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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Horacio Bilbao]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/horacio-bilbao/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Horacio Bilbao]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Dormimos despiertos? Ejercicio para desocultar miserias y virus mentales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dormimos-despiertos-ejercicio-desocultar-miserias-virus-mentales_129_7898862.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50852af1-8b09-417d-8eff-ef37d4f3568b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Dormimos despiertos? Ejercicio para desocultar miserias y virus mentales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pandemia no cede. Mientras tanto alimenta y normaliza la curva exponencial de imágenes de desconcierto en el AMBA y en el mundo. Farsa y tragedia. La razón, la confianza en la ciencia, la política ¿a dónde van? Percepciones alteradas por el miedo, el cansancio y la infección de ideas polarizadas, televisadas, algoritmizadas. Elogio de la duda y la complejidad como antídoto frente a cegueras endémicas.</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>Jos&eacute; Saramago </strong>que el mundo se estaba convirtiendo en una caverna igual a la de Plat&oacute;n, que miramos cada vez m&aacute;s im&aacute;genes creyendo que son la realidad. Creencia mata conocimiento, algo as&iacute;. El tiempo pand&eacute;mico confirma en parte su sentencia, pero tambi&eacute;n descorre velos, mecanismos de percepci&oacute;n de los que aqu&iacute; sigo ejemplos mundanos con las esperanza de extrapolar el ejercicio para comprender c&oacute;mo opera un virus en nuestras habitualidades m&aacute;s b&aacute;sicas, para pensar luego la contaminaci&oacute;n de las ideas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute;, un linyera de Lan&uacute;s que &ldquo;encontr&oacute; trabajo en un banco&rdquo; citadino me dice que ahora mucha gente le agradece. Sentado en los porcelanatos del ingreso al cajero de Av. Belgrano y Chacabuco, donde Monserrat se acerca a San Telmo, Jos&eacute; es testigo del efecto m&aacute;gico de un virus biol&oacute;gico que desaf&iacute;a percepciones. <strong>Con su pie estirado, abre y cierra la puerta vidriada al cajero autom&aacute;tico. Para ganarse una propina, para que los vecinos bancarizados no toquen nada</strong>, para que no hagan piruetas rid&iacute;culas como las que todos hicimos durante meses para esquivar picaportes y barandas, para sortear el peligro de esos objetos banales. Picaportes&nbsp;y cajeros. Discursos y contradiscursos envenenando grietas, guerreando estereotipos.
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                    alt="José dice que &quot;encontró trabajo en un banco&quot;, abre y cierra la puerta de un cajero."
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                José dice que &quot;encontró trabajo en un banco&quot;, abre y cierra la puerta de un cajero.                            </span>
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        Estereotipos invisibles como Jos&eacute;, sentado ah&iacute;, abriendo caminos hacia esas interfaces que nos relacionan con nuestros sueldos y ahorros cada vez m&aacute;s flacos. Invisibles como Maia tambi&eacute;n, la ni&ntilde;a desaparecida en Lugano por la que bram&oacute; la opini&oacute;n p&uacute;blica en un gesto ef&iacute;mero, sintom&aacute;tico, sobreactuado que resumi&oacute; agriamente el periodista Alejandro Marinelli en un art&iacute;culo que iba al hueso. &ldquo;<a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/vuelvan-olvidar-queda-lugano_129_7323715.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antes de que se vuelvan a olvidar d&oacute;nde queda Lugano</a>&rdquo;, escribi&oacute; en su sentencia certera, fugaz como los aplausos a enfermeros y m&eacute;dicos con que lav&oacute; culpas la clase media en sus nochecitas de balc&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La deflaci&oacute;n de la empat&iacute;a, la miseria expuesta en percepciones. &iquest;Somos conscientes de esos cambios en nuestras sensibilidades? &iquest;Pensaremos sus or&iacute;genes, sesgos y consecuencias? &iquest;La visibilidad ef&iacute;mera de Maia, la de Jos&eacute;, alentar&aacute; desalienaciones en cascada hacia otras complejidades perceptivas? D&iacute;as de normalidades trastocadas en los que adoptamos la necesaria actitud de sospecha frente a nuestra red de habitualidades, &iquest;pero de qu&eacute; normalidades sospechamos?
    </p><p class="article-text">
        El codo, el pie, el pu&ntilde;o o la geopol&iacute;tica que es econ&oacute;mica. La virtualidad, los besos, manos y cuerpos ba&ntilde;ados en alcohol, pibes que pasan a la clandestinidad para irse de joda, los saludos, los abrazos, el bondi vac&iacute;o, el tren popular, la pobreza en aumento, la miseria, los miserables, los poderosos, los intocables. Ya vimos c&oacute;mo el poder se nos r&iacute;e disfrazado de sentido com&uacute;n. Ahora que todos somos fenomen&oacute;logos por un rato y otra vez desintegramos, sacudimos el GPS, cambiamos la direcci&oacute;n de la atenci&oacute;n para que muchas cosas nunca cambien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Extra&ntilde;amiento limitado. Asombro conveniente. Interpelaci&oacute;n biol&oacute;gica y narcisista de nuestros relativismos y abstracciones complejas, manipuladas. Un interludio para volver a colocar las percepciones frente a sus muchos desaf&iacute;os. Para escuchar lo que Merleau Ponty dijo hace ochenta a&ntilde;os, para volver a encontrar este contacto ingenuo con el mundo. Un virus. Y a partir de all&iacute; dar el salto para repensar todo el sistema, la educaci&oacute;n, la salud, la econom&iacute;a, las representaciones, las mediaciones, las democracias y esta &ldquo;guerra&rdquo; de operaciones de sentido agrietadas.
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            </figure><p class="article-text">
        Era dif&iacute;cil en los cuarenta del siglo pasado cuando escrib&iacute;a Ponty, lo es mucho m&aacute;s en este 2021 con mediaciones totalizantes, abstracciones aceleradas inundando nuestros mundos de la vida. Con la invasi&oacute;n fecunda de pantallas y virtualidades que tambi&eacute;n aceler&oacute; la pandemia. Y con campa&ntilde;as de desinformaci&oacute;n y apropiaciones movidas por creencias que sedimentan r&aacute;pido, poniendo en sordina las resistencias, los contrarrelatos. &iquest;Cu&aacute;ntas veces m&aacute;s se desvanecer&aacute; el ya fallido y operado proyecto iluminista? Posverdades sobre las que se abren campos para reflexionar sobre los mundos y experiencias a los que tenemos acceso, los filtros perceptivos que usamos para sobrellevarlos. Los opios de los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Cuestionamos la relaci&oacute;n con objetos pero no a los due&ntilde;os de la tierra: naturalizamos y hasta celebramos a los megamillonarios, al jugador del pueblo que no era tan del pueblo. De Nordelta a Lugano a Guernica. En un mundo en el que todos somos performers, el problema de la percepci&oacute;n, que incluye la representaci&oacute;n y la rememoraci&oacute;n se complejiza. Se complica pensar con <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Edmund_Husserl" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Edmund Husserl</a> a la conciencia como continente y como flujo de nuestras vivencias, porque hay otros continentes y experiencias cada vez m&aacute;s mediadas. Operaciones, distorsiones que modelan nuestras relaciones con el mundo. Como lo hace un virus.
