta po&eacute;tica eso que el poder militar, econ&oacute;mico y medi&aacute;tico necesitaba o&iacute;r. El argumento (obvio pero irrefutable) era que todas las cualidades positivas del ser argentino estaban concentradas en la producci&oacute;n de su cultura.</strong><em><strong> </strong></em><em>La Argentina como sentimiento</em> tuvo un &eacute;xito descomunal. El infaltable Peruano Parlanch&iacute;n, Hugo Guerrero Marthineitz, lo ley&oacute; dos veces seguidas durante varias tardes de su programa vespertino &ldquo;El show del minuto&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En medio de aquella euforia recib&iacute; una tarde una llamada de Jos&eacute; Pablo. Me dec&iacute;a que hab&iacute;a le&iacute;do el libro. Que le hab&iacute;a hecho una rese&ntilde;a que no era del todo favorable. Quer&iacute;a ponerme sobre antecedentes antes de publicarlo. Recuerdo que aquella conversaci&oacute;n estuvo llena de silencios, sobre todo los m&iacute;os. <strong>Con un hilo de voz le dije que &eacute;l era libre de escribir lo que quisiera. En esa &eacute;poca, a pesar del ocaso de la dictadura, nadie se atrev&iacute;a a meterse con mi padre. Jos&eacute; Pablo iba a poner los puntos sobre las &iacute;es, de eso estaba segura.</strong> Yo sab&iacute;a que, de manera anticipada, &eacute;l iba a contribuir fehacientemente al desmoronamiento de la figura de mi padre. 
    </p><p class="article-text">
        Aquella rese&ntilde;a jam&aacute;s se public&oacute;. Durante d&eacute;cadas me pregunt&eacute; cu&aacute;l hab&iacute;a sido el motivo. Pudor y timidez impidieron que averiguara qu&eacute; hab&iacute;a pasado. Luego de la reciente y dolorosa muerte de Feinmann, el tema volvi&oacute; a inquietarme. Sent&iacute; lo que se siente cuando alguien muere: &ldquo;que no me habr&iacute;a costado nada haber sido m&aacute;s buena&rdquo; (Borges). Me pregunt&eacute; por qu&eacute; no me acerqu&eacute; a esa figura tan determinante en mi posadolescencia, alguien que hab&iacute;a ocupado un lugar notable en la mesa de mi casa. <strong>Ahora creo (intuyo, conjeturo) que aquella rese&ntilde;a no se public&oacute; porque Feinmann decidi&oacute; se fiel a s&iacute; mismo, fiel a sus propias convicciones de juventud, fiel a alguien a quien nunca, hasta sus &uacute;ltimos d&iacute;as no dej&oacute; de mencionar como su &ldquo;maestro&rdquo;. </strong>As&iacute;, siempre entre comillas y salvando, claro est&aacute;, el abismo ideol&oacute;gico que se produjo entre ellos.
    </p><p class="article-text">
        En 2015, Feinmann reedit&oacute; <em>El peronismo y la primac&iacute;a de la pol&iacute;tica</em> su primer libro, publicado por primera vez en 1974. Se trata de una colecci&oacute;n de ensayos que hab&iacute;an aparecido en la ya m&iacute;tica revista <em>Envido</em>. En la nueva edici&oacute;n hay aclaraciones, notas desde el recuerdo y alguna contundencia. De esta manera recuerda a mi padre: &ldquo;Massuh, que me introdujo en la fenomenolog&iacute;a de las religiones, indagaba en algo que &eacute;l llamaba &rdquo;visi&oacute;n tr&aacute;gica&ldquo; de la historia, un camino alternativo al marxismo y a las masas peronistas, a las que ve&iacute;a al modo de Sarmiento y de Borges. A&uacute;n le debo una &ndash;en lo posible&ndash; buena novela a esa historia. Su heredero fue Santiago Kovadloff, que no vio nada impropio en que el &rdquo;maestro&ldquo; aceptara dirigir el Departamento de Filosof&iacute;a bajo ese Franco tard&iacute;o que fue el general Ongan&iacute;a, el h&eacute;roe de &rdquo;La noche de los bastones largos&ldquo;, ni que luego, bajo el mandato de la Junta Militar de 1976, fuera a darle lustre al cargo, siempre deseado por los intelectuales ambiciosos, de representante argentino ante la UNESCO. Massuh volvi&oacute; al pa&iacute;s, public&oacute; un libro con fundadas pretensiones de <em>bestseller</em>, <em>La Argentina como sentimiento</em>, que vendi&oacute; mucho y luego apel&oacute; al ardid de Heidegger: el silencio. Muri&oacute; en 2008, a los ochenta y cinco a&ntilde;os. Fue generosamente llorado por la derecha argentina.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>GM</em>
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/jose-pablo-feinmann-in-memoriam_129_8608497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Dec 2021 11:15:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[José Pablo Feinmann, in memoriam]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tren que no para nunca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/el-tren-que-no-para-nunca_129_8587193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43331ee7-a967-40e2-8b69-5e20482a10b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El tren que no para nunca"></p><p class="article-text">
        <strong>Una letalidad f&iacute;sica de origen humano se cierne sobre la ciudad de Buenos Aires. </strong>Es la pandemia del progreso que a todos fascina, el progreso que hemos comprado como verdad revelada, un mantra religioso que cosecha m&aacute;s adeptos que cualquier fe. En ese progreso nos sentimos contenidos, seguros, yendo hacia alguna parte donde todo es bueno no porque sea bueno sino precisamente porque pretende ser mejor. Porque pretende ser m&aacute;s. Siempre m&aacute;s. M&aacute;s poder, m&aacute;s cemento, m&aacute;s fuerza, m&aacute;s velocidad, m&aacute;s tarjetas de cr&eacute;dito, m&aacute;s extracci&oacute;n, m&aacute;s kil&oacute;metros devorados. M&aacute;s, como el marketing fagocitador de las <em>Best luxury 4 x 4.</em> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El progreso no tiene otro fundamento que su propia necesidad de angurria.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El jueves 2 de diciembre, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprob&oacute; la privatizaci&oacute;n de 100 hect&aacute;reas costeras donde se violan varias leyes: ambientales, sociales, participativas y, entre ellas, la Constituci&oacute;n de la Ciudad. En la misma sesi&oacute;n se aprobaron once convenios urban&iacute;sticos por los cuales las constructoras pagan le pagan un canon a la intendencia con el fin de transgredir las normas de un c&oacute;digo de planeamiento urbano sancionado por el mismo gobierno que ahora permite violarlo. <strong>En s&iacute;ntesis: una coima amparada por la ley. </strong>
    </p><p class="article-text">
        El 26 de noviembre &uacute;ltimo, esta ciudad -la m&aacute;s rica del pa&iacute;s (que, en proporci&oacute;n, cuenta con la mayor cifra de ciudadanos en situaci&oacute;n de calle)- decidi&oacute; limitar brutalmente los subsidios para las escuelas de educaci&oacute;n especial. &iquest;Adonde va el dinero que se ahorra? Nadie sabe. O tal vez, a la madre de todas las batallas: la campa&ntilde;a presidencial del intendente que ha convertido al erario p&uacute;blico en una instituci&oacute;n con fines de ahorro y lucro personal. 
    </p><p class="article-text">
        El mismo 2 de diciembre, d&iacute;a aciago para los porte&ntilde;os, de manera inconsulta representantes del sector cultural de la ciudad m&aacute;s rica del pa&iacute;s fueron convocados por el ministro Enrique Avogadro para discutir las reformas de una nueva ley de subsidios, premios y becas que desde hace d&eacute;cadas otorga el municipio. <strong>Los concurrentes se llevaron una sorpresa: la nueva ley estaba previamente horneada y sazonada, y ya llevaba las firmas de los ministros de Hacienda, de Cultura y del propio Jefe de Gobierno.</strong> No a lugar a ninguna discusi&oacute;n para recortar brutalmente el presupuesto del &aacute;rea.
    </p><h3 class="article-text"><strong>R&iacute;os de tinta, vallas y l&aacute;grimas</strong></h3><p class="article-text">
        Sobre lo que sucede durante este desdichado diciembre se han escrito r&iacute;os de tinta, pintura en pancartas, trillones de algoritmos, desoladas palabras en audiencias interminables donde el 98% de la ciudadan&iacute;a se declar&oacute; en contra de la privatizaci&oacute;n de la ciudad. Hubo protestas a granel, marchas, estrategias de persuasi&oacute;n, amparos, persistentes reclamos en contra la jibarizaci&oacute;n de los espacios verdes, el acceso al paisaje, al cielo, al aire que respiramos. 
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, de espacio se trata: una desamparada ciudadan&iacute;a de pie luchando infructuosamente por manifestarse, como en el 2001, solo que ahora reducida a un m&iacute;nimo espacio, ignorada por los medios que (de)forman la opini&oacute;n p&uacute;blica, circundada por vallas de hierro, apuntada por una polic&iacute;a armada hasta los dientes que la empuja cada vez m&aacute;s lejos del centro del debate. La p&eacute;rdida del espacio p&uacute;blico es la p&eacute;rdida de la pol&iacute;tica, Hannah Arendt <em>dixit</em>. Es la pol&iacute;tica fuera de cauce empecinada exclusivamente en manejar contubernios lucrativos, negociar cargos, concentrarse en las pr&oacute;ximas campa&ntilde;as y sustituir el bien com&uacute;n por el bien financiero y los negocios.
    </p><p class="article-text">
        Aun quienes no est&aacute;n del todo de acuerdo con las pol&iacute;ticas depredadoras del intendente le reconocen un gran m&eacute;rito: su inenarrable capacidad de trabajo. Vestido siempre de cuidadoso negro, con su estilo <em>jogging premium</em>, ostenta su estudiada masculinidad en escuelas, barrios, canales de televisi&oacute;n y se deja idolatrar por un grupo de adl&aacute;teres que se encargan de esquivarle cualquier pregunta incordiosa. <strong>Horacio Rodr&iacute;guez Larreta se ha convertido en la met&aacute;fora del tren que no para nunca. La historia universal da profusa cuenta de las bondades de este elogio del trabajo.</strong>
    </p><h3 class="article-text"><strong>Dante, Descartes, Kafka y las brujas</strong></h3><p class="article-text">
        Una de las condenas m&aacute;s horrorosas del infierno del Dante es la letalidad f&iacute;sica, siglos despu&eacute;s interpretada por Kafka como el reino de la necesidad. Entre Kafka y el Dante median seiscientos a&ntilde;os de versiones sobre el mundo, el infierno, la moral burguesa y sus horrores. En el universo dantesco la letalidad f&iacute;sica es parte de los ocho pecados capitales de inicio, tambi&eacute;n llamados &ldquo;vicios&rdquo;. Son la pereza, la gula,&nbsp;la avaricia,&nbsp;la lujuria,&nbsp;la vanagloria,&nbsp;la ira,&nbsp;la&nbsp;tristeza y el orgullo. En aquel comienzo de los tiempos morales, la pereza era solamente f&iacute;sica y no mental. Es decir, a la grey cat&oacute;lica se la invitaba a trabajar con el cuerpo, no con la mente. 
    </p><p class="article-text">
        Con el correr de los siglos y los comienzos del prestigio de la raz&oacute;n (el<em> cogito ergo sum </em>que inicia el desprecio del cuerpo, sobre todo el de las mujeres, r&aacute;pidamente convertidas en brujas) el pecado capital de la pereza fue adhiri&eacute;ndose al concepto de pereza mental con la que de manera impl&iacute;cita se estigmatizaba a la fuerza el trabajo como subsidiaria de esa pereza mental: el que trabaja con su cuerpo estigmatizado racialmente: el que trabaja solo debe usar su cuerpo y concentrar su mente en la iglesia dominical. La fuerza del <em>laborans</em> f&iacute;sico no deb&iacute;a poner en cuesti&oacute;n para qui&eacute;n o para qu&eacute; invert&iacute;a sus esfuerzos. Fue el origen del capitalismo y la acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n que marc&oacute; el desarrollo de un parad&oacute;jico progreso que llega a nuestros d&iacute;as como conflagraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hasta que lleg&oacute; Kafka y volvi&oacute; a poner todo patas para arriba y, acaso sin propon&eacute;rselo (su virtud fue la humildad, no la modestia), se&ntilde;al&oacute; las dimensiones sagradas e intangibles del capitalismo. </strong>Sin pretender hacer metaf&iacute;sica o engolosinarse como muchos cong&eacute;neres de su &eacute;poca de la figura prosopop&eacute;yica del escritor como vate, se limit&oacute; a hacer solo un esbozo del mundo que le toc&oacute; vivir. Teolog&iacute;a, religi&oacute;n, metaf&iacute;sica, surrealismo, literatura fant&aacute;stica: nada de eso es Kafka para alivio de la prosperidad. Kafka <em>es</em> vivir sin Estado o el vivir bajo la &eacute;gida de un Estado burocr&aacute;tico autoritario. Sus escritos son descomunales met&aacute;foras de su &eacute;poca y tambi&eacute;n de la que hoy nos toca. 
    </p><p class="article-text">
        El sistema, el pecado denunciado por Kafka, es el de una m&aacute;quina eficiente de producci&oacute;n de letalidad. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>El Proceso,</em> el protagonista K. es acusado de algo cuyos motivos nada ni nadie puede explicarle. Se le inicia un proceso y &eacute;l no puede dilucidar cu&aacute;les son las leyes que lo estructura o lo justifica. En busca de las causas de la querella apenas logra descubrir que detr&aacute;s de su detenci&oacute;n existe una &ldquo;gran organizaci&oacute;n&rdquo; donde solo puede descubrirse un ajetreado laberinto de guardias que aceptan sobornos, inspectores caricaturescos, falsos fiscales que inventan pruebas, jueces que dictaminan sentencias sobre la base de diatribas en contra de la corrupci&oacute;n generalizada, en fin, un vasto e inabarcable sistema judicial permanentemente colapsado por el infranqueable ajetreo de vallas humanas. 
