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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Esteban Damián Pontoriero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/esteban-damian-pontoriero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Esteban Damián Pontoriero]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La represión militar en la Argentina (1955-1976)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/represion-militar-argentina-1955-1976_129_9684058.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4acd4cad-902c-48ee-9352-7e542503616a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La represión militar en la Argentina (1955-1976)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fragmento del libro de Esteban Pontoriero sobre la represión en la Argentina antes de la última dictadura, publicado por la editorial de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Gobierno y oposición frente a la “guerra revolucionaria” durante el gobierno radical de Illia y el debate parlamentario sobre la actuación de las Fuerzas Armadas y una nueva ley de Defensa.</p></div><p class="article-text">
        Un conjunto de factores pol&iacute;ticos condicion&oacute; desde el comienzo la presidencia de Arturo Umberto Illia. En amplios sectores exist&iacute;a una profunda desconfianza hacia la democracia, ya que se dudaba de que pudiera garantizar la integraci&oacute;n de los seguidores de Per&oacute;n. Esta opini&oacute;n se relacionaba con una valoraci&oacute;n negativa del panorama abierto luego del golpe de Estado de septiembre de 1955. Illia gobern&oacute; solamente con el apoyo de su partido, sin establecer alianzas con otros sectores, cuesti&oacute;n que hubiera sido fundamental en un contexto dominado por la atomizaci&oacute;n de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Carec&iacute;a de una estrategia consistente hacia los sectores peronistas y su pervivencia en un sistema pol&iacute;tico basado en su proscripci&oacute;n electoral. El gobierno parec&iacute;a encarar el asunto solo a partir de la canalizaci&oacute;n de esos votos por los partidos neoperonistas. 
    </p><p class="article-text">
        Los trabajadores sindicalizados retomaron la protesta mediante el llamado &ldquo;Plan de Lucha&rdquo;, una serie de huelgas con la ocupaci&oacute;n de los establecimientos industriales desarrollada por la CGT y sus gremios entre mayo y junio de 1964. En estas acciones que contaron con alrededor de tres millones novecientos mil trabajadores y unas once mil f&aacute;bricas ocupadas, los ejes del reclamo proven&iacute;an de motivos salariales y otros que hac&iacute;an hincapi&eacute; en las condiciones laborales.
    </p><p class="article-text">
        Los principales dirigentes gremiales peronistas buscaban debilitar pol&iacute;ticamente al gobierno nacional. Esta capacidad de maniobra doble &ndash;desplegada en el campo laboral y en el pol&iacute;tico&ndash; se reforzaba por las dificultades de los partidos neoperonistas, que eran proscriptos recurrentemente. Las acciones de los trabajadores se destacaron por el nivel de planificaci&oacute;n, efectividad y clandestinidad, as&iacute; como por los importantes niveles de autonom&iacute;a de las bases. La contracara fue el estado de alarma que cundi&oacute; entre empresarios, pol&iacute;ticos opositores y el Ej&eacute;rcito.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, se produjo la aparici&oacute;n de distintos agrupamientos de militantes que buscaban conformar guerrillas rurales, como el denominado Ej&eacute;rcito Guerrillero del Pueblo (EGP). El EGP intent&oacute; crear un &ldquo;foco&rdquo; rural en el norte argentino para luego desarrollar una estrategia revolucionaria seg&uacute;n los preceptos del &ldquo;Che&rdquo; Guevara. El grupo se conform&oacute; con militantes porte&ntilde;os y cordobeses universitarios y la rama juvenil del Partido Comunista, la Federaci&oacute;n Juvenil Comunista: lleg&oacute; a tener alrededor de treinta integrantes, sumados a los apoyos urbanos. Esta experiencia termin&oacute; en un fracaso rotundo y fue destruida por la Gendarmer&iacute;a. Se hicieron visibles las dificultades de aplicar la estrategia &ldquo;foquista&rdquo; sin contar con el apoyo potencial de los seguidores de Per&oacute;n y en un terreno rural hostil para iniciar las operaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Luego de una explosi&oacute;n en un departamento de la Capital Federal, a fines de junio, la opini&oacute;n p&uacute;blica, las FFAA y las autoridades pol&iacute;ticas descubrieron el proyecto guerrillero de las llamadas &ldquo;Fuerzas Armadas de la Revoluci&oacute;n Nacional&rdquo; (FARN), que no llegaron a entrar en actividad. Este grupo compuesto de una veintena de militantes de la corriente trotskista Palabra Obrera propuso dar inicio a la lucha armada luego de vincularse con el &ldquo;Che&rdquo; y la experiencia cubana. Preparaban una red de apoyos basada en recursos financieros, humanos, armamentos, casas, veh&iacute;culos, medicamentos y alimentos. Los agentes judiciales y los investigadores policiales que trabajaron en el lugar de la explosi&oacute;n obtuvieron pruebas de la intenci&oacute;n de enviar documentaci&oacute;n, mapas, armas de fuego y explosivos a la provincia de Tucum&aacute;n. El impacto generado por estos hechos, sumado a las huelgas y protestas obreras de 1964, condujo a los dirigentes pol&iacute;ticos y a las jerarqu&iacute;as militares a reforzar su preocupaci&oacute;n por la seguridad interna.
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        El actor castrense manten&iacute;a una relaci&oacute;n distante con las nuevas autoridades pol&iacute;ticas. Los &ldquo;azules&rdquo; &ndash;la facci&oacute;n hegem&oacute;nica de las FFAA&ndash; ten&iacute;an presente que la UCRP hab&iacute;a sido aliada de los &ldquo;colorados&rdquo; durante los enfrentamientos de facciones militares, a comienzos de los sesenta. Adem&aacute;s, observaban con recelo la estrategia moderada del gobierno frente a las expresiones pol&iacute;ticas y sindicales del peronismo y las diferentes formas que empezaba a tomar la radicalizaci&oacute;n pol&iacute;tica hacia la izquierda de algunos sectores de la sociedad, especialmente en la juventud universitaria. Illia rechaz&oacute; el uso de fuerzas militares para reprimir las protestas obreras ocurridas durante el &ldquo;Plan de Lucha&rdquo;, algo que para Potash &ldquo;sirvi&oacute; a los ojos de muchos argentinos, civiles o militares, como prueba de su falta de autoridad, debilidad e indecisi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En agosto se realiz&oacute; una interpelaci&oacute;n parlamentaria en la C&aacute;mara de Diputados a Juan Palmero, Miguel &Aacute;ngel Zavala Ortiz y Leopoldo Su&aacute;rez &ndash;los ministros del Interior, de Relaciones Exteriores y Culto, y de Defensa, respectivamente&ndash; en la que la dirigencia pol&iacute;tica reabri&oacute; la discusi&oacute;n sobre la represi&oacute;n militar. All&iacute; se analiz&oacute; el nivel de amenaza de los grupos armados recientemente descubiertos en el norte del pa&iacute;s y la Capital Federal, y se exploraron las medidas a implementar. Como lo expres&oacute; el diputado de la Democracia Cristiana Teodosio Pizarro, se buscaba &ldquo;valorar los hechos ocurridos, sus posibles proyecciones y dar tambi&eacute;n en su oportunidad al gobierno los elementos id&oacute;neos que le permitan defender la paz social, la vigencia de las instituciones republicanas y el estilo de vida en libertad que es aspiraci&oacute;n de todos los argentinos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el diagn&oacute;stico de los representantes del gobierno &ndash;en concordancia con la teor&iacute;a contrainsurgente francesa&ndash;, la conflictividad interna, entendida como el signo de un enfrentamiento b&eacute;lico, se insertaba en el cuadro general delineado por la Guerra Fr&iacute;a. Es de destacar la forma en que la nueva administraci&oacute;n parec&iacute;a haber incorporado un conjunto de claves de interpretaci&oacute;n propio del &aacute;mbito castrense.
    </p><p class="article-text">
        Mientras explicaba la g&eacute;nesis de la &ldquo;guerra revolucionaria&rdquo;, el ministro Zavala Ortiz se&ntilde;al&oacute;: &ldquo;Es notorio que de la existencia de dos sistemas de vida distintos ha surgido en el mundo una competencia de poder, con posibilidades de agresi&oacute;n b&eacute;lica &ndash;dir&iacute;a as&iacute;&ndash;, de guerra propiamente dicha entre ambos bloques de pa&iacute;ses&rdquo;. A continuaci&oacute;n, advert&iacute;a que &ldquo;la existencia de un poder tan extraordinario como el que surge de la energ&iacute;a at&oacute;mica ha determinado, parad&oacute;jicamente, una autolimitaci&oacute;n de la posibilidad de la guerra en su sentido m&aacute;s propio&rdquo;. Como corolario de este proceso, se conclu&iacute;a que la amenaza de una guerra nuclear &ldquo;ha dado motivo a que la competencia se derivase a otro m&eacute;todo, a otro sistema, que es el conocido como el de guerra revolucionaria: guerra no declarada, silenciosa, pero guerra inexorable, global y permanente&rdquo;. Con respecto a la situaci&oacute;n argentina, Zavala Ortiz expres&oacute;:<em> </em>&ldquo;Hay una guerra revolucionaria declarada a las organizaciones, a las rep&uacute;blicas, a las democracias o no democracias vigentes en Latinoam&eacute;rica, y contra esa situaci&oacute;n tendremos que tomar las medidas correspondientes&rdquo;.<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        Este abordaje contaba con el aval de varios diputados del oficialismo y la oposici&oacute;n como, por ejemplo, H&eacute;ctor Sandler del partido Uni&oacute;n del Pueblo Argentino (UDELPA). Este diputado manifestaba su total acuerdo con el ministro de Relaciones Exteriores y expresaba: &ldquo;En el mundo se ha desatado un tipo de guerra subversiva a la que se llama guerra de guerrillas, que viene a reemplazar a la agresi&oacute;n com&uacute;n y corriente a la que est&aacute;bamos habituados&rdquo;. Sandler advert&iacute;a sobre la dr&aacute;stica modificaci&oacute;n en las formas del combate y se preguntaba &ldquo;si el mundo actual tanto ha variado que ya no se ven tropas en el campo de batalla&rdquo;. Indicaba, adem&aacute;s, que el enga&ntilde;o era una de las caracter&iacute;sticas principales de la &ldquo;guerra revolucionaria&rdquo; y alertaba sobre c&oacute;mo los partidos pol&iacute;ticos negaban la filiaci&oacute;n que muchas veces los &ldquo;guerrilleros&rdquo; detenidos dec&iacute;an tener.
