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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Roberto Gargarella]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/roberto-gargarella/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Roberto Gargarella]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una atroz lectura de la Constitución]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/atroz-lectura-constitucion_129_12195165.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ac00eb6b-f578-41b6-b2eb-259ca345dab2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una atroz lectura de la Constitución"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Senado evitó esta semana la posibilidad de una interpretación constitucional directamente atroz en su contenido y consecuencias, una propuesta impulsada por el Gobierno que volvió a poner a la democracia argentina al borde del abismo institucional.</p></div><p class="article-text">
        Quisiera hacer algunos breves comentarios sobre el important&iacute;simo hecho ocurrido esta semana, cuando <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/senado-rechazo-pliegos-candidatos-milei-corte-suprema-justicia_1_12191694.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Senado rechaz&oacute; los dos pliegos presentados por el Presidente en favor de dos candidatos para integrar la Corte Suprema</a> &ndash;dos candidatos que, luego, el Presidente pretendi&oacute; designar &ldquo;en comisi&oacute;n&rdquo; y por decreto&ndash;. La decisi&oacute;n del Senado, frente a la grav&iacute;sima e irresponsable maniobra presidencial, no era obvia (nunca estuvo claro que el Senado terminar&iacute;a por tomar una decisi&oacute;n semejante) y result&oacute; por tanto important&iacute;sima (aun cuando deba, todav&iacute;a, terminar de consolidarse). Perm&iacute;tanme, de todos modos, introducir la cuesti&oacute;n con un rodeo previo referido a la interpretaci&oacute;n constitucional, destinado a subrayar la relevancia de la decisi&oacute;n senatorial y la gravedad de la situaci&oacute;n institucional en la que nos colocara el Gobierno (con la ayuda, al menos, de uno de sus &ldquo;comisionados&rdquo;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ante todo: es <em>esperable y habitual</em> que las Constituciones generen debates acerca de c&oacute;mo deben ser interpretadas, en los casos concretos. Es <em>esperable</em> porque las Constituciones no son &ldquo;gu&iacute;as telef&oacute;nicas&rdquo; o &ldquo;tratados completos&rdquo;, es decir textos largu&iacute;simos que procuran cubrir todos los escenarios o conflictos posibles. Por el contrario, las Constituciones suelen contentarse con afirmar algunas reglas de juego b&aacute;sicas (los procedimientos de la democracia) y algunos valores fundamentales (libertad, igualdad, etc&eacute;tera). Y es <em>habitual </em>que las Constituciones generen debates interpretativos, dado que vivimos en sociedades plurales, caracterizadas por el hecho del desacuerdo. Quiero decir, en el marco de comunidades multiculturales, normalmente, disentimos: desacordamos sobre c&oacute;mo entender, por caso, las ideas de libertad e igualdad frente a casos como el del aborto o la protesta social. Ahora bien, nuestros esperables y habituales desacuerdos interpretativos no revisten siempre la misma dificultad. Algunos de nuestros desacuerdos los resolvemos muy f&aacute;cilmente. Por ejemplo, podemos disentir acerca del significado preciso de &ldquo;libertad de expresi&oacute;n&rdquo; pero tendemos a acordar f&aacute;cilmente en que la censura a una obra de teatro o de cine violenta la libertad de expresi&oacute;n. Del mismo modo que hay diferencias interpretativas f&aacute;ciles de resolver y otras muy complejas, hay desacuerdos interpretativos que nos refieren a posturas interpretativas m&aacute;s o menos razonables y otras &ndash;excepcionales&ndash; que nos colocan frente a lo extraordinario: postulaciones interpretativas &ndash;que llamar&eacute;, por su contenido e implicaciones&ndash; &ldquo;atroces&rdquo; o &ldquo;disparatadas&rdquo; (&ldquo;outrageous&rdquo;), a trav&eacute;s de las cuales algunos de los protagonistas del conflicto del caso terminan colocando a la comunidad al borde de una crisis o quiebre del sistema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, quiero postular que <strong>nos encontramos, en estos d&iacute;as, frente a un problema interpretativo </strong><em><strong>sencillo</strong></em><strong> de resolver, basado en propuestas interpretativas </strong><em><strong>atroces</strong></em><strong> o descomunales, que han vuelto a poner a la democracia argentina al borde del abismo institucional.</strong> En mi opini&oacute;n, son muy pocas las ocasiones en que un pa&iacute;s se enfrenta a conflictos semejantes. Pienso, por ejemplo, en el momento en que el equipo jur&iacute;dico de Carlos Menem (algunos de cuyos protagonistas volvimos a ver en estos tiempos de LLA) postul&oacute; la posibilidad de una &ldquo;tercera&rdquo; reelecci&oacute;n presidencial para Menem, aun cuando la Constituci&oacute;n que &eacute;l mismo hab&iacute;a hecho reformar poco tiempo antes autorizaba s&oacute;lo una reelecci&oacute;n. Pienso tambi&eacute;n en el caso de Evo Morales, quien procur&oacute; sortear su propia limitaci&oacute;n para ser reelecto (tambi&eacute;n, conforme a lo establecido por la Constituci&oacute;n que &eacute;l mismo hab&iacute;a prohijado) a trav&eacute;s de un &ldquo;plebiscito popular&rdquo; (destinada a dejar de lado la prohibici&oacute;n constitucional) y que, ante la derrota en el plebiscito, consigui&oacute; que el Tribunal Plurinacional lo autorizara a postularse, sosteniendo que, en caso contrario, se violaba su &ldquo;derecho humano&rdquo; a la reelecci&oacute;n. En tales casos, los oficialismos propusieron lecturas atroces o disparatadas de la Constituci&oacute;n, que pusieron a sus respectivos pa&iacute;ses directamente al borde de un quiebre institucional. Pues bien, en el caso de las designaciones en comisi&oacute;n impulsadas por el Presidente nos enfrentamos a una situaci&oacute;n semejante: un conflicto interpretativo sencillo de resolver, pero que nos coloca(ba) al borde de un quiebre del sistema (como dijeron algunos Senadores, de un &ldquo;golpe institucional&rdquo;). Concluyo, entonces, aclarando antes dos de las ideas reci&eacute;n expuestas: lo <em>sencillo</em> de la disputa interpretativa en juego y lo &ldquo;<em>atroz&rdquo;</em> de la propuesta interpretativa del Gobierno y, consiguientemente, de la crisis institucional frente a la cual nos dej&oacute; situados.
    </p><p class="article-text">
        El desacuerdo interpretativo que enfrentamos resulta, en efecto, &ldquo;<em>sencillo&rdquo;</em> de resolver. Ello es as&iacute;, entre otras razones, porque la Constituci&oacute;n del 94 naci&oacute;, en buena medida, para restringir los poderes presidenciales y plasm&oacute; dicho objetivo de muchos modos, y en particular a trav&eacute;s de cambios en las formas de elecci&oacute;n de los jueces. As&iacute;, incluy&oacute; un Consejo de la Magistratura para el caso de jueces inferiores (de modo tal de limitar a&uacute;n m&aacute;s la intervenci&oacute;n y discrecionalidad presidenciales), y exigencias de consenso/acuerdo alt&iacute;simas (dos tercios de los Senadores m&aacute;s &ldquo;sesi&oacute;n p&uacute;blica&rdquo;) para el caso de los jueces de la Corte. En tal sentido, quienes quieran (como en este caso) resolver las dudas interpretativas que pueda generarle la Constituci&oacute;n (por ejemplo, en cuando a su significado preciso a la hora de determinar el alcance del poder presidencial en materia de designaciones &ldquo;en comisi&oacute;n&rdquo;) haciendo primar un principio de &ldquo;mayor libertad o discrecionalidad del Ejecutivo&rdquo;, se est&aacute;n equivocando de Constituci&oacute;n. La Constituci&oacute;n naci&oacute; y se justific&oacute; a partir del objetivo exactamente opuesto, y as&iacute; lo dej&oacute; establecido en las reformas que expl&iacute;citamente incorpor&oacute; (por ejemplo, en materia de designaci&oacute;n de jueces). Todo lo anterior, sin necesidad de mencionar una cantidad de factores adicionales que refuerzan el car&aacute;cter disparatado de la interpretaci&oacute;n presidencial (las exigencias de la Constituci&oacute;n en materia de g&eacute;nero, los requerimientos de publicidad y diversidad establecidos por el vigente Decreto 222; el sentido rid&iacute;culo que pretendi&oacute; asign&aacute;rsele a los t&eacute;rminos &ldquo;receso&rdquo; o &ldquo;empleos&rdquo;, del art. 99 inc. 19; etc).
    </p><p class="article-text">
        El car&aacute;cter <em>&ldquo;atroz&rdquo;</em> de la propuesta interpretativa del Presidente (o, luego, de su comisionado Garc&iacute;a Mansilla) se reconoce, por un lado, en lo manifiestamente absurdo de pensar que puede resultar constitucional que (frente a una Constituci&oacute;n cada vez m&aacute;s exigente en cuanto a los niveles de acuerdo &ldquo;federal&rdquo; para la designaci&oacute;n de jueces de la Corte) el Presidente, &ldquo;si tiene ganas&rdquo;, y cuando vea que el Senado &ldquo;se va al receso&rdquo; (i.e., a fin de a&ntilde;o, cuando, seg&uacute;n el Gobierno y su candidato, deber&iacute;a dejar su cargo Garc&iacute;a Mansilla) vuelva a designar a un juez de la Corte por decreto, por otro a&ntilde;o, dado que &ldquo;se produjo una nueva vacante durante el receso del Senado&rdquo;&hellip; y as&iacute; por siempre. O tambi&eacute;n, en lo absurdo y muy grave que es que se le habilite al Ejecutivo una &ldquo;nueva v&iacute;a&rdquo; &ndash;una &ldquo;colectora&rdquo; sencilla y sin costos&ndash; para designar jueces que resultar&aacute;n &ldquo;amigos&rdquo; (o se mantendr&aacute;n s&oacute;lo si son &ldquo;amigables&rdquo;) dado que se tratar&iacute;a de jueces de la Corte con designaci&oacute;n precaria y dependiente de la confirmaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico. Nos encontrar&iacute;amos, por tanto, frente a una peculiar &ldquo;nueva v&iacute;a&rdquo; de designaci&oacute;n de jueces que, por lo dem&aacute;s, promover&iacute;a la emergencia de jueces plenamente dependientes del gobierno de turno.
