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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Josefina Licitra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/josefina-licitra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Josefina Licitra]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Especies que desaparecen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/especies-desaparecen_129_12403099.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60b2806e-4a03-4be4-993d-eb5a68a9adaf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Especies que desaparecen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora que la inteligencia artificial pone en escena el desconcierto de la irrealidad y nos hace preguntar cuántas de las personas que vemos en pantalla existen realmente, ver a un grupo de concursantes construyendo valor solo porque los conflictos que atraviesan les duelen “de verdad” tiene algo de performático y de involuntariamente contracultural. </p></div><p class="article-text">
        Son las diez de la noche del mi&eacute;rcoles y estoy mirando la prefinal de <em>Gran Hermano</em>. A una semana de que termine el programa, Santiago del Moro va a anunciar cu&aacute;l de los cinco participantes que aguantaron el encierro se queda afuera de la casa y renuncia, por voto popular, a los varios millones de pesos que ya olfateaba como posibilidad real. Fuera de la pantalla el mundo se cae, literalmente, a pedazos, pero ahora solo puedo prestar atenci&oacute;n al resultado inminente de la votaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        No se molesten en criticarme: ya lo hacen en mi familia y lo hace mi propio hemisferio psicobolche, que cada tanto se pregunta resignadamente c&oacute;mo es que llegu&eacute; hasta ac&aacute;. Tengo una respuesta o, al menos, una hip&oacute;tesis. Entregu&eacute; un libro a principios de a&ntilde;o (se llama <em>Crac</em> y sali&oacute; <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/crac_1_12384069.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un adelanto</a> en elDiarioAR el s&aacute;bado pasado) y qued&eacute; boyando sin saber qu&eacute; hacer con mi cabeza. No estaba para asumir riesgos intelectuales &mdash;me sent&iacute;a agotada&mdash; pero tampoco pod&iacute;a quedarme en silencio porque ese vac&iacute;o pod&iacute;a dar lugar a algunas de las muchas inseguridades que me entran cuando un libro me suelta la mano. 
    </p><p class="article-text">
        Necesitaba ruido blanco. Algo que tapara mi runr&uacute;n mental. Y prend&iacute; la tele. O no s&eacute; c&oacute;mo habr&aacute; sido porque no tengo televisi&oacute;n de aire, pero vi un env&iacute;o y algo me pas&oacute;. Me enganch&eacute;. Ca&iacute;. Despu&eacute;s de a&ntilde;os sin saber qui&eacute;n era Alfa y qui&eacute;n Furia &mdash;y de estar orgullosa por eso&mdash; ignor&eacute; las lecturas sociol&oacute;gicas y cr&iacute;ticas que dicen que Gran Hermano promueve estereotipos, normaliza el voyeurismo, precariza a sus participantes &mdash;trabajadores que generan contenido 24/7 y que son expuestos a un brutal estr&eacute;s psicol&oacute;gico con fines comerciales&mdash; y alimenta la banalidad de una trama social donde ser visto importa tanto como respirar. Camin&eacute; por encima de cada uno de esos an&aacute;lisis y entr&eacute; al programa como una burra.
    </p><p class="article-text">
        Y ahora que estoy hasta el cuello, mordi&eacute;ndome el dedo para no mandar Tato al 9009 &mdash;o Luz al 9009, tengo dos favoritos&mdash; tengo algo para decir: los que a&uacute;n critican <em>Gran Hermano</em> no se dan la chance de bajar la armadura intelectual y disfrutarlo como lo que hoy es. Un producto vintage. Un formato que peg&oacute; la vuelta.
    </p><p class="article-text">
        Ahora que la inteligencia artificial pone en escena el desconcierto de la irrealidad y nos hace preguntar cu&aacute;ntas de las personas que vemos en pantalla existen realmente, ver a un grupo de concursantes construyendo valor solo porque los conflictos que atraviesan les duelen &ldquo;de verdad&rdquo; tiene algo de perform&aacute;tico y de involuntariamente contracultural. Y hace que me magnetice ese laboratorio emocional al que cada uno fue por propia voluntad y donde los relatos que logran construir sobre s&iacute; mismos entran en disputa con un objetivo concreto: adue&ntilde;arse de un territorio, que es la casa. 
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que hay un dise&ntilde;o de producci&oacute;n que modula las crisis que se dan en el encierro. Que hay temas tabuados como la religi&oacute;n, los nombres de famosos o la invocaci&oacute;n de tragedias sociales de un modo ligero. S&eacute; que la edici&oacute;n construye la narrativa del juego &mdash;qui&eacute;n se al&iacute;a, qui&eacute;n se enamora, qui&eacute;n se enoja&mdash; y que hay un casting pensado para dar show. Pero junto a eso hay tambi&eacute;n un dispositivo silencioso: el tiempo. Las semanas pasan y suavizan los contornos del estereotipo que cada participante se invent&oacute; para cruzar el umbral que lo mete en el juego, y lo que queda es eso que todos, hoy, somos cuando encaramos la virtualidad &mdash;que es varias veces al d&iacute;a&mdash;: personas que act&uacute;an en funci&oacute;n de un Otro hipertrofiado. De un ojo fantasmal que nos mira desde ese ap&eacute;ndice evolutivo que nos sali&oacute; a los humanos: la pantalla. Con su interactividad a cuestas. 
    </p><p class="article-text">
        Ver el pasaje que va del estereotipo a la persona se me hace reconfortante en un momento &mdash;IA mediante&mdash; en el que todo parece ir en un sentido inverso. 
    </p><p class="article-text">
        Durante seis meses, mientras afuera la vida segu&iacute;a a su manera &mdash;muri&oacute; el Papa, estall&oacute; otra guerra, metieron presa a Cristina&mdash;,  cada uno de los cinco concursantes que ahora esperan el anuncio de Del Moro hizo un movimiento extravagante. Sometidos a una luz permanente como la de los criaderos de pollos &mdash;pero con espacio, higiene y beneficios diversos, como el de poder irse cuando quieran&mdash; fueron soltando la identidad cuidadosamente armada, los traumas procesados en formato mainstream, los discursos estudiados y la modulaci&oacute;n emocional bien aceitada, y se volvieron personas. Como si la realidad se vengara del <em>storytelling</em>, las empoderadas terminaron desquiciadas en un ba&ntilde;o, llorando por un tarado; los que se vend&iacute;an como seductores empedernidos terminaron horriblemente bulleados &ldquo;por lindos&rdquo; &mdash;no estoy siendo ir&oacute;nica&mdash; y los que se presentaban como un canto a la vida terminaron en estallidos dignos de la llegada de un exorcista. 
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que ofrece Gran Hermano. No es Proust. No es Cassavetes. Es una pieza de entretenimiento donde todav&iacute;a aparece algo residualmente humano. Algo que da ganas de mirar, si no porque es bueno, al menos porque es &ldquo;nuestro&rdquo;: porque somos todos de la misma especie. 
    </p><p class="article-text">
        <em>JL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josefina Licitra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/especies-desaparecen_129_12403099.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Jun 2025 03:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Especies que desaparecen]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crac]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/crac_1_12384069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f308ea0-9c57-49da-b9b5-8cfc8bfebee5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1119842.jpg" width="300" height="169" alt="Crac"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto de Crac (Seix Barral), el libro más personal y desgarrador de Josefina Licitra: recoge las fracturas de su historia familiar, que son también las de un país que en los años 70 cruzó todos los límites imaginables.</p></div><p class="article-text">
        <strong>48 horas antes</strong>
    </p><p class="article-text">
        El pr&oacute;ximo s&aacute;bado mi padre vendr&aacute; al pa&iacute;s. No nos vemos desde hace diez a&ntilde;os y dej&oacute; de hablarme hace ocho. Me enter&eacute; del viaje por su madre, mi abuela, quien hace unas horas me lo dijo por tel&eacute;fono. Su llamada entr&oacute; poco despu&eacute;s de que me rompiera el pie izquierdo en mi clase de danzas. La atend&iacute; en el auto, mientras intentaba conducir con el derecho.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Josita, &iexcl;viene tu padre! &iexcl;El s&aacute;bado!
    </p><p class="article-text">
        Su tono no era festivo. Hablaba como si viera un tornado en el horizonte. No supe qu&eacute; responder. Me dol&iacute;a demasiado el pie. Unos minutos atr&aacute;s bailaba con la cabeza vac&iacute;a y ahora ten&iacute;a dos problemas nuevos compitiendo por el primer puesto.
    </p><p class="article-text">
        No entiendo qu&eacute; hice para lastimarme. Fue algo tonto que termin&oacute; con un crac. Llegu&eacute; al auto con ayuda de mis compa&ntilde;eros y me fui escuchando &ldquo;Breathe&rdquo;, el tema de Pink Floyd que hab&iacute;a dejado puesto y que volvi&oacute; a activarse cuando encend&iacute; el motor.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s vino la comunicaci&oacute;n. Desde temprano ten&iacute;a llamadas perdidas de mi abuela. En general me busca porque me extra&ntilde;a, pero su insistencia era se&ntilde;al de que quiz&aacute;s hab&iacute;a una urgencia. La atend&iacute;. Dijo lo de mi padre.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me enter&eacute; as&iacute;, de repente. Parece que sac&oacute; el pasaje hace unos d&iacute;as. Car&iacute;simo lo pag&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Se hizo un silencio. La clase de vac&iacute;os que no pueden ser tapados por nada que venga de otra parte. Igual hice mi intento:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Creo que me quebr&eacute; un pie.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuela se preocup&oacute;, hizo preguntas, le respond&iacute; lo que pude. Pero lentamente volvimos al tema original:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No s&eacute; qu&eacute; hacer con tu padre, Josita. Pero algo voy a hacer, te lo prometo.
