<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Romina Paula]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/romina-paula/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Romina Paula]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1032164/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi amigo grande]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amigo-grande_129_10617150.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37596e3c-10c7-422c-9858-696d5b14e0b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi amigo grande"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una amistad poco probable, un viaje aventurero que supera toda expectativa, desencuentros y reencuentros, una noticia que termina por herir.</p></div><p class="article-text">
        No puedo recordar cu&aacute;ndo conoc&iacute; a <strong>Carlos Defeo</strong>, Carli. Imagino que habr&aacute; sido en el Sportivo teatral, la sala de <strong>Ricardo Bart&iacute;s</strong>, pero no recuerdo exactamente el contexto. Como para que nos hici&eacute;ramos amigos. Con tanta diferencia de edad. Una amistad poco probable. &iquest;Pero, por qu&eacute;? Imagino que coincidimos en fiestas, obras de teatro, en el Sportivo mismo pero me cuesta reconstruir de qu&eacute; modo o en qu&eacute; momento pas&eacute; a ir a su casa seguido y a compartir cosas con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; s&eacute; que debido a esa amistad, o por lo menos en parte, Carli vino a actuar con nosotrxs en una obra que escribi&oacute; <strong>Santiago Gobernori</strong> que se llamaba <em>Dar&iacute;o tiene momentos de soledad</em> y que ensay&aacute;bamos en la habitaci&oacute;n de Santiago en el PH que compartimos en Caballito. Ah&iacute; Carli, que era jovenc&iacute;simo a sus 35 pero era <em>el grande </em>de entre nosotros, hac&iacute;a de un artista circense que junto a <strong>Ale Ber&oacute;n</strong> y a m&iacute; yiraba por la ruta despu&eacute;s de haber desertado de un circo. En un momento, &eacute;l ten&iacute;a un mon&oacute;logo en el que dec&iacute;a <em>yo estudi&eacute; con Fern&aacute;ndez, no s&eacute; qu&eacute; estoy haciendo ac&aacute;</em>, o algo por el estilo, y era un momento c&oacute;mico porque claramente era el m&aacute;s formado y formal de entre nosotros, pero eso no lo detuvo a la hora de sumarse e improvisar como un ni&ntilde;o puertas adentro de esa habitaci&oacute;n. Estrenamos la obra en un festival del CC Ricardo Rojas en el 2002 y antes de eso hicimos un ensayo general en el patio del mismo PH al que invitamos a <strong>Javier Drolas</strong>, otro actor que entrenaba en el Sportivo en ese momento y que viv&iacute;a pared mediante, en la misma propiedad horizontal. Esa clase de arrojo.
    </p><p class="article-text">
        Al final de ese a&ntilde;o Carlos y yo planeamos un viaje. Fuimos a Retiro a sacar los pasajes para el tren a Tucum&aacute;n. No s&eacute; de d&oacute;nde habr&iacute;amos sacado la idea para esa aventura extrema. O si no extrema, por lo menos intensa. Sacamos pasaje para el 18 o el 19 de diciembre, la idea era pasar la Navidad y el A&ntilde;o Nuevo en el norte del pa&iacute;s. As&iacute; que abordamos ese tren con nuestras mochilas y ansias de aventura a cuestas. 
    </p><p class="article-text">
        Tardamos 30 horas en llegar a Tucum&aacute;n. Nada de ese trayecto fue como fantaseamos. Yo me hab&iacute;a visualizado absorta en el paisaje, expectante de poder ver media Argentina por tierra, no imagin&eacute; que la mayor parte del trayecto el tren se desplazar&iacute;a entre unos arbustos que no permit&iacute;an ver m&aacute;s all&aacute;. Y a la altura de San Nicol&aacute;s, justo antes de entrar a Rosario, es decir a un par de horas de Buenos Aires nom&aacute;s, el tren arroll&oacute; a alguien en una moto y estuvimos horas detenidos sobre las v&iacute;as, <em>hasta que terminen de sacar todo lo que qued&oacute; debajo</em>, seg&uacute;n el guarda que fue vag&oacute;n por vag&oacute;n a explicar la situaci&oacute;n. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Carli era bastante cabrón por momentos, se enojaba, o al menos conmigo, yo lo hacía enojar, no sé, no es fácil convivir, compartimos cuarto, compartimos todo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Tucum&aacute;n en diciembre hace un calor infernal. Nos alojamos en una mini habitaci&oacute;n en una pensi&oacute;n con Carli, no recuerdo mucho de la ciudad, m&aacute;s all&aacute; de la casita tucumana, la humedad y el sopor. Y a los d&iacute;as ya nos fuimos para Taf&iacute; del Valle. S&iacute; recuerdo ese ascenso por la monta&ntilde;a en el que el paisaje se modificaba tanto kil&oacute;metro a kil&oacute;metro, sobre todo la vegetaci&oacute;n, aparec&iacute;a esa selva de altura, h&uacute;meda y frondosa. Y ya en Taf&iacute; nos hicimos amigos de un grupo de franceses que estaban de intercambio en la Universidad Cat&oacute;lica de C&oacute;rdoba y plegamos el resto de nuestro viaje a ellos, primero sin quererlo y despu&eacute;s ya como decisi&oacute;n. En Taf&iacute;, se alojaron en el mismo hospedaje que nosotros y cuando nos conocimos nos confesaron que cuando vieron nuestra puerta abierta y las dos camas individuales no hab&iacute;an podido conjeturar de qu&eacute; se trataba nuestro v&iacute;nculo, hab&iacute;an dado por sentado que &eacute;ramos una pareja. Por el contrario a m&iacute; nuestro v&iacute;nculo, esa amistad, me hac&iacute;a sentir absolutamente aut&oacute;noma y poderosa: viajo con mi amigo hombre 13 a&ntilde;os mayor, &iquest;y qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Carli era bastante cabr&oacute;n por momentos, se enojaba, o al menos conmigo, yo lo hac&iacute;a enojar, no s&eacute;, no es f&aacute;cil convivir, compartimos cuarto, compartimos todo. Una noche se hab&iacute;a enojado mucho conmigo porque me hab&iacute;a visto muy pendiente de los franceses, de qu&eacute; hac&iacute;an o dejaban de hacer, hab&iacute;a estado ansiosa y a la noche, mientras cen&aacute;bamos en un restaurante, me cag&oacute; a pedos, me cant&oacute; las cuarenta y me recuerdo dici&eacute;ndole <em>no sos mi pap&aacute; para hablarme as&iacute; </em>y en ese momento su cara cambia por completo y yo no entiendo la raz&oacute;n de la transformaci&oacute;n y me hace notar que me est&aacute; sangrando la nariz, <em>te est&aacute; sangrando la nariz</em>. La pelea me hab&iacute;a hecho sangrar la nariz. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de esa noche nos acomodamos y plegar nuestro viaje al de los franceses fue una buena forma de descomprimir la convivencia entre nosotros, en varias ocasiones llegamos a compartir habitaci&oacute;n: los tres franceses, el alem&aacute;n que viajaba con ellos, Carli y yo. Una aut&eacute;ntica familia disfuncional. El viaje finalmente result&oacute; de lo m&aacute;s aventurero y superador de cualquier expectativa porque realmente era de mochila y hacer dedo y recorrer la vieja Ruta 40 de ripio a bordo de la caja de una camioneta de lugare&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Pasamos la Navidad en Cachi, en una misa en la capilla recubierta de tronco de cactus y con regalos de amigo invisible entre nuestra familia de ocasi&oacute;n; pasamos A&ntilde;o Nuevo en Iruya, una de las cosas m&aacute;s extremas que viv&iacute;, nuestra extra&ntilde;a comitiva fue invitada a la casa de una se&ntilde;ora lugare&ntilde;a, nos invitaba la comida, nosotros s&oacute;lo ten&iacute;amos que aportar la bebida, eso hicimos, compramos varias botellas de vino, llegamos a la hora citada, la se&ntilde;ora nos abre, son un grupo de evangelistas abstemios que toman jugo en vasitos descartables, nos hacen lugar en una mesa en la terraza, nos sentimos rid&iacute;culos con nuestras botellas en esa casa del se&ntilde;or.
    </p><p class="article-text">
        Unos meses despu&eacute;s tuvimos otra pelea con Carli, se enoj&oacute; porque no estuve a la altura de algo o de varias cosas, me grit&oacute; por tel&eacute;fono, yo tambi&eacute;n me enoj&eacute;, o me ofend&iacute;, no hablamos por un tiempo, despu&eacute;s nos arreglamos pero la amistad se diluy&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Fui a verlo actuar algunas veces en estos a&ntilde;os, recuerdo particularmente su trabajo en <em>Estado de ira</em>, de <strong>Ciro Zorzoli</strong>. No llegu&eacute; a verlo en la que estaba haciendo ahora, la nueva de Bart&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Carli muri&oacute; el s&aacute;bado pasado, a los 57, durmiendo en su cama.
    </p><p class="article-text">
        En la &eacute;poca en la que nos ve&iacute;amos Carli siempre andaba atemorizado por la muerte temprana y s&uacute;bita de su padre, que muri&oacute; de un paro a los 36, si no me equivoco. Porque en la &eacute;poca en la que nos ve&iacute;amos Carli estaba cerca de cumplir esa edad y siempre estaba atemorizado por ese legado.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un duelo nuevo reactiva todos, siento, esos otros duelos con los que se aprende a convivir, pero que ni se apagan ni desaparecen</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tuvimos un &uacute;ltimo reencuentro en Ca&eacute;n, una ciudad a dos horas de Par&iacute;s. Carli estaba ah&iacute; haciendo funciones de una obra de <strong>Copi </strong>dirigida por <strong>Marcilla Di Fonzo Bo</strong> y de casualidad yo estaba en la misma ciudad dirigiendo un semimontado de una obra de <strong>Santiago Loza</strong>. Me acompa&ntilde;aba mi mam&aacute; que me ayudaba con mi hijo Ram&oacute;n que ten&iacute;a dos a&ntilde;os entonces, los del teatro nos hab&iacute;an prestado una casa para lxs tres. Una tarde salimos a pasear con Carlitos, Ram&oacute;n, mi mam&aacute;, Carli empujaba ese carro con el ni&ntilde;o y una vez m&aacute;s y en otro lugar, fuimos una familia, esta parec&iacute;a una tipo si se la ve&iacute;a de afuera pero claro, no. Esta fue siempre nuestra familia teatral, una distinta y rara y an&aacute;rquica.
    </p><p class="article-text">
        El domingo me enter&eacute; de la muerte de Carli por Santi Gobernori que me escribi&oacute; desde Madrid. Me dijo que se enter&oacute; de lo de Carli y pens&oacute; en m&iacute;. Qu&eacute; de Carli, le pregunt&eacute; yo, ya temiendo lo peor. Santi lament&oacute; haberme dado la noticia, a m&iacute; me pareci&oacute; apropiad&iacute;simo en nuestra narrativa personal. Y ah&iacute; como que algo se me bloque&oacute;. Y descubr&iacute; una especie de mecanismo de bloqueo interno que es el de asimilar la noticia como si fuera una noticia y no tuviera que ver conmigo y no me pudiera herir. Carli, hace mucho que no lo ve&iacute;a, mir&aacute; vos. Pero esta vez ya no pude hacer ese bloqueo del todo, la muerte de Carli se instal&oacute; con fuerza y reclama estoica su cuota de dolor. Veo las fotos y comentarios de sus amigos en FB. Me siento cerca de cada uno de ellos. Un duelo nuevo reactiva todos, siento, esos otros duelos con los que se aprende a convivir, pero que ni se apagan ni desaparecen.
    </p><p class="article-text">
        Porque, como dice la poeta <strong>Clara Muschietti</strong> en <em>Podr&iacute;a llevar cierto tiempo:</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cuando algo importante se cae, se vuelve a caer todo lo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>importante que se cay&oacute; en el pasado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amigo-grande_129_10617150.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Oct 2023 03:01:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/37596e3c-10c7-422c-9858-696d5b14e0b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3565241" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/37596e3c-10c7-422c-9858-696d5b14e0b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3565241" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Mi amigo grande]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/37596e3c-10c7-422c-9858-696d5b14e0b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Romina Paula,Ricardo Bartís,Carlos Defeo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hamburgo III: el fondo del mar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hamburgo-iii-fondo-mar_129_10578433.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15d30f22-c839-4069-b08c-bffdc941bdf2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hamburgo III: el fondo del mar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tercera y última entrega del diario de una filmación atravesada por celulares que chillan alertando sobre peligros inminentes y la emoción de una visita al Mar del Norte con melancólicas reminiscencias.</p></div><p class="article-text">
        En septiembre pas&eacute; dos semanas en Hamburgo participando como actriz en la primera etapa de rodaje de una nueva pel&iacute;cula de <strong>Laura Bierbrauer</strong>. Escrib&iacute; acerca de eso en mis &uacute;ltimas dos columnas. Aqu&iacute; va la tercera y &uacute;ltima.
    </p><p class="article-text">
        Ya de regreso hace un par de semanas, cada tanto a&uacute;n tengo ramalazos de sensaciones hamburguesas: el tama&ntilde;o de algunos &aacute;rboles, que llevan cientos de a&ntilde;os de pie en esa tierra, la profundidad imposible de fotografiar de la magnitud del puerto con sus gr&uacute;as y kilos y metros de acero y aluminio, los colores de los containers, ah&iacute; del otro lado del Elba; las rosas y flores que crecen como yuyos por entre las baldosas, incluso en el centro de la ciudad y que nadie se toma el trabajo de cortar o quitar porque en un par de meses ser&aacute;n sepultadas por la nieve. Hasta que el a&ntilde;o que viene otra vez la planta, otra vez la flor. En casi todas partes crece flora salvaje: flores, yuyos, enredaderas, frente a negocios, sobre edificios, junto a las mesas del bar. No habr&iacute;a pensado que el alem&aacute;n fuera a dejar la planta crecer libremente y, sin embargo, el de esta ciudad parece que s&iacute; y adem&aacute;s, lo dicho: ya pronto morir&aacute;n. As&iacute; que acaso les alegre ver ese verde surgir, a sabiendas de que habr&aacute; meses y meses en los que nada sobrevivir&aacute; a la intemperie.
    </p><p class="article-text">
        Una ma&ntilde;ana camino por una de esas calles camino a la locaci&oacute;n, la casa de mi compa&ntilde;ero Gerd junto a la estaci&oacute;n de tren Altona, y de repente el tel&eacute;fono dentro de mi bolsillo hace el sonido m&aacute;s ensordecedor, un sonido que nunca le o&iacute; y que al mismo tiempo se reproduce en el aire, en todos los tel&eacute;fonos del mundo. Lo saco de mi bolsillo en estado de shock y veo que, adem&aacute;s del sonido infrahumano, hay, sobre la pantalla, un mensaje en alem&aacute;n que incluye el emoji de cuidado o de atenci&oacute;n, el del triangulito amarillo con un signo de admiraci&oacute;n negro dentro. En p&aacute;nico oprimo el bot&oacute;n y el sonido y la leyenda desaparecen. &iquest;Pero, y ahora qu&eacute;? &iquest;De qu&eacute; peligro hab&iacute;a querido advertirme el tel&eacute;fono? 
    </p><p class="article-text">
        Miro a la gente a mi alrededor y todo parece m&aacute;s o menos normal, aunque: unos muchachos que est&aacute;n haciendo una mudanza recurren a sus celulares que tambi&eacute;n chillan dentro del cami&oacute;n y una anciana que camina a mi lado revisa su cartera sin poder dar con eso que chilla. &iquest;Qu&eacute; fue lo que pas&oacute;? Instintivamente miro al cielo. &iquest;Un ataque a&eacute;reo? No pareciera. La guerra de Rusia sucede muy cerca de ac&aacute;. La guerra en Rusia ac&aacute; tiene una presencia constante. Se habla de ella todos los d&iacute;as, est&aacute; constantemente en las televisiones y en las radios. Es una realidad muy concreta, diaria y cercana. Adem&aacute;s, en casi todas las ciudades alemanas hay una nueva inmigraci&oacute;n, la ucraniana, que ya est&aacute; siendo completamente incorporada. Bueno, completamente. Tambi&eacute;n como cosa concreta y diaria, cotidiana. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando llego al rodaje me explican que el sonar &eacute;se es un nuevo sistema que implementaron despu&eacute;s de que el a&ntilde;o pasado murieran muchas personas en inundaciones porque no se lleg&oacute; a avisarles que deb&iacute;an evacuar. Ahora parece que desarrollaron este sistema de sonar para alertar a la gente de peligros inminentes. Me cuenta Mauri, el sonidista, que ya le pas&oacute; de despertar un domingo con ese sonido infernal en el tel&eacute;fono que les advert&iacute;a de una explosi&oacute;n en el puerto y del radio que pod&iacute;a ser afectado por las emanaciones y que hab&iacute;a que desalojar. En esta ocasi&oacute;n lo que hab&iacute;amos recibido en nuestros tel&eacute;fonos era un simulacro anual. Aparentemente en el medio del mensaje en alem&aacute;n dec&iacute;a que esta vez no hab&iacute;a ning&uacute;n peligro inminente.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos dos d&iacute;as libres y Gerd nos invita a pasarlos a su casa en el bosque. O m&aacute;s bien, en el bosque literalmente porque hay varias caba&ntilde;itas y motorhomes desperdigadas por entre los &aacute;rboles que se podr&iacute;an usar para pasar la noche. Su mujer y &eacute;l ya fueron el d&iacute;a anterior as&iacute; que Philipp (el asistente de direcci&oacute;n), Laura y yo partimos a primera hora de la tarde a bordo del Volvo rojo vintage de la mam&aacute; de Philipp hacia Odderade, el paraje en el que tienen el campo Nadia y Gerd. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En ese mismo campo, una vez al año, hacen un festival de cine documental al aire libre, la gente asiste con sus carpas, asan salchichas durante días, beben cerveza y se bañan en las aguas turbias de la laguna mientras miran películas sin parar. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El campo queda a hora y media hacia el noroeste saliendo de Hamburgo, en direcci&oacute;n al Mar del Norte. Es ya la porci&oacute;n m&aacute;s n&oacute;rdica de Alemania, cerca de Dinamarca, y el paisaje de esa zona empieza a tener esa impronta, eso dicen, nunca estuve en Dinamarca. Y sin embargo, desde la lectura, de alg&uacute;n modo s&iacute;. Pienso, particularmente en <em>Hamlet </em>y en <em>El jinete del caballo blanco (Der Schimmelreiter) </em>de <strong>Theodor Storm</strong>, un escritor del siglo XIX que si bien ahora es alem&aacute;n, naci&oacute; en ese territorio del norte que a&uacute;n pertenec&iacute;a a Dinamarca en ese momento. Le&iacute;mos la novela del jinete en la secundaria y leo ahora que pertenece al per&iacute;odo realista pero a m&iacute; esa historia llena de patetismo y pasiones se me imprimi&oacute; m&aacute;s <em>Sturm und Drang</em> que realista, como el joven Werther de Goethe, toda gente dispuesta a morir por ideales o amor. En la novela de Storm (que se llama tan parecido a <em>Sturm</em>, que es tormenta), el joven Hauke Haien se convierte en el conde del dique de su regi&oacute;n y combate contra la superstici&oacute;n de los pobladores a la hora de construir un nuevo dique que permitir&aacute; contar con m&aacute;s tierra f&eacute;rtil para sembrar. Consigue imponerse y construir un nuevo dique pero el antiguo no es reemplazado del todo y un buen d&iacute;a se presenta una tormenta descomunal y &eacute;l se niega a perforar su dique nuevo para evitar que el viejo se rompa, el mar destruye el dique viejo, el mar entra con toda su fuerza en la tierra ganada y se lleva todo, incluyendo al conde, su hija y su mujer. Este es el relato pero toda la novela tiene un clima l&uacute;gubre, muy pregnante, que se lleva todo puesto, como el mar, ese dramatismo, como en <em>Hamlet</em>, la niebla, la escarcha, la desolaci&oacute;n del mar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El campo del viejo Gerd no est&aacute; sobre la costa pero cerca, y tiene en su predio una laguna y varios laguitos, &aacute;rboles de todo tipo y tama&ntilde;o, pavos, gallinas y cabras que andan sueltas, todas de pelo de rastas, sin esquilar. En ese mismo campo, una vez al a&ntilde;o, hacen un festival de cine documental al aire libre, la gente asiste con sus carpas, asan salchichas durante d&iacute;as, beben cerveza y se ba&ntilde;an en las aguas turbias de la laguna mientras miran pel&iacute;culas sin parar. Gracias a las sobras de ese festival comemos y bebemos esa noche y conversamos junto a una fogata demencial. Despu&eacute;s con Laura dormimos en una casita pr&aacute;cticamente sobre el lago, en nuestras bolsas de dormir, y lo que podr&iacute;a haber sido una noche hostil en medio de la naturaleza resulta una noche de descanso absoluto junto a un despertar de ventanal hacia el para&iacute;so.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente hacemos una caminata por el bosque hasta un tilo de cinco dedos, as&iacute; llaman a un tilo monumental en medio del bosque, en torno al cual montaron una leyenda de un hombre injustamente condenado cuyo esp&iacute;ritu renaci&oacute; en forma de mano abierta, para probar su inocencia desde el m&aacute;s all&aacute;. Y por la tarde Philipp, en el Volvo vintage de su mam&aacute;, nos lleva hacia el Mar del Norte, no quepo en m&iacute; de la emoci&oacute;n, nunca se me ocurri&oacute; fantasear con conocerlo, me vuelven esas lecturas anhelantes de la adolescencia, voy a conocer las tierras del Deichengraf (el conde del dique que cometi&oacute; <em>hybris </em>&nbsp;y sucumbi&oacute;). Voy a conocer el Mar de Frisia, el Wattenmeer, una regi&oacute;n en la que el mar se retira durante horas cuando baja la marea y se puede caminar sobre el fondo del mar por kil&oacute;metros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para empezar el dique no es tan impresionante. No, claro, la propuesta justamente es que fuera gradual para tener una forma m&aacute;s org&aacute;nica que contenga al mar sin ofrecer resistencia. A su vez, el dique est&aacute; cubierto de pasto verde que es comido por ovejas que pastan. Al otro lado del dique, una inmensa extensi&oacute;n de mar sin mar. All&aacute; adelante y bien a los lejos, se adivina el agua, pero ac&aacute; no est&aacute;. Ac&aacute; qued&oacute; el fondo de mar que ahora podemos recorrer descalzos. En el fondo de este mar la arena tiene forma ondulada, una trama de arena con forma de ondas, de ondulaci&oacute;n. Tambi&eacute;n muchos poros de seres que respiran ah&iacute; debajo y de otros que hacen unos mont&iacute;culos de tiritas de forma de gusano que se enterr&oacute;. La superficie por momentos ya se ha secado bastante y ofrece resistencia a los pasos y por otra tiene textura de arena movediza y el pie se hunde profundo en esa arena gris oscuro casi negra. Tambi&eacute;n hay mucho viento pero brilla el sol, as&iacute; que se puede estar.
    </p><p class="article-text">
        Nunca habr&iacute;a fantaseado en la adolescencia, sumergida en la melancol&iacute;a del romanticismo, del alem&aacute;n y del otro tambi&eacute;n, con estar de pie sobre este fondo y mucho menos que la ficci&oacute;n fuera la raz&oacute;n, la de filmar una pel&iacute;cula del otro lado del oc&eacute;ano con el cerebro por siempre quebrado de dos idiomas dos. Las horas son muy precisas en t&eacute;rminos de marea y si uno se distrajera o caminara demasiado hacia adentro por esta superficie lunar, el regreso del agua podr&iacute;a sorprenderlo, cuando vuelve para reocupar el espacio que le pertenece.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hamburgo-iii-fondo-mar_129_10578433.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Oct 2023 03:01:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/15d30f22-c839-4069-b08c-bffdc941bdf2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="269781" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/15d30f22-c839-4069-b08c-bffdc941bdf2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="269781" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hamburgo III: el fondo del mar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/15d30f22-c839-4069-b08c-bffdc941bdf2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hamburgo II: la vida de prestado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hamburgo-ii-vida-prestado_129_10538326.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59d801da-d9d1-4d49-913a-8b8bd6110d44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hamburgo II: la vida de prestado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Los rodajes son como una pequeña vida de prestado dentro de la nuestra", escribe la autora en una bitácora que alterna escenas domésticas y recuerdos lejanos.</p></div><p class="article-text">
        Ni por d&oacute;nde empezar, s&eacute;. Que los rodajes son como una peque&ntilde;a vida de prestado dentro de la nuestra que tiene bastante de prestado tambi&eacute;n, ya lo sab&iacute;a yo. Pero si adem&aacute;s es en otro pa&iacute;s, es una vida de prestado dentro de otra vida de prestado dentro de la propia que es la del pr&eacute;stamo m&aacute;s largo. Y si encima se filma en la casa real de una persona real, la sensaci&oacute;n de enajenaci&oacute;n y sumergimiento en un otro es a&uacute;n mayor.