    </p><p class="article-text">
        El miedo al ascensor compartido, la invisibilidad de Jos&eacute;, las Maias, las sugerencias de Netflix. &iquest;C&oacute;mo crear una voluntad cognitiva para trascender lo dado, c&oacute;mo generar el deseo de otra actitud, otra afectividad distinta a esta que hemos venido construyendo?&nbsp;&iquest;Qu&eacute; evita que nos preguntemos por la manera en que se dan las cosas, que las queramos cambiar? &iquest;La pereza, el placebo de las redes, los deseos algoritmizados, la costumbre de que todo sea as&iacute;? Que crujan las zonas de confort, los meandros del sentido com&uacute;n, la ceguera producida por la apat&iacute;a, por la informaci&oacute;n que nos ofrecen para habitar estos mundos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Somos, como dice Husserl, irreflexivos, ingenuos, mundanos? &iquest;A qu&eacute; le prestamos atenci&oacute;n en una econom&iacute;a de la atenci&oacute;n, qu&eacute; y para qu&eacute; es el conocimiento si le anteponemos la palabra econom&iacute;a? Correlaciones para ver a Jos&eacute; en el cajero, o para ir a sedimentaciones como la cultura esclavizante, el patriarcado. Parafraseando a <a href="https://youtu.be/_H1Lc0RcRaY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lalo Mir y su reciente perorata antimachista</a> podr&iacute;amos decir que no somos parte del problema. Somos el problema. Posar la atenci&oacute;n sobre otros mundos es hacerlos existir, para ver c&oacute;mo se construyeron, c&oacute;mo se sostienen y qu&eacute; consecuencias producen, cu&aacute;les son los condicionamientos subjetivos de nuestros actos. Sociales, pol&iacute;ticos, cognitivos, &iacute;ntimos. Construir los problemas sabiendo que somos, en buena medida, el problema.
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            </figure><p class="article-text">
        El virus no es una idea, el poder modulador de las tecnolog&iacute;as tampoco. Pero las ideas se contagian como virus, como memes peligrosos dir&iacute;a Daniel Dennet. Podemos preguntarnos c&oacute;mo aparecen las cosas modelizadas por la conciencia y qu&eacute; las modeliza. El cajero y su amenaza, los gestos rid&iacute;culos para abrir puertas, las puestas en escena en una red social como evidencia pura de los m&aacute;s sencillos caminos de la alienaci&oacute;n. De pronto una crisis sanitaria produce algunos extra&ntilde;amientos frente al mundo que habitamos para pensar con Husserl &ldquo;c&oacute;mo se modula la percepci&oacute;n, el recuerdo, la imaginaci&oacute;n, qu&eacute; pasa con lo que se oculta&rdquo;. &iquest;Mientras m&aacute;s veamos, mayor ser&aacute; la ceguera?
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jico. El mundo de la vida se complejiza mientras nos impide pensar esa complejidad. Sus capas tecnol&oacute;gicas superpuestas son capas de sentido, sacuden nuestras nociones de tiempo y espacio. Operan sobre presente, pasado y futuro, sobre la historia, la voluntad, las intenciones. La globalizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica homogeneiza, invade, contagia como se contagia un virus en pandemia. Superpone mundos, descontextualiza. Pero ese virus tambi&eacute;n visibiliza las diferencias, descorre velos, jaquea un sustrato de habitualidades. Para un grupito, un ratito, qu&eacute; se yo.
    </p><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo y arquitecto estadounidense <strong>Benjamin H. Bratton </strong>describe la emergencia de un nuevo nomos de la Tierra y para ello desarrolla el concepto de &ldquo;Stack&rdquo; con la intenci&oacute;n de vincular la tecnolog&iacute;a, la naturaleza y los humanos. &ldquo;En contraste con la geograf&iacute;a pol&iacute;tica moderna, que divid&iacute;a mapas horizontales, la geograf&iacute;a del Stack tambi&eacute;n apila espacios verticalmente uno encima de otros... capas de una metaplataforma consolidada&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; impacto tienen esas capas, esas mediaciones, interfaces con capacidad de agencia, de modulaci&oacute;n de nuestras relaciones con el mundo apilado?
    </p><p class="article-text">
        La alimentaci&oacute;n de burbujas en las redes es un t&eacute;rmino metaf&oacute;rico. La burbuja es un paraguas, a veces protege a veces ciega la percepci&oacute;n (sabio el dicho: vive en una burbuja) . Podemos ver su utilidad, podemos ver sus limitaciones. Son todos reduccionismos, percepciones escorzadas, problemas con varias caras que se van sedimentando como correlato de la conciencia. Familiaridades, sesgos, refuerzos sobre los que necesitamos reflexionar y de los que nunca hay una percepci&oacute;n acabada. Vemos con Bratton que todo se superpone, que es dif&iacute;cil trazar l&iacute;neas divisorias, pero sin embargo grietas.
    </p><p class="article-text">
        Naturalizar que la mitad del pa&iacute;s sea pobre, que existan millones de Jos&eacute;s, de Maias invisibilizados, que la ciencia sea para algunos el origen de conspiraciones. &iquest;Todo opera igual en la conciencia? Pero entonces, &iquest;cu&aacute;les son las narrativas que provienen de ese caos cada vez m&aacute;s mediado, codificado, operado, algoritmizado? &iquest;Leyeron a Husserl los chicos de Silicon Valley, lo hicieron a contrapelo como las corporaciones medi&aacute;ticas leyeron la Dial&eacute;ctica del Iluminismo a contrapelo, es decir, para fortalecer el aparato de manipulaci&oacute;n, para afirmar sus sistemas?