    </p><p class="article-text">
        Otro legislador que estaba en total sinton&iacute;a con este diagn&oacute;stico era el representante del Partido Dem&oacute;crata Nacional por Mendoza, Emilio Jofr&eacute;. El diputado expresaba que &ldquo;es indudable que en nuestra Naci&oacute;n existen organizaciones formadas por argentinos y tambi&eacute;n por extranjeros que quieren causar perturbaciones en la Rep&uacute;blica&rdquo;. Al insistir en este aspecto, afirmaba: &ldquo;Esto forma parte de un plan, de ese plan que desde hace alg&uacute;n tiempo se han trazado los pa&iacute;ses comunistas, los cuales se han propuesto tomar posiciones, primero en el &Aacute;frica y luego en Am&eacute;rica Latina&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Am&eacute;rico Ghioldi &ndash;diputado por la Capital Federal del Partido Socialista Democr&aacute;tico&ndash; se sumaba a estas voces y advert&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Ha habido un intento de acci&oacute;n subversiva. [&hellip;] Se toma noticia de la existencia de una acci&oacute;n guerrillera, con estrategia de guerra, con c&oacute;digos de guerra, en desarrollo de guerra revolucionaria, en peque&ntilde;a escala, afortunadamente, pero que denota una energ&iacute;a y una voluntad de realizaci&oacute;n que, aun cuando haya sido peque&ntilde;a en el caso que analizamos, demuestra la existencia, sobre todo, de un plan y de voluntad de operar.
    </p><p class="article-text">
        Para los ministros del gobierno, el mayor riesgo se vinculaba con la uni&oacute;n entre el &ldquo;comunismo&rdquo; y el movimiento peronista, una l&iacute;nea de interpretaci&oacute;n que segu&iacute;a los an&aacute;lisis prospectivos del Ej&eacute;rcito. Para Zavala Ortiz, la gravedad de la situaci&oacute;n justificaba la presencia del ministro de Defensa, porque lo que estaba en juego era nada menos que la &ldquo;seguridad nacional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El ministro de Defensa Su&aacute;rez relativiz&oacute; el peligro del &ldquo;foco de guerrilleros&rdquo;. Afirm&oacute; que un grupo armado como el EGP pod&iacute;a eliminarse con las fuerzas de seguridad, especialmente la Gendarmer&iacute;a. Sin embargo, aclar&oacute; que &ldquo;s&iacute; hay un riesgo cierto de una perturbaci&oacute;n general en el pa&iacute;s, porque no es misterio para nadie que frente a este tipo de acci&oacute;n [la del egp] aparecen unidos distintos sectores que evidentemente est&aacute;n en el hecho subversivo en la Rep&uacute;blica&rdquo;. En la coyuntura conflictiva de 1964, Su&aacute;rez se refer&iacute;a a los trabajadores, los sindicatos y al movimiento peronista, una postura que tambi&eacute;n ten&iacute;a el Ej&eacute;rcito.
    </p><p class="article-text">
        El uso de las FFAA para la represi&oacute;n pas&oacute; a ser un eje central del debate. Juan Balestra &ndash;diputado por el Partido Liberal Autonomista de Corrientes&ndash; fue directo al punto y consult&oacute; al ministro de Defensa sobre la posibilidad de incorporar al Ej&eacute;rcito y aplicar el C&oacute;digo de Justicia Militar a los civiles detenidos, dos t&oacute;picos que retomaban las discusiones mantenidas por los dirigentes pol&iacute;ticos y las autoridades militares en los tiempos de Frondizi. Su&aacute;rez respondi&oacute; que ni el Poder Ejecutivo ni su cartera cre&iacute;an necesaria la utilizaci&oacute;n del arma terrestre en el &aacute;rea de la seguridad interior. De todas formas, volvi&oacute; a resaltar que, en el caso de una &ldquo;subversi&oacute;n&rdquo; o la posibilidad de un &ldquo;atentado contra la Constituci&oacute;n y las instituciones democr&aacute;ticas del pa&iacute;s [&hellip;], el Poder Ejecutivo contar&iacute;a con la totalidad de las Fuerzas Armadas&rdquo; a su disposici&oacute;n para restablecer el orden.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno expres&oacute; la urgencia por lograr la actualizaci&oacute;n de la legislaci&oacute;n de defensa porque esta solamente contemplaba la &ldquo;guerra cl&aacute;sica&rdquo;. Su&aacute;rez sugiri&oacute; al Congreso que, en el corto plazo, se trabajara para hacer frente a la &ldquo;guerra revolucionaria&rdquo;, y enfatiz&oacute; la necesidad de reemplazar la normativa de Per&oacute;n para &ldquo;que el Estado cuente con los medios necesarios para defender su integridad&rdquo;. El ministro del Interior Palmero solicit&oacute; a los legisladores que se abocaran a desarrollar una nueva ley de defensa al expresar:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Es preocupaci&oacute;n del Poder Ejecutivo, frente a este nuevo tipo de guerra que importa la guerra de guerrillas, sugerir al Honorable Congreso de la Naci&oacute;n la adopci&oacute;n de disposiciones que contemplen estos hechos nuevos que se producen y que necesitan, dentro de la legislaci&oacute;n, que el Estado cuente con los medios necesarios para defender su integridad. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Los legisladores de los distintos partidos pol&iacute;ticos mostraron su voluntad de colaborar. El diputado Pizarro asegur&oacute;: &ldquo;Estoy seguro que daremos al Estado y al gobierno los medios id&oacute;neos para defendernos, y al mismo tiempo habremos de dictar las leyes necesarias para [hacer frente a] la acci&oacute;n subversiva&rdquo;, que seg&uacute;n su parecer se desarrollaba en el pa&iacute;s. El udelpista Sandler expresaba que &ldquo;ante los nuevos hechos habr&aacute; que emplear nuevas soluciones. La seguridad del pa&iacute;s as&iacute; lo exige&rdquo;. Por su parte, Emilio Jofr&eacute;, diputado del Partido Dem&oacute;crata Nacional por Mendoza, manifest&oacute; que, por la &ldquo;gravedad extraordinaria&rdquo; de la situaci&oacute;n, se deb&iacute;a &ldquo;buscar que existan disposiciones muy en&eacute;rgicas aplicables a los que quieran atentar contra el orden, contra los principios constitucionales del pa&iacute;s&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n del gobierno nacional sobre el encuadramiento legal del accionar contrainsurgente lleg&oacute; hasta la figura del presidente. Al igual que los legisladores y los ministros presentes en la interpelaci&oacute;n, Illia consideraba la posibilidad de utilizar a las FFAA. As&iacute; lo expres&oacute; en su mensaje anual al Congreso de mayo de 1964: &ldquo;Es un concepto admitido en los &aacute;mbitos militar y civil, que los adelantos de la t&eacute;cnica y de la ciencia han roto el esquema de la &lsquo;guerra cl&aacute;sica&rsquo;. La &lsquo;seguridad nacional&rsquo;, la adecuada instrumentaci&oacute;n de la &lsquo;defensa nacional&rsquo; han ampliado el panorama&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Illia indicaba que los conflictos armados hab&iacute;an sufrido una mutaci&oacute;n que se expresaba en la extensi&oacute;n de los espacios en los que el enfrentamiento podr&iacute;a librarse. Esto iba en consonancia con lo planteado por el saber contrainsurgente del Ej&eacute;rcito. Por este motivo, afirmaba: &ldquo;Compenetrados de este concepto, ha sido nuestra preocupaci&oacute;n elaborar el proyecto de una nueva ley de defensa nacional [&hellip;] y complementar una legislaci&oacute;n en armon&iacute;a con las circunstancias que viven el pa&iacute;s y el mundo&rdquo;. Desde esta perspectiva, la precondici&oacute;n para usar las ff. aa. con fines represivos era el reemplazo de la normativa de defensa vigente.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La elaboraci&oacute;n de una nueva legislaci&oacute;n de defensa</h3><p class="article-text">