    </p><p class="article-text">
        El documentalista alem&aacute;n con el que vine a actuar/interactuar se llama <strong>Gerd Roscher</strong> y tiene 80 a&ntilde;os. Estudi&oacute; filosof&iacute;a y despu&eacute;s empez&oacute; a dar clases en la HFBK, la escuela superior de Bellas Artes de Hamburgo, que no tiene curr&iacute;cula y a la que se aplica con un proyecto. Tambi&eacute;n hizo sus propias pel&iacute;culas a lo largo de todos estos a&ntilde;os, sobre todo documentales. Ahora filmamos en su casa como si fuera Buenos Aires porque es m&aacute;s f&aacute;cil moverme a mi que a &eacute;l, que vive con su su mujer. Con ellxs tambi&eacute;n vive la hija de ambos, que acaba de terminar la secundaria. Ellxs en el &uacute;ltimo tiempo viven m&aacute;s que nada en una casa en el bosque, muy cerca del Mar del Norte. En esa misma casa se organiza un festival de cine documental cada verano. Este a&ntilde;o se hizo un par de semanas antes de mi visita, por eso a&uacute;n hab&iacute;a salchichas y cervezas, que pudimos degustar. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En ambas casas, la del bosque y la de Hamburgo, reina un caos muy particular y propio de esa familia.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el equipo de filmaci&oacute;n somos s&oacute;lo 6 personas: la directora, el Df, el sonidista, el asistente, Gerd y yo. En la casa, de todos modos, est&aacute;n siempre Nadia, su mujer, y la mayor&iacute;a de las veces, del otro lado del durlock, en su propio cuarto, se mueve la hija. M&aacute;s un gato que anda desorientado, dice Nadia, porque hace poco se le muri&oacute; el hermano gato y el compa&ntilde;ero perro Pinto, un labrador gigante y anciano con rastas que fue el perro de compa&ntilde;&iacute;a de todos durante muchos a&ntilde;os. Nadia dice que ahora el gato anda desconcertado porque no tiene con qui&eacute;n jugar. Al mismo tiempo, en la casa, dos conejos, uno gris y otro blanco y negro, comen hierbas en sus jaulas, mientras el gato los mira, en busca de nuevos amigos. Los conejos, que son dos machos, cuenta Nadia, fueron rescatados por ella y su hija, porque sino se los iban a comer. Pertenec&iacute;an a un hombre del campo que muri&oacute; y remataban a los animales y ellas salvaron a estos dos. Ellas, ambas, son veganas, defensoras y amantes de los animales. En la casa de campo, los faisanes y las cabras andan libres y se pasean por la cocina y reciben queso de desayuno.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a que visit&eacute; el campo, a la entrada de la cocina hab&iacute;a una gran c&aacute;scara de sand&iacute;a toda comida con huellas de pico parejo, devorada por ese equipo animal. Las cabras, al igual que el perro Pinto, que s&oacute;lo pude ver en fotos, llevan el pelo largo en forma de rasta, porque nadie se los va a cortar. En ambas casas, la del bosque y la de Hamburgo, reina un caos muy particular y propio de esa familia. Gerd no ve mucho, o ve poco, no se sabe bien qu&eacute; ni cu&aacute;nto ve. De repente parece no ver cosas que est&aacute;n claramente cerca suyo pero luego s&iacute; parece ver cosas muy peque&ntilde;as, no me qued&oacute; para nada claro exactamente qu&eacute; ni cu&aacute;nto puede ver; s&iacute; me qued&oacute; clar&iacute;simo que no tiene intenci&oacute;n de hacer algo al respecto a saber, operarse o por lo menos usar gafas, nada de eso parece estar en su horizonte de acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Nosotrxs, entre medio y en medio de todo eso, de esa intimidad familiar, vamos filmando una pel&iacute;cula. Ellos nos abren todo, se ofrecen tal como son. Gerd act&uacute;a conmigo, hace un poco de s&iacute; mismo, yo tambi&eacute;n. S&oacute;lo que en alem&aacute;n, que es mi primera segunda lengua, la lengua materna en el sentido m&aacute;s literal, en la que decidi&oacute; hablarme siempre mi madre, hasta el d&iacute;a de hoy. As&iacute; que hago de un <em>de m&iacute; misma</em> corrido, de algo que podr&iacute;a haber sido, pero no fue, pero lo es ahora un poco en esta ficci&oacute;n. &Eacute;l, a su vez, me trae a los hombres muertos de mi familia, que son casi todos, abuelo, abuelo, padre, todos muy del alem&aacute;n, ninguno tan de la palabra ni articulado como este se&ntilde;or.
    </p><p class="article-text">
        En la ficci&oacute;n hablamos sobre todo de la figura de <strong>Paul Zech</strong>, un escritor alem&aacute;n que se exili&oacute; en Buenos Aires y escribi&oacute; y muri&oacute; ac&aacute;. Gerd, a su vez, tambi&eacute;n anduvo por Buenos Aires a fines de los ochenta con la intenci&oacute;n de seguirle la pista y hacer una pel&iacute;cula sobre &eacute;l o su percepci&oacute;n de la ciudad. Y si bien a&uacute;n tiene ese material en rollos de 16 mm, nunca hizo esa pel&iacute;cula y es de alg&uacute;n modo la tarea que le hered&oacute; a Laura, la directora, que ahora va tras esa misma pista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las razones por las que emigró Zech a la Argentina son dudosas, como casi todos sus datos biográficos. Se puede entreleer, que su modo fantasioso y farsesco no encontró su lugar en la comunidad alemana, tan adepta a la precisión</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Del escritor Zech voy sabiendo que fue un gran p&iacute;caro que se las pasaba fabulando y adulteraba su biograf&iacute;a y todo tipo de cosas. Aparentemente s&iacute; fue un muy buen traductor y escritor pero en t&eacute;rminos de veracidad, no era muy de fiar. No s&eacute; a&uacute;n por qu&eacute; le fascina tanto esa figura a Gerd, acaso acabemos descubri&eacute;ndolo en esta pel&iacute;cula que se maneja en una doble temporalidad: &eacute;sta, la nuestra, y la de Zech.
    </p><p class="article-text">
        Pienso que acaso haya una pista en una vida al margen de lo burgu&eacute;s, cosa que parece dif&iacute;cil de imaginar para nosotrxs ac&aacute; cuando pensamos en un alem&aacute;n en Alemania hoy. Pero si hay algo que se me hace patente en estos d&iacute;as con Gerd y su familia es que ese modo de habitar el mundo que ellos practican, y sin hacer discursos al respecto, est&aacute; bastante al margen de lo burgu&eacute;s. En la casa, las cosas, los objetos, parecen tener una vida propia, no se limpia, no se ordena, o s&oacute;lo un poco; mucho menos se le paga a alguien para hacerlo, se usa lo que se necesita en el momento en el que se lo necesita y ya. La misma decisi&oacute;n de no usar anteojos, o algo que le ayude a ver mejor, siendo director de cine, siento que tiene que ver con ese modo de vivir tambi&eacute;n, el de las cosas como van siendo, al margen de la productividad. El departamento mismo en el que viven en Hamburgo est&aacute; en una f&aacute;brica de productos para pelo expropiada en los &lsquo;80s. En ese momento la ocup&oacute; una comunidad de artistas y ah&iacute; siguen hasta hoy.
    </p><p class="article-text">
        Las razones por las que emigr&oacute; Zech a la Argentina son dudosas, como casi todos sus datos biogr&aacute;ficos. Se puede entreleer, que su modo fantasioso y farsesco no encontr&oacute; su lugar en la comunidad alemana, tan adepta a la precisi&oacute;n. Lo cierto es que por sus textos, tampoco ac&aacute; termin&oacute; sinti&eacute;ndose a gusto. Un hombre al margen de todo sistema, probablemente tambi&eacute;n eso haya seducido a Gerd, de esta figura tan ambigua e inclasificable.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hamburgo-ii-vida-prestado_129_10538326.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Sep 2023 03:37:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/59d801da-d9d1-4d49-913a-8b8bd6110d44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="328565" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/59d801da-d9d1-4d49-913a-8b8bd6110d44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="328565" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hamburgo II: la vida de prestado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/59d801da-d9d1-4d49-913a-8b8bd6110d44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritura,Hamburgo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desde un jardín de Hamburgo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/jardin-hamburgo_129_10499417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/682469df-3f65-4b77-a962-93bdbcef6b04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desde un jardín de Hamburgo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El recuerdo de Silvia Luna, la jovencita que firma y sonríe con desenfreno a la salida de Gran Hermano sin desconfiar en esa multitud que, años después, "la despedazará como si nada".</p></div><p class="article-text">
        Escribo desde el jard&iacute;n del fondo de una planta baja de alquiler en Hamburgo. Llegu&eacute; ayer. Vine a actuar en una pel&iacute;cula de Laura, una directora alemana que est&aacute; haciendo una pel&iacute;cula en torno a la figura de <strong>Paul Zech</strong>, un alem&aacute;n que vivi&oacute; en Buenos Aires a principios del siglo XX. Hago de una artista pl&aacute;stica biling&uuml;e y me toca tener conversaciones con un documentalista que fue profesor de ella, <strong>Gerd Roscher</strong>. Traje en mi valija un sachet de leche vac&iacute;o, la jarrita pl&aacute;stica en la que se pone el sachet de leche, que al parecer es algo distintivamente argentino, un envase de detergente vac&iacute;o, una yerba, imanes para la heladera, bolsitas de pl&aacute;stico de supermercado. Filmaremos en el estudio de &eacute;l ac&aacute; en Hamburgo como si fuera Buenos Aires. Ayer estuvimos leyendo las escenas con Laura. Leemos de uno de los libros de Zech, <em>Michael M. irrt durch Buenos Aires</em>, que es un diario de &eacute;l en Buenos Aires. Es el libro que le dio Gerd a Laura, la directora, cuando ella se fue a estudiar cine a Buenos Aires. En la ficci&oacute;n, leeremos fragmentos de ese libro, conversaremos acerca de &eacute;l y del cine de Gerd, que a su vez film&oacute; en Buenos Aires. De esas capas y de algunas cosas m&aacute;s, estar&aacute; hecha la pel&iacute;cula. Hoy a la tarde conocer&eacute; al resto del equipo. Anoche cenamos ac&aacute; en el jardincito con el asistente de direcci&oacute;n, Philipp, que tambi&eacute;n es documentalista y habla un espa&ntilde;ol perfecto y tambi&eacute;n anduvo por Argentina, Chile, Bolivia y m&aacute;s. Toda una trama de alemanes curiosos y aventureros que estoy a punto de descubrir. 
    </p><p class="article-text">
        Anteayer pas&eacute; la tarde, noche y m&aacute;s a bordo de un avi&oacute;n que cruza el Atl&aacute;ntico y no hay tu t&iacute;a, todo ese rato que pasa el avi&oacute;n suspendido sobre el oc&eacute;ano se me frunce el coraz&oacute;n, no puedo entender c&oacute;mo es que estamos flotando en la nada. Como si estrellarse contra el suelo no fuera igual de poco deseable, pero algo de estar flotando entre cielo y mar me hace una fuga en el coraz&oacute;n, siento estar siendo absorbida por un agujero negro. Mi cuerpo no entiende lo que es volar, no hay modo de que me guste y no deja de ser un mal necesario o menor para llegar a ciertos sitios pero la verdad, qu&eacute; artificioso que es. Es un viaje en el tiempo, este desplazamiento, llegar tan lejos tan r&aacute;pido, invertir la estaci&oacute;n. Desembarco al final del verano, despu&eacute;s de una noche, todo lo que no es materia en mi, tarda en llegar.
    </p><p class="article-text">
        La semana anterior en Buenos Aires estuvo en t&eacute;rminos generales un poco tomada por la muerte de <strong>Silvina Luna</strong> que fue &iquest;actriz? &iquest;modelo? &iquest;conductora? &iquest;medi&aacute;tica? Famosa. Famosa de las famas m&aacute;s explosivas e insensatas, que son aquellas de los reality shows, donde encima se es famoso por uno mismo, uno mismo como personaje, famosa como Silvina Luna por tener ojos claros, ser simp&aacute;tica, comer dulce de leche y bailar el <em>meneaito</em> frente a un pu&ntilde;ado de c&aacute;maras, y no mucho m&aacute;s. Ahora todxs se desga&ntilde;itan con qu&eacute; horror lo que se le hizo, someterla tanto a un ideal de belleza que ella sintiera que ten&iacute;a que operarse, teniendo menos de 30 a&ntilde;os. Y a&uacute;n as&iacute;, no o&iacute; que nadie mencionara las cuarenta cirug&iacute;as que se hizo despu&eacute;s, en la cara, que por alguna extra&ntilde;a raz&oacute;n hicieron que pareciera veinte a&ntilde;os m&aacute;s grande, otra contraindicaci&oacute;n que nadie parece haberle mencionado. 
    </p><p class="article-text">
        Hago un recorrido por algunos momentos de su vida medi&aacute;tica. El nombre del especial de Telefe sobre la vida de Silvina fue <em>&ldquo;Una luchadora de la vida&rdquo;</em>, vaya a saber c&oacute;mo y contra qu&eacute; luch&oacute; la pobre durante su accidentada vida, pero de que la televisi&oacute;n se la llev&oacute; puesta y la devor&oacute; de a bocaditos no se puede dudar. Los videos que m&aacute;s impresi&oacute;n y tristeza me dan son los m&aacute;s viejos, los del pasaje a esta fama absurda, de un d&iacute;a para el otro, entre la entrada y la salida de <em>Gran Hermano</em>. Ver c&oacute;mo ella asume que ahora es normal firmar aut&oacute;grafos con su nombre a multitudes tan solo por haber estado expuesta a c&aacute;maras en su estado natural. Ella sonr&iacute;e y firma y firma y firma, nunca dice <em>qu&eacute; es todo esto que est&aacute; pasando, por qu&eacute; les estoy escribiendo mi nombre a esta personas en un papel,</em> lo que valdr&iacute;a para cualquier aut&oacute;grafo, pero cuando la fama se debe a una habilidad en particular, bueno quiz&aacute;s el que firma tiene una hip&oacute;tesis m&aacute;s clara acerca de lo que puede estar pasando. Pero no es tanto en esto que quer&iacute;a reparar, que tambi&eacute;n porque esa jovencita que firma y sonr&iacute;e con desenfreno no est&aacute; desconfiando para nada, se arroja a esa multitud que la despedazar&aacute; como si nada, sin ning&uacute;n tipo de escudo y lo m&aacute;s grave, y esto s&iacute; es en lo que quer&iacute;a reparar, no se ve a nadie ni cerca ni lejos de ella que tenga intenci&oacute;n de ayudarla, de cuidar, de atajarla y decir <em>no te creas demasiado nada de todo esto porque es un juego y uno peligroso y jug&aacute;lo si quer&eacute;s pero nunca te creas nada, ni un segundo de todo este ruido a tu alrededor, porque esta gente te va a devorar.</em> Ella no pudo verlo, y evidentemente nadie se lo dijo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ahora todo el circo es en torno a esa famosa operación a la que se sometió, en la que le metieron cualquier cosa, y una vez más ella en todos los programas comentando que se encontró con un psicópata</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Despu&eacute;s hay videos con todo tipo de celebridades televisivas, en la mayor&iacute;a de los casos acerca de lo &uacute;nico que se le pregunta es su estado civil, y ella cuenta, ofrecida, siempre todo de verdad, cuando tiene un novio est&aacute; contenta y muestra anillos y fotos y dice que se va a casar. Cuando no tiene novio est&aacute; triste y acaba de salir de una ruptura o dice que el amor es dif&iacute;cil y es realmente de locos el estupideo y la violencia mental a la que se la somete, a la que nos someten a todxs lxs que estamos viendo. El novio, la infidelidad, la tercera, el enojo, el casamiento, la esperanza, la familia, la separaci&oacute;n y ella siempre responde y llora en c&aacute;mara y dice <em>no estoy bien</em>, y todos siguen con sus preguntas y ella maquillad&iacute;sima, se ofrece, a cada una de esas situaciones, entregada, desprovista, sin herramientas, una y otra vez, una y otra vez. Es, realmente, cr&oacute;nica de una muerte anunciada, cada minuto, cada imagen. 
    </p><p class="article-text">
        En consonancia con esto mismo, en las ficciones en las que act&uacute;a, hace siempre de mujer linda y deseable en situaciones pat&eacute;ticas con hombres viejos y j&oacute;venes, aunque m&aacute;s viejos la verdad, que la desean y hacen complicidad con la c&aacute;mara con cara de <em>qu&eacute; buena que est&aacute;.</em> El mismo conductor que la recibe cuando ella hace su entrada &iquest;triunfal, fatal? a la casa de Gran Hermano, una vez que pas&oacute; el auto, se refiere a ella como <em>un caramelito</em>, en horario central, a c&aacute;mara, una repulsi&oacute;n. Es realmente deprimente hacer este recorrido, da la sensaci&oacute;n de acab&oacute;se, de que todo est&aacute; perdido. Despu&eacute;s ahora todo el circo es en torno a esa famosa operaci&oacute;n a la que se someti&oacute;, en la que le metieron cualquier cosa, y una vez m&aacute;s ella en todos los programas comentando que se encontr&oacute; con un psic&oacute;pata, ahora s&iacute; son conductoras mujeres que fingen todas estar indignadas con la situaci&oacute;n, qu&eacute; terrible lo que te hicieron, qu&eacute; terrible lo que te pas&oacute; y ella que sigue sin darse cuenta y no ve psic&oacute;patas en todxs ellxs, en todos nosotrxs, en cada una de esas personas que le pidi&oacute; una firma a una piba solo y solamente por haber estado en televisi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; a d&oacute;nde voy con todo esto, quiz&aacute;s lo terrible es que estuvo siempre frente a nuestros ojos y sigue estando y que si uno no hace un esfuerzo enorme para protegerse a s&iacute; mismo y a su entorno de la violencia de todo tipo y no intenta ser una misma un poco menos violenta cada vez, en todos nuestros gestos, con empat&iacute;a, con compasi&oacute;n, realmente todo se va muy al carajo, todo, vivir.
    </p><p class="article-text">
        Porque tambi&eacute;n sucede lo de Villarruel y ese acto salvaje al que convoc&oacute; y que llam&oacute; &ldquo;homenaje&rdquo;, una reivindicaci&oacute;n de lo imposible a saber, el mal, y siempre gente dispuesta ah&iacute; a adorar el mal, vaya a saber bajo qu&eacute; convicciones o relatos, pero siempre el mal, y una se dice, &iquest;pero en serio? Claro lo que habr&iacute;a que ir asumiendo entonces es que s&iacute; hay gente adoradora del mal y del sufrimiento y de hacer da&ntilde;o, que hace de eso la causa de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Es que de verdad, hay que hacer un esfuerzo enorme por combatir la oscuridad y que no inunde y no se quiera imponer y realmente creo que hay que hacerlo el esfuerzo ese y combatir, desde el sitio que cada unx pueda, con amor, con paciencia, con comprensi&oacute;n tambi&eacute;n, y por supuesto con mucha pasi&oacute;n por el lado vital de la vida, que considera e integra la posibilidad de muerte y del mal por momentos tambi&eacute;n, claro, pero como error o accidente, nunca como vocaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/jardin-hamburgo_129_10499417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Sep 2023 03:27:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/682469df-3f65-4b77-a962-93bdbcef6b04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="10175187" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/682469df-3f65-4b77-a962-93bdbcef6b04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="10175187" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Desde un jardín de Hamburgo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/682469df-3f65-4b77-a962-93bdbcef6b04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Silvina Luna,Gran Hermano Argentina,Cirugías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Según yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/segun-yo_129_10466803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9284eab-35ce-41c5-bf56-b327510594c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Según yo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Un 30% del país votó a Javier Milei. No conozco a una sola persona que haya votado a Milei, ergo no converso con ese 30% que votó a Milei". Reflexiones de la autora sobre una heroica, enardecida y tribunera, que promete espejitos de colores a la manera de cambios radicales.</p></div><p class="article-text">
        Mi hijo Ram&oacute;n dice mucho <em>seg&uacute;n yo</em>. A m&iacute; me suena raro, pero no lo corrijo. Despu&eacute;s se lo oigo decir a youtubers, entiendo que es un modismo mejicano, o acaso ellos tambi&eacute;n lo digan mal. Lo busco en el diccionario y no, no est&aacute; ni mal ni es un modismo, es algo que se puede decir perfectamente, <em>seg&uacute;n yo.</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El pifie m&iacute;o de hace dos semanas no tiene nombre. Yo que me creo conectada a algo, receptiva, abierta, siempre con la limitaci&oacute;n de clase pero igual, ando por la calle pero claro, &iquest;cu&aacute;l es la calle por la que ando? Es mayormente la calle de uno o varios barrios porte&ntilde;os bastante privilegiados, cada vez m&aacute;s, en los que andamos con el celular a mano alzada y no lo arrebatan demasiado, ni entran a supermercados ni apuntan con pistolas para obtener autos. O muy pocas veces. Hablamos con una amiga acerca de lo roto que est&aacute; el tejido social. Se dice mucho eso ahora, creo. Yo lo digo bastante, lo siento, y seguramente lo he o&iacute;do tambi&eacute;n. Tejido roto. &iquest;De lana, de piel? &iquest;C&eacute;lulas que deber&iacute;an estar unidas, hilos que se cortaron?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Estar&aacute; efectivamente roto o ser&aacute; que tiene agujeros que se pueden remendar? Mi mam&aacute; no tira casi nunca, mi mam&aacute; remienda hasta las &uacute;ltimas consecuencias. Yo uso roto, remendado, hasta que tiro. A veces es cuesti&oacute;n de zurcir, otras de soltar.