    </p><p class="article-text">
        Como todas las familias, esta tambi&eacute;n tiene disgustos. Y parece que el mayor de todos lo provoqu&eacute; yo. En febrero de 2019 publiqu&eacute; un texto sobre la relaci&oacute;n con mi padre, quien vive en Europa desde que, en 1978, se fue de Argentina como exiliado pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a tres a&ntilde;os que &eacute;l no me hablaba sin que yo entendiera bien por qu&eacute;, y mi incapacidad para encararlo y preguntarle eso, por qu&eacute;, me hab&iacute;a llevado a pensar que el problema ten&iacute;a una profundidad tect&oacute;nica a la que no se pod&iacute;a llegar mediante una conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Urgida por comprender al menos algo, escrib&iacute; una cr&oacute;nica. Podr&iacute;a haberlo analizado con un terapeuta o haber hecho mis exploraciones en silencio, pero escrib&iacute; y publiqu&eacute; tomada por una l&oacute;gica sobre la que todav&iacute;a me hago preguntas y de la que solo s&eacute; una cosa: cuando me desoriento, escribo. No conozco otra manera de condensar el vapor en el que flotan, todav&iacute;a sin lenguaje, la vida y sus infinitos misterios.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s publico lo que escribo, eso s&iacute;. Nadie escribe para s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        El texto ahondaba en algo que todav&iacute;a me perturba. A lo largo del tiempo, la relaci&oacute;n con mi padre se hab&iacute;a ido extinguiendo como una estrella que se apaga y deja un agujero negro en el espacio. Yo le hablaba poco. Y &eacute;l apenas llamaba en los cumplea&ntilde;os para saludarnos a m&iacute; &mdash;su &uacute;nica hija&mdash; o a mi hijo &mdash;su &uacute;nico nieto&mdash; con una incomodidad notoria que anunciaba el fin inmediato de la comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que conversamos duramos poco m&aacute;s de un minuto. Era el invierno de 2016 y yo estaba en la playa. Hac&iacute;a fr&iacute;o pero hab&iacute;a sol. Cuando son&oacute; el tel&eacute;fono, yo caminaba descalza y mi marido trotaba a lo lejos. Atend&iacute;. La presencia de mi padre se abri&oacute; paso entre el ruido del viento. Me dijo feliz cumplea&ntilde;os, le agradec&iacute;, le cont&eacute; d&oacute;nde estaba, respondi&oacute; algo breve, nos despedimos.
    </p><p class="article-text">
        Nunca m&aacute;s volv&iacute; a escuchar su voz.
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en septiembre de 2018, lleg&oacute; un mail titulado &ldquo;Tu padre&rdquo;. El remitente era Juan Cruz Ruiz, uno de los fundadores del diario espa&ntilde;ol El Pa&iacute;s. Sol&iacute;amos escribirnos por temas de trabajo, pero esta vez el asunto era otro. &ldquo;Desayunando en Pozuelo me salud&oacute; una se&ntilde;ora. Y luego un se&ntilde;or &mdash;dec&iacute;a el mensaje&mdash;. &iexcl;El se&ntilde;or Licitra! Tu padre tiene una bella sonrisa. &iexcl;Besos!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pozuelo es un municipio de la Comunidad de Madrid, el lugar donde mi padre vive desde la d&eacute;cada del 70. La se&ntilde;ora de la que habla Juan Cruz es la mujer de mi padre. Ambos conocen a Juan Cruz porque lo leen en el diario; seguramente hayan sido ellos quienes se acercaron a saludarlo invocando el nombre de una persona &mdash;yo&mdash; a la que ya no le hablaban. Pero por fuera de eso, cuando recib&iacute; ese mail no pude deducir otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Querido Juan Cruz &mdash;respond&iacute;&mdash;, no tengo noticias de mi padre desde hace unos a&ntilde;os y por razones que son una inc&oacute;gnita. Simplemente un d&iacute;a dej&oacute; de llamar. Muchos destacan su semblante afable. Yo no s&eacute; qu&eacute; decir. Pienso en los &lsquo;desaparecidos que en realidad est&aacute;n en Europa&rsquo;, esa frase espantosa que se repiti&oacute; durante la dictadura y que en el caso de mi padre es terriblemente actual &mdash;y cierta&mdash;. Alg&uacute;n d&iacute;a escribir&eacute; algo de todo esto. Te mando un abrazo enorme&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A los cinco meses publiqu&eacute; el texto en <em>Piau&iacute;</em>, una revista brasile&ntilde;a a cuyo contenido, en portugu&eacute;s, solo se accede en papel y mediante suscripci&oacute;n. Eleg&iacute; ese medio por su calidad y porque no quer&iacute;a que la cr&oacute;nica estuviera disponible en la web y llegara a mi padre ni a nadie que pudiera conocerlo.
    </p><p class="article-text">
        Era un material delicado. Reconstru&iacute;a una parte de la historia familiar y hablaba de c&oacute;mo la distancia engendra un silencio abrasivo, capaz de erosionar lazos que, culturalmente, est&aacute;n pensados para resistir casi todo. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; a irse mi padre? &mdash;escrib&iacute;&mdash; &iquest;En qu&eacute; casillero de la historia entran las familias como la m&iacute;a, que quedaron pervertidas por el terrorismo de Estado pero no tienen un muerto, una foto en blanco y negro que reciba los honores del h&eacute;roe? &iquest;En qu&eacute; cueva de significados est&aacute; nuestro pasado en com&uacute;n? &iquest;Cu&aacute;ndo y por qu&eacute; mi padre dej&oacute; de quererme?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre supo de esa nota al instante.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s ten&iacute;a un Google Alert con mi nombre &mdash;esa es, hasta el momento, la &uacute;nica explicaci&oacute;n que encuentro&mdash;, as&iacute; que accedi&oacute; al magro contenido disponible libremente: el t&iacute;tulo, &ldquo;Se&ntilde;or Licitra&rdquo;; los primeros dos p&aacute;rrafos del texto &mdash;que hablaban de Juan Cruz Ruiz&mdash; y la llamada en tapa: &ldquo;Historia de un abandono&rdquo;. Una l&iacute;nea que pens&oacute; alg&uacute;n editor &mdash;no la puse yo&mdash; y que abri&oacute; la caja de Pandora familiar.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Tu padre no te abandon&oacute;. Adi&oacute;s &mdash;dijo mi abuela unas semanas m&aacute;s tarde, cuando la llam&eacute; por su cumplea&ntilde;os. Despu&eacute;s me cort&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Mi estrategia de publicaci&oacute;n furtiva hab&iacute;a sido, claramente, un fracaso. Tanto mi padre como la rama paterna de la familia me hab&iacute;an dejado de hablar. Con el paso de los a&ntilde;os retomar&iacute;a el trato con mi abuela, pero en t&eacute;rminos generales, sobre todo en el primer tiempo, lo &uacute;nico que me qued&oacute; de mi padre fueron &ldquo;cosas&rdquo;. Las cartas que me envi&oacute; en la infancia, las fotos que nos tomaron, objetos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras intentaba adaptarme a ese silencio, empez&oacute; la pandemia. A principios de 2020, el covid se expandi&oacute; por Europa y empezaron a llegar noticias e im&aacute;genes de un continente inmerso en un vac&iacute;o apocal&iacute;ptico. Las carreteras y calles estaban despobladas, los centros urbanos eran maquetas sin vida. Desde Am&eacute;rica Latina, donde el virus se expandi&oacute; despu&eacute;s que en Europa, mir&aacute;bamos la televisi&oacute;n como si ah&iacute; estuviera el tr&aacute;iler de la distop&iacute;a que nos esperaba.
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; a pensar en mi padre de manera recurrente. A&uacute;n no hab&iacute;a vacunas y el terror a que uno de los dos muriera a 15 mil kil&oacute;metros de distancia me llev&oacute; a recalibrar mis mecanismos de duelo y buscar se&ntilde;ales de su existencia. Su empresa deb&iacute;a estar en crisis. Su cuerpo tambi&eacute;n. No tanto por la edad que tiene &mdash;me lleva veinti&uacute;n a&ntilde;os&mdash; como por la prohibici&oacute;n de salir a correr: esa quietud lo deb&iacute;a estar matando.
    </p><p class="article-text">
        Desde que soy chica mi padre corre a diario. En su mejor momento, cuando ten&iacute;a entrenador y compet&iacute;a &mdash;incluso sin ser un deportista profesional&mdash;, lo hac&iacute;a dos veces en una misma jornada, aun cuando eso supusiera volver de trabajar a las doce de la noche e ir a correr de madrugada. Eso ve&iacute;a yo en mi infancia, cuando lo visitaba en el verano argentino, que es el invierno de all&aacute;. Mi padre llegaba de la empresa tarde, se cambiaba y se iba en auto a la Casa de Campo: un parque descomunal al que yo no lo acompa&ntilde;aba porque no pod&iacute;a seguirle el ritmo y porque no me gustaba correr.