    </p><p class="article-text">
        Los pibes de mi barrio cazan pokemones inmersos en una virtualidad poderosa que les impide ver a Jos&eacute;. Si Google, Facebook o Amazon &ldquo;cablean&rdquo; mis accesos al pasado, si codifican y curan los datos de mi ahora, si predicen mis pr&oacute;ximos pasos en base a modelos psicol&oacute;gicos entramos en un debate viejo, actualizado por la extracci&oacute;n masiva de datos, por la codificaci&oacute;n digital de la experiencia si es que eso fuera posible.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Pero no toda la memoria pasa por el cerebro, ni por las pr&oacute;tesis. El cuerpo tiene memoria. &iquest;Qu&eacute; clase de lenguajes son aqu&eacute;llos que todav&iacute;a no codificamos en digital para alimentar la Matrix? Husserl dice que el cuerpo es una dimensi&oacute;n que acompa&ntilde;a a la conciencia: s&oacute;lo cuando algo no funciona, alg&uacute;n dolor, el cuerpo se vuelve para la conciencia un objeto de atenci&oacute;n. En nuestra vida ordinaria el cuerpo se mantiene en condiciones de anonimato (hay cada vez m&aacute;s excepciones, claro). Pero el cuerpo dej&oacute; de ser c&oacute;mplice en esta crisis. Los abrazos retenidos, los besos dudados, los encuentros, el sexo, todo es duda cuando el cerebro construye un mensaje que el cuerpo no entiende. &ldquo;No abraces a tu amigo (dale un like), no acompa&ntilde;es a tus muertos&hellip;&rdquo; La habitualidad trastornada, cuestionada. Atrofiamos habitualidades, cercenamos costumbres, placeres. &iquest;C&oacute;mo nos saludamos? &iquest;Cu&aacute;ndo tuvimos que pensar un saludo?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Merleau Ponty</strong> distingue el cuerpo actual del habitual. El habitual es aqu&eacute;l en el que est&aacute;n retenidas las experiencias, en el que est&aacute;n sedimentadas. El actual puede estar atrofiado, incluso limitado por el entorno. Es el problema del futbolista avejentado. Su cuerpo habitual le dice que puede, su cuerpo actual le hace pasar papelones. El cuerpo habitual se olvida del actual. &ldquo;Soy un deportista en el cuerpo de un alcoh&oacute;lico&rdquo;, dice un amigo honesto. Otros amigos la disfrazan: &ldquo;soy un buen tipo en el cuerpo de un garca&rdquo;. La motricidad como criada de la conciencia suele rebelarse. Merleau Ponty habla de una intencionalidad alojada en el cuerpo, &iacute;ntimamente vinculada con las atm&oacute;sferas emotivas con muchas cuestiones prerreflexivas. Y bajo la actual manipulaci&oacute;n de los c&oacute;digos, los lenguajes formales, es esperanzador saber que algo puede rebelarse, que conocemos el mundo no s&oacute;lo a trav&eacute;s de esta capacidad intelectual diezmada, que estamos conectados por esta intencionalidad prerreflexiva que cada tanto nos sacude. &iquest;Es esperanzador?
    </p><p class="article-text">
        Ahora que todos venden experiencias ayuda saber que toda experiencia es ambigua. Cuerpo, conciencia y pr&oacute;tesis tecnol&oacute;gicas no son homogeneizables f&aacute;cilmente. Las famosas affordances, dimensiones del objeto que solicitan un tipo de gesto, pueden fallar. El picaporte de la puerta del banco falla y Jos&eacute; lo sabe, por eso es visible. Una crisis desafi&oacute; nuestras habitualidades, nuestras percepciones almacenadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando m&aacute;s tard&iacute;amente se desarrollen los lineamientos de las t&eacute;cnicas contempor&aacute;neas de tratamiento de la informaci&oacute;n, se habr&aacute; constituido una verdadera actividad autom&aacute;tica de memoria, anunciando un proceso de exteriorizaci&oacute;n de las funciones del c&oacute;rtex cerebral y, m&aacute;s globalmente, del sistema nervioso&rdquo;, dice el fil&oacute;sofo <strong>Bernard Stiegler</strong>. Sabemos quienes son los due&ntilde;os de los costosos servidores que llaman nube, las enormes inversiones que han hecho para tomar ese control de nuestras retenciones. Stiegler ve&iacute;a la afectaci&oacute;n de las identidades colectivas, que se van constituyendo en esos dispositivos de retenci&oacute;n terciaria. Claro que luego podemos discutir si nuestro perfil es identidad, si nuestras puestas en escena en redes son representativas. Lo que no anula las preguntas por d&oacute;nde se origina el sentido, por las capas en las que se inocula sentidos.
    </p><p class="article-text">
        Los virus, las percepciones, los h&aacute;bitos, las rupturas, las tecnolog&iacute;as, los individuos, las narrativas colectivas, la memoria, la pol&iacute;tica, el poder, las asimetr&iacute;as cognitivas. Parece mucho. Un problema enorme de capas superpuestas para pensar c&oacute;mo se co-constituye la conciencia en correlaci&oacute;n con el mundo. Podemos pensar, tratar de comprender qu&eacute; ocurre detr&aacute;s de las interfaces, de los medios, del lenguaje, las instituciones. Pero comprender jam&aacute;s fue garant&iacute;a del cambio, y si no preg&uacute;ntenle a Jos&eacute;. No podemos pensar todo lo que percibimos o las acciones que realizamos, nos imposibilita operar. La kinestesia opera sin llevar a los planos de la conciencia. &iquest;Qu&eacute; hago cuando aprieto un bot&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; hago con mi pantalla t&aacute;ctil, cu&aacute;ndo escribo un tuit, y qu&eacute; dejo de hacer?&iquest;Qu&eacute; deber&iacute;amos problematizar y qu&eacute; no?
    </p><p class="article-text">
        Ahora que un virus global nos oblig&oacute; a cuestionar actitudes, a desnaturalizar abrazos, a agradecerle a Jos&eacute;, a ver que los esenciales en realidad son otros, a definir presencialidades. Pensar lo biol&oacute;gico, lo social, las capas tecnol&oacute;gicas. Pensar con Arendt la banalidad del mal, la racionalidad instrumental, con Marx la posibilidad de otras apropiaciones para las tecnolog&iacute;as, las armas para desalienarnos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hemos alterado algunas percepciones, quiz&aacute; podamos ver c&oacute;mo se produce el acostumbramiento. Que el sacud&oacute;n, el golpe en la cabeza que nos da la pandemia empuje percepciones trascendentes. M&aacute;s all&aacute; de los picaportes. Para pensar tambi&eacute;n qu&eacute; est&aacute; roto en nuestra relaci&oacute;n con las ciencias, con la t&eacute;cnica, con algunas narrativas. &iquest;Si invisibilizamos a Jos&eacute; podemos negar cualquier cosa? &iquest;Llegamos a la luna, qui&eacute;nes se van a mudar a Marte con Elon Musk y Jeff Bezos?
    </p><p class="article-text">
        El virus trastoca las percepciones, la relaci&oacute;n m&eacute;dico paciente, docente alumne, la responsabilidad sanitaria sobre uno mismo, la mirada sobre lo colectivo, sobre los objetos, sobre las operaciones electoralistas, sobre la tecnolog&iacute;a y sus dispositivos de sustituci&oacute;n sensorial. Ya vimos que la experiencia modifica las relaciones de uso, pero qu&eacute; ocurrir&aacute; si esa experiencia se mantiene alienada y cada vez m&aacute;s abstracta. &iquest;Habr&aacute; una ruptura entre las nuevas capas de sentido, habr&aacute; un choque entre los tiempos objetivos y los subjetivos? Este tiempo en el que todos fuimos fenomen&oacute;logos, &iquest;servir&aacute; como despertador o los somn&iacute;feros ya son demasiado poderosos?