    </p><p class="article-text">
        K. busca afanosamente una respuesta a su deriva.
    </p><p class="article-text">
        Su abogado le recomienda que no se oponga a la inculpaci&oacute;n. Usted deber&iacute;a adaptarse a las circunstancias, le dice. Lo mismo le aconseja el edec&aacute;n de la c&aacute;rcel. No busque la verdad, no piense que todo lo que pasa debe ser verdadero y tener un sentido. Estos acontecimientos que le tocan vivir nada tienen que ver con la verdad, sino solamente con la necesidad.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;La necesidad?
    </p><p class="article-text">
        -As&iacute; es. La necesidad de la comunidad -afirma el edec&aacute;n. -Som&eacute;tase al orden del mundo.
    </p><p class="article-text">
        -Pero &iquest;qui&eacute;n determina esa necesidad?
    </p><p class="article-text">
        -El orden del mundo que todos debemos aceptar.
    </p><p class="article-text">
        -Quiere decir, -responde K., -que la mentira es el orden del mundo. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Loas del funcionario trabajador</strong></h3><p class="article-text">
        La historia est&aacute; plagada de hombres trabajadores: Pol Pot, Ner&oacute;n, Iv&aacute;n el Terrible, el Bar&oacute;n de Hausmann, Eichmann y su exasperado traslado de millones de jud&iacute;os hacia los campos, Stalin, Viktor Orban, Recep Tayyip Erdo&#287;an, Netanyahu&hellip;&nbsp;Esta lista es larga, torpe, azarosa, imperfecta y supera los l&iacute;mites de este art&iacute;culo. Algo los caracteriza: seres masculina y ostentosamente viriles adoradores de la mano de hierro, han encarnado el progreso a costa de muerte, hambre y saqueo. Algunos aducen la presi&oacute;n de estrategias geopol&iacute;ticas, otros, la simple necesidad. Redujeron el espacio p&uacute;blico a un coto de caza personal, armaron un poder judicial que manipulan <em>ad libitum</em>, se dicen republicanos y desarticularon cada una de las leyes democr&aacute;ticas de participaci&oacute;n. Son los responsables de la creaci&oacute;n de un sistema que es m&aacute;quina letal y legal de destrucci&oacute;n.&nbsp;Una m&aacute;quina donde, como en <em>El Proceso</em> de Kafka, reina la incertidumbre, la necesidad y la mentira.
    </p><p class="article-text">
        A estos muchachos trabajadores y eficientes ya les respondi&oacute; Walter Benjamin hace muchas d&eacute;cadas: &ldquo;Marx dijo que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez las cosas se presenten de muy distinta manera. Puede ser que las revoluciones sean el acto por el cual la humanidad que viaja en ese tren aplica los frenos de emergencia.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        <em>GM	&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/el-tren-que-no-para-nunca_129_8587193.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Dec 2021 02:49:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El tren que no para nunca]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Troncos pelados y mutilados: el afán urbanizador en Buenos Aires está provocando un genocidio arbóreo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/troncos-pelados-mutilados-afan-urbanizador-buenos-aires-provocando-genocidio-arboreo_129_8118371.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6328b45-f921-4551-a623-f402950438a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Troncos pelados y mutilados: el afán urbanizador en Buenos Aires está provocando un genocidio arbóreo"></p><p class="article-text">
        Se dice que nada es imprescindible en esta vida. Ni siquiera una partita de Bach, un poema de Miguel Hern&aacute;ndez o una canci&oacute;n de Nick Cave. Podr&iacute;amos vivir la vida entera sin haber gozado de ellos y nada se habr&iacute;a modificado en nuestra existencia. De lo que no se puede prescindir es del ox&iacute;geno, del agua, de la tierra&hellip; y de los &aacute;rboles.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su sombra en verano, el susurro de su follaje recortado contra el cielo o la sagrada epifan&iacute;a de su renacimiento en la primavera, los &aacute;rboles tienen m&uacute;ltiples funciones invisibles directamente ligadas a nuestro bienestar. Son funciones que el &aacute;rbol cumple en silencio, de pie, sin despertar atenci&oacute;n. Porque son los seres vivos de m&aacute;s bajo perfil sobre el planeta.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Para qu&eacute; sirven los &aacute;rboles?</strong></h3><p class="article-text">
        Disminuyen la contaminaci&oacute;n ambiental, visual y auditiva. Absorben el agua de lluvia, aumentan la biodiversidad de la flora y la fauna. El follaje frondoso reduce en el verano de 10 a 20 grados la temperatura de una calle. Los parques y plazas regulan las temperaturas extremas, ahorran energ&iacute;as renovables que evitan refrigerar o calefaccionar en exceso, contribuyen a aprovechar los recursos h&iacute;dricos de napas subterr&aacute;neas y, acaso lo m&aacute;s importante: previenen el cambio clim&aacute;tico porque, al estar sobre suelo absorbente, mitigan el peligro de inundaciones. A saber: el Instituto Internacional para el cambio clim&aacute;tico (IPCC por sus siglas en ingl&eacute;s) prev&eacute; que, si seguimos a este ritmo de calentamiento global,&nbsp;dentro de 30 a&ntilde;os todas las ciudades costeras del planeta estar&aacute;n inundadas. 
    </p><p class="article-text">
        Y Buenos Aires no est&aacute; exenta de ese flagelo por m&aacute;s que hace lo indecible por provocarlo: el Gobierno de la Ciudad acaba de presentar un proyecto en la Legislatura que modifica la ley de catastro, introduciendo las figuras de &ldquo;conjuntos inmobiliarios&rdquo; y &ldquo;propiedad horizontal especial&rdquo; para permitir la creaci&oacute;n de barrios cerrados de lujo a lo largo de toda la costa del r&iacute;o. El primer objetivo de esta distop&iacute;a es la privatizaci&oacute;n de Costa Salguero. 
    </p><p class="article-text">
        En estos precisos momento se est&aacute;n extrayendo pl&aacute;tanos robustos y saludables para abrir calles en el antiguo Tiro Federal. <strong>El af&aacute;n de urbanizaci&oacute;n est&aacute; produciendo un verdadero genocidio arb&oacute;reo</strong>. En todos los barrios porte&ntilde;os se ven troncos pelados, mutilados, tipas y pl&aacute;tanos otrora frondosos convertidos en gigantescas palmeras de insuficiente follaje, v&iacute;ctimas de una poda descarnada que suele suceder tres veces por a&ntilde;o en contra de toda recomendaci&oacute;n experta. Se poda hasta la extinci&oacute;n. Es la triste met&aacute;fora de la naturaleza del planeta entero.
    </p><p class="article-text">
        Nos quedan &ldquo;&aacute;rboles mutilados&rdquo; sostiene Mar&iacute;a Ang&eacute;lica Di Giacomo, titular de la organizaci&oacute;n social <strong>Basta de mutilar nuestros &aacute;rboles</strong>, acaso la m&aacute;s comprometida en la preservaci&oacute;n de los espacios verdes. Y agrega: &ldquo;Les han quitado hasta el 80% de su follaje por podas reiteradas, <a href="https://elgritodelsur.com.ar/2021/04/otra-marca-pro-mas-de-una-decada-maltratando-el-arbolado-publico.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dej&aacute;ndolos reducidos a troncos de 9 a 15 metros de largo</a>. Nos dejan planteras vac&iacute;as, planteras tapadas, troncos de muchos a&ntilde;os cortados en rodajas en las calles, cicatrices de mutilaciones anteriores que son la entrada de g&eacute;rmenes que terminan mat&aacute;ndolos.&rdquo; 
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Cu&aacute;ntos &aacute;rboles necesitamos?</strong></h3><p class="article-text">
        Diferentes instituciones internacionales, entre ellas la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, han asegurado que se requiere al menos un &aacute;rbol por cada tres habitantes para respirar un mejor aire en las ciudades. Y un m&iacute;nimo de entre 10 y 15 metros cuadrados de espacios verdes por habitante. &ldquo;Verde&rdquo; significa en este contexto suelo absorbente. Una plaza a la que se le construye una cochera subterr&aacute;nea donde las ra&iacute;ces dan contra el cemento no es un espacio verde. Un cantero no es un espacio verde. Un lugar de juegos con suelo impermeabilizado no es un espacio verde. Plantitas al borde de una arteria atestada de tr&aacute;nsito no configuran un espacio verde. Arbustos, trepadoras y herb&aacute;ceas de pl&aacute;stico no son un espacio verde.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Cu&aacute;l es la situaci&oacute;n concreta al d&iacute;a de hoy en la mutilada Ciudad de Buenos Aires? &iquest;Cu&aacute;ndo comenz&oacute; esta conflagraci&oacute;n arb&oacute;rea?</strong></h3><p class="article-text">
        La historia no es de larga data y comienza con el desembarco del gobierno amarillo en la Ciudad que, de inmediato,&nbsp; comenz&oacute; a sustituir al hecho de ocuparse seriamente de la realidad por el lanzamiento de una caterva de significantes vac&iacute;os. Uno de ellos fue <em>Ciudad verde</em> para darle una onda ecol&oacute;gica a lo que se propon&iacute;a hacer. Hasta ese momento nuestra ciudad pod&iacute;a ufanarse de poseer entre 8 y 9 metros cuadrados de verde por habitante. La desmesurada construcci&oacute;n de shoppings de los a&ntilde;os 90, los sue&ntilde;os menemistas de construir un hotel cinco estrellas en los bosques de Palermo o el atisbo de aquella escuela shopping perge&ntilde;ada por el intendente Grosso de alguna manera permitieron que Buenos Aires preservara su antiguo orgullo de ciudad arbolada. A ello tambi&eacute;n contribu&iacute;a una comprometida opini&oacute;n p&uacute;blica que desde los suplementos de los medios se ocupaba concienzudamente del espacio urbano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a quedaban vestigios (o anhelos) de la estructura paisaj&iacute;stica dise&ntilde;ada por Carlos&nbsp;Thays, trazos de esa otra visi&oacute;n de la ciudad como aquella iniciativa -hoy inconcebible- del intendente Benito Carrasco que hacia comienzos del siglo XX decidi&oacute; construir la Costanera Sur para brindarle playas a los barrios m&aacute;s carenciados de la ciudad; a gente que, contrariamente a los habitantes de Palermo o Barrio Norte, no ten&iacute;an ni la costumbre ni los medios para viajar a Mar del Plata en verano. Estampas de un pasado borrado para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Antes del a&ntilde;o 2007 el cuidado de los &aacute;rboles de la Ciudad&nbsp;se realizaba a trav&eacute;s de un personal experto que pertenec&iacute;a a la planta del municipio. Con la llegada del Pro se prescindi&oacute; paulatinamente de toda el &aacute;rea. La idea luminosa fue <em>tercerizar</em> el &ldquo;cuidado&rdquo; de los &aacute;rboles. Una de las &uacute;ltimas v&iacute;ctimas de ese desguace de personal de planta experto fue el ingeniero agr&oacute;nomo Carlos Anaya, el primer argentino certificado por la International Society of Arboriculture. Su despido fue tard&iacute;o: en 2016 fue convocado por Macri para realizar un diagn&oacute;stico de la hist&oacute;rica palmera de la Casa de Gobierno. Anaya concluy&oacute; que pod&iacute;a salvarse con un tratamiento adecuado. Luego de presentar el informe fue obligado a jubilarse tras diferentes presiones e intentos de cesant&iacute;a. Obviamente, la palmera no se salv&oacute;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El Patio de las Palmeras, en la Casa Rosada                            </span>
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        Hoy por hoy cuatro empresas privadas que operan pr&aacute;cticamente sin control se encargan del arbolado: Casa Macchi S.A; &nbsp;Ecolog&iacute;a Urbana S.R.L.; &nbsp;UTE Zona Verde y Mantelectric I.C.I.C.S.A. Dos son empresas del rubro &ldquo;luminarias&rdquo;, las otras dos de limpieza. <a href="https://www.tiempoar.com.ar/informacion-general/poda-indiscriminada-de-arboles-en-caba-un-negocio-millonario-concentrado-en-pocas-manos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En estas manos se reparte actualmente un presupuesto asignado de casi </a><a href="https://www.tiempoar.com.ar/informacion-general/poda-indiscriminada-de-arboles-en-caba-un-negocio-millonario-concentrado-en-pocas-manos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>2.600 millones de pesos</strong></a>, es decir, poco m&aacute;s de 3 millones y medio de pesos por d&iacute;a, teniendo en cuenta que la cifra total abarca 24 meses.
