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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Carlos Fernando López de la Torre]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/carlos-fernando-lopez-de-la-torre/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Carlos Fernando López de la Torre]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El asesinato del Padre Mugica: certezas y dudas (y errores), una respuesta a Hugo Vezzetti]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/asesinato-padre-mugica-certezas-dudas-errores-respuesta-hugo-vezzetti_129_7983107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e382e8c9-3a3a-4cec-bddc-b4ef8d490731_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El asesinato del Padre Mugica: certezas y dudas (y errores), una respuesta a Hugo Vezzetti"></p><p class="article-text">
        Hugo Vezzetti es un referente destacado para varias camadas de investigadores e investigadoras del pasado reciente y los estudios sobre memoria en Argentina, entre quienes nos incluimos. Su obra atraviesa discusiones centrales sobre la lucha armada, la represi&oacute;n, el peronismo y la memoria, entre otras preocupaciones intelectuales. Nuestro respeto hacia su trabajo se expresa de diversas formas, aunque tal vez aqu&iacute; preferimos destacar una: <strong>el uso que le hemos dado para nuestras propias investigaciones, siendo una fuente de inspiraci&oacute;n inagotable. </strong>Esta respuesta cr&iacute;tica a <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/padre-mugica-mito-historia_129_7955995.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su art&iacute;culo sobre el asesinato del sacerdote Carlos Mugica, publicado el domingo pasado en este medio</a>, surge de una voluntad de abrir algunos ejes de discusi&oacute;n, antes que de clausurarlos. Nuestra idea central es que cualquier an&aacute;lisis sobre los usos del pasado y la memoria debe sostenerse sobre bases hist&oacute;ricas s&oacute;lidas; en caso contrario, se corre el riesgo de que el intento se vea malogrado y lleve a equ&iacute;vocos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La nota de Vezzetti pone en un pie de igualdad la evidencia que existe sobre la autor&iacute;a del crimen del padre Mugica por parte de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) con las conjeturas (y errores diversos que mostraremos) que lo vinculan a Montoneros. </strong>En efecto, se afirma que &ldquo;sobran los testimonios y las intervenciones que adjudican el crimen a Montoneros o a la Triple A&rdquo;. No obstante, es fundamental hacer una valoraci&oacute;n detallada de esas fuentes. Volvamos a la coyuntura de los acontecimientos. Es cierto que el asesinato de Mugica, ocurrido un 11 de mayo de 1974 mientras sal&iacute;a de oficiar una misa en el barrio porte&ntilde;o de Villa Luro, qued&oacute; envuelto en el misterio desde el primer momento. Ninguna organizaci&oacute;n o persona se lo atribuy&oacute; y tampoco se pudo dar en ese entonces con los autores materiales.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n mat&oacute; al sacerdote? Los &uacute;ltimos meses de Mugica hab&iacute;an sido testigos de su ruptura con Jos&eacute; L&oacute;pez Rega y del alejamiento del Ministerio de Bienestar Social en agosto de 1973, donde sol&iacute;a trabajar como asesor. Para mayo de 1974, cuando era evidente la ruptura de Juan D. Per&oacute;n con Montoneros, se sumaron las desavenencias con la organizaci&oacute;n guerrillera peronista respecto a sus intentos de continuar la lucha en el marco de un gobierno constitucional. Producido el asesinato, desde la revista <em>El Caudillo de la Tercera Posici&oacute;n</em>, que oficiaba de vocero ideol&oacute;gico de la Triple A y otros sectores de la derecha peronista, sostenida materialmente por L&oacute;pez Rega, se ech&oacute; a rodar desde el primer momento la versi&oacute;n de que los responsables de su muerte hab&iacute;an sido los Montoneros.