    </p><p class="article-text">
        Esta posibilidad &ndash;la de una interpretaci&oacute;n constitucional directamente atroz en su contenido y consecuencias institucionales&ndash; es la que evit&oacute; el Senado, esta semana: el Senado (contra mis prejuicios) se mostr&oacute; a la altura de su misi&oacute;n, y cumpli&oacute; muy dignamente con su responsabilidad institucional. En todo caso, s&oacute;lo nos queda asegurar el pleno cumplimiento de esta crucial decisi&oacute;n senatorial, para despejar por completo, de nuestro horizonte institucional, la alternativa de un quiebre institucional.
    </p><p class="article-text">
        <em>RG/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Gargarella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/atroz-lectura-constitucion_129_12195165.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Apr 2025 22:02:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una atroz lectura de la Constitución]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra la Constitución, contra la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/constitucion-democracia_129_12086371.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f2bc3171-496b-4001-9652-8060503ef077_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra la Constitución, contra la democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La designación de dos jueces de la Corte por vía de decreto, no presenta la mínima duda: se trata de una medida completamente inválida, absolutamente inconstitucional. 
</p></div><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil y, debo admitirlo, molesto tambi&eacute;n, argumentar en contra de ciertas medidas de Gobierno &ndash;en este caso, la pretendida designaci&oacute;n por decreto de dos Jueces de la Corte&ndash; cuando el interlocutor principal, es decir el Gobierno, es consciente de que lo que ha hecho est&aacute; mal pol&iacute;tica, moral y legalmente. En todo caso, y para aquellos lectores que, desde su buena fe, quieran pensar sobre la cuesti&oacute;n, sugiero aqu&iacute;, brevemente, algunas ideas para la reflexi&oacute;n y el debate.
    </p><p class="article-text">
        Ante todo, se&ntilde;alo un principio interpretativo de la Constituci&oacute;n, que para m&iacute; es el m&aacute;s importante y que, en lo personal, sostengo desde hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os. Lo hago convencido de que nos permite terminar la discusi&oacute;n ya mismo, pero anunciado a la vez que todos los argumentos que presentar&eacute; despu&eacute;s son independientes de este que presento ahora (por lo cual, quien comparte &eacute;ste, mi &ldquo;principio interpretativo principal,&rdquo; puede esperar a ver si los siguientes argumentos s&iacute; lo convencen).&nbsp;
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        El &ldquo;principio interpretativo&rdquo; que defiendo es uno que la Corte de los Estados Unidos sostiene desde 1938 (desde el caso <em>Carolene Products</em>) cuando &ndash;en un ejercicio absolutamente excepcional en su historia&ndash; realiz&oacute; una meditaci&oacute;n (en la famosa nota al pie n.4 del fallo) acerca de los alcances y l&iacute;mites de su propia tarea. Entonces, la Corte sostuvo, b&aacute;sicamente, que la tarea del m&aacute;ximo tribunal exige que el mismo sea muy <em>deferente</em> (es decir, que asuma una actitud de <em>self-restraint</em>) frente a las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas <em>sustantivas</em> fijadas por los &oacute;rganos representativos (i.e., la pol&iacute;tica ambiental o de seguridad), pero que, a la vez, sea muy <em>activista</em>, en relaci&oacute;n con las decisiones de la pol&iacute;tica que afecten los <em>procedimientos o reglas de juego</em> de la democracia constitucional. Y esto, con un <em>twist</em> crucial, adicional: la idea es que la Corte, fundamentalmente, se prepare para <em>fulminar</em> (es decir invalidar, declarar inconstitucionales) las decisiones de la pol&iacute;tica que afecten las reglas de juego de un modo tal que beneficien al mismo gobierno que las promueve. Esto implica que, en principio, la Corte debe mirar <em>con la m&aacute;s alta sospecha o presunci&oacute;n de inconstitucionalidad &ndash;</em>en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, debe sujetar a un <em>escrutinio estricto&ndash;</em> a todas las medidas promovidas por el gobierno sobre las reglas procedimentales y destinadas a fortalecer su posici&oacute;n y/o dificultar la posici&oacute;n de quienes se le oponen para controlarlo o para reemplazarlo en el futuro. Salvo fuert&iacute;simo argumento en contrario, tales medidas deben ser declaradas inconstitucionales.
    </p><p class="article-text">
        Aclaro que mantengo esta postura no porque haya aparecido hace mucho en un fallo famoso o porque &ldquo;lo haya dicho alguna vez&rdquo; la Corte norteamericana, sino porque me resulta una postura absolutamente razonable para leer la Constituci&oacute;n ante casos dif&iacute;ciles o complejos. No necesito decir que existe un enorme apoyo doctrinario, desde hace d&eacute;cadas, en respaldo de esta postura en la teor&iacute;a constitucional (desde el <em>procedimentalismo </em>de Carlos Nino o John Ely, al <em>neo-procedimentalismo </em>que hoy muchos sostenemos, i.e., Stephen Garbaum; Rosalind Dixon; Aileen Kavanagh; etc.); y a&uacute;n &ndash;notablemente&ndash; en la teor&iacute;a pol&iacute;tica (Jurgen Habermas en su famosa obra <em>Facticidad y Validez</em>).
    </p><p class="article-text">
        Desde un prisma como el se&ntilde;alado &ndash;el principio interpretativo procedimentalista&ndash; un caso como el que se abre en la Argentina, con la designaci&oacute;n de dos jueces de la Corte por v&iacute;a de decreto, no presenta la m&iacute;nima duda: se trata de una medida completamente inv&aacute;lida, absolutamente inconstitucional. Nos encontramos, en efecto, con una medida promovida por el Gobierno contra las reglas de juego democr&aacute;tico ya establecidas en la Constituci&oacute;n y puramente destinada a fortalecer su propia posici&oacute;n. Punto final de la discusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, y para quienes &ndash;por buenas o malas razones&ndash; quieran complicar las cosas o no se conformen con lo que sostiene un principio como el se&ntilde;alado, me adentro ahora en algunas referencias sobre la dogm&aacute;tica argentina, ante el caso en cuesti&oacute;n. Al respecto, hay demasiado por decir, pero aqu&iacute; me contentar&eacute; con se&ntilde;alar s&oacute;lo algunos puntos que considero b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Ante todo, el art&iacute;culo constitucional que est&aacute; primeramente en cuesti&oacute;n es el 99 inc.19 (y vale prestar atenci&oacute;n a cada una de sus palabras) que sostiene que el Poder Ejecutivo <em>&ldquo;Puede llenar las vacantes de los empleos, que requieran el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de nombramientos en comisi&oacute;n que expirar&aacute;n al fin de la pr&oacute;xima Legislatura.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Veamos las ideas claves del art&iacute;culo. Ante todo, la Constituci&oacute;n autoriza nombramientos en comisi&oacute;n si las vacantes se produjeron &ldquo;durante su receso&rdquo; (el del Senado). Ello, a partir de un pasado temor, hoy muy poco relevante o inexistente: el de que durante el largo &ldquo;receso&rdquo; que ten&iacute;a la legislatura en tiempos pret&eacute;ritos (casi medio a&ntilde;o, de diciembre a mayo, digamos) se produjeran vacantes importantes que afectaran el buen funcionamiento del gobierno. M&aacute;s all&aacute; de que hoy ese temor no lo tenemos, lo fundamental es lo siguiente: las vacantes del caso no se produjeron &ldquo;durante el receso&rdquo; del Senado (la juez Highton dej&oacute; el cargo en el 2021), por lo cual no estamos en una situaci&oacute;n de &ldquo;angustia constitucional&rdquo; generada en este (breve) per&iacute;odo de receso (angustia que nos mueve a completar ya mismo, r&aacute;pidamente, las vacantes abiertas). Por el contrario, venimos debatiendo sobre la cuesti&oacute;n desde hace meses. En otros t&eacute;rminos, no tenemos una crisis abierta en estos &uacute;ltimos d&iacute;as, en que el Senado &ldquo;no est&aacute; en sesiones&rdquo;. Por tanto, otra vez, fin de la discusi&oacute;n: el riesgo que la Constituci&oacute;n quer&iacute;a evitar (la par&aacute;lisis del gobierno, por una vacante generada durante el receso legislativo de casi medio a&ntilde;o) hoy es un riesgo que no existe, que no se ha dado. Punto final.
    </p><p class="article-text">
        Para quienes todav&iacute;a sigan con dudas sobre esta argumentaci&oacute;n, conviene aclarar(les) que ser&iacute;a ins&oacute;lito pensar &ndash;bajo cualquier interpretaci&oacute;n m&iacute;nimamente sensata de la Constituci&oacute;n&ndash; que el texto haya querido abrir una ventana de oportunidad al &ldquo;Presidente ansioso&rdquo; para que aproveche el momento en que el Senado &ldquo;no est&aacute;&rdquo; (&ldquo;el Senado de vacaciones&rdquo;) y cumpla entonces todos los deseos insatisfechos, o todos los caprichos que no pudo hacer realidad, mientras el Senado estaba en sesiones: completamente absurdo.