    </p><p class="article-text">
        Este presupuesto est&aacute; dirigido fundamentalmente a poda reiterada y extracci&oacute;n. Una m&iacute;nima parte prev&eacute; la plantaci&oacute;n de &aacute;rboles nuevos y hace dos a&ntilde;os se anularon los ac&aacute;pites de cuidado del arbolado existente y de preservaci&oacute;n de &aacute;rboles hist&oacute;ricos. <strong>Es el af&aacute;n de aniquilar todo lo viejo en la Ciudad, hecho que resulta en pura muerte: la mayor&iacute;a de los reto&ntilde;os que sustituyen a los &aacute;rboles viejos terminan muri&eacute;ndose por falta de cuidado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como todo en el gobierno amarillo, el tratamiento de los &aacute;rboles se convirti&oacute; en un portentoso negocio<strong>. </strong>Para incrementar ganancia se empez&oacute; a podar tres veces por a&ntilde;o; en lugar de mitigar plagas o enfermedades, con potencia angurrienta se aumentaron las extracciones (extraer un &aacute;rbol cuesta diez veces m&aacute;s que podarlo); las dos empresas de luminarias se esmeran en proteger el alumbrado de las sombras que los &aacute;rboles proyectan las flamantes l&aacute;mparas LED que reemplazaron a las viejas luminarias suspendidas por lingas en medio de la calzada. El diputado ameboidal Roy Cortina se ocup&oacute; de lanzar una campa&ntilde;a de plantaci&oacute;n de miles de &aacute;rboles nuevos por a&ntilde;o que culmin&oacute; con la muerte del 80% de reto&ntilde;os plantados a lo largo del paseo que no es paseo sino una autopista: el del Bajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La furia inmobiliaria y los consabidos negocios de la Ciudad se llevaron puesto al arbolado urbano. Las cifras oficiales confirman que la Ciudad cuenta con alrededor de 5 metros cuadrados de espacio verde por habitante. La cifra es absolutamente falaz porque en ese conteo se incluyen las plazas sin suelo absorbente; las veredas con el mutilado alineamiento arb&oacute;reo; las peque&ntilde;as plazas secas barriales hoy, por ejemplo, ocupadas por la Parrilla don Julio, los centros de salud para hisopados, ferias itinerantes o receptores de basura reciclable; y se cuentan como espacio verde a los canteros mortuorios de la remodelada calle Corrientes o a esos esmirriados arbustos que se alinean a lo largo de las paradas del Metrob&uacute;s. Y qui&eacute;n sabe, tambi&eacute;n se incluye la macabra herrer&iacute;a de ciertas esquinas porte&ntilde;as adornadas por coquetas enamoradas del muro&hellip; de pl&aacute;stico. Si hacemos un c&aacute;lculo certero y como la ciencia manda, no llegar&iacute;amos a tener ni siquiera dos metros cuadrados de verde por habitante.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La calle Corrientes y sus canteros                            </span>
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        En esta enumeraci&oacute;n ca&oacute;tica no se toma en cuenta la portentosa eliminaci&oacute;n de aquello que hace que un &aacute;rbol sea &aacute;rbol: las copas. <strong>Estamos plagados de pl&aacute;tanos, jacarand&aacute;s, fresnos y tipas que parecen palmeras: troncos pelados que llegan hasta un piso octavo y en lugar de hojas ostentan un par de ramitas que de alguna manera intentar&aacute;n brotar al comienzo de la primavera. </strong>Un &aacute;rbol sin copa no es un &aacute;rbol.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los &aacute;rboles, para ser considerados como tales, necesitan un <em>&iacute;ndice de &aacute;rea foliar</em> (copa) para cumplir su cometido en la vida, que es interactuar con la atm&oacute;sfera. A saber:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Absorber y asimilar di&oacute;xido de carbono,</li>
                                    <li>Interceptar la luz necesaria para la fotos&iacute;ntesis,</li>
                                    <li>Liberar ox&iacute;geno que se forma como subproducto de la fotos&iacute;ntesis,</li>
                                    <li>Generar presi&oacute;n para absorber el agua del suelo mediante la evapotransipiraci&oacute;n,&nbsp;</li>
                                    <li>Interceptar la lluvia canalizando el agua a ramas, tallos y ra&iacute;ces</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>Cualquier reforma, cualquier modificaci&oacute;n de la trama urbana de la ciudad se realiza a costa del arbolado.</strong> Es como si quisi&eacute;ramos volver al desierto, esta vez ya no poblado por espinillos, aves aut&oacute;ctonas o baqueanos, sino por pl&aacute;stico, cemento, carteles publicitarios y dem&aacute;s arquitectura barata de ocasi&oacute;n. Se trata nuevamente de una conquista del desierto, cuyo af&aacute;n civilizatorio, como dec&iacute;a Walter Benjamin, de todo proyecto civilizatorio, culmina en una barbarie. La guerra contra los &aacute;rboles es ese estandarte de un progreso momificado y zombi que nos deja sepultados bajo gigantescos cascotes de cemento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su &uacute;ltimo libro, <em>Fantasmas en el parque</em>, Mar&iacute;a Elena Walsh rememora a sus muertos desde los &aacute;rboles del Parque Las Heras en cuya cercan&iacute;a habitaba. Con ello recurre a una vieja creencia de los pueblos originarios por la cual el alma de los difuntos no se va al cielo, sino que se instala en la copa de los &aacute;rboles para cuidarnos y protegernos. Un acto de fe que los convierte en sagrados. Y a sacr&iacute;legos de baja estofa a quienes los matan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un poema de Miguel Hern&aacute;ndez no es un &aacute;rbol, pero viene a cuento: el Ayuntamiento de Madrid acaba de eliminar del Cementerio de La Almudena las palabras de tres placas situadas en el memorial de las v&iacute;ctimas del franquismo. Entre ellas, una de Miguel Hern&aacute;ndez que rezaba: &ldquo;Para la libertad me desprendo a balazos / de los que han revolcado su estatua por el lodo&rdquo;. <strong>Borrar &aacute;rboles es como censurar a poetas asesinados por dictaduras.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>GM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/troncos-pelados-mutilados-afan-urbanizador-buenos-aires-provocando-genocidio-arboreo_129_8118371.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jul 2021 03:01:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Troncos pelados y mutilados: el afán urbanizador en Buenos Aires está provocando un genocidio arbóreo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciudad de Buenos Aires,Árboles,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Justicia K, de Kafka]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/justicia-k-kafka_129_7884499.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/511df100-64dd-405b-8b51-708ac585f43f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Justicia K, de Kafka"></p><p class="article-text">
        Nadie describi&oacute; con palabras tan simples el mundo oscuro, plagado de apor&iacute;as, que le toc&oacute; vivir como <strong>Franz Kafka</strong>. Si bien no somos herederos de su literatura -qui&eacute;n pudiera-, somos herederos de ese mundo. &ldquo;El lenguaje de Kafka se comporta como el agua entre la infinita multiplicidad de las bebidas&rdquo;, <a href="https://www.suhrkamp.de/buecher/die_verborgene_tradition-hannah_arendt_36803.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dijo </a><a href="https://www.suhrkamp.de/buecher/die_verborgene_tradition-hannah_arendt_36803.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Hannah Arendt</strong></a> cuando analizaba esa inquietante paradoja de un lenguaje sin floripondios que sabe elaborar una pasmosa met&aacute;fora del Estado, de la justicia, de la vida m&aacute;s &iacute;ntima de nuestras culpas y tormentos.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El Proceso,</em> K. es acusado de algo pero nadie puede explicarle de qu&eacute; se lo inculpa. Se le inicia un proceso y &eacute;l no puede dilucidar cu&aacute;les son las leyes que lo estructuran. En busca de las causas de la querella apenas logra descubrir que detr&aacute;s de su detenci&oacute;n existe una &ldquo;gran organizaci&oacute;n&rdquo;. Un ajetreado laberinto de guardias que aceptan sobornos, inspectores caricaturescos, falsos fiscales que inventan pruebas, jueces que dictaminan sentencias sobre la base de diatribas en contra de la corrupci&oacute;n generalizada. En fin, un vasto e inabarcable sistema judicial permanentemente colapsado por el constante ajetreo de un marem&aacute;gnum de secretarios, edecanes, escribas, sirvientes y todo tipo de servicios de espionaje. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la finalidad de esa gigantesca organizaci&oacute;n? se pregunta K. y llega a la conclusi&oacute;n de que se trata de un aparato montado para <strong>acusar a personas inocentes y someterlas a un ininteligible proceso que no lleva a ninguna parte porque nadie es inocente</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Es obvio que Kafka no describe la realidad de hoy, pero su experiencia personal lo hizo vidente. Su protagonista quiere creer que, a pesar de la falta de resultado aparente, no necesariamente un proceso de esa naturaleza deba resultar en apor&iacute;as. Por eso contrata a un abogado que parece de oficio, pero no lo es. Todos los abogados tienen la misma receta: <strong>lo mejor es adaptarse a las circunstancias porque, en aras del proceso, toda cr&iacute;tica al sistema resulta poco razonable</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        K. decide despedir al abogado y se re&uacute;ne con el edec&aacute;n de la prisi&oacute;n que, con palabras pomposamente indecidoras, alaba hasta el paroxismo la oculta grandeza del sistema recomend&aacute;ndole dejar de preguntar por la verdad porque <strong>no hay que pensar que todo es verdadero. Lo que hay que pensar es que es necesario</strong>. Tanto el abogado como el edec&aacute;n han intentado demostrarle que as&iacute; viene la vida, as&iacute; viene el mundo y es obligaci&oacute;n de todos &ldquo;someterse al orden del mundo.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiere decir, responde K., que la mentira es el orden del mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa instancia es cuando termina de entender que va a perder el juicio, precisamente porque intenta demostrar que la acusaci&oacute;n no se basa en datos reales, sino en una ficci&oacute;n convertida en verdad universal sin que nadie pueda comprobarla. K. es sacrificado por una maquinaria abstracta que fabrica necesidades aleatorias, incomprobables, mentiras como slogans de campa&ntilde;a, significantes vac&iacute;os.<strong> Algo parecido a esa fe que hoy ostenta el Gobierno de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires en una educaci&oacute;n ficticia, que -dicho sea de paso- ha desfinanciado de manera obscena durante toda su gesti&oacute;n.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa maquinaria sigue rodando en funci&oacute;n de las mentiras sobre lo aparentemente necesario, de manera que un ciudadano que no quiere someterse (a esta maquinaria, al orden mundial) es una suerte de criminal por oponerse a una instancia que tiene car&aacute;cter divino. Arendt descubre en K. al hombre moderno, &ldquo;criado, educado y domesticado en esa maquinaria para que acepte el rol que le ha sido asignado donde se relaciona con sus cong&eacute;neres no por afinidades, sino por la funci&oacute;n que ejerce en la vida.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El Proceso</em> es la radiograf&iacute;a de las condiciones de vida, sobre todo la poblaci&oacute;n jud&iacute;a, bajo el Imperio Austroh&uacute;ngaro. Kafka era abogado, trabajaba en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros laborales. Entre otras tareas, se ocupaba de gestionar permisos de residencia a jud&iacute;os migrantes. Sab&iacute;a de burocracia y conoc&iacute;a a la perfecci&oacute;n lo que es vivir bajo un r&eacute;gimen burocr&aacute;tico autoritario, el mismo que pocas d&eacute;cadas despu&eacute;s se convertir&iacute;a en una f&aacute;brica de aniquilar a seres humanos por considerarlos simplemente una raza prescindible sobre el planeta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Existe hoy el Estado burocr&aacute;tico autoritario? &iquest;Existen en nuestro pa&iacute;s zonas liberadas que proclaman ser aut&oacute;nomas y se dirimen bajo una jurisprudencia hecha a medida?<strong> No estamos bajo el Imperio Austroh&uacute;ngaro, pero nuestra justicia se articula con profusos mecanismos esp&uacute;reos que resultan igual de coercitivos a la hora de defender el bien com&uacute;n.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Propongo un ejemplo: cuando <strong>Cecilia Segura</strong> estuvo a cargo de la Auditor&iacute;a General de la Ciudad de Buenos Aires concluy&oacute; que <strong>solo pod&iacute;a ejercer el control sobre el 13% de los gastos totales del gobierno</strong>. &iquest;A la Justicia la maneja la Pol&iacute;tica? Seguramente es as&iacute;. &iquest;Se compran jueces y fiscales (nepotismos, amiguismos y aportantes incluidos) para garantizar fallos favorables a las decisiones del ejecutivo? &iquest;La justicia porte&ntilde;a es realmente la &ldquo;caja negra&rdquo; de la Ciudad de Buenos Aires? Parecer&iacute;a que lo es: <strong>el presupuesto para ese sector, que es de 37.000 millones de pesos, equivale al 48% de la administraci&oacute;n gubernamental</strong>. Quiere decir que la justicia consume m&aacute;s o menos lo mismo que toda la Legislatura, que todo el Gabinete de Horacio Rodr&iacute;guez Larreta, que todos los organismos de control y que la AGIP, que es el organismo de recaudaci&oacute;n fiscal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;cu&aacute;l es la raz&oacute;n profunda de este estado de cosas, que deja a los ciudadanos comunes en una suerte de desamparo jur&iacute;dico donde no prosperan demandas por ruidos molestos, por la desmesurada reducci&oacute;n de espacios verdes, por avasallamiento institucional, por leyes compradas por emprendedores inmobiliarios para la absurda privatizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico? &iquest;Qui&eacute;n o qui&eacute;nes defienden a la Ciudad y sus habitantes del descalabro inmobiliario cuando, en plena pandemia, se &ldquo;compran&rdquo; excepciones al volumen y la altura de los edificios a gusto del bolsillo del constructor? &iquest;Estamos ante un <strong>urbicidio</strong> cuyo brazo ejecutor es la complicidad del Poder Judicial? <strong>En plena pandemia, cuando el mundo entero tiende a descentralizar los conglomerados urbanos, nuestro intendente sigue insistiendo en construir una megal&oacute;polis para 6 millones de habitantes cuando hoy no superamos la cifra de 3 millones que ya ten&iacute;amos en 1946.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Respuesta a estas desoladoras preguntas que dejan a la ciudadan&iacute;a en una situaci&oacute;n kafkiana de indefensi&oacute;n fue la que dio d&iacute;as atr&aacute;s <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/corte-suprema-definicion-clases-presenciales-privado-cosa-publica_129_7849958.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el fiscal </a><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/corte-suprema-definicion-clases-presenciales-privado-cosa-publica_129_7849958.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Federico Delgado</strong></a><a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/corte-suprema-definicion-clases-presenciales-privado-cosa-publica_129_7849958.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> desde estas mismas p&aacute;ginas</a>. Partiendo del fallo local de la &ldquo;c&aacute;mara amarilla&rdquo; en aras de continuar con la presencialidad escolar, su an&aacute;lisis ampl&iacute;a el espectro y se refiere a estado general de la justicia en nuestro pa&iacute;s. Sostiene que <strong>las instituciones de todos los ciudadanos se han convertido en herramientas que sirven a intereses privados</strong>. &ldquo;La llamada 'sentencia a medida' es un caso paradigm&aacute;tico en nuestra vida p&uacute;blica.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        Delgado lo interpreta como el s&iacute;ntoma de un problema mucho m&aacute;s abarcativo: se trata de <strong>un proceso paulatino e inexorable de expropiaci&oacute;n de lo p&uacute;blico</strong>. Es decir, las instituciones ya no funcionan para el bien com&uacute;n. Le sirven a solamente a un pu&ntilde;ado de interesados con poder. Y se pregunta: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; pasa? Entre otras cosas, porque no pasa nada. No hay costos para quienes participan de estos procesos, ya sean funcionarios p&uacute;blicos o particulares&rdquo;.&nbsp;La cuesti&oacute;n es que no hay costos reales para nadie y, si nadie es culpable, todo el mundo es culpable: es la situaci&oacute;n de K. en <em>El Proceso</em>.