    </p><p class="article-text">
        Y coincid&iacute;amos con mi amiga, en que ya casi no se cruzan las clases sociales, no comparten espacio, no coinciden. Un 30% del pa&iacute;s vot&oacute; a Javier Milei. No conozco a una sola persona que haya votado a Milei, ergo no converso con ese 30% que vot&oacute; a Milei. Los d&iacute;as siguientes en la radio entrevistan a todo tipo de gente que s&iacute; lo vot&oacute;: no puedo decir que me caigan mal y de hecho, entiendo sus razones, que tambi&eacute;n son distintas entre s&iacute;. Mi amiga dice que consume mucho Rappi y Uber, y que siempre habla de pol&iacute;tica con ellos, y que el 100% vota y defiende su voto a Milei, con una vehemencia que a ella le cuesta objetar. Y no es la vehemencia de la violencia, es la de la persuasi&oacute;n. Mucho m&aacute;s que la de la gente que tengo alrededor que vota sin confianza a un candidato para combatir la posibilidad Milei.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n mencionamos que desde hace rato que s&oacute;lo hablamos o interactuamos con gente que piensa igual o parecido a nosotras, gente que ahora propuso salir a convencer al otro, b&aacute;sicamente de que no voten a Milei. Pero si a la gente a la que le estamos hablando ya piensa toda igual. Y esa otra que no, probablemente est&eacute; harta de este progresismo porte&ntilde;o que no se habla m&aacute;s que a s&iacute; mismo. Yo estoy desorientada, desconcertada y vislumbro que acaso sea hora de saber menos (a&uacute;n), mirar, o&iacute;r, pensar, prestar (a&uacute;n m&aacute;s) atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n desde el arte dec&iacute;amos con Tamara, &iquest;a qui&eacute;n **** le estamos hablando? &iquest;A qui&eacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Coincidimos en una feria de libros en la ciudad de Paran&aacute; el fin de semana pasado. &Eacute;ramos varixs autores que fuimos ah&iacute;, justamente, a hablar. De hecho, &uacute;ltimamente me toc&oacute; <em>hablar</em> bastante: en ferias, en entrevistas, en mesas redondas, hablamos hablamos hablamos, es hermoso el encuentro, entre nosotrxs, &iquest;pero le estamos hablando a qui&eacute;n? &iquest;Y para qu&eacute;? De m&aacute;s joven pensaba que el arte no serv&iacute;a para nada y que ese era su poder. Ya no creo que no sirva para nada, creo que es tan necesario como otras cosas, no indispensable, indispensable son poqu&iacute;simas cosas, aunque acaso indispensable tambi&eacute;n sea, pienso ahora, &iquest;qui&eacute;n ha pasado una vida sin m&uacute;sica? Probablemente casi nadie, sin m&uacute;sica no se podr&iacute;a estar. &iquest;O un cuento? A qui&eacute;n no le gusta un cuento, en forma de libro, pel&iacute;cula, serie, la novela de la tarde, la forma que tenga; sin historias casi que tampoco se puede estar.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, y sin ir m&aacute;s lejos, todo el panorama pol&iacute;tico es narrativa pura, mejor, peor, pero narrativa al fin. Y la que parece estar imponi&eacute;ndose es una heroica que promete espejitos de colores pero &iquest;c&oacute;mo no dejarse seducir por una &eacute;pica enardecida y tribunera que promete un cambio radical, el fin de los tiempos, el momento de los enardecidos? &iquest;Qui&eacute;n no se sinti&oacute; alguna vez oprimido, y con fantas&iacute;as de resarcimiento, de vuelta de p&aacute;gina, la de la hora de los justos? S&oacute;lo que ah&iacute;, de nuevo otra vez, justo para qui&eacute;n cu&aacute;ndo d&oacute;nde en qu&eacute; momento y de qu&eacute; modo.
    </p><p class="article-text">
        Parecer&iacute;a que el &uacute;nico modo de pensar sin equivocarse y pifiar demasiado es el de absorber y asumir la diferencia: lo que creo que es mejor para el otro no necesariamente lo sea, para ese otro. Y cada unx para s&iacute;, &iquest;sabe qu&eacute; es lo mejor?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Anteayer entro a mi edificio con una bolsa de verduras y antes de que pueda cerrar la puerta del ascensor me arrincona mi vecina del 6D. Aunque es cierto que la que abri&oacute; la conversaci&oacute;n fui yo cuando le pregunt&eacute; si estaba bien, porque lo &uacute;ltimo que o&iacute; a la ma&ntilde;ana es que hab&iacute;an cortado el agua del edificio porque sal&iacute;a a borbotones por debajo de la puerta de su departamento y ella sin responder. Esa pregunta que le hago produce el arrinconamiento, que s&iacute;, que por suerte est&aacute; bien, pero que casi le tiran la puerta abajo, que ella duerme del otro lado, que por eso no escuch&oacute;, que le cortaron el agua, que efectivamente hab&iacute;a debajo de la puerta suya pero que era agua que entraba en lugar de salir, a causa de un ca&ntilde;o roto en el 6C. Que la odian, que en este edificio la odian, que la quieren dar por muerta, para quedarse con su departamento. 
    </p><p class="article-text">
        La chicharra del ascensor que anuncia que la puerta est&aacute; abierta empieza a sonar, pero eso no habr&aacute; de detenerla. Con un pie adentro y otro afuera y su cara siempre muy cerca de la m&iacute;a, sigue. As&iacute; de cerca le veo por primera vez que tiene los ojos muy azules, de un azul oscuro. Me pregunta en qu&eacute; departamento vivo. Le digo. Grita. Que si conoc&iacute; a las Arco, y yo que no, pero que sab&iacute;a que eran las anteriores propietarias de mi departamento, Alma y Norma Arco. Pago servicios a nombre de Norma Arco. En la lista del consorcio mi departamento sigue a nombre de Norma Arco. Hace poco, sin ir m&aacute;s lejos, lleg&oacute; una carta documento a nombre de las Arco, una intimidaci&oacute;n del cementerio, por falta de pago. 
    </p><p class="article-text">
        Desde el primer d&iacute;a que entr&eacute; a este departamento, sent&iacute; que ten&iacute;a buena energ&iacute;a. Y, en sus escasos metros cuadrados, ten&iacute;a dos bibliotecas. Dos habitaciones, dos bibliotecas. Y en ambas bibliotecas, libros. Y una copia de un cuadro de Modigliani sobre un peque&ntilde;o bastidor de madera. En el balc&oacute;n terraza, macetas con plantas. En el mueble del ba&ntilde;o, que tambi&eacute;n qued&oacute;, una planta. Quien sea que haya vaciado la casa, no lo hizo del todo. Y desde el principio, siempre, me cayeron bien las Arco, trataron bien a la casa, no vivieron mal ac&aacute;. Conservo sus plantas, el Modigliani, sus libros. Pero hace mucho que no pienso en ellas. Hasta que mi vecina me las trae, un d&iacute;a as&iacute; nom&aacute;s, porque s&iacute;, me las presenta. Que eran muy buenas personas, que una era psic&oacute;loga y la otra profesora, de algo social, no recuerdo su profesi&oacute;n, pero que daba clases y le gustaba mucho. Que ambas enfermaron, que ambas murieron, una ac&aacute; mismo, por lo que puedo entender. Creo que eso ya lo sab&iacute;a porque alguien me lo hab&iacute;a mencionado, alguna otra vecina o los de la inmobiliaria. Creo que siempre lo supe y siempre pens&eacute; tambi&eacute;n, o sent&iacute;, que habr&iacute;a muerto en paz porque en la casa esta nada feo qued&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Mi vecina quiere saber entonces qui&eacute;n es la literata en mi casa, que recibe las revistas del premio Konex, si es mi mam&aacute;, no s&eacute; que edad cree que tengo, le digo que soy yo, la palabra &ldquo;literata&rdquo; es de ella. Ella dice que bailaba, de odalisca, en la &eacute;poca de Menem y Corach. Pero que ahora est&aacute; queriendo vender su departamento porque no puede vivir m&aacute;s ac&aacute;. Que el edificio tiene exactamente la misma edad que ella, 54.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdadera convivencia, la desapegada, ser&iacute;a la de tolerar no estar pensando lo mismo y convivir, sin necesidad de que el otrx piense lo mismo, sin creer que haya que convencer. Una no tiene idea de qui&eacute;n es la otra persona, y lo digo en el mejor de los sentidos, en el del beneficio de la duda, de lo insondable que es el otrx e intentar ejercer siempre la empat&iacute;a, y estar abierta a recibir esas historias, que todo el mundo trae, seg&uacute;n yo.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/segun-yo_129_10466803.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Aug 2023 03:04:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a9284eab-35ce-41c5-bf56-b327510594c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3017935" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a9284eab-35ce-41c5-bf56-b327510594c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3017935" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Según yo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a9284eab-35ce-41c5-bf56-b327510594c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La imaginación al poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imaginacion_129_10442598.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/67936a55-1f15-4c9d-8bdf-7c6290dd49e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La imaginación al poder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué un político no puede admitir en algún momento haberse equivocado? ¿Pueden existir los cambios intempestivos y poderosos, también para el lado del bien?</p></div><p class="article-text">
        Me propon&iacute;a escribir acerca del fen&oacute;meno <strong>Luis Miguel</strong>, y no me refiero a la serie de diez conciertos, sino al fen&oacute;meno en torno a si es efectivamente &eacute;l o no el que los da. &iquest;Es una caracter&iacute;stica argentina, la conspiranoia? &iquest;Somos desconfiados? Dir&iacute;a que s&iacute;, que s&iacute; somos desconfiados. Pero esto es otra cosa m&aacute;s. Es ya ni siquiera poder creer o confiar en lo que -aparentemente- estamos viendo. Por otro lado, me pregunto cu&aacute;n importante es, en este caso, que esa persona en el escenario sea quien dice ser, me pregunto si no alcanza que lo pretenda, mientras la performance sea satisfactoria, no s&eacute;. Estos d&iacute;as me encontr&eacute; pregunt&aacute;ndome qu&eacute; me resultaba m&aacute;s deprimente, si que el que daba los diez shows fuera el verdadero y &uacute;nico Luis Miguel, preso de su propia carrera desde hace cuarenta a&ntilde;os, o que se tratara de uno o varios dobles mientras &eacute;l descansa, vivo o muerto, en otro lugar. Ambas me deprimen, la primera sin duda un poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero, por supuesto, todo esto de Luis Miguel s&iacute; o no, que nunca fue importante, dej&oacute; de serlo por completo tras el asesinato de Morena llegando a la escuela, un horror. Una historia tan triste y previsible que nos vuelve a todos c&oacute;mplices. Reconsidero mi voto por primera vez en meses. Me pregunto si alguno, alguna persona, detr&aacute;s de estos proyectos de gobierno, si algunx cree de verdad que las cosas, o algunas de las cosas, sobre todo las m&aacute;s urgentes, puedan ser modificadas, aunque sea en el mediano plazo, o si los m&aacute;s visibles y poderosos s&oacute;lo est&aacute;n hechos de cinismo y transa. No s&eacute; qu&eacute; pensar, tengo la sensaci&oacute;n de que constantemente me estoy vinculando con gente que piensa bien, con justeza, que act&uacute;a bien tambi&eacute;n. &iquest;Es realmente tan distinto en la esfera pol&iacute;tica? &iquest;En qu&eacute; momento, a qu&eacute; altura se deforma todo tanto en la carrera por el poder?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa con el tejido social? &iquest;C&oacute;mo se compone? &iquest;Qu&eacute; pasa cuando el ambiente se carga de negatividad? &iquest;Es verdad eso, es mentira? A mi es como si me paralizara.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n, de los directa o simb&oacute;licamente responsables casi no o&iacute; palabras de verdadera preocupaci&oacute;n. La mayor&iacute;a procuraba quedar lo menos involucrada posible. Con nada de empat&iacute;a por el otro en su voz, con mucho del problema o la inconveniencia que le est&aacute; generando ese otro que sufre, al que se le ocurri&oacute; morir o matar en un momento tan poco apropiado. Nunca entend&iacute; por qu&eacute; un pol&iacute;tico no pod&iacute;a admitir en alg&uacute;n momento haberse equivocado, o decir que algo lo desbord&oacute;, o que no se lo vio venir o que realmente, no supo qu&eacute; hacer. Es cierto que en lo concreto esa misma acci&oacute;n no modificar&iacute;a nada pero por lo menos lo har&iacute;a ingresar a la esfera de lo humano, y salirse de aquella abstracta de la especulaci&oacute;n que pareciera comenzar a habitarse una vez trascendido cierto nivel de poder.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada se llev&oacute; a cabo en Buenos Aires la Feria de Editores Independientes, una feria que no para de crecer, a&ntilde;o a a&ntilde;o, en cantidad de expositores, de libreros, de autores, de lectores. M&aacute;s all&aacute; de su disposici&oacute;n un poco asfixiante, con mesas, libros y gente amontonadxs, no deja de ser un espacio, un reducto esperanzador: toda esa gente junta ah&iacute;, est&aacute; junta porque le gusta leer y/o escribir. Pero sin duda leer. Por amor a los libros y a las palabras. Y nada m&aacute;s. Porque, de verdad, nadie de los que estamos ah&iacute;, pero nadie nadie, se llena los bolsillos con esa actividad, de verdad: nadie. Y sin embargo, todos ah&iacute; con esa maquinaria noble y enorme, por amor a leer. Libros. En papel. Entonces algunos escriben, otros editan, imprimen, publican, otros o casi todxs, leemos. Y nada m&aacute;s. Y leer sigue siendo un acto liberador, de imaginaci&oacute;n, de empoderamiento, como ser en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Y es cierto que ahora mismo parece o se presenta como un privilegio de &eacute;lite, leer. Porque lo es. Pero justo justo justo sigue siendo una de las actividades m&aacute;s baratas y accesibles que hay. Incluso gratuitas si pensamos en las bibliotecas. Que las hay. En casi todos los barrios. Claro que primero hay que haber aprendido a leer, pero eso es otra cuesti&oacute;n. O quiz&aacute;s no, quiz&aacute;s no sea otra.
    </p><p class="article-text">
        Ayer escuch&eacute; que en la radio dec&iacute;an que otro problema es que ahora la gente lleva 50 o 100 mil pesos en el bolso, en referencia a los celulares, que son objeto tan preciado de robo, porque es f&aacute;cil de robar, de vender, de volver a hacer circular.
    </p><p class="article-text">
        Libro y celular podr&iacute;an ser usados como dos modelos posibles de modos de interactuar con el mundo. No necesito enumerar los beneficios de cada uno. Entiendo tambi&eacute;n que resulte casi incomprensible para quienes ya nacen con pantallas en la cara y ese nivel de accesibilidad, pensar que acaso no sea tan imprescindible como parece. Pero el modo y el tiempo libro, purifican. Mientras que el modo y el tiempo tel&eacute;fono inteligente, m&aacute;s que comunicar, intoxican y de modos impensados. No estoy en contra de la tecnolog&iacute;a, no podr&iacute;a, sobre todo considerando que literalmente <em>tecnolog&iacute;a </em>es un proceso, y no algo en s&iacute; mismo<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        Es imposible oponerse a eso.
    </p><p class="article-text">
        Contra lo que s&iacute; estoy es la aceptaci&oacute;n implacable de ciertos cambios y usos que se imponen como si descendieran de una verdad mayor y no son m&aacute;s que la sumatoria de h&aacute;bitos colectivos que ya nadie vuelve a mirar/ cuestionar.
    </p><p class="article-text">
        Dice<strong> Laura Taffetani</strong> en este mismo diario, en una de las notas m&aacute;s l&uacute;cidas que le&iacute; en estos d&iacute;as:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;No es muy dif&iacute;cil reconocer que detr&aacute;s de los asesinos de Morena est&aacute; la mano siniestra de un capitalismo sin rostro que omite generar lo humano. Ni la condena, ni la c&aacute;rcel servir&aacute;n para cambiar las condiciones en las que se generan estos hechos tan tremendos. Lo realmente dif&iacute;cil es qu&eacute; estamos dispuestos a hacer que pueda ayudar a devolver a la historia el aliento, la libertad y la palabra.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Este es el art&iacute;culo completo:
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/morena-mano-siniestra-capitalismo-rostro_129_10439948.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.eldiarioar.com/opinion/morena-mano-siniestra-capitalismo-rostro_129_10439948.html</a>
    </p><p class="article-text">
        Hace tres a&ntilde;os los aviones dejaron de volar de un d&iacute;a para el otro. Y algunos animales recuperaron las ciudades. Creo que pueden existir los cambios intempestivos y poderosos, tambi&eacute;n para el lado del bien. No quiero pensar que no. Creo en la responsabilidad de cada unx, de actuar de modo sustentable y emp&aacute;tico y sobre todo de no ser arrasado por los c&iacute;nicos, porque el todo est&aacute; compuesto de cada una de nuestras partes y lo que haga cada unx de nosotrxs s&iacute; que importa.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En nuestras manos se encuentra la oportunidad para dar vuelta el curso de la historia&rdquo;</em>, dice Taffetani en su art&iacute;culo y, para m&iacute;, tiene raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imaginacion_129_10442598.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Aug 2023 03:17:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/67936a55-1f15-4c9d-8bdf-7c6290dd49e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2069587" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/67936a55-1f15-4c9d-8bdf-7c6290dd49e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2069587" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La imaginación al poder]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/67936a55-1f15-4c9d-8bdf-7c6290dd49e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Luis Miguel,Feria de Editores (FED)]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ciro y Badi, confinadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ciro-badi-confinadas_129_10417311.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b1ae169-9b44-4e04-a09d-4889010f97dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ciro y Badi, confinadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos jirafas que habitan las jaulas del Ecoparque de la Ciudad y una reflexión a propósito del movimiento, la libertad y el cautiverio. </p></div><p class="article-text">
        Escribo esto a contrarreloj de las vacaciones de mi hijo Ram&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada se fue de viaje con el padre y enferm&eacute;. No porque se haya ido, creo, sino simplemente porque pude. Estren&eacute; la obra, desped&iacute; al hijo, y me enferm&eacute;. Mucha organizaci&oacute;n. Ven&iacute;a subestimando una gripe y ca&iacute;. Se me instal&oacute; una tos espantosa que s&oacute;lo el nebulizador de una querida amiga y el descanso pudieron ablandar. Esta semana, entonces, me toca a m&iacute;. Hago vacaciones de mi propia vida informal para plegarme a la de Ram&oacute;n y estar disponible. Hay un largo per&iacute;odo de la vida adulta en la que la noci&oacute;n de vacaciones se suspende. En el mejor de los casos se viaja pero, &iquest;vacaci&oacute;n? Menciono el concepto &ldquo;vacaciones de invierno&rdquo; a amigas de treinta y suena vintage, caprichoso. Nada cambia en sus vidas, en sus semanas, excepto si por alguna raz&oacute;n necesitaran desplazarse por la avenida Corrientes en el centro o tener la loca idea de acercarse a un cine de d&iacute;a. Cosa que tambi&eacute;n intentamos, fracasando rotundamente. No hab&iacute;a una silla libre en ese patio de comidas ni mucho menos una butaca en el cine. O m&aacute;s bien s&iacute;, pero individuales en los costados y en la primera fila. No soy buena para sacar entradas con anticipaci&oacute;n. De hecho choco con la computadora cada vez que quiere venderme la entrada, extra&ntilde;o a seres humanos detr&aacute;s del vidrio.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que por nuestra parte bastante Parque Centenario, tampoco el Museo de Ciencias Naturales, al que de todos modos vamos varias veces por a&ntilde;o, porque cola de dos cuadras o m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Parque Centenario s&iacute;, con visita de amigos de Merlo, que en s&uacute;bita adolescencia ya no quieren casi nada. Ram&oacute;n se frustra y dice que se aburre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otra tarde, le da de comer a los p&aacute;jaros junto al lago, tira el ma&iacute;z a mis pies para que las aves me ataquen, corremos carreras, trepamos a un omb&uacute;, habitamos la calle hasta que el fr&iacute;o nos meta para adentro.
    </p><p class="article-text">
        Ayer acudimos a una invitaci&oacute;n particular en el Ecoparque, otro sitio detonado por la vacaci&oacute;n. Recorriendo los pasillos recuerdo un sue&ntilde;o viejo en el que ve&iacute;a el parque, que antes era sencillamente el Zool&oacute;gico, de lejos y el cuello de la jirafa sobresal&iacute;a a la altura de los edificios. Ahora, justamente, necesitamos ubicar el sector de la jirafa, y recupero esa fantas&iacute;a de ver el cuello sobresaliendo por encima de todo pero no es as&iacute;, tan alta no es, o acaso s&iacute;, pero la tapan los &aacute;rboles. En estos pasillos ahora la gente pr&aacute;cticamente acampa con s&aacute;ndwiches de milanesa y mate, y persigue a las maras, a las que insiste en llamar carpinchos.
    </p><p class="article-text">
        Mi amiga Denise est&aacute; construyendo un t&uacute;nel en el sector de las jirafas en el ecoparque ex zoo, para que la gente pueda mirar a las jirafas sin asustarlas. Ese sector ahora mismo est&aacute; cerrado al p&uacute;blico porque las jirafas son muy sensibles, la gente las ve&iacute;a de muy cerca, y ellas se deprim&iacute;an. Esto me cuenta Denise. Iban a construir una suerte de corredor verde cubierto de plantas y ella, que ven&iacute;a de trabajar con lodo y paja en una obra que se llam&oacute; Dendrita contraofert&oacute; este tipo de construcci&oacute;n y se la aprobaron. As&iacute; que ahora, con un equipo de trabajo que viene m&aacute;s que nada del mundo de las artes pl&aacute;sticas, construyen a diario ese t&uacute;nel, con t&eacute;cnicas de hornero. Al lado las jirafas padre e hijo, Ciro y Badi, miran mientras se alimentan de tarros colgados a varios metros del suelo, desde su arena en la que conviven con avestruces y algunas maras, que son las que m&aacute;s poblaron el parque. A un par de metros, una pareja de hipop&oacute;tamos descansa sus cuerpos gigantes en un galponcito mientras algunos humanos limpian su pilet&oacute;n de piedra. A trav&eacute;s de una puerta s&oacute;lo se adivina parte de esos cuerpos gigantes. Cada una de sus u&ntilde;as es del tama&ntilde;o de una naranja. Ac&aacute;, por m&aacute;s eco que se llame ahora, conviven en metros animales de los biomas y continentes m&aacute;s variados, como si el clima no fuera un factor.
    </p><p class="article-text">
        Denise entonces, aparte de su equipo de trabajo fijo, invita a amigxs a la minga, un trabajo comunitario por un fin en com&uacute;n, y a eso vamos a colaborar con nuestro m&iacute;nimo grano de arena y entusiasmo con Ram&oacute;n. Primero se prepara la mezcla con el lodo, arena y cemento, luego esa mezcla se une con paja y ese preparado todo junto se unta sobre las paredes del t&uacute;nel, hechas de red de alambre. La mezcla se pisa con botas y luego se aplica en las paredes con guantecitos de latex. Es un trabajo minucioso y satisfactorio. Luego, se comparte el almuerzo en ronda, esta tarde de invierno al sol.
    </p><p class="article-text">
        Esto me trae tambi&eacute;n la fantas&iacute;a remota que ten&iacute;a hace un par de a&ntilde;os, a la hora de escolarizar a Ram&oacute;n, que era la de que en lugar de que fuera todos los d&iacute;as a un mismo sitio con la misma gente de su misma edad a hacer m&aacute;s o menos siempre las mismas cosas, fuera por per&iacute;odos de tiempo con distintas personas a distintos lugares, trabajos, oficios, que viera vidas distintas, y aprendiera directamente del hacer. Despu&eacute;s fui m&aacute;s vaga y normativa y lo mand&eacute; a la escuela como cualquier hijo de vecino. Por eso de alg&uacute;n modo, incluso en las vacaciones, m&aacute;s que meternos en colas o cines hacinados, prefiero que participe o asista a otras vidas, modos de hacer: vino a ver la obra que estren&eacute;, va con su padre al taller, a ensayos, la minga en el ex zoo, una entrevista en el canal de la ciudad, los parques, las calles, visitas de amigos, lo que haya para hacer.
    </p><p class="article-text">
        Leo ahora, buscando im&aacute;genes de las jirafas, que Badi no se llama Badi sino Buddy y es el padre. Y que a diferencia de otros animales, que fueron devueltos a sus h&aacute;bitat naturales, las jirafas no podr&aacute;n ser liberadas del cautiverio porque deben ser transportadas por v&iacute;a terrestre y sus largos cuellos no pasan por debajo de los puentes de las autopistas. Suena rid&iacute;culo y absurdo, pero as&iacute; es. Y no pueden ser sedadas y dormidas porque tienen unos corazones muy d&eacute;biles y podr&iacute;an morir. As&iacute; que nada de libertad en el horizonte de estos animales de tama&ntilde;o absurdo como para vivir a metros de una avenida y entre edificios y muy poco de libertad para nosotros tambi&eacute;n, encorsetados en la rutina de todos los d&iacute;as al mismo lugar con la misma gente a aprender parecido o igual, como si vivir debiera parecerse m&aacute;s a quedarse quieto, que a recorrer.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ciro-badi-confinadas_129_10417311.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Jul 2023 03:21:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5b1ae169-9b44-4e04-a09d-4889010f97dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="209938" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5b1ae169-9b44-4e04-a09d-4889010f97dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="209938" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ciro y Badi, confinadas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5b1ae169-9b44-4e04-a09d-4889010f97dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vacaciones de invierno,Animales,Cautiverio,Ciudad de Buenos Aires]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algo para decirte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/decirte_129_10380543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c55978d1-3767-40aa-8bfc-d84b2553f26f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algo para decirte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un estreno que no será tema de columna, un disco nuevo y una novela inédita, la guarida de un niño y el video de una mujer que se baja a los gritos de un avión: un texto atravesado por espíritus y una reflexión sobre la condición de posibilidad del teatro. </p></div><p class="article-text">
        Bueno listo estren&eacute; y me qued&eacute; vac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la apertura de un proceso se trate justo de lo contrario, de volver a vincularse a trav&eacute;s de una obra, de una ficci&oacute;n. Decir algo de alg&uacute;n modo, que vengan a verlo, que perciban, y dialoguen con eso. Es, en el mejor de los casos, abrir una conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; que escribir&iacute;a acerca del estreno de la obra esta semana, pero no apareci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mi &uacute;ltima columna fue mayormente acerca de la actuaci&oacute;n y acaso eso me haya negado el acceso a volver a hablar de eso en esta.