    </p><p class="article-text">
        A los todav&iacute;a no convencidos, podemos decirles tambi&eacute;n algo sobre la idea de &ldquo;empleos que requieran el acuerdo del Senado&rdquo;, de los que habla el art&iacute;culo 99 inc. 19. All&iacute;, resulta sensato pensar que la Constituci&oacute;n est&aacute; haciendo referencia a &ldquo;empleos&rdquo; como los de los militares o los diplom&aacute;ticos, que requieren &ldquo;acuerdo del Senado&rdquo;. Por ejemplo, es razonable sostener que la Constituci&oacute;n no quiere que quede un ej&eacute;rcito &ldquo;descabezado&rdquo; por muchos meses porque el General tal falleci&oacute; y el Senado est&aacute; en receso: resulta completamente sensato, entonces, que el Presidente designe un nuevo General &ldquo;en comisi&oacute;n&rdquo; y por un tiempo breve. Sin embargo, y del mismo modo, resulta tremendamente contraintuitivo pensar que la Constituci&oacute;n se refiere tambi&eacute;n, con esa noci&oacute;n de &ldquo;empleos&rdquo;, a los jueces de la Corte. De ese modo, el juez que queda designado en &ldquo;comisi&oacute;n&rdquo; pasa a depender de la confirmaci&oacute;n de los poderes pol&iacute;ticos, para mantenerse en el cargo. Con lo cual &ndash;naturalmente, obviamente&ndash; ese juez va a hacer todo lo posible para congraciarse durante su &ldquo;mandato&rdquo; con el poder de turno, el poder dominante. &iexcl;Vaya idea de independencia judicial! (Es aqu&iacute; en donde la interpretaci&oacute;n &ldquo;procedimentalista&rdquo;, arriba se&ntilde;alada, vuelve a demostrar toda su fuerza).
    </p><p class="article-text">
        Para los que siguen dudando: lo dicho hasta aqu&iacute; deja de lado otra cuesti&oacute;n fundamental. Desde 1994 la Constituci&oacute;n que tenemos es &ldquo;otra&rdquo;, que ha establecido de manera muy clara, expl&iacute;cita y fuerte, nuevas reglas y procedimientos para la designaci&oacute;n de jueces: la intervenci&oacute;n del Consejo de la Magistratura para los jueces &ldquo;inferiores&rdquo;, mayor&iacute;as agravadas de dos tercios para los jueces de la Corte. Como sostuviera mi amigo y colega Gustavo Arballo, &ldquo;lo que antes era un &lsquo;caso general&rsquo; de &lsquo;empleo&rsquo; ahora es un caso especial que fue introducido en la reforma constitucional, y objeto espec&iacute;fico de sendos puntos expl&iacute;citos del Pacto de Olivos, alterando el modo de designaci&oacute;n de jueces de todas las instancias.&rdquo; Es decir, la pretensi&oacute;n de seguir leyendo dentro del t&eacute;rmino &ldquo;empleo&rdquo; del art. 99.19 a los jueces inferiores o de la Corte no toma en cuenta que el proceso para la designaci&oacute;n de los mismos vari&oacute; radicalmente desde 1994. Con lo cual, por lo dem&aacute;s, tambi&eacute;n pierden fuerza las alegaciones sobre fallos anteriores o experiencias comparadas, que antes de la reforma se pudieron usar como excusa o raz&oacute;n para defender la inclusi&oacute;n de &ldquo;jueces&rdquo; dentro de la categor&iacute;a se&ntilde;alada.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, para los no persuadidos y como argumento tambi&eacute;n decisivo, quisiera hacer una breve referencia a la cuesti&oacute;n <em>democr&aacute;tica</em>. Como dijera reci&eacute;n, a partir de la reforma de 1994, tenemos un proceso de designaci&oacute;n de jueces de la Corte que requiere el acuerdo del Poder Ejecutivo con una mayor&iacute;a agravada de &ldquo;dos tercios de los presentes&rdquo; en el Senado (&iexcl;!). Ello nos refiere a dos cuestiones claves (que nos invitan a retomar tambi&eacute;n las consideraciones procedimentalistas arriba se&ntilde;aladas). Por un lado, la Constituci&oacute;n del 94 hizo un movimiento expl&iacute;cito y muy firme destinado a limitar los poderes presidenciales, que consideraba desbordados (limitar el h&iacute;per-presidencialismo del que hablaba Carlos Nino fue, indudablemente, una de las razones que explican y justifican la reforma constitucional del 94). Es decir, los cambios establecidos sobre los modos de designaci&oacute;n de jueces no pueden sino ser le&iacute;dos en l&iacute;nea con la b&uacute;squeda constitucional de una limitaci&oacute;n en los poderes presidenciales. Por tanto, si tenemos dudas acerca de c&oacute;mo interpretar una determinada decisi&oacute;n, ah&iacute; encontramos la respuesta: contra la maximizaci&oacute;n de los poderes del Presidente. En sentido similar, y por otro lado, el cambio constitucional tambi&eacute;n debe leerse en referencia a las renovadas exigencias democr&aacute;ticas de la Constituci&oacute;n. Esto es decir: hoy, m&aacute;s que nunca, la Constituci&oacute;n exige un muy fuerte &ldquo;consenso federal&rdquo; en relaci&oacute;n con ciertas designaciones y decisiones. La Constituci&oacute;n ha introducido tales cambios (este nuevo &ldquo;&eacute;nfasis democr&aacute;tico&rdquo;) convencida de que las medidas del caso requieren del mayor respaldo a nivel nacional. A la luz de este tipo de apelaciones (muy) democr&aacute;ticas de la Constituci&oacute;n, la argumentaci&oacute;n ensayada por el Gobierno en el comunicado que busca respaldar su maniobra resulta insultante: el Senado no es el &ldquo;correveidile&rdquo; del gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Establecido lo anterior, valdr&iacute;a la pena dedicar un tiempo ahora para discutir la inconcebible, repudiable, &ldquo;teor&iacute;a constitucional&rdquo; que aparece resumida en las &uacute;ltimas l&iacute;neas del comunicado oficial. Por el momento, sin embargo, dejo esa excitante tarea para otra oportunidad: demasiado da&ntilde;o se nos ha hecho ya.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Gargarella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/constitucion-democracia_129_12086371.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Feb 2025 13:13:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra la Constitución, contra la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ariel Lijo,Manuel García-Mansilla,Javier Milei,Corte Suprema]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Periodismo de Milei: un nuevo desamparo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/periodismo-milei-nuevo-desamparo_129_11226958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0e80f5d-f404-4f97-a90a-571f952e99ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x0y0.jpg" width="1200" height="675" alt="Periodismo de Milei: un nuevo desamparo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La era de Milei restaura (con signo invertido) las peores prácticas del fanatismo comunicacional establecidas en los años kirchneristas: sólo se convoca a los partidarios del gobierno; y a los críticos sólo se los invoca para humillarlos. Sin piedad, sin matices.
</p></div><p class="article-text">
        Una de las peores heridas que dej&oacute; el kirchnerismo, sobre muchos de nosotros, tuvo que ver con el renacer de un miedo que hab&iacute;a resultado dominante en los a&ntilde;os violentos: <strong>el miedo al desamparo frente al poder, en medio de injusticias y arbitrariedades sin freno</strong>. Hablo de los miedos que de un modo u otro padecimos en los 70, y que fuimos disipando, de a poco, esperanzada e ingenuamente, durante los a&ntilde;os de la transici&oacute;n democr&aacute;tica. Entonces, nos ilusionamos pensando que, con el fin de la dictadura y la llegada de la primavera democr&aacute;tica, tomaban fuerza ciertas certezas compartidas, que ambiciosamente podr&iacute;amos asociar con el <em>Nunca M&aacute;s</em>. Pienso en ciertos acuerdos muy b&aacute;sicos que &ndash;pod&iacute;a creerse&ndash; hab&iacute;an pasado a formar parte del acervo com&uacute;n: una malla de contenci&oacute;n frente a ciertos males generados por el Estado. Me refiero, ante todo, a deberes vinculados con el respeto de los derechos humanos o, para decirlo de un modo ambicioso, con las reglas morales del juego democr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el kirchnerismo, muchos advertimos que los l&iacute;mites que hab&iacute;amos imaginado, no funcionaban. Y ello era as&iacute;, no porque se repitieran entonces aquellos horrores extremos que &ndash;uno piensa&ndash; s&oacute;lo ocurren con las dictaduras (la tortura cotidiana, la desaparici&oacute;n de personas). Lo que muchos sentimos en esa &eacute;poca fue que resultaban posibles (estaban all&iacute; nom&aacute;s, detr&aacute;s de la puerta) comportamientos que uno consideraba vedados: comportamientos que se situaban m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites colectivamente acordados. Result&oacute; posible entonces, que el poder de turno cometiera arbitrariedades o injusticias grav&iacute;simas (por ejemplo, convirtiendo al aparato del Estado en una maquinaria para la corrupci&oacute;n; o extorsionando a funcionarios de la justicia a trav&eacute;s de los servicios de inteligencia), y que un ej&eacute;rcito de comunicadores (en los medios p&uacute;blicos, en las redes) saliera a encubrir o directamente a justificar tales atrocidades. Segu&iacute;amos solos, y sin el tipo de protecciones que pod&iacute;a facilitarnos un periodismo m&aacute;s o menos independiente.