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                Tapa de El Caudillo responsabilizando a la Tendencia revolucionaria del peronismo y específicamente a Montoneros del asesinato                            </span>
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        La &ldquo;hip&oacute;tesis montonera&rdquo; se fundamentaba en el desencuentro que Mugica tuvo con la organizaci&oacute;n guerrillera por la continuidad de la lucha armada bajo un gobierno constitucional y peronista. Sin embargo, las fuentes de esa hip&oacute;tesis no superan el &aacute;mbito de las conjeturas que circularon en la &eacute;poca. Como plantea el mismo Vezzetti, existen testimonios de conocidos de Mugica que manifestaron la preocupaci&oacute;n del sacerdote de sufrir una potencial agresi&oacute;n por parte de Montoneros, en especial tras la &ldquo;ruptura&rdquo; de &eacute;stos con Per&oacute;n al iniciar mayo de 1974. El problema est&aacute; en asumir que tales declaraciones ofrecen una verdad <em>ipso facto</em>. No es lo mismo recuperar los dichos de Jacobo Timerman o los posteriores de Antonio Cafiero, para ilustrar las sospechas que hab&iacute;a en ciertos c&iacute;rculos pol&iacute;ticos respecto de la autor&iacute;a montonera que sostener, como lo hace Vezzetti, que en la palabra del due&ntilde;o del diario <em>La Opini&oacute;n</em> se encuentra la evidencia irrefutable de que a Mugica lo mat&oacute; la guerrilla peronista, solo porque se asume que la conducci&oacute;n nacional montonera no pod&iacute;a ser ajena a las supuestas amenazas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Veamos qu&eacute; ocurre cuando nos enfocamos en la &ldquo;hip&oacute;tesis de la Triple A&rdquo;. En la nota de Vezzetti, se le presta poca atenci&oacute;n al conflicto sostenido por Mugica cuando trabaj&oacute; como asesor en el Ministerio de Bienestar Social a mediados de 1973.</strong> Sin embargo, se trata de un punto clave para entender qu&eacute; fue lo que pas&oacute;. El motivo de las desavenencias con el todopoderoso ministro L&oacute;pez Rega ten&iacute;a que ver con la ambici&oacute;n de &eacute;ste de captar de forma clientelar a la poblaci&oacute;n villera con su pol&iacute;tica de reasentamientos, contraria a la postura de Mugica de hacerla part&iacute;cipe activa en la edificaci&oacute;n de las nuevas viviendas. Frente a su renuncia a las asesor&iacute;as, L&oacute;pez Rega lo acus&oacute; de querer estafar al gobierno, a lo que el padre respondi&oacute; refiri&eacute;ndose al ministro como un individuo necesitado de &ldquo;adulaci&oacute;n y servilismo&rdquo;.
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            </figure><p class="article-text">
        De acuerdo con Mart&iacute;n de Biase, bi&oacute;grafo de Mugica y una de las fuentes de consulta de Vezzetti, a partir de ese momento el sacerdote empez&oacute; a recibir amenazas de muerte. La m&aacute;s conocida hab&iacute;a sido emitida en diciembre de 1973 desde las p&aacute;ginas de <em>El Caudillo de la Tercera Posici&oacute;n</em>, en donde se le acus&oacute; de &ldquo;adoctrinar mentes cristianas al servicio del marxismo y ser ap&oacute;stol de la violencia