    </p><p class="article-text">
        Ahora me gusta. Los a&ntilde;os pasan y miro con sorpresa, como si fueran lunares que salen de un d&iacute;a para otro, las conductas y obsesiones que me unen a mi padre m&aacute;s all&aacute; de todo lo dem&aacute;s que nos separa.
    </p><p class="article-text">
        En nombre de eso que nos acerca, le escrib&iacute; un correo. &ldquo;Siento que fueron muy duros conmigo, pap&aacute;. Para m&iacute;, lo que escrib&iacute; es un texto muy triste sobre tu distancia. As&iacute; y todo, te pido disculpas. El mundo es un horror y no quisiera sumarle la incertidumbre de no saber c&oacute;mo est&aacute;s, el dolor de no poder acompa&ntilde;arnos de la forma que sea y la tristeza que me da, tambi&eacute;n, que no preguntes c&oacute;mo estamos nosotros. No es un reproche: es un estado de cosas. Ojal&aacute; podamos cambiarlo.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a est&aacute; en Facebook la foto tuya con Joaqu&iacute;n sobre tus hombros. Ahora Joaco es un muchacho, mide m&aacute;s que yo, es una buena persona. Y est&aacute; encerrado en casa, en plena adolescencia combativa, como todos sus amigos y compa&ntilde;eros. Y le digo siempre que la forma de atravesar esto es ser todo lo buenos que podamos ser. Acompa&ntilde;arnos, no pelear, querernos, ayudar a que las cosas sean menos dif&iacute;ciles. Y si se lo digo a Joa, &iquest;c&oacute;mo no me lo voy a decir a m&iacute;? Y c&oacute;mo no dec&iacute;rtelo a vos tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; quieras escribirme.
    </p><p class="article-text">
        Te mando un abrazo&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Apret&eacute; send y esper&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esper&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esper&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        A los tres d&iacute;as lleg&oacute; su respuesta: la primera aparici&oacute;n de mi padre en a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El art&iacute;culo que escribiste es inaceptable &mdash;le&iacute;&mdash;. Mis intimidades, ciertas o falsas, no tienen por qu&eacute; ser objeto de tratamiento literario y aparecer en un medio de comunicaci&oacute;n, ya sea en Argentina o en la China. Se trat&oacute; de un misil bajo la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n en toda regla, que dinamit&oacute; lo que quedaba de nuestra relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, espero que vos y Joaqu&iacute;n sigan bien. Son j&oacute;venes y no forman parte de grupos de riesgo. Si se cuidan y no cometen ninguna imprudencia, superar&aacute;n este obst&aacute;culo&ldquo;. Fin.
    </p><p class="article-text">
        Como esos villanos que arrojan rayos de hielo y dejan a su v&iacute;ctima encerrada en un t&eacute;mpano, mi padre me tir&oacute; con algo que me paraliz&oacute;. No pude volver a escribir. Entre 2020 y 2022 me compromet&iacute; con textos que no entregu&eacute; &mdash;nunca me hab&iacute;a pasado algo as&iacute;&mdash; y me volqu&eacute; al desarrollo de pel&iacute;culas y series: una tarea fascinante que, si bien da cierto lugar a la mirada autoral, alimenta un engranaje infinitamente mayor en el que las ideas y la luz po&eacute;tica &mdash;si existen&mdash; son de todos y de nadie a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n me dediqu&eacute; a hacer yoga, leer, cuidar mi jard&iacute;n, jugar con mi perro, estar con mi marido, acompa&ntilde;ar a mi hijo en su entrada escarpada en la adolescencia y tomar clases de danzas, urgida por dar con un lenguaje que pudiera prescindir de la palabra que yo ya no ten&iacute;a. &ldquo;Bailar &mdash;dijo una vez mi profesora, Margarita Molfino&mdash; es explorar el contacto entre el cuerpo y lo invisible. La danza puede ser una forma de poes&iacute;a. Una forma de ejercer la no-palabra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Volver&iacute;a a escribir? Tem&iacute;a convertirme en eso que Enrique Vila-Matas defini&oacute; como &ldquo;los escritores del no&rdquo;. Autores que, por cansancio precoz, por falta de ideas, por miedo al fracaso o porque ten&iacute;an demasiadas ganas de pasear, beber y contemplar &mdash;es el caso de Oscar Wilde&mdash; abandonaron la escritura como quien deja los l&aacute;cteos o se muda de barrio.
    </p><p class="article-text">
        Perturbada por esa posibilidad, dej&eacute; como dispositivo de rescate un acuerdo: firm&eacute; para publicar este libro. Puse un reloj en cuenta regresiva con la convicci&oacute;n de que, si hab&iacute;a una chance de que yo recuperara mi voz, estaba en el acto mismo de burlar la sanci&oacute;n que hab&iacute;a ca&iacute;do sobre ella.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Tapa de Crac, de Josefina Licitra.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Josefina Licitra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/crac_1_12384069.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Jun 2025 03:01:53 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Lo que no se entiende]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-entiende_129_12364547.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/556af503-6575-4afe-8026-72da40c8ed6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que no se entiende"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por supuesto que es un problema que los chicos no lean. Pero resulta extraño plantearlo a través de un slogan que ubica la dificultad lectora en un país lejano y conveniente, el de los niños y la escuela, en lugar de en ese otro mundo en el que vivimos. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Que entiendan lo que lean&rdquo;, dice la consigna. Cincuenta figuras p&uacute;blicas la llevan escrita en remeras como parte de la Campa&ntilde;a Nacional por la Alfabetizaci&oacute;n impulsada por Argentinos por la Educaci&oacute;n junto a otras doscientas organizaciones civiles. La idea es visibilizar una situaci&oacute;n educativa cr&iacute;tica que se hizo especialmente evidente el mes pasado con la publicaci&oacute;n de los resultados de la prueba Aprender Alfabetizaci&oacute;n 2024. 
    </p><p class="article-text">
        El test, difundido por la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n<strong> </strong>de la Naci&oacute;n, muestra que el 45% de los estudiantes de tercer grado no comprende textos acordes a su edad y que casi el 20% de los chicos de sectores vulnerables ni siquiera sabe leer. Dos datos que, cruzados con otras evaluaciones regionales, dejan a la Argentina en una posici&oacute;n de retroceso respecto de buena parte de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina. 
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        En ese contexto apareci&oacute; la campa&ntilde;a, que convoc&oacute; a cincuenta figuras entre las que no hay &mdash;salvo por el caso de Reynaldo Sietecase&mdash; un solo escritor. Una sola persona que piense, trabaje, padezca, interrogue y ponga el lenguaje escrito en circulaci&oacute;n, tanto en el plano simb&oacute;lico como en el monetario. En una suerte de reversi&oacute;n del &ldquo;billetera mata gal&aacute;n&rdquo;, se eligi&oacute; la visibilidad por sobre el sentido. Se apost&oacute; a celebridades que, con la mejor de las intenciones &mdash;el problema no son ellas&mdash;, promocionan productos con la misma destreza con la que, ahora, promueven la idea de que la lectura en la infancia y la adolescencia es un terreno a defender.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Que entiendan lo que lean&rdquo; funciona como consigna, siempre y cuando no se desgrane el slogan que los famosos se ponen a la altura del pecho. Como si la incomprensi&oacute;n lectora fuera un desperfecto infantil o una falla de f&aacute;brica provocada por la inteligencia artificial &mdash;el gran villano de moda&mdash; la campa&ntilde;a, tal como est&aacute; presentada, deja por fuera dos factores que se me hacen centrales.
    </p><p class="article-text">
        El primero, creo, es el bombardeo sin lenguaje que impone el scrolleo permanente por los vide&iacute;tos y pseudoacontecimientos en redes sociales y que impide que una persona &mdash;no hablo solo de los ni&ntilde;os&mdash; quede confrontada a la posibilidad del silencio, la mayor condici&oacute;n de posibilidad para que surjan la escritura y la lectura: dos caras de una misma y adorable criatura. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo factor es la relaci&oacute;n torpe, deteriorada y vacua que los adultos tenemos con el lenguaje y la producci&oacute;n escrita, y que se derrama sobre las cabezas de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que luego, se supone, debieran sentarse a leer. 
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a cosas como estas.
    </p><p class="article-text">
        En febrero de este a&ntilde;o, en una entrevista para La Naci&oacute;n, el secretario de Cultura de la Naci&oacute;n, Leonardo Cifelli, no pudo recomendar un solo libro. Cuando le preguntaron por su &ldquo;dieta cultural&rdquo;, mencion&oacute; una obra de teatro, una serie, un recital, una muestra de danzas y una de artes pl&aacute;sticas, pero de literatura no pudo decir nada a pesar de que sus asesores se desviv&iacute;an por hacerle decir &ldquo;Murakami&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Juliana Santill&aacute;n, diputada de La Libertad Avanza, estuvo en los medios esta semana por citar mal un dato del Indec: en un error de lectura &mdash;problem&aacute;tico tanto si es voluntario como si no lo es&mdash; dijo que la canasta b&aacute;sica era de $360.000, cuando en realidad ese n&uacute;mero corresponde al monto individual para no ser pobre. Esa gaffe permiti&oacute; conocer m&aacute;s a fondo el glosario de Santill&aacute;n, quien escribe &ldquo;cluaca&rdquo; en vez de &ldquo;cloaca&rdquo; y etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Javier Milei suele citar <em>papers </em>que no ley&oacute; y public&oacute; un libro con p&aacute;rrafos copiados de art&iacute;culos ajenos. El salte&ntilde;o Alfredo Olmedo reconoci&oacute;, mientras era diputado nacional, no haber le&iacute;do nunca completa la Constituci&oacute;n. An&iacute;bal Fern&aacute;ndez hizo una lectura delirante de las mediciones internacionales y dijo que en Argentina hab&iacute;a menos pobres que en Alemania. 