        El 11 de septiembre de 1964 el Poder Ejecutivo envi&oacute; a la C&aacute;mara de Senadores un proyecto de ley de defensa que conserv&oacute;, en sus aspectos centrales, el contenido de los borradores escritos durante la presidencia de Frondizi. Esto lo confirmaba Astigueta, uno de los redactores de la normativa de 1961, quien a&ntilde;os despu&eacute;s dijo que &ldquo;de ah&iacute; surgi&oacute; la ley de Seguridad Nacional que a rega&ntilde;adientes hizo suya el presidente Illia y fue sometida al Congreso Nacional antes de su ca&iacute;da&rdquo;. El m&aacute;ximo mandatario hizo menci&oacute;n, en 1965, al proyecto de ley en el mensaje anual al Congreso, en el que les expres&oacute; a los diputados: &ldquo;Vuestra honorabilidad tiene a estudio el proyecto de la nueva ley de Defensa Nacional. No dudo habr&aacute; de merecer la urgente preocupaci&oacute;n de los se&ntilde;ores legisladores&rdquo;. Con un tono m&aacute;s enf&aacute;tico, Illia afirm&oacute;: &ldquo;Necesitamos de este instrumento legal, porque &eacute;l nos posibilitar&aacute; la incorporaci&oacute;n de nuevos conceptos que en esta materia imperan en el mundo y la modificaci&oacute;n de las estructuras que constituyen el basamento de la defensa nacional&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El gobierno sosten&iacute;a que el reemplazo de la normativa vigente brindar&iacute;a las herramientas necesarias para enfrentar el conflicto interno. El ministro de Defensa Su&aacute;rez expresaba en el texto de fundamentaci&oacute;n: &ldquo;El proyecto adjunto tiene como fin primordial proporcionar los medios legales que permitan adoptar oportunamente las medidas tendientes a proteger la integridad de la Rep&uacute;blica de los efectos perjudiciales de cualquier factor capaz de atentar contra la misma&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Se hac&iacute;a un llamado a la renovaci&oacute;n de la legislaci&oacute;n de defensa para adecuar &ldquo;la organizaci&oacute;n de la defensa nacional a las cambiantes situaciones que conforman el mundo moderno&rdquo;, como dec&iacute;a Su&aacute;rez. La necesidad de recurrir a operaciones militares de excepci&oacute;n se justificaba en los siguientes t&eacute;rminos: &ldquo;Si para superar situaciones de car&aacute;cter extraordinario, la Naci&oacute;n no pudiere contar con los medios preventivos y represivos tambi&eacute;n extraordinarios [&hellip;] se pondr&iacute;a en peligro su existencia misma, o la de sus instituciones b&aacute;sicas, facilit&aacute;ndose el caos social, en detrimento de los valores fundamentales que forman nuestro acervo nacional&rdquo;. El ministro esperaba reemplazar la Ley N&ordm;&nbsp;13234 de 1948 por una nueva normativa acorde con los requerimientos de la &ldquo;seguridad nacional&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El proyecto de ley se enfocaba en la &ldquo;guerra revolucionaria&rdquo;, en concordancia con lo planteado por la teor&iacute;a antisubversiva francesa. El cuadro general descripto en la normativa expresaba: 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El mundo vive un estado de profunda transformaci&oacute;n y de conflicto permanente, en el cual no se advierte una clara l&iacute;nea divisoria entre la paz y la guerra, sino solo etapas de una lucha por sobrevivir o imponerse, librada entre bloques de naciones movidas por ideolog&iacute;as, intereses y sistemas pol&iacute;ticos antag&oacute;nicos. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Esta parte del proyecto &ndash;que era una copia textual de su antecedente de 1960&ndash; se completaba con una descripci&oacute;n de los &aacute;mbitos variados en los que se desarrollaba el conflicto: &ldquo;Esta lucha se lleva a cabo con todos los instrumentos del poder, sean militares, pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos o psicosociales&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El gobierno busc&oacute; adaptar las figuras jur&iacute;dicas ya existentes como, por ejemplo, la de &ldquo;conmoci&oacute;n interna&rdquo;. Para Su&aacute;rez, esta situaci&oacute;n abarcaba un campo relativamente amplio de circunstancias asociadas con la disidencia interna. En el punto&nbsp;45 del texto de fundamentaci&oacute;n de la ley se indicaba: &ldquo;La conmoci&oacute;n interna a que la Constituci&oacute;n se refiere comprende tanto los movimientos abiertamente hostiles a la autoridad, contrarios al orden p&uacute;blico, como tambi&eacute;n esos anuncios evidentes de m&aacute;s hondas perturbaciones, pero que no han tomado todav&iacute;a una forma pr&aacute;ctica, una forma externa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El otro concepto utilizado para los casos de crisis interna era el de &ldquo;emergencia grave&rdquo;. De acuerdo con el punto&nbsp;40, as&iacute; se llamaba a una situaci&oacute;n incluida dentro de la &ldquo;conmoci&oacute;n interna&rdquo;, que seg&uacute;n la Constituci&oacute;n se establec&iacute;a como precondici&oacute;n para la declaraci&oacute;n del estado de sitio. Su&aacute;rez se&ntilde;alaba en el punto&nbsp;37:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El concepto de emergencia grave est&aacute; integrado por dos elementos esenciales: la gravedad o extensi&oacute;n de la alteraci&oacute;n del orden o seguridad y el hecho de que los efectos de esa alteraci&oacute;n no puedan ser controlados o anulados por entes privados u oficiales locales y requieran el concurso de las autoridades nacionales. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Por consiguiente, ambas definiciones ten&iacute;an en com&uacute;n un marcado grado de generalidad, que pod&iacute;a incluir diversos tipos de conflicto. 
    </p><p class="article-text">
        El uso de las FFAA en el proyecto estaba precedido de la declaraci&oacute;n de un estado de emergencia. La normativa indicaba en su art&iacute;culo&nbsp;10 que el presidente decretar&iacute;a el &ldquo;estado de prevenci&oacute;n&rdquo; en una parte o en todo el pa&iacute;s, seg&uacute;n la extensi&oacute;n de la zona afectada. Esto ocurrir&iacute;a toda vez que hubiera un acontecimiento que amenazara la &ldquo;seguridad nacional&rdquo;, que ser&iacute;a definido mediante los conceptos de &ldquo;conmoci&oacute;n interior&rdquo; o &ldquo;emergencia grave&rdquo;. Si una situaci&oacute;n de riesgo lo ameritaba, el m&aacute;ximo mandatario dispondr&iacute;a estas medidas y luego notificar&iacute;a al Congreso; si el peligro era menor, se requerir&iacute;a primero la autorizaci&oacute;n del Poder Legislativo. En cualquier caso, el proyecto le otorgaba al presidente una capacidad decisiva. 
    </p><p class="article-text">
        Se proceder&iacute;a a establecer una jurisdicci&oacute;n especial llamada &ldquo;zona militar&rdquo;. El art&iacute;culo&nbsp;11 del proyecto indicaba que el presidente podr&iacute;a &ldquo;otorgar el gobierno civil de las zonas afectadas a la autoridad militar con autorizaci&oacute;n legislativa o dando cuenta oportunamente al Congreso Nacional, seg&uacute;n la gravedad de la situaci&oacute;n y la urgencia de las medidas que se adopten&rdquo;. El art&iacute;culo&nbsp;29 expresaba que la autoridad castrense de la &ldquo;zona militar&rdquo; o del &ldquo;teatro de operaciones&rdquo; ser&iacute;a un delegado del presidente y ejercer&iacute;a la totalidad del gobierno civil y militar. Si bien se continuaba con lo delineado para las &ldquo;zonas de emergencia&rdquo; en la &eacute;poca de Frondizi, el proyecto de 1964 agreg&oacute; la prerrogativa de poder legislar sobre la emergencia, algo que hab&iacute;a sido un reclamo del sector castrense durante la puesta en ejecuci&oacute;n del Plan CONINTES. El art&iacute;culo&nbsp;31 prescrib&iacute;a que el comandante del &ldquo;teatro de operaciones&rdquo; estar&iacute;a facultado para dictar los bandos &ldquo;que las necesidades de la situaci&oacute;n impusieran&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El proyecto de ley fracas&oacute; en la Comisi&oacute;n de Defensa del Senado, por lo que ni siquiera lleg&oacute; a debatirse. A pesar de su s&oacute;lida fundamentaci&oacute;n, el apoyo p&uacute;blico dado por Illia y la opini&oacute;n favorable a reemplazar la legislaci&oacute;n de defensa de una gran parte de la dirigencia pol&iacute;tica, el texto en discusi&oacute;n sigui&oacute; el mismo destino que sus versiones previas con Frondizi. &iquest;Cu&aacute;les fueron los motivos de este desenlace, si la normativa parec&iacute;a haber llegado en un contexto propicio para su eventual aprobaci&oacute;n? 