    </p><p class="article-text">
        Para el programa de mano escrib&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Esta extra&ntilde;a necesidad de trabajar</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>es sin duda fortaleza y debilidad </em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>al mismo tiempo&rdquo; </em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>R.W. Fassbinder</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><em>El cine de Fassbinder estuvo presente en todos nuestros procesos como grupo, a la hora de ponernos a ensayar, particularmente por su trabajo con las actrices y actores. En esta ocasi&oacute;n decidimos tomarlo directamente como punto de partida y entonces, al tenerlo en cuenta tambi&eacute;n a la hora de escribir, me interpel&oacute; m&aacute;s la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de su obra, su componente anarquista: mirar el mundo con humor y amor, con una profunda f&eacute; en la posibilidad de transformarlo, desde el m&iacute;nimo rinc&oacute;n que a uno le toque.</em></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El jueves 6 hicimos el ensayo general. Ese mismo d&iacute;a se cumpl&iacute;an tres a&ntilde;os de la muerte de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Rosario Bl&eacute;fari</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Llegamos bastante justo con el montaje de la obra, pero ese d&iacute;a los esp&iacute;ritus del teatro nos visitaron y todo se acomod&oacute;. Muchos m&aacute;s que para el mismo estreno, en el que los nervios hicieron lo suyo y nos dejaron temblando a&uacute;n una vez terminada la funci&oacute;n, con una sensaci&oacute;n m&aacute;s ambigua que la de ese ensayo general.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esta semana estuve escuchando una y otra vez el disco nuevo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Nina Su&aacute;rez</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, la hija de Rosario. Se llama </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Algo para decirte </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">y son nueve canciones que Nina toca con su banda. Hay una en particular, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Corrida al arco</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, que no puedo dejar de escuchar. Se la escuch&eacute; a Nina acompa&ntilde;ada por su guitarra en la presentaci&oacute;n del &uacute;ltimo libro de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Camila Fabbri</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Ah&iacute; Nina cont&oacute; que hizo la canci&oacute;n a partir de un cap&iacute;tulo de una novela in&eacute;dita de Camila. Ya esa primera vez en esa terraza me hab&iacute;a atravesado y lo sigue haciendo ahora, cada vez que la reproduzco. Se lo comento a Camila quien, amablemente, me da para leer ese cap&iacute;tulo: el origen de la canci&oacute;n; la corrida al arco en el lenguaje de cada una.</span>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n se arm&oacute; una guarida al pie de mi escritorio en un sitio bastante simp&aacute;tico y gracioso. Y anegado. Lo que no usa casi nunca es su propia habitaci&oacute;n. Va avanzando sobre la casa. Ya la conquist&oacute;. Ahora escucha <em>Clics Modernos</em> una y otra vez, una y otra vez. Particularmente se detiene en <em>Los Dinosaurios. </em>Lo que lo condujo a un video con las madres de plaza de mayo. Y al alegato del Juicio a las Juntas y al <em>Nunca m&aacute;s </em>y al libro Nunca m&aacute;s, que me pregunt&oacute; si pod&iacute;a leer.
    </p><p class="article-text">
        Por mi parte nunca termino de entender cu&aacute;l es el acceso apropiado a la informaci&oacute;n, o cu&aacute;l la cantidad apropiada. Ni siquiera tenemos el mismo criterio en todo con el pap&aacute; de Ram&oacute;n, acerca de qu&eacute; podr&aacute; asustarlo y qu&eacute; no, as&iacute; que de ah&iacute; en adelante todas las derivaciones posibles. &Eacute;l est&aacute; en el mundo, en este, con el acceso facil&iacute;simo a todo tipo de cosas, precisas, confusas, profundas, rid&iacute;culas, da&ntilde;inas, todo. No voy a poder blindarlo de eso, de lo que &eacute;l quiera ir a buscar. Lo &uacute;nico que espero es que siga teniendo ganas de comentar conmigo o con alguien aquello que vaya descubriendo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as estuvo dando vueltas por todos lados un video de una mujer que se baj&oacute; de un avi&oacute;n de un vuelo interno por Estados Unidos gritando que ella se bajar&iacute;a porque no se quedar&iacute;a a bordo con una persona que no es real, y que todos ir&iacute;an a morir. Ella dec&iacute;a que quer&iacute;a bajarse porque no iba a morir junto a o a causa de alguien que no es real. No s&eacute; qu&eacute; de toda la an&eacute;cdota hace que sea tan espeluznante, porque lo &uacute;nico que pasa es eso: una mujer rubia joven en un pasillo de avi&oacute;n grita y se&ntilde;ala hacia atr&aacute;s diciendo que ah&iacute; hay un hijo de puta que no es real, que ella no piensa seguir a bordo con &eacute;l, y que se va a bajar. En efecto, leo despu&eacute;s, se baja, y el vuelo se demora tres horas porque hacen bajar a todos, los vuelven a revisar, a todxs y sus equipajes, y luego vuelta a embarcar. No se me va de la cabeza el poder evocativo de esa peque&ntilde;a acci&oacute;n: una mujer que grita se&ntilde;alando y cuya &uacute;nica acusaci&oacute;n es que alguien no es real, causa p&aacute;nico y conmoci&oacute;n. Porque todos lo toman literalmente, como si ella estuviera acusando a alguien de ser <em>no humano</em> cuando acaso ella solo acusara a uno de no ser <em>aut&eacute;ntico</em>. Esa predisposici&oacute;n a la met&aacute;fora y la fantas&iacute;a de todxs nosotros en general, como un conjunto de ni&ntilde;os eternos, me causa bastante fascinaci&oacute;n y casi casi que la condici&oacute;n de posibilidad de que exista el teatro, el fen&oacute;meno teatral, eso que nos pone a dialogar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/decirte_129_10380543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Jul 2023 03:37:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c55978d1-3767-40aa-8bfc-d84b2553f26f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="238303" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c55978d1-3767-40aa-8bfc-d84b2553f26f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="238303" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Algo para decirte]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c55978d1-3767-40aa-8bfc-d84b2553f26f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Rosario Bléfari,Camila Fabbri,Literatura,Nina Suárez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lauras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lauras_129_10342229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2efa3655-52b3-4bd5-bb4f-3c76677c244b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lauras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Qué es lo que alguien hace cuando actúa, qué cree que hace para actuar, qué es lo que efectivamente hace, qué es lo que vemos, se pregunta la autora, la respuesta sigue siendo un misterio.</p></div><p class="article-text">
        Vamos al Malba a ver <em>Trenque Lauquen</em>, la pel&iacute;cula de Laura Citarella que escribi&oacute; junto a la tambi&eacute;n protagonista Laura Paredes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero quiero empezar por el final.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que remite a <em>Sin techo ni ley</em> de Agnes Varda. Laura personaje termina yirando por la llanura pampeana, sin objetos, sin palabras, con lo puesto nada m&aacute;s. La paleta de su ropa es parecida a la de Mona, la paleta del paisaje tambi&eacute;n, los lugares abandonados que habita, tambi&eacute;n. Solo que a diferencia de Mona, Laura no amanece con escarcha y manchada de vino tinto en una zanja sino que, sencillamente desaparece, en un gesto &uacute;ltimo y sublime de transformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Antes de eso, la pel&iacute;cula est&aacute; llena de palabras y de cosas. Laura personaje hace muchas actividades diferentes: es bi&oacute;loga y estudia algunas especies pampeanas. Tambi&eacute;n hace una columna en una radio sobre mujeres trascendentes. Tambi&eacute;n es miembro de una c&aacute;tedra en la facultad. Y tiene un novio. Y un amante. Y se pone a investigar la trama de unas cartas de amor que aparecen en libros que saca de la biblioteca. Y se pone a investigar la desaparici&oacute;n de una criatura de la laguna local. Laura es muchas, Laura es varias. Laura tambi&eacute;n es la Laura actriz, la Laura guionista, la directora tambi&eacute;n se llama Laura. Que tambi&eacute;n aparece en la pel&iacute;cula, embarazada de verdad, y como la fantas&iacute;a de otro personaje, encarnando a la misteriosa maestra de las cartas de amor.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula, como dec&iacute;a, est&aacute; llena de palabras. Llena de im&aacute;genes tambi&eacute;n, pero de eso,&nbsp;en general, se compone una pel&iacute;cula. Laura y Laura escribieron much&iacute;simas cosas, la pel&iacute;cula deriva, va y viene en el tiempo, reconstruye, compone, desarma, hasta que se deshace de todo todo todo al final, hasta de la presencia f&iacute;sica de Laura, la protagonista, la actriz tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente veo a Laura actriz en una obra de teatro, con otro personaje, que esta vez no se llama Laura. Ahora Laura hace algo bien distinto. Laura ahora es una cubana temperamental en un parlamento interplanetario. La primera vez que vi actuar a Laura fue en una obra de Rafael Spregelburd en el Rojas que se llamaba <em>Fractal</em>, en el a&ntilde;o 2000. En esa obra Laura Paredes y Valeria Correa hac&iacute;an el mismo personaje, entraban y sal&iacute;an compartiendo el mismo personaje y realmente se generaba el efecto de que eran la misma chica. Ellas, al d&iacute;a de hoy, siguen trabajando juntas. De hecho, ambas est&aacute;n en esta obra en la que Laura es cubana, que se llama <em>Parlamento</em> y que es la &uacute;ltima creaci&oacute;n del Grupo Piel de Lava que integran Laura y Valeria junto a Pilar Gamboa y Elisa Carricajo. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde <em>Fractal </em>pero ellas siguen trabajando juntas. No s&oacute;lo eso, sino que en esta obra, particularmente, lo hacen casi como si fuera la primera vez, con nada de lo malo de las primeras veces, con todo del arrojo y la ausencia de especulaci&oacute;n de una primera vez. Las chicas vienen de y siguen haciendo ese &eacute;xito arrollador e incuestionable que es <em>Petr&oacute;leo</em>, y lejos de burocratizarse o temerle al riesgo, componen a unas mujeres parlamentarias emperifolladas y de intensos acentos al hablar. Las cuatro trabajan en teatro, cine y series desde hace, m&iacute;nimo, veinte a&ntilde;os. Pero/y en lugar de pensar <em>yo para esto ya no estoy</em>, redoblan la apuesta y se lanzan a actuar como si se acabara el mundo porque es cierto que sino, de alg&uacute;n modo, se acaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace m&iacute;nimo veinte a&ntilde;os tambi&eacute;n que me vengo vinculando con la actuaci&oacute;n, de diferentes modos, desde afuera, es decir, viendo y dirigiendo a otrxs, la mayor&iacute;a de las veces, y sigo sin tener la menor idea de qu&eacute; se trata. Es de ese orden de cosa o fen&oacute;meno que uno no podr&iacute;a explicar y acaso ni siquiera ir a buscar pero s&iacute; reconocer cuando aparece. Es un fen&oacute;meno eternamente extra&ntilde;o, qu&eacute; es lo que alguien hace cuando act&uacute;a, qu&eacute; cree que hace para actuar, qu&eacute; es lo que efectivamente hace, qu&eacute; es lo que vemos. Tampoco es lo mismo en el cine que en el teatro, lo que se requiere del actor. &iquest;Es/ Se trata de presencia, de presente, de capacidad de vaciarse? &iquest;Actuar es hacer o es recibir? &iquest;Es ir a buscar o que aparezca? &iquest;Es generar las condiciones para que circule, suceda nom&aacute;s? Debe haber tantos modos de generar aquello o de aproximarse como actuantes hay. Ese es uno de los riesgos y poderes del teatro, el colmo del presente, o sucede o no sucedi&oacute;, ya volver&aacute; a suceder la pr&oacute;xima funci&oacute;n, o acaso no.
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula de las Lauras, tambi&eacute;n, por ejemplo, trabaja Ezequiel Pierri quien en realidad casi siempre, es productor. Pero ac&aacute; tiene un rol protag&oacute;nico con el que se recibe de actor, y de uno muy bueno. Tampoco podr&iacute;a decir qu&eacute; es lo que hace que sea tan sensible lo que hace, son sus miradas, la escucha, el modo de estar. Porque esa es otra zona de la actuaci&oacute;n, a&uacute;n menos evidente: la de la escucha. Qu&eacute; es lo que hace una actriz o un actor cuando le hablan, cuando le est&aacute;n diciendo o cuando no le dicen nada y sencillamente tiene que estar y mirar. &iquest;Es el cine m&aacute;s del estar y del ser, y el teatro el reino del hacer? &iquest;El cine captura, el teatro conjura? No estoy segura.
    </p><p class="article-text">
        Es un misterio qu&eacute; hace una actriz al actuar, y qu&eacute; hace que nosotrxs nos conmovamos al verla. Un misterio que, adem&aacute;s, sucede en el entre: no es s&oacute;lo cosa de ella que est&aacute; ah&iacute;, ni solo nuestra que estamos ac&aacute;. La conmoci&oacute;n, el acuerdo, flotan en ese <em>entre</em> y es un misterio que, para mi, hay que dejar flotar.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lauras_129_10342229.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jul 2023 03:23:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2efa3655-52b3-4bd5-bb4f-3c76677c244b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="184871" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2efa3655-52b3-4bd5-bb4f-3c76677c244b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="184871" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lauras]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2efa3655-52b3-4bd5-bb4f-3c76677c244b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Romina Paula]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cosmogonías]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cosmogonias_129_10303678.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b7d2521-bde7-47a9-a9c5-bd45c7a9d376_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cosmogonías"></p><p class="article-text">
        Prendo la radio como de costumbre y en el segundo programa ma&ntilde;anero el periodista entrevista a un hombre que integra la guardia de la selva colombiana, que se refiere al reciente hallazgo de cuatro hermanitxs ind&iacute;genas que estaban perdidos en la selva despu&eacute;s de un accidente a&eacute;reo. Cay&oacute; la avioneta en la que viajaban, murieron los tres adultos que iban a bordo y se salvaron los cuatro ni&ntilde;xs de 13, 9, 4 y 1 a&ntilde;o. Sobrevivieron en la selva a lo largo de cuarenta d&iacute;as, cuando fueron encontrados por rescatistas ind&iacute;genas que los estaban buscando. El periodista le hace preguntas bastante b&aacute;sicas y obvias a las que el hombre al otro lado de la l&iacute;nea responde con elegancia absoluta. Que seguramente &eacute;l, siendo de la ciudad, no habr&iacute;a sobrevivido ni un d&iacute;a en la selva, que qu&eacute; peligros pueden esperarse, que qu&eacute; habr&iacute;a que hacer, si quedarse quieto o caminar. El guardi&aacute;n al otro lado de la l&iacute;nea responde con parsimonia y entusiasmo. Dice que es probable que el esp&iacute;ritu de la selva haya protegido a esos ni&ntilde;xs. Dice que el esp&iacute;ritu de su madre, que muri&oacute; en el accidente, los protegi&oacute;. Dice que las comunidades de la regi&oacute;n elevaron rezos para mantener protegidos a los ni&ntilde;xs tambi&eacute;n. Me emociona o&iacute;r otra cosmogon&iacute;a en la radio que transmite desde Palermo, en la que en general hablan pol&iacute;ticos, con un sentido com&uacute;n de capitalismo y ciudad aplastante. O&iacute;r que alguien se refiera a la fuerza protectora del esp&iacute;ritu y de la selva en un horario central y que nadie lo tome para la chacota me da esperanza y alegr&iacute;a. Cuenta, tambi&eacute;n, que cuando los rescatistas dieron con los ni&ntilde;os, primero no estaban seguros de que fueran ellos, porque hab&iacute;an estado sufriendo alucinaciones luego de d&iacute;as en la selva. Que lo que los hizo acercarse fue el llanto de la beb&eacute; Cristin. Y que antes de sacarlos del lugar del hallazgo, hicieron un ritual en el que quemaron inciensos &ldquo;<em>para traer a los menores de la oscuridad a la lu</em><em><strong>z</strong></em><em>&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        A a&ntilde;os luz del hero&iacute;smo y belleza del rescate en la selva, me quedo por primera vez afuera de mi casa. Tomo la mochila de mi hijo Ram&oacute;n para depositarla junto a &eacute;l en manos de su pap&aacute; y cierro la puerta detr&aacute;s de m&iacute;, con la llave puesta del lado de adentro. Me doy cuenta en el acto de lo que acaba de pasar y entro en p&aacute;nico. Bueno en realidad p&aacute;nico no llega a ser pero s&iacute; un <em>no puedo creer que me est&eacute; pasando esto</em>, ya lo dije: a a&ntilde;os luz de sobrevivir de un accidente a&eacute;reo en plena selva colombiana. Me comunico con Germ&aacute;n a trav&eacute;s de la puerta de vidrio, la puerta de esa llave por supuesto tambi&eacute;n ha quedado en la seguridad infranqueable de mi casa. Es s&aacute;bado a la tarde. Se me ocurre ir a tocarle el timbre al hombre que vive en la planta baja al fondo, <em>el pap&aacute; de Diego</em>, como lo conoc&iacute;amos hasta entonces. Diego fue, durante muchos a&ntilde;os, el inquilino que vivi&oacute; arriba nuestro, con Sombrita, una border collie muy bonita. Este a&ntilde;o, Diego se fue a vivir a otro lugar y hace un par de meses nom&aacute;s muri&oacute; su mam&aacute;, la mujer de <em>el pap&aacute; de Diego</em>, el hombre al que ahora le golpeamos la puerta. Entreabre para ver qui&eacute;n es, su perrito nuevo anunci&oacute; nuestra presencia, le explicamos la situaci&oacute;n, para empezar nos presta una llave de la puerta del edificio. Germ&aacute;n despacha el taxi y se suma a este grupo de tareas que se propone: volver a ingresar al departamento. Entonces, el segundo gesto de <em>el pap&aacute; de Diego, </em>que lo va a bautizar: nos presta una tarjeta ya cortada y modificada para abrir puertas. En la tarjeta dice <em>Ricardo.</em> Listo. El resto de la tarde gastar&eacute; su nombre en cada uno de los agradecimientos. La tarjeta de Ricardo no funciona, mandamos a Ram&oacute;n a tocarle la puerta, Ram&oacute;n sube con alambre, hacemos caer la llave al piso para intentar sacarla por debajo de la puerta, sube Ricardo, trae consigo una radiograf&iacute;a para seguir intentando (&iquest;ser&aacute; de cuando enviud&oacute;?) y unos panes calentitos reci&eacute;n horneados por &eacute;l mismo entre servilletas. La radiograf&iacute;a tampoco funciona, le dice <em>ven&iacute; conmigo chango</em> a Ram&oacute;n y van a buscar un destornillador para meter por debajo de la puerta y ver si se puede agrandar un poco ese espacio como para que las llaves con llavero puedan salir. A todo esto, yo ten&iacute;a cita con una poeta a la que iba a comentarle un texto. Ni bien sucedi&oacute; el episodio de las llaves le escrib&iacute; para avisarle y que se abstuviera pero de repente ya estaba en nuestro pasillo, dispuesta a compartir la misi&oacute;n. Ninguno de los recursos artesanales funcion&oacute;. Terminamos llamando al cerrajero que por suerte en este contexto de hiperinflaci&oacute;n, no estaba tan desmedidamente inlfacionado. Para esperar a que llegara, fuimos al bar de la esquina a tomar una merienda: Ram&oacute;n, su pap&aacute;, la poeta y yo: una comitiva improbable. La poeta me menciona que esto que est&aacute; pasando bien se lo podemos atribuir a Plut&oacute;n en acuario, que seguir&aacute; rigiendo hasta octubre. Ahora leo que hasta el a&ntilde;o 2043. Y a m&iacute; que me parec&iacute;a mucho octubre. Finalmente el tr&aacute;mite del cerrajero no dura m&aacute;s que dos segundos. Tiene unos fierritos preparados para la ocasi&oacute;n que abren la puerta en un segundo. Listo, mi casa vuelve a ser m&iacute;a, pero con un par de pesos menos. La poeta se ha quedado y finalmente es momento de nuestro encuentro literario. Lo de cerrar cosas con llaves, qu&eacute; estupidez: cuidar tanto lo propio que se vuelve inaccesible hasta para una misma.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta semana tambi&eacute;n veo <em>Is this fate?</em>, un documental de la directora Helga Reidemeister en un ciclo de cine feminista alem&aacute;n. Es una pel&iacute;cula en blanco y negro, de 1979, en Berl&iacute;n occidental. La protagonista es una mujer de 48 a&ntilde;os, Irene Rakowitz, madre de 4 hijes y divorciada. Sus hijxs tambi&eacute;n hablan en la pel&iacute;cula, sobre todo las tres mujeres. Desde el principio quedo hipnotizada por el menor que es una suerte de alter ego de Ram&oacute;n en los setentas. Una de las particularidades del documental es que la directora est&aacute; constantemente dialogando con ellos, desde detr&aacute;s de c&aacute;mara. Se escucha su voz, m&aacute;s baja que las de los que est&aacute;n en plano, parecer&iacute;a no estar microfoneada, lo que tambi&eacute;n es raro, si sabe que va a hablar. Entonces pasa esa cosa extra&ntilde;&iacute;sima que es la familia despleg&aacute;ndose frente a la c&aacute;mara en situaciones m&aacute;s o menos cotidianas, hablando siempre, mientras la directora va interviniendo o conduciendo la situaci&oacute;n a trav&eacute;s de preguntas o comentarios, a los que la familia en plano reacciona, mirando detr&aacute;s de c&aacute;mara, no es una escena que dej&oacute; as&iacute;, es gran parte del documental. Y sin embargo todo funciona. Me rompe bastante la cabeza, no sab&iacute;a que se pudiera hacer algo as&iacute;. Las dos mejores escenas para m&iacute; est&aacute;n al principio y al final de la pel&iacute;cula. En la primera el ni&ntilde;o llora mientras come. En realidad, est&aacute;n comiendo, su hermana mayor, su mam&aacute; y &eacute;l. Conversan, la cosa escala, la madre dice que no le gustan las armas y que el padre se las fomenta, el ni&ntilde;o objeta, la madre se pone muy vehemente y le habla mal, aunque tenga raz&oacute;n. El ni&ntilde;o se pone a llorar y apoya su cabeza sobre la mesa junto al plato. La directora no deja de filmar. Por el contrario, hace preguntas. Sobre el final de la pel&iacute;cula hay una secuencia larga en la que Irene, la madre, est&aacute; planchando. Detr&aacute;s de ella, por una ventana, vemos el resto de esa mole de edificio en la que viven. Habla con su hija de 15, Assi. Assi es la &uacute;nica que a lo largo de toda la pel&iacute;cula mostr&oacute; empat&iacute;a con la mam&aacute;. Irene habla de su trabajo, de todo el trabajo que hizo por esos cuatro hijxs, sin reconocimiento, sin remuneraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Acaso no he trabajado mi vida entera? &iquest;S&oacute;lo cuenta como trabajo si salgo todas las semanas a las 7 hs, me instalo en una oficina y vuelvo a casa a las 18hs ? &iquest;Solo eso es trabajo? &iquest;Acaso no he trabajado? Tomando en consideraci&oacute;n que he trabajado toda mi vida, &iquest;por qu&eacute; ahora tengo que vivir de las migajas de la asistencia social? &iquest;No hice m&aacute;s que eso en mi vida? &iquest;Por qu&eacute; nuestro trabajo no vale nada? Criamos ni&ntilde;os, mantenemos la casa, nos encargamos de las necesidades del esposo. Hacemos esto y aquello, &iexcl;por nada, por nada! Y si nos divorciamos nos quedamos sin nada, sin nada en lo absoluto. Entonces ni siquiera tenemos derecho a la miserable pensi&oacute;n que habr&iacute;amos tenido cuando nuestros esposos se retiraran. Si trabaj&aacute;ramos como empleadas har&iacute;amos un trabajo parecido, ni siquiera, ser&iacute;a exactamente el mismo trabajo que hago en mi propia casa. Pero en ese caso me dar&iacute;an seguro social, un sueldo, vacaciones pagas y un bono navide&ntilde;o. Hasta podr&iacute;a quedarme con algo de ropa que mi empleadora ya no quiera. Y a los 60 a&ntilde;os podr&iacute;a retirarme. As&iacute; son las cosas. &iquest;Y aqu&iacute;? Aqu&iacute; soy una sirvienta y no recibo nada por ello. &ldquo;El amor por la familia y los hijos es el bien m&aacute;s grande&rdquo;. Y eso tiene que satisfacerte, eso te hace un ser humano. Pero mi billetera est&aacute; vac&iacute;a. Y aqu&iacute; estoy a los 48 a&ntilde;os, sinti&eacute;ndome in&uacute;til y gastada. Ustedes se fueron, se van a ir. Mis dos hijas mayores se fueron. Y la madre&hellip; A los 48 a&ntilde;os est&aacute;s desgastada y te dejan sin nada.&ldquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Afuera, detr&aacute;s de ellas en plano, atardece sobre el monoblock. A medida que la luz de afuera se va, en el vidrio aparece el reflejo del equipo de rodaje: la directora que pregunta, alguien con la c&aacute;mara, un boom.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cosmogonias_129_10303678.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jun 2023 11:20:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8b7d2521-bde7-47a9-a9c5-bd45c7a9d376_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3783865" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8b7d2521-bde7-47a9-a9c5-bd45c7a9d376_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3783865" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cosmogonías]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8b7d2521-bde7-47a9-a9c5-bd45c7a9d376_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujeridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujeridad_129_10263981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ff7c789c-7d67-47a2-ab1e-b9339097e57f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de las reseñas de Los cinco diablos, la película de Léa Mysius, la autora se pregunta: "Alguien se vincula con esencias, animales, yuyos y espíritus ¿y es brujería lo que hace?"</p></div><p class="article-text">
        Hace un par de meses vi <em>Ava</em>, la primera pel&iacute;cula de la directora <strong>L&eacute;a Mysius</strong>. En ese momento la incept&eacute; s&oacute;lo entre amigas muy cercanas y el taller de los lunes. Estaba esperando atenta el estreno de su segundo largometraje que ven&iacute;a prometiendo Mubi, <em>Los cinco diablos</em>. Y si bien esta pel&iacute;cula es a&uacute;n un poco m&aacute;s ambiciosa que la anterior -no que tenga nada de malo la ambici&oacute;n- y quiz&aacute;s un poco m&aacute;s confusa, me produjo enseguida esa sensaci&oacute;n de experiencia, de comprensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una pel&iacute;cula me gusta mucho eso que me sucede pasa a ocupar el lugar del conocimiento: no es que haya visto algo lindo, sino que comprend&iacute; algo, algo m&aacute;s de ese orden de proceso mental, emocional, vivencial.