    </p><p class="article-text">
        La desilusi&oacute;n fue peor y m&aacute;s grave de lo que pensamos. Ante todo &ndash;ya lo he dicho&ndash; ve&iacute;amos que no se activaban aquellos acuerdos relacionados con los derechos humanos (el periodismo oficial pudo responder, ante el asesinato de un fiscal que acusaba a la presidencia, presentando informes que hablaban de la vida disipada que llevaba el muerto). Sin embargo, la apuesta por el camino del infierno aparec&iacute;a redoblada: al consenso de los derechos humanos hab&iacute;amos sumado, en los a&ntilde;os previos, otro acuerdo fundamental, derivado de los a&ntilde;os menemistas. Conocimos todos la temible corrupci&oacute;n menemista (capaz de volar un pueblo entero para encubrir un negociado), a trav&eacute;s de un periodismo de denuncia que &ndash;por modo propio&ndash; hab&iacute;a elegido como su bandera la de la denuncia y la lucha contra la corrupci&oacute;n estatal. Y muchos pensamos que, desde la oposici&oacute;n al poder desbordado, h&iacute;per-corrupto, se hab&iacute;a construida una muralla (otra, una nueva) s&oacute;lida y bien fundada. Pero no. Lo supimos enseguida: ni el pacto del <em>Nunca M&aacute;s</em> se activaba, ni se ve&iacute;an los rastros de la supuesta muralla erigida contra la corrupci&oacute;n menemista. La batalla anti-corrupci&oacute;n que se hab&iacute;a librado c&eacute;lebremente, desde el periodismo (batalla que hab&iacute;an liderado <em>P&aacute;gina 12</em> y algunos de sus periodistas insignes), parec&iacute;a terminada: las tropas ya no estaban. De pronto, <strong>los mismos medios, los mismos periodistas, que nos hab&iacute;an educado en el periodismo de denuncia contra el poder corrupto, nos se&ntilde;alaba burlonamente cuando habl&aacute;bamos de corrupci&oacute;n. </strong>&ldquo;&iquest;Corrupci&oacute;n? &iquest;De qu&eacute; corrupci&oacute;n me hablan?&rdquo;, nos dec&iacute;an. Esos medios y esos periodistas hab&iacute;an pasado, subrepticia, inesperadamente, a la vereda contraria, y se re&iacute;an a carcajadas de quienes os&aacute;bamos hablar del tema: &ldquo;honestistas&rdquo;, &ldquo;republicanos,&rdquo; nos insultaban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La s&iacute;ntesis hegeliana, la &ldquo;fase superior&rdquo; y m&aacute;s c&eacute;lebre de esa traici&oacute;n en marcha, la represent&oacute;, como sabemos, el programa <em>6,7,8.</em> All&iacute;, se despedazaba en p&uacute;blico, cada d&iacute;a, al que se animaba a pensar distinto; se lo humillaba frente a todo el resto, sin derecho de r&eacute;plica. Inolvidable: <em>bullying </em>en manada y con risas de fondo. Cada d&iacute;a y en horario central. La nueva <em>claque </em>del poder instaur&oacute; entonces dos medidas que convirti&oacute; en marcas de su propia pr&aacute;ctica. Primero: no puede invitarse a ninguna figura de la oposici&oacute;n, ni discutirse con ella (asumiendo que cualquier disidencia puede poner en crisis a todo el sistema). Segundo: la voz de los disidentes debe presentarse, pero en su ausencia, y para ser humillada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El punto de crisis que marc&oacute; ese periodismo del r&eacute;gimen fue tan bajo que, por ello mismo, otra vez, termin&oacute; por generar en muchos de nosotros una modesta esperanza: la de un periodismo que hab&iacute;a aprendido la lecci&oacute;n del fanatismo, el ocultamiento y el maltrato. La raz&oacute;n de esa modesta esperanza resid&iacute;a en que ahora (frente a un nuevo gobierno que a muchos de nosotros nos parece temible) pasaban a ocupar el centro de la escena p&uacute;blica muchos periodistas que hab&iacute;an sido abochornados, en los a&ntilde;os previos, por sus pares (escupidas sus fotos en las paredes). <strong>Ahora, los humillados y ofendidos del kirchnerismo iban a tener la posibilidad de hacer docencia. Pero no. No fue as&iacute;, sino lo contrario.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por tercera vez, uno se equivocaba, y de manera exagerada. La muralla de contenci&oacute;n que &ndash;pudimos pensar&ndash; luego de a&ntilde;os de escarnio hacia opositores, se hab&iacute;a formado &ndash;una muralla republicana, digamos&ndash; tampoco estaba. Por ello mismo, <strong>volvemos a encontrarnos hoy, para desgracia de todos, con un periodismo fan&aacute;tico, desatado, sin principios</strong>, dispuesto a ejecutar en patota sus linchamientos, pero con rostro humano, con la voz mejor modulada. La sustancia es igual: otra vez el <em>bullying </em>en el aire; y otra vez a burlarse del que habl&oacute; mal del Presidente, y a mostrar sus faltas, y a buscar sus errores, y a ridiculizarlo en masa, y a castigarlo en p&uacute;blico, y a re&iacute;rse en coro, sin derecho a r&eacute;plica. Los anticuerpos republicanos no funcionaron, al punto que &ndash;para sorpresa de muchos&ndash; volvieron a restaurarse (con signo invertido) las peores pr&aacute;cticas del fanatismo comunicacional establecidas en los a&ntilde;os kirchneristas: s&oacute;lo se convoca a los partidarios del gobierno; y a los cr&iacute;ticos s&oacute;lo se los invoca para humillarlos. Sin piedad, sin matices.
    </p><p class="article-text">
        La tragedia del tiempo no tiene que ver (o no tiene que ver, exclusivamente) con la presencia de dinero e intereses controlando los contenidos de lo que se expresa en los principales medios: eso ya lo sab&iacute;amos. La tragedia es que se trate s&oacute;lo o fundamentalmente de eso. Lo que asusta es que no haya l&iacute;mites: ni los que atribuimos al pacto por los derechos humanos; ni los de la denuncia frente a la corrupci&oacute;n de Estado; ni los propios de un b&aacute;sico republicanismo interesado en los &ldquo;frenos y contrapesos&rdquo;. Se trata de una desgracia que me animar&iacute;a a calificar como hist&oacute;rica: <strong>las patolog&iacute;as de ayer (el escarnio, la parcialidad sin matices, la agresi&oacute;n en masa), que atribu&iacute;amos a una banda de exaltados a sueldo, se ha convertido, de pronto, en la normalidad propia de cada nueva jornada. </strong>Seguimos solos, sin resguardos, a merced del poder descarnado: desamparados.
    </p><p class="article-text">
        <em>RG/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Gargarella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/periodismo-milei-nuevo-desamparo_129_11226958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Mar 2024 09:07:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Periodismo de Milei: un nuevo desamparo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reflexiones sobre un fallo que queda en la historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reflexiones-fallo-queda-historia_129_9776734.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b317889-72a1-477d-a423-5cae13ecc8d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reflexiones sobre un fallo que queda en la historia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El veredicto en la causa Vialidad es para el autor un hecho de enorme importancia: entre otras razones, ayuda a entender qué pasó en un período reciente y crucial de la historia argentina. ¿Cambio de época? Difícilmente: "Las condiciones favorables a la impunidad de los más poderosos son estructurales, y se encuentran intactas", dice.</p><p class="subtitle">CFK no irá presa ni quedará inhabilitada hasta que la sentencia sea firme
</p></div><p class="article-text">
        Quisiera hacer unos breves comentarios sobre el hist&oacute;rico proceso judicial que culmin&oacute; ayer. M&aacute;s all&aacute; de omisiones y montos de penas, <strong>lo que ocurri&oacute; es ya, de por s&iacute;, de enorme importancia. </strong>Ante todo, 1) la acusaci&oacute;n y el fallo nos ayudan a entender mejor lo que pas&oacute; durante un per&iacute;odo crucial, extendido y reciente de la historia argentina (<strong>la construcci&oacute;n de una matriz de corrupci&oacute;n, desde el Estado y con empresas privadas, durante el kirchnerismo)</strong>; 2) desde el estrado judicial, adem&aacute;s, <strong>se asignaron responsabilidades, </strong>dejando en claro qui&eacute;n, de entre los acusados, estuvo a cargo de qu&eacute;; y 3) el proceso se llev&oacute; adelante con <strong>pleno respeto de todas las garant&iacute;as de los acusados.</strong> Ello,<strong> </strong>m&aacute;s all&aacute; de las obvias y esperables quejas de los hoy condenados. Y todo eso con un plus: mientras que en el caso de Lula (el &ldquo;caso-espejo&rdquo; invocado por el kirchnerismo) el hoy presidente electo de Brasil qued&oacute; injustamente proscripto, luego del fallo; en la Argentina de hoy, CFK (con independencia de sus caprichos y mohines)<strong> puede ser candidata, por varios a&ntilde;os, a lo que quiera.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La segunda cuesti&oacute;n que plantear&iacute;a ser&iacute;a la siguiente: &iquest;Podr&aacute; estabilizarse la decisi&oacute;n? <strong>Es muy probable que s&iacute;.</strong> No hay razones jur&iacute;dicas ni pol&iacute;ticas para pensar que el fallo vaya a ser resistido, desde la justicia, en las instancias que faltan para que la decisi&oacute;n adquiera firmeza. &iquest;Y socialmente? Entiendo que, asimismo, <strong>est&aacute;n dadas las condiciones para que el fallo gane arraigo social, </strong>y que las resistencias que encuentra (o va a encontrar el fallo), a pesar de ser intensas, <strong>resultan finalmente escasas. </strong>Si se compara esta decisi&oacute;n con la otra decisi&oacute;n hist&oacute;rica, ocurrida dentro de la vida judicial del pa&iacute;s -el Juicio a las Juntas, de 1985- uno puede advertir que, entonces (en 1985), <strong>el acuerdo social en respaldo de la decisi&oacute;n era s&oacute;lido y casi un&aacute;nime.