    </p><p class="article-text">
        Sandra Mendoza, senadora del Frente de Todos, habl&oacute; en el Congreso de la &ldquo;espada de Domacle&rdquo; (por Damocles) y dijo que hab&iacute;a que &ldquo;afrentar el peligro&rdquo;, cuando quiso decir &ldquo;afrontar&rdquo;. Daniel Scioli, en campa&ntilde;a, critic&oacute; a Sturzenegger por no aparecer junto a Macri, pero lo hizo usando otro apellido: Schwarzenegger. Alberto Fern&aacute;ndez confundi&oacute; la revista <em>La Garganta Poderosa</em> con la pel&iacute;cula porno <em>Garganta Profunda</em>, y en otro acto asegur&oacute; que, &ldquo;como escribi&oacute; alguna vez Octavio Paz, los mexicanos salieron de los indios, los brasile&ntilde;os de la selva y nosotros de los barcos que ven&iacute;an de Europa&rdquo;: una cita que ni siquiera era de Paz: era de Lito Nebbia.
    </p><p class="article-text">
        A eso se suman las fake news, los posteos autom&aacute;ticos, las frases sin autor y los golpes de efecto que no resisten una segunda lectura: un nivel de empaste y saturaci&oacute;n que llev&oacute; al sitio <a href="http://chequeado.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Chequeado.com</a> a crear una categor&iacute;a espec&iacute;fica: &ldquo;Falso en las redes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, y retomando: por supuesto que es un problema que los chicos no lean. Pero resulta extra&ntilde;o plantearlo a trav&eacute;s de un slogan que ubica la dificultad lectora en un pa&iacute;s lejano y conveniente: el de los ni&ntilde;os y la escuela. Mientras tanto, en el otro pa&iacute;s que tenemos afuera,  hay escritores y escritoras que esperan seis meses para cobrar las regal&iacute;as de sus libros, periodistas que ganan miserias por escribir y chequear lo que escriben, medios que publican notas generadas por ChatGPT que nadie edita, y &mdash;lo dicho&mdash; funcionarios con altos niveles de decisi&oacute;n p&uacute;blica que no nos ahorran sus torpezas, sino todo lo contrario: nos arrastran con ellas. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en vez de reclamar que los chicos &ldquo;entiendan lo que lean&rdquo;, ir&iacute;a un poco m&aacute;s atr&aacute;s, sacar&iacute;a tremendo peso de las espaldas docentes, y pedir&iacute;a que entiendan lo que viven. Una demanda que, ahora s&iacute;, nos pone a todos en problemas: condici&oacute;n indispensable para que algo, alguna vez, empiece a moverse.
    </p><p class="article-text">
        <em>JL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josefina Licitra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-entiende_129_12364547.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Jun 2025 03:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[De pie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pie_129_12326084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/365760c1-e57d-4df0-ae18-8c12d5b9a704_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De pie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras el mundo en algunos aspectos se iba desintegrando, Pepe Mujica fue surcando las épocas en diálogo permanente con la inmensa red que lo sostenía en la tierra. Y puso en circulación una forma distinta de ejercer el poder y entender la existencia.</p></div><p class="article-text">
        Hay algo especialmente fascinante de los &aacute;rboles y es que est&aacute;n conectados entre s&iacute; por una red de micorrizas. Un sistema subterr&aacute;neo, conocido tambi&eacute;n como <em>Wood Wide Web</em>, donde las ra&iacute;ces y los hongos intercambian nutrientes y se&ntilde;ales de lo m&aacute;s diversas a tal punto que, si un &aacute;rbol muere, la vegetaci&oacute;n que lo rodea recibe el impacto de haber perdido algo propio.
    </p><p class="article-text">
        Eso tambi&eacute;n puede atribuirse a las personas. No pienso tanto en los lazos m&aacute;s evidentes &mdash;como llorar a un familiar o un amigo&mdash; sino en la trama imperceptible que hace que una figura a la que nunca llegamos a tocar muera y se lleve consigo parte de un tejido colectivo y vital, un material que parece habernos sacado del pecho.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cuando el 13 de mayo pasado, a punto de cumplir noventa a&ntilde;os, muri&oacute; Pepe Mujica, se llev&oacute; con &eacute;l cosas que no eran solo suyas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo conoc&iacute; de modo diferido, sin haber estado f&iacute;sicamente a su lado, cuando hace casi quince a&ntilde;os, con Pepe reci&eacute;n llegado a la presidencia de Uruguay, viaj&eacute; para hacer un perfil para la revista <em>Orsai</em>. Llegaba con viento en contra. Si bien yo hab&iacute;a intentado acordar una entrevista desde Buenos Aires, su jefe de prensa era esquivo. La raz&oacute;n de esa distancia era que Pepe hab&iacute;a hablado de m&aacute;s en un libro, <em>Pepe Coloquios, </em>donde hab&iacute;a dicho que Argentina no era &ldquo;un pa&iacute;s de cuarta, ni una rep&uacute;blica bananera&rdquo;, pero ten&iacute;a &ldquo;reacciones de hist&eacute;rico, de loco, de paranoico&rdquo;, que en Argentina &ldquo;ten&eacute;s que ir a hablar con los delincuentes peronistas, que son los reyes&rdquo; y que &ldquo;los radicales son tipos muy buenos, pero son unos nabos&rdquo;, entre otras expresiones que sacudieron la diplomacia rioplatense y llevaron al gobierno a recalcular de inmediato. Pepe tuvo que relativizar p&uacute;blicamente la mayor parte de sus dichos, sali&oacute; a pedir disculpas y acat&oacute; las s&uacute;plicas de su jefe de prensa, que le pidi&oacute; que no volviera a abrir la boca por al menos tres meses.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto viaj&eacute;, confiando en que una vez all&aacute; podr&iacute;a hablar con &eacute;l de todas formas. Pero la entrevista no lleg&oacute; y tuve que apelar a un plan B que, a mi modo de ver, termin&oacute; siendo mejor que el A. Porque a falta del personaje principal, termin&eacute; conversando con muchas de las figuras m&aacute;s importantes de su entorno y pude entender que Pepe, como los &aacute;rboles, se manten&iacute;a erguido gracias a un sistema solidario que lo alimentaba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Julio Marenales, quien ya muri&oacute; pero en ese momento era uno de los l&iacute;deres hist&oacute;ricos del Movimiento de Liberaci&oacute;n Nacional - Tupamaros del que ven&iacute;a Pepe, habl&oacute; de ese entramado que lo hab&iacute;a llevado a la presidencia. &ldquo;El Pepe ten&iacute;a una ventaja &mdash;dijo&mdash;. A nosotros en el Frente Amplio no nos quer&iacute;an mucho. Dec&iacute;an que &eacute;ramos unos palurdos. Pero &eacute;l ten&iacute;a tres apoyos: el de nuestras espaldas, porque en el Movimiento lo hemos sostenido como hemos podido. El de su propia historia, porque Pepe viene de trabajar la tierra y nunca sinti&oacute; la bota del patr&oacute;n arriba, siempre trabaj&oacute; m&aacute;s o menos por cuenta propia. Y el de los de abajo. Fueron ellos los que lo llevaron a la presidencia. Por eso el Pepe tiene un gran compromiso con la gente humilde. Y tenemos que ayudarlo a que lo cumpla. Porque no lo est&aacute; cumpliendo&rdquo;. Marenales era el guardi&aacute;n de la pureza ideol&oacute;gica de los tupamaros: un tipo con llegada al o&iacute;do de Pepe, que le dec&iacute;a, cada tanto, lo que un buen amigo dice: &ldquo;No olvides&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eleuterio Fern&aacute;ndez Huidobro, escritor y senador en aquel entonces &mdash;luego ser&iacute;a Ministro de Defensa: muri&oacute; ejerciendo ese cargo&mdash; cont&oacute; con detalle, como ya lo hab&iacute;a hecho en uno de sus libros, la fuga del penal de Punta Carretas &mdash;cuya idea inicial habr&iacute;a sido, dijo Huidobro, de Pepe&mdash; y habl&oacute; de los doce a&ntilde;os que, tiempo despu&eacute;s, pasaron encerrados en cub&iacute;culos de un metro cuadrado. Durante ese lapso interminable, cont&oacute;, Pepe se hizo amigo de nueve ranas y comprob&oacute; que las hormigas, si se las oye de cerca, se comunican a gritos.