    </p><p class="article-text">
        <em>HB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Horacio Bilbao]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dormimos-despiertos-ejercicio-desocultar-miserias-virus-mentales_129_7898862.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 May 2021 11:42:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Dormimos despiertos? Ejercicio para desocultar miserias y virus mentales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Salud mental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El implacable Jeff Bezos: otras lecturas sobre el triunfo de Amazon en Alabama]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/implacable-jeff-bezos-lecturas-triunfo-amazon-alabama_129_7396690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5576157-8278-4a20-9522-7350ed521c73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El implacable Jeff Bezos: otras lecturas sobre el triunfo de Amazon en Alabama"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Trabajadores de un centro de distribución de la compañía en el sur de los EE.UU. votaron en contra de su sindicalización tras una campaña electoral que concentró la atención en redes y medios. Los sindicatos, apoyados por Biden, Sanders y varios republicanos no lograron torcerle el brazo a una compañía que impide la organización gremial, una tendencia hace escuela en Silicon Valley. Una batalla sobre el futuro del trabajo y una vieja pregunta. ¿Dónde está el el poder?</p></div><p class="article-text">
        Un lejano almac&eacute;n de Amazon en Bessemer, Alabama, le dijo no al sindicato por 1.798 a 738 votos. El n&uacute;mero, fr&iacute;o e insignificante, no alcanza para dimensionar la la campa&ntilde;a laboral que redunda en el desaf&iacute;o m&aacute;s importante para el gigante timoneado por Jeff Bezos. Y el tiempo dir&aacute; c&oacute;mo se inscribe esta elecci&oacute;n en una puja con implicancias y derivas pol&iacute;ticas insondables. &iquest;Qu&eacute; mirar? En la todav&iacute;a t&iacute;mida batalla para limitar el poder de las plataformas tecnol&oacute;gicas m&aacute;s concentradas, para regularlas, para permitir la organizaci&oacute;n colectiva puertas adentro (Google es otro ejemplo) se aliaron sindicatos, movimientos sociales, representantes dem&oacute;cratas y no pocos republicanos. Por eso el cimbr&oacute;n es fuerte. Y por eso el impacto se ve reflejado en las portadas de los principales medios que cubrieron esta derrota sindical en t&iacute;tulos principales, adjudicando un enorme peso simb&oacute;lico a lo que ocurr&iacute;a en ese almac&eacute;n del sur, con apenas 5.800 trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto, Amazon gan&oacute; una batalla jugando fuerte incluso contra el presidente Joe Biden. Pero como dice&nbsp;<a href="https://horaciobilbao.wordpress.com/2019/08/22/daniel-james-a-nadie-se-le-ocurriria-ya-hablar-del-sindicalismo-como-la-columna-vertebral-del-peronismo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;nuestro&rdquo; Daniel James</a>, suerte de arque&oacute;logo del centimetraje de gremiales en los medios de comunicaci&oacute;n, la presencia o ausencia de estos debates en los diarios ya es toda una se&ntilde;al.<strong> Por contexto y por asimetr&iacute;a de relaciones de fuerza, esta batalla es m&aacute;s que una se&ntilde;al. Cala profundo en esa preocupaci&oacute;n sociol&oacute;gica que etiquetamos como &ldquo;futuro del trabajo&rdquo;, se da en el seno de un &iacute;cono de la econom&iacute;a plataformizada, modelo de flexibilizaci&oacute;n, desregulaci&oacute;n y ninguneo a toda organizaci&oacute;n colectiva que no sirva a los fines de de los patrones. Se da en un mundo en el que la precarizaci&oacute;n laboral, el desempleo, la desigualdad creciente, la tecnologizaci&oacute;n apropiadora de saberes y tareas al servicio de las hegemon&iacute;as creadas a su alrededor amenazan cualquier construcci&oacute;n de un nosotros.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de apenas 5.800 trabajadores, de un movimiento que no logr&oacute; sindicalizarse. <strong>Hablamos de una derrota, s&iacute;, pero tambi&eacute;n hablamos de una incipiente rebeli&oacute;n contra los sistemas de domesticaci&oacute;n maqu&iacute;nica, contra la robotizaci&oacute;n silenciosa de las fuerzas de trabajo, contra la evoluci&oacute;n de los procesos de descualificaci&oacute;n de las tareas humanas, contra la naturaleza autoritaria del lugar de trabajo moderno disfrazado de libre albedr&iacute;o.</strong> Estamos, en muchos casos, como dice la soci&oacute;loga estadounidense Shoshana Zuboff, frente a una de las peores caracter&iacute;sticas de la automatizaci&oacute;n, que despoja a los trabajadores de su autonom&iacute;a y los condena a tareas indignas. (Ya lo hab&iacute;a dicho Marx)
    </p><p class="article-text">
        Las tecnolog&iacute;as que iban a ser emancipadoras no lo fueron tanto pero en muchos casos sirven como sost&eacute;n estructural de la explotaci&oacute;n. Algo de eso expone Bernie Sanders en su militancia por las causas sindicales cuando repite una pregunta obvia. <strong>&iquest;C&oacute;mo pueden dos personas, Elon Musk y Jeff Bezos, poseer la misma riqueza que no alcanza con la suma del 40 por ciento m&aacute;s pobres de la poblaci&oacute;n estadounidense? Es inmoral. Es inviable.</strong> Por eso el voto de estos casi seis mil empleados de un centro de distribuci&oacute;n que buscaron afiliarse al Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Almacenes (<a href="https://www.rwdsu.info/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">R.W.D.S.U por sus siglas en ingl&eacute;s</a>) motoriza preguntas sobre qu&eacute; clase de organizaci&oacute;n es posible en la nueva econom&iacute;a. Pese a la derrota (el sindicato&nbsp;<a href="https://www.rwdsu.info/amazon_illegally_interfered_in_union_vote_rwdsu_to_file_objections_and_related_ulp_charges_to_hold_amazon_accountable_for_their_actions" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">denuncia que la compa&ntilde;&iacute;a interfiri&oacute; de manera ilegal en las elecciones</a>), pese al triunfo del No, la clase trabajadora, castigada, automatizada y en declive, vuelve al ruedo en un escenario de tecnologizaci&oacute;n y ninguneo sindical sin precedentes.