    </p><p class="article-text">
        El proyecto fue desestimado debido a la oposici&oacute;n del bloque de senadores de la UCRP, que controlaba la mayor&iacute;a de las bancas en la c&aacute;mara alta. Los miembros del Senado no estaban de acuerdo con los diputados y los ministros sobre la necesidad de sancionar una nueva legislaci&oacute;n de defensa orientada hacia la represi&oacute;n militar. De hecho, hay indicios de que el propio presidente no estaba enteramente convencido. En los d&iacute;as en que se envi&oacute; la normativa al Senado, Illia realiz&oacute; declaraciones a la prensa extranjera: afirm&oacute; que en Am&eacute;rica Latina &ldquo;no existe en absoluto duda alguna de que el comunismo ha perdido gran parte de su atracci&oacute;n en este hemisferio [&hellip;] Est&aacute; declinando y continuar&aacute; declinando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El gobierno mantuvo una pol&iacute;tica persuasiva de la protesta social sostenida por el presidente Illia y el ministro del Interior Palmero. El uso de las FFAA. estuvo lejos de ser una opci&oacute;n durante los conflictos vinculados al &ldquo;Plan de Lucha&rdquo; sindical de 1964 y ante el EGP. Estos elementos pueden brindar cierta plausibilidad a lo expresado por Astigueta sobre la &ldquo;reticencia&rdquo; del m&aacute;ximo mandatario frente a la normativa en discusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los argumentos que explican el paso en falso del proyecto de ley por Senadores, una cuesti&oacute;n sigue abierta: &iquest;por qu&eacute; Illia &ndash;quien al parecer no lo apoyaba&ndash; lo envi&oacute; para su debate y eventual sanci&oacute;n? Ante la falta de fuentes y explicaciones historiogr&aacute;ficas, se impone avanzar por el terreno de las conjeturas. Puede suponerse que la decisi&oacute;n presidencial tal vez estuvo relacionada con seguir el consejo de dos de los promotores m&aacute;s destacados del enfoque contrainsurgente dentro del gobierno: Zavala Ortiz y Su&aacute;rez, ministros de Relaciones Exteriores y Culto y de Defensa Nacional, respectivamente. Estos miembros del Poder Ejecutivo proven&iacute;an de la facci&oacute;n unionista del radicalismo, caracterizada por su conservadurismo, anticomunismo y antiperonismo. El env&iacute;o del proyecto de ley de defensa al Congreso puede interpretarse como una concesi&oacute;n a este sector del gobierno y del partido, algo que no representaba una garant&iacute;a de tratamiento favorable. 
    </p><p class="article-text">
        Los escenarios de tensi&oacute;n con los que lidiaba el presidente hacia 1965 empeoraron y con ellos tambi&eacute;n lo hizo la gobernabilidad. La desconfianza hacia la democracia, el conflicto entre la ucri y la ucrp, la persistencia del apoyo popular a Per&oacute;n y las diversas expresiones de su movimiento, y la presencia amenazante de las FFAA &ndash;preocupadas por la seguridad interna&ndash; se hab&iacute;an convertido en factores de presi&oacute;n. Sumado a esto, comenzaron a hacerse visibles las cr&iacute;ticas a la administraci&oacute;n nacional, en general, y a Illia, en particular, desde amplios sectores pol&iacute;ticos, medi&aacute;ticos y empresariales.
    </p><p class="article-text">
        Este rechazo al presidente &ndash;que se extend&iacute;a a los partidos pol&iacute;ticos&ndash; se vinculaba con una campa&ntilde;a basada en un reclamo: &ldquo;modernizar&rdquo; el pa&iacute;s. Desde actores medi&aacute;ticos como las revistas <em>Primera Plana </em>y <em>Confirmado</em> se calificaba al sistema de partidos como una estructura anquilosada e ineficiente, a pesar de los datos positivos en materia econ&oacute;mica y educativa, entre otras &aacute;reas. Se planteaba que los pol&iacute;ticos se mov&iacute;an dentro de los m&aacute;rgenes de la demagogia y se convert&iacute;an en un obst&aacute;culo para el crecimiento. Por contrapartida, los j&oacute;venes ejecutivos, las t&eacute;cnicas de marketing y el dinamismo empresarial eran &ndash;seg&uacute;n se dec&iacute;a&ndash; los motores del &eacute;xito. La soluci&oacute;n de todos los problemas pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos pasaba por reemplazar la pol&iacute;tica por la administraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica al gobierno nacional perme&oacute; a las FFAA y desde marzo de 1966 los militares hablaban abiertamente de derrocar al presidente en discursos y memorandos: se basaban en los mismos argumentos que los expresados por la prensa. Se agregaba la preocupaci&oacute;n por las elecciones del a&ntilde;o siguiente, que auguraban un triunfo de las fuerzas peronistas. Adem&aacute;s, entre abril y mayo el gobierno se neg&oacute; a enviar tropas a la Rep&uacute;blica Dominicana para tomar parte en la represi&oacute;n de un conflicto interno. Esto aument&oacute; el malestar debido a que las FFAA eran favorables a la intervenci&oacute;n, ya que quer&iacute;an congraciarse con los Estados Unidos y el rol que les asignaba a las fuerzas militares latinoamericanas.
    </p><p class="article-text">
        La actitud pasiva del gobierno frente a los estudiantes universitarios &ndash;que expresaban la radicalizaci&oacute;n de los j&oacute;venes&ndash; y el incipiente acercamiento al movimiento peronista de los sectores medios acentuaron las cr&iacute;ticas de la prensa conservadora, los empresarios y las FFAA ante el supuesto avance del &ldquo;comunismo&rdquo;. Los altos mandos de las tres armas acordaron las acciones a desarrollar: el Ej&eacute;rcito ocup&oacute; las sedes de diferentes medios de comunicaci&oacute;n el 27 de junio y se oblig&oacute; al presidente a renunciar. Al d&iacute;a siguiente, los militares pusieron fin al gobierno de Illia mediante un nuevo golpe de Estado.
    </p><p class="article-text">
        <em>Disponible en   https://ediciones.ungs.edu.ar/libro/la-represion-militar-en-la-argentina-1955-1976/</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esteban Damián Pontoriero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/represion-militar-argentina-1955-1976_129_9684058.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Nov 2022 09:08:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La represión militar en la Argentina (1955-1976)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fuerzas Armadas,Arturo Umberto Illia,Represión,Militares]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El asesinato del Padre Mugica: certezas y dudas (y errores), una respuesta a Hugo Vezzetti]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/asesinato-padre-mugica-certezas-dudas-errores-respuesta-hugo-vezzetti_129_7983107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e382e8c9-3a3a-4cec-bddc-b4ef8d490731_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El asesinato del Padre Mugica: certezas y dudas (y errores), una respuesta a Hugo Vezzetti"></p><p class="article-text">
        Hugo Vezzetti es un referente destacado para varias camadas de investigadores e investigadoras del pasado reciente y los estudios sobre memoria en Argentina, entre quienes nos incluimos. Su obra atraviesa discusiones centrales sobre la lucha armada, la represi&oacute;n, el peronismo y la memoria, entre otras preocupaciones intelectuales. Nuestro respeto hacia su trabajo se expresa de diversas formas, aunque tal vez aqu&iacute; preferimos destacar una: <strong>el uso que le hemos dado para nuestras propias investigaciones, siendo una fuente de inspiraci&oacute;n inagotable. </strong>Esta respuesta cr&iacute;tica a <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-mugica-mito-historia_129_7955995.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su art&iacute;culo sobre el asesinato del sacerdote Carlos Mugica, publicado el domingo pasado en este medio</a>, surge de una voluntad de abrir algunos ejes de discusi&oacute;n, antes que de clausurarlos. Nuestra idea central es que cualquier an&aacute;lisis sobre los usos del pasado y la memoria debe sostenerse sobre bases hist&oacute;ricas s&oacute;lidas; en caso contrario, se corre el riesgo de que el intento se vea malogrado y lleve a equ&iacute;vocos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La nota de Vezzetti pone en un pie de igualdad la evidencia que existe sobre la autor&iacute;a del crimen del padre Mugica por parte de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) con las conjeturas (y errores diversos que mostraremos) que lo vinculan a Montoneros. </strong>En efecto, se afirma que &ldquo;sobran los testimonios y las intervenciones que adjudican el crimen a Montoneros o a la Triple A&rdquo;. No obstante, es fundamental hacer una valoraci&oacute;n detallada de esas fuentes. Volvamos a la coyuntura de los acontecimientos. Es cierto que el asesinato de Mugica, ocurrido un 11 de mayo de 1974 mientras sal&iacute;a de oficiar una misa en el barrio porte&ntilde;o de Villa Luro, qued&oacute; envuelto en el misterio desde el primer momento. Ninguna organizaci&oacute;n o persona se lo atribuy&oacute; y tampoco se pudo dar en ese entonces con los autores materiales.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n mat&oacute; al sacerdote? Los &uacute;ltimos meses de Mugica hab&iacute;an sido testigos de su ruptura con Jos&eacute; L&oacute;pez Rega y del alejamiento del Ministerio de Bienestar Social en agosto de 1973, donde sol&iacute;a trabajar como asesor. Para mayo de 1974, cuando era evidente la ruptura de Juan D. Per&oacute;n con Montoneros, se sumaron las desavenencias con la organizaci&oacute;n guerrillera peronista respecto a sus intentos de continuar la lucha en el marco de un gobierno constitucional. Producido el asesinato, desde la revista <em>El Caudillo de la Tercera Posici&oacute;n</em>, que oficiaba de vocero ideol&oacute;gico de la Triple A y otros sectores de la derecha peronista, sostenida materialmente por L&oacute;pez Rega, se ech&oacute; a rodar desde el primer momento la versi&oacute;n de que los responsables de su muerte hab&iacute;an sido los Montoneros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Tapa de El Caudillo responsabilizando a la Tendencia revolucionaria del peronismo y específicamente a Montoneros del asesinato                            </span>