    </p><p class="article-text">
        En ambas pel&iacute;culas uno de los sentidos de las protagonistas va guiando el relato. En <em>Ava,</em> la preadolescente interpretada por <strong>No&eacute;e Abita</strong> est&aacute; irremediablemente perdiendo la visi&oacute;n al mismo tiempo que comenzando a explorar su sexualidad y ambos procesos parecen ligarse en un nuevo modo de estar en el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Los cinco diablos</em>, la protagonista es una ni&ntilde;a de 10 a&ntilde;os, Vicky, que tiene un olfato super desarrollado. Puede oler a su madre a metros de distancia y tiene una colecci&oacute;n de olores en frascos. No puedo evitar identificarme inmediatamente, con mi hijo Ram&oacute;n nos vinculamos mucho a trav&eacute;s del olor. Ambos olemos mucho todo y definimos muchas cosas en t&eacute;rminos del olor. Lo he visto reconocer su prenda de entre muchas distinguiendo por el olor a qui&eacute;n pertenec&iacute;an las de los dem&aacute;s. Por mi parte yo misma le huelo el aliento cuando est&aacute; mal de la panza porque hay un olor met&aacute;lico inconfundible que proviene de su est&oacute;mago cuando algo anda mal/ se desequilibr&oacute;. La mam&aacute; de Vicky es <strong>Ad&egrave;le Exarchopoulos</strong>, la chica bomba de <em>La vida de Ad&egrave;le. </em>La pel&iacute;cula se construye de modo fragmentado, va y viene en el tiempo, la ni&ntilde;a es la que ve y rige todo. Dice L&eacute;a Mysius, autora y directora de la pel&iacute;cula, acerca de la infancia en sus pel&iacute;culas: <em>&ldquo;No creo en la mirada Disney de la infancia, sino que es una etapa de la vida mucho m&aacute;s compleja, llena de preguntas existenciales. La sexualidad y la sensualidad son otro aspecto relevante.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Por un recurso de la pel&iacute;cula, la ni&ntilde;a viaja en el tiempo y ve y sabe cosas del pasado de su mam&aacute;. A ra&iacute;z de eso, hay una escena en la que le pregunta, en un abrazo, si la madre la amaba antes de que existiera, pregunta a la que la madre no responde. Me sucede muchas veces que agrego a Ram&oacute;n a escenas previas a su presencia en el mundo, lo pego en escenas en las que es imposible que haya estado, como si de alg&uacute;n modo m&aacute;gico, siempre hubiese estado ah&iacute;. O como su ahora, retrospectivamente, hubiese desembarcado en todos esos pasados. Algo de esa sensaci&oacute;n reverbera en mi con la pregunta de la ni&ntilde;a a su mam&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra escena, quiz&aacute;s mi favorita de la pel&iacute;cula, que me hace pensar en mi escena favorita de <em>Drive my car</em>, de <strong>Ry&#363;suke Hamaguchi</strong>, la escena en la nieve en la que toda la pel&iacute;cula se abisma. En esta escena no est&aacute;n en la nieve sino junto a un lago en pleno invierno. El personaje de Ad&egrave;le acaba de rescatar del agua helada a la hermana de su marido, la mujer que siempre am&oacute;, que hab&iacute;a intentado suicidarse de ese modo. Pero consigue sacarla a tiempo, gracias a su hija cuyo olfato las conduce al lago. Entonces a toda velocidad, Ad&egrave;le se saca la ropa, cubre a la amada helada con su pull&oacute;ver y le indica a su hijita que se acueste encima, que van a darle calor, salvarla con sus propios cuerpos, con el peso de ese amor. Entonces se produce esa escena tan al borde, de Ad&egrave;le y la nena tiradas encima de la mujer helada, Ad&egrave;le llora y la nena, desde esa posici&oacute;n, arrojada sobre el cuerpo de la amante de su mam&aacute;, le pregunta si se imagina viviendo sin ella, la mujer a la que est&aacute;n protegiendo con su propio calor. Ad&egrave;le llora y dice que no sabe pero su respuesta suena m&aacute;s a un <em>no</em>. La ni&ntilde;a entonces entiende el peso y el significado de todas las cosas, o quiz&aacute;s m&aacute;s el peso que el significado o entiende sin entender y comprende nom&aacute;s y le susurra al o&iacute;do a la novia y amor de su mam&aacute;, a la que hasta hace poco detestaba, le susurra un <em>No te mueras</em>, y la pel&iacute;cula, para m&iacute;, alcanza su cl&iacute;max en t&eacute;rmino de pathos y todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n se agarra una gripe. La sucesi&oacute;n de d&iacute;as feriados resulta ser una sucesi&oacute;n de d&iacute;as de fiebre, cama y pel&iacute;culas. Por momentos, tuve reminiscencias del empleo del tiempo pand&eacute;mico, todo adentro, nada urgente, y como no lo era y est&aacute;bamos adentro por elecci&oacute;n, la sensaci&oacute;n de oto&ntilde;o fue feliz. Un poco amarga, por su fiebre, pero tambi&eacute;n feliz. Vemos pel&iacute;culas de un per&iacute;odo similar, pel&iacute;culas que ten&iacute;amos pendientes. Hace rato que quer&iacute;a que vi&eacute;ramos <em>Quisiera ser grande. </em>Hace a&ntilde;os que no la ve&iacute;a, algunas de las pel&iacute;culas de esa &eacute;poca envejecieron bien, y otras no. Esta s&iacute;, y de hecho puedo detenerme en detalles como el vestuario de <strong>Tom Hanks</strong> cuando hace de ni&ntilde;o de 13 a&ntilde;os, que siempre tiene algo l&uacute;dico y colorido hasta que empieza a comportarse como un verdadero adulto, lo que viene de la mano de su relaci&oacute;n rom&aacute;ntica. La premisa de la pel&iacute;cula es muy tonta, como la de casi todas las de esa &eacute;poca: una m&aacute;quina desenchufada que le concede un deseo, en <em>Mannequin</em> una &iquest;reina? egipcia es v&iacute;ctima de una maldici&oacute;n y reencarna en un maniqu&iacute; en Macy&acute;s, en los <em>Cazafantasmas</em> hay un portal al infierno dentro de la heladera de <strong>Geena Davis</strong> en un departamento en Manhattan. Pero a fuerza de entusiasmo y liviandad uno compra y la pel&iacute;cula va. Aunque esta vez vea de otro modo la escena en la que Tom Hanks le toca una teta a su novia, <strong>Elizabeth Perkins</strong>, que s&iacute; es un adulta de verdad y Ram&oacute;n me susurre un <em>&ldquo;qu&eacute; turbio&rdquo;</em> y tenga raz&oacute;n. Pero claro, como es un muchacho y ella una mujer, pasa de largo y aqu&iacute; no ha pasado nada y en su momento a nadie le llam&oacute; la atenci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido es como si <em>Quisiera ser grande</em> funcionara como el anverso de <em>Los cinco diablos: </em>un ni&ntilde;o en el cuerpo de un adulto, ambos tololos, porque, &iquest;de d&oacute;nde se extrae la conjetura de que el alma de ese ni&ntilde;o no envejeci&oacute; tambi&eacute;n, a ra&iacute;z de ese deseo otorgado? En ese caso s&oacute;lo se trataba de un adulto reci&eacute;n estrenado, alguien que no sabe de qu&eacute; se trata ejercer la adultez, nada que no le pase a varios de nosotrxs. En cambio la Vicky de la pel&iacute;cula de Mysius es todo lo contrario: una ni&ntilde;a que contiene en s&iacute; todas las edades, todas las &eacute;pocas, todos los dobleces temporales. Es como si la pel&iacute;cula fuera acerca de la <em>mujeridad</em>. En la mayor&iacute;a de las rese&ntilde;as aparece la palabra &ldquo;brujer&iacute;a&rdquo; y me pregunto, &iquest;a&uacute;n? Alguien se vincula con esencias, animales, yuyos y esp&iacute;ritus &iquest;y es brujer&iacute;a lo que hace?
    </p><p class="article-text">
        Me quedo m&aacute;s con la hip&oacute;tesis de la mujeridad arcaica y esencial, la de la madre mujer, y no por tener hijos, sino por poder tenerlos nom&aacute;s; la mujeridad encarnada en una ni&ntilde;a que todo lo ha olido, que todo lo puede ver y no es ya un ser en desarrollo sino un v&oacute;rtice, un portal, que ha comprendido lo doloroso que es amar.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mujeridad_129_10263981.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jun 2023 03:02:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ff7c789c-7d67-47a2-ab1e-b9339097e57f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="47823" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ff7c789c-7d67-47a2-ab1e-b9339097e57f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="47823" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Mujeridad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ff7c789c-7d67-47a2-ab1e-b9339097e57f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Romina Paula,Léa Mysius]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caperucita Roja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/caperucita-roja_129_10221059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a028ed8d-c5a4-4728-b351-29d814448bcd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caperucita Roja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El malentendido sobre una torta que sirve al festejos de dos cumpleaños, el de su hijo y el propio, abre a la autora a reflexionar sobre miedos que no se pueden mencionar y semillas de buenas intenciones.</p></div><p class="article-text">
        Al final cumpl&iacute; a&ntilde;os el domingo.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos semanas no sab&iacute;a acerca de qu&eacute; escribir mi columna y escrib&iacute; acerca de mi preocupaci&oacute;n por la falta de dinero y recib&iacute; m&aacute;s comentarios que de costumbre.
    </p><p class="article-text">
        Nota mental: no necesariamente a mayor esfuerzo, mayor r&eacute;dito. Y esto no en desmedro del esfuerzo. Creo que est&aacute; bien esforzarse, casi siempre, sobre todo en materia de trabajo, y a veces tambi&eacute;n en la del amor, pero que el r&eacute;dito no necesariamente se obtiene en el sitio en el que uno deposit&oacute; ese esfuerzo. Muchas veces una planta ac&aacute;, la semilla germina all&aacute; y el fruto aparece en una planta que una apenas reg&oacute;. No s&eacute; cu&aacute;l es la l&oacute;gica o c&oacute;mo funciona eso, pero me da la sensaci&oacute;n de que se compensa de un modo aleatorio, cuando se compensa.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o mi mam&aacute; no est&aacute; para mi cumplea&ntilde;os, se fue a Suiza a visitar a mi hermano que vive all&aacute;. As&iacute; que este a&ntilde;o no tuve torta hecha por ella ni almuerzo cumplea&ntilde;ero cocinado por ella pero eso curiosamente me liber&oacute; de saber qu&eacute; iba a hacer el d&iacute;a de mi cumplea&ntilde;os y en consecuencia de tener que organizar algo. Dos d&iacute;as antes mi amiga Sonia que vive en Merlo, San Luis, me avis&oacute; que ven&iacute;a el fin de semana a Buenos Aires con su hijo menor a celebrar el cumplea&ntilde;os de su propio padre, que si ten&iacute;a planes para el domingo. Pues no, que no ten&iacute;a, y que ahora ella era mi plan. As&iacute; que con ese nivel de anticipaci&oacute;n convoqu&eacute; a mis otras tres amigas del secundario, con las que compartimos un chat y, comprobando esto de que el fruto se da donde una menos lo espera, todas pod&iacute;an, quer&iacute;an y vinieron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me hab&iacute;a propuesto no preparar nada en esta ocasi&oacute;n, algo que a mi madre le parecer&iacute;a una aberraci&oacute;n, <em>pero algo le ten&eacute;s que dar a la gente.</em> De hecho perfeccion&eacute; el m&eacute;todo que hab&iacute;a querido aplicar a la celebraci&oacute;n del cumplea&ntilde;os de mi hijo Ram&oacute;n en abril, el de citar en la plaza y decir que es una cita de juegos, que s&oacute;lo habr&aacute; una torta de cumplea&ntilde;os y que cada unx procure lo dem&aacute;s, como en cada tarde o cita de plaza. Pero la voz de mi madre que no, que c&oacute;mo no &iacute;bamos a ofrecer nada, que los chicxs van a tener hambre, que agua tengo que llevar, que vasitos, que servilletas, trajo un mantel, globos y cuando me quise dar cuenta, el cumplea&ntilde;os estaba producido. Despu&eacute;s la gente que vino trajo comida porque s&iacute; hab&iacute;an entendido la propuesta colaborativa y entonces -claro- sobraron harinas a granel. Esas harinas las puse en mi freezer y para este domingo, el de mi cumplea&ntilde;os, saqu&eacute; lo que quedaba de la torta de chocolate de Ram&oacute;n del freezer, la cort&eacute; en porciones y la ofrec&iacute;. La verdad que estaba riqu&iacute;sima, y fue tambi&eacute;n el modo de la pasteler&iacute;a de mi madre de haber estado presente, con su tiempo detenido por el hielo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, al que no le pareci&oacute; tan buena idea que reciclara su torta fue a Ram&oacute;n mismo. Si bien no es devoto de las tortas y casi nunca las prueba, vivi&oacute; como una traici&oacute;n que ofreciera su torta para mi cumplea&ntilde;os. Sopl&eacute; las velitas en una peque&ntilde;a torta mousse <em>comprada, </em>algo que en casa de mi madre es poco m&aacute;s que una herej&iacute;a, Ram&oacute;n acompa&ntilde;&oacute; el momento sentado sobre mi regazo, pero en todas las fotos sali&oacute; con cara de furioso y un doble <em>fuck you</em>, por el malentendido de la torta. Estuvo un poco desbordado ese d&iacute;a, un poco por no ser el centro de atenci&oacute;n, asumo, otro poco porque su mam&aacute; no le pertenec&iacute;a y era celebrada por otros. Cuando se zambull&iacute;a en el universo ni&ntilde;xs lo pasaba bien, cuando me recordaba y al evento, la trasheaba de alg&uacute;n modo.
    </p><p class="article-text">
        Estos &uacute;ltimos meses nos vienen llamando de la escuela bastante seguido porque Ram&oacute;n vomita y lo tenemos que retirar. Ninguna de esas veces finalmente est&aacute; mal de la panza ni se siente mal despu&eacute;s. Una de esas veces hab&iacute;a tenido una pelea con un amigo y se lo adjudicamos a eso. Todas las otras, vaya uno a saber. Casi siempre es los lunes, alguna que otra vez otro d&iacute;a, siempre es por la ma&ntilde;ana. O sea, casi siempre es los lunes a la ma&ntilde;ana. Dice que no sabe por qu&eacute; es, no se lo ve mal por lo dem&aacute;s, nunca vomita en otro horario o lugar, nunca. No sabemos qu&eacute; hacer con su pap&aacute;, c&oacute;mo proceder.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora siempre me hab&iacute;a quedado tranquila porque como es un ni&ntilde;o muy expresivo que cuenta mucho, pensaba que si ten&iacute;a alg&uacute;n problema o malestar me lo contar&iacute;a. Pero despu&eacute;s record&eacute; miedos que tuve por per&iacute;odos en mi infancia, la mayor&iacute;a bastante absurdos, y que se habr&iacute;an esfumado con s&oacute;lo pronunciarlos y que sin embargo no pronunci&eacute;, y solo pude hacerlo con algo de tiempo de distancia. Entonces pienso que si le estuviera sucediendo algo de ese orden, por m&aacute;s que le pregunte, no me lo podr&iacute;a decir, porque de eso se tratan esa clase de miedos, que no se dejan pronunciar. Y no hablo de cosas terribles que s&iacute; pasaron sino de miedos que son m&aacute;s mentales, m&aacute;s del orden de la fantas&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute;, estoy buscando en lo que conozco, o en lo que viv&iacute;, acaso solo se trate de algo de stress escolar, por el d&iacute;a y el horario en el que le sucede, nunca un jueves a la tarde, nunca un viernes. Siempre cuando empieza la semana esa en la que no se puede correr, no se puede hablar, no se puede estar parado, hay que ocupar una silla a una mesa estarse callado y copiar. Bueno no s&eacute; si esa perspectiva no me har&iacute;a, tambi&eacute;n, vomitar.
    </p><p class="article-text">
        Pensamos en estrategias para ayudarle, para estar cerca. Me pregunto si deber&iacute;a prestarle m&aacute;s atenci&oacute;n. O menos. Cu&aacute;l es la medida de cuidado de la llama para que se mantenga encendida sin sofocarla.
    </p><p class="article-text">
        A Ram&oacute;n, por ejemplo, le gustan mucho las otras familias, le gusta mucho hacer la escena de ser querido por otros, de vivir esa otra vida un rato. El s&aacute;bado se fue con la familia de un compa&ntilde;ero de clase a pasar un d&iacute;a del deporte de su escuela, y me cuenta la madre que les dec&iacute;a los apodos con los que los llama su hijo.
    </p><p class="article-text">
        En un trabajo pr&aacute;ctico sobre un final alternativo para <em>Caperucita Roja</em>, a la pregunta de qu&eacute; habr&iacute;a pasado si la abuelita adoptaba al lobo como mascota, Ram&oacute;n eludi&oacute; la parte de la mascota y escribi&oacute; que el lobo estar&iacute;a contento porque estaba buscando una familia y Caperucita tambi&eacute;n estar&iacute;a contenta porque tendr&iacute;a un hermano. Eso que le pasa con las familias es desde siempre. Recuerdo una ocasi&oacute;n, cuando ni siquiera caminaba, que est&aacute;bamos en un hotel de paso en un viaje de ruta largo y cuando bajamos a cenar, en el sal&oacute;n comedor s&oacute;lo est&aacute;bamos nosotrxs tres y una familia con algunos hijos adolescentes. Ram&oacute;n se baj&oacute; de nuestros brazos y cruz&oacute; el sal&oacute;n gateando hacia la familia, hasta que la madre de esa mesa lo levant&oacute; del piso. Nos hizo se&ntilde;as desde lejos, la saludamos con la mano, y Ram&oacute;n pas&oacute; un rato a upa de esa se&ntilde;ora que le comparti&oacute; su familia. Y desde entonces siempre as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si le resultaremos insuficientes o escasos o es s&oacute;lo que le gusta la gente, que eso seguro que s&iacute;. Porque, por una lado, le encanta el bullicio y la montonera pero tambi&eacute;n le gusta -y mucho- que le presten atenci&oacute;n. As&iacute; que vaya uno a saber, si por mucho o por muy poco es que se apaga el fog&oacute;n, o por ambas, y que todo todo todo es casi siempre, cuesti&oacute;n de calibrar. Y seguir depositando la semilla de las buenas intenciones que aunque no germine ac&aacute;, en alg&uacute;n otro lado har&aacute; al fruto brillar.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/caperucita-roja_129_10221059.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 May 2023 03:01:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a028ed8d-c5a4-4728-b351-29d814448bcd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="166157" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a028ed8d-c5a4-4728-b351-29d814448bcd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="166157" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Caperucita Roja]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a028ed8d-c5a4-4728-b351-29d814448bcd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Romina Paula]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Veinte años de mucho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/veinte-anos_129_10180560.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1184b4af-e47d-4348-9d56-7a3bc720a13b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Veinte años de mucho"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mezclando "vocación con profesión con sueldo con dinero con ley habitacional", la autora comparte sus preocupaciones sobre trabajo, dinero, sustento y hogar, variables "sin las cuales nadie es nada en una ciudad". Una columna, ¿rancia?</p></div><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o se cumplen veinte a&ntilde;os de muchas cosas. Estoy por cumplir 44. A los 24 algo de mi vocaci&oacute;n se hab&iacute;a afianzado, estudiaba actuaci&oacute;n, participaba en obras como actriz, cursaba la carrera de dramaturgia, dirig&iacute;a mi primera obra y me publicaban mi primera novela.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada vi <em>Operaci&oacute;n Travesti</em>, un documental sobre el disco de <strong>Daniel Melero</strong>, &iquest;25 a&ntilde;os? despu&eacute;s. En el presente, Melero habla y dice que su compromiso es con la vocaci&oacute;n, la amistad y el amor. Me reson&oacute; eso, y me pareci&oacute; hermoso.
    </p><p class="article-text">
        Hace veinte a&ntilde;os tambi&eacute;n iba al Bafici y ve&iacute;a pel&iacute;culas de <strong>Ezequiel Acu&ntilde;a</strong>, <strong>Luis Ortega</strong>, <strong>Albertina Carri</strong>, <strong>Santiago Loza</strong>. Me quedaba religiosamente a las preguntas y respuestas y absorb&iacute;a todo lo que se pod&iacute;a absorber.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o en el Bafici, adem&aacute;s de la pel&iacute;cula sobre Melero, veo <em>Arturo a los 30</em>, de <strong>Mart&iacute;n Shanly</strong>, que no iba al Bafici hace veinte a&ntilde;os porque ten&iacute;a solo diez. La pel&iacute;cula de Mart&iacute;n es hilarante, triste, inteligente. Mart&iacute;n dirige y se retrata en su alter ego Arturo con gracia, pericia, decisi&oacute;n.&nbsp;Esta pel&iacute;cula tan buena, hecha contra toda la adversidad, detenida por la pandemia y vuelta a impulsar me devuelve lo m&aacute;s fresco de espectadora en mi, una que se sorprende y aplaude con una sonrisa en el rostro.