    </p><p class="article-text">
        Y estar&iacute;amos tentados en sostener: <strong>es una utop&iacute;a que la justicia se depure a s&iacute; misma, cuando el poder pol&iacute;tico est&aacute; esencialmente imbricado con ella</strong>. &ldquo;El uso privado de la cosa p&uacute;blica se transforma en una tentaci&oacute;n para quienes tienen recursos. Es casi una regla informal&rdquo;, acent&uacute;a Delgado.
    </p><p class="article-text">
        Y remata de manera contundente: &ldquo;La tensi&oacute;n por las clases presenciales se inscribe en esta matriz. Se traduce en la posibilidad de contar con sentencias judiciales como una herramienta propia. Es peligroso. Un martillo sirve para clavar un clavo, pero tambi&eacute;n para lastimar. El uso privado del expediente des-ciudadaniza y la rep&uacute;blica democr&aacute;tica se alimenta de ciudadanos.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>GM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/justicia-k-kafka_129_7884499.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 May 2021 05:09:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Justicia K, de Kafka]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Justicia,Ciudad de Buenos Aires,Horacio Rodríguez Larreta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dilema del bienestar no puede ser basura a cambio de naturaleza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dilema-bienestar-no-basura-cambio-naturaleza_129_7372121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac05b6b9-5a37-41c3-999c-4ceea4ddf3c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dilema del bienestar no puede ser basura a cambio de naturaleza"></p><p class="article-text">
        <em>Modo de vida imperial</em> es el t&iacute;tulo de un libro que no sali&oacute; todav&iacute;a en la Argentina, escrito por <strong>Markus Wissen</strong> y <strong>Ulrich Brand</strong>. Las reflexiones a continuaci&oacute;n no tienen car&aacute;cter de anticipo. Son m&aacute;s bien el producto de un asombro medular, un asombro inc&oacute;modo que recorre esta apabullante y precisa radiograf&iacute;a de una &eacute;poca: la nuestra, la de una desmesurada voluntad general de destruir el planeta sin preguntarnos por sus consecuencias. Publicado por primera vez en 2016, hoy cuenta con varias reediciones en diferentes pa&iacute;ses. Ha sido traducido al ingl&eacute;s, al chino y al coreano. En v&iacute;as de aparici&oacute;n est&aacute;n las versiones al turcas, &aacute;rabes, japonesas, checas y eslovenas. Gracias al esfuerzo de la editorial Tinta Lim&oacute;n y de la Fundaci&oacute;n Rosa Luxemburgo saldr&aacute; en pocas semanas en la Argentina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El trabajo de Wissen y Brand parte de la premisa de que, indefectiblemente, si se mantiene este modo de producci&oacute;n sostenida que destruye naturaleza, territorios, tradiciones ancestrales el mundo, tal como lo conocimos hasta hoy, est&aacute; destinado al colapso.</strong> La pandemia zoon&oacute;tica que hoy nos flagela (y las nuevas que est&aacute;n por venir) le dan al libro una aterradora actualidad: ese mundo que conoc&iacute;amos hasta hace muy pocos a&ntilde;os dej&oacute; de existir. El colapso es aqu&iacute; y ahora: la depredaci&oacute;n extractiva no solo est&aacute; intacta, sino que se ha incrementado de manera exponencial precisamente desde la pandemia. En la Argentina tenemos varios ejemplos de ello. Obs&eacute;rvese simplemente que cada dos o tres meses medio pa&iacute;s -sea el norte, la regi&oacute;n mediterr&aacute;nea o la Patagonia- est&aacute; en llamas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El sur global: basura a cambio de naturaleza</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las propuestas m&aacute;s interesantes del trabajo de Brandt y Wissen es el concepto de <em>externalidad.</em> Para proseguir en una situaci&oacute;n de cada d&iacute;a mayor cerramiento de la invariabilidad de sus modos de vida, el <em>norte global</em> somete al <em>sur global</em> a <strong>un destino insoslayable e ineludible</strong>: por un lado, el de convertirse en receptor de los deshechos originados en el modo de vida imperial. Por el otro, transformarse en infinito proveedor de materias primas y <em>commodities</em> a costa de la destrucci&oacute;n de sus fuentes naturales y modos de vida tradicionales. 
    </p><p class="article-text">
        Esto es precisamente lo que, desde el punto de vista de Am&eacute;rica Latina, postularon autores como <strong>An&iacute;bal Quijano</strong>, <strong>Arturo Escobar</strong>, <strong>Edgardo Lander</strong>, <strong>Silvia Federici</strong> y -m&aacute;s recientemente- <strong>Rita Segato</strong>. Se trata de la colonialidad del poder y del saber que, seg&uacute;n estos autores, prevalece en Am&eacute;rica Latina desde el siglo XVI. Wissen y Brandt no hacen referencia a ellos, pero el an&aacute;lisis desde su punto de vista europeo los fortalece y ratifica. Con ellos comparten la visi&oacute;n cr&iacute;tica de un mundo que usufructua de sus condiciones de dominio colonial, patriarcal, racista y clasista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Europa -el norte global- se va cerrando cada vez m&aacute;s a costa de la manutenci&oacute;n su privativo &ldquo;bienestar general&rdquo;.</strong> Un ejemplo reciente: Dinamarca lidia sin &eacute;xito desde hace cincuenta a&ntilde;os con la existencia de sus guetos de migrantes. Una treintena de barrios, principalmente de las grandes ciudades, son se&ntilde;alados cada a&ntilde;o en una suerte de&nbsp;<em>lista negra.</em> Hace muy pocos d&iacute;as su gobierno socialdem&oacute;crata decidi&oacute; reducir al 30% el ingreso&nbsp;de &ldquo;no occidentales&rdquo; a esos barrios. Barruntemos: los argentinos sin pasaporte europeo &iquest;ser&iacute;amos considerados no occidentales? Esta es la Europa sin tapujos sobre la que Rita Segato dijo alguna vez que su encierro <em>huele mal </em>porque todo lo que le es ajeno est&aacute; o bien allende los mares, o bien encerrado en sus museos. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es decir, Europa &ldquo;externaliza&rdquo; los costos para preservar sus ganancias, cuidar su ambiente y limpiar su patio trasero. Este es el modo de vida imperial responsable de generar los actuales fen&oacute;menos de crisis econ&oacute;mica, clim&aacute;tica, social y cultural. </strong>Otro ejemplo: Sin los alimentos &ldquo;baratos&rdquo; producidos a costa de personas y naturaleza en otras partes del mundo, habr&iacute;a sido aun mucho m&aacute;s dif&iacute;cil garantizar la reproducci&oacute;n de las capas sociales bajas del norte global sobre todo en el contexto de la profunda crisis econ&oacute;mica iniciada de 2007.
    </p><p class="article-text">
        El an&aacute;lisis que desarrollan Brandt y Wissen detalla el sinn&uacute;mero de contradicciones de ese modo de vida imperial que, conlleva siempre una apropiaci&oacute;n desmesurada de naturaleza y fuerza de trabajo que sucede en territorios ajenos. En otras palabras, se delega todo lo que est&aacute; mal a un &ldquo;afuera&rdquo; lejano que presupone que &ldquo;otros&rdquo; renuncien a su parte proporcional. Cuanto menos dispuestos est&eacute;n estos otros, o cuanto m&aacute;s&nbsp;<em>dependan</em>&nbsp;tambi&eacute;n ellos de acceder a un afuera y de traspasarle sus costos, m&aacute;s pierde el modo de vida imperial su fundamento econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No queremos vivir mejor, queremos vivir bien</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>El tema no radica solamente en la responsabilidad del norte global. Porque precisamente los pa&iacute;ses del sur que pretenden &ldquo;mejorar&rdquo; la calidad de vida de sus poblaciones siguen a rajatabla el mismo modelo depredador de desarrollo.</strong> Lo que, refiri&eacute;ndose a Am&eacute;rica Latina desde el siglo XVI hasta la actualidad Rita Segato llam&oacute; &ldquo;la complicidad del criollaje&rdquo;. Salvo acaso en los contenidos del buen vivir de los pueblos originarios de Am&eacute;rica (<em>no queremos vivir mejor, queremos vivir</em> <em>bien</em>) solamente el feminismo ecosocial y el <strong>Sumak Kawsay</strong> proponen seriamente un modelo de desarrollo alternativo. 
    </p><p class="article-text">
        Los autores repasan con mucho detalle las varias alternativas al capitalismo depredador que proponen los pa&iacute;ses del norte. Desde la geoingenier&iacute;a hasta la llamada econom&iacute;a verde, desde los autos el&eacute;ctricos hasta los &ldquo;nuevos pactos sociales&rdquo;. Para ellos se trata del uso vano de una ret&oacute;rica que en el fondo persigue la robustez del modo de vida imperial. Los rodados familiares no han variado su tama&ntilde;o ni su velocidad, los el&eacute;ctricos no logran imponerse porque les falta la velocidad necesaria y el modelo campestre del UPS sigue siendo el s&iacute;mbolo preferido de prestigio familiar para llevar a los ni&ntilde;os al colegio o volver del supermercado con el ba&uacute;l lleno de pl&aacute;sticos. 
    </p><p class="article-text">
        Brandt y Wissen revisan una a una las variantes de ese capitalismo autodenominado ecol&oacute;gico, ese capitalismo cuyos empresarios inventaron la palabra <em>sustentable</em> como un taparrabos multifunci&oacute;n que permite aplicarse en cualquier caso hasta crear verdaderos disparates ling&uuml;&iacute;sticos tales como, &nbsp;&ldquo;agroindustria sustentable&rdquo; o &ldquo;megaminer&iacute;a sustentable&rdquo; que alguna vez desembocar&aacute;n seguramente en el &ldquo;fracking sustentable&rdquo;. <strong>Llegan a la conclusi&oacute;n de que las econom&iacute;as llamadas verdes no han logrado paliar la huella ecol&oacute;gica. Si bien sus intenciones suelen ser convincentes, la producci&oacute;n de las tecnolog&iacute;as que las componen son igualmente depredadoras.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante del an&aacute;lisis de este trabajo es que no soslaya el rol genuflexo y c&oacute;mplice del Sur global en la manutenci&oacute;n del modo de vida imperial. Ning&uacute;n estado de Am&eacute;rica Latina, salvo quiz&aacute; los comienzos de la gesti&oacute;n de <strong>Evo Morales</strong> en Bolivia, se propuso seriamente hacerle frente a los modos de producci&oacute;n capitalistas que nos han conducido hasta esta encrucijada. Lo contrario es el caso. Cada vez que de este lado del oc&eacute;ano se piensa en una recuperaci&oacute;n del creciente estado de miseria y pobreza la exportaci&oacute;n extractiva parece ser la &uacute;nica soluci&oacute;n: m&aacute;s agroindustria contaminante, m&aacute;s trigo transg&eacute;nico, m&aacute;s megaminer&iacute;a, m&aacute;s criaderos de cerdos, m&aacute;s p&eacute;rdida de glaciares, m&aacute;s extractivismo urbano, m&aacute;s da&ntilde;o a una naturaleza ex&aacute;nime.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo dejamos de pensar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Estamos en un callej&oacute;n sin salida? &iquest;Cu&aacute;les son las salidas reales que propone el libro? &iquest;Seguir&aacute;n fracasando las cumbres clim&aacute;ticas en su intento de disminuir la emisi&oacute;n de di&oacute;xido de carbono? <em>Modos de vida imperial</em><strong> </strong>no intenta esbozar un compendio de soluciones porque esas soluciones deber&iacute;an pasar por la convicci&oacute;n global &iacute;ntima y generalizada de que se debe cambiar radicalmente nuestro estilo de producci&oacute;n y consumo si queremos que exista un futuro del lado de la vida. <strong>El gran valor de este libro no est&aacute; en sus probables soluciones sino en su capacidad de generar un portentoso -y no menos doloroso- estado de alerta.</strong> Respecto la necesidad de este cambio interno cabe el comentario de <strong>Diego Skliar</strong>, su editor local: &ldquo;El aspecto notorio del concepto modo de vida imperial parece estar profundamente arraigado de que el orden capitalista colonial est&aacute; en las vidas cotidianas, lo cual desplaza el problema al &aacute;mbito de la (buena) voluntad.&rdquo; Lo cual es cierto. La pregunta es &iquest;c&oacute;mo hacer para que la humanidad despierte? O bien, preguntando con <strong>Hannah Arendt</strong>: &iquest;Cu&aacute;ndo fue que la humanidad dej&oacute; de pensar? Son preguntas que van m&aacute;s all&aacute; del libro pero que cobran una necesaria y urgente actualidad a trav&eacute;s de su apasionante lectura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>* Markus Wissen</strong> es profesor de ciencias sociales y su relaci&oacute;n con las transformaciones ecosociales en la Berlin School of enonomics. Escribi&oacute; numerosos libros sobre la relaci&oacute;n entre econom&iacute;a y medio ambiente
    </p><p class="article-text">
        <strong>* Ulrich Brand</strong>, polit&oacute;logo, profesor de pol&iacute;tica internacional en la Universidad de Viena, se ha ocupado profusamente de los l&iacute;mites del capitalismo en su relaci&oacute;n con la naturaleza
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dilema-bienestar-no-basura-cambio-naturaleza_129_7372121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Apr 2021 02:59:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dilema del bienestar no puede ser basura a cambio de naturaleza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Kafka al teléfono y el laberinto de las vacunas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/kafka-telefono-laberinto-vacunas_129_7280017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f9a7df5-483f-41d3-a25e-a4fdb20b8e9a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Kafka al teléfono y el laberinto de las vacunas"></p><p class="article-text">
        <strong>Las vacunas y su aplicaci&oacute;n constituyen un esc&aacute;ndalo a nivel mundial.</strong> Pero casi nadie se conmueve hoy con los esc&aacute;ndalos. Rumiamos la tristeza y la injusticia en nuestras casas, en soledad, puertas adentro y ventanas abiertas que ayuden a espantar a un virus que saca permanentemente lo peor de nuestra humillada condici&oacute;n humana. Mientras tanto esperamos a Godot y escuchamos que solo diez pa&iacute;ses en el mundo acumulan el 90% de la totalidad de las vacunas. 