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        La &ldquo;hip&oacute;tesis montonera&rdquo; se fundamentaba en el desencuentro que Mugica tuvo con la organizaci&oacute;n guerrillera por la continuidad de la lucha armada bajo un gobierno constitucional y peronista. Sin embargo, las fuentes de esa hip&oacute;tesis no superan el &aacute;mbito de las conjeturas que circularon en la &eacute;poca. Como plantea el mismo Vezzetti, existen testimonios de conocidos de Mugica que manifestaron la preocupaci&oacute;n del sacerdote de sufrir una potencial agresi&oacute;n por parte de Montoneros, en especial tras la &ldquo;ruptura&rdquo; de &eacute;stos con Per&oacute;n al iniciar mayo de 1974. El problema est&aacute; en asumir que tales declaraciones ofrecen una verdad <em>ipso facto</em>. No es lo mismo recuperar los dichos de Jacobo Timerman o los posteriores de Antonio Cafiero, para ilustrar las sospechas que hab&iacute;a en ciertos c&iacute;rculos pol&iacute;ticos respecto de la autor&iacute;a montonera que sostener, como lo hace Vezzetti, que en la palabra del due&ntilde;o del diario <em>La Opini&oacute;n</em> se encuentra la evidencia irrefutable de que a Mugica lo mat&oacute; la guerrilla peronista, solo porque se asume que la conducci&oacute;n nacional montonera no pod&iacute;a ser ajena a las supuestas amenazas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Veamos qu&eacute; ocurre cuando nos enfocamos en la &ldquo;hip&oacute;tesis de la Triple A&rdquo;. En la nota de Vezzetti, se le presta poca atenci&oacute;n al conflicto sostenido por Mugica cuando trabaj&oacute; como asesor en el Ministerio de Bienestar Social a mediados de 1973.</strong> Sin embargo, se trata de un punto clave para entender qu&eacute; fue lo que pas&oacute;. El motivo de las desavenencias con el todopoderoso ministro L&oacute;pez Rega ten&iacute;a que ver con la ambici&oacute;n de &eacute;ste de captar de forma clientelar a la poblaci&oacute;n villera con su pol&iacute;tica de reasentamientos, contraria a la postura de Mugica de hacerla part&iacute;cipe activa en la edificaci&oacute;n de las nuevas viviendas. Frente a su renuncia a las asesor&iacute;as, L&oacute;pez Rega lo acus&oacute; de querer estafar al gobierno, a lo que el padre respondi&oacute; refiri&eacute;ndose al ministro como un individuo necesitado de &ldquo;adulaci&oacute;n y servilismo&rdquo;.
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            </figure><p class="article-text">
        De acuerdo con Mart&iacute;n de Biase, bi&oacute;grafo de Mugica y una de las fuentes de consulta de Vezzetti, a partir de ese momento el sacerdote empez&oacute; a recibir amenazas de muerte. La m&aacute;s conocida hab&iacute;a sido emitida en diciembre de 1973 desde las p&aacute;ginas de <em>El Caudillo de la Tercera Posici&oacute;n</em>, en donde se le acus&oacute; de &ldquo;adoctrinar mentes cristianas al servicio del marxismo y ser ap&oacute;stol de la violencia armada&rdquo;. Resulta llamativo que tal documento est&eacute; ausente en la nota de Vezzetti; aunque m&aacute;s llamativo es que, para argumentar la posible responsabilidad de Montoneros, menciona un art&iacute;culo de la revista <em>Militancia Peronista para la Liberaci&oacute;n</em>, que seg&uacute;n &eacute;l &ldquo;respond&iacute;a a la organizaci&oacute;n&rdquo;, donde colocaban al sacerdote &ldquo;en la c&aacute;rcel del pueblo&rdquo;. El problema es que esta publicaci&oacute;n no pertenec&iacute;a a Montoneros, sino que estaba vinculada al Peronismo de Base y era dirigida por Rodolfo Ortega Pe&ntilde;a y Eduardo Duhalde, siendo cada vez m&aacute;s cr&iacute;tica del gobierno peronista y tambi&eacute;n de Montoneros. Adem&aacute;s, el hecho de figurar en la secci&oacute;n &ldquo;c&aacute;rcel del pueblo&rdquo; no equival&iacute;a a una sentencia de muerte en absoluto: del relevamiento de todas las figuras que se nombran all&iacute; se desprende que el &uacute;nico asesinado de la lista fue Mugica. Aun si consider&aacute;ramos que <em>Militancia</em> hubiera sido una revista de Montoneros, de todas formas no podr&iacute;amos encontrar all&iacute; la prueba de la autor&iacute;a del asesinato por parte de esta organizaci&oacute;n: m&aacute;s bien hallar&iacute;amos lo contrario, a saber, que las personas nombradas en realidad no fueron atacadas, por lo que se deber&iacute;a suponer que las balas provinieron de otro lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este no es el &uacute;nico error que sostiene Vezzetti en su art&iacute;culo. Extra&ntilde;amente, se advierte desde el inicio que &ldquo;si el asesinato no est&aacute; esclarecido es porque nunca se ha hecho nada, desde la justicia y el Estado, en los muchos a&ntilde;os de gobiernos peronistas, para esclarecerlo&rdquo;. Y m&aacute;s tarde, el autor agrega: &ldquo;Dado que la investigaci&oacute;n ha sido nula o deficiente, s&oacute;lo caben las conjeturas&rdquo;. Como historiadores especializados en historia reciente, sus frases nos resultan bastante desconcertantes. <strong>&iquest;Ignora acaso Vezzetti que s&iacute; hubo un esfuerzo decidido por esclarecer el asesinato de Mugica, puntualmente a partir de la reapertura de la causa judicial de la Triple A en 2006, bajo el gobierno de N&eacute;stor Kirchner, es decir, un gobierno peronista? </strong>Por instrucci&oacute;n del juez Norberto Oyarbide, los cr&iacute;menes de la Triple A fueron considerados de &ldquo;lesa humanidad&rdquo; e imprescriptibles. Esta resoluci&oacute;n permiti&oacute; incorporar el caso Mugica a los incidentes que investigaba la causa, pese a la muerte de sus implicados directos, como L&oacute;pez Rega, fallecido a fines de los a&ntilde;os ochenta. La reapertura de la causa estuvo acompa&ntilde;ada por la detenci&oacute;n a fines de 2006 de Rodolfo Almir&oacute;n, viejo custodio de L&oacute;pez Rega en Bienestar Social y miembro de la Triple A que particip&oacute; en el atentado que acab&oacute; con la vida del sacerdote. Aunque Almir&oacute;n muri&oacute; en prisi&oacute;n en 2009, el crimen contin&uacute;a entre las imputaciones a los procesados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por la Triple A.
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                Rovira, Almirón y un conductor en actos de servicio                            </span>
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        La ausencia de una condena judicial parece habilitar a Vezzetti a revisitar la muerte de Mugica a partir de interpretaciones sesgadas. Esto resulta interesante, ya que realiza una lectura contraf&aacute;ctica sobre la culpabilidad de Montoneros como una verdad comprobada, basado en un enfoque muy problem&aacute;tico: una hip&oacute;tesis que confunde supuestos con evidencias y que se construye a partir de un manejo de datos de forma selectiva y a conveniencia, lo cual termina forzando sus argumentos hasta hacerlos dif&iacute;ciles de sostener, m&aacute;s en comparaci&oacute;n con las evidencias hist&oacute;ricas y judiciales que corroboran la responsabilidad de la Triple A en el crimen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El testimonio m&aacute;s fehaciente de la autor&iacute;a de la Triple A (incorporado a la causa judicial) pertenece a Ricardo Capelli, amigo de Mugica que estuvo presente en el momento de su asesinato, logrando sobrevivir a pesar de recibir varios tiros. Capelli identific&oacute; a Almir&oacute;n como el autor de los disparos, gracias a que tanto &eacute;l como Mugica lo conoc&iacute;an de visitar el Ministerio de Bienestar Social por las asesor&iacute;as. Sin embargo, guard&oacute; silencio sobre el hecho y fue v&iacute;ctima de un hostigamiento basado en amenazas de muerte a su familia, el cual logr&oacute; sumirlo en el miedo hasta la d&eacute;cada de 1990, <a href="http://www.archivoinfojus.gob.ar/provinciales/mugica-un-crimen-impune-y-una-causa-judicial-en-via-muerta-1666.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando finalmente aport&oacute; su testimonio a la justicia y la sociedad</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Este dato pone en serias dudas la conjetura de Vezzetti sobre la posibilidad de que &ldquo;en el instante &uacute;ltimo, cuando daba la vida por su causa, el Padre Mugica no supiera de d&oacute;nde part&iacute;an las balas&rdquo;. En realidad, si se trata de hacer aseveraciones de este tipo, tenemos mayor cantidad de elementos para suponer que, al igual que Capelli, el padre tambi&eacute;n pudo haber visto a Almir&oacute;n al momento de recibir la r&aacute;faga de ametralladora, por lo que s&iacute; debi&oacute; saber &ldquo;de d&oacute;nde part&iacute;an las balas&rdquo;. <strong>Los ejercicios contraf&aacute;cticos sin sustento emp&iacute;rico alguno est&aacute;n lejos de contribuir al mejor conocimiento de la historia: en este caso, solo sirven para confundir y sembrar dudas sobre un hecho sobre el que tenemos importantes certezas: por ejemplo, el autor.&nbsp;</strong>
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                López Rega en el casamiento de Rodolfo Almirón, autor de los disparos que segaron la vida de Mugica                            </span>
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        Los errores, voluntarios e involuntarios, est&aacute;n conectados con la historia del crimen de Mugica desde el comienzo. Producido el asesinato, la Polic&iacute;a Federal se encarg&oacute; de entorpecer la investigaci&oacute;n de oficio, en consonancia con las amenazas contra el sobreviviente Capelli y la campa&ntilde;a de confusi&oacute;n y desinformaci&oacute;n lanzada por <em>El Caudillo</em>. La fuerza realiz&oacute; un identikit del asesino, present&aacute;ndolo como un hombre joven y solo con bigote. Sin embargo, la prensa de la &eacute;poca entrevist&oacute; a varios testigos del crimen, quienes mencionaron que el ejecutor era &ldquo;un hombre con bigote y barba espesa&rdquo;, perfil que se ajusta con las im&aacute;genes de &eacute;poca que poseemos de Almir&oacute;n. A la luz de lo que sabemos hoy, resulta claro que la polic&iacute;a trat&oacute; de encubrir los hechos: esto no deber&iacute;a sorprender a nadie, ya que en ese momento quien estaba a cargo de la Polic&iacute;a Federal era Alberto Villar, miembro destacado de la Triple A.