    </p><p class="article-text">
        Tuve conflictos laborales esta semana: comprobamos que no vamos a llegar con obra completa para cuando pens&aacute;bamos y eso desat&oacute; una serie de conflictos laborales y afectivos. Tambi&eacute;n y desde febrero que el dinero es un problema por su escasez. Hac&iacute;a por lo menos 8 a&ntilde;os que no me preocupaba as&iacute;. O que no estaba tan vac&iacute;a mi cuenta. Desde el primer a&ntilde;o de vida de Ram&oacute;n en el que casi no trabaj&eacute;. Pero ahora s&iacute;, ahora s&iacute; que trabajo y a&uacute;n as&iacute;. Gast&eacute; m&aacute;s plata de la que pod&iacute;a en las vacaciones en Traslasierra y arranqu&eacute; el a&ntilde;o muy averiada econ&oacute;micamente. Hace mucho que no me pasaba. Todos tardan en pagar, nadie en aumentar. Yo no tardo en pagar. &iquest;Por qu&eacute; tardan los dem&aacute;s? No s&eacute; a qu&eacute; conclusi&oacute;n hacer que me lleve esto. &iquest;Deber&iacute;a trabajar m&aacute;s? &iquest;Ser&iacute;a esa la medida? &iquest;Trabajar menos, si igual se paga poco?
    </p><p class="article-text">
        Mi hijo Ram&oacute;n cada tanto me pregunta a qu&eacute; clase pertenecemos. Ayer nom&aacute;s en el 42 atestado de gente que volv&iacute;a a sus casas de trabajar, con sus bolsillos no mucho m&aacute;s llenos que los m&iacute;os, me dice que nosotros somos de clase media y ah&iacute; hace un gesto con su manito con la palma abierta hacia abajo, como aplastando el aire, una mano que desciende, para abajo abajo, le digo que tan abajo no, que media pero no baja, se est&aacute; midiendo con una compa&ntilde;ero de la escuela que tiene una computadora para &eacute;l s&oacute;lo, en su propia habitaci&oacute;n. Pegado a eso me pregunta cu&aacute;nto vale un iphone, que no tengo la menor idea le digo, la plata, el dinero, y qu&eacute; es lo que se puede comprar, es algo que le interesa tambi&eacute;n a &eacute;l. Le digo que estamos bien y que a &eacute;l no le falta nada y callo, &iquest;qui&eacute;n soy yo para largar semejante aseveraci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Hace veinte a&ntilde;os me preocupaba much&iacute;simo el dinero, o m&aacute;s bien, c&oacute;mo ganarlo, con esta profesi&oacute;n incipiente. De hecho, hace justo veinte a&ntilde;os reci&eacute;n se empezaba a estabilizar eso. Me fui de la casa de mi madre y padre a los 22, nada m&aacute;s y nada menos que en diciembre del 2001, el diciembre aquel. Firmamos el contrato por 400 d&oacute;lares o pesos por mes, el PH en Parque Centenario, entre tres.&nbsp;A la semana se pesific&oacute;. Pasamos a pagar 400 pesos entre tres, que igual hab&iacute;a que pagar. Ten&iacute;a unos ahorros en cheques de viajero de una pel&iacute;cula en la que hab&iacute;a actuado, as&iacute; que una vez por mes m&aacute;s o menos iba a Plaza San Mart&iacute;n al local de American Express a cambiar mis cheques de a cien d&oacute;lares. Con ese valor en pesos y en la casa compartida, iba bien. Ese a&ntilde;o siguiente hice una publicidad, la &uacute;nica que hice en mi vida, era un protag&oacute;nico y tambi&eacute;n me pagaron bien para lo que era mi nivel de vida y as&iacute; fui tirando. Despu&eacute;s en alg&uacute;n momento ya se arm&oacute; la bola laboral y de proyectos y con un nivel de vida discreto, con altibajos pero nunca tan bajos como para tener que volver al hogar familiar, viv&iacute; y alquil&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hace dos a&ntilde;os, cuando le&iacute; <em>El diario del dinero</em>, de <strong>Rosario Bl&eacute;fari </strong>que edit&oacute; Mansalva, se me frunci&oacute; el coraz&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a ser que una artista como ella estuviera constantemente haciendo cuentas y preocupada por el dinero? &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;amos hecho un fideicomiso entre todos los que la queremos y admiramos para que no tuviera que preocuparse ni un segundo y s&oacute;lo vivir y crear?
    </p><p class="article-text">
        Ahora soy due&ntilde;a del departamento en el que vivo. Mi madre y sus hermanos vendieron la casa de sus padres hace algunos a&ntilde;os y con eso que le toc&oacute; a ella m&aacute;s una diferencia que pude poner yo, compramos este departamento. Por eso cuando Ram&oacute;n aplasta el aire con su mano hacia abajo le digo que tanto no, que poseemos el departamento en el que vivimos, y que eso ya es un mont&oacute;n. Si yo ahora, adem&aacute;s de todo, tuviera que estar pagando un alquiler, bueno no podr&iacute;a estar pag&aacute;ndolo. Deber&iacute;a estar viviendo con otra gente, m&iacute;nimo. Y m&aacute;s lejos. O bueno, trabajando much&iacute;simo m&aacute;s. Que, nuevamente, no es garant&iacute;a de estar ganando much&iacute;simo m&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Hace un rato una amiga me dijo lo que le pagan por un trabajo en el Col&oacute;n. Hace a&ntilde;os que todos trabajamos precarizad&iacute;simos en el teatro oficial y encima hay que andar agradeciendo y sonriendo en fotos por el s&oacute;lo hecho de pertenecer al 1% que puede acceder a esas plazas y nadie diciendo &ldquo;pero esto es precarizaci&oacute;n laboral&rdquo;. Para eso prefiero precarizarme sola y con honra y no precarizarle a alguien m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Nunca pude entrar en la rueda del dinero del todo, en eso me siento un poco como Rosario. Es decir, me importa y lo necesito lo suficiente como para no tener que prescindir de las necesidades b&aacute;sicas ni preocuparme por cu&aacute;ntos productos me llevo del chino. O si puedo o no ir a comer a tal o cual lugar. O para poder vacacionar en Traslasierra cada tanto, cada verano de ser posible, nunca en hoteles, siempre en casas de a varios. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es una columna rancia la de hoy? Un poco. &iquest;Me siento rancia yo? Para nada. Yo tengo fe. Creo en lo que hago y en lo que hace un mont&oacute;n de gente que tengo lejos y cerca. Pero hoy camino a la escuela de Ram&oacute;n, aparte de los que ranchean en las afueras del Parque Centenario, vimos a 3 personas durmiendo en la calle, envueltas en frazadas, que antes no. Tres personas en una ma&ntilde;ana fresca de oto&ntilde;o, envueltos en telas, a la intemperie, con sus cabezas sobre sus mochilas. Eran tres hombres j&oacute;venes. Ram&oacute;n me pregunta si llovi&oacute;, porque los techos de los autos est&aacute;n mojados. Le hablo del roc&iacute;o, no sabe lo que es. Ese roc&iacute;o cay&oacute; sobre esos hombres tambi&eacute;n. Ellos no estaban durmiendo en esos pisos ni ayer ni el mes pasado. &iquest;Cu&aacute;nta gente va a poder seguir pagando un alquiler, en esta ciudad? En Floresta implota un piso, por sobrepoblaci&oacute;n. Y todo eso s&iacute; que es rancio, rancio de verdad.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; exactamente qu&eacute; dice esta columna que mezcla todo, vocaci&oacute;n con profesi&oacute;n con sueldo con dinero con ley habitacional. Quiz&aacute;s s&oacute;lo quer&iacute;a compartir un poco algo acerca de la combinaci&oacute;n de estas variables, trabajo dinero sustento hogar, sin las cuales nadie es nada en una ciudad. Y justo veinte a&ntilde;os despu&eacute;s. Tan cerca del 2001 y las asambleas y la gente que se empez&oacute; a juntar en las plazas. Ojal&aacute; no vuelva a ser 2001. Mi amiga Cynthia dice que el tiempo avanza de modo espiralado. En realidad no lo dice acerca del tiempo, lo dice acerca de la ficci&oacute;n: dice que en la ficci&oacute;n, en un relato, hay que volver a pasar por el mismo lugar pero que no sea el mismo lugar, que algo se haya elevado o progresado, como en una espiral. Si ahora vivi&eacute;ramos un reflejo de aquel 2001, que sea espiralado o pasado por una espiral, &iquest;pero de qu&eacute; manera? Aunque sea, la de habernos agrupado, la de haber empatizado, que siempre es lo &uacute;nico que nos salvar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/veinte-anos_129_10180560.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 May 2023 03:01:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1184b4af-e47d-4348-9d56-7a3bc720a13b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="781741" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1184b4af-e47d-4348-9d56-7a3bc720a13b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="781741" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Veinte años de mucho]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1184b4af-e47d-4348-9d56-7a3bc720a13b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ciudad, dos películas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ciudad-peliculas_129_10138787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/52f8a7e5-b503-4358-b23e-1fbd62641f5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una ciudad, dos películas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora, enlazada emocionalmente a Montevideo, viaja a las pantallas del Festival de la Cinemateca uruguaya y recupera luces, sonidos y relatos de infancias en "El Eco" y "20.000 especies de abejas".</p></div><p class="article-text">
        Los sitios en los que viv&iacute; cosas intensas, y aunque haya estado por un breve per&iacute;odo, se alojan dentro m&iacute;o como peque&ntilde;as vidas vividas, dentro de esta dramaturgia general. Nodos que podr&iacute;an haber sido fugas hacia otro desarrollo pero se cerraron como nodo que, sin embargo, al ser rozado, se activa como si fuera una vida posible a&uacute;n, sucediendo todo el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Uno de esos lugares podr&iacute;a ser Montevideo. O es. Es Montevideo. Ciudad a la que de hecho en alg&uacute;n momento -casi- voy a vivir. Pero no. Luego le adjudiqu&eacute; esa vida a la protagonista de una novela que escrib&iacute; y con eso alcanz&oacute;. Como la vida en las sierras de C&oacute;rdoba que vive el alterego de la pel&iacute;cula que dirig&iacute;, pero no yo.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada viaj&eacute; a Montevideo invitada por el Festival de la Cinemateca uruguaya que es en s&iacute; mismo otro lugar de aquellos m&iacute;ticos. Un sitio que existe hace 71 a&ntilde;os y desde hace 5 tiene nueva sede, un edificio moderno en la Ciudad Vieja de Montevideo, entre el Teatro Sol&iacute;s y el bar La Ronda, todo a lo que se puede aspirar.
    </p><p class="article-text">
        En nuestra competencia, que es la Iberoamericana, vimos 11 pel&iacute;culas de Argentina, Chile, M&eacute;xico, Uruguay, Espa&ntilde;a, Rep&uacute;blica Dominicana, Cuba, Portugal y Brasil. Premiamos dos. El primer premio se lo dimos a <em>El Eco</em>, la cuarta pel&iacute;cula de <strong>Tatiana Huezo</strong>, una directora salvadore&ntilde;a que vive y trabaja en M&eacute;xico. Huezo filma a algunas familias en una comunidad en las sierras en el norte de M&eacute;xico. Sobre todo, filma a las mujeres, las ni&ntilde;as y los ni&ntilde;os de esas comunidades, que son los que est&aacute;n en la casa y en la escuela. No hay hombres m&aacute;s que en dos escenas, creo, como fantasmas que vuelven cansados a desplomarse sobre sillas mientras balbucean algo, nunca nada muy trascendental. La pel&iacute;cula arranca con una mujer joven y una ni&ntilde;a ba&ntilde;ando a una se&ntilde;ora muy muy mayor. La se&ntilde;ora mayor est&aacute; dentro de una palangana de lata, como un beb&eacute; raqu&iacute;tico, vemos su espalda huesuda, su piel de cuero ajado, su pelo plateado cortado sin cuidado. La mujer y la ni&ntilde;a la lavan con tazas, ella emite algunos sonidos, se queja cuando le entra champ&uacute; a los ojos, como lo har&iacute;a cualquier beb&eacute;. La luz es tenue y filtrada, no se podr&iacute;a decir qu&eacute; hora del d&iacute;a es, las ventanas de ese rancho no dejan pasar demasiada luz. Esa ni&ntilde;a va a acompa&ntilde;ar y cuidar a esa abuela en varias escenas. En una, que acaso sea mi favorita de la pel&iacute;cula, la ni&ntilde;a le prueba pares viejos de anteojos para leer a la anciana, que est&aacute; acostada en la cama. Con el segundo o el tercer par la anciana admite estar viendo mejor. La ni&ntilde;a le pregunta de qu&eacute; color es su blusa y la anciana dice un color que no es. Mucho de lo que vemos es de registro, la pel&iacute;cula de hecho se presenta como documental, pero lo que hace la directora tiene mucho de construcci&oacute;n, de artificio. Hay algunas tramas que se desarrollan, como la de la hija adolescente que es buena montando caballos, y a la que su madre no deja competir en una carrera de caballos que hacen en la comunidad, por ser cosa de hombres. Poco despu&eacute;s la hija se va sin dejar rastros hasta que se enteran que se fue a la ciudad, y la madre manda a otra de las hermanas a verla y asegurarse de que est&eacute; bien, y que no haga los mismo que ella, eso de casarse a los 14. Y en estas escenas dram&aacute;ticas esas muchachas act&uacute;an sin grandilocuencia, dicen esos textos, que se parecen tanto a los de la vida real, y lo hacen muy bien.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra l&iacute;nea en el documental que reaparece cada tanto que es en la escuela del caser&iacute;o en la que los ni&ntilde;os de los grados mayores les ense&ntilde;an a los menores lo que han aprendido. Tampoco s&eacute; cu&aacute;nto de artificio hay en estas escenas, probablemente no tanto porque qui&eacute;n podr&iacute;a hacer actuar as&iacute; a ni&ntilde;xs no actores. Pero de nuevo, al menos la directora les ha generado un clima en el que ellos pueden seguir siendo s&iacute; mismos en el aula con c&aacute;mara y todo metida ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula es bell&iacute;sima, de esas que una querr&iacute;a ver en continuo: termina y que vuelva a empezar. De luz, de sonido, de relato. Busco y leo que la directora misma se refiere a su trabajo as&iacute;: <em>&ldquo;Sent&iacute; miedo en muchos momentos de no lograr hacer una pel&iacute;cula potente, por esta sensaci&oacute;n de que no hab&iacute;a una tragedia. Tem&iacute;a que la vida cotidiana tal vez no fuera suficiente. Pero s&iacute; que lo es. Y eso aprend&iacute;.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula de clausura que dan en el festival es <em>20.000 especies de abejas, </em>de la directora espa&ntilde;ola <strong>Estibaliz Urresola Solaguren</strong><em>. </em>Algunas personas salen de la sala despu&eacute;s de la premiaci&oacute;n, siempre es un poco raro el lugar que ocupa la pel&iacute;cula de clausura en un festival, a la mayor&iacute;a de la gente le entra ansiedad de c&oacute;ctel y no se quedan a ver. Esta vez me quedo sentada porque el tema de la pel&iacute;cula me convoca, la foto en el cuaderno del festival tambi&eacute;n, que sea de una directora vasca otro tanto. Pienso que si llegara a no interesarme a&uacute;n estar&iacute;a a tiempo de fugarme a por el trago. Dos horas despu&eacute;s Eugenia, mi compa&ntilde;era de jurado y yo, nos secamos las l&aacute;grimas en la penumbra. Veo que las personas de adelante m&iacute;o en el cine, hacen la misma acci&oacute;n: pasan sus dedos por los lagrimales de un ojo y otro. Las protagonistas de la pel&iacute;cula son la ni&ntilde;a trans <strong>Sof&iacute;a Otero</strong> y su madre <strong>Patricia L&oacute;pez Arnaiz</strong>. Ane (Arnaiz) va a la casa de su propia madre en el campo a pasar el verano con sus tres hijxs. Se la ve desbordada, en crisis con el padre de lxs ni&ntilde;ez, con una crisis personal como artista tambi&eacute;n, necesita tiempo para trabajar en unas esculturas y entendemos que visitando a su madre podr&aacute; trabajar y criar. De todos modos, la protagonista o el punto de vista de la pel&iacute;cula es desde el ni&ntilde;e Aitor, el menor de lxs hijxs, de 7 a&ntilde;os.&nbsp;Desde el principio de la pel&iacute;cula Aitor va de pelo largo y ropa neutra y se hace llamar Coco. Al principio parece no ser tan problem&aacute;tico, hasta que la madre empieza a insistir con que vayan a pasar el d&iacute;a al balneario p&uacute;blico y el ni&ntilde;e que no que no que no y en alg&uacute;n momento estalla que no quiere ser visto como ni&ntilde;o en ba&ntilde;ador porque no le gusta ser ni&ntilde;o y le gustar&iacute;a ser ni&ntilde;a porque se siente ni&ntilde;a y la madre que es amorosa pero est&aacute; desbordada le dice que no tiene por qu&eacute; definirse pero el ni&ntilde;e intenta comunicarle que s&iacute;, que ella ya sabe que es ella y que es justamente eso lo que quiere definir. Entonces entra en juego una t&iacute;a apicultora que vive en las sierras y cura con aguijones de abejas, que ve y entiende toda la escena y se lleva a la ni&ntilde;a en transici&oacute;n a la sierra donde ella empieza a autorreferirse en femenino y sentirse feliz. Esa t&iacute;a Lourdes la apicultora es la que va a catalizar todo el conflicto y hacer que madre e hija se puedan comunicar.
    </p><p class="article-text">
        Hay una escena tremenda sobre el final de la pel&iacute;cula que hizo que varias empez&aacute;ramos a hacer ese gesto de secarnos el lagrimal, que es en un bautismo en las sierras en el que se re&uacute;ne toda la familia y en el que la ni&ntilde;a hace su presentaci&oacute;n en sociedad vestida como ni&ntilde;a en un vestido blanco de lazo rosa. A mitad del bautismo volvemos a verla vestida de var&oacute;n, hasta que en un momento desaparece y toda la familia sale por el bosque a llamarla a voz en cuello. Por supuesto, arrancan llam&aacute;ndole por su nombre de nacimiento, Aitor. Hasta que en un momento su hermano var&oacute;n, el que le sigue, entiende, y empieza a gritar Luc&iacute;a al eco de ese bosque, que es el nombre que todxs saben que Aitor eligi&oacute; para s&iacute;. Y si bien unos segundos antes de que sucediera lo vi venir, y si bien en general cuando me pasa eso me molesta esa sensaci&oacute;n, la de lo evidente, ac&aacute; tuvo el efecto cat&aacute;rtico, liberador, de ver a los miembros de esa familia gritando ese nombre nuevo a la espesura.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n, creo, el llanto se deba a lo bien que han hecho actuar a ni&ntilde;es estas dos mujeres en el cine, la perfecta combinaci&oacute;n entre artificio y verdad, a medio camino entre el documental torcido y una ficci&oacute;n con tanto de verdad.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ciudad-peliculas_129_10138787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Apr 2023 03:46:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/52f8a7e5-b503-4358-b23e-1fbd62641f5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="77926" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/52f8a7e5-b503-4358-b23e-1fbd62641f5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="77926" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una ciudad, dos películas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/52f8a7e5-b503-4358-b23e-1fbd62641f5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por encima del tablero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tablero_129_10103397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f26c5a2d-78b8-491f-99ab-f91b38e1bae4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por encima del tablero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El asesinato del colectivero es leído por la política como una conspiración o como una oportunidad para sacar rédito electoral. Dónde quedó, se pregunta la autora, la dimensión humana. </p></div><p class="article-text">
        A veces la esperanza simplemente cede.
    </p><p class="article-text">
        El optimismo.
    </p><p class="article-text">
        Y el cinismo gana la partida.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo llegamos a esta situaci&oacute;n de empobrecimiento?
    </p><p class="article-text">
        Viene un chico norteamericano que vive en Berl&iacute;n a investigar sobre una escritora argentina que traduc&iacute;a al yiddish y me deshago en halagos hacia esta ciudad, hacia este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Viene una amiga alemana que vive entre Hamburgo y Berl&iacute;n y ni siquiera tengo que deshacerme en halagos porque ella no es la primera vez que viene sino que reincide, reincide y reincide, a ella ni siquiera la tengo que convencer. Algo de ella se queda ac&aacute; cada vez que tiene que volver.
    </p><p class="article-text">
        Un grupo de espa&ntilde;oles viene a filmar un episodio sobre librer&iacute;as independientes en Buenos Aires y en la falsa tertulia que armamos para la c&aacute;mara el discurso que trasciende es antiimperialista y de presumir con aquello que s&iacute; tenemos ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Yo hablo de periferia y un editor dice que ni siquiera, porque la periferia se define desde el poder.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente lo que valore cada vez que halago es que a&uacute;n, casi siempre, la gente por ac&aacute; sigue teniendo en cuenta, viendo o sintiendo, que el otrx existe.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que estamos ensayando una obra y nos vemos seguido, comentamos los temas del d&iacute;a. Dos de nosotrxs somos fan&aacute;ticos de los policiales; todos de las cosas que pasan y de escuchar la radio tambi&eacute;n. Comentamos los hechos, nos compartimos videos despu&eacute;s. La obra que estamos ensayando tambi&eacute;n est&aacute; filtrada por esos sucesos y los sucesos se cuelan en esa ficci&oacute;n. El otro d&iacute;a ve&iacute;a a Esteban encarnando su personaje y no pod&iacute;a no pensar en la mujer a la que hab&iacute;a escuchado a la ma&ntilde;ana en la radio. Era la mujer del polic&iacute;a que fue a tomar el colectivo tristemente c&eacute;lebre que fue abordado por unos hombres que asaltaron, mataron, y huyeron a los tiros. El periodista que la entrevistaba quer&iacute;a la reconstrucci&oacute;n del hecho como si se tratara de un policial, o como si necesitara reconstruir el hecho para llegar a la verdad. La mujer, que hablaba muy articulada, impon&iacute;a aquello de lo que ella ten&iacute;a ganas de hablar, que era que este episodio no ten&iacute;a nada de particular, y no se deten&iacute;a en &eacute;l, sino que describ&iacute;a el d&iacute;a a d&iacute;a del barrio, hablaba de la calle de tierra, dec&iacute;a que esos chicos robaban celulares a los vecinos para irse al fondo a comprar droga. No era una se&ntilde;ora reaccionaria, era una se&ntilde;ora que viv&iacute;a ah&iacute;. Tampoco estigmatizaba a esos ladrones, explicaba la secuencia de acciones con absoluta claridad: el robo, el fondo, la droga, nada que nadie desconozca. 
    </p><p class="article-text">
        Entrevistaron tambi&eacute;n a uno de los colectiveros que le hizo de escudo humano a Berni cuando le volaban trompadas y cosas. Otro que habla desafectado y con la raz&oacute;n de su lado. Dice que no est&aacute; de acuerdo con la violencia as&iacute;, dice tambi&eacute;n que mientras escudaba a Berni lo acusaba de mentiroso. Dice que a Berni ya lo conoc&iacute;a. Que ya hab&iacute;a estado con ellos cuando mataron a otro compa&ntilde;ero. Que en aquel otro encuentro le concedieron una reuni&oacute;n a puerta cerrada, sin prensa ni c&aacute;maras, como hab&iacute;a pedido el ministro. Y que en esa ocasi&oacute;n prometi&oacute; todo tipo de cambios que as&iacute; como termin&oacute; la reuni&oacute;n, cayeron en saco roto. Que por eso en esta ocasi&oacute;n, de su brazo, lo llamaba mentiroso. Y que esta vez aprovechar&iacute;an la presencia de c&aacute;maras para que quedara asentado lo que hab&iacute;a venido a prometerles. El hombre no se sulfura, el hombre lo llama mentiroso mientras lo protege de sus propios compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        Del otro lado de la vereda de ese pragmatismo, el bufonismo de la investidura, de los investidos, que pasan por encima/omiten la instancia empat&iacute;a para arrojarse de lleno a la met&aacute;fora: c&oacute;mo este hecho beneficia a la oposici&oacute;n, que no es inocente, que es consecuencia, que est&aacute; orquestado. Y desde la oposici&oacute;n: que qu&eacute; horror que se los se&ntilde;ale, que qu&eacute; horror las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas del gobierno de turno, que qu&eacute; horror la inseguridad, que hay que endurecer. 