</strong> Hoy, en cambio, el compromiso social que se empieza a advertir, en torno al fallo, parece significativo pero, aunque mayoritario, resulta todav&iacute;a muy parcial:<strong> la &ldquo;construcci&oacute;n social&rdquo; de ese acuerdo colectivo contra la impunidad, todav&iacute;a est&aacute; por construirse. </strong>Sin embargo, es cierto tambi&eacute;n -y resulta decisivo saber- que el &ldquo;poder de fuego&rdquo; o amenaza que guardaban entonces los pocos &ldquo;enemigos&rdquo; del fallo (sobre todo, las camadas j&oacute;venes de oficiales del ej&eacute;rcito) resultaba entonces, como recordamos bien, muy intenso. Hoy, en cambio, los grupos que se oponen intensamente al fallo (incluyendo a una minor&iacute;a &ldquo;trumpista&rdquo;, en su delirio) <strong>aparecen pol&iacute;ticamente divididos y socialmente desprestigiados.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, me preguntar&iacute;a si -tal como han se&ntilde;alado algunos miembros presentes de la oposici&oacute;n- puede decirse que &ldquo;finalmente,&rdquo; llega un &ldquo;cambio de &eacute;poca&rdquo;, en materia de impunidad (&iquest;estamos frente a un quiebre hist&oacute;rico, que nos lleva hacia el fin de la impunidad del poder?). Dir&iacute;a que no: <strong>estamos muy lejos de ello. </strong>Las condiciones favorables a la impunidad de los m&aacute;s poderosos <strong>son estructurales, y se encuentran plenamente intactas</strong>. Como podemos ratificar cada d&iacute;a, a trav&eacute;s de las noticias que conocemos con horror, <strong>se advierte un acuerdo muy amplio, dentro de la clase dirigente</strong> (pol&iacute;ticos, empresarios, sindicalistas, jueces) dirigido a asegurar beneficios mutuos y autoprotecci&oacute;n. Y ese acuerdo trasciende ideolog&iacute;as (izquierda, derecha) y grupos pol&iacute;ticos (kirchneristas, antikirchneristas), y <strong>encuentra apoyo en las mentes jur&iacute;dicas m&aacute;s brillantes de nuestra comunidad </strong>(hoy, los grandes hacedores de la impunidad del poder). Lo que acaba de ocurrir, entonces, es el resultado (por un lado, s&iacute;), del hast&iacute;o social, pero tambi&eacute;n, decisivamente, el <strong>producto del excelente trabajo de una minor&iacute;a de fiscales y jueces </strong>(dentro de la cual destaca el brillante esfuerzo del fiscal Luciani y su joven grupo de asistentes). A ellos, entonces, y por tanto, nuestro mayor agradecimiento. Lo que han logrado, ya queda en la historia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Gargarella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reflexiones-fallo-queda-historia_129_9776734.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Dec 2022 15:43:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reflexiones sobre un fallo que queda en la historia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Condena por Vialidad,Cristina Fernández de Kirchner,Impunidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El derecho como una conversación entre iguales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/derecho-conversacion-iguales_1_8333120.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6645c48a-b4bc-46ab-8f7e-b7804e3b2ab5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El derecho como una conversación entre iguales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchas democracias aparecen recorridas por un temible fantasma: el hastío o la fatiga. La ciudadanía se muestra harta de sus instituciones, exhausta de sus representantes. Se habla de democracias que ya no “mueren” como antes, de un golpe de Estado, sino de muerte lenta, y a partir de un paulatino desmantelamiento que llevan a cabo, por medio de pasos legales, quienes han llegado a apropiarse del poder.  Ante este diagnóstico desalentador, Roberto Gargarella plantea explícitamente la gran pregunta leninista: ¿qué hacer? Aquí, un fragmento de "El derecho como una conversación entre iguales. Qué hacer para que las democracias contemporáneas se abran -por fin- al diálogo ciudadano" (Siglo XXI, 2021)</p></div><h3 class="article-text"><strong>1.&nbsp;Constitucionalismo&nbsp;y&nbsp;democracia</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>Un&nbsp;problema&nbsp;institucional,&nbsp;de&nbsp;car&aacute;cter&nbsp;estructural</strong>
    </p><p class="article-text">
        Escribo este trabajo en un momento pol&iacute;tico dif&iacute;cil (y en buena medida, a ra&iacute;z de ello). Vivimos en la &eacute;poca de la Primavera &Aacute;rabe; del &ldquo;Que se vayan todos&rdquo; argentino; del &ldquo;Occupy Wall Street&rdquo; en los Estados Unidos&ldquo;; del surgimiento de Syriza en Grecia y de Podemos en Espa&ntilde;a; de las movilizaciones y protestas masivas contra las autoridades de turno, en Catalu&ntilde;a o en Ecuador; de millones de personas en la calle pidiendo la renuncia del presidente Pi&ntilde;era en Chile. Muchas de nuestras democracias constitucionales aparecen recorridas por un temible fantasma: el fantasma del hast&iacute;o o de la fatiga de la ciudadan&iacute;a, que parece harta de sus instituciones, exhausta de sus representantes. Las ciencias sociales de este momento (en 2019, cuando escribo esta p&aacute;gina) aparecen dominadas por la idea del cansancio de cara a la democracia, que se vincula con el modo en que este sistema pol&iacute;tico resulta erosionado desde dentro, hasta quedar vac&iacute;o de contenido sustantivo. Se habla, entonces, de democracias que ya no mueren como antes de un solo golpe (un golpe de Estado, t&iacute;picamente), sino de muerte lenta, y a partir de un paulatino desmantelamiento por obra de  quienes han llegado a apropiarse del poder, y en sucesivos pasos, todos ellos legales en apariencia.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de esta paulatina degradaci&oacute;n del sistema de gobierno es conocido (y es lo que genera el cansancio). Hemos tendido a pasar del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, al gobierno de unos pocos, manejado por una minor&iacute;a y al servicio de los privilegiados. Nuestro sistema institucional (digo &ldquo;nuestro&rdquo;, pensando en el modelo constitucional que se extendi&oacute; en una mayor&iacute;a de pa&iacute;ses de Occidente, desde finales del siglo XVIII) parece un sistema &ldquo;capturado&rdquo;. Por ello, se repiten situaciones de perplejidad completa: autoridades que, con ropajes constitucionales, oropeles democr&aacute;ticos y ret&oacute;rica de los derechos humanos, act&uacute;an simple y c&oacute;modamente, a su antojo, como si las reglas que las limitan no estuvieran activas, como si los controles no existieran. Y todo hecho por medio de procedimientos burocr&aacute;ticos limpios, con atuendos formales y citas eruditas sobre el derecho.
    </p><p class="article-text">
        Escribo este libro frente a tal panorama desalentador, y procurando ayudar a una necesaria reflexi&oacute;n cr&iacute;tica para clarificar nuestras ideas, remover ciertas verdades asentadas, pensar una vez m&aacute;s lo que siempre repetimos. En este sentido, me interesar&aacute; en especial objetar lo que parte de las ciencias sociales afirma en estos tiempos, cuando vincula la crisis democr&aacute;tica en la que vivimos con las man&iacute;as o desventuras de alg&uacute;n l&iacute;der de esta coyuntura (digamos, Donald Trump, Jair Bolsonaro, Nicol&aacute;s Maduro, Daniel Ortega, Viktor Orb&aacute;n, Recep Erdo&#287;an) o con el circunstancial fracaso de un sistema institucional que hoy en d&iacute;a luce corrompido (el de la Argentina, Colombia, M&eacute;xico o Per&uacute;, con decenas de parlamentarios y l&iacute;deres pol&iacute;ticos procesados). En raz&oacute;n de tal tipo de enfoques &ndash;que aqu&iacute; considerar&eacute; equivocados&ndash;, muchos autores prominentes parecen apostar al cambio de gobernantes (&iexcl;<em>impeachment </em>a Trump!); o a la concreci&oacute;n de ajustes sobre el viejo modelo (restaurar el tradicional esquema de <em>checks and balances</em>, recuperar controles, restablecer v&aacute;lvulas de escape institucionales); o bien orientan sus esfuerzos a renovar las energ&iacute;as c&iacute;vicas de la ciudadan&iacute;a como modo de solucionar de forma m&aacute;s o menos definitiva el tipo de &ldquo;dramas&rdquo; pol&iacute;ticos de nuestra era.
    </p><p class="article-text">
        En este trabajo dir&eacute; que tales esperanzas resultan vanas, por varias razones que a lo largo del texto examinaremos. Ante todo, es un error asumir, como suele hacerse, que la apat&iacute;a pol&iacute;tica de la poblaci&oacute;n (en la medida en que exista) se deba a una falta de voluntad participativa de la ciudadan&iacute;a. M&aacute;s bien, ella debe entenderse como un <em>producto end&oacute;geno </em>del sistema institucional que tenemos. La &ldquo;apat&iacute;a ciudadana&rdquo; de la que tradicionalmente se habl&oacute; en los Estados Unidos no se advierte en las protestas que se reconocen a diario (desde Washington hasta Seattle); ni parec&iacute;a describir bien a una ciudadan&iacute;a que, en forma masiva, militaba casa por casa a favor de la elecci&oacute;n de Obama. En todo caso, lo que uno advierte &ndash;m&aacute;s que desinter&eacute;s por la pol&iacute;tica&ndash; es un sistema institucional que desalienta incluso el voto peri&oacute;dico, que se mantiene &ndash;todav&iacute;a hoy&ndash; como &uacute;nico canal institucional efectivo, favorable a la participaci&oacute;n democr&aacute;tica. De forma similar, en Am&eacute;rica Latina, la apat&iacute;a popular (de la que se habl&oacute;, durante d&eacute;cadas, para describir el contexto pol&iacute;tico en pa&iacute;ses como Brasil o Chile) aparece una y otra vez desmentida en la pr&aacute;ctica de nuestros d&iacute;as por manifestaciones cotidianas y masivas con las cuales la poblaci&oacute;n reclama activamente por sus derechos. Dichas manifestaciones ocurren, en todo caso, en contra de las limitaciones impuestas por sistemas institucionales todav&iacute;a restrictivos (ninguno superior, en toda la regi&oacute;n, al legado constitucional dejado por el dictador Pinochet, intacto hasta comienzos de nuestro siglo). Otra vez: si hay un problema al respecto, tiene que ver menos con las actitudes ciudadanas que con las acciones que las instituciones desalientan o impiden.