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                    alt="Identikit del asesino de Carlos Mugica, difundido por la Policía Federal Argentina"
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                Identikit del asesino de Carlos Mugica, difundido por la Policía Federal Argentina                            </span>
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        <strong>La Triple A asesin&oacute; a Mugica con el objetivo de asestar un golpe a Montoneros. </strong>A la fecha del crimen, la organizaci&oacute;n paraestatal peronista todav&iacute;a era desconocida para la mayor&iacute;a de los argentinos; en cambio, los desencuentros de Mugica y Montoneros eran de conocimiento p&uacute;blico. La Triple A aprovech&oacute; la situaci&oacute;n y perpetr&oacute; el asesinato sin reivindicarlo para que las sospechas cayeran en la guerrilla peronista, debilitada en su legitimidad a ra&iacute;z del enfrentamiento con Per&oacute;n (no hay casualidad en que la fecha del atentado aconteciera d&iacute;as despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n de Montoneros de Plaza de Mayo). El golpe pretendi&oacute; difamar a la guerrilla y quitarle respaldo social de otros colectivos disidentes y los sectores populares, cuesti&oacute;n lograda con relativo &eacute;xito: los sacerdotes tercermundistas del Gran Buenos Aires cortaron relaciones con Montoneros &ndash;al menos con su conducci&oacute;n&ndash;, el trabajo de base en las villas se retrajo y ex militantes de la conducci&oacute;n nacional montonera han reconocido los estragos causados por la difamaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, es importante decir que quien &ldquo;arrasaba con el trabajo social o pol&iacute;tico que se desplegaba en los barrios y las villas&rdquo; era la Triple A de manera deliberada y no, como dice Vezetti, &ldquo;una guerra civil entre peronistas&rdquo;. Adem&aacute;s, expresar que hubo una &ldquo;guerra civil&rdquo; implica equiparar dos actores muy diferentes en recursos, medios y caracter&iacute;sticas: Montoneros, una organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-militar no estatal, y la Triple A, una organizaci&oacute;n paraestatal represiva que se articul&oacute; desde un ministerio, con fondos y funcionarios p&uacute;blicos y miembros de las fuerzas de seguridad. El uso del concepto de &ldquo;guerra civil&rdquo; impide recurrir a otros que ayudan a comprender mejor ese pasado y que restablecen la asimetr&iacute;a de fuerzas, algo que para la historiograf&iacute;a actual es un punto de consenso b&aacute;sico: lucha armada, represi&oacute;n y terrorismo de Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Corresponde hablar de terrorismo de Estado para el a&ntilde;o 1974? No est&aacute; dem&aacute;s se&ntilde;alar que el terrorismo de Estado no empez&oacute; en marzo de 1976, sino antes, como el propio Vezzetti lo dice en varios de sus trabajos. Ahora bien, existen diferentes puntos de partida, ya que se trat&oacute; de un proceso complejo, que no se somete a las simplificaciones cronol&oacute;gicas. Por ese motivo, una serie de investigaciones, como las de Pablo Scatizza, por ejemplo, colocan a la Triple A y su accionar como uno de los puntos posibles de inicio.
    </p><p class="article-text">
        El asesinato de Mugica por la Triple A aliment&oacute; la confusi&oacute;n y la discordia entre los actores de izquierda de la &eacute;poca. Ahora bien, la manipulaci&oacute;n de la verdad detr&aacute;s del hecho de sangre fue elemental para el escuadr&oacute;n paraestatal y la derecha peronista en general, que capitalizaron la muerte del cura para extender las difamaciones a otros actores y legitimar el crimen dentro del marco de la &ldquo;guerra contra la subversi&oacute;n&rdquo;. La Triple A produjo algunos afiches infamantes contra Mugica, quien fue representado como un &ldquo;cura guerrillero&rdquo; v&iacute;ctima de la violencia que supuestamente ayud&oacute; a engendrar. Esta propaganda cuestion&oacute; el status de m&aacute;rtir de las causas populares que le dieron los villeros, justificando su muerte en el entendido de que fue un apologista de la violencia, interpretaci&oacute;n totalmente alejada de su historia de vida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Ejemplo de los afiches difundidos por la Triple A contra el padre Mugica, acusando a Montoneros de su asesinato                            </span>
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        Al momento de ocurridos los hechos, la derecha peronista promovi&oacute; dudas sobre qui&eacute;nes fueron los autores del crimen de Mugica. El enigma se aliment&oacute; del silencio de los autores y las maniobras para lanzar la culpa sobre Montoneros. Llama la atenci&oacute;n que a m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os del asesinato de Mugica, de lo demostrado por la justicia argentina, de lo sostenido por el sobreviviente Capelli y de lo que exponen las &uacute;ltimas investigaciones hist&oacute;ricas, Vezzetti se acerque al discurso de dirigentes pol&iacute;ticos como <a href="https://www.infobae.com/politica/2020/10/04/patricia-bullrich-tengo-una-profunda-autocritica-de-lo-que-fue-la-violencia-como-accion-politica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Patricia Bullrich</a> o periodistas como <a href="https://www.infobae.com/politica/2020/10/04/ceferino-reato-habia-voces-que-siempre-le-adjudicaron-el-crimen-del-padre-mugica-a-montoneros-como-la-de-antonio-cafiero/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ceferino Reato</a> para volver a apuntar contra Montoneros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La equiparaci&oacute;n de la evidencia dispar de la Triple A respecto a Montoneros sobre la autor&iacute;a del crimen de Mugica se entrelaza con otra equiparaci&oacute;n que recorre toda la nota: la de ambas organizaciones. Sin embargo, esto no es algo nuevo y lejos est&aacute; de implicar una lectura cr&iacute;tica de la narrativa sobre ese pasado, tal como se propone la nota. Por el contrario, Vezzetti est&aacute; reproduciendo un sentido de &eacute;poca (estudiado por Marina Franco para los a&ntilde;os 1973-1976, por ejemplo): la interpretaci&oacute;n de la violencia pol&iacute;tica y la represi&oacute;n como el producto de una matriz polar de &ldquo;extrema izquierda&rdquo; y de &ldquo;extrema derecha&rdquo;, asociada a una lectura en clave b&eacute;lica de los conflictos pol&iacute;ticos, hablando justamente de &ldquo;mitos e historia&rdquo;. Esta forma de abordar la coyuntura de los a&ntilde;os setenta democr&aacute;ticos fue muy com&uacute;n entre un amplio espectro de actores: desde la guerrilla, hasta los militares, pasando por la dirigencia sindical, empresarial y pol&iacute;tica. Tambi&eacute;n fue una de las claves sobre las que se asent&oacute; la &uacute;ltima dictadura militar (1976-1983) para legitimar el golpe de Estado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los errores hist&oacute;ricos y conceptuales que se&ntilde;alamos llevan a Vezzetti a incluir a Montoneros en la escena de un crimen que la organizaci&oacute;n no cometi&oacute; y a recurrir a interpretaciones binarias de la violencia que no se condicen con el an&aacute;lisis hist&oacute;rico, sino m&aacute;s bien con una interpretaci&oacute;n nativa, es decir, propia de los a&ntilde;os setenta.</strong> En <em>Sobre la violencia revolucionaria: memorias y olvidos </em>(Siglo XXI Editores: 2009), un texto que se ha convertido en un cl&aacute;sico r&aacute;pidamente, Vezzetti llama &ldquo;a desconfiar de la memoria y<em> remitirse a las fuentes</em>&rdquo; (p. 83. Las cursivas pertenecen al texto original). No podemos m&aacute;s que acordar con &eacute;l: aqu&iacute; no hemos hecho otra cosa m&aacute;s que seguir su consejo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>EP/JLB/CDT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esteban Damián Pontoriero, Juan Luis Besoky, Carlos Fernando López de la Torre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/asesinato-padre-mugica-certezas-dudas-errores-respuesta-hugo-vezzetti_129_7983107.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 May 2021 03:52:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El asesinato del Padre Mugica: certezas y dudas (y errores), una respuesta a Hugo Vezzetti]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Padre Mugica,Montoneros,Triple A]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Frondizi y los militares frente al Plan CONINTES]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/frondizi-militares-frente-plan-conintes_1_7305468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/28e89102-e16c-4ac2-9a83-f437cc529089_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Frondizi y los militares frente al Plan CONINTES"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 13 de marzo de 1960 el gobierno de Frondizi activó el Plan de Conmoción Interna del Estado (CONINTES) que autorizó a  las Fuerzas Armadas a que intervengan en la persecución política de civiles en el marco de la “resistencia peronista”.</p></div><p class="article-text">