    </p><p class="article-text">
        Mauricio Rosencof, entonces secretario de Cultura de Montevideo y otro de los nueve rehenes que pasaron doce a&ntilde;os en una ultratumba, habl&oacute; del sistema de di&aacute;logo que armaron en el encierro mediante golpes en la pared. Lo cont&oacute; por tel&eacute;fono: se le hab&iacute;a desconfigurado el marcapasos y ten&iacute;a que ir urgente al m&eacute;dico. Hoy vive.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Topolansky, su compa&ntilde;era, hoy su viuda, entonces senadora nacional, habl&oacute; de su relaci&oacute;n con Pepe, pero sobre todo revis&oacute; el pasado con un criterio que &eacute;l compart&iacute;a. &ldquo;Cuando sos una gurisa pens&aacute;s las cosas con otra cabeza &mdash;dijo&mdash;. De repente, a la edad que tengo ahora le hubiera puesto m&aacute;s reflexi&oacute;n al asunto. Pero pertenezco a la generaci&oacute;n sobre la que impact&oacute; la revoluci&oacute;n cubana y las cosas hay que verlas en ese contexto. Est&aacute;bamos convencidos de que pod&iacute;amos hacer la revoluci&oacute;n. Convencidos. Y cuando t&uacute; est&aacute;s motivado, obviamente el riesgo se ve de otra manera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Jos&eacute; L&oacute;pez Mercao, quien estuvo por ser jefe de Prensa de la presidencia, record&oacute; un episodio de 1970, cuando lleg&oacute; herido al Hospital Militar y, mientras lo atend&iacute;an, supo que ah&iacute; estaba Pepe, el cuadro pol&iacute;tico del que solo conoc&iacute;a el nombre. &ldquo;Un m&eacute;dico con el uniforme militar puesto me dijo &lsquo;Qu&eacute; huevos que tiene Mujica, se afirmaba en la camilla y dec&iacute;a <em>no me dejen morir, yo soy un combatiente</em>. Le dimos trece litros de sangre, que huevos tiene &mdash;cont&oacute;&mdash;. Por eso digo que el Pepe lleg&oacute; a presidente, primero, porque sobrevivi&oacute;. Segundo, porque el movimiento armado sali&oacute; muy honrado frente a la poblaci&oacute;n: siempre estuvo esa idea de que los tupamaros &eacute;ramos buena gente. Y por &uacute;ltimo, porque Pepe siempre fue un tipo muy humano, muy enamorado, muy zorro y muy austero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eduardo Bonomi, su ministro del Interior, cont&oacute; que Pepe, como todos los funcionarios del MPP &mdash;el movimiento con el que los tupamaros se integraron al sistema pol&iacute;tico&mdash; ten&iacute;a tope salarial. Lo m&aacute;ximo que pod&iacute;a ganar eran 1900 d&oacute;lares, apenas el 35 por ciento del sueldo, y entregaba el excedente a dos fondos solidarios que se usaban para dar ayuda a gente que no necesariamente ten&iacute;a que formar parte del Movimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es muy f&aacute;cil dar lo que te sobra. La cuesti&oacute;n es dar lo que no te sobra &mdash;dijo Bonomi, y pregunt&eacute;:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Pero nunca te da ganas de comprarte un plasma?
    </p><p class="article-text">
        Bonomi &mdash;quien tambi&eacute;n ha muerto&mdash; qued&oacute; desconcertado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Eh&hellip; Yo vivo en una cooperativa de viviendas. A esta altura terminamos de pagar la cuota, entonces solo pagamos los gastos comunes. Tenemos un auto del 94&hellip; A ver: la austeridad de Pepe es &uacute;nica, pero que Pepe haya llegado no es casual.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;No hay ninguna pose por parte de Mujica?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No, es as&iacute;. Es as&iacute;. &Eacute;l es as&iacute;. Qu&eacute; pose. La vida del Pepe es muy sencilla y pasa por la tierra. Cuando uno sale de licencia y se va al monte o a la playa, Pepe se va a trabajar la tierra. Y los domingos, mientras todos descansamos, &eacute;l madruga para trabajar la tierra. Si no hace eso, no descansa. La tierra es el lugar donde Pepe ordena sus ideas. Cada cual es como es.
    </p><p class="article-text">
        Pepe daba conferencias de prensa sin los dientes puestos. Se mov&iacute;a en un auto viejo. No ten&iacute;a celular ni tarjeta de cr&eacute;dito. Prohib&iacute;a a los empleados de gobierno usar Facebook o Twitter o cualquier cosa parecida. Ten&iacute;a por mascota a una perra de tres patas. Si quer&iacute;a pensar, se sub&iacute;a al tractor. Tras los doce a&ntilde;os de cautiverio en los que lleg&oacute; a tener charlas con insectos, construy&oacute; una mirada panteista del mundo: una conexi&oacute;n profunda con todo lo que est&aacute; vivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fueron pasando los a&ntilde;os. Mientras el mundo en algunos aspectos se iba desintegrando &mdash;hablo principalmente de pol&iacute;tica&mdash;, &eacute;l fue surcando las &eacute;pocas en di&aacute;logo permanente con la inmensa red que lo sosten&iacute;a en la tierra. Y puso en circulaci&oacute;n una forma distinta de ejercer el poder y entender la existencia.
    </p><p class="article-text">
        No me refiero a su juventud en la guerrilla armada, sobre la que &eacute;l mismo tuvo una mirada tierna y autocr&iacute;tica, sino al modo en que logr&oacute; ecualizar ese pasado con su presente partidario y a c&oacute;mo le dio a la vida pol&iacute;tica una humanidad que ya no existe demasiado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo de la falta de verdad est&aacute; trayendo consecuencias. Cinco d&iacute;as despu&eacute;s de su muerte, en Buenos Aires hubo una elecci&oacute;n legislativa que mostr&oacute; que la mitad de la gente no est&aacute; dispuesta a invertir un minuto de su tiempo en ir a votar. La raz&oacute;n: consideran las elecciones una pantomima parecida a la de ir al supermercado y ver que los diez mil productos supuestamente distintos que se ofrecen est&aacute;n hechos con los mismos componentes y se fabrican en la misma empresa. Desde un lugar pac&iacute;fico o ap&aacute;tico &mdash;o las dos cosas&mdash; condenaron a su manera un sistema pol&iacute;tico que no parece tener ra&iacute;z, ni verdad, ni entramado que lo enlace a la vida. Y en el que solo hay personas con la profundidad de un holograma que emiten palabras de espaldas a lo &uacute;nico que, por ahora, subsiste: nosotros y nuestros muertos.
    </p><p class="article-text">
        <em>JL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josefina Licitra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pie_129_12326084.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 May 2025 03:01:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De pie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pepe Mujica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La "F" que falta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/f-falta_129_12287206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e5b0250-5a1b-432f-a550-0142e5effbee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La &quot;F&quot; que falta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vean qué se siente al quedar encerrado en una torta llena de gorgojos. Cómo se te va pudriendo la cabeza en el tránsito colapsado frente a las vías del Sarmiento.</p></div><p class="article-text">
        Cada tanto mi barrio, Floresta, sale en los diarios. La &uacute;ltima vez fue en febrero de este a&ntilde;o, cuando unos trapitos atacaron a un vecino que no quer&iacute;a pagarles por dejar el auto en la v&iacute;a p&uacute;blica, pero antes y despu&eacute;s tambi&eacute;n hubo episodios porque &mdash;dir&iacute;an en Gran hermano&mdash; damos show. Sabemos implosionar en p&uacute;blico. En 2023 una casa tomada se derrumb&oacute; con treinta y cinco familias adentro; en 2024 los vecinos denunciamos un b&uacute;nker de drogas que funcionaba al lado de una escuela; y a principios de 2025 se incendi&oacute; un dep&oacute;sito textil del Polo Industrial Avellaneda, un &aacute;rea a la que va a comprar el pa&iacute;s entero y que, tras su fachada de espacio comercial, esconde talleres clandestinos con mano de obra esclava y una categor&iacute;a de actividad fabril &mdash;prohibida en la Ciudad&mdash; que nadie desmantela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias a estos eventos el barrio libera, cada tanto, parte de su miasma y logra atraer a los canales de televisi&oacute;n. Pero despu&eacute;s se vuelve a hundir en su materia cotidiana, en el chiquitaje que no llega a la prensa, en el caldo de locura en el que nos cocemos cada d&iacute;a cuando salimos al mundo, y que tiene un principal ingrediente activador: el ferrocarril Sarmiento. Un tren que va desde Moreno &mdash;conurbano oeste&mdash; hasta Plaza Miserere y que corre en paralelo a la avenida Rivadavia.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        En los barrios de Once, Almagro y Caballito, el cruce de v&iacute;as del Sarmiento se da principalmente a trav&eacute;s de t&uacute;neles y puentes, como en buena parte de los dem&aacute;s barrios que tienen ferrocarril (por no hablar del viaducto del Tren Mitre en la estaci&oacute;n Belgrano C: una obra tan primermundista que te desconcierta). Pero en Flores y Floresta, no. Ac&aacute; hay que cruzar pasos a nivel que, a su vez, al ser linderos con una zona comercial descontrolada &mdash;hablo otra vez del Polo Industrial Avellaneda&mdash; hacen que atravesar la v&iacute;a con el auto sea una epopeya que puede durar entre 20 y 40 minutos.