    </p><p class="article-text">
        Por lo dicho, me interesar&aacute; subrayar que <em>no debemos superponer los problemas de la democracia con los problemas del constitucionalismo </em>&ndash;algo que, a mi parecer, estamos haciendo&ndash;. El tipo de crisis que confrontamos tiene m&aacute;s que ver con un <em>d&eacute;ficit democr&aacute;tico </em>(el modo en que nuestras instituciones resisten y bloquean el poder de decisi&oacute;n y control ciudadanos) que con problemas propios del sistema interno de controles (los <em>checks and balances </em>de cada rama de gobierno sobre las otras). Lo dicho no niega lo que tambi&eacute;n existe &ndash;un socavamiento en ese sistema de frenos y equilibrios&ndash;; pero llama la atenci&oacute;n sobre el hecho de que tales problemas tienen sus bases en dificultades de m&aacute;s larga data y m&aacute;s profundo arraigo.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, los problemas con los que nos enfrentamos trascienden prop&oacute;sitos personales y coyunturas pol&iacute;ticas: necesitamos mirar m&aacute;s all&aacute; de las circunstancias actuales y de las personas que nos rodean. Me interesar&aacute; mostrar, entonces, que no basta con recambiar personas o realizar algunos arreglos t&eacute;cnicos (&ldquo;ajustar las tuercas del sistema&rdquo;), para recuperar aquello que se ha perdido y que hoy genera angustia o fatiga. En vez de eso, me interesa concentrar la atenci&oacute;n en aspectos m&aacute;s estructurales, vinculados con el tipo de instituciones que tenemos. En lo que sigue, de entre todas ellas, me centrar&eacute; especialmente en las instituciones propias de nuestras democracias constitucionales, no por asumir que ellas (nuestras bases constitucionales) representan necesariamente las instituciones m&aacute;s importantes con las que contamos, sino por considerar que ellas &ndash;en general poco tomadas en cuenta&ndash; merecen una atenci&oacute;n especial.
    </p><p class="article-text">
        Al respecto, a lo largo de este trabajo volver&eacute; una y otra vez a la idea de que el sistema institucional original ha quedado por completo desbordado (menciono nuevamente las extraordinarias manifestaciones que, en el momento en que redacto estas l&iacute;neas, se advierten en Chile, en Ecuador, en Bolivia, en Espa&ntilde;a). En nuestros d&iacute;as, dicho esquema de instituciones parece capaz de asegurarnos solo muy poco de lo que nos ofrec&iacute;a en ese momento fundacional (y que le permit&iacute;a, as&iacute;, legitimarse). Para que se entienda lo que digo: ni siquiera con un desempe&ntilde;o impecable, y con funcionarios altruistas y solidarios, el sistema institucional actual podr&iacute;a cumplir con sus ambiciosas promesas tempranas. Me refiero a sus promesas de inclusi&oacute;n, de representaci&oacute;n plena, de respeto de los derechos de las minor&iacute;as m&aacute;s postergadas, de reconocimiento a nuestra voz soberana. Como veremos, de entonces a hoy los cambios &ndash;en los hechos y en las ideas&ndash; han sido tantos y tan profundos que no deber&iacute;a sorprendernos el modo en que se expresa el drama de nuestro tiempo: unas instituciones que han quedado desbordadas &ndash;incapaces de estar a la altura de sus aspiraciones y promesas iniciales&ndash; y una sociedad que se reconoce crecientemente ajena, distante, desvinculada de ellas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Gargarella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/derecho-conversacion-iguales_1_8333120.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Oct 2021 11:56:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El derecho como una conversación entre iguales]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Política,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Irracionalidad, apuesta por el pasado y disposición destructiva, tres datos sobre el cambio de gabinete]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/irracionalidad-apuesta-pasado-disposicion-destructiva-tres-datos-cambio-gabinete_129_8317603.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/369c8fdc-d993-4e8b-90e1-e1f8df830a10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Irracionalidad, apuesta por el pasado y disposición destructiva, tres datos sobre el cambio de gabinete"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir del anuncio del viernes, Roberto Gargarella opina sobre lo que considera hay detrás de la decisión del gobierno nacional.</p></div><p class="article-text">
        En lo personal, segu&iacute; los cambios en el gabinete del Gobierno con angustia y espanto, pero la cuesti&oacute;n que interesa no es lo que alguien -como uno- sienta al respecto, sino lo que esos cambios pueden representar en esta &eacute;poca. Y sobre ello s&iacute; me interesar&iacute;a decir algo: sobre los datos estructurales o m&aacute;s permanentes que revelan estas acciones espasm&oacute;dicas y de coyuntura. Ante todo, mencionar&eacute; tres datos, vinculados entre s&iacute;, y que lo reci&eacute;n ocurrido revelar&iacute;an o reafirmar&iacute;an: la irracionalidad en el gobierno; la apuesta por revivir el pasado; y la disposici&oacute;n destructiva o suicida de la ex Presidenta y su c&iacute;rculo m&aacute;s estrecho (en particular, digamos por ahora, La C&aacute;mpora).&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Sobre lo primero, la irracionalidad. Contra el (ya insostenible) mito de la infalibilidad, destreza o lucidez estrat&eacute;gica de la vicepresidenta, lo que se vuelve a reconocer es el nivel de irracionalidad asombrosa que expresan sus decisiones m&aacute;s importantes -una irracionalidad que se verifica en la llamativa cantidad de derrotas sufridas por ella o sus &ldquo;elegidos,&rdquo; en las urnas, desde el 2007. La &uacute;ltima y notable muestra de esa irracionalidad est&aacute; en la respuesta pol&iacute;tica propuesta para responder a la derrota reciente: recurrir a los socialmente defenestrados An&iacute;bal Fern&aacute;ndez, Juan Manzur o Daniel Filmus -dirigentes hoy repudiados, por lo dem&aacute;s, a&uacute;n por los movimientos propios &ldquo;pro-derechos&rdquo; (el feminismo gubernamental, los movimientos sociales aliados, etc.). Aqu&iacute; es donde el rumbo ocasionalmente escogido toca una fibra estructural, y muestra el ins&oacute;lito -nunca antes visto- nivel de desconexi&oacute;n que existe entre dirigencia y ciudadan&iacute;a (ello as&iacute;, en parte, gracias a un sistema institucional derruido; y una profunda, injusta y desconocida desigualdad, que lo permea todo).
    </p><p class="article-text">
        Sobre lo segundo, la apuesta por el pasado. El recurso a funcionarios &ldquo;viejos&rdquo; -miembros del &ldquo;n&uacute;cleo duro&rdquo; del pasado kirchnerista- ofrece otra constante en el pensamiento de la ex Presidenta, y La C&aacute;mpora que la secunda: la apelaci&oacute;n a lo antiguo, a lo que tal vez sirvi&oacute; d&eacute;cadas atr&aacute;s. Es el tipo de irracional atraso que ofreci&oacute; en su momento el &ldquo;morenismo econ&oacute;mico&rdquo;, durante el gobierno de la ex Presidenta, esto es, tratar de enderezar la econom&iacute;a volviendo al 45, buscando re-encauzar las variables econ&oacute;micas dentro de una historia (de la postguerra) ya envanecida hace d&eacute;cadas, y hacerlo -contra la naturaleza y el tiempo- a los martillazos, o con una pistola sobre el escritorio. Ese estilo de reacci&oacute;n-reflejo que busca responder a problemas de hoy con soluciones de hace m&aacute;s de medio siglo (soluciones que, por tanto, inevitablemente fracasan) es sintom&aacute;tica. Sintom&aacute;tica de un pa&iacute;s cuyo sistema educativo se estanc&oacute; o muri&oacute;, y que se expresa tambi&eacute;n, en estos tiempos -triste y l&aacute;nguidamente- a trav&eacute;s de un funcionariado de formaci&oacute;n universitaria (Kicillof, Frederic) que muestra niveles de desactualizaci&oacute;n y torpeza que sorprenden.
    </p><p class="article-text">
        Sobre lo tercero, la vocaci&oacute;n destructiva o suicida de la ex Presidenta y su c&iacute;rculo. La &ldquo;carta&rdquo; de la actual vice al pa&iacute;s, o -mucho mejor- <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/diputada-vallejos-fdt-disculpo-filtrarse-audio-trata-presidente-hipocrita-mequetrefe-enfermo-ocupa_1_8310040.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los audios de Fernanda Vallejos</a>, expresan de un modo espectacular algunos rasgos temibles, y permanentes, propios de este n&uacute;cleo dirigencial en este tiempo. Se trata de expresiones de un radicalismo suicida, que en pos del propio inter&eacute;s (pongamos: reasumir al poder sin intermediaciones molestas) se muestra dispuesto a que todo estalle. Nada importa: &ldquo;por m&iacute;, que se vaya el gobierno al&hellip;&rdquo;, como expres&oacute; con brutal claridad Vallejos. La idea que ambas manifestaciones expresan es la de la vuelta al poder (c&oacute;rranse, as&iacute; volvemos nosotros, porque ustedes son &ldquo;inquilinos&rdquo; &ldquo;atornillados&rdquo; en el poder), a cualquier costo -el estallido, el colapso que arrase con todo y con quien se interponga en el medio. Este rasgo autodestructivo es, sin dudas, el m&aacute;s preocupante de entre los rasgos que hoy deja entrever la pol&iacute;tica, porque se trata del suicidio de quienes pilotean la nave com&uacute;n -talibanes de la Argentina hundida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este punto, otra vez, cuando removemos la hojarasca de las bravuconadas altisonantes, nos encontramos con una serie de promesas, sobre lo que viene, que dan miedo. Y es que la din&aacute;mica que se ha desatado, de enfrentamientos dentro del c&iacute;rculo estrecho del poder, se distingue -como dijera- por la irracionalidad que la mueve, las opciones fallidas que sistem&aacute;ticamente escoge, y los costos tr&aacute;gicos que est&aacute; dispuesta a hacernos pagar para afirmarse. La din&aacute;mica desatada augura tiempos tr&aacute;gicos sobre todos nosotros, porque se muestra insaciable -nada la conforma- y extrema -nada, dentro del c&iacute;rculo que decide, la contiene. Sus protagonistas sufrir&aacute;n nuevas derrotas pol&iacute;ticas en el corto plazo -de ello quedan pocas dudas- pero lo tr&aacute;gico es el camino, y all&iacute;, caminando, estamos todos, agobiados y golpeados.