        A comienzos de los a&ntilde;os 60, el gobierno de <strong>Arturo Frondizi</strong> tom&oacute; una medida trascendental para la historia de la represi&oacute;n en la Argentina:<strong> la autorizaci&oacute;n a las Fuerzas Armadas para que intervengan en la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica de civiles en el marco de la &ldquo;resistencia peronista&rdquo;.</strong> El Plan de Conmoci&oacute;n Interna del Estado (CONINTES) se aprob&oacute; inicialmente el 14 de noviembre de 1958 mediante el decreto secreto 9880, en plena vigencia del estado de sitio y en un contexto dominado por los conflictos sindicales que comenzaban a resurgir en diferentes puntos del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La amenaza interna se asociaba con los trabajadores sindicalizados, mencionando el decreto 9880 un &ldquo;grave estado de necesidad&rdquo; existente. Esto se deb&iacute;a a una serie de &ldquo;perturbaciones advertidas en distintos aspectos de la vida nacional&rdquo; que pon&iacute;a en peligro sus instituciones y el orden p&uacute;blico. Se expresaba que &ldquo;las Fuerzas Armadas deben proceder con toda rapidez y absoluta energ&iacute;a a efectos de asegurar el pronto restablecimiento del orden p&uacute;blico&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Plan CONINTES se activ&oacute; el 13 de marzo de 1960 </strong>a trav&eacute;s de un decreto que otorgaba a las Fuerzas Armadas el mando de las fuerzas de seguridad, estableciendo adem&aacute;s un sistema de jurisdicciones especiales. De esa forma, las Fuerzas de Seguridad quedaron bajo el control operativo de las Fuerzas Armadas, una disposici&oacute;n que se repetir&iacute;a varias veces en los a&ntilde;os siguientes. El Plan se activ&oacute; para enfrentar una ola de atentados ejecutados por los &ldquo;comandos&rdquo; de la &ldquo;resistencia&rdquo;, aunque en sus inicios se lo hab&iacute;a delineado para la represi&oacute;n del movimiento obrero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los resultados del Plan CONINTES muestran que tuvo un efecto devastador sobre los &ldquo;comandos&rdquo; de la &ldquo;resistencia&rdquo; y el movimiento obrero, eliminando sus acciones en poco m&aacute;s de un a&ntilde;o.</strong> Si 1959 y los primeros meses del a&ntilde;o siguiente marcaron el punto m&aacute;ximo de la cantidad de atentados y operaciones clandestinas, a partir de marzo de 1960 se mostr&oacute; una cara inversa. Ese a&ntilde;o indica el punto cr&iacute;tico en que las acciones de los &ldquo;comandos&rdquo; comenzaron a separarse de las bases obreras, debilitadas por la marcada reducci&oacute;n en la cantidad de huelgas, la desmoralizaci&oacute;n, la represi&oacute;n y la detenci&oacute;n de miles de militantes peronistas. A este panorama se agregaba la recesi&oacute;n por las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas aplicadas desde 1959.
    </p><p class="article-text">
        La puesta en marcha del Plan surgi&oacute; de una decisi&oacute;n de las autoridades pol&iacute;ticas y las Fuerzas Armadas. &iquest;C&oacute;mo se gest&oacute; esa opci&oacute;n? Gran parte de la bibliograf&iacute;a sobre el tema considera que fue el resultado de la presi&oacute;n castrense sobre el gobierno: &eacute;ste se habr&iacute;a visto forzado a dictar los &ldquo;decretos CONINTES&rdquo; para contener la amenaza golpista de los militares, d&aacute;ndoles la autorizaci&oacute;n para reprimir a la &ldquo;resistencia peronista&rdquo;. Un conjunto de nuevas fuentes disponibles en el Fondo del Centro de Estudios Nacionales, en la Biblioteca Nacional, ayuda a complejizar este cuadro de situaci&oacute;n y muestra una faceta antes desconocida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La discusi&oacute;n de las medidas a aplicar contra los detenidos sirvi&oacute; para que el gobierno y los militares debatieran sobre el tipo de estado de excepci&oacute;n a implementar. El 14 de marzo de 1960 tuvo lugar una reuni&oacute;n clave en el despacho presidencial entre las autoridades pol&iacute;ticas y los representantes de las Fuerzas Armadas. En ella participaron Arturo Frondizi junto al ministro de Defensa, Nacional Justo Villar; el secretario de Guerra, general Rodolfo Larcher; el secretario de Marina, contralmirante Gast&oacute;n Clement; el secretario de Aeron&aacute;utica, brigadier Jorge Rojas Silveyra y el jefe de la Casa Militar, brigadier Baldomero Llerena.
    </p><p class="article-text">
        Luego del inicio del CONINTES, el secretario de Guerra Larcher le pidi&oacute; al presidente que declarara la ley marcial con urgencia. La ley marcial &ndash;a diferencia del estado de sitio&ndash; implicaba el reconocimiento de una situaci&oacute;n de guerra, poniendo en cuesti&oacute;n el orden constitucional. Esto implicaba el establecimiento de una l&oacute;gica b&eacute;lica para la conducci&oacute;n del Estado: la unidad de los mandos pol&iacute;tico y militar. <strong>La justicia castrense adquir&iacute;a un rango de primac&iacute;a por sobre el fuero civil.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los militares quer&iacute;an imponer un estado de guerra interna para tener mayores prerrogativas, una opini&oacute;n que contaba con un amplio apoyo en las tres armas. El 26 de mayo de 1960 tuvo lugar una reuni&oacute;n de oficiales superiores de la Armada y la Aeron&aacute;utica en el portaviones Independencia: el objetivo fue analizar diferentes aspectos de la coyuntura de conflictividad interna en curso. En el encuentro &ndash; consignado en un informe que pose&iacute;a Frondizi&ndash; marinos y aviadores coincidieron en que &ldquo;no existe otra alternativa que actuar con las Fuerzas Armadas no como funci&oacute;n policial, con restricciones contraproducentes, sino con plenas atribuciones militares&rdquo;. Se se&ntilde;alaba algo similar a lo expresado por el general Larcher al afirmar que &ldquo;el Estado posee medios legales tales como la ley marcial, que aplicada por un breve plazo no superior a las 48 horas y con esa duraci&oacute;n fijada de antemano por el decreto respectivo, se conseguir&iacute;a clarificar totalmente el estado ambiental terrorista que viven ciertos sectores del pa&iacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El actor castrense se mostraba en desacuerdo con la aplicaci&oacute;n del Plan CONINTES. Seg&uacute;n el informe, los representantes de la Marina y la Fuerza A&eacute;rea opinaban: &ldquo;actualmente, la intervenci&oacute;n militar [&hellip;] prolonga innecesariamente, la soluci&oacute;n del problema. [&hellip;] la expresi&oacute;n &lsquo;ni chicha ni limonada&rsquo; es bien gr&aacute;fica para definir la situaci&oacute;n con el Conintes actual. Es decir que la aplicaci&oacute;n de la ley marcial por un plazo determinado y m&iacute;nimo es una de las conclusiones a que se arriba en este tema&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los militares advert&iacute;an que el Plan era ilegal debido a que s&oacute;lo ten&iacute;a las firmas del presidente y el secretario de Guerra, sin menci&oacute;n a los dem&aacute;s ministros. Otro informe &ndash;tambi&eacute;n en poder de Frondizi&ndash; que reun&iacute;a la opini&oacute;n del alto mando del Ej&eacute;rcito se inscribe en una tendencia similar. Se consideraba que &ldquo;el Presidente de la Rep&uacute;blica debe proceder a levantar la vigencia del Plan Conintes, que a la fecha est&aacute; ocasionado &lsquo;creciente malestar&rsquo; en las Fuerzas Armadas y muy especialmente en el Ej&eacute;rcito&rdquo;. Se indicaba, no obstante, que aquella medida deb&iacute;a tomarse luego de que el Congreso sancionara una &ldquo;Ley de Seguridad Social&rdquo; e interviniera las universidades, iniciando un plan de lucha contra el &ldquo;comunismo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las Fuerzas Armadas opinaban que deb&iacute;a avanzarse en la creaci&oacute;n de un estado de excepci&oacute;n que incluyera la pena de muerte y se extendiera m&aacute;s all&aacute; de cualquier marco legal de tiempos de paz, incluida la Constituci&oacute;n.