    </p><p class="article-text">
        Justo este tipo de asuntos que se engloban bajo el t&eacute;rmino &ldquo;seguridad&rdquo; o &ldquo;inseguridad&rdquo; despiertan los &aacute;nimos m&aacute;s recalcitrantes.
    </p><p class="article-text">
        Recurren mucho a los t&eacute;rminos democracia, constituci&oacute;n, constitucionalidad.
    </p><p class="article-text">
        Todxs parecen querer combatir el s&iacute;ntoma sin detenerse a preguntar qu&eacute; lo caus&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pero quer&iacute;a detenerme ac&aacute; en este caso en particular, y porque viene sucediendo algo similar en los temas m&aacute;s variados, que los pol&iacute;ticos se saltean por completo la dimensi&oacute;n humana y van directo a la dimensi&oacute;n de <em>tablero</em>, para discutir desde ah&iacute;. Con la dimensi&oacute;n <em>tablero</em> me refiero a ver toda la escena desde arriba, desde el punto de vista de la estrategia, de la estratagema, de la conveniencia: intentar evaluar el movimiento del otro, anticiparse al pr&oacute;ximo, difamar, ganar la delantera, sin considerar nunca que esas fichas que mueven modifican la vida de otros tan concretamente, a diario, en sus cosas elementales, como qu&eacute; comemos, c&oacute;mo viajamos, si vamos a poder o no, pagar ese alquiler. Y si bien imagino que la dimensi&oacute;n del tablero debe ser necesaria en cierta medida, para poder planificar, si se pierde toda conexi&oacute;n emp&aacute;tica, el tablero pasa a flotar en la abstracci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ellos, los que miran el tablero desde arriba y se azuzan entre s&iacute; y siempre en detrimento de la dimensi&oacute;n real de lo que en ese tablero se dirime, no pagan alquileres, no toman colectivos, no van a la verduler&iacute;a. En alg&uacute;n momento casi todxs se desconectan de la dimensi&oacute;n humana y empiezan a ver conspiraci&oacute;n en todxs lados, conspiraci&oacute;n que probablemente sea parte de esa estratagema, parte de las reglas del juego de quienes penden sobre un tablero del cual lo humano es ya s&oacute;lo un lejano recuerdo, un sonido, un reverberar.
    </p><p class="article-text">
        RP
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tablero_129_10103397.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Apr 2023 03:02:03 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f26c5a2d-78b8-491f-99ab-f91b38e1bae4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="175796" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f26c5a2d-78b8-491f-99ab-f91b38e1bae4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="175796" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Por encima del tablero]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f26c5a2d-78b8-491f-99ab-f91b38e1bae4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Crimen del colectivero,Política,Romina Paula]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grafomanía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/grafomania_129_10064307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/492499e8-9174-4c1e-b541-8d51b6a4ccd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Grafomanía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sueños y memorias de la autora se entremezclan con la lectura deslumbrada de "El río", la monumental obral del antropólogo Wade Davis, siguiendo los pasos por el Amazonas de su maestro, el biólogo Richard Evans Schultes.</p></div><p class="article-text">
        Anoche so&ntilde;&eacute; con un caracol gigante. Estaba entre hojas, lo levantaba, reci&eacute;n ah&iacute; me daba cuenta de su tama&ntilde;o y de que en efecto era un caparaz&oacute;n habitado a&uacute;n por una criatura grande y muy babosa. Lo apoyaba en el piso y el bicho se desplegaba. Su cuerpo no paraba de emerger y era largo y muy viscoso. Luego se convert&iacute;a en una serpiente verde fluorescente que masticaba las plantas que cuido y me escup&iacute;a los trocitos a la cara, una serpiente atrevida. Intentaba capturarla pero, por supuesto, era muy huidiza. 
    </p><p class="article-text">
        Agust&iacute;n y yo el a&ntilde;o pasado est&aacute;bamos ambos escribiendo guiones situados en la selva amaz&oacute;nica. La suya m&aacute;s amaz&oacute;nica de verdad, la m&iacute;a m&aacute;s litorale&ntilde;a. Pero tupida lo mismo. Compartimos un poco nuestros procesos. &Eacute;l viaj&oacute; a Colombia y me trajo <em>El r&iacute;o</em>, un largo ensayo del antrop&oacute;logo canadiense <strong>Wade Davis</strong> que lleva como subt&iacute;tulo <em>&ldquo;Exploraciones y descubrimientos en la selva amaz&oacute;nica&rdquo;. </em>Es un libro largo para ser un ensayo, con tama&ntilde;o y peso de bestseller. Tard&eacute; en empezarlo por eso mismo, su peso y tama&ntilde;o, y algo de sospecha tambi&eacute;n. Pero, como buena -un poco- graf&oacute;mana los libros grandes me suelen entusiasmar m&aacute;s que los breves: si me va a gustar, que dure por lo menos. El libro es fascinante desde el principio. Tiene mucho de ficcionado, asumo, como deber&iacute;a ser, o de puesta en escena al menos, con di&aacute;logos por ejemplo, puestas en situaci&oacute;n. Y su modo de contar, como con las cosas que me gustan o que est&aacute;n bien, hace que me encuentre descubriendo que me interese el camino del peyote o c&oacute;mo luce el puerto de Santa Marta o si Adalberto los va a dejar o no entrar a la aldea. Davis es, evidentemente, un escritor adem&aacute;s de un explorador bot&aacute;nico. Y escribe cosas como estas, en una supuesta conversaci&oacute;n que tuvo con su antecesor <strong>Tim Plowman</strong>, en Santa Marta justamente, antes de emprender la Sierra Nevada:
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;A medida que pasaba la tarde, cambiamos de tema y hablamos de bot&aacute;nica, en particular de un libro nuevo muy comentado que afirmaba que las plantas reaccionan a la m&uacute;sica y la voz humana. A Tim la idea le parec&iacute;a rid&iacute;cula.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-&iquest;Por qu&eacute; diablos le importar&iacute;a a una planta Mozart?- recuerdo que pregunt&oacute;-. Y a&uacute;n si fuera as&iacute;, &iquest;por qu&eacute; debe eso impactarnos? &iquest;Con que las plantas coman la luz no es suficiente?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Prosigui&oacute; hablando de la fotos&iacute;ntesis en la forma en que un artista describir&iacute;a los colores. Dijo que al atardecer el proceso se invierte y que a esa hora las plantas emiten peque&ntilde;as cantidades de luz. Se refiri&oacute; a la savia como la sangre verde de las plantas, y explic&oacute; que la clorofila es estructuralmente casi igual a la sangre humana, s&oacute;lo que las plantas reemplazan el hierro en la hemoglobina por el magnesio. Habl&oacute; de la manera como crecen las plantas y de una semilla de hierba que produce noventa y seis kil&oacute;metros diarios de pelos radicales, o sea nueve mil seiscientos kil&oacute;metros en el curso de una estaci&oacute;n; de c&oacute;mo un campo de centeno exhala quinientas toneladas de agua diarias; de una flor que para alcanzar su plenitud penetra a trav&eacute;s de un cent&iacute;metro de pavimento; de c&oacute;mo el amento del abedul produce cinco millones de granos de polen; de &aacute;rboles que viven cuatro mil a&ntilde;os. Al contrario de todos los bot&aacute;nicos que hab&iacute;a conocido, no estaba obsesionado por la clasificaci&oacute;n. Para &eacute;l los nombres en lat&iacute;n eran como poemas japoneses o versos. Los recordaba sin hacer esfuerzo, encantado particularmente por su origen.</em>
    </p><p class="article-text">
        -<em>Cuando uno pronuncia los nombres de las plantas- dijo en cierto momento-, pronuncia los nombres de los dioses.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hace poco un amigo se autodefini&oacute; como graf&oacute;mano. Dice que escribe porque no puede no hacerlo, no puede parar de escribir. A m&iacute; eso no me pasa para nada, no as&iacute;, pero mir&aacute;ndolo bien s&iacute; que es algo que siempre hice y con los usos m&aacute;s diversos, eso s&iacute;. Y uno de los m&uacute;ltiples usos de escribir porque s&iacute; ha sido el de copiar p&aacute;rrafos de libros que quer&iacute;a retener. Antes de la Internet, ten&iacute;a m&aacute;s sentido: copiar para tener. Pero creo que no se trata solo de eso. Creo que el p&aacute;rrafo fuera de contexto crea algo nuevo, empieza de cero, se libera de su contexto.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No soy acad&eacute;mica: de lo que he le&iacute;do, visto o estudiado s&oacute;lo puedo ver o retener lo que en efecto puedo sentir, lo que de alg&uacute;n modo se materializa porque ya estaba previamente dentro m&iacute;o: alguien que nombra o pinta algo que yo ya sent&iacute; y que eso que veo, leo u oigo, activa. </span>
    </p><p class="article-text">
        A los nueve a&ntilde;os tuve un sue&ntilde;o que en ese momento cre&iacute; revelador o trascendental, del que despert&eacute; turbada. So&ntilde;&eacute; que estaba con mi familia en un museo de culturas originarias y que de repente una figura de un indio cobraba vida. Y me dec&iacute;a que ten&iacute;a que contar la historia de c&oacute;mo hab&iacute;an sido diezmados. En mi sue&ntilde;o hab&iacute;a un h&eacute;roe que era el manco P&aacute;chac, creo que lo llam&eacute;, y mezclaba las pir&aacute;mides con el imperio inca. En mi sue&ntilde;o hab&iacute;an sido arrasados y yo lo ten&iacute;a que contar. Existieron el inca Manco C&aacute;pac y otro inca, Pachac&uacute;tec. 
    </p><p class="article-text">
        No lo recuerdo pero es probable que hayamos le&iacute;do acerca de ellos en la escuela o fuera de ella y que yo pensara que me hab&iacute;a venido en sue&ntilde;os el nombre, y la denuncia. S&iacute; recuerdo estar en trance todo ese d&iacute;a siguiente, con la necesidad de escribir ese relato, que al final no tuvo m&aacute;s que una p&aacute;gina de largo y se llam&oacute; <em>La mano del valiente legendario. </em>Supongo que el relato no era bueno, y no creo que la historia que me pidi&oacute; que contara aquel hombre en sue&ntilde;os haya llegado muy lejos, no difundida por m&iacute; por lo menos, pero acaso s&iacute; fue un primer registro de que a lo mejor escribir s&iacute; sirviera para algo y s&iacute; fuera algo as&iacute; como un servicio, o una vocaci&oacute;n. Y no s&oacute;lo grafoman&iacute;a pura, m&aacute;s all&aacute; del placer del papel la tinta el sonido de la tecla y la secuencia de letrita y letrita tras letrita.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/grafomania_129_10064307.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Mar 2023 03:01:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/492499e8-9174-4c1e-b541-8d51b6a4ccd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="502449" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/492499e8-9174-4c1e-b541-8d51b6a4ccd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="502449" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Grafomanía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/492499e8-9174-4c1e-b541-8d51b6a4ccd2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Wade Davis,Tim Plowman]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuánto es cerca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cerca_129_10022794.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71e742ed-7d6f-4c00-a527-9793c9eddde1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Alexander McQueen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora reflexiona en este texto sobre esa sensación de orfandad y desamparo que dispara la muerte de una madre y que para algunos, por caso el diseñador inglés Alexander Mc Queen, puede resultar tan definitiva como trágica. </p></div><p class="article-text">
        Un amigo me manda para que vea <em>Mc Queen</em>, un documental de Ian Bonh&ocirc;te y Peter Ettedgui que narra la vida y muerte del dise&ntilde;ador ingl&eacute;s, con much&iacute;simo material del dise&ntilde;ador en distintos momentos de su vida, muchas im&aacute;genes en video filmadas por &eacute;l mismo tambi&eacute;n, su desmedido &eacute;xito, su transformaci&oacute;n f&iacute;sica, la demencialidad de sus desfiles. Al final Alexander, a qui&eacute;n sus &iacute;ntimos en la pel&iacute;cula llaman sencillamente Lee, que era su primer y verdadero nombre, mucho menos imperial, acorralado por su &eacute;xito, la presi&oacute;n de ese &eacute;xito, el super&aacute;vit de dinero y consumo, no resiste la muerte de su propia madre y, en medio de los preparativos de su funeral, decide ahorcarse y morir.
    </p><p class="article-text">
        Su madre hab&iacute;a enfermado unos meses antes, &eacute;l no hab&iacute;a podido acompa&ntilde;arla en su proceso de tratamiento, finalmente muere, Lee ya no lo resiste. No pasa m&aacute;s de dos d&iacute;as en este mundo sin su mam&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada asol&oacute; a la comunidad teatral porte&ntilde;a la noticia de la sorpresiva muerte de Mar&iacute;a Onetto, una extraordinaria actriz argentina que no par&oacute; de trabajar en los &uacute;ltimos &iquest;25? a&ntilde;os. No tuve la suerte de haber trabajado con ella pero s&iacute; de haberla visto actuar, muchas veces. La cadencia tan particular de su voz y su decir, quedar&aacute;n resonando. Cuando muere alguien cuya profesi&oacute;n era tambi&eacute;n un servicio p&uacute;blico, es como si se multiplicara el dolor: junto a la desaparici&oacute;n f&iacute;sica se van con ella todos sus personajes posibles, toda su potencial creaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se cuenta que la muerte reciente de la madre de Mar&iacute;a podr&iacute;a haber precipitado su decisi&oacute;n. Que apenas si hab&iacute;a podido hablar de eso, que no hab&iacute;a llegado a coment&aacute;rselo a la mayor&iacute;a de sus amigos, que no pudo con esa orfandad. Mar&iacute;a, como Alexander, ten&iacute;a talento, trabajo, amigos, una casa, reconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Una de estas tarde de calor est&aacute;bamos en la plaza de enfrente, mi madre, mi hijo y yo. En el banco frente a nosotros, un se&ntilde;or con bolsas y revistas en el que no reparamos hasta que se nos acerca a hablar. Va de ropa deportiva y sus ojos tienen una pel&iacute;cula transl&uacute;cida, de llanto eterno, o de alg&uacute;n grado de ceguera. No viene a pedirnos nada, quiere conversar. Nos se&ntilde;ala el edificio de enfrente, dice que en ese edificio vivi&oacute; durante muchos a&ntilde;os su mam&aacute;. Que trabajaba para una familia. Dice el nombre de la familia pero no logro retenerlo. Dice que a su madre la trajeron enga&ntilde;ada de Salta, a trabajar para una familia, que le dijeron que pod&iacute;a venir con &eacute;l, su hijo, que se criar&iacute;a con los hijos de la familia, pero que no fue cierto eso, y que ni bien llegaron tuvo que entregarlo, y que entonces lo mandaron a un internado rural en Santa Fe. Que la madre del se&ntilde;or trabaj&oacute; a&ntilde;os en la casa de esta familia, y luego en lo de otra, unas cuadra m&aacute;s all&aacute;, y menciona otro apellido que tampoco puedo recordar. Nos pregunta si los conocemos, que son m&eacute;dicos, mi madre le dice que ella no vive por ac&aacute;, a partir de entonces se dirige a m&iacute;, que s&iacute; vivo ac&aacute; pero que no, a esa familia no conozco, no. Dice el se&ntilde;or que est&aacute; ahorrando para ir a Salta a conocer el sitio del que sali&oacute; su madre, dice que no fue nunca, que quiere conocer. Dice tambi&eacute;n que muri&oacute; su madre, ah&iacute; tampoco est&aacute; clara la l&iacute;nea de tiempo, si fue hace mucho, si es algo reciente, y los ojos se le llenan de l&aacute;grimas, m&aacute;s a&uacute;n. Dice, como si el tiempo no hubiera pasado y fuera el ni&ntilde;o m&aacute;s ni&ntilde;o en ese cuerpo de se&ntilde;or, que la extra&ntilde;a mucho, <em>la extra&ntilde;o mucho</em>, dice y es tan sincero ese dolor. Vuelvo a ver a ese se&ntilde;or en los pr&oacute;ximos d&iacute;as, orbitando la plaza siempre, lee revistas, come alguna cosa, no lo he visto conversar. Queda imantado por el sitio en el que sol&iacute;a trabajar su mam&aacute;, a la que extra&ntilde;a, porque ya no est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; la distancia propicia a la madre? Para ni anhelar ni desbordar. &iquest;Habr&aacute; tantas distancias como madres hay? A veces mi hijo Ram&oacute;n me dice que me quiere demasiado. Le digo que no, que lo justo y necesario. Y &eacute;l insiste que no, que es demasiado. Me inclino a pensar que no es m&aacute;s que un modo de decir, de galanter&iacute;a, y apuesto tambi&eacute;n a que si tiene una buena base de cari&ntilde;o, de ser querido ahora que todav&iacute;a es chico y est&aacute; irremediablemente cerca, eso le va a ayudar a estar a distancia prudencial, mucha o poca, despu&eacute;s. Que el agujero siempre es peor, como para ese se&ntilde;or al que enviaron tan lejos de su madre y &eacute;l ahora la extra&ntilde;a tanto que no puede ser un hombre ni alejarse del radio en el que ella trabaj&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Es muy incre&iacute;ble que la distancia no necesariamente sea distancia f&iacute;sica real. Para volver a Lee Alexander: &eacute;l se fue de su casa de suburbio ingl&eacute;s de muy joven, pidi&oacute; trabajo en una sastrer&iacute;a en la que su madre le hab&iacute;a dicho que necesitaban empleados y, como se sabe, nunca volvi&oacute;. Termin&oacute; disputado por las casas m&aacute;s importantes, Gucci, Givenchy, rodeado de famosxs, revolucionando la historia de la moda. Alguien apegado a su madre no necesariamente vive en la misma casa que ella y mira televisi&oacute;n en el sill&oacute;n. Eso es lo m&aacute;s misterioso, que puede ser un fen&oacute;meno silente. Y sin embargo luego, pum: ni 48 hs sin tu madre en el mundo. Se fue ella, me voy yo. Las amigas que tengo que perdieron a sus madres, por m&aacute;s adultas que hayan sido cuando eso sucedi&oacute;, me han dicho que la sensaci&oacute;n de orfandad es enorme&hellip; Enorme. &iquest;Y ahora? &iquest;C&oacute;mo es el mundo sin mam&aacute;? El agujero en el coraz&oacute;n que a veces lleva el nombre de <em>mam&aacute;</em>, lo que sea que eso signifique, es un agujero que no se cubre, con el que en el mejor de los casos, se convive. O no.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cerca_129_10022794.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Mar 2023 05:02:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/71e742ed-7d6f-4c00-a527-9793c9eddde1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="108409" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/71e742ed-7d6f-4c00-a527-9793c9eddde1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="108409" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Cuánto es cerca]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/71e742ed-7d6f-4c00-a527-9793c9eddde1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[Romina Paula,Alexander Mc Queen,María Onetto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos señoras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/senoras_129_9982230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d32e10e5-b14e-43d5-85e7-4219dbb4c5cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos señoras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un techo que gotea y una película que maltrata a sus personajes con ¿oscuras intenciones? en el texto de Romina Paula de esta semana.</p></div><p class="article-text">
        <em><strong>Una se&ntilde;ora</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Cae agua desde el departamento de arriba en alguna frecuencia que hace que por ahora se manifieste en modo mancha. Ha pasado ya que de la mancha pasara directamente a gotear. Ese es un problema que se hab&iacute;a resuelto. Beatriz del 8A renov&oacute; el ba&ntilde;o y ac&aacute; dej&oacute; de gotear. Lijaron, pintaron: el orden se restituy&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, a un a&ntilde;o de aquello, en mi pasillo vuelve a haber olor a humedad. Salgo de mi cuarto y siento como si mi nariz se enterrara en la tierra mojada y hubiera ah&iacute; hongos y ra&iacute;ces y musgo, un olor as&iacute;. Miro hacia arriba, enciendo la luz: el agua ha vuelto a hacer de las suyas. Le dejo un mensaje que no me gustar&iacute;a que me dejaran, a Beatriz. No porque sea agresivo, al contrario, intento sonar amable pero mi mensaje en s&iacute; es una porquer&iacute;a: que sigue goteando aquello que ella hizo arreglar levantando todo el ba&ntilde;o hace un a&ntilde;o nom&aacute;s. La clase de mensaje que uno no desea recibir. De hecho su respuesta, que no se hace esperar, es un audio lleno de silencio. Miro el aparato varias veces para comprobar que el audio sigue corriendo: Beatriz sigue ah&iacute; del otro lado de esa grabaci&oacute;n, s&oacute;lo que no se manifiesta. Beatriz est&aacute; derrotada, dice que la angustia mucho, que ella hizo todo el arreglo, el ba&ntilde;o a nuevo, que no sabe qu&eacute; decirme, por eso calla, que no sabe qu&eacute; decir. Al rato, se pone m&aacute;s pragm&aacute;tica y dice que viene para ac&aacute;. Beatriz no vive en este departamento ahora, se propone alquilarlo temporariamente, para eso lo est&aacute; arreglando. Al rato me toca el timbre. La invito a ver la mancha, dice que no quiere, que la angustia, y que de todos modos no entiende nada de eso. Est&aacute; abatida, que ya gast&oacute; mucha plata en esto, que ma&ntilde;ana se va de vacaciones, que no sabe qu&eacute; pensar, que va a dejarme las llaves de su casa por si cualquier cosa en estos d&iacute;as que ella no va a estar. Me pide que subamos, que aprenda lo de las llaves en la puerta y compruebe con ella que cerr&oacute; bien las llaves de paso, de cocina y ba&ntilde;o. Subimos, entramos, es la segunda vez que entro a su departamento, la &uacute;ltima fue hace casi 8 a&ntilde;os, cuando ella a&uacute;n viv&iacute;a ac&aacute;. Ella se acerca a la persiana, la levanta, y se revela el milagro: la plaza vista desde arriba, una perspectiva distinta a la m&iacute;a, yo no veo esto as&iacute;. Pero si ten&eacute;s la misma vista, me dice y le digo que no que as&iacute; no, que ese agujero entre las copas no lo veo y esas flores rosas de los palos borrachos all&aacute; atr&aacute;s tampoco. Y entonces ambas decimos: <em>Es que esto es hermoso</em>, sonre&iacute;mos, y que por eso se tolera lo viejo del edificio y los problemas de ca&ntilde;er&iacute;as y tanto m&aacute;s. Miramos las copas y los palos borrachos en flor y los edificios detr&aacute;s, y ambas sonre&iacute;mos, efectivamente es hermoso. Veo mi balc&oacute;n desde arriba: ah&iacute; abajo vivo yo. 
    </p><p class="article-text">
        Me da algunas indicaciones m&aacute;s de la casa, me muestra el piso del ba&ntilde;o hecho a nuevo, miro esa loza azul pensando c&oacute;mo es que el problema puede estar apretado ah&iacute; abajo, entre su piso y mi techo y que si ser&aacute; persistente el agua que se abre camino por d&oacute;nde sea, como las hormigas, que ya se han quedado con parte de la propiedad.
    </p><p class="article-text">
        Cerramos su casa, le digo que intente disfrutar de sus vacaciones, que no la molestar&eacute; por nada que no sea urgente. Se va. Dejo su llavero sobre mi biblioteca. 