    </p><p class="article-text">
        Fogoneado por la voz monocorde de los medios, el esc&aacute;ndalo argentino muestra un solo costado. Y, como todo esc&aacute;ndalo, no carece de paradojas. Los setenta vacunados por izquierda se llevaron puesto a un ministro, generaron siniestras bolsas mortuorias frente a la Casa de Gobierno, producto de una humillante imaginer&iacute;a que evocaba &eacute;pocas de la dictadura consolidando el escarnio con un cacerolazo en los barrios m&aacute;s pudientes de la Capital federal. <strong>Hannah Arendt sol&iacute;a decir que hay que temerle a la burgues&iacute;a cuando comienza a aburrirse.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No banalizamos el odio diciendo que aburre. Banalizar la realidad se ha convertido en una forma eficiente de ocultamiento. Porque esa verdad revelada, repetida hasta la n&aacute;usea por la prensa eternamente machacona e indignada, nos hizo creer que esos vacunados (que pueden ser setenta o setenta veces siete) son la fuente de todo mal.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; oculta el indignado esc&aacute;ndalo? O bien, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n sus verdaderas dimensiones? Ante la andanada medi&aacute;tica, Fern&aacute;n Quir&oacute;s -el impoluto ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires- sali&oacute;, como siempre salen los amarillos, a defender la Rep&uacute;blica.&nbsp;&ldquo;Nosotros hemos sido muy estrictos: todas las personas que tengan la voluntad de vacunarse en el gobierno porte&ntilde;o van a esperar al grupo o la etapa que le toca seg&uacute;n la condici&oacute;n que tiene&rdquo;. <strong>Pero no todo lo que brilla es oro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El 24 de febrero pasado el fiscal&nbsp;Carlos Stornelli&nbsp;imput&oacute; al jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires,&nbsp;Horacio Rodr&iacute;guez Larreta, y al ministro de Salud porte&ntilde;o, en una causa por la supuesta contrataci&oacute;n irregular de prestadores privados para trabajar en&nbsp;el operativo de vacunaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tras la presentaci&oacute;n de Stornelli, el juez federal&nbsp;Ariel Lijo&nbsp;orden&oacute; un operativo en el Ministerio de Salud porte&ntilde;o para buscar documentos oficiales, es decir, los convenios firmados por el gobierno de la Ciudad con empresas privadas relacionados con el plan para aplicar las vacunas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El objetivo era poder determinar cu&aacute;les fueron las empresas beneficiadas, entre las que se encontraba tambi&eacute;n un comit&eacute; del partido radical.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil que la causa prospere. Denunciante principal es la abogada del empresario Pedro Etchebest, la misma que a comienzos de 2019 denunci&oacute; al falso abogado D&acute;Alessio y a Stornelli ante los tribunales de Dolores. Donde el fiscal amarillo est&aacute; imputado en dos causas. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora los K sostienen que, en la Ciudad, se privatizan las vacunas&rdquo;, se re&iacute;a sard&oacute;nicamente Eduardo Feinmann de la denuncia a un&iacute;sono con la displicencia de la mayor&iacute;a de los medios ante la acusaci&oacute;n. Obviamente, el esc&aacute;ndalo eran los setenta colados que hicieron renunciar al ministro de Salud de la Naci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El ministro Quir&oacute;s se defendi&oacute; a su manera. Con su proverbial laconismo -que simula que todo est&aacute; en regla y bajo control-, explic&oacute;: &ldquo;Es tradici&oacute;n de la ciudad de Buenos Aires hacer convenios con prepagas para que se encarguen de vacunar a sus afiliados&rdquo;. Sucede que, en la lista de beneficiadas, no figuran todas, ni siquiera el PAMI -que posee la mayor cantidad de pacientes mayores de 80 a&ntilde;os-. Y tambi&eacute;n sucede que estamos en una pandemia donde acaso ser&iacute;a m&aacute;s atinado revisar las modalidades asentadas en tiempos &ldquo;normales&rdquo;. Precisamente, <strong>la pandemia exigir&iacute;a mecanismos de mayor efectividad, premura, transparencia y eficiencia</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El 25 de febrero, Amnist&iacute;a Internacional le solicit&oacute; informes al gobierno porte&ntilde;o sobre la entrega de vacunas a privados. En un contundente pedido, su directora ejecutiva local, Mariela Bielski, adujo que &ldquo;la igualdad y no la discriminaci&oacute;n deben ser el eje de toda respuesta a la pandemia. La situaci&oacute;n econ&oacute;mica de las personas no debe constituir nunca un obst&aacute;culo para acceder a la vacuna contra el Covid-19&rdquo;. <strong>Mientras tanto, el intendente porte&ntilde;o viajaba en un avi&oacute;n privado a Buzios. Seg&uacute;n sus declaraciones, necesitaba tomarse unos d&iacute;as de descanso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La causa se deshace lentamente bajo el rugido de los indignados que, alentados por los medios, van a la plaza a sembrarla de cad&aacute;veres envueltos en pl&aacute;stico negro. Y no son solamente los medios, sino los defensores de la Rep&uacute;blica que prometen &ldquo;aplastar al peronismo como cucarachas&rdquo; cuando vuelvan a ser gobierno. El 3 de marzo, la periodista Mar&iacute;a Seoane se alarmaba en su cuenta de Twitter: <em>&iquest;C&oacute;mo es posible que Larreta y Quir&oacute;s, habiendo recibido 221.225 vacunas, solo aplicaron 101.822 de la primera dosis y 30.458 de la segunda? De un total de 132.280, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las 88.945 restantes?</em> 
    </p><h3 class="article-text">147-Kafka </h3><p class="article-text">
        Hablando de cucarachas, fue verdaderamente kafkiano lo que sucedi&oacute; el viernes 19 de febrero, cuando se abri&oacute; la primera &ldquo;turnera&rdquo; de la ciudad para que se inscribieran los mayores de 80 a&ntilde;os. Miles y miles de hijos, nietos y dem&aacute;s comedidos intentaron acceder a una p&aacute;gina que estuvo en permanente colapso. Tuvieron que pasarse un d&iacute;a entero frente a la computadora corriendo el albur de que por fin pudieran acreditar a sus mayores. <strong>Hay miles de an&eacute;cdotas bizarras al respecto. A modo de ejemplo, aqu&iacute; las desventuras de una amiga.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de horas de luchar denodadamente contra la p&aacute;gina para inscribir a su madre -jubilada docente universitaria-, esta amiga recibi&oacute; el cartelito perverso: &ldquo;Nuestro sitio web est&aacute; fuera de servicio. Estamos trabajando para solucionarlo a la brevedad&rdquo;. No hubo caso.
    </p><p class="article-text">
        Una vez agotadas las eventuales 40 mil vacunas disponibles, se habilit&oacute; un formulario para empadronarse. All&iacute; se consultaba si la paciente ten&iacute;a &ldquo;cobertura m&eacute;dica&rdquo; del (entre otras que all&iacute; figuraban) Hospital Italiano. Como la aspirante se atiende efectivamente en el Italiano, se complet&oacute; ese campo del formulario. Cuatro d&iacute;as despu&eacute;s recibieron un correo autom&aacute;tico del Hospital donde constaba un nuevo requisito: hab&iacute;a que estar afiliado al plan de salud privado. Pero la mujer recib&iacute;a contraprestaciones del Italiano a trav&eacute;s de IAPOS. Por lo tanto, no calificaba. <strong>Estaba mal empadronada.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como mi amiga es tenaz, no se dio por vencida. Intent&oacute; comunicarse con una voz humana a trav&eacute;s del 147. Cuando finalmente lo logr&oacute;, la voz humana le comunic&oacute; que los datos no se pod&iacute;an modificar. El sistema no est&aacute; preparado para eso, deber&aacute; seguir llamando hasta que se encuentre una soluci&oacute;n&hellip; &ldquo;Hasta que lo arreglen&rdquo;, le dijo. Mi amiga, incr&eacute;dula, exigi&oacute; una respuesta m&aacute;s espec&iacute;fica. La operadora, humana finalmente, le pidi&oacute; que espere, porque iba a consultar. Luego de 15 minutos de angustiosa espera, mi amiga recibi&oacute; la siguiente respuesta: &ldquo;Vea, al parecer se han reportado muchos casos como este. Lo que le recomendamos es ponerse en contacto con IAPOS para que haga un convenio con el Hospital Italiano&rdquo;. Fin de la historia sin fin.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La vacunaci&oacute;n en la Ciudad est&aacute; plagada de situaciones bizarramente kafkianas.</strong> El gobierno retruca y se defiende: <em>Nos mandan pocas vacunas.</em> &iquest;Ser&aacute; cierto que el Gobierno nacional le da pocas vacunas al distrito que, en el pa&iacute;s, ostenta m&aacute;s contagios por mill&oacute;n de habitantes? &iquest;El distrito que vive en las peores condiciones de hacinamiento, contaminaci&oacute;n, escasez de espacios verdes descontando a los privilegiados de sus lujosos barrios del norte? &iquest;Al Gobierno que subejecut&oacute; el 70% del presupuesto destinado a Infraestructura Escolar en 2020 invirtiendo casi tres veces m&aacute;s en veredas que en obras para escuelas? &iquest;Al Gobierno que disciplina su justicia pasando de 15 juzgados en lo contencioso administrativo a 24 para designar jueces propios y licuar el poder de los jueces que les son adversos en sus fallos?
    </p><p class="article-text">
        Ineficiencia y oscurantismo; discrecionalidad y medidas que no se entienden porque no se explican; ausencia de transparencia que solo genera sensaciones de angustia ante un poder que justifica su accionar en indecidoras gacetillas de prensa, tablas de Excel y cifras multimillonarias de publicidad paga para manejar monol&iacute;ticamente a los medios. 
    </p><p class="article-text">
        Kafka somos los habitantes de la ciudad de Buenos Aires. Intentar adentrarse en una p&aacute;gina web que jam&aacute;s funciona con el fin de paliar el miedo a la muerte es el poder de la manipulaci&oacute;n donde todos los d&iacute;as nos despertamos con la sensaci&oacute;n de habernos convertido en cucarachas. &ldquo;Entonces no hay verdad&rdquo;, concluye K (el protagonista de <em>El Proceso</em>). &ldquo;Solo hay necesidades arbitrarias&rdquo;. <strong>Esta frase de Kafka es la que usa Hannah Arendt para definir al estado burocr&aacute;tico autoritario.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Preguntamos por qu&eacute; sucede esto en la Ciudad. Preguntamos por qu&eacute; no existe, como en los restantes 23 distritos del pa&iacute;s, una inscripci&oacute;n transparente y abierta donde se registren los datos de todos aquellos que quieren vacunarse hayan llegado las vacunas o no. Ser&iacute;a la mejor manera de apaciguar las suspicacias, los rumores, los malos entendidos. 
    </p><p class="article-text">
        Algo es pr&iacute;stino en todo este proceso: e<strong>l poder se manipula de manera arbitraria cuando el &uacute;nico objetivo es mantener en vilo a la ciudadan&iacute;a</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>GM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/kafka-telefono-laberinto-vacunas_129_7280017.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Mar 2021 05:08:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Kafka al teléfono y el laberinto de las vacunas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los mensajes del agua, o cómo interpretar que un derecho inalienable cotice en Wall Street]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mensajes-agua_129_7197766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37a0f8f6-25f2-4abc-b1d2-f4810ea64972_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los mensajes del agua, o cómo interpretar que un derecho inalienable cotice en Wall Street"></p><p class="article-text">
        Las leyes ambientales corren un albur tortuoso en la Argentina. Pasan por un laberinto indefinido de comisiones, la mayor&iacute;a de las veces pierden estado parlamentario, no se cumplen por desfinanciamiento del sector o quedan encajonadas en los despachos de las comisiones. Pas&oacute; con la Ley de protecci&oacute;n de los humedales, la a medias cumplida Ley de glaciares, La ley de mitigaci&oacute;n del fuego&hellip; Y as&iacute; sucesivamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las responsabilidades en materia de lo que ata&ntilde;e a la preservaci&oacute;n de la naturaleza en la Argentina son cuentas pendientes.</strong> Por un lado, existe una conjunci&oacute;n de ignorancia cient&iacute;fica en materia de cambio clim&aacute;tico. Por el otro, un pertinaz negacionismo que se jacta de un progreso que nunca llega. Lo que impera, no s&oacute;lo en la Argentina, es una radical incapacidad de poder pensar en otro modelo de producci&oacute;n y de convivencia que no sea <strong>el capitalismo financiero y depredador</strong>. Le dicen &ldquo;crisis&rdquo;. En realidad, se trata del fin del mundo tal como lo conocimos hasta ahora.