</strong> En otro informe que pose&iacute;a Frondizi, el general Carlos Peralta se mostraba de acuerdo con tener una ley que eliminara el &ldquo;terrorismo&rdquo; por medio de la pena capital. El general Juan Picca, por su parte, afirmaba que &ldquo;a los terroristas hay que fusilarlos. Urge la ley [de pena de muerte]&rdquo;. Varios militares m&aacute;s expresaban su preocupaci&oacute;n frente a un poder legislativo que &ndash;seg&uacute;n ellos&ndash; era hostil frente a esa soluci&oacute;n. El teniente coronel Jorge Shaw se&ntilde;alaba que &ldquo;nuestra preocupaci&oacute;n m&aacute;xima es el Congreso. Est&aacute;n en el torpe prop&oacute;sito de allegar votos mientras el pa&iacute;s quiere ser dominado por las bombas. &iquest;Hasta d&oacute;nde se podr&aacute; ir en este problema?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El coronel Osiris Villegas fue quien mejor sintetiz&oacute; la encrucijada entre el orden legal y el enfoque contrainsurgente: &ldquo;la situaci&oacute;n es grave; si hay que tomar medidas inconstitucionales, a ello nos obligar&aacute;n los hechos. Por encima de la constituci&oacute;n est&aacute; el pa&iacute;s. Parece mentira que el Congreso se oponga al orden en el pa&iacute;s. &iquest;Qu&eacute; es lo que pretenden? Urgen las medidas: si no, no s&eacute; qu&eacute; ocurrir&aacute;&rdquo;. La declaraci&oacute;n de un estado de necesidad buscaba constituirse en la garant&iacute;a para la transgresi&oacute;n de la ley. La l&oacute;gica de la excepci&oacute;n determinaba una concepci&oacute;n de la Constituci&oacute;n y del Congreso que los asociaba con obst&aacute;culos para la acci&oacute;n represiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Frondizi, la declaraci&oacute;n de la ley marcial significaba algo que no estaba dispuesto a reconocer: una situaci&oacute;n de guerra civil. En la reuni&oacute;n del 14 de marzo el presidente sostuvo que los tribunales militares pod&iacute;an establecerse bajo el amparo de la normativa de defensa de tiempos de Per&oacute;n, ya que &ldquo;la misma considera el estado de Conmoci&oacute;n Interna, y tal estado existe. No podemos dar un bando para todo el pa&iacute;s, adem&aacute;s cualquier juez ante un pedido de amparo y por la falta del Estado de Guerra, har&aacute; lugar al mismo y pondr&aacute; en libertad al recurrente&rdquo;. Ante la insistencia del general Larcher para dictar la ley marcial, el presidente convoc&oacute; a los asesores legales de las Fuerzas Armadas: se deb&iacute;a discutir la herramienta jur&iacute;dica para que el actor castrense juzgara a los civiles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una vez que los asesores militares llegaron a la reuni&oacute;n, Frondizi los interrog&oacute; sobre la cuesti&oacute;n m&aacute;s problem&aacute;tica: &ldquo;&iquest;El Poder Ejecutivo puede en cualquier caso imponer la pena de muerte? Ser&iacute;a cuesti&oacute;n de analizar: 1). La actitud de un juez ante un bando. 2). La aplicaci&oacute;n de la Ley 13234 con los Tribunales Militares. 3). La pena de muerte para cualquier procedimiento&rdquo;. La respuesta del auditor de las Fuerzas Armadas coronel Horacio Mainar fue contundente: mientras los poderes ejecutivo, legislativo y judicial estuvieran funcionando normalmente, el presidente no pod&iacute;a gobernar mediante bandos militares en tiempos de paz.
    </p><p class="article-text">
        El presidente no pod&iacute;a arrogarse dentro la Constituci&oacute;n la facultad de declarar la pena de muerte. El general Larcher sentenci&oacute; en desacuerdo: &ldquo;es necesario salirse de la Constituci&oacute;n para defenderla&rdquo;. Sin embargo, el secretario de Guerra no obtuvo lo que deseaba. Frondizi orden&oacute; a los asesores legales militares redactar un proyecto dentro de los marcos constitucionales que no pudiera objetarse jur&iacute;dicamente.
    </p><p class="article-text">
        La postura de Frondizi termin&oacute; por imponerse despu&eacute;s de arduas discusiones. El general Larcher insist&iacute;a en declarar la ley marcial, proceder a la creaci&oacute;n de tribunales militares facultados para juzgar civiles y, de ser necesario, dictar la pena capital. El secretario de Guerra manifest&oacute;: &ldquo;existe una gran inquietud en el Ej&eacute;rcito, se pide que se den las armas para castigar. El estado Conintes nos transforma en simples polic&iacute;as. Si se puede tomar una medida legal y vigorosa, creo que esta inquietud desaparecer&aacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El presidente defendi&oacute; el Plan CONINTES y sali&oacute; al cruce afirmando: &ldquo;el pasaje de la polic&iacute;a a depender del Ej&eacute;rcito se realiz&oacute; por pedido del Comandante en Jefe del Ej&eacute;rcito [el general Carlos Toranzo Montero]&rdquo;. Luego de este planteo, las autoridades pol&iacute;ticas y militares llegaron a un acuerdo: el 15 de marzo se public&oacute; el decreto 2639 que estableci&oacute; los consejos de guerra para civiles. En esta discusi&oacute;n la posici&oacute;n de Frondizi prevaleci&oacute; por sobre la del general Larcher, que resum&iacute;a la opini&oacute;n mayoritaria dentro de las Fuerzas Armadas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se desprende una idea bastante diferente de la que sostiene la historiograf&iacute;a: el presidente puso en ejecuci&oacute;n el Plan CONINTES en un contexto en el que el actor militar era contrario a esta opci&oacute;n. La mayor parte de la oficialidad de las fuerzas terrestres, la Marina y la Aeron&aacute;utica era partidaria de la declaraci&oacute;n de la ley marcial por decreto o mediante un bando y el establecimiento de la pena de muerte para los delitos vinculados con actos de &ldquo;terrorismo&rdquo;.</strong> Hab&iacute;a una excepci&oacute;n nada desde&ntilde;able: el Comandante en Jefe del Ej&eacute;rcito, general Toranzo Montero. El presidente y el Comandante en Jefe del Ej&eacute;rcito alcanzaron un punto de acuerdo. Esto era algo destacable: Toranzo Montero, un oficial que era tan antiperonista como anticomunista, tuvo numerosos enfrentamientos con Frondizi desde su nombramiento en 1959, especialmente por la estrategia integracionista: era partidario de una l&iacute;nea dura, basada en la proscripci&oacute;n electoral y la aplicaci&oacute;n de medidas represivas.
    </p><p class="article-text">
        La posici&oacute;n de Frondizi no fue de debilidad total, pudiendo imponerse en este caso. Se evit&oacute; decretar la ley marcial y la pena de muerte, una situaci&oacute;n que desde su punto de vista hubiera implicado reconocer que el pa&iacute;s se hallaba en un estado de guerra civil. El punto de discordia con las Fuerzas Armadas se refer&iacute;a a los m&eacute;todos pero no al enemigo. El presidente participaba del abordaje contrainsurgente y de la vinculaci&oacute;n del movimiento peronista con el &ldquo;comunismo&rdquo;. En el mensaje al Congreso de 1961, Frondizi afirm&oacute; que &ldquo;el papel previsto para las fuerzas armadas ya no se limita a la defensa de la Naci&oacute;n de los ataques armados exteriores, sino que se extiende a la defensa del frente interno, que es donde fundamentalmente se desarrolla la guerra ideol&oacute;gica mediante la infiltraci&oacute;n de individuos de ideas disolventes&rdquo;. El Ej&eacute;rcito se plante&oacute; que se deb&iacute;a tener un orden legal permanente para el uso de las Fuerzas Armadas en el plano interno: el gobierno nacional se propuso elaborar y sancionar un marco normativo que reemplazara la Ley de defensa 13234.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el futuro ser&aacute; necesario indagar en la figura de Frondizi y buscar hasta qu&eacute; punto el propio presidente estaba de acuerdo con los militares respecto de la necesidad de militarizar la seguridad interna frente a una supuesta amenaza interna revolucionaria.</strong> Por lo tanto, puede decirse que por el momento se pudo comprobar que tanto el actor pol&iacute;tico-civil como el actor militar encontraron en los tempranos sesentas un terreno de com&uacute;n acuerdo respecto de considerar a la seguridad interna como una esfera de intervenci&oacute;n de las Fuerzas Armadas en clave antisubversiva. Las implicancias y la permanencia de este punto de acuerdo entre los actores se&ntilde;alados proyectaron su sombra sobre los a&ntilde;os siguientes hasta llegar a la oscuridad del terrorismo de Estado de mediados de los a&ntilde;os 70.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esteban Damián Pontoriero]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Mar 2021 20:51:56 +0000]]></pubDate>
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