    </p><p class="article-text">
        La onda puede ser expansiva. En enero, unos 230 empleados de Google anunciaron que hab&iacute;an formando un sindicato con Communications Workers of America (CWA). Abierto a los empleados y contratistas de Alphabet, la empresa matriz de Google, inscripto como sindicato minoritario, no necesitaba pasar por un proceso formal como el de Amazon para existir.&nbsp;<a href="https://alphabetworkersunion.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Sindicato de Trabajadores de Alphabet (AWU)</a>&nbsp;provoc&oacute; una ola de apoyo que incluy&oacute; las voces de siempre, con Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez a la cabeza. El n&uacute;mero de sindicalizados, todav&iacute;a menor, ya supera los 800 pero la institucionalizaci&oacute;n fue importante para darle voz a un grupo de trabajadores que ven&iacute;a cuestionando decisiones de la empresa como la unirse al Pent&aacute;gono en desarrollos tecnol&oacute;gicos vinculados a ataques selectivos con aviones no tripulados, para denunciar casos de acoso sexual y sobre todo para exponer el&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/google-despide-investigadoras-etica-inteligencia-artificial_1_6480986.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reciente despido Timnit Gebru</a>, especialista en &eacute;tica de Inteligencia Artificial de la compa&ntilde;&iacute;a. En s&iacute;, es todo un mensaje despedir a la especialista en &eacute;tica, casi a la altura los gestos antisindicales de Google. &ldquo;En lugar de escuchar a sus trabajadores, Google contrat&oacute; a la consultora IRI Labor Relations, una firma notoriamente anti gremial, para impedir la organizaci&oacute;n&rdquo;, grafic&oacute; Chewy Shaw, ingeniero en confiabilidad y segundo al frente del sindicato. Reacciones calcadas a las de Amazon.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es una grieta, es un abismo&rdquo;, escribi&oacute; hace tres a&ntilde;os Jessica Bruder, autora del libro &ldquo;Nomadland&rdquo;, en un&nbsp;<a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/dec/02/nomadland-living-in-cars-working-amazon" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo para The Guardian</a>. Esa historia que se volvi&oacute; pel&iacute;cula, que arras&oacute; en los Globos de oro y promete hacerlo tambi&eacute;n en los Oscar, presenta una de las caras, una de las formas de vida en el otrora primer mundo que echa mano a las eternas variaciones sobre la esclavitud. La mirada sobre Amazon es m&aacute;s cruda en el libro que en la pel&iacute;cula, por un lado atiende la voracidad consumista de una sociedad ciega y por el otro exprime a estos trabajadores golondrina bajo el modelo que dio en llamar CamperForce, unidad laboral formada por n&oacute;madas que trabajan como empleados temporales en varios de sus grandes almacenes, contratados para hacer frente a las fuertes demandas de la &ldquo;temporada alta&rdquo; en los meses anteriores a Navidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos a Bessemor. <strong>Amazon respondi&oacute; con artiller&iacute;a pesada, con&nbsp;</strong><a href="https://www.cnbc.com/2021/03/29/amazons-pr-campaign-ahead-of-union-vote-shows-how-worried-it-is.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>una de sus campa&ntilde;as m&aacute;s agresivas</strong></a><strong>&nbsp;frente a la movida sindical. Desde su departamento de comunicaci&oacute;n le respondieron a cada pol&iacute;tico que os&oacute; jugar a favor de las demandas del sindicato.</strong> Lo hicieron con m&aacute;s encono que el que mostraron, por ejemplo, cuando la revista Enquire chantaje&oacute; a Jeff Bezos con publicar fotos &iacute;ntimas de su entonces relaci&oacute;n extramatrimonial con Lauren S&aacute;nchez (actual esposa). Como se dice en la jerga, Amazon sali&oacute; a romper el sindicato a anular cualquier participaci&oacute;n en la elecci&oacute;n. Lo hizo oficialmente a trav&eacute;s de comunicados y cartas, lo hizo tambi&eacute;n con trolls y bots camuflados de &ldquo;empleados&rdquo; antisindicales en las redes sociales, donde la compa&ntilde;&iacute;a est&aacute; haciendo papelones con cuentas sin seguidores, fake news y posteos autom&aacute;ticos que no tienen nada que envidiarle a las caricias significativas que le mandaban a Mauricio desde Hurlingham. (<a href="https://www.cbsnews.com/news/twitter-bans-fake-amazon-worker-accounts-posting-anti-union-messages/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Twitter dio de baja varias de esas cuentas amaz&oacute;nicas</a>)
    </p><p class="article-text">
        Amazon ha despedido, castigado y amenazado en repetidas ocasiones a los l&iacute;deres y organizadores de sus almacenes en todo el pa&iacute;s. Su historial es implacable frente a cualquier intento de organizaci&oacute;n. En 2014, desde un almac&eacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a en Delaware pidieron a la Junta Nacional de Relaciones Laborales que les permitiera votar para sindicalizarse. Amazon contrat&oacute; a un bufete de abogados especializado en la lucha contra el trabajo organizado (s&iacute;, llevan ese nombre) para advertir los peligros de la sindicalizaci&oacute;n. Los silenci&oacute;. A&ntilde;os despu&eacute;s, en 2017, cuando Bezos compr&oacute; WholeFoods y los trabajadores intentaron organizarse otra vez hubo presiones y comunicados hasta que todo se diluy&oacute;. &ldquo;Los sindicatos frenan la innovaci&oacute;n, los sindicatos viven de ustedes&hellip;&rdquo; Viejos argumentos en la nueva econom&iacute;a.