    </p><p class="article-text">
        Para la mayor&iacute;a de nuestros funcionarios -las excepciones se cuentan con los dedos de una sola mano-, el ambiente, el cambio clim&aacute;tico, la constelaci&oacute;n planetaria que nos trajo hasta esta pandemia zoon&oacute;tica no son temas que importen. <strong>Hay una fe ciega, fundamentalista, en las soluciones m&aacute;gicas del capitalismo.</strong> &ldquo;El capitalismo como religi&oacute;n&rdquo;, dijo alguna vez Walter Benjamin. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque haga del slogan del bien com&uacute;n un latiguillo en sus discursos, la clase pol&iacute;tica no vela por la vida en el futuro. Se ubica del lado de las grandes empresas, en su mayor&iacute;a transnacionales. <strong>El mundo empresario, hoy &ldquo;el poder&rdquo;, est&aacute; absolutamente persuadido de que la financializaci&oacute;n de la vida es el &uacute;nico instrumento para salvaguardar una relaci&oacute;n &bdquo;eficiente y racional&ldquo; en el manejo de la relaciones entre los seres humanos y el resto de las especies del planeta.</strong> Se <em>menefregan</em> en los derechos universales a la vida, el agua, la salud, la vivienda o todo aquello que pueda interferir el devastador crecimiento econ&oacute;mico. Para el <em>homo oeconomicus</em> s&oacute;lo existe el aqu&iacute; y ahora. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ninguna noticia que verdaderamente ataña a intereses vitales de la ciudadanía pasa por los medios masivos. Y no tan masivos. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En la Argentina, las empresas transnacionales constituyen un lobby feroz que, hasta ahora, ha impedido toda medida jur&iacute;dica en materia de protecci&oacute;n de la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        De esta concepci&oacute;n jibarizada del presente sin futuro forma parte, sobre todo en nuestro pa&iacute;s, <strong>un periodismo escindido en el binarismo de la grieta macilenta</strong>. Si no fuera tr&aacute;gica en materia de informaci&oacute;n, parecer&iacute;a una broma de mal gusto. <strong>Ninguna noticia que verdaderamente ata&ntilde;a a intereses vitales de la ciudadan&iacute;a pasa por los medios masivos. Y no tan masivos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>A comienzos de diciembre de 2020, las bolsas de Wall Street y Chicago comenzaron a cotizar el agua a futuro. Es decir, se empieza a especular de manera contundente con un bien escaso que, dentro de muy poco tiempo, tendr&aacute; precios inaccesibles.</strong> Semejante noticia pas&oacute;, fuera de algunas breves alarmas en las redes sociales, absolutamente inadvertida.
    </p><p class="article-text">
        Cient&iacute;ficos y expertos vaticinan que, pronto, entraremos en un punto irreversible que llevar&iacute;a a tornar inhabitable el planeta para el a&ntilde;o 2040. <strong>Wall Street, que se caracteriza por hacer un negocio de la carest&iacute;a, acaba de reaccionar.</strong> El agua, hace cuarenta a&ntilde;os un derecho inalienable , se transforma en un <em>commodity</em> m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        La privatizaci&oacute;n del agua no es reciente. Comenz&oacute; en los a&ntilde;os 90, cuando los estados decidieron concesionarla a grandes empresas para su embotellamiento, para las mega empresas extractivas, para la agricultura industrial. Con la concesi&oacute;n de la administraci&oacute;n del agua para consumo dom&eacute;stico a empresas multinacionales <strong>se quintuplic&oacute; su precio</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        En la Argentina y en Am&eacute;rica Latina existen varias formas de acaparamiento y apropiaci&oacute;n privada del agua. Los grandes proyectos extractivos est&aacute;n basados en el sobreconsumo y la concentraci&oacute;n. La miner&iacute;a a cielo abierto usa millones de litros de agua dulce y avanz&oacute; sobre vertientes y glaciares, a pesar de una ley que no lo permite. <strong>Como ejemplo, Minera La Alumbrera lleg&oacute; a consumir por a&ntilde;o el doble de lo que consum&iacute;a toda la provincia de Catamarca: se le concedi&oacute; permiso para usar 100 millones de litros por d&iacute;a.</strong> En materia de miner&iacute;a a cielo abierto, los derrames de cianuro, aunque se oculten, est&aacute;n a la orden del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un solo pozo de fracking puede llegar a utilizar hasta 30 millones de litros diarios. </strong>Lo mismo sucede con los agronegocios: para producir un kilogramo de granos, se necesitan entre mil a dos mil kilogramos de agua. Similar es el discutido proyecto de las megafactor&iacute;as de cerdos, donde se planifica invertir nueve mil litros de agua para producir un solo kilogramo de carne. 
    </p><p class="article-text">
        Todo esto sucede a espaldas de la poblaci&oacute;n urbana. Tiene lugar en ese vasto Hinterland que es el patio trasero de nuestras anestesiadas conciencias: &ldquo;el interior&rdquo;. Sin embargo, las poblaciones afectadas (pueblos originarios, habitantes de provincias, campesinos, movimientos ecofeministas y una larga n&oacute;mina de conciudadanos comprometidos) se organizaron en puebladas con &eacute;xitos y sinsabores diversos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Una nueva gramática política  se opone al despojo de un bien común colectivo y subraya la importancia cada vez mayor del agua como derecho humano fundamental. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La pionera de estas contiendas fue el &ldquo;No a la mina&rdquo; de los pobladores de Esquel en 2003, cuando ante un plebiscito convocado por la Municipalidad, el 82% de la poblaci&oacute;n se manifest&oacute; en contra de las actividades mineras. Desde entonces no se realizaron otros plebiscitos ambientales. Se tem&iacute;a la repetici&oacute;n en cadena de los resultados de Esquel. La cuesti&oacute;n es seguir frenando las democracias de base. Hoy por hoy, las protestas aumentan en forma geom&eacute;trica. Hay m&uacute;ltiples ejemplos: las luchas por la defensa de los glaciares y r&iacute;os en Jachal y Famatina, la pueblada mendocina en 2019 contra el fracking y las actuales movilizaciones en contra de la miner&iacute;a a cielo abierto en Chubut. Movimientos todos que expresan, no s&oacute;lo el rechazo frente a la expansi&oacute;n de actividades destructivas y contaminantes, sino sobre todo <strong>la emergencia de una nueva gram&aacute;tica pol&iacute;tica</strong> que se opone al despojo de un bien com&uacute;n colectivo y subraya la importancia cada vez mayor del agua como derecho humano fundamental. 
    </p><p class="article-text">
        La reciente medida tomada en Wall Street no s&oacute;lo contribuir&aacute; a mayor exclusi&oacute;n y empobrecimiento, sino que incrementar&aacute; hasta el paroxismo el colapso ambiental que sufrimos en la actualidad. La medida hace caso omiso de las complejas funciones e interrelaciones de los ecosistemas de la naturaleza. De este modo, <strong>el agua asume un car&aacute;cter pleno de mercanc&iacute;a para la especulaci&oacute;n de los sectores financieros</strong>. El paso que ha dado el capitalismo financiero a nivel global implica la consumaci&oacute;n de una l&oacute;gica puramente especulativa que atenta contra los derechos de los pueblos y contra el sostenimiento de la vida, ya amenazada en el contexto de crisis clim&aacute;tica y colapso ecol&oacute;gico. 
    </p><p class="article-text">
        El colectivo <em>Pacto Ecosocial del Sur</em> y el grupo de escritoras <em>No hay cultura sin mundo</em> acaban de lanzar una fuerte solicitada bajo el t&iacute;tulo <a href="https://docs.google.com/forms/d/1nBQB8blF0n64BQ5dRgnJBnLhtaDldUuRtxHWZ0waKH0/viewform?edit_requested=true" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los mensajes del agua</a>. Luego de analizar la situaci&oacute;n devastadora de la medida y su repercusi&oacute;n en la Argentina, llaman a sancionar urgentemente dos leyes que ya tienen estado parlamentario: La Ley de acceso al agua potable (P2020/2641) y la Ley de reconocimiento de los derechos de la naturaleza (P2020/6118). M&aacute;s que de un pedido se trata de un recurso de &uacute;ltima instancia. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esperemos que ambas leyes tengan mejor suerte que los proyectos anteriores.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mensajes-agua_129_7197766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Feb 2021 04:20:15 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La humana no es la única vida sobre el planeta que merece cuidado y preservación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pariendo-nueva-vanguardia-politica_129_6825810.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91b7f829-3bfd-42a5-836b-5e30a6d545d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La humana no es la única vida sobre el planeta que merece cuidado y preservación"></p><p class="article-text">
        <strong>Desde el comienzo del capitalismo, los seres humanos dimos por hecho que la naturaleza es una fuente inagotable e infinita de recursos.</strong> Un regalo del cielo. Fue cuando naci&oacute; la idea de progreso, la noci&oacute;n de que el mundo ya no se regir&iacute;a por verdades supuestas dictadas por las sagradas escrituras, sino por un futuro impulsado por la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Fue el nacimiento de un futuro que hoy parece no tener demasiadas perspectivas. La naturaleza se agota y, con ese agotamiento, la posibilidad de seguir con la vida en el planeta tal como la conocimos hasta ahora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tanto nos hemos apropiado de la idea de que la naturaleza estar&iacute;a all&iacute; para poder siempre servirse de ella como una eterna madre nutricia, que olvidamos o ignoramos que el extractivismo de los bienes comunes, sempiterno motor del progreso, podr&iacute;a llegar a borrar su propia sustentabilidad.</strong> El mundo patriarcal en el que nos movemos es el estandarte de ese olvido, de esa ignorancia que nos pone al borde de nuestra propia muerte, prometi&eacute;ndonos soluciones m&aacute;gicas emanadas de las mismas plataformas tecnol&oacute;gicas que nos trajeron a esta instancia. El universo patriarcal, monotem&aacute;tico hasta el tedio, concibe al planeta como una perniciosa fuente binaria. <strong>Por un lado, el saqueo indiscriminado de recursos. Por el otro, un gran dep&oacute;sito de deshechos no reciclables. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un acelerado &ldquo;ir por m&aacute;s&rdquo; dentro del mismo camino tan&aacute;tico. Avanzar hacia la acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n desde hace quinientos a&ntilde;os, precisamente cuando los pueblos originarios de Am&eacute;rica, usados como fuerza esclava de ese progreso, ya comenzaban a alertarnos con un sencillo discurso que impresiona por su sabia coherencia: <em>No queremos vivir mejor, queremos vivir bien. Ning&uacute;n humano es due&ntilde;o de su madre, la Pachamama. La naturaleza no se maltrata, se cuida y se respeta. No hay derechos humanos cuando la naturaleza no es un sujeto a derecho.</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta formulaci&oacute;n conjuga un elemento ausente en los modos de producci&oacute;n actuales: <strong>una &eacute;tica del cuidado</strong>. Una &eacute;tica de la preservaci&oacute;n, de la contenci&oacute;n, tanto da si ata&ntilde;e a los seres humanos, a las multiespecies que componen el planeta o a todo lo que genera vida. <strong>El tema es: &iquest;qui&eacute;n nos cuida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Qui&eacute;n nos cuida&hellip; llegu&eacute; a esta pregunta en los comienzos de la pandemia. Hacia abril de 2020 un grupo de amigos decidimos hacer reuniones por Zoom que trataran temas de actualidad. Entre ellos hab&iacute;a reconocidos acad&eacute;micos, intelectuales, artistas. En una de esas reuniones arribamos a la apor&iacute;a de la pandemia. Ninguno de ellos se preguntaba c&oacute;mo hab&iacute;amos llegado hasta aqu&iacute;. Parec&iacute;a no importar la causa, solamente la salida, la huida hacia el futuro. <strong>Hasta que uno, acaso el m&aacute;s reconocido de todos, el de m&aacute;s renombre internacional, hizo una larga ponencia llena de nombres ilustres, c&iacute;rculos &aacute;ulicos del saber internacional y lleg&oacute; a una despampanante conclusi&oacute;n: lo &uacute;nico que nos puede salvar es la vacuna.</strong> Un salir por la tangente, un ignorar los or&iacute;genes en boca de alguien que siempre se hab&iacute;a declarado marxista. Y el marxismo, salvo honrosas excepciones -como el polit&oacute;logo Elmar Altvater, basado en las tesis de Rosa Luxemburgo- vaticin&oacute; que el capitalismo (o el planeta) iban a colapsar cuando se agotara la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Dej&eacute; las reuniones y comenc&eacute; a pensar por mi cuenta. Revis&eacute; mis libros con la aspiraci&oacute;n de encontrar alg&uacute;n pensamiento que me trajera consuelo. El consuelo de entender. Volv&iacute; a cuatro autoras. Eran quienes pod&iacute;an se&ntilde;alar otra salida que no fueran las consabidas apor&iacute;as tecnol&oacute;gicas, demasiado ociosas o conformistas como para pensar otro camino que el actual. Organic&eacute; un taller de lecturas feministas, amparado por el cuidado del FILBA y sus organizadoras, todas mujeres entusiasmadas con el tema. 