    </p><p class="article-text">
        Es un dato interesante en estos d&iacute;as de campa&ntilde;a en los que muchos candidatos a la Legislatura porte&ntilde;a hablan de la l&iacute;nea &ldquo;F&rdquo; de subte como si ese fuera el s&iacute;mbolo de un progreso que venimos postergando.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que una l&iacute;nea nueva nunca se le niega a nadie. Mucha gente la va a usar aun cuando en un tramo la F haga un recorrido similar a los de la H y la C, y en otro el mismo de la D, lo que hace de la F un proyecto propio de una urbe que tiene cubiertas buena parte de sus prioridades y est&aacute; en condiciones de pagar una segunda ronda de obra p&uacute;blica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de montarse sobre la &ldquo;F&rdquo; y hacer todos los juegos de palabras que se les vienen ocurriendo en tiempos de campa&ntilde;a (la &ldquo;F&rdquo; da para hablar de Futuro, de Felicidad, etc.), los invito a que vengan en auto a Nazca y Rivadavia, a Azul y Rivadavia, a Segurola y Rivadavia, a Carrasco y Rivadavia, a Caracas y Rivadavia, a Carabobo y Rivadavia, en fin: vengan y enciendan el cron&oacute;metro y traten de cruzar la v&iacute;a. H&aacute;ganlo, adem&aacute;s, en la hora pico, y si tienen resto para una experiencia extrema v&eacute;nganse un lunes o un mi&eacute;rcoles. Ah&iacute; los micros de dos pisos con gente que viene al Polo Avellaneda llegan y circulan por calles de cuatro metros de ancho y estacionan donde se les da la gana y hacen colapsar las calles a pesar de que, por ley, los &oacute;mnibus de larga distancia tienen prohibido circular por donde se les cante y debieran estacionar en las terminales de Retiro o Dellepiane.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vengan. Traigan vianda, tapones auriculares y bl&iacute;sters de lo que sea que consuman porque la espera puede ser larga, muy larga. Y la gente se pone nerviosa &mdash;muy nerviosa&mdash; y en alg&uacute;n momento empieza a sublimar con la bocina, que es lo &uacute;nico que tiene a mano para descargar tanta impotencia.
    </p><p class="article-text">
        Vean qu&eacute; se siente al quedar encerrado en una torta llena de gorgojos. C&oacute;mo se te va pudriendo la cabeza. C&oacute;mo te empieza a latir el cuello cuando finalmente la barrera se levanta y ten&eacute;s, al fin, la chance de avanzar, y ves que en ese instante un sem&aacute;foro ladino, min&uacute;sculo, agazapado, que alg&uacute;n desgraciado decidi&oacute; instalar a diez metros de la barrera, cambia a color rojo para darle prioridad a una calle transversal, a una callejuela con categor&iacute;a de cortada de la que salen apenas dos, tres autos perdidos que te quitan la oportunidad de cruce que ven&iacute;as esperando desde hac&iacute;a veinte minutos. Vean c&oacute;mo, una vez que ese sem&aacute;foro bendito vuelve a estar en verde, la barrera baja nuevamente y vos segu&iacute;s ah&iacute;, echando ra&iacute;ces en el mismo lugar en el que estabas, pregunt&aacute;ndote para qu&eacute; sirve un estado de derecho cuando lo &uacute;nico que te har&iacute;a realmente bien es agarrarte a trompadas con alguien.
    </p><p class="article-text">
        Entre Flores y Floresta, los dos barrios colapsados por las v&iacute;as del Sarmiento, sumamos 190.000 personas. Una peque&ntilde;a legi&oacute;n de ciudadanos que pagamos los mismos impuestos que en Belgrano Futurama y que debemos gestionar nuestros cruces de barrera, muchas veces, por mano propia. Como la barrera, encima, baja mucho antes de que el tren llegue y se queda ah&iacute; hasta mucho despu&eacute;s de que se vaya &mdash;lo que hace que, para el momento en que va a subir, deba volver a bajar porque llega el tren en direcci&oacute;n contraria&mdash; en la mayor&iacute;a de los casos dependemos de la empat&iacute;a del guardia para que nos abra paso a&uacute;n cuando la se&ntilde;al intermitente est&eacute; encendida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso tiene consecuencias. El 13 de septiembre de 2011, media hora antes del horario en el que yo llevaba a mi hijo a la escuela, un accidente ferroviario en la estaci&oacute;n Flores &mdash;a tres cuadras del colegio&mdash; termin&oacute; con once muertos y 228 heridos. Los noticieros hablaron de &ldquo;accidente fatal&rdquo;, pero todos los vecinos lo pensamos distinto: era una muerte anunciada. El colectivo 92 se hab&iacute;a cansado de esperar y, como tantos otros d&iacute;as, se hab&iacute;a mandado derecho en un p&eacute;simo c&aacute;lculo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s hubo casos &ldquo;menores&rdquo;. Autos con el culo o la trompa reventados, que a veces &mdash;a veces&mdash; zafaron a tiempo, y peatones arrollados por autos que, al divisar a lo lejos la barrera en alto, se tiraban en palomita y aceleraban a fondo para llegar al cruce antes de que volviera a bajar. En la esquina de mi casa, en Azul y Ram&oacute;n Falc&oacute;n, fueron tantos los atropellos que pedimos un reductor de velocidad al Gobierno de la Ciudad. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s tuvimos respuesta: una loma de burro de 10 cent&iacute;metros de alto que los autos, habituados a epopeyas mayores, superan sin mayor tr&aacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el tama&ntilde;o de nuestro progreso, en una zona que qued&oacute; por fuera del umbral proactivo de todas las gestiones de gobierno y que, a juzgar por el &iacute;mpetu ret&oacute;rico que le dan a la l&iacute;nea F, tampoco es tenida en cuenta por los candidatos a ocupar un cargo en la Legislatura de la Ciudad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El PRO cumple 16 a&ntilde;os prometiendo una l&iacute;nea de subte. Los porte&ntilde;os se olvidaron de la F. Yo no&rdquo;, dice Leandro Santoro en dos spots &mdash;nobleza obliga&mdash; bastante cancheros. Fueron esos vide&iacute;tos, y esos textos, los que me llevaron a pensar esta columna y a decir, dispensen la obviedad, que Flores y Floresta tambi&eacute;n empiezan con F. Que estamos mucho antes en la fila. Y que nos urge saber cu&aacute;ndo nos van a dar el paso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josefina Licitra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/f-falta_129_12287206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 May 2025 03:03:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La "F" que falta]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Cenizas del paraíso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cenizas-paraiso_129_12248971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6296bea3-36e7-4b64-a4ac-98cfbbed7dd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cenizas del paraíso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre todos los puentes que tendió Francisco, está el que permite que siga habiendo líderes políticos haciendo lo que quieren con el sosiego moral que da una bendición a tiempo.</p></div><p class="article-text">
        Estaba pensando en esta primera columna, en contar el esp&iacute;ritu de este espacio quincenal en el que intentar&eacute; bajar a tierra alguna de las ideas &mdash;o de los g&eacute;rmenes de idea&mdash; que se me aparecen a las siete de la tarde, cuando cierro la jornada laboral, me pongo los auriculares, doy tres pitadas y salgo a pasear al perro sumida en la nebulosa con la que me gusta terminar el d&iacute;a; planeaba escribir sobre uno de los pocos momentos de pensamiento err&aacute;tico que todav&iacute;a tengo &mdash;y necesito&mdash;, cuando muri&oacute; el Papa y fue como si todas las calles se hubieran cerrado de repente y hubiera quedado una &uacute;nica avenida para ir de un lado a otro, y entonces hubiera que entrar ah&iacute; de un modo inevitable, casi como condici&oacute;n para seguir formando parte de este mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muri&oacute; Francisco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tengo esto para decir.