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                Elon Musk (Tesla), Jeff Bezos (Amazon) y Zuckerberg (Facebook), tres de los magnates de la tecnología                            </span>
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        Argumentos que esta vez encontraron muchas m&aacute;s voces en su contra, pero que a la vista de los resultados siguen siendo &ldquo;exitosos&rdquo;. Michael &ldquo;Big Mike&rdquo; Foster, una de las cabezas del RWDSU, aseguraba que este era el&nbsp;<a href="https://therealnews.com/workers-in-bessemer-are-gonna-start-a-movement" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comienzo de un gran movimiento</a>. Andy Levin, congresista dem&oacute;crata por Michigan, un tuitero &aacute;cido que acompa&ntilde;a la causa de los trabajadores escrib&iacute;a en su cuenta que esta es &ldquo;la elecci&oacute;n m&aacute;s importante para la clase trabajadora de este pa&iacute;s en el siglo XXI&rdquo; y el reverendo Dr. William Barber, figura central en la lucha por los derechos civiles le dijo a The New Yorker que&nbsp;<a href="https://www.breachrepairers.org/press-releases/bessemer-is-now-our-selma-rev-barber-to-amazon-workers-on-moral-monday" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Bessemer es ahora nuestra Selma&rdquo;</a>.Todos, desde la senadora Elizabeth Warren hasta el ex presidente Donald Trump han visto en Amazon un gigante imparable y peligroso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La sinton&iacute;a de estos actores variopintos puede entenderse desde una profunda puja de poder. Amazon, al igual que Facebook o Google, tienen ambiciones y niveles de concentraci&oacute;n tal que su poder es un desaf&iacute;o para cualquier partido estructura pol&iacute;tica.</strong> Biden casi se estren&oacute; el cargo tomando partido a favor de la libre organizaci&oacute;n de los trabajadores. Hasta grab&oacute; un mensaje para que no queden dudas. As&iacute; mantuvo su posici&oacute;n previa a las elecciones. En 2019, por ejemplo, escribi&oacute; en Twitter que &ldquo;ninguna compa&ntilde;&iacute;a que obtenga miles de millones de d&oacute;lares de ganancias deber&iacute;a pagar una tasa impositiva m&aacute;s baja que los bomberos y los maestros&rdquo;. Son disputas que resuenan en nuestras geograf&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, tal cual ocurre con muchas de estas corporaciones plataformizadas, incluso aqu&iacute; en el patio trasero, los chantajes impositivos, el lobby permanente, los domicilios en para&iacute;sos fiscales, las premisas antisindicales son puestos como condici&oacute;n para seguir acelerando en el ascenso imparable de sus suntuosas econom&iacute;as. En 2019, Dave Clark, vicepresidente senior de operaciones mundiales, le dijo al periodista&nbsp;<a href="https://www.newyorker.com/magazine/2019/10/21/is-amazon-unstoppable" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Charles Duhigg, del New Yorker</a>, que Amazon ya brindaba muchos de los beneficios que exigir&iacute;a un sindicato. &ldquo;No hay raz&oacute;n para poner un filtro entre la capacidad de los empleados de contarle directamente a su gerente que algo est&aacute; roto&rdquo;, le confi&oacute;, con un argumento parecido al de las viejas empresas de las que Amazon se jacta en distanciarse. Y agreg&oacute; que no ve&iacute;a &ldquo;c&oacute;mo los sindicatos agregan valor a nuestras operaciones actuales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El discurso de Clark que es el de Bezos tuvieron un desaf&iacute;o desde el Sur estadounidense, un debate que sacudi&oacute; las redes comunicacionales de una empresa que consigui&oacute; ganancias por 350 mil millones de d&oacute;lares en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, que se convirti&oacute; velozmente en el segundo empleador del pa&iacute;s, que es enemiga de la organizaci&oacute;n gremial mientras, que se jacta de pagar un salario por hora de 15 d&oacute;lares. &iquest;Qu&eacute; le responden? No se trata solo de los salarios, sino de una reacci&oacute;n a la vigilancia absoluta, al los ritmos de trabajo robotizados. <strong>Amazon tiene la capacidad de vigilar y medir lo que hacen sus empleados todo el tiempo, al igual que lo hace con sus mercanc&iacute;as.</strong> Duhigg rescata un dato ilustrativo: cuando la compa&ntilde;&iacute;a comenz&oacute;, en 1995, con menos de una docena de empleados, Bezos consider&oacute; nombrarla implacable (relentless.com todav&iacute;a redirige a Amazon.com)
    </p><p class="article-text">
        La lucha de Bessemer apunt&oacute; al coraz&oacute;n de las econom&iacute;as de procesos altamente tecnologizados, retumba en Sillicon Valley, y en un escenario de pandemia, cuando Amazon se volvi&oacute; esencial para el suministro de productos y servicios. Los ingresos de Amazon aumentaron casi un cuarenta por ciento en 2020, y su plantilla creci&oacute; alrededor de un cincuenta por ciento; se dice que la riqueza de Jeff Bezos aument&oacute; en casi setenta mil millones de d&oacute;lares el a&ntilde;o pasado. Amazon se mantiene firme y por ahora invulnerable en los principios corporativos del que derivan sus l&iacute;mites a la organizaci&oacute;n de los empleados. Sabe que much&iacute;simos estadounidenses conf&iacute;an cada vez m&aacute;s en Amazon pero tambi&eacute;n sabe que son muchos los que van a exigir cambios. En la poblaci&oacute;n y en una variada lista de dirigentes que llega hasta el presidente. Biden a principios de marzo advirti&oacute; a los empresarios que no interfirieran en las elecciones sindicales: &ldquo;Todos deber&iacute;ais recordar que la Ley Nacional de Relaciones Laborales no s&oacute;lo dice que se permite la existencia de sindicatos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El debate va m&aacute;s all&aacute; de la sindicalizaci&oacute;n. Es una puja de poder, un llamado de atenci&oacute;n al funcionamiento de nuestras democracias y, tras la derrota a&uacute;n m&aacute;s, una demostraci&oacute;n de las asimetr&iacute;as laborales en este siglo XXI, donde la concentraci&oacute;n de la riqueza y el poder econ&oacute;mico asociado al manejo de la informaci&oacute;n deviene en una encrucijada pol&iacute;tica. </strong>Por eso el debate en torno a este centro de distribuci&oacute;n de Alabama, uno de los ciento cincuenta almacenes que posee Amazon (muchos de los cuales se ubican en zonas donde el empleo es escaso), por eso casi 6 mil empleados entre m&aacute;s de un mill&oacute;n hicieron tanto ruido. Y lograron tambi&eacute;n que valga la pena volver a leer las p&aacute;ginas de gremiales.
    </p><p class="article-text">
        <em>HB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Horacio Bilbao]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/implacable-jeff-bezos-lecturas-triunfo-amazon-alabama_129_7396690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Apr 2021 23:14:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El implacable Jeff Bezos: otras lecturas sobre el triunfo de Amazon en Alabama]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Ciudadanos del blanco y negro al streaming]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ciudadanos-blanco-negro-streaming_1_7315854.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fcb351d6-2d58-4f0a-8427-1999b616feb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ciudadanos del blanco y negro al streaming"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Mank de David Fincher, con diez nominaciones a los premios Oscar, funge dos momentos del cine. Entre datos y algoritmos dialoga con el clásico de Orson Welles a 80 años de su estreno. Propone rupturas y genealogías para varios dilemas actuales. Las miserias de un magnate de medios, los vínculos de la industria con el poder, la impotencia del autor, las campañas de desinformación.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Mank,</strong> ejercicio disonante y a la vez circular, es la pel&iacute;cula con m&aacute;s nominaciones a los premios Oscar. Arrasa como arrasa Netflix en un a&ntilde;o en el que podremos discutir en vano si hubo cine sin la sala como experiencia. Curiosamente, el filme de David Fincher exige compromisos a un espectador habituado a los destellos del streaming, sugiere el tedio de adentrarse en un mundo pasado cuando todo es instante, transmite ritmos lentos frente a la aceleraci&oacute;n imparable, apuesta al blanco y negro, a di&aacute;logos referenciados, a enredarnos con otras historias para entender la historia. Resignifica un cl&aacute;sico del que ya se dijo todo, y cambia la perspectiva para repensar la gestaci&oacute;n de esa obra cumbre que es <strong>Citizen Kane</strong>, el filme de Orson Welles guionado por Herman Mankiewicz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Paradoja o broma de mal gusto, esta reivindicaci&oacute;n de un guionista suma 10 nominaciones pero no competir&aacute; por el mejor gui&oacute;n que si gan&oacute; como &uacute;nico premio Citizen Kane. Y que recibi&oacute; el propio Mankiewicz, interpretado ac&aacute; magistralmente por Gary Oldman. M&aacute;s condimentos para esta historia que es un prisma, un juego de contrastes sobre un lector cr&iacute;tico de un tiempo y su maquinaria medi&aacute;tica, sobre un bebedor deslumbrado por las rubias de Hollywood. Confirmaci&oacute;n:&nbsp;por definici&oacute;n benjaminiana, el cine no puede ser aur&aacute;tico. Confirmaci&oacute;n y preguntas: &iquest;qui&eacute;nes y c&oacute;mo (se) escriben los guiones de nuestras historias? &iquest;qu&eacute; importancia tiene esa escritura en un flujo continuo que todo lo fagocita?