    </p><p class="article-text">
        A la hora de la siesta me manda otro mensaje, que si me puede llamar. Me dice que se qued&oacute; pensando, que se preocup&oacute;. Temo que me diga que se arrepinti&oacute; de haberme dejado la llave. Por el contrario, me dice que se qued&oacute; pensando que la puerta de su departamento ten&iacute;a unos rayones que ella no hab&iacute;a visto y que si le pod&iacute;a hacer el favor de entrar a su casa una vez por d&iacute;a mientras ella est&eacute; de viaje, para asegurarme de que todo est&eacute; en su lugar. Acepto, le digo que no hay problema, me quedo pensando si acaso ella considera posible que alguien est&eacute; entrando en su casa a diario.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, cada tanto, siento que escucho sonidos que vienen de arriba y me asomo a la terraza a ver si su ventana sigue pertinentemente cerrada, temiendo haber ingresado a un relato de Carver sin que me hayan avisado.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque no me vea, cumplo con mi tarea con rigor: subo, abro, miro, nada se ha movido, cierro, me voy. La mancha en mi techo ha desaparecido pero ahora soy la custodia de su hogar.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Y otra</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Veo la pel&iacute;cula <em>T&aacute;r</em>, de Todd Field. Es una trampa, artera. Cate Blanchett es Lydia T&aacute;r, hermosa, asertiva, lesbiana. Con un look que <em>mamma m&iacute;a</em>, prendas hechas a medida. Hace de directora de orquesta, ciudadana del mundo, exitosa, madre. Vive en Berl&iacute;n con su pareja, la primera violinista, que no es otra que la magn&iacute;fica Nina Hoss, hero&iacute;na de muchas de las pel&iacute;culas del alem&aacute;n Christian Petzold. Su asistente, a la vez, es la francesa No&eacute;mi Merlant, todas preciosas, todas talentosas, todas empoderadas. Entonces aparece una nueva chelista rusa, joven. Y todo se va al demonio. El guionista y director pone a combatir a todas sus protagonistas entre s&iacute;, como locas vengativas y destroza a su personaje principal y destroza la hora y media de pel&iacute;cula que se hab&iacute;a tomado la delicadeza de construir. De repente, la mujer de origen humilde a la que le llev&oacute; toda una vida llegar a donde lleg&oacute;, con el esfuerzo que eso implica, y el trabajo demencial, encima siendo mujer, se convierte en una loca desbordada de una escena a la otra, que arroja todo por la borda, loca que por otra parte merece ser castigada por todo y por todas: una ex amante se suicida, su ayudante fiel se convierte en una psic&oacute;pata que la abandona, la mujer, que la conoce de toda la vida, la deja por &iquest;enterarse, descubrir, a esta altura de la soiree? De que a su compa&ntilde;era le gustan otras mujeres y j&oacute;venes y eso es raz&oacute;n suficiente para quitarle la tenencia y hasta el derecho a ver a su hija en com&uacute;n. Por &uacute;ltimo, como si se pudiera ser a&uacute;n m&aacute;s tonto o malo, sit&uacute;a a su personaje en una &iquest;Tailandia? que es presentada como el &uacute;ltimo escal&oacute;n del infierno, sitio donde aprovecha para humillar y vilipendiar a su personaje a&uacute;n un poco m&aacute;s: la manda a consumir prostituci&oacute;n y a dirigir una orquesta de videojuegos. &iquest;De verdad, Todd Field? &iquest;En serio? &iquest;En este momento hist&oacute;rico, al denunciar abusos de poder en las altas esferas, vas a elegir a una mujer y lesbiana para hacerlo? &iquest;En serio? Y aunque es evidente que hay mujeres que pueden adoptar conductas masculinas o machistas, claro que las hay, siento que hay que ser responsable a la hora de contar una historia y esta no est&aacute; llena de complejidades y aristas y humanidad sino todo lo contrario: de castigo, sadismo y estupidez. Y no es que no se pueda retratar personajes deleznables, hay infinitos ejemplos de directorxs que retratan a seres despreciables con cari&ntilde;o por sus personajes, o con un poco de humanidad. Los Dardenne, por ejemplo, nos hacen seguir a personajes que no se cansan de tomar malas decisiones y van da&ntilde;ando a todos en su entorno pero a nosotros, los espectadores, nos produce compasi&oacute;n o por lo menos, comprensi&oacute;n. La cultura simplista de la falta de matices que propone el Sr. Field no es ingenua y da&ntilde;a. Y un par de puntos menos para las se&ntilde;ora Blanchett y Hoss y todas esas muchachas que prestaron sus caripelas para semejante mamotreto. Me quedo con la Blanchett de <em>Carol </em>y la Hoss de <em>B&aacute;rbara </em>y <em>F&eacute;nix</em>.
    </p><p class="article-text">
        Siempre s&iacute; a las se&ntilde;oras, siempre no, a la mentecatez.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/senoras_129_9982230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Feb 2023 04:46:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d32e10e5-b14e-43d5-85e7-4219dbb4c5cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="186697" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d32e10e5-b14e-43d5-85e7-4219dbb4c5cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="186697" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Dos señoras]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d32e10e5-b14e-43d5-85e7-4219dbb4c5cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Romina Paula]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amable orfandad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amable-orfandad_129_9943491.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba35f92b-7da3-48e0-b347-b536b11391ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amable orfandad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un grupo de actrices y actores se reencuentra para ensayar después de ¿trece? años. La autora los retrata con "ese amor por gente con la que se piensa el mundo".</p></div><p class="article-text">
        Hoy comienzo un proceso de ensayos.
    </p><p class="article-text">
        Hasta reci&eacute;n, no sab&iacute;a acerca de qu&eacute; escribir la columna de hoy. Me siento vac&iacute;a, vaciada, sin capacidad de observaci&oacute;n. Y si bien la ma&ntilde;ana se me despej&oacute; m&aacute;gicamente, no sab&iacute;a acerca de qu&eacute; escribir. Consider&eacute; en un momento abordar el t&oacute;pico: &ldquo;Por momentos, una orfandad tan grande que el hueco en el vientre podr&iacute;a auto tragarme.&rdquo; Eso siempre.
    </p><p class="article-text">
        Pero hoy, reci&eacute;n, releo lo que tengo escrito para los actores y actrices. Ellxs no lo han le&iacute;do a&uacute;n, yo no les cont&eacute;. Planeo el encuentro de hoy. En principio s&eacute; que necesito estar lo m&aacute;s despejada y abierta posible, receptiva: puedo, incluso, ir con orfandad. Con angustia de esa que nubla los ojos ya no tanto. Pero s&iacute; orfandad.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que ensayamos algo ellxs cuatro y yo juntxs fue hace&hellip; &iquest;trece a&ntilde;os? La &uacute;ltima obra que estrenamos con tres de ellxs fue hace diez a&ntilde;os, as&iacute; que es probable que s&iacute;. O doce. Y despu&eacute;s volvimos a viajar juntxs a reponer una obra anterior pero Pilar, a punto de tener su primer hijo, no pudo viajar.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que as&iacute;, ellxs cuatro y yo, en un espacio f&iacute;sico una tarde de febrero de calor, esto es el aut&eacute;ntico milagro del encuentro, un regalo del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana arranca poderosa ya: un encuentro con el club Para&iacute;so, otra juntada de gente con mucho de lo que queremos que el mundo sea, por lo menos el del teatro y la danza, que algo es, o de c&oacute;mo pensar ese mundo, o seguir ejerci&eacute;ndolo. Luego, renovado malestar en la panza de mi madre que nos conduce a la guardia del Italiano con el peor p&aacute;nico a la terapia intensiva y recuerdos nefastos de pandemia, por suerte, con resoluci&oacute;n de diagn&oacute;stico alentador. Seguido por el primer encuentro con el nuevo grupo de alumnes de cl&iacute;nica de obra de Proa, el encuentro con gente y sus obras, en las que tanto ponen, acompa&ntilde;ar ese proceso, tambi&eacute;n es siempre algo movilizante.
    </p><p class="article-text">
        Para llegar hoy al reencuentro de unos cuerpos en un espacio en el que ya se encontraron antes, otros, hace mucho, nosotrxs en otros, con menos tiempo encima, el tiempo del desgaste de haber estado en el mundo y de esa fascinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con esos cuatro cuerpos, Esteban, Esteban, Susana y Pilar, uf, toda una eternidad.
    </p><p class="article-text">
        Empezamos en el garage prestado de una casa en Villa Crespo, Esteban, Esteban y Pilar, se juntan a ensayar algo, me llaman a m&iacute;, los miro, improvisamos, les escribo, estrenamos una primera obra, la hacemos mucho en el Callej&oacute;n, la gente viene, ya vino la familia, ya vinieron los amigos, le gente sigue viniendo, no conozco a la mayor&iacute;a de esta gente que viene, me da ganas de pararme en la entrada a preguntarles por qu&eacute; nos vienen a ver. Hacemos una extra&ntilde;a gira de verano por el Pa&iacute;s Vasco. El se&ntilde;or S nos da un premio en plata por esa obra y con eso hacemos la segunda y se suma Susana, que vino a ver la anterior, se anim&oacute; a decirme que le gust&oacute;, y eso hizo que me animara a convocarla para la nueva.
    </p><p class="article-text">
        Esta vez escribo, ensayamos, estrenamos en el mismo Callej&oacute;n y la gente viene viene viene. Hacemos una temporada en un diciembre en Par&iacute;s, m&aacute;s giras por Francia, algunos festivales de Espa&ntilde;a y Brasil. La hacemos la hacemos la hacemos, la hacemos mucho.
    </p><p class="article-text">
        Escribo una tercera obra para ellxs cuatro. La leemos todxs en un departamento de alquiler en Par&iacute;s, mientras estamos haciendo la obra anterior all&aacute;. Y no que Par&iacute;s sea algo a lo que haya que aspirar ni mucho menos. Es s&oacute;lo que estamos ah&iacute; porque fuimos contratados por una obra que hicimos con todo el amor y la fe del mundo y a alguien le gust&oacute; y le pareci&oacute; que pod&iacute;amos hacerla tambi&eacute;n ah&iacute; y la alegr&iacute;a de todos nosotros que somos hijxs de familias en las que nadie se hab&iacute;a dedicado al arte antes y esa felicidad, la de haberse animado a ese salto o no haberlo podido evitar y que despu&eacute;s encima se transforme en una profesi&oacute;n, esa felicidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando volvemos empezamos a ensayar esa tercera obra juntos, en el Espacio Callej&oacute;n. Tenemos sala para estrenarla, tenemos coproducci&oacute;n, pero uno de nosotrxs no va a poder hacerla, va a tener un hijo, lo contratan de la televisi&oacute;n, no va a poder, por un tiempo, seguir con el ritmo del independiente.
    </p><p class="article-text">
        Quedamos devastados, pensamos que no se puede seguir, pero otro actor hace su personaje y seguimos adelante y ensayamos y estrenamos y la gente la viene a ver, por suerte, una vez m&aacute;s. Con esa tambi&eacute;n viajamos mucho pero no nos va tan bien en la gira por Espa&ntilde;a y Francia. Por suerte, cuando volvemos a Buenos Aires podemos hacerla otro tanto en el vientre Callej&oacute;n y nos sacamos el mal sabor de la incomprensi&oacute;n, de cuando la obra no sucede.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de eso, hago dos obras m&aacute;s, ninguna con la compa&ntilde;&iacute;a, y todos ellos trabajan sin cesar en obras, pel&iacute;culas y televisi&oacute;n: es una profesi&oacute;n que ha llegado para quedarse, en la vida de todxs. Eso es algo que no estaba tan claro en ese primer proyecto, &iquest;o acaso s&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; acerca de qu&eacute; escribir esta semana, voy embargada de esta emoci&oacute;n: la de una serie de cuerpos vivi&eacute;ndose cerca, lejos, pero siempre cerca; la de ese amor por gente con la que se piensa el mundo; donde la profesi&oacute;n tiene todo el peso de ser una profesi&oacute;n y con eso ser&iacute;a suficiente pero en este caso por momentos o todo el tiempo, adem&aacute;s, toma el peso de causa y hace que la orfandad sea un modo posible de estar en el mundo, cuando se la comparte.
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amable-orfandad_129_9943491.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Feb 2023 03:36:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ba35f92b-7da3-48e0-b347-b536b11391ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2363530" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ba35f92b-7da3-48e0-b347-b536b11391ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2363530" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Amable orfandad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ba35f92b-7da3-48e0-b347-b536b11391ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Romina Paula]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre Merlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/merlo_129_9903606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5605a73d-3b16-42f1-a1fb-f1013762088b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre Merlo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Merlo, San Luis o Merlo, Buenos Aires se pregunta la autora mientras comparte sus vacaciones en la Sierra y piensa sobre los dingos australianos, las arañas y el otro como paisaje. </p></div><p class="article-text">
        Acerca de qu&eacute; puedo escribir, le pregunto a mi hijo Ram&oacute;n, un poco en broma, y &eacute;l me responde serio y sin dudar, <em>&lsquo;sobre Merlo&rsquo;</em>. Por Merlo se refiere a la sierra, entiendo, de la que acabamos de volver. Aunque tambi&eacute;n hayamos estado particularmente en Merlo, un d&iacute;a, de visita, en la casa de mi amiga Sonia y su compa&ntilde;ero y su familia ensamblada. En Merlo se compraron un terrenito, pidieron un procrear, les dieron el procrear, construyeron una casa con vista a la sierra, todo en m&aacute;s o menos dos a&ntilde;os, velocidad r&eacute;cord digo yo, para que haya una casita donde hab&iacute;a espinillos.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que vamos, e intentamos ir seguido, las combinaciones con sus hijos van cambiando, de acuerdo a la edad. Esta vuelta, los dos del medio, el mayor de ella, el menor de Mart&iacute;n, su compa&ntilde;ero, me llevan una cabeza y aunque est&eacute;n lejos de ser adultos aparentan ser mucho m&aacute;s grandes de lo que son y hablan menos, se retiran, prefieren estar lejos de los adultos y evitar cualquier plan que nos incluya. Entonces Ram&oacute;n pasa el rato con el menor de Sonia, que tambi&eacute;n le lleva tres cabezas pero tiene ganas de jugar y charlar con un ni&ntilde;o, porque &eacute;l mismo a&uacute;n lo es, y tampoco le parece tan mal plan andarnos cerca, aunque m&aacute;s no sea por un verano m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, Camilo nos sorprende con trucos de magia que aprendi&oacute; de un profesor que le da clases de cartomagia. Todos los trucos van acompa&ntilde;ados de unas palabras, algo ensayado, una suerte de acto distractor: de alg&uacute;n modo lo m&aacute;s t&eacute;cnico de todo es poder hacer ese acto bien, esa performance, incluso mucho m&aacute;s que la habilidad de las manos al barajar. Los trucos le salen muy bien. Hay uno m&aacute;s osado que incluye tirar toda la baraja por el aire y &ldquo;atajar&rdquo; una carta entre dos dedos del pie, acci&oacute;n que est&aacute; preparada desde antes con esa carta apropiadamente colocada entre esos dedos. Para ese truco pidi&oacute; un mantel. La acci&oacute;n distractora le sale bien de todos modos, la baraja vuela, la carta aparece prensada entre los dedos, los ni&ntilde;os en el p&uacute;blico quedan fascinados. &iquest;C&oacute;mo la ataj&oacute;? &iquest;C&oacute;mo ataj&oacute; con los pies, justo la carta marcada? La magia se ha manifestado.
    </p><p class="article-text">
        Visitamos a distintas personas en estas vacaciones en la sierra: la hermana de un amigo que vendi&oacute; todo en Buenos Aires y se mud&oacute; con su pareja a una chacra en Las Tapias; una amiga, su pareja y su hijito que recientemente adquirieron una casa en San Javier y pasan all&iacute; meses en verano e invierno y reciben visitas en su ancho mirador; el amigo m&uacute;sico que tambi&eacute;n pasa sus veranos en San Javier y nos agasaja con una merienda regada de an&eacute;cdotas. Otra amiga de amigos que tambi&eacute;n cerr&oacute; todo en Buenos Aires y se mud&oacute; a Las Chacras, arriba de Villa de las Rosas, para que la hija le est&eacute; cerca al pap&aacute;. Ella cuenta que no sabe si mandar a la hija a una escuela libre que organiza un suizo porque no es ense&ntilde;anza oficial, as&iacute; que no existe para el estado y teme que la ni&ntilde;a quede colgada de una palmera en t&eacute;rminos de educaci&oacute;n, colgada de un espinillo, m&aacute;s bien.
    </p><p class="article-text">
        En el monte de esta sierra todo muerde: las cortaderas, con sus hojas silenciosamente letales afiladas como cuchillos, las espinas de las acacias y los espinillos que perforan suelas y pinchan pelotas y bicicletas, los alacranes, las hormigas, los mosquitos, el calor. En este verano particularmente hablan de sequ&iacute;a, y de emergencia h&iacute;drica tambi&eacute;n. La due&ntilde;a de la casa nos pide que no reguemos afuera, s&iacute; nos pide que le reguemos las seis plantas de adentro. Llueve algunas noches, &iquest;cuatro, tres? Una de esas noches es una tormenta de verdad, de mover chapas y tirar ramas, con algo de granizo tambi&eacute;n. Esa tormenta en particular hace que la ma&ntilde;ana tenga roc&iacute;o y est&eacute; un poco m&aacute;s fresca, las anteriores ya no hab&iacute;an dejado rastros de ma&ntilde;ana. La due&ntilde;a dice que de todos modos no alcanza eso, esta cantidad de agua. Nos recuerda que, aunque no lo parezca, esta es la temporada de lluvias. Que las napas profundas no llegan a recuperar. Que con esa cantidad de agua apenas se dan por regadas las plantas a nivel superficial. Una de esas noches, de mucho calor, algo raro para la sierra tambi&eacute;n, a esta altura del nivel del mar, los insectos comienzan a salir de sus madrigueras: tienen sed. Una ara&ntilde;a de tama&ntilde;o tar&aacute;ntula aparece en una pared por detr&aacute;s de la cabeza de Valentina y su hija, ellas cambian de posici&oacute;n en la mesa: no vamos a importunar a la ara&ntilde;a en su casa, tampoco nos vamos a sentar de espaldas a ella a comer. La habitaci&oacute;n de Valentina es la m&aacute;s asediada por los insectos: est&aacute; en la planta baja, junto al jard&iacute;n, tiene piso y techo de madera. Ella termina durmiendo con su hija en la camita de una plaza, no le conf&iacute;a m&aacute;s a la que est&aacute; al nivel del piso. En el monte es aconsejable no dormir a nivel del piso.
    </p><p class="article-text">
        Casi todos los lechos de arroyos y riachos en esta zona, a la altura de los pueblos, est&aacute;n secos. Eso de todos modos no tiene particularmente que ver con la sequ&iacute;a, en general hay tomas de agua un poco m&aacute;s arriba para abastecer a los pueblos. Despu&eacute;s, si el agua excede, la sueltan y va a las acequias o a los arroyos, aunque &uacute;ltimamente no exceda demasiado.
    </p><p class="article-text">
        La due&ntilde;a de casa es pampeana. Dice que vivi&oacute; en varios lugares. Que despu&eacute;s cri&oacute; a sus hijos en la casa hermosa que ahora le alquilamos. Que despu&eacute;s se separ&oacute; del padre de sus hijos, que dividieron el terreno, que &eacute;l vive con su nueva familia del otro lado del cerco, que ella se fue a vivir con el nuevo compa&ntilde;ero m&aacute;s arriba en el monte, que uno de los hijos vive un poco m&aacute;s all&aacute;. Los que atraviesan todos los terrenos como propios son los perros: Zafira, Lolo, Bob. Todos son mezcla de otra cosa: un poco labrador, uno negrito de botitas blancas muy simp&aacute;tico y el&eacute;ctrico, un gigantoto con cabeza de Le&oacute;n. Y despu&eacute;s otros m&aacute;s cimarrones, algo de galgo, algo de d&aacute;lmata, algo de otra cosa m&aacute;s, esos m&aacute;s apaleados, de los que se asustan cuando unx se para, de los que roban hormas de queso de la cocina cuando la puerta queda abierta.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Hay una an&eacute;cdota que recorre las vacaciones, que Ram&oacute;n le cuenta al m&uacute;sico en la merienda en San Javier. Es la de la famosa frase <em>&ldquo;The dingo ate my baby&rdquo; </em>que aparece citada en la serie <em>Seinfeld</em>. Un matrimonio acampa en un desierto en Australia, su beba de 9 meses desaparece, la madre sostiene que un dingo, un perro salvaje, se lo rob&oacute;. La justicia no le cree, est&aacute;n convencidos de que fue ella quien la mat&oacute;, con el encubrimiento de su marido, va presa treinta a&ntilde;os, la acusan de sic&oacute;pata, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, yendo a rescatar a un andinista despe&ntilde;ado dan con el saquito ensangrentado de la beb&eacute; en una cueva de dingos, comprobado: hab&iacute;a sido el dingo nom&aacute;s. Por alguna raz&oacute;n la frase luego se tom&oacute; para la chacota, en parte por esa actuaci&oacute;n tan graciosa de Elaine, pero la historia en s&iacute; misma es el horror y no s&eacute; por qu&eacute; justamente esa historia planea por sobre nuestras vacaciones en la sierra, m&aacute;s all&aacute; de la fascinaci&oacute;n de Ram&oacute;n por las historias de terror, y si tuviera que arriesgar algo es quiz&aacute;s por la supremac&iacute;a innegable de lo salvaje: un dingo, o una ara&ntilde;a, nunca tienen <em>intenci&oacute;n </em>de matar y eso lo hace &iquest;m&aacute;s o menos tr&aacute;gico?
    </p><p class="article-text">
        Nosotrxs, en la sierra, le tememos a los insectos, no los conocemos. La due&ntilde;a de casa nos dice <em>&ldquo;ac&aacute; estamos rodeados de vida&rdquo;. </em>Yo digo que acaso estad&iacute;sticamente muera m&aacute;s gente pisada por colectivos que mordida por una yarar&aacute;. El temor, el pavor, es a lo desconocido.
    </p><p class="article-text">
        En la casa de la hermana de mi amigo aparece una boa por entre unos le&ntilde;os, cerca de donde tienen el asador. Es gigante, de manchas. Le sacan una foto, se la mandan a un veterinario amigo, dice que esa no es venenosa, listo, a convivir.
    </p><p class="article-text">
        Las abejas tambi&eacute;n tienen sed. Para que no mueran ahogadas en piletas, en algunas casas le arman bebederos en ba&ntilde;eras viejas o en contenedores. Tienen que tener alguna superficie para poder apoyarse y no caer. Estas que beben de esta ba&ntilde;era fuera de lugar vienen de una colmena a dos kil&oacute;metros, almacenan agua de a mol&eacute;culas y las llevan a su colmena para enfriarla, bajarle la temperatura. Estas abejas est&aacute;n a cargo de eso y nada m&aacute;s. Van y vienen durante todo el d&iacute;a, dos kil&oacute;metros de ida, dos kil&oacute;metros de vuelta, con la carguita de agua.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;A la mayor&iacute;a de la gente que se fue a vivir a la sierra ya no le gusta la ciudad. Y suelen comentarnos a nosotros, a los que a&uacute;n vivimos ac&aacute;, lo fea y alienante que es, y lo mal que se vive ah&iacute;. Lo hacen sin temer herirnos, como si fuera una innegable verdad, universal.
    </p><p class="article-text">
        A mi la sierra particularmente siempre me cautiva, sin embargo dudo que alguna vez pueda irme a vivir. A lo sumo fantaseo con poder pasar m&aacute;s meses por a&ntilde;o all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Algo de la ciudad a m&iacute; me gusta, no es de alienada que vivo ac&aacute;. Somos tanta gente junta. El mayor paisaje es el otro. &iquest;Por eso me gusta vivir en la ciudad? &iquest;Porque me gusta que la gente sea (el) paisaje?
    </p><p class="article-text">
        <em>RP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Paula]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/merlo_129_9903606.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Jan 2023 03:34:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5605a73d-3b16-42f1-a1fb-f1013762088b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="245516" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5605a73d-3b16-42f1-a1fb-f1013762088b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="245516" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Sobre Merlo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5605a73d-3b16-42f1-a1fb-f1013762088b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Merlo,Seinfeld]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