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Vengo de una familia de tradici&oacute;n atea cuyos miembros, conforme fue pasando el tiempo y fue llegando la vejez, fueron &mdash;fuimos&mdash; entendiendo y respetando la necesidad de creer y conectar con la divinidad usando los instrumentos que cada uno necesite. Oraci&oacute;n, mantras, matem&aacute;tica: todo vale cuando se trata de no ser tan infeliz e intentar ordenar el caos de la existencia. Un misterio que no se expresa en palabras, sino en formas tal vez incodificables (podr&iacute;an ser algoritmos, como los de &ldquo;Juego&rdquo;, el episodio cuatro de la &uacute;ltima temporada de <em>Black Mirror</em>, o podr&iacute;an ser c&iacute;rculos de tinta evanescente, como los de la pel&iacute;cula <em>Arrival</em>) y al que la iglesia cat&oacute;lica le dio un sentido preciso: decretaron que Dios, la inmensidad sin alfabeto, se pronuncia &mdash;entre otros dispositivos&mdash; en dec&aacute;logos que empiezan con la palabra &ldquo;no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n, que suena m&aacute;s a un contrato para que las sociedades no se fagociten a s&iacute; mismas, termin&oacute; haciendo de la Iglesia un brazo moral del poder secular: una l&oacute;gica de polic&iacute;a bueno y polic&iacute;a malo donde Iglesia y Estado se alternan los roles seg&uacute;n convenga, y de la que no es f&aacute;cil escapar, por mejores intenciones que tenga la jerarqu&iacute;a de turno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Francisco orden&oacute; una auditor&iacute;a al Banco Vaticano; renunci&oacute; visiblemente a lujos personales; implement&oacute; recortes salariales en las altas jerarqu&iacute;as; permiti&oacute; a las mujeres dirigir ciertos ministerios; por primera vez bendijo a las parejas gays; recibi&oacute; a una joven cat&oacute;lica con un pa&ntilde;uelo verde atado en la mu&ntilde;eca y endureci&oacute; las leyes contra los abusos sexuales en la Iglesia. Francisco hizo cosas. Puls&oacute; el bot&oacute;n de un ascensor que estaba en el menos diez y lo subi&oacute; al menos ocho: un nivel donde los n&uacute;meros del Banco Vaticano siguen siendo opacos, donde sigue habiendo cardenales con chofer, cocinero y chofer del cocinero, donde no se fuerza a los obispos a colaborar con la justicia civil en casos de pederastia, donde las mujeres siguen sin poder entrar al sacerdocio y a cualquier instancia de poder real dentro de la instituci&oacute;n y donde las parejas gays son toleradas siempre y cuando no tengan el tup&eacute; de querer ejercer la igualdad ante los ojos de Dios y, por ejemplo, casarse frente a un altar.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que ese gradualismo tuviera mucho de astucia. Entrar al Vaticano con los tapones de punta puede ser la mejor forma de morir sospechosamente y pronto, y de Francisco &mdash;entre tantas cosas que se dijeron estos d&iacute;as&mdash; se asegur&oacute; varias veces que fue un &ldquo;animal pol&iacute;tico&rdquo;, un hombre capaz de tender puentes a trav&eacute;s del di&aacute;logo y la ret&oacute;rica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta &mdash;la m&iacute;a, al menos&mdash; es qu&eacute; conectan esos puentes. Porque cada vez que el Papa habl&oacute; del &ldquo;exhibicionismo y los anuncios estridentes de los l&iacute;deres pol&iacute;ticos&rdquo;, del &ldquo;escandaloso aumento de la pobreza&rdquo;, de los &ldquo;bienaventurados que se oponen al odio y a la confrontaci&oacute;n permanente&rdquo;, y cada vez que dijo &ldquo;basta de guerras&rdquo; y &ldquo;basta de avaricia&rdquo;, sigui&oacute; todo igual. Siguieron las guerras, el hambre y la corrupci&oacute;n (en algunos casos, los mismos que provocaban esas guerras y ten&iacute;an esa avaricia pasaron a recibir la bendici&oacute;n papal, que no se le neg&oacute; a nadie), por lo que muchas de las palabras dichas terminaron quedando flojas de sentido, o construyeron su hondura solo porque el consenso social y religioso hab&iacute;a instalado que eran profundas, a&uacute;n cuando en otro contexto &mdash;por ejemplo, cuando el &ldquo;basta de guerras&rdquo; lo pronuncia una Miss Universo&mdash; ser&iacute;an tomadas como lo que tal vez son: exhortos que, si no tienen consecuencias, son llevados por el viento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s reciente se dio en el barrio de Flores &mdash;a diez cuadras de mi casa&mdash;, durante la misa por Francisco que dio el Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Garc&iacute;a Cuerva. &ldquo;El mejor homenaje es estar todos unidos porque &eacute;l siempre insisti&oacute; con la fraternidad universal. Hay que apostar por la unidad y respetarnos&rdquo;, dijo Garc&iacute;a Cuerva ante un auditorio que escuch&oacute;, proces&oacute; y &mdash;en algunos casos&mdash; evacu&oacute; las palabras en tiempo r&eacute;cord, ya que quince minutos y treinta metros despu&eacute;s estaban mat&aacute;ndose otra vez en la vereda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay algo que no terminamos de entender los argentinos&rdquo;, dijo un periodista que escuch&eacute; en la radio, a prop&oacute;sito del descalabro que se arm&oacute;, y me qued&eacute; pensando en eso. Si la curia dice &ldquo;no m&aacute;s guerras&rdquo; y las guerras suceden, si dice &ldquo;basta de odio&rdquo; y lo mismo, &iquest;qui&eacute;n es el que tiene que entender qu&eacute; cosa?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No tengo demasiada idea. Solo pienso que, en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, el poder pol&iacute;tico y la Iglesia volvieron a encarnar la d&iacute;ada perfecta que hab&iacute;an formado hace siglos. Despu&eacute;s de un Joseph Ratzinger ultraconservador y oscurantista, al que llegaron a apodar &ldquo;el Rottweiler de Dios&rdquo; y con el que ya no rend&iacute;a mucho fruto sacarse una foto &mdash;si es que Ratzinger lo permit&iacute;a, porque era bastante ch&uacute;caro y sombr&iacute;o&mdash;, apareci&oacute; la figura perfecta, el hombre bondadoso y carism&aacute;tico que permiti&oacute; a la Iglesia recuperar un basti&oacute;n y, a mi modo de ver, tambi&eacute;n un bien de intercambio. La Iglesia volvi&oacute; a ser el ba&ntilde;o moral que se da la pol&iacute;tica cuando va al Vaticano a buscar la foto que le permita lavar sus culpas, y en contraprestaci&oacute;n logr&oacute; que el poder pol&iacute;tico volviera a ser, para la Iglesia, el cable a tierra imprescindible, el dispositivo secular al que echa mano la instituci&oacute;n cat&oacute;lica para mantenerse conectada al mundo en una era donde, a la hora de las preguntas y respuestas, Dios va perdiendo terreno frente al chat GPT Plus, que vino a serruchar pisos a mansalva.
    </p><p class="article-text">
        Entre todos los puentes que tendi&oacute; Francisco en estos a&ntilde;os, entonces, est&aacute; ese: el que une ambas esferas. El que permite que, en un mundo astillado en demasiadas partes, siga habiendo l&iacute;deres pol&iacute;ticos haciendo lo que quieren con el sosiego moral que da una bendici&oacute;n a tiempo, y siga habiendo una instituci&oacute;n religiosa que &mdash;todav&iacute;a hoy, y a pesar de todo&mdash; tiene autoridad moral para se&ntilde;alar los vicios del mundo desde un para&iacute;so fiscal que solo rinde cuentas ante Dios, la &uacute;nica entidad que no las necesita. 
    </p><p class="article-text">
        <em>JL/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josefina Licitra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cenizas-paraiso_129_12248971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Apr 2025 03:00:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cenizas del paraíso]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cuaderno para el Buenos Aires]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuaderno-buenos-aires_129_7378747.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a908f11a-105f-4e24-8afe-825c5c7fbea9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un cuaderno para el Buenos Aires"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Opinión - El Pelle y el Buenos Aires, una ilusión en ruinas. Por Ariel Wilkis</p></div><p class="article-text">
        Es s&aacute;bado. Mi hijo est&aacute; por salir a comprar los &uacute;tiles para el comienzo de clases. Se lo ve entusiasmado. Me pregunta cu&aacute;ntos cuadernos har&iacute;an falta: esas dudas de baja intensidad que solo pueden sostenerse sobre el entusiasmo de un proyecto com&uacute;n y que se parecen mucho a las preguntas que hace &mdash;&ldquo;&iquest;Tres medias?&rdquo;, &ldquo;&iquest;Cuatro mudas de ropa?&rdquo;&mdash; cuando est&aacute; en la previa a un campamento.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Tres cuadernos? &mdash;dice Joa&mdash; O mejor cuatro porque la &uacute;ltima vez me qued&eacute; corto y despu&eacute;s hubo que gastar m&aacute;s porque&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Rumia: habla consigo mismo. Y yo, que imagino lo que est&aacute; por venir, lo miro con la sonrisa falsa y amargada de esos m&eacute;dicos que deben mostrarse optimistas en una sala donde todo se cae.
    </p><p class="article-text">
        Mi hijo empieza tercer a&ntilde;o en el <strong>Nacional Buenos Aires</strong>: un colegio por el que se rompi&oacute; el alma para entrar en 2018, haciendo una escuela paralela en su s&eacute;ptimo grado de cara a los diez ex&aacute;menes de ingreso desmesuradamente exigentes que se hac&iacute;an a lo largo del a&ntilde;o. Cada vez que se angusti&oacute; o se agot&oacute;, intent&eacute; darle &aacute;nimos con un ideario en el que yo cre&iacute;a y que ahora, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, siento que es apenas una bolsa de palabras a la altura del chamuyo del &ldquo;telar de la abundancia&rdquo;: &ldquo;El esfuerzo &mdash;le dec&iacute;a&mdash; vale la pena. Esto que dej&aacute;s ac&aacute; va a volver multiplicado a tu favor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mi pensamiento, al igual que el telar, fue una estafa. O al menos qued&oacute; cubierto por la luz del 2020 que mostr&oacute; los agujeros educativos con una honestidad shockeante.