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        Motivos afectivos, est&eacute;ticos, pol&iacute;ticos y culturales llevaron a Fincher a filmar una pel&iacute;cula de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n. A reescribir la historia de uno de los hitos del cine. El director cont&oacute; varias veces que su obsesi&oacute;n con Mank se remonta a <strong>Alien 3 </strong>-1992-<strong> </strong>que&nbsp;necesit&oacute; varios &eacute;xitos&nbsp;(diez pel&iacute;culas y algunas series entre las que est&aacute;n <strong>Zod&iacute;aco</strong>- 2007- o <strong>El curioso caso de Benjamin Button</strong> -2008-) para arriesgar este di&aacute;logo con la sustancia de un filme global. Sustancia heterog&eacute;nea remitida en las varias tensiones que se entrecruzan en el gu&iacute;&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace falta ver y comprender <strong>Citizen Kane</strong> para que las met&aacute;foras del trineo tengan anclaje, para que Rosebud reverbere en la retina. Ver es comprender dec&iacute;a un viejo escritor argentino que ya estaba ciego (&ldquo;El salvaje no puede percibir la biblia del misionero...&rdquo; <strong>There are more things</strong>) y ese, lejos de ser un prejuicio elitista, se ha vuelto un desaf&iacute;o irrenunciable para un mundo de relatos en tiempo real. <strong>Mank</strong> pide un espectador comprometido, de lo contrario no ver&aacute;. &iquest;Comprometido con qu&eacute;? &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante los 30 a&ntilde;os que Fincher crane&oacute; este relato personal y global, se sumergi&oacute; en un di&aacute;logo con su historia y con la historia del cine, que de manera sugerente desemboc&oacute; en Netflix. El gui&oacute;n de <strong>Mank</strong> fue escrito por Jack Fincher, el padre periodista de David. Un gui&oacute;n con historia sobre la historia de otro gui&oacute;n, el de Herman Mankiewicz que a los ojos de David asume la autor&iacute;a de <strong>Citizen Kane</strong>. Cacofon&iacute;a, metalenguaje, circularidad, cine sobre cine para honrar tambi&eacute;n a esta pel&iacute;cula que cumple 80 a&ntilde;os de su estreno. Jack Fincher escribi&oacute; varias versiones del gui&oacute;n hasta 2003, cuando muri&oacute; por un c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas. Un filme filial para cualquier director, un padre involucrado, muerto, amado, hibridado con el cine. Los cuarenta y el siglo XXI. Genealog&iacute;as culturales, jirones familiares. Pel&iacute;cula. Diez chances para un Oscar, pero gui&oacute;n no.
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        El de Fincher es tambi&eacute;n un filme pol&iacute;tico, como lo fue la pel&iacute;cula de Orson Welles. Pero cu&aacute;nta de esa politicidad sobrevive en el placebo del streaming. S&iacute;, remite a ese estreno boicoteado por el poder, asediado por el magnate de medios William Randolph Hearst a qui&eacute;n alud&iacute;a la pel&iacute;cula. Hoy podr&iacute;a ser Zuckeberg, Bezos, Bill Gates ese magnate. Aunque la plataformizaci&oacute;n del mundo no boicotea estrenos, no le hace falta. Fincher tambi&eacute;n se ocup&oacute; de ellos. Deconstruy&oacute; y reconstruy&oacute; los or&iacute;genes de Facebook en <strong>La red social</strong> -2010-. Y deconstruye el cl&aacute;sico de Welles, focalizado en un gui&oacute;n que est&aacute; en los or&iacute;genes de la maquinaria del cine, del dispositivo medi&aacute;tico, que se fue complejizando de mano de un sistema tecnosocial concentrado. Mank escribe un gui&oacute;n a contrapelo de esa maquinaria que se retroalimenta de todos nosotros, que nos vuelve funcionales y Fincher lo acompa&ntilde;a, lo mira, lo escucha y le presta su voz para volver a contar y decir sin ahorrarnos perplejidades e impotencias. Realismo capitalista dir&iacute;a Mark Fischer&iquest;Qu&eacute; es ser autor? &iquest;Qu&eacute; poder tiene lo dicho a contramano en una cultura que todo lo apropia, lo confirma?&nbsp;
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                Mank tiene 10 nominaciones al Oscar.                            </span>
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        Con <strong>La red social</strong>, Fincher bromeaba que quer&iacute;a hacer el <strong>Citizen Kane</strong> de John Hughes. Genealog&iacute;as. Es curioso ese paralelo. De aqu&eacute;l retrato del joven poderoso de los &ldquo;me gusta&rdquo;, cuatro a&ntilde;os de su vida entre los 22 y los 26 a&ntilde;os a otra estirpe de &iacute;cono veintea&ntilde;ero, el Orson Welles de El ciudadano que eclips&oacute; a Mank. Genealog&iacute;as, continuidad entre aqu&eacute;lla historia de poderes medi&aacute;ticos y este presente dist&oacute;pico de redes creadoras de mundos a medida. &iquest;El germen de la &eacute;tica y la moral de la sociedad de la informaci&oacute;n ya estaba en aquel viejo mundo que aprend&iacute;a a manipular datos, informaci&oacute;n con fines pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos? Podemos pensar Hollywood desde Roosevelt a Trump, la maquinaria medi&aacute;tica desde el celuloide a la gubernamentalidad algoritmizada. Posverdades del f&iacute;lmico al byte.