armada&rdquo;. Resulta llamativo que tal documento est&eacute; ausente en la nota de Vezzetti; aunque m&aacute;s llamativo es que, para argumentar la posible responsabilidad de Montoneros, menciona un art&iacute;culo de la revista <em>Militancia Peronista para la Liberaci&oacute;n</em>, que seg&uacute;n &eacute;l &ldquo;respond&iacute;a a la organizaci&oacute;n&rdquo;, donde colocaban al sacerdote &ldquo;en la c&aacute;rcel del pueblo&rdquo;. El problema es que esta publicaci&oacute;n no pertenec&iacute;a a Montoneros, sino que estaba vinculada al Peronismo de Base y era dirigida por Rodolfo Ortega Pe&ntilde;a y Eduardo Duhalde, siendo cada vez m&aacute;s cr&iacute;tica del gobierno peronista y tambi&eacute;n de Montoneros. Adem&aacute;s, el hecho de figurar en la secci&oacute;n &ldquo;c&aacute;rcel del pueblo&rdquo; no equival&iacute;a a una sentencia de muerte en absoluto: del relevamiento de todas las figuras que se nombran all&iacute; se desprende que el &uacute;nico asesinado de la lista fue Mugica. Aun si consider&aacute;ramos que <em>Militancia</em> hubiera sido una revista de Montoneros, de todas formas no podr&iacute;amos encontrar all&iacute; la prueba de la autor&iacute;a del asesinato por parte de esta organizaci&oacute;n: m&aacute;s bien hallar&iacute;amos lo contrario, a saber, que las personas nombradas en realidad no fueron atacadas, por lo que se deber&iacute;a suponer que las balas provinieron de otro lugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este no es el &uacute;nico error que sostiene Vezzetti en su art&iacute;culo. Extra&ntilde;amente, se advierte desde el inicio que &ldquo;si el asesinato no est&aacute; esclarecido es porque nunca se ha hecho nada, desde la justicia y el Estado, en los muchos a&ntilde;os de gobiernos peronistas, para esclarecerlo&rdquo;. Y m&aacute;s tarde, el autor agrega: &ldquo;Dado que la investigaci&oacute;n ha sido nula o deficiente, s&oacute;lo caben las conjeturas&rdquo;. Como historiadores especializados en historia reciente, sus frases nos resultan bastante desconcertantes. <strong>&iquest;Ignora acaso Vezzetti que s&iacute; hubo un esfuerzo decidido por esclarecer el asesinato de Mugica, puntualmente a partir de la reapertura de la causa judicial de la Triple A en 2006, bajo el gobierno de N&eacute;stor Kirchner, es decir, un gobierno peronista? </strong>Por instrucci&oacute;n del juez Norberto Oyarbide, los cr&iacute;menes de la Triple A fueron considerados de &ldquo;lesa humanidad&rdquo; e imprescriptibles. Esta resoluci&oacute;n permiti&oacute; incorporar el caso Mugica a los incidentes que investigaba la causa, pese a la muerte de sus implicados directos, como L&oacute;pez Rega, fallecido a fines de los a&ntilde;os ochenta. La reapertura de la causa estuvo acompa&ntilde;ada por la detenci&oacute;n a fines de 2006 de Rodolfo Almir&oacute;n, viejo custodio de L&oacute;pez Rega en Bienestar Social y miembro de la Triple A que particip&oacute; en el atentado que acab&oacute; con la vida del sacerdote. Aunque Almir&oacute;n muri&oacute; en prisi&oacute;n en 2009, el crimen contin&uacute;a entre las imputaciones a los procesados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por la Triple A.