    </p><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado mi hijo <strong>solo tuvo cuatro horas de Zoom en todo su per&iacute;odo lectivo</strong>. El resto de las clases se dio a trav&eacute;s de foros, archivos de pdf, links y videos de Youtube dentro de un sistema que el colegio pomposamente llam&oacute; &ldquo;campus virtual&rdquo; y que m&aacute;s all&aacute; de sus giros sofisticados cumpl&iacute;a funciones parecidas a la de un grupo cerrado de Facebook en los que algunos docentes se esforzaban por cumplir con los horarios de los turnos escolares y otros aparec&iacute;an &mdash;cuando lo hac&iacute;an&mdash; en las horas m&aacute;s insospechadas; y en el que, por sobre todas las cosas, el colegio como instituci&oacute;n desaparec&iacute;a a diario: a lo largo de todo el a&ntilde;o solo recib&iacute; mensajes exitistas de una rectora que &mdash;mejorando mi discurso del telar&mdash; aseguraba que est&aacute;bamos superando obst&aacute;culos todo el tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que vi a Joaco desarmarse durante ese 2020. Dorm&iacute;a demasiado, perdi&oacute; las ganas de salir a la calle, solo mostraba entusiasmo por los juegos virtuales que compart&iacute;a con sus amigos y discut&iacute;a conmigo cuando yo intentaba obligarlo a leer asumiendo desesperadamente los imperativos de educaci&oacute;n que normalmente asume la escuela, que es la que toma asistencia, pone llegadas tarde, eval&uacute;a, da lecturas obligadas, establece horarios de clase y de descanso, da y exige. Esa bruma que envolvi&oacute; a mi hijo durante el 2020 lo llev&oacute; en silencio hasta fin de a&ntilde;o, donde aprob&oacute; casi todas las materias sin mayor dificultad.
    </p><p class="article-text">
        Es por eso que ahora, mientras veo a Joaco hacer la lista para su regreso a clases&nbsp; &mdash;cuadernos, biromes, liquid paper&mdash; me pregunto en qu&eacute; medida la resaca educativa del 2020 va a arrasar con el 2021, y es ah&iacute; cuando no logro acompa&ntilde;ar a mi hijo en su entusiasmo. <strong>Hay razones hacia atr&aacute;s y tambi&eacute;n hacia adelante: en un rato va a llegar la informaci&oacute;n de que las clases tampoco empiezan.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es lunes.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>La Asamblea Gremial Docente del CNBA decidi&oacute; que no es seguro ir a trabajar de modo presencial y con esa sentencia puso en jaque las directivas del gobierno nacional y del de la Ciudad, y tambi&eacute;n las palabras de Unicef, que dice que las escuelas deben ser lo &uacute;ltimo en cerrarse y lo primero en abrir.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No voy a hacer un copy paste de las razones por las que los ni&ntilde;os y adolescentes necesitan del contacto entre pares para no derrumbarse. Me quedo con lo que veo: Joaqu&iacute;n especialmente aseado, en la ma&ntilde;ana de un s&aacute;bado, haciendo una lista de &uacute;tiles. La cercan&iacute;a del colegio le trae un sentido ya no al d&iacute;a, sino a su vida de adolescente. Entonces pregunta &ldquo;cu&aacute;ntos cuadernos&rdquo;, que es lo mismo que preguntar cu&aacute;ntos puntos de vista va a tener tu futuro, con cu&aacute;ntas facetas vas a construir el prisma con el que va a mirar sus d&iacute;as. Y yo me lleno de oscuridad.
    </p><p class="article-text">
        Todos los d&iacute;as pienso en cambiarlo de colegio.&nbsp;Si no lo hago es porque quiere a sus amigos. Y porque siento que hay que pelear por cada espacio que cost&oacute; conseguir.
    </p><p class="article-text">
        No estoy sola. Durante el fin de semana cientos de familias se sumaron a un grupo de padres que intentar&aacute; devolver a sus hijos a la escolaridad de la forma que sea y que intentar&aacute;, por vez n&uacute;mero mil, hablar con autoridades del colegio y de la Universidad de Buenos Aires, que viven en su burbuja de &eacute;xito por los 200 a&ntilde;os de historia de la UBA y parecen desconocer que la situaci&oacute;n del Nacional Buenos Aires es dram&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que hago p&uacute;blico este descontento en redes sociales &mdash;la gomera de David que tengo a mano&mdash; hay gente que me dice, entre otras cosas, &ldquo;qu&eacute; esperabas si mandaste a tu hijo a esa cuna de troscos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que este espacio es, tambi&eacute;n, para contar qu&eacute; esperaba.
    </p><p class="article-text">
        Esperaba una educaci&oacute;n a la altura del esfuerzo que hacen los chicos por entrar al colegio. Esperaba &mdash;quiz&aacute;s ah&iacute; fui ingenua&mdash; algo parecido a los colegios en los que hice mi primaria y mi secundaria: el On&eacute;simo Leguizam&oacute;n y el Lenguas Vivas, donde ten&iacute;a amigas con padres que no ten&iacute;an un mango &mdash;yo estaba en ese grupo&mdash; y amigas con vidas profundamente m&aacute;s tranquilas, al menos en t&eacute;rminos econ&oacute;micos, que la m&iacute;a. <strong>Ese arco me hizo feliz. Mis docentes me hicieron feliz. </strong>La que me mand&oacute; a diciembre por copiarme la f&oacute;rmula de la fotos&iacute;ntesis y me dijo, despu&eacute;s de un diez, &ldquo;no te copies m&aacute;s, bobita&rdquo;. Mi maestra Leonor que me llevaba a su casa para que yo aprendiera a escribir un cuento y concursara en un premio municipal. La docente de franc&eacute;s y su columna espigada y fina como un trigo. Mis amigos y amigas. La profesora Gir&oacute; sacudiendo un banco del aula para explicar los fen&oacute;menos tect&oacute;nicos. El de f&iacute;sica y su piel lechosa y su traje ra&iacute;do de docente sin un peso. Mi maestra Marta apisonando la tiza contra el pizarr&oacute;n mientras cerraba un algoritmo y dec&iacute;a &ldquo;etceter&aacute;&rdquo; con el acento en la &ldquo;a&rdquo;. Miss Mary jovenc&iacute;sima con su pelo carr&eacute; ense&ntilde;ando ingl&eacute;s instrumental con modos perfectos y un vocabulario extraordinario con el que hac&iacute;a planes para su primer viaje a Estados Unidos, un pa&iacute;s que hasta el momento no hab&iacute;a conocido porque nunca hab&iacute;a salido del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Para mi hijo esperaba &mdash;espero&mdash; lo inolvidable. Y eso tuvo en su primer a&ntilde;o, con amigos nuevos, hermosos, y con algunos docentes conmovedores que lograban sobreponerse al desastre organizativo del colegio y daban clase a pesar de todo. Pero despu&eacute;s vino el 2020, que es el a&ntilde;o en el que se cayeron las m&aacute;scaras. El que hac&iacute;a esfuerzos sobrenaturales no pudo con un colegio que prohibi&oacute; las clases por zoom hasta el segundo semestre. Y el que no era dado a hacer ning&uacute;n tipo de esfuerzo (porque hay docentes que no trabajan: debiera dejar de ser un tab&uacute; decirlo; en todos los rubros hay gente que no trabaja y que con ese parate jode a su propio gremio) encontr&oacute; en ese desastre, que se dio con un aval de la UBA, un ecosistema a su medida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para mi hijo esperaba —espero— lo inolvidable. Y eso tuvo en su primer año, con amigos nuevos, hermosos, y con algunos docentes conmovedores que lograban sobreponerse al desastre organizativo del colegio y daban clase a pesar de todo. Después vino el 2020</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa base es el caldo de cultivo de este 2021. Con los colegios funcionando desde hace m&aacute;s de un mes, muchos alumnos del CNBA no saben qu&eacute; docentes adhieren al paro, no saben qu&eacute; docentes est&aacute;n dispensados y no ir&aacute;n a dar clases &mdash;las dar&aacute;n virtuales&mdash;, no saben qui&eacute;nes si ir&aacute;n, no saben si asumir&aacute;n el riesgo de tomar transporte p&uacute;blico para ir a un aula vac&iacute;a. En el medio hay chicos que esperan con la mochila hecha, hay familias que est&aacute;n averiguando colegios para sacar a sus hijos y estamos las familias que, al no poder sacar a nuestros hijos porque tienen a sus amigos ah&iacute;, estamos viendo qu&eacute; tipo de formaci&oacute;n paralela vamos a darles: los institutos que preparan chicos para entrar al colegio est&aacute;n haciendo su primavera econ&oacute;mica con la educaci&oacute;n blue que se arm&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Porque eso est&aacute; logrando la UBA, al no resolver problemas sanitarios &mdash;&iexcl;limpien!&mdash; y gremiales &mdash;&iexcl;acuerden!&mdash;: que las familias que apostamos a un colegio p&uacute;blico resolvamos la educaci&oacute;n de nuestros hijos en privado. Que la educaci&oacute;n solo sea de quienes pueden pagarla. Y que los alumnos vean c&oacute;mo se desploma el andamiaje moral y pedag&oacute;gico de una instituci&oacute;n que hizo su prestigio justamente por saber conciliar posturas y sortear obst&aacute;culos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s ese sea el mayor aprendizaje de mi hijo en el paso por el CNBA: ver qu&eacute; pasa cuando una m&aacute;scara se rompe y una antigua instituci&oacute;n de prestigio pare su propio rostro: su cara de verdad. Su cara que asusta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Eso, a grandes rasgos, estoy pensando en explicarle, a mi hijo, mientras termina su lista de cosas para comprar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;Es s&aacute;bado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Cu&aacute;ntos cuadernos? &mdash;pregunta.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Uno solo. Quiz&aacute;s sea todo lo que uses este a&ntilde;o &mdash;digo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s nos sentamos a hablar.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josefina Licitra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuaderno-buenos-aires_129_7378747.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Apr 2021 19:28:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un cuaderno para el Buenos Aires]]></media:title>
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