    </p><p class="article-text">
        <em>RG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Gargarella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/irracionalidad-apuesta-pasado-disposicion-destructiva-tres-datos-cambio-gabinete_129_8317603.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Sep 2021 10:37:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Irracionalidad, apuesta por el pasado y disposición destructiva, tres datos sobre el cambio de gabinete]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gabinete,Cristina Fernández de Kirchner,Alberto Fernández,Fernanda Vallejos,La Cámpora]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La emergencia no da derechos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/emergencia-no-da-derechos_129_7899779.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/265ba3c8-a55a-453b-a81a-b182d5f44323_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La emergencia no da derechos"></p><p class="article-text">
        Desde el momento en que tuve acceso al fallo de la Corte, pens&eacute; que lo m&aacute;s importante del mismo no era lo que resultaba m&aacute;s visible -esto es-, las importantes aclaraciones hechas por la Corte sobre la autonom&iacute;a de la Ciudad y sobre las facultades de esta &uacute;ltima en materia educativa. Lo m&aacute;s relevante de lo decidido -pensaba- ten&iacute;a que ver con otro aspecto del fallo, presentado de un modo menos estridente tal vez, y relacionado con <strong>los l&iacute;mites que debe respetar el poder, tambi&eacute;n -sino sobre todo- cuando act&uacute;a en el marco de una crisis grave.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La especial relevancia de ese costado del fallo (la Corte como protectora de las reglas de juego democr&aacute;ticas, en particular frente a situaciones de emergencia) se hizo evidente a los pocos minutos de que lo conoci&eacute;ramos y a la luz de los extraordinarios comentarios que, en r&aacute;faga, presentaron la Vicepresidenta de la Naci&oacute;n, el Sr. Presidente, y el Ministro de Justicia. <strong>Como en una &oacute;pera bufa, en velocidad y subiendo cada uno el tono del anterior, se despacharon sobre lo decidido los m&aacute;s altos funcionarios pol&iacute;ticos con los que en el &aacute;rea contamos.</strong> El Ministro de Justicia, con su equilibrio y don de gentes habituales, habl&oacute; de &ldquo;fallo irresponsable&rdquo;; mientras que el Presidente habl&oacute; de un derecho &ldquo;decr&eacute;pito&rdquo;, frente a lo que enseguida agreg&oacute;: &ldquo;dicten las sentencias que quieran, vamos a hacer lo que debemos&rdquo; (en donde lo debido parece estar en directa contradicci&oacute;n con lo que dice el derecho seg&uacute;n la Corte). La gran ganadora de la contienda anti-institucional, de todos modos, fue la ex Presidenta, quien -sin matices- aceler&oacute; hasta inscribir a la sentencia en una nueva modalidad de &ldquo;golpes de estado&rdquo;. <strong>&iquest;Ser&aacute; necesario aclarar que vivimos en democracia, que rige la Constituci&oacute;n, que una decisi&oacute;n judicial en contra del poder establecido es de lo m&aacute;s alejado que existe de un golpe de estado? &iquest;Ser&aacute; necesario agregar que expresiones tales son impropias de cualquier ciudadano, y que resultan simplemente inaceptables en boca de quienes las pronunciaron? &iquest;Ser&aacute; necesario recordar que el golpe de estado es el crimen m&aacute;s alto y grave que denuncia la Constituci&oacute;n, y que las equiparaciones y referencias del caso constituyen instancias de desacato, de violencia institucional? &iquest;Ser&aacute; necesario demostrar que, aunque a veces lo parezca, no estamos en guerra, y que la funci&oacute;n de las m&aacute;ximas autoridades es la de asegurarnos la paz?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;¿Será necesario aclarar que vivimos en democracia, que rige la Constitución, que una decisión judicial en contra del poder establecido es de lo más alejado que existe de un golpe de estado?&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como nada parece importar a nuestros representantes; como a&uacute;n los principales responsables pol&iacute;ticos de la Naci&oacute;n se arrogan el derecho de insultar a la Constituci&oacute;n y disparar sobre el entramado institucional sobre el que est&aacute;n parados, es que la decisi&oacute;n de la Corte gana especial relevancia. Y ello as&iacute; porque, m&aacute;s all&aacute; de las diferencias y ausencia de fundamentos comunes que distinguen al fallo, todos sus firmantes dejan en claro que <strong>ninguna crisis ni pandemia pueden servir como excusa para que el Poder Ejecutivo tome irrazonables medidas restrictivas de derechos, o act&uacute;e en violaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n</strong>. Lo dicho se desprende de modo pr&iacute;stino de los tres votos que organizaron el fallo. Por un lado, el que firmaron conjuntamente Maqueda y Rosatti (ex convencionales constituyentes) se&ntilde;ala que las &ldquo;atribuciones regulatorias sanitarias de la Naci&oacute;n&rdquo; no implican el aval a todas las decisiones presidenciales que se tomen en nombre de la cuesti&oacute;n sanitaria (m&aacute;s precisamente, sostuvieron los dos magistrados, que no alcanza &ldquo;con la mera invocaci&oacute;n de la salud para sellar la validez&rdquo; de un cierto ejercicio regulatorio). Algo similar afirma Lorenzetti en su voto particular. Lorenzetti sostuvo que &ldquo;las medidas que se adopten deben respetar el estado de derecho y los derechos fundamentales,&rdquo; en consonancia con los estrictos l&iacute;mites definidos en su momento por la Corte Interamericana (Corte Interamericana que, en relaci&oacute;n con la pandemia, sostuvo la necesidad de que las medidas que se adopten sean limitadas temporalmente, proporcionales, estrictamente necesarias, y definidas conforme a criterios cient&iacute;ficos razonables). El voto m&aacute;s contundente en la materia, de todos modos, fue el que -tambi&eacute;n en soledad, otra vez en soledad- firm&oacute; el Presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz. <strong>Rosenkrantz no s&oacute;lo consider&oacute; inconstitucional el decreto Presidencial (el que restringi&oacute; la presencialidad en las escuelas), sino que dej&oacute; en claro los estrictos l&iacute;mites que demarcan cualquier decisi&oacute;n pol&iacute;tica tomada en emergencia</strong>. Rosenkrantz aclar&oacute; su visi&oacute;n al respecto a trav&eacute;s de m&uacute;ltiples consideraciones, entre las que se destacan las siguientes. Dijo el Presidente del Tribunal: que &ldquo;la emergencia no nos libera del poder regulativo del derecho&rdquo;; que las autoridades deben atender los problemas que plantea la pandemia &ldquo;dentro de los l&iacute;mites formales y sustantivos que les impone la Constituci&oacute;n&rdquo;; que &ldquo;la emergencia no es una franquicia para ignorar el derecho vigente&rdquo;; que no basta presentar a una decisi&oacute;n &ldquo;como eficaz&rdquo; para considerar que, &ldquo;por esa sola raz&oacute;n&rdquo; la medida resulta &ldquo;constitucionalmente admisible.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;Ninguna crisis ni pandemia pueden servir como excusa para que el Poder Ejecutivo tome irrazonables medidas restrictivas de derechos o actúe en violación de la Constitución&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Entonces, s&iacute; es cierto que el fallo de la Corte fue muy importante porque -de una vez por todas, y para siempre- dej&oacute; en claro que la Ciudad no puede ser &ldquo;tratada&rdquo; como lo era &ldquo;antes de la reforma del 94&rdquo;. Es cierto que el fallo es crucial, tambi&eacute;n, por el modo en que se refiri&oacute; al tema federal, y a la necesidad de evitar &ldquo;fricciones susceptibles de acrecentar los poderes del gobierno central en detrimento de las facultades reconocidas a la CABA&rdquo;. Es cierto, asimismo, que <strong>la Corte fij&oacute; un principio muy relevante, al decir que las decisiones que se tomen en materia federal, &ldquo;deben contar con la participaci&oacute;n de las partes involucradas&rdquo;</strong> (es decir: la Naci&oacute;n no puede seguir quitando recursos o facultades a una entidad aut&oacute;noma, sin el acuerdo expl&iacute;cito, abierto, de la parte afectada). Es cierto que el fallo fue muy relevante, adem&aacute;s, por determinar que la Ciudad, como cualquier provincia, tiene prioridad para definir su &ldquo;modalidad educativa&rdquo;. <strong>Es cierto que la decisi&oacute;n brill&oacute;, a&uacute;n, por su exigencia de que las decisiones pol&iacute;ticas durante la pandemia se encuentren fundamentadas y apoyadas en datos (algo que no advirti&oacute; en el decreto del gobierno, ni en su posterior defensa del mismo).</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, insisto, <strong>lo m&aacute;s relevante del fallo est&aacute; en otro lado, y reside en la idea de que la emergencia no nos libera de las limitaciones que define el derecho</strong>. Lo m&aacute;s relevante del fallo se encuentra en la afirmaci&oacute;n de que <strong>las invocaciones de la salud, los enfermos, la crisis, las camas ocupadas, la urgencia, la buena fe, el dolor de los argentinos, no constituyen raz&oacute;n ni justificativo suficiente para tomar decisiones violatorias de derechos, y en contradicci&oacute;n con los principios establecidos por la Constituci&oacute;n</strong>. Ello, por m&aacute;s de que el Ejecutivo entero grite al cielo y golpee de bronca la tierra.