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            <span class="title">
                Rovira, Almirón y un conductor en actos de servicio                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La ausencia de una condena judicial parece habilitar a Vezzetti a revisitar la muerte de Mugica a partir de interpretaciones sesgadas. Esto resulta interesante, ya que realiza una lectura contraf&aacute;ctica sobre la culpabilidad de Montoneros como una verdad comprobada, basado en un enfoque muy problem&aacute;tico: una hip&oacute;tesis que confunde supuestos con evidencias y que se construye a partir de un manejo de datos de forma selectiva y a conveniencia, lo cual termina forzando sus argumentos hasta hacerlos dif&iacute;ciles de sostener, m&aacute;s en comparaci&oacute;n con las evidencias hist&oacute;ricas y judiciales que corroboran la responsabilidad de la Triple A en el crimen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El testimonio m&aacute;s fehaciente de la autor&iacute;a de la Triple A (incorporado a la causa judicial) pertenece a Ricardo Capelli, amigo de Mugica que estuvo presente en el momento de su asesinato, logrando sobrevivir a pesar de recibir varios tiros. Capelli identific&oacute; a Almir&oacute;n como el autor de los disparos, gracias a que tanto &eacute;l como Mugica lo conoc&iacute;an de visitar el Ministerio de Bienestar Social por las asesor&iacute;as. Sin embargo, guard&oacute; silencio sobre el hecho y fue v&iacute;ctima de un hostigamiento basado en amenazas de muerte a su familia, el cual logr&oacute; sumirlo en el miedo hasta la d&eacute;cada de 1990, <a href="http://www.archivoinfojus.gob.ar/provinciales/mugica-un-crimen-impune-y-una-causa-judicial-en-via-muerta-1666.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuando finalmente aport&oacute; su testimonio a la justicia y la sociedad</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Este dato pone en serias dudas la conjetura de Vezzetti sobre la posibilidad de que &ldquo;en el instante &uacute;ltimo, cuando daba la vida por su causa, el Padre Mugica no supiera de d&oacute;nde part&iacute;an las balas&rdquo;. En realidad, si se trata de hacer aseveraciones de este tipo, tenemos mayor cantidad de elementos para suponer que, al igual que Capelli, el padre tambi&eacute;n pudo haber visto a Almir&oacute;n al momento de recibir la r&aacute;faga de ametralladora, por lo que s&iacute; debi&oacute; saber &ldquo;de d&oacute;nde part&iacute;an las balas&rdquo;. <strong>Los ejercicios contraf&aacute;cticos sin sustento emp&iacute;rico alguno est&aacute;n lejos de contribuir al mejor conocimiento de la historia: en este caso, solo sirven para confundir y sembrar dudas sobre un hecho sobre el que tenemos importantes certezas: por ejemplo, el autor.&nbsp;</strong>
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                    alt="López Rega en el casamiento de Rodolfo Almirón, autor de los disparos que segaron la vida de Mugica"
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                López Rega en el casamiento de Rodolfo Almirón, autor de los disparos que segaron la vida de Mugica                            </span>
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        Los errores, voluntarios e involuntarios, est&aacute;n conectados con la historia del crimen de Mugica desde el comienzo. Producido el asesinato, la Polic&iacute;a Federal se encarg&oacute; de entorpecer la investigaci&oacute;n de oficio, en consonancia con las amenazas contra el sobreviviente Capelli y la campa&ntilde;a de confusi&oacute;n y desinformaci&oacute;n lanzada por <em>El Caudillo</em>. La fuerza realiz&oacute; un identikit del asesino, present&aacute;ndolo como un hombre joven y solo con bigote. Sin embargo, la prensa de la &eacute;poca entrevist&oacute; a varios testigos del crimen, quienes mencionaron que el ejecutor era &ldquo;un hombre con bigote y barba espesa&rdquo;, perfil que se ajusta con las im&aacute;genes de &eacute;poca que poseemos de Almir&oacute;n. A la luz de lo que sabemos hoy, resulta claro que la polic&iacute;a trat&oacute; de encubrir los hechos: esto no deber&iacute;a sorprender a nadie, ya que en ese momento quien estaba a cargo de la Polic&iacute;a Federal era Alberto Villar, miembro destacado de la Triple A.