    </p><p class="article-text">
        El taller llevaba el nombre de mi desesperaci&oacute;n: <strong>&iquest;Qui&eacute;n cuida y restaura lo da&ntilde;ado?</strong> Durante meses nos sumergimos en los postulados de Rita Segato, Donna Haraway, Silvia Federici y Naomi Klein, <strong>aprendiendo que el mundo no era el que conocemos sino una entidad ancha y ajena que nos cobija junto a especies que cohabitan con nosotros y no son precisamente humanas</strong>. A trav&eacute;s de la com&uacute;n lectura, dura de digerir, pero siempre dichosa, fuimos desgranando la actual postulaci&oacute;n del ecofeminismo que se da a lo largo de toda Am&eacute;rica Latina y el ambientalismo mundial de los J&oacute;venes por el Clima. Casi siempre al borde del abismo de sentir que todo es urgente, que ya no hay tiempo de volver atr&aacute;s, que los bosques seguir&aacute;n incendi&aacute;ndose y perecer&aacute;n las especies que nos mantienen vivos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, s&aacute;bado tras s&aacute;bado, amparadas por el silencio, la introspecci&oacute;n y la noci&oacute;n de que <em>s&iacute;, pod&iacute;a haber una salida</em>, se conjug&oacute; una especie de noci&oacute;n de vanguardia pol&iacute;tica. No ut&oacute;pica, sino m&aacute;s similar a lo que propon&iacute;a Eduardo Galeano: <strong>la utop&iacute;a no existe de verdad, pero nos ayuda a caminar</strong>. La convicci&oacute;n de que quienes proponen una verdadera reconversi&oacute;n de los modos de producci&oacute;n son las mujeres y los j&oacute;venes. Esta afirmaci&oacute;n no es una entelequia ni un ingenuo acto de fe. Ambos movimientos se justifican en defensa de los territorios heridos que, hoy por hoy, son las v&iacute;ctimas del patriarcado: el planeta casi en su totalidad, la agroecolog&iacute;a sin venenos o el cuerpo de la mujer. Territorios donde la f&eacute;rrea mano del patriarcado inscribe sus huellas prepotentes como si no existiera historia, comunidad, cultura o tradici&oacute;n ancestral. <strong>Como si fueran una t&aacute;bula rasa.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Existe, sobre todo en Am&eacute;rica Latina, el atisbo de una fuerza emergente que hace o&iacute;r su voz de manera progresiva. <strong>Es una conjunci&oacute;n de diferentes movimientos cuyo denominador com&uacute;n es el cuidado y la preservaci&oacute;n del planeta.</strong> Los J&oacute;venes por el Clima se acercan lentamente a las metas del ecofeminismo en sus demandas de poner un freno a la destrucci&oacute;n de la naturaleza. En nuestro pa&iacute;s la Uni&oacute;n de Trabajadores de la Tierra (UTT) tiene una rama femenina poderosa que se al&iacute;a con los reclamos ancestrales de los pueblo originarios de todo el continente. Es una voz sofocada por los medios, <strong>pero est&aacute;</strong>. No es el momento de inundar las calles, pero la conciencia se expande progresivamente. Reclaman nuevas formas de convivencia, de producci&oacute;n, de amparo, eliminan al <em>antropos</em> del centro del universo: <strong>la vida humana no es la &uacute;nica vida</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Algo puede estar naciendo en materia pol&iacute;tica. El tratamiento sobre la ley del aborto seguro y gratuito fue un leve ejemplo de ello. <a href="https://www.elcohetealaluna.com/es-fantastica-esta-fiesta/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Con sagacidad lo observ&oacute; Horacio Verbitsky en su columna semanal de El Cohete a la Luna, el 10 de enero de este a&ntilde;o.</a> Sostuvo all&iacute; que la transversalidad de los votos femeninos en pos del aborto
    </p><p class="article-text">
        &hellip; <em>implica una feminizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica que tiende a superar la polarizaci&oacute;n ciega y conectarse con los deseos y necesidades sociales por encima de la odiosidad reinante</em>. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Por cierto que esto no se refiere a la pol&iacute;tica tradicional, que algunas mujeres como Elisa Carri&oacute; y Patricia Bullrich deval&uacute;an con un estilo tan varonil como el de Micky Vainilla o Jos&eacute; Alperovich, sino al nuevo sujeto verde que desde hace cinco a&ntilde;os est&aacute; transformando el sistema pol&iacute;tico en forma tan irreversible&hellip; </em><em><strong>con una pol&iacute;tica de cuidado que se insin&uacute;a como posible paradigma program&aacute;tico en una amplia agenda de temas y con capacidad para plantarse con autoridad ante el conjunto social</strong></em><em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>El patriarcado que nos condujo a esta fenomenal crisis civilizatoria est&aacute; demostrando su radical impotencia en contenerla</strong>. Como aquel intelectual que en su desesperaci&oacute;n sosten&iacute;a que la vacuna nos iba a salvar. &iquest;Salvarnos para volver a la normalidad que nos trajo hasta aqu&iacute;? &iquest;M&aacute;s de lo mismo? Ojal&aacute; avance la marea verde. Como dijo recientemente el ex legislador de la Ciudad Pablo Bergel: &ldquo;Es la oportunidad de ir por m&aacute;s, ir por todo el orden social, imponer el cuidado y reproducci&oacute;n de la vida como valores y pol&iacute;ticas hegem&oacute;nicas.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sin remilgos, sin pudor, sin af&aacute;n prepotente me animo a afirmar que estamos pariendo una nueva vanguardia pol&iacute;tica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>GM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pariendo-nueva-vanguardia-politica_129_6825810.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Jan 2021 01:44:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La humana no es la única vida sobre el planeta que merece cuidado y preservación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi Buenos Aires descuartizada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/buenos-aires-descuartizada_129_6623463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d7b1b849-59de-4bea-8f47-0e4c79249e96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi Buenos Aires descuartizada"></p><p class="article-text">
        Durante los &uacute;ltimos casi tres lustros, la gesti&oacute;n de la ciudad de Buenos Aires le borr&oacute; a sus habitantes la memoria y la identidad de un plumazo. La obtur&oacute; con el profuso marketing de un as&iacute; llamado progreso que no persigue el bienestar general. Culmina en una imagen, un significante vac&iacute;o que brilla est&aacute;tico en una caterva de falsas promesas de gesti&oacute;n y sustituye la real dimensi&oacute;n de la irrecuperable p&eacute;rdida: <strong>el espacio p&uacute;blico</strong>. Ese espacio que nos hace participar de la diversidad en un proyecto com&uacute;n como <strong>seres pol&iacute;ticos que sienten, piensan, razonan, preservan y comparten la ra&iacute;z de un lazo social</strong>. Eso que nos convierte en <strong>una comunidad</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Entender es entender lo que est&aacute; puesto en juego&rdquo;, dec&iacute;a Hannah Arendt. Sustraernos del sentido comunitario es la ra&iacute;z de la concepci&oacute;n de progreso del extractivismo. En este caso, del <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/extractivismo-urbano-privado_129_6499949.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">extractivismo urbano</a>: acumulaci&oacute;n privada por desposesi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos. Es el despojo de lo que, por derecho, es de todos y culmina, indefectiblemente, en el acaparamiento de capital en beneficio de escasos inversores. 
    </p><p class="article-text">
        La concepci&oacute;n de &ldquo;progreso&rdquo; del extractivismo convierte a los bienes reales en bienes simb&oacute;licos. Troca valor de uso por valor de cambio. No importa la huella ecol&oacute;gica depredadora del fracking, no importan los residuos de cianuro y otros qu&iacute;micos que deja la miner&iacute;a a cielo abierto, no importa la desertificaci&oacute;n del suelo que espanta a los peque&ntilde;os agricultores engrosando las villas miseria de los centros urbanos, no importan las malformaciones gen&eacute;ticas y el c&aacute;ncer que sufren los pueblos fumigados.<strong> No importa que la costa del R&iacute;o de la Plata vaya a estar inundada en 25 a&ntilde;os... Sigamos construyendo torres a la vera de la ribera porte&ntilde;a, construcciones que, como dice Saskia Sassen: &ldquo;No importan como viviendas sino como inversiones&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En quince a&ntilde;os se construyeron 30 millones de metros cuadrados de inmuebles, estadios, centros de convenciones en la ciudad de Buenos Aires. Casi en su totalidad producto de la especulaci&oacute;n inmobiliaria. Mientras tanto, l<strong>a poblaci&oacute;n de carenciados que viven en las villas creci&oacute; un 60%</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En toda noci&oacute;n de espacio p&uacute;blico subyace la de bien com&uacute;n. Aplicado al espacio urbano, ser&iacute;a todo &aacute;mbito no-privado en el que por un per&iacute;odo de tiempo intercambian personas de diferente origen e intereses al amparo de una vaga noci&oacute;n de identificaci&oacute;n o pertenencia. Lo p&uacute;blico, lo no-ajeno est&aacute; afuera de nuestra casa y al mismo tiempo nos contiene. Es subjetividad compartida y propiedad no exclusiva. Por m&aacute;s que sea un espacio de multiplicidad identitaria, nos representa a todos. Cuando las ciudades tienen alma, est&aacute;n pobladas de lugares donde la diversidad de personas, de espacios y de tiempos diferentes se articulan para remitirnos al pasado, contenernos en el presente y proyectarnos hacia un futuro de convivencia posible. Es precisamente lo que perdi&oacute; esta Buenos Aires descuartizada por el af&aacute;n de &ldquo;ponerla en valor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sentir Buenos Aires</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi historia personal con Buenos Aires es la de <strong>un amor aprendido</strong>. Tal vez porque no se nace amando una ciudad, se la ama en retrospectiva, a partir de esos instantes de epifan&iacute;a donde el descubrimiento de una huella nos hace sentir el tiempo, la eternidad prestada del Aleph en una viejo s&oacute;tano de Balvanera. Se la ama a trav&eacute;s del descubrimiento renovado de sus atm&oacute;sferas, del aroma de los tilos en diciembre o la de las tipas lloviendo sobre el boulevard de la calle Olleros. <strong>Se la ama, sobre todo, a trav&eacute;s de las huellas del pasado.</strong> Y cuando desaparecen las huellas, se pierde el alma urbana, la reverberancia de la identidad en la que nos amparamos y nos sentimos en casa. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy solo puedo recuperar la ciudad en las im&aacute;genes que evoco. El paisaje de mi infancia, de mi adolescencia, de mi juventud y de mi temprana madurez ha desaparecido. Aquello que me conten&iacute;a se ha transformado en intemperie. Es como si hubiese perdido las partes que me constitu&iacute;an y solo pudiera recuperarlas en fragmentos de Mar&iacute;a Elena Walsh, C&aacute;tulo Castillo, Carriego, el Jorge As&iacute;s de <em>Fe de ratas,</em> tant&iacute;simos otros. Y, por supuesto, Borges. El que a los dieciocho a&ntilde;os volv&iacute;a de Ginebra y descubr&iacute;a la inefable devoci&oacute;n por algo esencialmente propio: 
    </p><p class="article-text">
        <em>&hellip; y divis&eacute; en la hondura</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>los naipes de colores del poniente</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y sent&iacute; Buenos Aires</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Tienen alma las ciudades?</strong> &iquest;Existe en el tiempo o el espacio de una ciudad un momento, una imagen, una escena en la que podemos reconocernos m&aacute;s all&aacute; de lo aleatorio del presente? &iquest;Qu&eacute; define la pertenencia sin la necesidad de apropiarnos de lo que por s&iacute; es nuestro y le pertenece a todos? El alma de una ciudad es aquello que no comparte con ninguna otra. Es su especificidad, no en el sentido de una clasificaci&oacute;n objetiva, sino en ese conjunto de im&aacute;genes, traza humana, colores, olores, paredes o idiolectos por los cuales se sabe, o m&aacute;s bien, se siente&hellip; estamos en casa. La ciudad es el ancho hogar recorrido por otros antes y despu&eacute;s. La ciudad con alma se lee con todo el cuerpo, como un gran texto en el que se comparten los trazos de la pertenencia. <strong>Cuando una ciudad tiene alma, sus habitantes son baqueanos de un territorio inconmensurable, abierto, misterioso y rec&oacute;ndito que transfiere permanentemente relatos de otras vidas: las propias, las ajenas, tanto da, porque el pasado se comparte y es tambi&eacute;n parte de cada uno.</strong> La ciudad con alma es la del aqu&iacute; vivieron. Es lo contrario al desierto, al paisaje sin testigos, a la desmemoria, al borr&oacute;n y cuenta nueva, a la p&aacute;gina en blanco. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Solastalgia, un neologismo creado por el geógrafo y filósofo australiano Glenn Albrecht, intenta explicar la inefable angustia de vivir en un territorio sacrificado por el extractivismo.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La ciudad tan celebrada por sus artistas se ha vuelto ajena. Ha perdido su existencia previa, el imaginario tangible que le confiri&oacute; car&aacute;cter, esencia y personalidad. Cobr&oacute; la impronta hueca de un lugar en su grado cero de significado, pareci&eacute;ndose a las ciudades en serie donde se lleva a turistas celosamente custodiados a contemplar la pobreza o el color local. 
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en grandes y crecientes territorios de sacrificio. En 2015 los cient&iacute;ficos participantes de la cumbre clim&aacute;tica de Par&iacute;s declararon que a la temperatura del planeta le faltaban solo 0,5 grados cent&iacute;grados para que ingres&aacute;ramos a un mundo totalmente desconocido. Con grandes sismos, inundaciones, sequ&iacute;as y, sobre todo, la destrucci&oacute;n de especies biol&oacute;gicas que hicieron posible la vida tal como la conocimos. <em>El colapso ecol&oacute;gico ya lleg&oacute;</em>, sostienen Maristella Svampa y Enrique Viale en su deslumbrante an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n actual, publicado recientemente por Siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Para referirse al extra&ntilde;amiento que produce ese mundo en el que ya vivimos, en <em>Esto cambia todo</em> Naomi Klein recurre a un concepto creado por el ge&oacute;grafo y fil&oacute;sofo australiano Glenn Albrecht. Se trata de un neologismo, <em><strong>Solastalgia</strong></em><em>,</em> que intenta explicar la inefable angustia de vivir en un territorio sacrificado por el extractivismo. Es el sentimiento de estar dentro de nuestra casa sin reconocerla. Una sensaci&oacute;n de &ldquo;ajenidad&rdquo; dentro de lo conocido que ya no nos pertenece ni nos cobija como antes. <strong>Es la p&eacute;rdida del terru&ntilde;o habitual, una suerte de habitar en la distop&iacute;a del presente sin entenderla.</strong> Una realidad corrida de su eje.