    </p><p class="article-text">
        <em>RG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Gargarella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/emergencia-no-da-derechos_129_7899779.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 May 2021 10:19:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La emergencia no da derechos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Corte Suprema]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando Democracia y Constitución se dan la mano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/democracia-constitucion-dan-mano_129_7837349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b57ecc2-0057-4df4-960b-ebbecc3042af_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando Democracia y Constitución se dan la mano"></p><p class="article-text">
        Quisiera presentar algunos breves comentarios sobre los diversos conflictos suscitados por la reciente decisi&oacute;n presidencial de establecer nuevas restricciones de derechos ante la emergencia sanitaria. Pienso, en particular, en los anuncios que limitaron la circulaci&oacute;n nocturna, determinaron el cierre de las escuelas y dispusieron la movilizaci&oacute;n de las fuerzas de seguridad ante la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, se trata de uno de los tantos problemas frente a los cuales, lo que requiere el sentido com&uacute;n converge con lo que exige la Constituci&oacute;n, y tambi&eacute;n con lo que demandan nuestras m&aacute;s b&aacute;sicas intuiciones democr&aacute;ticas. Trato de explicar por qu&eacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta de la que parto es la siguiente: <strong>&iquest;qu&eacute; corresponde hacer frente a una situaci&oacute;n de extrema dificultad (como la que nos plantea hoy la pandemia), que puede exigir la limitaci&oacute;n de derechos fundamentales, que implica la toma de decisiones que impactan sobre millones de personas, que nos genera muchas dudas sobre c&oacute;mo actuar y que nos conduce a profundos desacuerdos? La respuesta (de sentido com&uacute;n) me parece obvia. Lo que debemos hacer es conversar y tratar de ponernos de acuerdo sobre nuestras diferencias, antes de tomar decisiones (tal vez bien intencionadas, pero) da&ntilde;osas en materia de derechos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece la convergencia entre democracia y Constituci&oacute;n. Primero: una conclusi&oacute;n como la referida (la de sentido com&uacute;n, la que nos demanda conversar y tratar de acordar sobre nuestros principales problemas compartidos) es la misma que nos exige el hecho de vivir en democracia (y cualquier teor&iacute;a democr&aacute;tica que nos proponga &ldquo;discutir entre todos los potencialmente afectados&rdquo;). Si estamos por tomar decisiones probablemente muy &ldquo;duras&rdquo;, que van a &ldquo;impactar&rdquo; sobre los derechos de tantos, lo que tenemos que hacer es dialogar y tratar de consensuar el mejor curso a seguir. Obvio: &ldquo;lo que afecta a todos debe ser decidido entre todos&rdquo; &iquest;Tan dif&iacute;cil es? De all&iacute; que resulte sorprendente hasta lo inconcebible que el Presidente (que se describe a s&iacute; mismo como alguien propenso a &ldquo;escuchar a todos&rdquo;) no haya acordado el referido anuncio siquiera con sus Ministros (a quienes termin&oacute; por ignorar y contradecir de modo llamativo); no haya convocado a quienes, por las decisiones del caso, iba a afectar seriamente (i.e., a trav&eacute;s del cierre de escuelas); ni haya discutido las medidas, p&uacute;blicamente, con los distintos gobiernos de Provincia. <strong>&iquest;C&oacute;mo no va a conversar con ellos? &iquest;Por qu&eacute; no? C&oacute;mo no hacerlo, cuando todos tenemos las mismas preocupaciones, y a la vez dudamos y desacordamos sobre los &ldquo;medios&rdquo; a emplear (frente a &ldquo;fines&rdquo; que en general compartimos)? &iquest;Qu&eacute; impide hacer lo que la vida democr&aacute;tica simplemente exige? &iquest;Por qu&eacute; decidir unilateralmente, y sin consultar al resto, cuando los riesgos de decidir mal y a las apuradas son tan altos, y las chances de cometer errores indeseados son evidentes?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece el derecho, y la citada convergencia entre &ldquo;democracia y Constituci&oacute;n.&rdquo; La Constituci&oacute;n -no por azar, sin dudas- repudia y resiste tanto como puede la posibilidad de que el Ejecutivo tome decisiones discrecionales. Lo dice de modo pr&iacute;stino e indubitable, en un art&iacute;culo clave (el art. 99 inc. 3, referido a los poderes del Presidente). Dice la Constituci&oacute;n: &ldquo;El Poder Ejecutivo no podr&aacute; en ning&uacute;n caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de car&aacute;cter legislativo. Solamente (podr&aacute; hacerlo) cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los tr&aacute;mites ordinarios previstos por esta Constituci&oacute;n para la sanci&oacute;n de las leyes&rdquo;. Subrayo lo dicho: <strong>el Presidente no puede emitir disposiciones legislativas en ning&uacute;n caso</strong>. Ello as&iacute;, <strong>bajo pena de nulidad absoluta e insanable</strong>. Salvo que las circunstancias excepcionales hagan imposible que el Congreso legisle. <strong>Insisto: Nunca.</strong> En ning&uacute;n caso. Jam&aacute;s mientras el Congreso funcione. Conviene advertirlo: <strong>lo que requiere la Constituci&oacute;n, para estos casos extremos, es lo mismo que pide el sentido com&uacute;n, y lo mismo que nos demanda nuestro compromiso democr&aacute;tico: esas decisiones deben ser acordadas con la oposici&oacute;n, en el Congreso.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La Constitución -no por azar, sin dudas- repudia y resiste tanto como puede la posibilidad de que el Ejecutivo tome decisiones discrecionales.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Para no aburrir al lector, no voy a abundar aqu&iacute; sobre el derecho, citando otras disposiciones fundamentales para el caso, y que tambi&eacute;n contradicen lo dispuesto por el Presidente. Menciono, simplemente, que la Ley de Seguridad Interior no faculta al Presidente a disponer el despliegue de las fuerzas de seguridad que ha propuesto, mucho menos sin el consenso y, sobre todo, sin el requerimiento previo del Gobernador (o Jefe de la Ciudad) del caso. Y remito, por lo dem&aacute;s, a las disposiciones derivadas de la &ldquo;Ley Cafiero&rdquo;, relativas a la autonom&iacute;a de la Ciudad, en particular las atinentes a la administraci&oacute;n escolar, que (seg&uacute;n dicha ley restrictiva) quedan en atenci&oacute;n prioritaria de las autoridades locales. Otra vez: todo el derecho del que disponemos nos conduce al mismo tipo de conclusiones -las que la democracia reclama.
    </p><p class="article-text">
        Concluyo mencionando algunas objeciones posibles frente a lo dicho. Ante todo, alguien podr&iacute;a atacar lo expuesto vociferando, como varios lo han hecho: &ldquo;&iexcl;Es que estamos en emergencia! &iquest;Si no es ahora cu&aacute;ndo (cu&aacute;ndo va a poder decidir por s&iacute; solo el Presidente)?&rdquo; La respuesta es simple (y ya la conocemos). Primero, la Constituci&oacute;n no es para nada &ldquo;ciega&rdquo; frente a las emergencias, y por ello especifica los modos y procedimientos con los que actuar, ante casos extremos (volver a leer el art. 99 inc.3). Por ejemplo: frente a un tsunami, o un terremoto, o un &ldquo;s&uacute;bito ataque exterior&rdquo; que haga &ldquo;imposible&rdquo; la reuni&oacute;n del Congreso, el Ejecutivo podr&iacute;a tomar decisiones legislativas por su cuenta. Claro que s&iacute;. Por el contrario, si el Congreso est&aacute; abierto y funciona, no. <strong>La Constituci&oacute;n</strong> se muestra &ldquo;sabia&rdquo;, al llegar a tal conclusi&oacute;n: ella <strong>reconoce la existencia de emergencias, y a la vez entiende bien que son muy altos los riesgos de decidir mal en tales casos (y altos los costos esperables), por decidir de forma apurada, de modo inconsulto y discrecionalmente.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La Constitución reconoce la existencia de emergencias, y a la vez entiende bien que son muy altos los riesgos de decidir mal en tales casos.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Alguien podr&iacute;a descalificar lo dicho dici&eacute;ndonos: <strong>&ldquo;&iexcl;Ingenuo! &iquest;&iexcl;No te das cuenta de que con esta oposici&oacute;n oportunista y furiosa no se puede acordar nada!?&rdquo; Otra vez, la respuesta no parece dif&iacute;cil</strong>. Por un lado, el hecho de que la oposici&oacute;n pol&iacute;tica act&uacute;e pol&iacute;ticamente (buscando contradecir, antes que aplaudir, al gobierno de turno) es algo obvio, tal vez triste, y en buena medida esperable. Se trata de un hecho que, en parte, deriva del (mal) dise&ntilde;o institucional con el que contamos (un presidencialismo fuerte que promueve el conflicto y desalienta la cooperaci&oacute;n), y con el que (innecesariamente, por insistir con la l&oacute;gica presidencialista) convivimos desde hace d&eacute;cadas. Pero lo m&aacute;s importante es que, en las actuales circunstancias, la queja del caso se muestra falsa: <strong>apenas meses atr&aacute;s, en el peor momento de la pandemia, el Presidente dialogaba permanentemente con la oposici&oacute;n</strong>. Entonces (el Congreso permanec&iacute;a todav&iacute;a cerrado), se llegaron a acuerdos importantes (recuerdo, por caso, a un l&iacute;der oposici&oacute;n llamando al Presidente &ldquo;nuestro comandante en esta batalla&rdquo;). Tales acuerdos, por lo dem&aacute;s, redundaron en alt&iacute;simos beneficios pol&iacute;ticos para la figura presidencial. Afirmar hoy, entonces, ligeramente, y como un hecho, que el &ldquo;di&aacute;logo es imposible&rdquo; con esta oposici&oacute;n es, cuanto menos, muy dudoso: las pruebas de lo contrario est&aacute;n muy cerca, a la vuelta del calendario. Retrucar que &ldquo;hoy es distinto&rdquo;, &ldquo;hoy la oposici&oacute;n est&aacute; peor,&rdquo; tampoco es cre&iacute;ble. Fue posible conversar con ella hace diez meses, es posible conversar hoy.
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, aunque los requerimientos que nos plantea nuestra democracia constitucional, ante esta emergencia, resulten obvios, plausibles, y posibles, mi conclusi&oacute;n es esc&eacute;ptica. <strong>Estamos en un momento en donde los principales miembros de nuestras &ldquo;minor&iacute;as intensas&rdquo; se muestran impermeables a la raz&oacute;n, y resistentes al di&aacute;logo,</strong> y donde cualquiera encuentra en su &ldquo;opositor&rdquo; el &ldquo;horror&rdquo; que desea encontrar &ldquo;de ese lado contrario.&rdquo; Es una pena, y augura tiempos todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;ciles, pero no veo otra alternativa que la de seguir apostando por la conversaci&oacute;n democr&aacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        <em>RG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Gargarella]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/democracia-constitucion-dan-mano_129_7837349.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Apr 2021 18:26:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando Democracia y Constitución se dan la mano]]></media:title>
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