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                Identikit del asesino de Carlos Mugica, difundido por la Policía Federal Argentina                            </span>
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        <strong>La Triple A asesin&oacute; a Mugica con el objetivo de asestar un golpe a Montoneros. </strong>A la fecha del crimen, la organizaci&oacute;n paraestatal peronista todav&iacute;a era desconocida para la mayor&iacute;a de los argentinos; en cambio, los desencuentros de Mugica y Montoneros eran de conocimiento p&uacute;blico. La Triple A aprovech&oacute; la situaci&oacute;n y perpetr&oacute; el asesinato sin reivindicarlo para que las sospechas cayeran en la guerrilla peronista, debilitada en su legitimidad a ra&iacute;z del enfrentamiento con Per&oacute;n (no hay casualidad en que la fecha del atentado aconteciera d&iacute;as despu&eacute;s de la expulsi&oacute;n de Montoneros de Plaza de Mayo). El golpe pretendi&oacute; difamar a la guerrilla y quitarle respaldo social de otros colectivos disidentes y los sectores populares, cuesti&oacute;n lograda con relativo &eacute;xito: los sacerdotes tercermundistas del Gran Buenos Aires cortaron relaciones con Montoneros &ndash;al menos con su conducci&oacute;n&ndash;, el trabajo de base en las villas se retrajo y ex militantes de la conducci&oacute;n nacional montonera han reconocido los estragos causados por la difamaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, es importante decir que quien &ldquo;arrasaba con el trabajo social o pol&iacute;tico que se desplegaba en los barrios y las villas&rdquo; era la Triple A de manera deliberada y no, como dice Vezetti, &ldquo;una guerra civil entre peronistas&rdquo;. Adem&aacute;s, expresar que hubo una &ldquo;guerra civil&rdquo; implica equiparar dos actores muy diferentes en recursos, medios y caracter&iacute;sticas: Montoneros, una organizaci&oacute;n pol&iacute;tico-militar no estatal, y la Triple A, una organizaci&oacute;n paraestatal represiva que se articul&oacute; desde un ministerio, con fondos y funcionarios p&uacute;blicos y miembros de las fuerzas de seguridad. El uso del concepto de &ldquo;guerra civil&rdquo; impide recurrir a otros que ayudan a comprender mejor ese pasado y que restablecen la asimetr&iacute;a de fuerzas, algo que para la historiograf&iacute;a actual es un punto de consenso b&aacute;sico: lucha armada, represi&oacute;n y terrorismo de Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Corresponde hablar de terrorismo de Estado para el a&ntilde;o 1974? No est&aacute; dem&aacute;s se&ntilde;alar que el terrorismo de Estado no empez&oacute; en marzo de 1976, sino antes, como el propio Vezzetti lo dice en varios de sus trabajos. Ahora bien, existen diferentes puntos de partida, ya que se trat&oacute; de un proceso complejo, que no se somete a las simplificaciones cronol&oacute;gicas. Por ese motivo, una serie de investigaciones, como las de Pablo Scatizza, por ejemplo, colocan a la Triple A y su accionar como uno de los puntos posibles de inicio.
    </p><p class="article-text">
        El asesinato de Mugica por la Triple A aliment&oacute; la confusi&oacute;n y la discordia entre los actores de izquierda de la &eacute;poca. Ahora bien, la manipulaci&oacute;n de la verdad detr&aacute;s del hecho de sangre fue elemental para el escuadr&oacute;n paraestatal y la derecha peronista en general, que capitalizaron la muerte del cura para extender las difamaciones a otros actores y legitimar el crimen dentro del marco de la &ldquo;guerra contra la subversi&oacute;n&rdquo;. La Triple A produjo algunos afiches infamantes contra Mugica, quien fue representado como un &ldquo;cura guerrillero&rdquo; v&iacute;ctima de la violencia que supuestamente ayud&oacute; a engendrar. Esta propaganda cuestion&oacute; el status de m&aacute;rtir de las causas populares que le dieron los villeros, justificando su muerte en el entendido de que fue un apologista de la violencia, interpretaci&oacute;n totalmente alejada de su historia de vida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Ejemplo de los afiches difundidos por la Triple A contra el padre Mugica, acusando a Montoneros de su asesinato"
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            <span class="title">