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando hablo de ruinas soy parte interesada. El sur del Bronx, donde pas&eacute; mi infancia y juventud, es hoy una de las mayores ruinas urbanas recientes despu&eacute;s de Beirut</em>. Esto escrib&iacute;a Marshall Berman en su grandioso libro <em>Todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire </em>(1982). Sus postulados urbanos est&aacute;n basados en la experiencia infantil de convivir con la permanente destrucci&oacute;n y desintegraci&oacute;n de su entorno. Desde muy temprano percibi&oacute; los cambios abruptos y los interpret&oacute; como un &uml;l&uacute;gubre proceso de acumulaci&oacute;n y destrucci&oacute;n de riqueza&uml;, tanto, que <strong>lleg&oacute; a referirse a un &ldquo;urbicidio&rdquo; </strong>para dar cuenta del asesinato de una ciudad producto de las malas pol&iacute;ticas de planeamiento que destruyen los espacios p&uacute;blicos y el tejido social urbano. La autopista dise&ntilde;ada por el urbanista Robert Moses le hab&iacute;a quebrado su infancia, le hab&iacute;a destruido ese amparo comunitario que se siente al convivir en una multiplicidad &eacute;tnica, cultural o religiosa compartiendo un destino com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y si de ruinas se trata, nuestro presente es ese &Aacute;ngel de la historia de Walter Benjamin inspirado en el famoso grabado de Paul Klee. La interpretaci&oacute;n que el fil&oacute;sofo hace del grabado es, se dir&iacute;a, el apocalipsis actual: un &aacute;ngel de azorados ojos bien abiertos mira hacia el pasado. Desde all&iacute; le llueven escombros que le van cubriendo los pies hasta las alas, de modo que ya no podr&aacute; desplegarlas nunca m&aacute;s. <strong>Del pasado sopla un feroz viento huracanado. Ese viento, ese hurac&aacute;n, dice Benjamin, es el progreso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>GM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/buenos-aires-descuartizada_129_6623463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Jan 2021 01:35:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi Buenos Aires descuartizada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciudad de Buenos Aires,Medio ambiente,Extractivismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sistema, no el aborto, es el que mata la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sistema-no-aborto-mata-vida_129_6623450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8a56d70-167a-49c5-ace0-7e9f2cea965e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El sistema, no el aborto, es el que mata la vida"></p><p class="article-text">
        <em>Eppur si muove</em> dicen que susurr&oacute; por lo bajo Galileo culminando el juicio ante el que lo hab&iacute;a convocado el Santo Oficio de la Inquisici&oacute;n por afirmar que la tierra se mov&iacute;a alrededor del sol. <em>Sin embargo, la tierra se mueve</em> dijo al abjurar de su afirmaci&oacute;n aquel 16 de febrero de 1616. Luego de una eterna persecuci&oacute;n por defender la teor&iacute;a de Cop&eacute;rnico contraria a las Sagradas Escrituras, Galileo demostraba que la tierra no era centro de nada y formaba parte de una constelaci&oacute;n infinita de planetas inabarcables. <strong>Se lo acus&oacute; de hereje y se lo conden&oacute; a prisi&oacute;n perpetua.</strong> Obedeci&oacute; el mandato de abjuraci&oacute;n a riesgo de perder su vida. En sus adentros, sab&iacute;a que desde entonces ninguna verdad cient&iacute;fica se sostendr&iacute;a a partir de la Biblia. Junto al descubrimiento de Am&eacute;rica, aquel juicio contra Galileo hace nacer la modernidad: el mundo comenzar&iacute;a a moverse hacia el futuro. Al C&eacute;sar lo que es del C&eacute;sar, a dios lo que es de dios.
    </p><p class="article-text">
        Fueron laber&iacute;nticos, aberrantes los argumentos que la iglesia le impuso a Galileo. Basado en sus observaciones y su experiencia, el cient&iacute;fico pon&iacute;a en jaque a la autoridad religiosa. Dec&iacute;a que el hielo flota porque es m&aacute;s ligero que el agua. Sus opositores refutaban: <strong>el hielo flota</strong> <strong>porque su naturaleza es flotar</strong>. Como arma teol&oacute;gica contra Galileo, sus opositores utilizaban el pasaje b&iacute;blico del&nbsp;<em>Libro de Josu&eacute;</em>&nbsp;donde se afirma que&nbsp;Josu&eacute;&nbsp;detuvo el movimiento del Sol y de la Luna. &ldquo;Y tan her&eacute;tico ser&iacute;a como quien dijera que Abraham no tuvo dos hijos y Jacob doce, o quien dijera que Cristo no naci&oacute; de Virgen&rdquo;, dec&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        La escisi&oacute;n de la fe y la raz&oacute;n hab&iacute;a comenzado con Descartes hacia la&nbsp; misma &eacute;poca. Hoy sabemos que aquella eliminaci&oacute;n de la fe del conocimiento cient&iacute;fico tambi&eacute;n signific&oacute; la apropiaci&oacute;n epistemol&oacute;gica de la naturaleza, la acumulaci&oacute;n originaria del capitalismo, la colonialidad del poder y la cacer&iacute;a de brujas. Fue el comienzo del sexo limpio entre s&aacute;banas limpias y la eliminaci&oacute;n de las parteras por galenos autorizados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los actuales debates sobre el aborto traen reminiscencias de aquellos tiempos.</strong> Provocan el mismo estupor. Quienes defienden el pa&ntilde;uelo celeste vociferan, cruz en mano, estar defendiendo la vida mientras citan juicios acad&eacute;micos abstrusos segun los cuales la vida, (solo se refieren a la vida humana) nacer&iacute;a con la uni&oacute;n del &oacute;vulo y el espermatozoide. Rasg&aacute;ndose las vestiduras, sostienen integrar &ldquo;el partido de la vida&rdquo;. Como si esa vida, en su gigantesca dimensi&oacute;n de misterios insondables, estuviera puesta en juego por quienes defendemos el aborto no punible. <strong>Como si fu&eacute;ramos asesinos.</strong> Como si la vida de las miles de mujeres que abortan, la vida de miles de adolescentes violadas, la vida en la miseria de millones de ni&ntilde;os condenados a la indigencia para siempre, como si esa vida fuera digna de vivirse. Defienden &ldquo;la vida&rdquo;, una palabra tan amplia, y suponen que vida, en sus dimensiones reales, es un conjunto de c&eacute;lulas sin autonom&iacute;a, ni f&iacute;sica ni moral ni de arbitrio. Defienden la fertilizaci&oacute;n asistida que, seg&uacute;n Rita Segato, es peor que el aborto porque &ldquo;miles de personitas que no se eligen van directamente a la basura&rdquo;. <strong>El aborto punible no es la protecci&oacute;n de la vida del ni&ntilde;o, es el control del cuerpo de la mujer.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿A ese mundo queremos volver? El sistema, no el aborto, es el que mata la vida.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>Para la mayor&iacute;a de quienes tomaron en estos d&iacute;as la palabra en el Senado de la Naci&oacute;n las mujeres somos la carne crecida alrededor de un &uacute;tero. Una m&aacute;quina de fabricar argentinitos que se enciende a los 10 a&ntilde;os y se apaga cuando el se&ntilde;or lo decida</em>&nbsp; (una tuitera indignada).
    </p><p class="article-text">
        Se habla mucho, much&iacute;simo de la vida en estos d&iacute;as banales. Como si fuera una entelequia. En este planeta desquiciado se sigue poniendo al <em>antropos</em> en el centro de la creaci&oacute;n, como si el sol, igual que en tiempos de Galileo, siguiera girando alrededor de &eacute;l. Como si el paternalismo reclamara para s&iacute; la &uacute;nica superioridad moral posible en esta tierra. Como si el poder de dominio sobre mujeres, territorios y especies biol&oacute;gicas fuera la &uacute;nica forma de seguir subsistiendo en un mundo colapsado. <strong>&iquest;A ese mundo queremos volver? El sistema, no el aborto, es el que mata la vida. La Argentina, en su af&aacute;n de conseguir los d&oacute;lares que hoy duermen en para&iacute;sos fiscales, es un paradigma en materia de no hacerse cargo de la vida.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Avanzan las ominosas factor&iacute;as porcinas (prohibidas en Alemania y Holanda, por los estragos que provocaron en materia de contaminaci&oacute;n y salubridad). El Estado acaba de autorizar, &uacute;nico pa&iacute;s en el mundo, la aplicaci&oacute;n del trigo transg&eacute;nico. M&aacute;s de mil cient&iacute;ficos del Conicet y de treinta universidades p&uacute;blicas<strong>&nbsp;</strong>nacionales expresaron su rechazo al trigo HB4, creado por la bioqu&iacute;mica Raquel Chan y la empresa&nbsp;Bioceres-Indear. En una carta abierta al gobierno nacional, acad&eacute;micos de todo el pa&iacute;s cuestionaron la nueva semilla, que impactar&aacute; directamente en la mesa de la ciudadan&iacute;a: porque el trigo es la base del pan. &ldquo;<em>Este modelo de agronegocio es causante principal de las p&eacute;rdidas de biodiversidad, que no resuelve los problemas de la alimentaci&oacute;n y que amenaza adem&aacute;s la salud de nuestro pueblo confrontando la seguridad y la soberan&iacute;a alimentaria&rdquo;,</em> expresaron los cient&iacute;ficos en el manifiesto. En este plan siniestro, se autoriz&oacute; la aplicaci&oacute;n del peligroso agrot&oacute;xico glufosinato de amonio. Medio pa&iacute;s ya tiene serios problemas de malformaciones gen&eacute;ticas con el glifosato que se usa actualmente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El fracking y la miner&iacute;a a cielo abierto se llevan el agua potable, hasta el momento un bien p&uacute;blico pero que ahora cotiza en Wall Street (y lo que no se va, queda en grandes piletas contaminadas para siempre, b&aacute;sicamente con venenos tan da&ntilde;inos como el cianuro). El Estado, generoso con las empresas, no les cobra el pasivo ambiental que, entre otras afectaciones, implican: el desaforado consumo de agua y su p&eacute;rdida para el ciclo hidrol&oacute;gico de las regiones donde se instalan; el agotamiento de las fuentes y la contaminaci&oacute;n de las napas fre&aacute;ticas; la elevada generaci&oacute;n de desechos t&oacute;xicos y dificultades para su manejo; la contaminaci&oacute;n atmosf&eacute;rica; la migraci&oacute;n de gases y sustancias del fluido hidr&aacute;ulico hacia la superficie; la contaminaci&oacute;n del suelo por derrames y flujos de retorno; los terremotos inducidos; la emisi&oacute;n de gases de efecto invernadero (metano y otros); la destrucci&oacute;n de las econom&iacute;as regionales; los irreparables costos sociales. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y, como si esto no bastara, lo m&aacute;s grave de todo: alteraci&oacute;n de la biodiversidad que hace posible la vida en el planeta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde estas mismas p&aacute;ginas nos referimos <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/extractivismo-urbano-privado_129_6499949.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al extractivismo urbano</a>, cuya proliferaci&oacute;n de cemento, tala de &aacute;rboles y eliminaci&oacute;n progresiva de superficies absorbentes provocan insalubridad creciente, disminuci&oacute;n de la calidad de vida y generaci&oacute;n de gases de efecto invernadero . <strong>Este a&ntilde;o la especulaci&oacute;n inmobiliaria lleg&oacute; al campo. Doce provincias argentinas se incendiaron al mismo tiempo en funci&oacute;n de ganar terrenos para plantar soja y construir barrios cerrados.</strong> La lista de la conflagraci&oacute;n es infinita. Las ecofeministas, los J&oacute;venes por el clima, los Defensores de la Tierra o la Uni&oacute;n de Trabajadores de la tierra lo saben en carne propia. Algo que es soberanamente ignorado en el Senado, que presta su &aacute;mbito para discutir necedades sobre cu&aacute;ndo y d&oacute;nde se inicia la vida mientras la estamos matando a nivel planetario.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Uno de los más grandes efectos del colapso actual de los ecosistemas es precisamente esta pandemia de origen zoonótico que estamos padeciendo. Dicho de manera procaz: estamos destruyendo la vida en el planeta. Nos estamos suicidando.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de 1960, la bi&oacute;loga norteamericana Lynn Margulis lanz&oacute; una idea revolucionaria sobre la evoluci&oacute;n de la vida y el origen de las c&eacute;lulas modernas. Descubri&oacute; que todo elemento vivo del planeta tierra conten&iacute;a (en diferentes conjunciones) el mismo ADN. <strong>Sostuvo que la tierra est&aacute; construida en gran medida sobre la base de c&eacute;lulas que se reproducen, toman sus nutrientes del agua y producen incesantemente residuos. Ambos entran en asociaciones ecol&oacute;gicas, en ocasiones simbi&oacute;ticas, absolutamente necesarias para el reciclado de residuos, lo cual determina que el reino celular se expanda. Margulis expone que la qu&iacute;mica de la&nbsp;atm&oacute;sfera, la salinidad de los&nbsp;oc&eacute;anos, no son fortuitas, est&aacute;n relacionadas con la respiraci&oacute;n de trillones de&nbsp;microorganismos&nbsp;que la modifican.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si destruimos ese sistema de biodiversidad, la vida del planeta, tal como la conocemos, no ser&aacute; posible. Uno de los m&aacute;s grandes efectos del colapso actual de los ecosistemas es precisamente esta pandemia de origen zoon&oacute;tico que estamos padeciendo. Dicho de manera procaz: estamos destruyendo la vida en el planeta. Nos estamos suicidando.
    </p><p class="article-text">
        El lema &ldquo;preservemos las dos vidas&rdquo; responde a aquello que Donna Haraway llama <em>la maldad de la negligencia </em>cuando se refiere,<em>&nbsp; </em>simplemente, a <strong>ese pat&eacute;tico rasgo humano de creernos el centro del universo y no sentir ninguna empat&iacute;a con ese infinito conjunto de especies que nos mantiene vivos</strong>. Ya no est&aacute; la Santa Inquisici&oacute;n como en &eacute;pocas de Galileo. Pero siguen existiendo, con una fuerza arrolladora, la estupidez y la necedad humanas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriela Massuh]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sistema-no-aborto-mata-vida_129_6623450.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Dec 2020 01:25:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El sistema, no el aborto, es el que mata la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Aborto]]></media:keywords>
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