    </p><p class="article-text">
        Hay una escena en la que Mank, casi sin querer, es quien da la idea para una campa&ntilde;a de desinformaci&oacute;n que ponga freno a los &ldquo;comunistas dem&oacute;cratas&rdquo; de California. La informaci&oacute;n, los medios, el cine, la puesta en escena para manipular elecciones en los albores de la mediaci&oacute;n absoluta. Con los &ldquo;republicanos&rdquo; como ejecutores, con el magnate Hearst o con Louis B. Mayer el todopoderoso hombre de la MGM a la cabeza, v&iacute;ctimas y engranajes de la seducci&oacute;n de su propio poder en el escenario de la Gran Depresi&oacute;n pos 29. Esos hombres intocables se ponen al frente de las campa&ntilde;as de fake news, intentan acallar a Mank y har&aacute;n lo imposible para derrotar a Upton Sinclair en las elecciones de gobernador de 1934. Ahora parece cosa de algoritmos, pero no lo es. Nunca lo fue.
    </p><p class="article-text">
        Si Fincher y su entonces guionista Aaron Sorkin (nominado a un Oscar de gui&oacute;n por Los siete de Chicago) mostraron varias iron&iacute;as del enigma de Zuckerberg, si aqu&eacute;lla pel&iacute;cula desarmaba la utop&iacute;a democr&aacute;tica que promet&iacute;a Internet a manos de Facebook aqu&iacute; podemos rastrear varias continuidades posibles. Hearst modelaba relaciones, formateaba subjetividades, eleg&iacute;a ministros del gobierno de turno y defin&iacute;a rumbos, andariveles para democracias. Mank ve&iacute;a y beb&iacute;a. Deslumbrado por la bella Amanda Seyfried (candidata firme a la estatuilla) que interpreta a la diva Marion Davies. Amante de Hearst, c&aacute;ndida, rubia, elocuente, es la vedette que pone en evidencia las trampas republicanas y tambi&eacute;n el instinto de Mank, desinhibido, bebido, locuaz.
    </p><p class="article-text">
        El alcoholismo del protagonista atraviesa la historia. Beber para escribir, para decir, para sobrellevar la realidad, para morir tambi&eacute;n. Una escena se repite. El escritor en la cama, como Proust, como Onetti, como Mark Twain. Su asistente de gui&oacute;n lo ayuda a meterse en la cama, su esposa Sara tambi&eacute;n. Escribir en cama, boca arriba. No hay melancol&iacute;a, tampoco estridencias, el filme todo parece la historia de un hombre ilustrado que ve c&oacute;mo encaja en una maquinaria que lo consume. Ese retrato es conmovedor, y forz&aacute;ndolo un poco aparece en otras pel&iacute;culas de Fincher. &iquest;Qui&eacute;nes somos, c&oacute;mo somos, y qui&eacute;nes decimos ser? &iquest;Cu&aacute;l es nuestro poder de intervenci&oacute;n en un mundo predise&ntilde;ado? Una maquinaria de cinismo, tierra f&eacute;rtil para soci&oacute;patas, manipuladores, posverdades.
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                Una escena de Mank, la película con más nominaciones al Oscar de 2021.                            </span>
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        Fincher ha escarbado en esos mundos de manipulaciones. Conoce bien las puestas en escena, en redes o en un matrimonio (que a veces son lo mismo) Algo de eso ocurre en <strong>Gone Girl</strong> o en la serie <strong>MindHunter</strong>, para la cual dirigi&oacute; cuatro cap&iacute;tulos. Perfiles psicol&oacute;gicos. De amantes, de escritores, de criminales en los a&ntilde;os 70. No buscamos verdad, buscamos patrones que nos sean &uacute;tiles para construir perfiles. Los perfiles est&aacute;n hechos de informaci&oacute;n, y la informaci&oacute;n es cuantificable, patronizable, manipulable. Un sistema de control institucionalizado incluso en la cultura, con los contrarrelatos como el de Mank destinados a la etiqueta &ldquo;de culto&rdquo;. &iquest;Alcanza la denuncia, el conocimiento, el arte para disputar la maquinaria para intervenir en la maquinaria?
    </p><p class="article-text">
        Fincher empatiza con Mankiewicz, lo reivindica sin desmerecer al genio de Welles. Y lo acompa&ntilde;a en su autodestrucci&oacute;n, matizada a veces por el embelesamiento instintivo con Marion Davies, por alguna borrachera &eacute;pica, por absorber golpes como en su <strong>Club de la pelea</strong>, saliendo al ring contra el poder de Hearst para rasgar las miserias de Hollywood, que siempre van m&aacute;s all&aacute; de Hollywood, sus c&aacute;maras y actores. Adulteraciones disfrazadas de sue&ntilde;os. Discursos contra el incipiente comunismo, contra los chinos, contra la venezuelizaci&oacute;n del mundo, contra las vacunas. Hay dos o tres escenas con argumentos macartistas globales que no cambiaron nada en los &uacute;ltimos 100 a&ntilde;os.&nbsp;
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        Lo que s&iacute; cambi&oacute; es el sistema de distribuci&oacute;n, circulaci&oacute;n y consumo. <strong>Mank</strong> es de Netflix, <strong>Citizen Kane</strong> ni siquiera est&aacute; en Netflix. Tal vez no lo crean necesario. Netflix, como Youtube, Google o Facebook se permiten incluir los contrarrelatos, las cr&iacute;ticas hacia ellos en sus plataformas. Incluso las difunden, las financian. <strong>The Social Dilemma</strong> dice cosas graves sobre esas plataformas que har&aacute;n lo imposible para mantener al usuario enchufado. Es un loop de consumo c&iacute;nico, placebos, referenciados en exabruptos incriminatorios: &ldquo;Nuestro &uacute;nico enemigo es el sue&ntilde;o&rdquo;, dijo uno de los timones de la mayor plataforma de streaming. Econom&iacute;a de la atenci&oacute;n. Ideas subyugadas. Contradiscursos funcionales. El medio es el mensaje. &iquest;Y el autor, y la narraci&oacute;n? &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mank es escritura, es cine y es ayuda para pensar la pol&iacute;tica, la cultura, la econom&iacute;a. Para trazar genealog&iacute;as. Y cuenta una historia, que sol&iacute;a ser lo principal. Pero sus capas sugestivas llegan hasta las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n y los poderes que operan sobre ellas. Desde Hearst a Zuckerberg, desde <strong>Citizen Kane</strong> a Facebook. Con el placebo de las redes, el del alcohol, las pantallas, la belleza de Marion Davies, la seducci&oacute;n de la fama y la necesidad de escribir, deconstruir para comprender, m&aacute;s all&aacute; de las impotencias hist&oacute;ricas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>HB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Horacio Bilbao]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ciudadanos-blanco-negro-streaming_1_7315854.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Mar 2021 13:13:17 +0000]]></pubDate>
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