                Ejemplo de los afiches difundidos por la Triple A contra el padre Mugica, acusando a Montoneros de su asesinato                            </span>
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        Al momento de ocurridos los hechos, la derecha peronista promovi&oacute; dudas sobre qui&eacute;nes fueron los autores del crimen de Mugica. El enigma se aliment&oacute; del silencio de los autores y las maniobras para lanzar la culpa sobre Montoneros. Llama la atenci&oacute;n que a m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os del asesinato de Mugica, de lo demostrado por la justicia argentina, de lo sostenido por el sobreviviente Capelli y de lo que exponen las &uacute;ltimas investigaciones hist&oacute;ricas, Vezzetti se acerque al discurso de dirigentes pol&iacute;ticos como <a href="https://www.infobae.com/politica/2020/10/04/patricia-bullrich-tengo-una-profunda-autocritica-de-lo-que-fue-la-violencia-como-accion-politica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Patricia Bullrich</a> o periodistas como <a href="https://www.infobae.com/politica/2020/10/04/ceferino-reato-habia-voces-que-siempre-le-adjudicaron-el-crimen-del-padre-mugica-a-montoneros-como-la-de-antonio-cafiero/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ceferino Reato</a> para volver a apuntar contra Montoneros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La equiparaci&oacute;n de la evidencia dispar de la Triple A respecto a Montoneros sobre la autor&iacute;a del crimen de Mugica se entrelaza con otra equiparaci&oacute;n que recorre toda la nota: la de ambas organizaciones. Sin embargo, esto no es algo nuevo y lejos est&aacute; de implicar una lectura cr&iacute;tica de la narrativa sobre ese pasado, tal como se propone la nota. Por el contrario, Vezzetti est&aacute; reproduciendo un sentido de &eacute;poca (estudiado por Marina Franco para los a&ntilde;os 1973-1976, por ejemplo): la interpretaci&oacute;n de la violencia pol&iacute;tica y la represi&oacute;n como el producto de una matriz polar de &ldquo;extrema izquierda&rdquo; y de &ldquo;extrema derecha&rdquo;, asociada a una lectura en clave b&eacute;lica de los conflictos pol&iacute;ticos, hablando justamente de &ldquo;mitos e historia&rdquo;. Esta forma de abordar la coyuntura de los a&ntilde;os setenta democr&aacute;ticos fue muy com&uacute;n entre un amplio espectro de actores: desde la guerrilla, hasta los militares, pasando por la dirigencia sindical, empresarial y pol&iacute;tica. Tambi&eacute;n fue una de las claves sobre las que se asent&oacute; la &uacute;ltima dictadura militar (1976-1983) para legitimar el golpe de Estado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los errores hist&oacute;ricos y conceptuales que se&ntilde;alamos llevan a Vezzetti a incluir a Montoneros en la escena de un crimen que la organizaci&oacute;n no cometi&oacute; y a recurrir a interpretaciones binarias de la violencia que no se condicen con el an&aacute;lisis hist&oacute;rico, sino m&aacute;s bien con una interpretaci&oacute;n nativa, es decir, propia de los a&ntilde;os setenta.</strong> En <em>Sobre la violencia revolucionaria: memorias y olvidos </em>(Siglo XXI Editores: 2009), un texto que se ha convertido en un cl&aacute;sico r&aacute;pidamente, Vezzetti llama &ldquo;a desconfiar de la memoria y<em> remitirse a las fuentes</em>&rdquo; (p. 83. Las cursivas pertenecen al texto original). No podemos m&aacute;s que acordar con &eacute;l: aqu&iacute; no hemos hecho otra cosa m&aacute;s que seguir su consejo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>EP/JLB/CDT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esteban Damián Pontoriero, Juan Luis Besoky, Carlos Fernando López de la Torre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/asesinato-padre-mugica-certezas-dudas-errores-respuesta-hugo-vezzetti_129_7983107.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 May 2021 03:52:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El asesinato del Padre Mugica: certezas y dudas (y errores), una respuesta a Hugo Vezzetti]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Padre Mugica,Montoneros,Triple A]]></media:keywords>
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